Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Uvas del mar es una geografía que nos remire a la tierra del autor. Animada por la imaginación, sus recuerdos rozan lo onírico, sueños casi realistas donde confluyen los amores iniciáticos, la playa primordial, el río y sus riberas rebosantes de criaturas y personajes. Sus versos, donde resuenan ecos del trópico, logran tocar profundamente el espíritu de lo humano, los amigos, la familia, las estaciones, y acaso su música. Mundo raro y cercano a un tiempo, en Uvas del mar todo inicia|en él conviven el mismo mar y, tal vez, el mismo río.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 42
Veröffentlichungsjahr: 2023
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
uvas del mar

UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Martín Gerardo Aguilar Sánchez
Rector
Juan Ortiz Escamilla
Secretario Académico
Lizbeth Margarita Viveros Cancino
Secretaria de Administración y Finanzas
Jaqueline del Carmen Jongitud Zamora
Secretaria de Desarrollo Institucional
Agustín del Moral Tejeda
Director Editorial
Gastón Alejandro Martínez
UVAS DEL MAR

Primera edición, 11 de diciembre de 2023
D. R. © Universidad Veracruzana
Dirección Editorial
Nogueira núm. 7, Centro, cp 91000
Xalapa, Veracruz, México
Tels. 228 818 59 80; 228 818 13 88
https://www.uv.mx/editorial
ISBN electrónico: 978-607-8923-85-4
Cuidado editorial: Julián Osorno
Maquetación de forros e ilustración digital: Jorge Cerón Ruiz
Producción de ePub: Aída Pozos Villanueva
Esa vela inclinada hacia la luz,
harta de islas,
goleta que palea al Caribe
de camino a casa, podría ser Odiseo
de retorno al hogar por el Egeo
esa añoranza de padre e hijo,
bajo las uvas agrias y amargas.
Derek Walcott
EL OTOÑO RECORRE LAS ISLAS
Vengo de una playa que parecía interminable
levemente parda por los restos
triturados de criaturas del océano,
de barcas azotadas aún por los coletazos del temporal
que lanzaba las olas rompientes hasta el filo de las dunas.
Vengo de una playa que se estrechaba
como los muslos de una muchacha que vive aún en mí
y se escapó conmigo tantas veces por la ventana
de un motel en lo alto
después de habernos poseído con delicadeza,
así lo ameritaba su estirpe
y la línea completa que dibujaban mis dedos
desde la base de su cráneo donde nacían
sus rulos espesos y oscuros
hasta los rosados promontorios debajo de las uñas de los pies,
sin importar que afuera, entre nosotros y el pudiente sol,
azotara el norte.
Vengo de una playa con conchas vacías
y diminutas huellas de tildíos,
donde crecían por todas partes las uvas del mar
y cables herrumbrosos se adentraban en el agua
como marcas de zonas conquistadas
por nieblas muy antiguas.
Regreso hasta la orilla, me descalzo,
dejo que mis pies se hundan en lodos eléctricos,
siento la vibración de las corrientes
y entran en mi cuerpo minerales
fraguados acaso en el Mediterráneo,
en las costas italianas o en los fondos de las islas
en sentido inverso al de mis sentimientos.
Ah, mirada que no llega a ninguna parte,
vida pueril que me espera en el auto,
esa otra playa de toda la gente,
el desembarco de los bárbaros,
las gaviotas al acecho, la peste.
Por un instante no escucho nada,
solo el vibrar en mis pies de los mundos que fueron
solo los cantos griegos y romanos
solo el crepitar de los huesos que aman
y no olvidan nunca los muslos de aquella muchacha.
Allá donde la playa se estrecha
y ciertamente no tiene fin.
EL FARO
Para mi hermano Víctor Hugo, que un día filmará esto
Nunca vimos a los niños subiendo
a risas por el caracol del faro,
escabullidos de la iglesia,
la tarde asmática de alguna misa
en memoria de la abuela materna de ella,
la primera en salir
y acodarse en la balaustrada:
su corpiño de gasa,
la blusa sin mangas contra la brisa;
él, playera de algodón desteñida
por la sal de sus correrías,
sucio pantalón remangado
hasta la rodilla,
dolorido por algo
que no estaba en su cuerpo,
mas lo sentía como un sangrar, el goce
de estar con ella, aunque no lo supiera.
Los ojos largos, decía la abuela,
alelados por el horizonte…
La gasa azucarada del corpiño,
pegada al torso de ella,
traslucía un par de velas
que bogaban en la tarde, suavemente.
Ah, la dicha marinera que confunde y duele,
lo que vive para ser descubierto
cuando ya es demasiado tarde.
Así era todo, el faro, el crepúsculo
y aquellos niños que no pudimos ver.
PERFUME
Las axilas del niño olían a humo.
En ese entonces las familias pescadoras
quemaban todos los residuos.
Morían los viejos
y era un quemar de palos, trapos…
El maloliente despido del mundo
se endulzaba a medida que se consumía;
las riberas del río despertaban
abrumadas de cúmulos ardientes
y presas sin embargo
de una rara energía.
El niño alzaba los brazos al paso
de barcos mercantes, camaroneros, pangas,
con su estela de aceites y toninas.
Quedaban así expuestas sus axilas
apenas cóncavas, dorado limo,
mas el humo no podía ocultar
en cada gota de sudor
el tufo inconfundible del deseo,
amasijo de noches afiebradas,
la cama a la deriva, el río de sueños,
el azahar de los párpados inquietos
antes del amanecer.
SOMOS DEL AGUA
Para Saúl Altamirano
Todo regresa a nosotros, decía
el viejo, mientras observaba
los torsos desnudos y prietos
de los muchachos
que pescaban jaibas en el desagüe,
pegando de gritos cada vez que alzaban una
en sus trampas desastradas.
Lo decía por la mierda
o porque cada mañana se metía al río,
abriéndose paso entre palizadas,
aceite y lodo,
con un trozo de jabón en la mano,
el viejo, al que muchas veces vimos
secarse con un trapo
y quedarse desnudo mucho rato
mirando alguna cosa
o simplemente olfateando los cambios
en el aire para saber a qué atenerse.
A veces se sentaba
en un tronco rugoso entre dos chotes,
así, desnudo,
