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Todo transcurría a la perfección en el reino de Clavem, hasta que, en la herrería de Ascuas, un alquimista y un herrero se ven cara a cara con los asesinos del rey. Ellos tendrán que ayudar a la Corte Real a encontrar a dichos asesinos. Pero todo se torna complicado cuando, en un descuido, el grupo de exploración que los acompañaba es descubierto por una fuerza mayor. Ahora, solos y sin saber adónde ir, deberán ponerle fin a esta historia. Viaje a Domum invita a compartir este recorrido en el siglo VI. Es una aventura llena de obstáculos, parajes y amistades que convertirán esta misión en una completa travesía.
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Seitenzahl: 106
Veröffentlichungsjahr: 2020
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. Marìa Magdalena Gomez.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Clavero, Christian Tomás
Viaje a Domum / Christian Tomás Clavero. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2020.
138 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-729-1
1. Narrativa Argentina. 2. Literatura Juvenil. 3. Novelas Fantásticas. I. Título.
CDD A863.9283
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2020. Clavero, Christian Tomás
© 2020. Tinta Libre Ediciones
Agradecimientos
A mi familia, que me apoyó en este proyecto desde el primer momento.
A mi mamá, que siempre que me quedaba sin ideas me ayudaba a recobrarlas.
Y a mi abuelo, ya que, gracias a él, pude crecer en el arte de la escritura y hoy mira mis logros desde el cielo.
Viaje a Domum
Tomás Clavero
Testigos
Mi nombre es Bardo, soy aprendiz en la herrería de Ascuas, la principal y la más grande en el reino de Clavem. Mi maestro recibió el encargo de un alquimista local para que forje un arma especial. Hace más de un mes llegó con un baúl lleno de materiales desconocidos para que sea forjada su espada, esta mañana concluyó con el trabajo y, como tenía muchas cosas que hacer fuera del reino, me encargó que se la entregue cuando venga a retirarla.
La preparó envuelta en una funda de cuero, que por ningún motivo tenía que abrir, aunque por curiosidad cuando mi maestro se fue decidí echar un vistazo, y cuando saqué la espada de su funda un oscuro y abrumador poder se cernió sobre mí. Al sentir eso, automáticamente devolví el arma a su funda.
Llegado el anochecer vendría el cliente a retirar su pedido y apenas el sol se puso llegó a nuestra herrería. Era un sujeto de baja estatura, vestía una túnica que solo dejaba ver sus botas, en su brazo izquierdo portaba un grimorio. Al saludarme se quitó la capucha y pude ver su extraño cabello de color violeta y unos ojos penetrantes de color oscuro, aun así, resultó ser un sujeto muy agradable, se hacía llamar Loken. Aunque no le pregunté la edad, aparentaba ser bastante joven para el trabajo que poseía.
Después de una larga charla procedí a entregarle su encargo y por curiosidad se me ocurrió preguntarle qué tipo de arma era y su utilidad, a lo que respondió:
—No querrás saber, todo a su debido tiempo.
Luego de eso procedió a pagarme, pero cuando estaba a punto de salir por la puerta se escucharon unos gritos provenientes del palacio, después se escucharon las armaduras de los caballeros dirigiéndose a la entrada. Vimos adelante de ellos a dos encapuchados de estatura media, que al pasar por la herrería nos dirigieron la mirada y así pudimos observar sus rostros. Al instante se apoderó del reino un silencio escalofriante…
Un grupo de soldados llegó a la herrería para preguntar si habíamos visto algo, a lo que nosotros respondimos con toda sinceridad que sí y, de hecho, habíamos visto sus rostros. Luego de eso, los guardias nos pidieron que los acompañáramos al palacio para ayudarlos con la búsqueda, a lo que sin pensarlo accedimos.
Los guardias de la puerta declararon que los vieron huir en dirección a los pantanos de Svarki. A nosotros, por ser de gran utilidad, nos encargaron acompañar a un grupo de expedición de la Corte Real para facilitar la búsqueda, nos dieron ocho horas para alistarnos y partir. Yo elegí llevar como equipamiento la tizona del Cid y unos cuantos cuchillos arrojadizos. Loken, en su caso, decidió llevar la espada forjada por mi maestro llamada Lacrimam, guardó en su mochila su grimorio para encantamientos y además decidió llevar muchas hierbas medicinales, entre otras cosas. Llegada la hora, partimos a nuestra aventura.
Comenzamos la travesía con destino principal a los pantanos de Svarki, justo donde dijeron haber visto escapar a los asesinos del rey, pero antes debíamos recorrer 15 millas a pie recorriendo ríos, colinas y parajes. Comenzamos nuestro viaje cruzando por un pueblo donde habitaba una bruja conocida como Balam. Ella nos advirtió de los peligros que ocultaba el pantano y de las criaturas que lo habitaban. Aún con todo lo que nos dijo, decidimos seguir. Más adelante, en nuestro camino nos encontramos con una cueva cuya entrada estaba cubierta de huellas y decidimos explorarla. Por dentro era más grande de lo que parecía, era lúgubre y húmeda, las arañas recorrían las paredes y un silencio profundo se apoderaba del lugar, decidimos acampar ahí ya que la noche había caído y no era recomendable seguir. Encendimos una fogata y nos acostamos en el frío piso que nos acogía.
Ya con la luz del sol, Loken y yo decidimos explorar la cueva, al escuchar muchos ruidos inquietantes optamos por regresar a la base, donde encontramos a todo el grupo de expedición sin vida y masacrado. En el cuerpo del que estaba al mando había una nota que decía “CANCELEN LA BÚSQUEDA”. Con mucho miedo decidimos continuar solos el viaje.
Los Varados
Con el corazón en la garganta y las piernas temblando, nos miramos y comprendimos que teníamos que continuar hasta ponerle fin a esta trágica historia. Loken sacó de su bolso unas hierbas medicinales que calmaban la ansiedad porque los dos estábamos nerviosos, ya que alguien podría estar observándonos desde muy cerca. Así que comimos sus hierbas, nos armamos de valor y continuamos.
Salimos de la cueva y justo a su lado se ubicaba un bosque, oscuro y retorcido, con árboles altos y secos que daban una apariencia de bosque encantado, pero cruzar dicha arboleda escalofriante era la única forma de llegar a nuestro destino. No era muy grande, pero encontrar la salida era como buscar una aguja en un pajar, los árboles, que parecían tocar el cielo, podían hacerte perder en un momento y que estés caminando en círculos todo el día. Por suerte, en mi bolso traía una brújula que nos iba de ser de mucha ayuda para poder ubicarnos en el punto cardinal indicado. En ese momento recordamos que el grupo de expedición hablaba de ir hacia el norte, así que nos dirigimos en esa dirección; al fin al cabo, qué teníamos para perder.
Estuvimos caminando por unos quince minutos y todo se hacía muy repetitivo, no le dimos importancia, seguimos caminando hacia el norte, y así, entre charla y charla, habían pasado cuarenta y cinco minutos, fue en ese momento que a Loken se le ocurrió dejar una cinta roja atada a un árbol, si con el paso del tiempo la volvíamos a ver, significaba que estábamos caminando en círculos. Seguimos deambulando por unos diez minutos y allí estaba, atada en un árbol, la cinta roja que significaba que estábamos varados en un bosque sin posibilidad de salir. Nos miramos y pensamos: «¿Será este el final de nuestro viaje?».
En ese momento un grito se apoderó del lugar, un grito que se pudo escuchar desde cualquier rincón del bosque. Decidimos seguirlo pensando que, si provenía de afuera del bosque, esa sería nuestra salida, no importaba en dónde se originaba ni quién era esa persona, en lo único que pensábamos era en sobrevivir. Lo seguimos hasta que por fin logramos salir de ese malévolo lugar, en ese momento, nombramos al sitio como “Bosque de los Varados”. No muy lejos se veía una choza, con aspecto abandonado, con enredaderas creciéndole por las paredes y el techo cayéndose a pedazos, decidimos ir allí, ya que, si adentro se encontraba alguien, nos podría ayudar e indicar cómo seguir a Svarki.
Tocamos la puerta, pero nadie atendía y, ya que estaba abierta, decidimos entrar para dar un vistazo. Adentro había elementos de magia negra, un caldero, libros, letras en latín escritas en la pared y todo muy desordenado; en el fondo, un señor de cabello blanco se encontraba sentado en una silla, con los ojos cerrados y un libro abierto en sus manos. Se dio vuelta, abrió sus ojos, nos dirigió la mirada y sonrió.
—Su camino aquí no encontrarán, si quieren continuar, la cima deben alcanzar —dijo mientras tocaba su barba.
No entendíamos a qué se refería, así que le preguntamos cómo se llamaba, a lo que nos respondió.
—Si mi nombre quieres saber, más tiempo me debes conocer.
Nosotros, desconcertados, pero intrigados por aquella rima le preguntamos dónde estábamos y cómo podíamos salir, a lo que él nos respondió entregándonos la mitad de un mapa y diciéndonos:
—Si a Svarki quieren llegar, la cima de Zils deben alcanzar, y si la otra parte del mapa quieren tomar, en ella la encontrarán.
Sin lograr entender a qué se refería, le preguntamos qué era Zils y qué debíamos subir. Nos guio hacia su jardín y señaló una montaña alta, llena de flora y fauna del lugar, con animales silvestres y árboles inmensos con copas llenas de hojas coloridas. Al no conocer el lugar y no saber cómo subir tal montaña, nos dijo:
—Si vivos quieren llegar, yo los debo acompañar.
Accedimos a que nos ayudara ya que estábamos perdidos y no teníamos la menor idea de cómo subir esa montaña, y así, nosotros tres comenzamos un nuevo destino, la cima de Zils.
Verdades
Era un trayecto largo, con muchas curvas y pequeños acantilados, un paso en falso podría indicar la muerte en cuestión de segundos. A mitad de camino se nos ocurrió preguntarle al señor de cabello blanco cómo era su nombre, a lo que nos respondió:
—Mi nombre nace de un volcán; si lo traducen al letón, lo descubrirán.
No sabíamos cuál podría ser. Pensábamos: «¿Será lava? ¿Cráter? ¿Magma?». Solo quedaba probar uno por uno.
Loken, por suerte, tenía ciertos trucos bajo la manga, entre ellos, su maestro le había enseñado cómo hablar de manera fluida latín, árabe y letón, entre otros idiomas. Recordó que volcán se traduce como Vulkans y, al estar hablando en voz alta, el señor automáticamente nos dijo:
—Ese nombre es el correcto, soy el Mago Vulkans, me presento.
Sabiendo su nombre y a qué se dedicaba no había tiempo que perder, la cima de Zils nos esperaba.
Tras mucho tiempo de subida y curvas, la cima estaba cada vez más cerca, el aire estaba más fresco y sentíamos nuestros cuerpos más pesados. Llegado un tiempo Vulkans nos dijo.
—Hasta aquí mi camino ha llegado, mas el suyo recién ha empezado.
Con un abrazo y un “Buena suerte”, Loken y yo terminamos el recorrido para por fin llegar a la punta de tal montaña, llena de animales de la zona, árboles altos y flores de todos los colores. En el medio de todas las plantas, se encontraba un hombre bajo, de barba larga y una túnica que llegaba hasta la tierra, se acercó a nosotros y nos dijo.
—Los ha mandado Vulkans, él los esperó por mucho tiempo, mi nombre es Eman.
Con un saludo, y todavía sorprendidos, le preguntamos a Eman qué significaba lo que nos dijo: “Los esperó por mucho tiempo”.
—Vulkans es mago y vidente, ve todo y a todos, sabe el cuándo y el cómo, presente y futuro, él es uno con el mundo y su entorno; sabía desde hace muchos años de su misión, por eso me encargó que en este preciso momento les entregue esto.
De su bolsillo sacó un papel doblado en muchas partes, al desdoblarlo dijo:
—Esta es la otra mitad del mapa, llamado el pergamino de Alem, cuídenla con su vida, ya que este es el pasaje a Domum.
Agradecidos con Eman le preguntamos si había algún pueblo cerca para hacer inventario y poder comer algo, ya que no habíamos comido en muchas horas. Él nos indicó el Pueblo de Márem, en él se encontraba un pequeño parador de un vendedor independiente llamado Marcín. Sus criticas eran muy buenas, se rumoreaba que sus comidas eran de las mejores de todo Gala, competía con el nivel de los chefs del palacio, también se decía que sus tés eran los más ricos de toda la región. Con tales críticas decidimos ir a dar un vistazo y probar alguna de sus delicias.
La bajada fue muy entretenida, pudimos hablar más sobre nosotros y entablamos una muy buena amistad, hablamos de nuestras vidas, nuestras familias y trabajos. Pero lo más importante que pregunté fue para qué servía la espada que mi maestro forjó para él y me dijo:
—Lacrimam es un arma propia, fue creada exclusivamente para mí, su función es desgarrar la carne y destrozar el hueso hasta hacerlo pedazos, y su filo es el triple de duradero que el de las espadas convencionales.
Ese dato, ese simple dato significaba el comienzo de una buena amistad, debido a que me comentó que esa información no se la daba a nadie, excepto que tuviese mucha confianza en él.
Al bajar nos encontramos con dicho pueblo, más bien una pequeña aldea, pero tenía todo lo que se podía pedir: una herrería, una sanadora, un vidente, y así con cada trabajo. En frente de nosotros un cartel se robaba nuestra mirada:
“ENTREN Y PRUEBEN LOS MEJORES TÉS DE HIERBASDE TODO EL REINO”
