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Variaciones lógicas de la memoria, de Uriel Cassiani de Palenque, es un libro de cuentos cuyo narrador no se deja vencer por las tramas supuestas o reveladas, ya que realiza un contraste en el que estallan los estereotipos ficcionales. Estos cuentos confrontan ficciones, tramándolas de forma contradictoria o contraponiéndolas por congeladas. En un cuento, un personaje indolente y reparador de electrodomésticos, altera su entorno al dificultar el pronto arreglo del aparato central de la bodega de cuentos de la vida urbana, el televisor, el proveedor casero de ficciones de nuestro tiempo. En otros cuentos, Cassiani trama una apropiación de ficciones o una invasión de una en otra. En otros, la ficción engaña por serlo y, por la misma condición, revela (y vela) la observación de la muerte como nuestro necesario final. Los cuentos de Cassiani de Palenque son ficciones que, cuando se traman entre sí, crean extrañamiento y risa.
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Seitenzahl: 95
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Cassiani de Palenque, Uriel
Variaciones lógicas de la memoria / Uriel Cassiani de Palenque. -- Cali : Programa Editorial Universidad del Valle, 2020.
82 páginas ; 22 cm. -- (Colección Artes y Humanidades - Literatura)
1. Poesía colombiana - 2. Narrativa colombiana - 3. Literatura colombiana 4. Autores colombianos.
C861.44 cd 22 ed.
C345
Universidad del Valle - Biblioteca Mario Carvajal
Universidad del Valle
Programa Editorial
Título: Variaciones lógicas de la memoria
Autor: Uriel Cassiani de Palenque
ISBN: 978-958-5144-41-5
ISBN-PDF: 978-958-5144-42-2
ISBN-EPUB: 978-958-5144-43-9
DOI: 10.25100/peu.433
Colección: Artes y Humanidades-Literatura
Primera edición
Rector de la Universidad del Valle: Édgar Varela Barrios
Vicerrector de Investigaciones: Héctor Cadavid Ramírez
Director del Programa Editorial: Omar Javier Díaz Saldaña
© Universidad del Valle
© Uriel Cassiani de Palenque
Diseño de carátula y diagramación: Diana Lizeth Velasco D.
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Este libro, salvo las excepciones previstas por la Ley, no puede ser reproducido por ningún medio sin previa autorización escrita por la Universidad del Valle.
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Cali, Colombia, agosto de 2020
Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions
A: Nayelis Cassiani, Juanita. Futura cuidadora de mis huesos y memoria(s): promete cuando ya viejo, si es que llego a la ciudad de la vejez (aunque no lo haya dicho), a cuidar de mis pasos temblorosos, de mis terquedades seniles, de los destrozos de la memoria, de las últimas gotas de mi respiración.
Los hombres aman los razonamientos abstractos y las sistematizaciones bien elaboradas, al punto de que no les molesta deformar la verdad; cierran los ojos y los oídos a todas las pruebas que lo contradicen con tal de sustentar sus construcciones lógicas.
FIÓDOR DOSTOYEVSKI
El que no esté seguro de su memoria debe abstenerse de mentir.
MICHELDE MONTAIGNE
Las dos partes siguen vivas.A veces una de ellas levemente se estremece y aletea
como si una parte reclamara la otra o como si conservara alguna oscura memoria de su vuelo.
RÓMULO BUSTOS AGUIRRE
La palabra texto tiene su origen en la expresión griega texum, que significa tejido. Escribir es —por tanto— tejer, hilvanar finamente el hilo de la palabra, entrelazar vidas y sucesos, hacer eterna la materia simple. Uriel Cassiani de Palenque hilvana la vida cotidiana en delicadas filigranas que trama con la inmutable paciencia del orfebre que sabe que cuando teje no está tejiendo para hoy, sino para después de mañana.
Cassiani proviene de una larga línea de cantadoras de lumbalú y narradores que preservan en su voz el fuego inmortal de la palabra, encendido en los albores del tiempo, a la sombra de los baobabs del África inmemorial y diseminado con la diáspora negra a través de la espina dorsal de las Américas, como un incendio.
De allí que en su substancia poética converjan sincréticamente el erudito y el juglar, el místico y el descreído, el ungido y el conjurado, el insurgente y el pesimista, el catedrático y el hombre silvestre, el poeta y el muchacho tosco de barrio adentro, el hombre eterno del Palenque ancestral de San Basilio y ciudadano del Caribe universal que es, como se sabe, no solamente una región sino un estado del alma.
Cassiani es uno de esos escritores de inusual laya que obran no en pro de la efímera gloria, sino de lo insondable, lo profundo, como el pájaro que trina por la instintiva necesidad de hacerlo, uno de esos obreros de la letra que cuando escriben lo hacen desde el frente y al fragor de la batalla, con la tenacidad del guerrero que se juega la vida a cada golpe de tecla, sabiendo que solo la palabra nos salva de la irremediable muerte que traerá consigo el olvido.
Cassiani sabe escrutar el mundo desde el cristal extraordinario que le dio la poesía, capaz de transmutar la materia común en arte por obra y gracia de ese fenómeno alquímico que Octavio Paz llamó la consagración del instante. Entonces, la mirada transversal del que teje y observa rompe el velo de lo evidente y de su pluma portentosa brotan historias como tallos de hierba que escapan al asfalto para apuntarse a la vida y florecer; las palabras se entretejen robustas, libres del barniz órfico de su esencia. Palabras vivas, que nunca son azarosas ni neutrales: que son inocentes o culpables, que son la herida o el puñal, la salvación o la condena.
El respeto por el antiguo oficio de contar —ha dicho— le impide publicar por publicar. Lo atestiguan bien las muchas obras que yacen en las gavetas de su casa en Cartagena a la espera del sol. Obras que esos tristes mercaderes de la palabra, que brillan si acaso un instante para luego volver a la sombra, lanzarían con bombos y platillos.
En Variaciones lógicas de la memoria, Cassiani nos descubre un ramillete de personajes de una portentosa vitalidad, no exentos de maña o sabiduría, que se quedan por largo tiempo en la recordación del lector. Es un compendio de historias que poseen la doble condición de ventana y espejo, en las que los grandes temas humanos son magistralmente elevados al lenguaje poético de la calle, no exentas de un realismo desbordante y trágico. Una portentosa peregrinación al corazón mismo de las palabras.
Carlos Gato Martínez
Poeta, docente de lingüística y literatura
Presentación. Juegos de ficciones en Variaciones lógicas de la memoria, de Uriel Cassiani de Palenque
Álvaro Bautista-Cabrera
Introducción
El caso Wilder, un caso por cerrar, continuará abierto
Un fuerte olor a gasolina
Era el final de la carrera
Un poema de John Keats
El color que viene con la suerte
Día festivo
Será usted el próximo gerente
El mundo es una manzana
Todo cuento es ficción, pero toda ficción no es cuento.
Variaciones lógicas de la memoria, de Uriel Cassiani de Palenque, es un libro que aclara la diferencia entre escribir cuentos y desentrañar ficciones. Cada que se nos presenta un cuento nuestros dispositivos comprensivos se preparan para la escritura de una historia que se desarrolla en pocas páginas, construye la resolución de su asunto de manera eficaz e, incluso, cuando no lo resuelve y lo deja en suspenso, como en Chejov, trata de liquidar la historia con un desenlace consecuente, ya lógico esperable, ya lógico sorpresivo.
En cambio, cuando se nos presenta una ficción, la institución literaria no nos ha acostumbrado a nada claro que muestre la cotidianidad entre esta palabra y los cuentistas cuyos nombres son Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant, Oscar Wilde, Horacio Quiroga, Katherine Mansfield, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Roald Dahl, Raymond Carver, Carlos Arturo Truque, Julio Ramón Ribeyro, Cristina Peri Rossi, Alice Munro, Julio Paredes, Harold Kremer, etc. Todo esto debido a una insuficiente domesticación de la disciplina literaria con respecto a las ficciones que acoge, promueve y sanciona. Quizá solo con la excepción de Borges y su título Ficciones y, ya más en nuestros días, con la diferenciación de la literatura del yo, la cual, para enfatizar que toda palabra del yo no es verdad absoluta, apela a la llamada autoficción.
No solemos llamar ficciones a los cuentos o a las novelas, porque quizá recuerdan el sentido corriente de ficciones en tanto fingimientos de la verdad, que recuerdan menos la seriedad estética de la literatura y más la caracterización de la literatura de ser pura y vana mentira. En cambio, Borges (2006) y Reyes (2007) tienen la virtud de haber pensado el trabajo de elaboración del arte literario como un hecho que, más allá de su construcción, finge inventar en la escena de la imaginación una realidad distinta, diversa, complementaria. Aunque es la principal trampa de la ficción, representarse distinta de la realidad, la oscilación ficción-distinta-de-la-realidad versus ficción-compenetrada-con-la-realidad ha obstaculizado que la institución literaria le dé carta de ciudadanía a un concepto que parece proyectar más la autonomía de la ficción como mundo independiente de mundo real y cotidiano que como instrumento interactuante entre distintas dimensiones de la misma realidad. La ficción suele construir su independencia simulando una especie de esfera especial —que no sabemos, por lo demás, dónde habita—, en la que el mundo de ficción se engolosina consigo mismo creando una frontera entre la ficción y el mundo de afuera. En el fondo, es esta frontera la gran creación que edifica con una ficción el literato, sea cuentista o novelista.
Es verdad que la disputa entre arte y ficción, entre ficción en tanto obra estética y ficción como hecho en el mundo, ha tratado de encontrar en los últimos siglos una trinchera ante los mandatos sociales que determinan cómo deben ser las ficciones. Entonces la literatura se repliega y se valida menos por su relación con la realidad que por su potencia singular de ser un hecho consolidado en una obra con marcos y mundos propios. Es en ese contexto que Borges llamó a sus cuentos ficciones, para salirse de la fácil literatura que se dice realista porque, bajo convenciones eludidas por el argentino, simulaban una literatura relativa a una realidad estereotipada por determinadas ideologías políticas, sociales y religiosas, por ideologías relativas al posicionamiento del arte como instrumento de legitimación del poder o como promoción y propaganda de un tipo de disenso que busca el poder.
Con Ficciones (2006), a inicios de los años cuarenta del siglo XX, Borges no se separó de ninguna realidad: se distanció de un pensamiento que, en nombre de la realidad, pretendía ficciones obedientes de ciertas representaciones, de ciertos personajes, de ciertas sicologías, por lo que buscó refugiarse en los reinos de Tlön para desde allí hablar de un Buenos Aires que se debate entre los ecos de la Segunda Guerra Mundial, el surgimiento del peronismo y la recepción de la filosofía en tanto variante para enfrentar el realismo psicológico y realista. Menos que hacer ficción para defender el mundo de las ficciones, aunque este es el fingimiento superficial borgeano, era el intento de romper la ficción del realismo y, por lo tanto, hacer del poder de la ficción un campo en el que las ficciones discuten y chocan entre sí como variables de la realidad y de la institución literaria. Las ficciones, menos que continuarse en un tobogán chocan en un universo en el cual giran entre sí, se enfrentan y estrellan, como un planeta que ha perdido el control ante la aparición de un cometa.
No solemos llamar ficciones a los productos de la literatura, sean novela, sean cuento, porque esta palabra guarda un concepto que tan pronto defiende la autonomía literaria como tan pronto la estalla. Es como categorizar un hecho en un mundo explosivo. Para eludir este estallido, este llamado ambiguo de la ficción, la categoría cuento brinda estabilidad y aceptación inicial; la categoría cuento, igual de compleja y diversa, es más cómoda para la continuidad de la reflexión literaria ante hechos que, aunque cambian y se transforman, se consolidan en un texto concreto, en un libro definido con título y autor.
