Una vida con carácter - Mónica C. Malaver - E-Book

Una vida con carácter E-Book

Monica C. Malaver

0,0

Beschreibung

Mi obra presenta una narración personal, que aborda distintas etapas de mi vida. Brinda emocionalidad y autenticidad con las que podrás involucrarte visualizando los diferentes escenarios presentes de mi historia, así tendrás una genial comprensión y empatía hacía mis experiencias. Te encontrarás con el uso de metáforas figurativas para transmitir un significado creativo, poético, profundo y un valor filosófico. Te invito a pensar en temas como la vida, la muerte y la fortaleza personal. Además, cada texto busca inspirar y transmitir aprendizaje, dejando una impresión agradable y positiva para el lector. Una vida con carácter te llevará a entender que la fe sin obras está muerta, verás un mega futuro lleno de ideas y acciones donde vas a: 1. Contemplar la vida de una manera diferente. 2. Desarrollar habilidades y descubrir talentos ocultos. 3. Inferir y reconocer los nuevos tiempos. 4. Volver a soñar. 5. Conocer qué es el carácter y a dominarlo. 6. Escuchar y obedecer la voz de tu corazón. 7. Alcanzar una fortaleza mental indestructible.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 146

Veröffentlichungsjahr: 2024

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Monica C. Malaver

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de cubierta: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1181-967-1

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

-

https://web.facebook.com/100001118194954/videos/969862614285011/

.

Este libro no ha sido escrito para completar hojas, sino para enseñar, pues, ¿de qué serviría completar hojas por sumar si están huecas, ajenas al conocimiento edificante?

Ha sido escrito bajo el propósito de sanar los corazones.

Agradecimientos

Agradezco al que puso esta obra en mi proceder y me ha llevado a concretarlo: a Dios mismo. Claro que cuento con los coaches y maestros necesarios que me llevaron a tomar la decisión, de lo contrario, continuaría siendo una procrastinadora; sin embargo, tenemos un propósito y Dios no se inmoviliza hasta que este se cumple. La gloria ha sido, es y será para Él.

Y no menos agradecida estoy con aquellos que hicieron posible que esta obra estuviese disponible. Simplemente dije: «Señor, hice lo mío, ahora te toca a ti».

Dedicatoria

Al Rey de la creación, al Hijo intercesor y a mi mejor amigo, su Espíritu Santo: todo mi amor para ti; por haberme elegido a mí, por enseñarme el camino de la fe, por mantenerme valiente y recordarme todos los días tu eterno e infinito amor.

A mi papá: gracias, porque sé que parte de la guerrera que soy te la debo a ti; por enseñarme a luchar por la verdad y a decirla sin temor, a no quedarme callada cuando veo algo injusto; por enseñarme que los niños son lo primero, a compartir sin mirar a quién y por inculcarme valores, principios y educación que todavía me acompañan; te valoro, te admiro y te respeto.

A mis cuatro hermanas y dos hermanos: gracias por no limitarme, por confiar en mí y en mis capacidades. El apoyo que he recibido de ustedes ha sido ilimitado; gracias de todo corazón.

A la gente que tiene su fe activa en la Tierra y a cada amigo verdadero que se cruza en mi camino: gracias, aprendo de ustedes.

A mí misma por no rendirme, porque quiero dejar un legado, porque entendí que el paso por la Tierra es corto y hay que dejar una huella, por amarme tal como soy, por mi esencia, lo que reflejo, lo que soy; por el amor que entrego, por ser esa persona en quien me he convertido.

Finalmente, gracias a ti, querido lector, por tomar la decisión de leer o escuchar, ya sea por voluntad propia o por recomendación, mi muestra infinita de gratitud.

Prólogo

Medité y pregunté bastante por este privilegio, porque hay tantos y tantas que sería una manera estupenda de honrarlos. Por fin el sentir de mi corazón se inclinó sabiamente; así lo creo.

Este es un prólogo muy diferente, ya que un día tuve una lección con un gran maestro que marcó la diferencia. Él me enseñó que podía alabarme (sobredimensionarme) a mí misma; igual lo puede hacer la gente que me conoce superficialmente, es decir, aquella que tiene contacto conmigo solamente por un objetivo, pero, realmente, donde me conocen y me estudian en profundidad es en mi casa.

Así que este privilegio es para quienes han tenido la fortuna de compartir conmigo el tiempo suficiente para decir si cada palabra tiene coherencia con lo descrito.

Para ti, hija Mónica:

Como padre tuyo, le doy gracias a Dios y a la Virgen María por permitirme tener una hija con ese talento humano y lleno de carácter, capaz de enfrentar su vida sin barreras. Estos no son solo textos, sino que tienen un significado que servirá como ejemplo para muchas personas que tienen la oportunidad de —por lo menos— intentar cosas como las que leerán, pero que, sin embargo, no cuentan con la iniciativa necesaria.

Mi Moni, has sido y serás una luchadora incansable, con un rostro lleno de sonrisa, felicidad, paz y amor para compartir con los demás. Hija, sé que con tu esfuerzo y dedicación lograrás lo que te propongas; sabes que cuentas conmigo y algunos familiares y amigos.

Te felicito por cada logro que has alcanzado, así como el de abril de 2023, tu cartón profesional.

Un abrazo grande, mi Moni, te quiero mucho.

Edgar. Papá

Para ti, mi mona bella:

Una vida con carácter no es solo un libro de 140 páginas o más; sería muy fácil llenar hojas y hojas con pura palabrería, pero perdería mi tiempo leyéndolas. Leer cada página le dio sentido a mi vida; cada palabra, coma, tilde que empleas sobrepasa los límites de la sinceridad, de la emoción, de los sentimientos. Encuentro en el libro el verdadero propósito que debería tener una vida a pesar de los obstáculos, barreras y dificultades que se tienen que vivir y que, aunque parezcan inagotables, llegarán a su fin.

Te imagino llena de inspiración, de intriga e incluso de lágrimas en tus mejillas mientras escribes sin falsedad la historia de tu vida, la cual refleja esfuerzo, sacrificio, disciplina, fortaleza y mucha fe en un Dios verdadero que te acogió en sus brazos cuando pensabas que estabas sola y que el mundo te rechazaría. Al terminar la emotiva lectura, no me queda más que decirte que siento un respeto y admiración infinitos, que hoy veo con claridad mi propósito en este mundo y la importancia de decir gracias cuando lo tenga todo y cuando no tenga nada.

A los futuros lectores los invito a invertir seis horas de su valioso tiempo mientras reciben palabras edificantes para toda su vida. A la escritora la invito a seguir inspirando, a seguir transformando vidas, a seguir siendo ese ejemplo de mujer luchadora y valiente que encuentra en la dificultad una nueva oportunidad para resurgir, que no se limita aun estando limitada, que no se entristece aun siendo centro de tristeza, que no se acompleja aun recibiendo complejos y que no pierde su fe en ese Dios vivo y verdadero a pesar del largo tiempo de espera.

Maribel. Hermana

Este fue un pensamiento en la madrugada del 26 de abril de 2023, horas después de asistir a la ceremonia de graduación en Bogotá. Sentada en un bus de regreso a casa, me preguntaba: «¿Qué pensará mamá?». Ese mismo día, la esposa de mi papá (Margarita) me entregó unas letras escritas a pulso; comprendí que eran la respuesta al enigma de aquella aurora.

Moni, hoy quiero decirte estas cortas palabras en este día tan importante para ti:

Culminas un sueño de los que tienes en mente; te deseo felicidad junto a tu papá y hermanos, que están orgullosos de ti por ser esa persona única. No caminas, pero vas 100 pasos por delante de nosotros; también nos has dado ejemplo de humildad, valentía y grandeza.

Nosotros podemos hacer mucho más y, a veces, nos quejamos por todo; en cambio, tú te pareces a un avión, no tienes reversa. Sigue así que llegarás muy lejos.

Felicitaciones, mi guerrera.

Introducción

La primera vez que mencioné lo que estaba haciendo, me preguntaron: «¿Y de qué trata el libro?»; de inmediato, manifesté: «He derramado un poco de mi corazón, ¡qué digo un poco, la mitad de mi vida está aquí!».

Este libro está hecho con amor, pensando en lo edificante que va a ser para millones de vidas y para soñadores empedernidos que anhelan cambios profundos en sus vidas y en las de otros; gente visionaria que persiste en los deseos de su corazón por más oposición que encuentre; gente que no se rinde, sino que sigue luchando con lo que tiene y con lo que no; gente que no solo sueña, sino que plasma sus ideas.

Para aquel que piensa que la vida no tiene sentido y que es mejor dejar todo como está, este mensaje te va a ayudar a buscar algo más, porque siempre hay algo nuevo que puedes hacer. No te puedes quedar estancado, ¡levántate, pues tienes dominio propio!

Y para aquel que sueña y acciona en esos sueños, te animo a continuar, que con disciplina y perseverancia se llega a la meta, pero que nunca se te olvide de dónde vienes y que el control de todas las cosas no nos pertenece.

Capítulo I

Era un 22 de mayo de 1991 y mis padres sabían que estaba por llegar un nuevo integrante a su familia, mas no eran conocedores de su género. El atardecer cálido de aquel día transcurría con dolores de parto en medio del arduo trabajo de la agricultura tradicional.

Hacia las 7 p.m., se escuchó un llanto diferente; era la niña más hermosa que los lindos ojos de mamá y papá habían visto.

El tiempo pasó y ahí estaba ella con el postparto. Yo, por mi parte, lo pasé entre mis vacunas, la dentición, gateando y caminando, hablando cada vez más de lo típico que habla un bebé y niña pequeña, pero creciendo y fortaleciéndome cada día.

Un niño

Un niño cree, confía, no le importa si se cae, se vuelve a levantar y ya; así como nos pasa a los adultos, ¿verdad? Imitemos a los niños. Se dice que debe ser al contrario, pero no, muchas veces al adulto le da miedo lo desconocido. Por el qué dirán, no cambia su estilo de vida, sin embargo, un niño disfruta sus días, lo cual debemos hacer con urgencia.

Hay un lema que me gusta mucho y dice: «Llamado de atención»; es como si fuera una advertencia. Imagínate que nos impusieran una pena por no disfrutar el nuevo día que tenemos, creo que la pasaríamos cancelando multas. Quiero que de aquí en adelante vivas pensando que, si no disfrutas el diario trasegar, te van a penalizar.

Además, deberíamos vivir sin imponer reglas; no obstante, a nosotros nos es más fácil aferrarnos a ellas, por lo que el hecho de que existan es un beneficio. Además, la vida humana sin estas no sería igual; hablo de un policía estableciendo orden, de un semáforo en luz roja o naranja, de esperar un turno en una fila, de un líder enseñando y llamando la atención en un trabajo, de un ente gubernamental y hasta de un papá enviando a su hijo a realizar sus deberes. Siempre miremos lo provechoso que hay en las indicaciones, sin cuestionar, como un niño de 3-4 años.

El nacimiento de un niño

El nacimiento de un niño es como cuando llega una buena noticia de lejanas tierras: alegra el corazón. Un bebé trae paz y alegría, más cuando fue concebido en amor y ha sido deseado.

Un niño es una hoja en blanco, no trae nada de sabiduría cuando llega al mundo, sino que empieza a formarse por el ambiente y la sociedad en la que crece. Así como es forjado el metal en frío, tibio o caliente, el carácter de los niños lo forman las diferentes personas que comparten vida con ellos. Un nacimiento refleja el comienzo de una nueva vida en familia, porque ahora se deben implementar cambios en atención, responsabilidad y compromiso.

El acontecer de una nueva criatura se compara a una persona que tiene un jardín de flores en su casa y, siendo amante de estas, está esperando que un nuevo botón de clavel aparezca; lo mismo ocurre con un niño deseado. Me imagino a una mamá con 6-7 meses de gestación, mirando el futuro de su hijo, imaginando el color de sus ojos, de su pelo, de sus manos, de su boca, de sus pies y de cada partecita que lo conformará. Me preguntó si una mamá puede tener un sueño normal o si, por estar pensando en los detalles de su anhelado hijo, sus noches son diferentes. Lo que sí es cierto es que la espera y el nacimiento en sí mismos son un tiempo de regocijo.

Por otro lado, se dice que una mamá es una mamá, y seguro que así es; ellas pasan 9 meses con el bebé en su vientre, por eso el vínculo eterno entre una madre y su hijo se forma en los 9 meses o menos de espera. Los trastornos del sueño, los malestares generales, los cambios de humor y físicos —hasta nuevas normas de alimentación— ocasionan que el amor de ella sea tan fuerte; por eso pasan 30 años y todavía lo seguirán llamando «mi bebé» (o «mi ternurita…»).

Es inexplicable que se generen sentimientos negativos de una mamá hacia un hijo cuando, por ejemplo, esta lo abandona, maltrata y, peor, permite que lo haga otro en su presencia.

Memorias de mi niñez

Imagino y recuerdo mi niñez entre animales del campo y las múltiples travesuras que cualquier niño suele hacer, como tomar el chocolate y la panela a escondidas e ir a comerlos lejos de casa o hasta debajo de la cama o culpando a mis hermanos por algún incidente cometido y, en medio de la necedad, no aceptarlo.

Haber crecido en el campo es un orgullo y una experiencia inolvidable, pues creo que allí hay una libertad infinita. En la ciudad, hay límites para que un niño pueda dar rienda suelta a sus emociones; para mí, son dos mundos completamente antagónicos. Recordar el jugar con mamones de papas (vástagos no comestibles que señalan la buena cosecha) o pepas de eucalipto diciendo que eran limones o hasta haber tenido la experiencia de montar en una vaca son momentos únicos que siempre hay que preservar, pero que en ese momento estaban llenos de temor por si mi papá se enteraba de la situación con la rumiante y ello ocasionara alguna corrección.

Seguía creciendo y me hacía amante de la creación; desde entonces, admiro las flores y los caballos. Empezar a prepararme para hacer la Primera Comunión, esas Navidades irrepetibles en los campos, asistir a las novenas —lo cual me encantaba—, a los rosarios que se hacían en las noches frías en casas de los vecinos, no solo porque había un refrigerio o una cena deliciosa, sino porque había algo en las letras de cada cántico que se entonaba que llamaba mi atención, que me hacía sentir bien. Justo ahora tengo una respuesta a estos gustos y la conocerán en las páginas siguientes.

Tenía nueve años cuando empecé a sentir algo extraño: fatiga, desgano y debilidad en mis piernas. Mis padres decidieron asistir al doctor; me practicaron una rutina de exámenes. Al cabo de 1-2 meses, los síntomas dejaron de persistir, sin embargo, mi mamá continuaba preparándome muchos remedios caseros y seguía las instrucciones de los medicamentos prescritos, pues los médicos dijeron que mi malestar era por la carencia de vitaminas, proteínas y calcio.

Para el año 2002, terminé la escuela básica primaria, la cual fue una etapa muy folclórica entre aquellos primeros amores inocentes que conducían a afirmar «¡tengo novio!» sin tenerlo y viceversa. No obstante, ni las otras personas ni yo sabíamos que éramos novios mientras ocurría. También colaborando con quien, en ese entonces, servía con toda su alma en calidad de chef de la escuela o vendiendo en la famosa cooperativa (golosinas-dulces) que era —y es— popular en algunos sectores de mi región boyacense. Siempre he tenido un don para los negocios; aunque en aquel momento eran muy poco rentables, para una mente inocente y que observaba al mundo tan frágil, esto podía significar que me sentía adulta. No obstante, hoy en día la niñez se clasifica en otro rango de edad. La niñez en su primera y segunda infancia está catalogada entre los 0 y los 11 años; por eso considero terminar la etapa cuando salí de la escuela primaria.

Al año siguiente, ingresé al Instituto Educativo Indalecio Vásquez, en el cual me matricularon para el bachillerato; aunque no estoy segura de que ese sea el nombre oficial mientras escribo. Fue un ambiente muy diferente al que estaba acostumbrada, ya que tenía horarios y maestros más estrictos. A unos les recuerdo con cariño, a otros no tanto; lo que agradezco hoy es el tiempo que invertían como mentores entregando y sembrando lo mejor de ellos en la vida de otros.

Capítulo II

Un domingo 28 de septiembre de 2003, empezando otra etapa de mi vida y con tan solo 11 años, viví una pesadilla que durante ese y los años siguientes me hubiese gustado decir: mejor seguir dormida. Mi padre tenía un vehículo de carga pesada con el que mi hermano mayor aprendió a conducir en ausencia de mi papá, ya que este último no estaba de acuerdo, pero ese día (28/09/2003) lo recuerdo como si fuera ayer, aunque ya sin dolor y con una manera de ver la vida muy distinta, con heridas sanas y cicatrices menos visibles.

Era una tarde calurosa y me encontraba preparando la cena para la familia y a la espera del regreso de mis padres, pues se habían ido para el pueblo a llevar mercancía del campo (papa, arveja, queso, entre otros) para vender. Sobre las 15:30, se escuchó el canto de las aves y, a lo lejos, un gran relincho de caballo. Llegó un amigo muy cercano y le susurró algo a mi hermana mayor; por su mejilla empezaron a rodar unas lágrimas. En mi interior, yo me preguntaba «¿qué habrá pasado?», pero nadie me respondió. Pasó aproximadamente media hora y mi hermana mayor se marchó en medio del llanto con mis tres hermanas menores.

No alcanzo a imaginar los pensamientos que pasaban por la mente de aquel buen amigo, «¿cómo le digo?», sabiendo que mi relación con mamá era única y especial. Estos renglones están escritos desde la profundidad de un corazón sencillo, humilde y transparente que se sometió a vivir sin apariencias.

Entonces, este amigo se acercó y, con lo intrigada que yo estaba por saber qué sucedía, corrí a saber y me dijo al oído:

—¡Mona, es que no sé cómo decirle! —Hubo un instante de silencio—.¡Ocurrió un accidente y su mamá se murió!

Sentí como cuando a uno le desprenden un pedazo de piel, un dolor enceguecedor. Recuerdo haber gritado tan fuerte que hoy pienso: «¿Será que me escucharon en varias partes?».

Aquel amigo me dijo:

—Arréglate, Mona, que ya vienen a llevarnos.