Viaje sentimental - Sandro Barrella - E-Book

Viaje sentimental E-Book

Sandro Barrella

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Beschreibung

"Como todos los libros inolvidables, Viaje sentimental es un libro imposible de clasificar. Entre el diario de viaje, la novela de aprendizaje, las memorias apócrifas, la crónica de guerra y el relato onírico, estos poemas de Sandro Barrella juegan en distintos terrenos discursivos a través de un entramado de citas que se superponen, obsesivamente, como un enorme tejido de voces que lo cubren y mezclan todo. Son 'la cinta sin fin del recordar', donde los viajeros enamorados avanzan por una Italia de tarjeta postal, o encarnan el recuerdo pesadillesco de las ruinas de Bosnia-Herzegovina. Otros son los primeros cosmonautas que sueñan y sufren más allá del cielo de los soviets; o revolucionarios que unen, en su recorrido intelectual, la historia del proletariado. Acá el poema nunca se queda quieto, se mueve y se escribe a la vez; muta, avanza y se transforma; es un temblor, una vibración constante que traduce y, a la vez, ahuyenta a la muerte" Verónica Pérez Arango.

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Seitenzahl: 35

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Sandro Barrella

VIAJE SENTIMENTAL

POESÍA

Gog & Magog ediciones

© 2017, Sandro Barrella © 2017, Gog & Magog ediciones

Diseño de portada: dispares.

Fotografía de tapa: María Laura Collaso.

ISBN 9789509704800 Hecho el depósito que impone la ley [email protected] www.gogymagog.com

Facebook: gogymagog.ediciones

Instagram: @gogymagog

Buenos Aires 2017

Índice de contenido
sugerencia
dedicatoria
dedicatoria
Preludio
Canción de cuna
El verdadero amor
dedicatoria
Vesubio
Anorak
Terraza
Cierto
Tempesta
Fábula
Viaje sentimental —Yugonostalgia—
dedicatoria
Dubrovnik (Hacia Zagreb)
Trayectoria
Estación de paso –Karlovac-
Escribir
Países y trenes
Países y países-Estación Draganic-
Jastrebarsko
Gusto & la moda
Apariciones en el movimiento
Nomenclaturas
Llegar a Zagreb
Segundo tránsito—Hacia Serbia—
Oración por Belgrado
Lugares donde el viajero no estuvo-Sarajevo 1993-
Eslovenia blues
Una Odisea en el espacio —Más allá del viaje—
dedicatoria
Los datos fríos
Al momento del despegue de Gagarin, el comandante en tierra reflexiona
Lo que se ve desde esa altura -Impulso lírico-
Es pesado el traje pero inmóvil
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
El giro de Italia —La vuelta completa—
dedicatoria
Lo que gira
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
Viaje sentimental de Valentina por el cielo de los soviets-Informe-
Autor

Para Marcela, la hermana mayor.

Trabajar por lo incierto; viajar por mar; pasar sobre una tabla. Blaise Pascal ¿Y es precisamente este desierto de aquí lo que me proporciona la idea de lo que es un pueblo? Peter Handke

Preludio

Canción de cuna

…ah ese manto… que guarda el sueño de las tribus de Sión, de los Inuit, del profeta Muhammad, arena, nieve, estepa infértil, los Jacasos en Siberia. El desierto, tejido y extendido como una manta, un patchwork que cubre el sueño de los pueblos, el dolor, su destino, la noche de sus niños arrulla, mece y canta una canción de cuna.

El verdadero amor

–Cuadros para una escena neorrealista–

Un sueño. No la había engañado un hombre siquiera, sino un sueño… Georges Bernanos ¿El verdadero amor no deja huellas Phil Spector & Leonard Cohen

Vesubio

—Era en Alaska el sueño, dijo en medio del almuerzo. Sobre el plato, mejillones cocidos al vapor. Una botella de Chianti completaba la vista de la mesa. —Yo venía detrás de una caravana de esquimales, los trineos cargados, los perros tirando hacia una boca de tormenta y la nieve se colaba dentro de la capucha del abrigo. Le pregunté por un detalle que supuse no había notado.—Sí, vos estabas, pero no te veía. Después siguió, palabras sueltas, una que otra imagen que revelaba el momento en el que el sueño pasa a ser una confusa creación, un recuerdo inventado, un ansia que remplaza la pobreza de la especie. —Creo que soñé con el desierto, disparó finalmente. Dijo que no me veía, y que en el sueño se largaba a llorar. Le tomé las manos y las besé mientras giraba la cabeza indicándole que mirara hacia el mar, la bruma apenas una tela que realzaba la postura regia, como la voluntad de cien mil hombres en trance de alabanza, la mole como un dios o un animal de dos bocas, el volcán, lo de todos los días. —Sí, le dije sin soltarla, debe ser el desierto.

Anorak

—¿Se llama sueño recurrente?, preguntó enjugándose las lágrimas con el dorso de mis manos sin soltarse. –Debe ser, respondí no muy seguro, distraído, con la mente aún en el sueño que acababa de contarme. Repasaba la vista de los perros, el trineo a la rastra escupiendo nieve a los costados, la boca de la tormenta tragándose la escena, ella detrás, ni dentro ni fuera, mirando al frente y yo en ninguna parte. Miré el Vesubio y me solté la mano izquierda para tomar la copa y sin dejar de mirar el volcán le recordé que el abrigo que llevaba en el sueño lo había perdido hacía años en un viaje.

Terraza