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"Como todos los libros inolvidables, Viaje sentimental es un libro imposible de clasificar. Entre el diario de viaje, la novela de aprendizaje, las memorias apócrifas, la crónica de guerra y el relato onírico, estos poemas de Sandro Barrella juegan en distintos terrenos discursivos a través de un entramado de citas que se superponen, obsesivamente, como un enorme tejido de voces que lo cubren y mezclan todo. Son 'la cinta sin fin del recordar', donde los viajeros enamorados avanzan por una Italia de tarjeta postal, o encarnan el recuerdo pesadillesco de las ruinas de Bosnia-Herzegovina. Otros son los primeros cosmonautas que sueñan y sufren más allá del cielo de los soviets; o revolucionarios que unen, en su recorrido intelectual, la historia del proletariado. Acá el poema nunca se queda quieto, se mueve y se escribe a la vez; muta, avanza y se transforma; es un temblor, una vibración constante que traduce y, a la vez, ahuyenta a la muerte" Verónica Pérez Arango.
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Seitenzahl: 35
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Sandro Barrella
VIAJE SENTIMENTAL
POESÍA
Gog & Magog ediciones
© 2017, Sandro Barrella © 2017, Gog & Magog ediciones
Diseño de portada: dispares.
Fotografía de tapa: María Laura Collaso.
ISBN 9789509704800 Hecho el depósito que impone la ley [email protected] www.gogymagog.com
Facebook: gogymagog.ediciones
Instagram: @gogymagog
Buenos Aires 2017
Para Marcela, la hermana mayor.
Trabajar por lo incierto; viajar por mar; pasar sobre una tabla. Blaise Pascal ¿Y es precisamente este desierto de aquí lo que me proporciona la idea de lo que es un pueblo? Peter Handke
…ah ese manto… que guarda el sueño de las tribus de Sión, de los Inuit, del profeta Muhammad, arena, nieve, estepa infértil, los Jacasos en Siberia. El desierto, tejido y extendido como una manta, un patchwork que cubre el sueño de los pueblos, el dolor, su destino, la noche de sus niños arrulla, mece y canta una canción de cuna.
Un sueño. No la había engañado un hombre siquiera, sino un sueño… Georges Bernanos ¿El verdadero amor no deja huellas Phil Spector & Leonard Cohen
—Era en Alaska el sueño, dijo en medio del almuerzo. Sobre el plato, mejillones cocidos al vapor. Una botella de Chianti completaba la vista de la mesa. —Yo venía detrás de una caravana de esquimales, los trineos cargados, los perros tirando hacia una boca de tormenta y la nieve se colaba dentro de la capucha del abrigo. Le pregunté por un detalle que supuse no había notado.—Sí, vos estabas, pero no te veía. Después siguió, palabras sueltas, una que otra imagen que revelaba el momento en el que el sueño pasa a ser una confusa creación, un recuerdo inventado, un ansia que remplaza la pobreza de la especie. —Creo que soñé con el desierto, disparó finalmente. Dijo que no me veía, y que en el sueño se largaba a llorar. Le tomé las manos y las besé mientras giraba la cabeza indicándole que mirara hacia el mar, la bruma apenas una tela que realzaba la postura regia, como la voluntad de cien mil hombres en trance de alabanza, la mole como un dios o un animal de dos bocas, el volcán, lo de todos los días. —Sí, le dije sin soltarla, debe ser el desierto.
—¿Se llama sueño recurrente?, preguntó enjugándose las lágrimas con el dorso de mis manos sin soltarse. –Debe ser, respondí no muy seguro, distraído, con la mente aún en el sueño que acababa de contarme. Repasaba la vista de los perros, el trineo a la rastra escupiendo nieve a los costados, la boca de la tormenta tragándose la escena, ella detrás, ni dentro ni fuera, mirando al frente y yo en ninguna parte. Miré el Vesubio y me solté la mano izquierda para tomar la copa y sin dejar de mirar el volcán le recordé que el abrigo que llevaba en el sueño lo había perdido hacía años en un viaje.
