Vida sumergida - Catalina Velasco - E-Book

Vida sumergida E-Book

Catalina Velasco

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Beschreibung

Una ventana a la riqueza de la biodiversidad marina y una urgente llamada a la acción. Una invitación a descubrir los aspectos fundamentales del océano de la mano de una exploradora de National Geographic. Cuenta con un prólogo del biólogo y explorador español Manu San Félix e ilustraciones de la ilustradora mexicana Bárbara de la Garza. Este libro es un viaje fascinante que reve­la los secretos del mar y su importancia para la vida en la Tierra. Desde su pri­mer buceo en las frías aguas de Chile hasta las complejas interacciones entre los ecosistemas marinos, Catalina Velasco nos muestra cómo el océano sustenta una biodiversidad extraordi­naria y juega un rol crucial en el combate contra la crisis climática. Bióloga marina y apasionada divulgado­ra científica, Velasco explora temas fundamentales como el papel del océano en la creación de un planeta habitable, su función como regulador del clima y las amenazas que enfrenta debido a la actividad humana. Con un estilo ameno y accesible, la autora nos invita a apreciar nuestra conexión con el océano y a proteger el vasto y misterioso mundo submarino. Vida sumergida es una lectura imprescindi­ble para redescubrir el mar y verlo con nuevos ojos. Lo que dice la crítica: «El océano te entrega todo lo que necesitas. Literalmente somos lo que somos y estamos donde estamos gracias a él». Catalina Velasco en entrevista con El Español «Logra fomentar el conocimiento de los océanos a través de un lenguaje familiar y cercano». País Circular «La científica se desliza por los secretos del mar, sus funciones reguladoras del clima, cómo incide de manera directa en la vida en la Tierra, y revela tesoros escondidos entre corrientes marinas, sean bosques de algas o camarones y peces que se ayudan mutuamente». Clarín «Según la autora, estamos en un punto de no retorno para salvar el océano y toda la vida que alberga. Es ahora o nunca». Infobae «Mi misión es hacer que la gente ame el mar como yo lo hago». Catalina Velasco en entrevista con Ladera Sur «Sentir que la gente se acerca al océano gracias a lo que tú haces, al final hace que todo valga la pena». Catalina Velasco en entrevista con The Clinic Tengo la convicción de que la salud de los océanos depende de nuestra empatía, lo que solo se logra si conocemos la naturaleza que nos rodea. Catalina Velasco en El Mostrador

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Seitenzahl: 113

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Vida

sumergida

Catalina Velasco

Vida

sumergida

¿Por qué necesitamosel océano?

Prólogo de Manu San Félix

© Catalina Velasco, 2021

Publicado mediante acuerdo con VicLit Agencia Literaria

Primera edición, febrero de 2025

La primera edición de Vida sumergida se publicó en 2021 por La Pollera, en Chile. Con motivo de esta nueva edición, la autora ha revisado el texto.

© Del prólogo, Manu San Félix, 2025

© De las ilustraciones, Bárbara de la Garza, 2025

Fotografía de cubierta, Daniel Torobekov

Diseño de colección: Enric Jardí

© Editorial Almayer, S.L.U, 2025

Moll de Barcelona

WTC edificio sur, planta 2

08039 Barcelona

www.almayer.es

eISBN: 978-84-128915-5-3

Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de la obra por cualquier medio o procedimiento mecánico o electrónico, actual o futuro, y la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

ÍNDICE

Prólogo

Introducción. El intervalo de superficie

Capítulo 1. El gran conector

Capítulo 2. Cómo hacer la Tierra habitable

Capítulo 3. El regulador del tiempo y del clima

Capítulo 4. El océano combate la crisis climática

Capítulo 5. Una gran biodiversidad

Capítulo 6. Y se hizo la luz

Capítulo 7. El océano bajo amenaza

Capítulo 8. ¿Cómo salvamos al océano?

Epílogo

Agradecimientos

Bibliografía

A quienes intentan, hoy más que nunca, dejar el mundo un poco mejor de lo que lo encontraron

Prólogo

El ser humano dedica numerosos recursos a mirar y explorar el espacio. Lo que se busca en la carrera espacial, como primera condición para la existencia de vida o para que un planeta sea habitable, es la presencia de agua. Pero resulta paradójico ese esfuerzo por encontrar agua en el exterior, cuando la que tenemos en nuestro planeta está, en su mayoría, sin explorar. El 95 % de los océanos es aún desconocido, y nos queda mucho por descubrir sobre la vida bajo la superficie.

Escribo estas líneas mientras estoy embarcado en el suroeste del Pacífico, navegando de vuelta al puerto de Honiara después de un mes de expedición de Pristine Seas en las Islas Salomón. Esta es mi expedición número 52 desde que me uní a este fascinante proyecto, hace ya más de quince años.

Este viaje en particular ha tenido un detalle muy especial: el privilegio de descubrir la colonia de coral más grande conocida hasta ahora en el planeta. Al encontrarla no imaginábamos que la noticia llegaría tan lejos, a tantos países y tantas personas. Según el informe que recibimos desde las oficinas de National Geographic en Washington, la noticia de este descubrimiento ha llegado a millones de personas, algo que no deja de sorprenderme. Es un claro y hermoso indicio de que a la sociedad y las personas les interesa lo que sucede en los océanos.

Sin embargo, la mayoría de los seres humanos nunca verán la vida que se oculta bajo la superficie. Por este motivo, los que trabajamos en el mundo submarino tenemos en cierto modo la obligación de transmitir lo que pasa en el lado azul del planeta.

Y eso es justo lo que hace Catalina Velasco en Vida sumergida, un libro que nos conecta con los océanos y con la importancia que tienen en nuestras vidas de una manera entretenida y fácil de leer. Nos abre los ojos para que podamos apreciar la belleza y la importancia de los océanos, desde el modo en que regulan el clima hasta la forma en que determinan la composición de la atmósfera. Y lo consigue desde el mismo título, que trasmite algo que fácilmente olvidamos, que la vida en el planeta comenzó bajo la superficie.

Ese milagro que fue el inicio de la vida en la Tierra sucedió hace millones de años y, desde entonces, esta no ha dejado de evolucionar, cambiar y progresar para adaptarse. Pero hay algo que no ha cambiado. Y es que la vida y el agua están intrínsecamente ligadas. La vida de los organismos comienza vinculada al agua, y cuando acaba, el agua los abandona. Si no hay agua, la vida no es posible. Este libro, por tanto, nos recuerda que la salud del planeta depende de la salud de los océanos, y nos ofrece pautas para mantener esa buena salud y recuperarla allí donde se ha perdido.

Nuestra propia vida comienza con una inmersión: sumergidos en el seno materno, pasamos nueve meses «buceando». Visto de este modo, no deja de resultar contradictorio que nos consideremos seres terrestres. El tiempo que he pasado bajo el agua me ha hecho comprender que los océanos y el agua son lo más importante del planeta: el verdadero «elixir de la vida». Sin embargo, la sociedad no es del todo consciente. Vida sumergida contribuye a rellenar ese vacío y desconocimiento que tenemos en torno a ellos.

En 1981 saqué mi título de buceo y desde entonces he realizado unas 12 000 inmersiones. Aunque pueden parecer muchas, a mí me parecen muy pocas: ¡solo he pasado un año y medio bajo la superficie en mis 60 años de vida! Esto me deja con la sensación de que apenas he explorado una ínfima parte de esa «vida sumergida» a la que alude Catalina.

Comparto con Catalina el hecho de que vivimos con una misión que también es nuestra pasión, algo que nos revela desde la dedicatoria. Este libro nos acerca al océano con el propósito de contribuir a dejar el mundo un poco mejor que el que ella encontró. Al final, Vida sumergida, de Catalina Velasco, nos recuerda que proteger los océanos es proteger nuestra propia existencia.

Manu San Félix

Vidasumergida

Introducción

El intervalo de superficie

¿Cómo se empieza un libro? No te voy a mentir: esto no estaba en el plan de estudios de Biología Marina y nunca se me ocurrió tomar un taller sobre «cómo escribir tu primer libro». Esta es una aventura que me tomó por sorpresa, pero cuando me la propusieron no pude resistirme. Así que aquí estamos. En tus manos tienes mi primer manifiesto oceánico: un resumen del porqué, literalmente, no podemos vivir sin él.

Cuando entré a la universidad comencé a descubrir los misterios y maravillas que esconde la vida sumergida. En esa época viví también un gran momento epifánico: mi primer buceo. Todos los adjetivos del mundo no alcanzarían a describir la sensación que tuve la primera vez que respiré bajo el agua. Estaba sentada en el borde del bote, nerviosa, ansiosa, máscara puesta y equipo listo. Me abrieron el paso de aire de la botella y de espaldas me dejé caer al agua.

El frío mar de Valparaíso penetró la piel de mi cara. Las manos se me entumecieron, todo parecía ajeno y, por unos segundos, dejé que el pánico se apoderara de este primer encuentro. Pero después el frío desapareció, respiré más tranquila, las burbujas salieron por el regulador en un armonioso «glú glú». Todo estaba bien. Abrí los ojos. Me sentí en mi hogar. Y entonces lo supe: a esto venía al mundo. No cabía en mí de la emoción. No podía creer que no hubiese experimentado antes esta sensación de ingravidez, tranquilidad y fascinación que produce estar bajo el mar.

Por eso ahora digo que mis días en tierra son solo intervalos de superficie, una pausa entre un buceo y otro. Explorar el océano me ha permitido ver en vivo y en directo cómo habitan y se relacionan las especies marinas, cómo se compone un ecosistema, y comprender los diferentes procesos ecológicos que iré relatando a lo largo de este libro.

Mientras más buceaba y conocía, más sentía la necesidad de compartir la experiencia. Me costaba creer que mi familia, mis amigos y yo no supiéramos casi nada del océano ni de sus amenazas. Así comprendí que había que romper el silencio y darle voz a ese montón de agua salada. Sin darme cuenta, terminé convirtiéndome en una especie de predicadora, deambulando por las calles en la búsqueda de adeptos; a la primera oportunidad les decía: «Disculpe, ¿sabe que el mar aporta la mitad del oxígeno que respiramos, que regula el clima, moldea la vida en la Tierra y la hace habitable? Quisiera explicarle cómo cada año vertemos más de ocho millones de toneladas de plástico en el océano».

Ahora, como una bióloga marina que navega por la divulgación científica, intentaré hacer de este libro un recorrido ameno y, espero, inspirador. Mi misión es que descubras por qué el océano es tan importante: que comprendas que todo lo que somos y todo lo que tenemos se lo debemos a él.

Capítulo 1

El gran conector

«Masa de agua salada que cubre aproximadamente tres cuartas partes de la superficie terrestre». Esa es la definición clásica de océano y no hay ninguna novedad en ella; todos sabemos más o menos lo mismo y lo repetimos como un mantra: casi el 71 % del planeta está cubierto por agua. Pero cuando lo decimos, ¿comprendemos en realidad de qué forma se conecta ese 71 % con nosotros?

No lo podemos negar: tenemos una «ceguera oceánica» que nos impide reflexionar sobre nuestra conexión con el gigante azul, y me incluyo porque crecí en Santiago de Chile, donde la brisa marina solo llega en formato de spray para el baño y con un olor que no se le parece en absoluto (nadie quiere un desodorante ambiental que huela a microalgas y sulfuro1).

En primer lugar, debemos entender que solo tenemos un océano, no cinco. Sí: a nivel mundial contamos con una única gran masa continua de agua salada, a la que le han sido asignados diferentes nombres por motivos geográficos, científicos, históricos y de navegación. Todos los océanos están conectados y, a su vez, nos conectan también a nosotros de diversas formas, estemos donde estemos2.

Es un hecho que como sociedad tendemos a estar cerca del agua. Distintos informes de las Naciones Unidas demuestran que más del 38 % de la población mundial vive a menos de 100 km de la costa y más del 67 % a menos de 400 km. Es más, cerca de las zonas costeras, la población es unas 2,5 veces mayor que hacia el interior. Además, el océano nos proporciona dinero y trabajo. Según la OCDE, el océano aporta 1500 millones de dólares anuales en valor añadido a la economía mundial. Por otro lado, la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estima que unas 60 millones de personas en todo el mundo trabajan en la actividad pesquera.

El océano también nos conecta a través del ciclo del agua: un proceso que ha mantenido en movimiento el agua de la Tierra por miles de millones de años. Gracias a que el sol evapora parte del agua oceánica, el vapor se transforma en nubes que eventualmente se condensan y caen en forma de precipitación y nieve. Una parte de la escorrentía llega a los ríos, y es así como el agua retorna al océano. Suena sencillo, pero en realidad es un proceso complejo en el que las moléculas de agua deben viajar miles de kilómetros para alimentar un sistema que mantiene la vida sobre la Tierra. A saber, el agua circula en el planeta desde que este ciclo existe: más aún, el agua que bebes ha sido testigo de toda nuestra evolución. Tal vez un dinosaurio se bañó en las mismas moléculas de agua que están en tu café.

El océano también nos vincula a través de la regulación del clima, del transporte marítimo, del alimento que consumimos —según la FAO, el pescado representa el 17 % de la proteína animal consumida en el mundo y el 26 % de aquella consumida en los países menos desarrollados—, e, incluso, a nivel espiritual, ya que tenemos una conexión emocional, física y psicológica con el agua. Hay investigaciones que muestran que vivir cerca de océanos, lagos y otros cuerpos de agua mejora nuestro bienestar y salud mental. Asimismo, existen diversos medicamentos y productos para usos biotecnológicos que vienen del océano (escribo esto a unos minutos de haberme tomado mi DHA3 a base de microalgas).

En 1908, por ejemplo, Iliá Méchnikov recibió el Nobel de Fisiología y Medicina por su descubrimiento de los fagocitos: células del sistema inmunológico que «comen» bacterias dañinas. Este hallazgo sustentó gran parte de la investigación médica moderna y se logró gracias al estudio de larvas de estrellas de mar. En el año 2000, Eric Kandel ganó el mismo reconocimiento al comprender la base biológica del aprendizaje y la memoria estudiando células nerviosas de las babosas marinas Aplysia. En 2008, por su parte, Martin Chalfie, Osamu Shimomura y Roger Tsien recibieron el Nobel de Química por el descubrimiento de la proteína verde fluorescente en la medusa Aequorea victoria, la cual ha tenido muchas aplicaciones en los campos de la bioquímica, microbiología, ingeniería genética y fisiología.

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