Unida a los guerreros - Grace Goodwin - E-Book

Unida a los guerreros E-Book

Grace Goodwin

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Beschreibung

Cuando las circunstancias la dejan sin otra opción más que ofrecerse como voluntaria en el Programa de Novias Interestelares, Hannah Johnson es asignada no solo a un compañero, sino a dos. Sus futuros esposos son guerreros del planeta Prillon, un mundo cuyos hombres son conocidos en todos lados debido a su destreza en las batallas y en la cama. 

Luego de ser transportada en una nave espacial hacia el otro lado de la galaxia, Hannah se despierta en presencia de Zane Deston, el enorme y ferozmente guapo comandante de la flota Prillon. Tras hacerle saber que es ahora su compañera, así como la de su segundo, Zane se encarga de supervisar la manera minuciosa e íntima en la que Hannah es examinada. Su incapacidad de cooperar adecuadamente con el doctor de la nave le vale una dolorosa y vergonzosa nalgada sobre su trasero desnudo, pero es la reacción de su cuerpo ante el examen lo que la hace sonrojarse de verdad.

A pesar de su desconcierto ante la perspectiva de ser compartida entre Zane y su segundo, el atractivo guerrero Dare, Hannah no puede esconder su excitación mientras estos dos machos alfa se toman su tiempo para dominar su cuerpo. A medida que el día de la ceremonia de unión se aproxima, Hannah comienza a anhelar el momento en el que Zane y Dare la hagan totalmente suya; pero ¿se arriesgará a entregar su corazón a unos hombres que podrían morir en combate en cualquier momento?

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Veröffentlichungsjahr: 2018

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Unida a los guerreros

Programa de Novias Interestelares®: Libro 4

Grace Goodwin

Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

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Sobre Grace Goodwin

Copyright © 2016 por Grace Goodwin

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida de ninguna forma ni por ningún medio, ya sea eléctrico, digital o mecánico, incluidas, entre otras, fotocopias, grabaciones, escaneos o cualquier tipo de sistema de almacenamiento y de recuperación de datos sin el permiso expreso y por escrito del autor.

Publicado por Grace Goodwin con KSA Publishing Consultants, Inc.

Goodwin, Grace

Unida a los guerreros

Diseño de portada por KSA Publishing Consultants, Inc

Imágenes de Hot Damn Stock; Big Stock: forplayday

Este libro está destinado únicamente a adultos. Azotes y cualquier otra actividad sexual que haya sido representada en este libro son fantasías dirigidas hacia adultos solamente.

Capítulo 1

Hannah Johnson, Centro de Procesamiento de Novias Interestelares, planeta Tierra

Una venda cubría mis ojos, pero podía oír el suave murmullo de varias voces masculinas susurrando a mi alrededor. Giré mi cabeza hacia la izquierda, y luego hacia la derecha, pero no podía ver nada más que oscuridad. Algo suave como la seda, pero líquido como chocolate derretido, se envolvía alrededor de mi cuello como un collar de calor líquido. Cuando el círculo estuvo hecho, mis sentidos se intensificaron. El aroma del miembro de mi compañero flotaba en el aire, y sabía que estaba de pie enfrente de mí. Podía oler el picoso aroma de su excitación. Conocía muy bien el exótico sabor de su placer en mis labios. ¿Cómo sabía cuál era su sabor? ¿Cómo sabía que el collar que estaba alrededor de mi cuello me conectaba, de alguna manera, a él?

Tiré de mis cadenas tratando de alcanzarlo, de saborearlo, pero las gruesas correas que juntaban mis muñecas sobre mi cabeza impedían que lo hiciera. El deseo que sentía por mis compañeros y el poder del vínculo que teníamos era fuerte, pero todo lo que podía hacer era mantenerme de pie, desnuda, y esperar.

El aroma de mi propia piel y de algo peculiarmente metálico inundó el aire. Podía sentir una suave corriente de aire, ligeramente frío, recorriendo mi piel desnuda. Mis piernas estaban en una postura abierta. Tiré de las ataduras que estaban sobre mi cabeza e intenté dar un paso al frente, pero me di cuenta de que unas gruesas correas alrededor de mis tobillos me inmovilizaban. Di una patada, pero noté que, aunque tenía algunos centímetros de libertad, no podría liberarme de ellas.

Todo lo que podía hacer era esperar. Mis oídos se esforzaban para oír pasos, algún crujido de telas, cualquier cosa que me advirtiera qué sucedería después. Me sentía confundida e intranquila, pero mi cuerpo estaba deseoso, anhelando sentir el contacto de mi compañero. Este pensamiento casi me sumió en pánico, y mi corazón latía con tanta fuerza que temía que explotara y saliera de mi tórax.

¿Qué era esto? ¿Por qué estaba desnuda? ¿Dónde demonios me encontraba? Esto no era para lo que me había anotado cuando me ofrecí voluntariamente a participar en el Programa de Novias Interestelares. Se suponía que debía ser asignada a un compañero que fuese perfecto para mí y solo para mí. Se suponía que debía sentirme apreciada y amada, y…

Como si lo hubiese llamado, una enorme mano se posó sobre mi hombro y se deslizó hacia el costado de mi cuello. Incluso con los ojos vendados podía sentir la fuerza bruta en aquel roce, y el gran tamaño de su mano me hizo temblar, pero no de miedo. Conocía su roce, de algún modo, y quería más.

Su voz saturó mis oídos a mis espaldas, y presionó su pecho desnudo y cálido contra mi espalda desnuda.

—¿Aceptas pertenecer a nosotros, compañera? ¿Te entregas a mí y a mi segundo voluntariamente o deseas elegir a otro compañero principal?

Una voz profunda y grave, como la de un barítono, gruñó al hacer aquella pregunta; y mi sexo se humedeció por toda respuesta ante su voz. Mi mente no lo reconocía, pero mi cuerpo sí lo hacía.

—Acepto perteneceros completamente, guerreros.

Las palabras abandonaron mis labios como si no tuviese control alguno. Y, de hecho, no tenía control. Traté de hacer alguna pregunta, de averiguar en dónde me encontraba, qué estaba sucediendo, pero era como si estuviese dentro de un simulador de realidad virtual. Podía sentir la calidez del robusto hombre a mis espaldas. Podía oler el líquido preseminal de mi compañero, que me provocaba con la promesa de futuro placer. Podía sentir el despiadado piso metálico que se encontraba bajo mis pies, y la sensación cálida y resbaladiza de la seda líquida mientras envolvía mi cuello. Podía sentir sed, anhelo y deseos, pero no podía moverme.

Lo que sea que me sucediera a continuación escapaba totalmente de mi control.

—Entonces te reclamamos, y tú obtienes un nuevo nombre. Me perteneces, y acabaré con cualquier otro guerrero que se atreva a tocarte.

Su mano me apretujó con suavidad, enredándose alrededor de mi cuello como un recordatorio suave, aunque gentil, de que él era el dominante, de que podía tomarme, follarme, hacer que me corriera —y que no había nada que pudiese hacer para evitarlo—.

No quería escapar de su fuerza. Quería más.

Había escogido esto, tanto el Programa de Novias Interestelares como su prueba de selección. Había jurado que le entregaría a mi compañero asignado, absolutamente y sin reparos, mi confianza y mi vida.

Presionó sus labios contra uno de los lados de mi rostro, y las voces que había oído anteriormente le respondían como un coro en un ritual de voces masculinas.

—Que los dioses sean testigos y os protejan.

Mi compañero soltó un gruñido detrás de mí y apretó mi garganta ligeramente con su mano derecha, y mi feminidad se estremeció dándole la bienvenida. Un segundo par de manos masculinas de gran tamaño se posaron sobre las caras externas de mis muslos, y entonces supe que otro hombre estaba arrodillado ante mí.

El hambriento compañero principal que estaba a mis espaldas me sostenía con fuerza contra su pecho, mientras la áspera lengua de mi segundo hombre recorría el camino que partía desde mi rodilla hasta la cara interna de mi muslo, y entonces lamió mi húmeda femineidad.

Mis caderas dieron una sacudida de sobresalto en el momento en el que su boca entró en contacto con mi clítoris. Dos largos dedos se deslizaron dentro de mi vagina mientras me conducía al éxtasis con su boca y su lengua. Jadeé, tratando de recobrar el aliento, y los gruñidos que se oían a mis espaldas hicieron que mis rodillas flaqueasen.

—¿Te gusta cómo se siente su boca en ti?

Supe, de algún modo, que estaba esperando una respuesta de mi parte y que no habría lugar para mentiras.

—Sí.

—Ven a por nosotros, así te follaremos.

Su gran miembro estaba apoyado contra mi trasero desnudo y me debatía entre el deseo de impulsarme hacia delante, hacia la lengua que me hacía retorcer en placer, o dejarme caer hacia atrás, con fuerza, para provocar al pene que hacía presión contra mis nalgas.

Intenté hacer ambas cosas, pero siquiera podía moverme. Mi captor mantuvo una mano sobre mi cuello; con la otra tiraba de uno de mis pezones y luego del siguiente, haciendo que se convirtieran en picos endurecidos. Los estiraba hasta el límite del dolor, mientras que el hombre entre mis piernas me follaba con sus dedos y lamía mi clítoris tan rápidamente que me pareció mucho mejor que cualquier vibrador que alguna vez haya utilizado en casa.

Lancé un gemido. Necesitaba ser llenada. Follada. Reclamada. Para siempre.

No pude contenerme más, y apoyé mi cabeza contra el enorme pecho que yacía a mis espaldas. Ahora él me pertenecía, mi refugio, mi compañero. Él me sostuvo cuando mis piernas fallaron, del modo en el que sabía que lo haría. Era mío, y yo era suya.

Su voz sonaba, prácticamente, como un ronroneo en mis oídos.

—Muy bien. Ahora te follaremos, compañera. Nos perteneces.

Les pertenezco. Sí. Los quería a ambos.

—Sí.

El hombre que se arrodillaba en el suelo era mío, también. Ambos me pertenecían.

Mis tobillos fueron puestos en libertad, y me dieron media vuelta para ver cara a cara al hombre que se encontraba detrás de mí. Me levantó del suelo y dio un paso atrás. No pude ver, puesto que soltaban mis muñecas. Bajé mis brazos y posé mis muñecas en mi cintura, agradecida al sentir el alivio en mis hombros cuando mi compañero me atrajo hacia él, sobre su regazo. Sentí la enorme cabeza de su pene rozando mi interior, y esa fue la última advertencia que recibí antes de ser levantada y penetrada con una estacada bestial.

Grité ante la sensación de su grueso miembro empalándome. ¡Era enorme!

Estaba tan atiborrada que mi sexo ardía, y tan excitada que no podía pensar, sino desear. Pero en poco tiempo, el placentero calor familiar de su líquido preseminal se extendió desde mi vagina hasta el resto de mi cuerpo, y me retorcí, ardiendo y fuera de control. Si no se movía pronto, comenzaría a rogarle.

—Ahora, serás reclamada. Para siempre.

Su voz resonó por todo mi cuerpo y, de alguna manera, supe lo que ocurriría a continuación cuando se inclinó hacia atrás. Se tendió de espaldas y me colocó sobre él, con mi trasero al aire.

Dos manos aterrizaron sobre mis nalgas desnudas y me sostuvieron con un agarre firme y lleno de deseo. Mientras me inclinaba hacia adelante sobre mi compañero, un segundo hombre introdujo aceite tibio dentro de mi orificio virgen, y yo gimoteé.

Esto era lo que había estado esperando, todo lo que había querido. Era para lo que ellos me habían estado preparando.

Mi compañero principal se movió debajo de mí, frotando mi clítoris contra su firme cuerpo, y me produjo escalofríos; estaba tan cerca del límite que me sentía como un animal salvaje, toda mi atención estaba puesta en la unión de nuestros cuerpos y en la sensación deslizante del segundo miembro sobre mi trasero.

A mis espaldas, una segunda voz, grave, firme y reverente habló:

—¿Me aceptas, compañera?

—¡Sí!

Traté de alzar mi trasero, de hacer que se moviera más rápido. Su líquido preseminal trazaba un rastro de humedad en mi nalga desnuda, y entonces sentí el estimulante fluido fundiéndose contra mi piel, excitándome aún más.

Me acosté sobre el pecho de mi compañero, mis manos elevadas al nivel de su rostro, y esperé que mi otro compañero me atravesara, me llenara, me hiciera estar verdaderamente completa.

Mi compañero tomó mis rodillas y se posicionó debajo de mis piernas, separando mis rodillas y levantando mi trasero en una posición perfecta para ser follada. Mis rodillas aún estaban flexionadas, y mientras él soportaba mi peso, yo estaba inclinada y lista para sentir el segundo pene inundándome.

—Date prisa. Hazlo ahora.

¿Aquella voz ronca era mi voz? No reconocía aquel sonido jadeante lleno de una sed desesperada.

—Tu impaciencia me complace, pero no intentes dar órdenes.

Una mano aterrizó sobre mi trasero desnudo con un sonoro golpe, y me estremecí mientras una sensación cálida y punzante se extendía desde mi trasero hacia mi clítoris. Moví mi trasero con deseos de que el hombre que estaba a mis espaldas me azotase una y otra vez.

Me relamí los labios, y mi cuerpo se contrajo alrededor del pene que atiborraba mi sexo.

—Tómame.

Azote.

—Fóllame —rogué.

Azote.

—¡Por favor! —gemí, moviendo mis caderas para sentir el siguiente impacto de su palma. La combinación de dolor y placer ardiente era increíble.

Azote.

—“¿Por favor?” ¿Eso es todo lo que tienes para decirnos? —preguntó mi primer compañero, con su miembro enterrado en lo más profundo de mí.

Oh, sabía lo que quería; y estuve tentada a presionarlo más, a sentir el ardiente pinchazo de su autoridad sobre mi culo una y otra vez. El destello de dolor avivó todas mis terminaciones nerviosas e hizo que todo mi cuerpo se estremeciera con deseo. Pero no me atrevía a continuar, y estaba tan excitada que mi sexo incluso palpitaba; la necesidad de correrme me llevaba al límite del dolor. Los necesitaba a ambos dentro de mí. Necesitaba estar totalmente llena.

—Por favor, señor.

No me respondió con sus palabras, pero debió haber hecho alguna seña, pues la gruesa cabeza del miembro de mi segundo compañero hizo presión contra mi apretado botón de rosa, penetrando las paredes externas de mi culo virgen con bastante facilidad. Ahora sabía que el entrenamiento al cual había sido sometida valió la pena. El sonido que se escapó de mi garganta era uno que no reconocía. Luego de varias estocadas cuidadosas, aunque hábiles, su miembro penetró mi trasero totalmente.

Me quebré en el momento en el que sentí la conexión, me desmoroné y les di todo. No me guardé nada.

Me di por vencida completamente. Absolutamente. Mi cuerpo, mi placer, cada uno de mis jadeos les pertenecía.

Mientras mi cuerpo se tensaba y contraía alrededor de sus colosales miembros, los aromas y sonidos comenzaron a desvanecerse, como si estuviera caminando a través de neblina, esfumándose hasta que ellos… se hubieron ido.

Estaba sola. Vacía.

Mi sexo se contraía y palpitaba alrededor de la nada.

Intenté hacerme un ovillo, pero no podía moverme.

Fui volviendo a la realidad lentamente, necesité varios minutos para despertar de aquel extraño estupor y para descubrir que estaba atada a una mesa de examinación médica en la unidad de procesamiento terrestre del Programa de Novias Interestelares. Pestañeé, volviendo en mí y regresando con la mujer junto a la cual había pasado tanto tiempo durante los últimos días.

La guardiana Egara me observaba con sus ojos oscuros y una tableta entre manos. Mi cuerpo se estremeció con una continua necesidad mientras las réplicas del orgasmo que había tenido aún sacudían mi sexo. La mesa de examinación se sentía fría, y la bata que tenía puesta estaba abierta por la parte de atrás. La prenda, de un color gris estándar, tenía réplicas en miniatura del logo del programa de Novias Interestelares por todos lados, siguiendo un patrón de color rojo. Me sentía como si estuviese vistiendo un fondo de pantalla.

—Muy bien, Hannah. El proceso de asignación ha sido completado.

La guardiana Egara era una mujer joven, con rostro severo, que se tomaba muy en serio su trabajo de unir a mujeres humanas con sus compañeros extraterrestres. Dirigió una mirada al equipo médico que se hallaba en la pared, sobre mi cabeza, y asintió a un asistente que usaba un uniforme gris; este, al entrar a la habitación, comenzó a disponer de los cables, tubos y sensores que habían conectado a mi cabeza y cuerpo para la evaluación de asignación.

—¿Qué fue eso? ¿Un sueño?

Me relamí los labios, los cuales estaban resecos por mis gritos al llegar al clímax. Quería saberlo. ¿Había sido un sueño? ¿Una fantasía? ¿Algún oscuro deseo que había enterrado hace tanto tiempo que ni siquiera sabía que existía? Acababa de soñar que había sido azotada y follada; y no solo por un hombre, sino por dos. También había tenido el orgasmo más grande de toda mi vida.

—Oh, no, querida —comentó la guardiana—. Esa fue la grabación del ritual de unión de otra novia humana. La grabación data de hace varios años y pertenecía a una novia que envié a ese planeta durante los primeros años del programa.

En el rostro de la guardiana Egara descubrí un atisbo de una sonrisa, la primera que había visto en ella desde que ingresé al centro de procesamiento, hace ya varios días. Estaba entregada a su trabajo. Se veía pensativa, como si tuviera un interés personal en la felicidad de cada uno de los guerreros sin pareja que estaban en la galaxia.

—¿Quieres decir… yo? ¿Eso… eso ha…?

¿Qué estaba tratando de decir?

—¿Eso ha sido real?

—Oh, sí. Las Unidades de Procesamiento Neuronal utilizadas por el sistema de emparejamiento se integrarán en su cuerpo durante la fase final de procesamiento, preparándola para el transporte. Las UPN no solo la ayudarán a comprender y hablar su idioma, sino que también han sido reprogramadas para grabar su propia ceremonia de unión; así podrá ser debidamente documentada y empleada para ayudar a las otras novias en su propio proceso de asignación. Del mismo modo en el que la experiencia de la otra mujer fue utilizada para ayudarle.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y deseé que me hubiese dejado allí, en aquel país de los sueños, durante algunos minutos más. Quería más. Lo anhelaba.

—¿Mi compañero será así?

¿“Así” cómo? No estaba segura. No llegué a ver ningún rostro, pero simplemente lo sabía. Sabía que lo quería. O más bien, los quería.

¿Pero dos hombres? Eso me había confundido.

—Había dos hombres. ¿He sido asignada a dos hombres?

Negó con la cabeza.

—No. Ha sido asignada a un hombre solamente. Y su compañero principal será un guerrero, pero no será ese guerrero.

¿Qué significaba compañero principal?

Me estremecí y traté de imaginar lo que me ocurriría en el futuro. ¿Mi compañero sería así de grande? ¿Así de fuerte? ¿Sentiría lo que la otra novia había sentido? ¿Mi compañero querría incluir a un segundo hombre en nuestra ceremonia de unión? ¿Querría yo que él lo incluyese? Lo que acababa de experimentar sobrepasaba el deseo y rayaba en confianza total. Lujuria pura e implacable. ¿Me sentiría tan feliz como ella al ser reclamada?

Jamás me había imaginado siendo azotada. Solo lo había considerado como un castigo, así que jamás me habría ofrecido voluntariamente para eso. Para ser sincera, ni siquiera quería ser asignada a un compañero alienígena. Pero aquí estaba, atada a esta endemoniada mesa en el centro de procesamiento; y era mi culpa. Me había ofrecido voluntariamente a participar en el Programa de Novias Interestelares para ayudar a mi hermano a saldar una deuda con unas personas muy peligrosas. Tenía tres hijos y una esposa, y si no conseguía una gran suma de dinero, entonces acabarían todos en la calle. O peor. Mucho, mucho peor. Mi empleo como maestra de preescolar apenas me daba lo suficiente como para vivir por mi cuenta. No tenía nada de dinero extra para mi hermano. Pero podía hacer esto.

Hasta este momento no había creído que hubiese alguna cosa placentera en el proceso de asignación. Había puesto en duda la capacidad del programa de novias para encontrar una pareja idónea para mí. Vale, ¿en serio? ¿Cómo podía saber un estúpido programa cuál de todos los hombres en la galaxia sería perfecto para mí? Jamás había hallado a mi hombre ideal en la Tierra, ¿así que cómo podrían encontrar a un compañero alienígena para mí en un planeta remoto?

El estremecedor placer que había sentido me daba esperanzas. Muchas esperanzas. Era la primera vez, luego de las últimas semanas, que sentía que, quizás, todo estaría bien. Quizás el haberme ofrecido a participar en el Programa de Novias Interestelares no había sido el error más grande de toda mi vida.

Error o no, la familia era la familia. Esta era la única manera de ayudar a mi hermano. Mi cuerpo y mi vida eran todo lo valioso que me quedaba. No era rica, pero era joven, fértil y soltera. Joder, estaba aburrida, mejor dicho. Había tenido tres parejas en cinco años y ninguno me había hecho correrme tan fuerte como acababa de hacerlo… y en una simulación neural. Con los recuerdos de otra mujer.

Dios mío. Quería escuchar una de esas voces graves y profundas a mis espaldas. Quería sentir una enorme mano envolviendo mi garganta y una tibia lengua acariciando mi clítoris. Quería ser sujetada mientras alguien me follaba desde atrás. Quería…

Mi monitor emitió un pitido y me sonrojé, pues sabía que iba indicando el aumento de mi ritmo cardíaco a medida que recordaba todo lo que me había sucedido. No, no me había sucedido a mí, sino a ella. A aquella mujer. Aquella a la cual la guardiana Egara había asignado a Prillon. La que había sido reclamada por un guerrero. Un guerrero enorme y fuerte con un miembro monumental. Su compañero principal. Sea lo que fuese aquello.

—¿Así que he sido asignada a ese lugar? ¿Al planeta de aquella mujer?

La guardiana Egara asintió secamente.

—Sí. A un guerrero de Prillon Prime.

¿Prillon Prime? ¿Había sido asignada a Prillon Prime? ¿Aquel planeta habitado por la raza de guerreros imponentes? Los folletos del programa decían que los guerreros de Prillon solicitaban novias mientras se encontraban en servicio militar activo. Eran una de las tres razas que mantenían a sus novias junto a ellos en las naves de guerra. En el espacio. En las líneas de fuego de la guerra entre las razas biológicas y el Enjambre, unas criaturas artificiales y razas de ciborgs que intentaban hacerse con el universo. Esta guerra, finalmente, había alcanzado a la Tierra, y la Coalición había aceptado protegerla solo con una muy estricta condición.

Novias. Mil por año. La mayoría de las novias de la Tierra provenían del sistema de justicia penal. Los políticos de la Tierra no estaban en contra de sacrificar criminales para alcanzar la cuota de novias alienígenas; pero aquí estaba yo, una voluntaria que esperaba no haber cometido el error más grande de su vida.

Recordaba haber leído que los hombres de Prillon se sentían extremadamente seguros de sus habilidades para cuidar a sus compañeras. En cualquier lugar. Los guerreros de Prillon jamás huían de ninguna batalla y eran la raza más temida de toda la Coalición Interestelar. Estaban en las líneas de fuego de la guerra y sus comandantes estaban a cargo de toda la flota interestelar.

Oh, por Dios. ¡No estaré en un planeta! ¿Iba a vivir en una nave espacial en medio de la nada, en donde luchaban de verdad contra otras naves espaciales? O contra ciborgs. ¡O como sea! El monitor de mi ritmo cardíaco comenzó a pitar de nuevo y, esta vez, no estaba sintiendo excitación. Era pánico.

Negué con la cabeza. Una, luego dos veces.

—No. Debe haber algún error.

—Error, ninguno. —Frunció el ceño—. Se estima que la compatibilidad con su pareja es del noventa y nueve por ciento.

—Pero…

Quería ir a Forsia o a los mundos gemelos de Ania y Axión, en donde vivían en ciudades rodeadas de restaurantes, fiestas y opulencia. No quería ir a un navío de guerra en el espacio.

—Silencio —pronunció la palabra secamente, siseando como un gato enojado—. Ya está hecho, el proceso de asignación ya ha sido completado. Ya ha firmado. Su familia ha sido compensada, como lo solicitó. A menos que desee devolver los fondos, deberá cumplir su obligación legal con el programa. Ha elegido el protocolo de asignación. Debe respetar los resultados.

La guardiana Egara era bastante amable, tenía unos veinte años e, incluso, era linda, aunque un poco hostil. La comprendía. La mujer en la recepción me había dicho que no recibían muchas voluntarias. La mayor parte de las mujeres que la guardiana Egara procesaba eran criminales convictos, cuyas únicas dos opciones eran o apuntarse en el Programa de Novias Interestelares o ser condenadas durante mucho tiempo a prisión.

—Mmm. Me parece que añadiré este arrebato a sus datos. Su nuevo compañero debe ser informado de su impertinencia.

Mis ojos se abrieron y me quedé boquiabierta.

—¡Un momento! Jamás estuve de acuerdo con eso.

Impaciente, tiré del par de parches adhesivos unidos a mis sienes e hice una mueca cuando se enredaron en mi larga cabellera oscura. Se los pasé a la asistente, quien terminó de desconectarme y salió de la sala. La guardiana Egara debió haber comprendido que estaba a punto de meterle aquella tableta por el culo, pues elevó una mano con ademán conciliador.

—De acuerdo, señorita Johnson. Tacharé eso de su perfil.

Tocó la pantalla nuevamente y frunció el ceño. Sus cabellos largos estaban recogidos en un moño apretado y la presión sobre su piel la hacía lucir aún más severa.

—Ahora, para que quede constancia, diga su nombre.

Respiré profundamente y solté el aire.

—Hannah Johnson.

—Señorita Johnson, ¿está o ha estado usted alguna vez casada?

—No.

—¿Tiene algún hijo biológico?

—No. —Puse los ojos en blanco.

Ya me habían preguntado esto. Había firmado esta porquería tres veces y estaba segura de que también estaba incluida en su tableta.

—Excelente. —Dio un par de toques a su pantalla, sin mirarme—. Debo informarle, señorita Johnson, que tendrá treinta días para aceptar o rechazar al compañero que le haya sido asignado por medio de los protocolos de asignación del Programa de Novias Interestelares.

Levantó la cabeza y me dirigió una sonrisa.

—Aunque, juzgando por estos resultados, pienso que eso será muy improbable.

No confiaba mucho en el programa que usaban para emparejar a las novias con sus compañeros, pero me garantizaron que la decisión final sería mía.

—Está bien.

—Cualquiera que sea su decisión, no podrá regresar a la Tierra. Si su nuevo compañero es intolerable, podrá solicitar un nuevo compañero principal luego de treinta días… en Prillon Prime. Puede continuar este proceso hasta que consiga un compañero que sea aceptable.

—Guardiana, solo quisiera saber…

Suspiró.

—Ya ha firmado los papeles, señorita Johnson, pero también me siento obligada a recordarle que, a partir de este momento, usted deja de ser una ciudadana de la Tierra para convertirse en una novia guerrera de Prillon Prime; y, como tal, está sujeta a las leyes y costumbres de su nuevo mundo.

—Pero…

—Hannah, ha sido asignada a uno de los guerreros más fuertes de ese mundo. Debería sentirse orgullosa. Sea de utilidad para él.

No estaba segura si la orden de la guardiana Egara debía animarme o asustarme, pero no tuve demasiado tiempo para ponderar sobre eso. No tenía ni idea de que conociera cosas personales sobre los hombres alienígenas a los que asignaba compañeras. Aparentemente, sabía más que yo. Quizás le agradaba más de lo que imaginaba. Si fuese una asesina en serie, demente, ¿me enviaría con este guerrero feroz? ¿Les decía alguna mentira a las mujeres acerca de lo fantástica que sería su pareja para que se sintieran entusiasmadas por dejar la Tierra?

La guardiana dio un paso al frente y empujó el costado de mi silla médica. Con una pequeña sacudida, una abertura de color azul brillante apareció en un lado de la pared. Aún sujetada fuertemente, no pude hacer nada cuando una jeringa larga y descomunal apareció. La jeringa estaba conectada a un largo brazo metálico que salía de la pared. Intenté retroceder y ella alzó la voz para que pudiese escucharla por encima del borboteo del extraño líquido que estaba debajo de mí.

—No se resista, Hannah. Ese dispositivo solo implantará sus UPN permanentes. No hay nada que temer.

Su sonrisa era fingida, sus labios se hicieron finos, pero por lo menos intentaba hacerme sentir más segura. Tuve la impresión de que ella no solía decir este tipo de cosas cálidas y cariñosas muy seguido.

Me metí dentro de la pequeña cámara y sentí primero el pinchazo de la aguja de un lado de mi sien, y luego del otro. Estaba muy segura de que aquel fuerte y extraño zumbido que sentía en ambos lados de mi cabeza me provocaría una migraña infernal. Resignada a sufrir los efectos de las UPN, sentí que me colocaron sobre una bañera con agua caliente, o algo así. Una luz azul me envolvía.

—Cuando se despierte, Hannah Johnson, su cuerpo estará preparado para las costumbres correspondientes de Prillon Prime y para las necesidades de su compañero. Él estará esperándola.

Demonios.

—¿Ahora? ¿Justo ahora?

Luché nuevamente contra las esposas que sujetaban mis muñecas a la mesa.

—¡Ni siquiera he dicho adiós a mi hermano! ¡Esperad!

Por alguna razón, mi enojo y frustración simplemente desaparecieron; era como si el baño caliente se los hubiera llevado lejos. ¿Qué narices había en el agua? Me sentía tan relajada, tan feliz.

Tan adormecida.

La voz recortada de la guardiana Egara fue la última cosa que oí, muy por encima del apacible zumbido del equipo médico y las luces.

—Su procesamiento comenzará en tres… dos… uno.

Todo se tornó negro.

Capítulo 2

Comandante Zane Deston, Nave de Guerra Prillon, Sector 764

Podía sentir el amargo sabor del protocolo danzando en mi lengua mientras escuchaba a los guerreros reunidos alrededor de la mesa. Habíamos sido lo bastante afortunados como para derrotar contundentemente al enemigo, el Enjambre, en este sector hace ya más de un mes; y también lo bastante desafortunados para tener el honor de recibir al heredero de Prillon Prime, el príncipe Nial, a bordo en mi nave. Al joven príncipe se le debía asignar una compañera cuando regresase a nuestro mundo, y estaba retrasando lo inevitable durante la mayor cantidad de tiempo posible. Era un piloto muy habilidoso, pero sin experiencia. Quería tener una vida de combate, no la mimada existencia real que había experimentado durante toda su vida.

La nave de guerra Deston, llamada así por su comandante, era el único sitio en todo el universo en el que podía esconderse del Prime, su padre y el rey de nuestro mundo. Esta nave era el único lugar inmune a los largos y poderosos brazos del Prime.

Esta nave era mía. Ya que era un comandante con sangre de la realeza, ni siquiera la casa real podía arrebatármela. No solo era el primo del Prime, sino que también había demostrado mi valor en numerosas batallas. Aliados y enemigos por igual murmuraban mi nombre, temerosos.

A pesar de mi reputación a lo largo de toda la flota interestelar, me veía forzado a quedarme en este sector. Esperando. Una mujer, mi nueva compañera, la compañera que no quería ni necesitaba aquí arruinando mi vida o mis rutinas, sería transportada pronto; y debíamos permanecer inmóvile [...]