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Recién terminaba el primer trimestre del 2020 Diego y su novia, Laura, llevaban una vida tranquila y sin novedades. Se encontraban enamorados, felices y, más que nada, ignorantes de la pandemia que se había liberado. Planeaban unas vacaciones de ensueño en una playa paradisíaca. Diego es curioso y le gusta siempre buscar la verdad, descubrir el trasfondo de las cosas. Convertirá en su meta personal encontrar el origen del virus, descartar las teorías de conspiración para dar con la verdad. ¿Lograrán el y Laura sobrevivir y, sobre todo, permanecer juntos?
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Seitenzahl: 91
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Créditos
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Sony Ageus
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: María García
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1181-738-7
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
PRÓLOGO
A lo largo de la historia se han visto pasar decenas de pestes y pandemias, algunas más mortíferas que otras, causadas por distintos tipos de virus. Enfermedades transmitidas al hombre de animales como el pollo, la vaca o el cerdo. Ahora, al parecer, ha llegado el turno de otro virus proveniente de otro animal.
Con la globalización y un mayor número de vuelos internacionales y viajes a cada rincón del mundo, ya sea de ocio o de negocios, enfermedades y padecimientos se esparcen más rápido y de manera más fácil. De manera que es cuestión de tiempo que surjan pandemias que sean más resistentes, esperemos salir pronto de la actual.
A Diego le tocó vivir la pandemia de la influenza allá por el 2010, afortunadamente, la vivió en la distancia, solamente a través de las noticias. Esperaba no tener que pasar por una de nuevo, al menos, no tan pronto. Es por ello que no se explica cómo, con tanta tecnología y avances científicos, no se pueda encontrar una cura de manera pronta. Cuando la pandemia llega, Diego irá descubriendo detalles y mitos. A pesar de no tener los recursos, se empeñará en hacer su propia investigación. Su mente curiosa no le permitirá descansar hasta que dé con la verdad.
Observará que hay ciertos acontecimientos paranormales, por lo que deseará saber si es alguna especie de castigo divino, o incluso, algún virus extraterrestre. Relatos de avistamientos y abducciones siempre han existido, pero se escuchan más en los últimos años; ¿estará relacionado? o quizá sea solo una cortina de humo para encubrir algo que no quieren que sepamos.
Algo ocultan y Diego hará todo por conocer qué es. No le extrañaría que fueran capaces de admitir que los ovnis, aliens y otros fenómenos son reales. Eso lo tiene convencido de que ocultan algo grande.
Sueño que duermo. ¿Es todo esto nada más que un sueño? Ojalá.
.
Siento como si flotara, de pronto miro hacia abajo y veo mi propio cuerpo sobre la cama...
—¿Está segura? —le pregunto a Laura. Habíamos estado soñando con salir de viaje; la primera vez que estaríamos los dos juntitos, a solas. Sería también la primera vez que saldríamos de Chihuahua. Debía ser el mejor summer break de todos.
Quién se imaginaría que se acercaba otro break, un outbreak, lo peor estaba por venir.
—Que sí, amor —dijo al otro lado del teléfono—. Nunca he ido al mar y siempre lo he deseado.
—Será fantástico. Ya verá, mi amor.
—Quiero pasear por esa quinta avenida que cuentan.
Me encontraba frente al mar, estaba en la playa, podía sentir la brisa, las olas chocaban contra la orilla y mojaban mis pies descalzos, sentía la arena entres mis dedos. Y... desperté.
Bostecé y me estiré, aún con el pijama, salí de la cama y se encendió la cafetera, tomé una ducha mientras se inundaba mi cocina con el aroma a café, aroma que he amado desde que tenía cinco.
Encendí la TV (no soy fan de los noticieros, pero parecía que esa mañana la tele me estaba llamando: Diego) para ver qué había de nuevo. Fui por una taza de mi mejor amigo, el café y ¡ahí estaba! (en un comercial de agencia de viajes): ¡Cancún!
Fui directo a casa de Laura para decirle:
—¡Ya sé a dónde quiero ir!
—¿A dónde?
—Cancún. Lo acabo de ver en la TV. ¡Es a donde quiero ir!
Me echó una miradita de lo más inquisidora.
—Chevere.
Y aquí estaba ahora, diciéndome que quería pasear por Playa.
Cuando niño veía en la televisión (en las series y novelas que mamá veía) Acapulco, y soñaba con el mar y jugar en la playa. Pero en mi familia éramos pobres, no éramos mendigos, pero sí lo suficientemente pobres como para no conocer el mar. No habíamos salido del Estado, Delicias y Parral era lo más lejos que habíamos viajado en familia.
Con el paso de los años, la gente había trocado Acapulco por Cancún, y más recientemente, por Mazatlán.
Muchos de mis conocidos y amigos habían estado en Mazatlán. Yo había estado en Mazatlán.
Conocí a Laura hace un par de años y desde entonces me enamoré. Y desde el primer vistazo he sabido que quiero estar con ella por siempre y para siempre. Yo la conocí, porque ella no me conocía o no se había fijado en mí, eso me ha dicho.
Tiene la sonrisa más hermosa. Y es tan callada como hermosa.
Y ahí estaba, cambiando nuestro Destino...
No solo es preciosa, es colombiana; tiene, naturalmente, los mejores pasos de baile, la piel canela más bella y tersa, los más hermosos ojos color miel, el cabello más negro. En su mirada me atrapó. Adoro el olor de su piel.
Su personalidad, su ternura, son un plus.
No creo que hayamos peleado o si quiera discutido jamás…
—Encienda la televisión —me dijo unos días más tarde.
—¿Por qué?
—Está pasando algo terrible.
—¡¿Qué es?! —le pregunté mientras buscaba el mando con la mirada, pero no aparecía—. ¿Son zombis?
—Ojalá.
—Alexa —le hablé a mi asistente de Amazon—, enciende el televisor.
Y, voilà, ¡así fue! Mi primer encuentro con esta pesadilla moderna. No podía creer lo que veían mis ojos. Diablos, no puedo creerlo aún hoy, es de lo más terrible, la gente está muriendo, familias siendo separadas aún el día de hoy.
Si me hubieran contado sobre esta pesadilla...
Quiero despertar, todos queremos escapar.
Aun ahora, francamente no sé qué o a quién creer. Coño, soy ateo; pero ¿lo ha enviado Dios, es un castigo del cielo, es un arma biológica, un experimento fallido, o es que acaso alguien lo ha puesto ahí a propósito?
¿Lo ha creado alguien, quién, el gobierno de los rusos o de los chinos, o de los americanos?
¿Querían causar temor?, pues ¡lo han logrado!
Tantos inocentes.
Tantas vidas tan cortas, terminadas de tajo.
Si hay un Dios allá arriba: ¿por qué?, ¿no escuchas?
La gente está rezando, la gente está llorando, ¡la gente está muriendo!
¿Estás molesto, estás contento, eres malvado?
¿Me dirías por qué?
¿No merece nadie de ellos tu ayuda, tu misericordia?
¿Nos has dejado abandonados?
Quizá yo merezca este trato, este castigo, pero ¿y ellos, todos nosotros?
¿Te diviertes?
¿Te estás mofando?
¿Esto qué contiene?
Hay gente por todo el mundo que no puede enterrar a sus muertos.
—¿Está ahí? —me preguntó Laura. Simplemente no pude articular palabra, no podía ni mover mis labios. Me perdí en las noticias, en la televisión, en esas imágenes de horror, de dolor y sufrimiento.
Muerte por aquí y por allá, y por todos lados. Personas, vecinos, ciudades, países, el mundo en duelo.
Los segundos se hicieron minutos, horas, días, semanas, meses. No había respuesta, no hay respuesta. Yo estaba congelado, sigo congelado.
¿Qué es esto?
¿De dónde viene?...
.
Parecía ser el comienzo de un hermoso día, en cuanto abrí mis ojos me ayudó a medio despertar el olor a café recién hecho en la cafetera en mi cocina, una vez di el primer sorbo, podríamos decir que fui devuelto a la vida; quizá hubiera sido mejor no despertar…
Intenté recordar lo que estaba soñando, por lo regular no logro recordar mis sueños; mas en esta ocasión me parece que estaba teniendo una pesadilla. Mientras me encontraba absorto en este pensamiento, entra a mi celular llamada de mi novia:
—Mi amor, ¿ya escuchó las noticias? —me pregunta en cuanto respondo.
Comentan algo en el noticiero sobre ese brote de virus que ha aparecido en Asia.
—Buenas noticias, para variar —le digo a Laura.
Y las noticias que yo esperaba de su parte era que si iríamos de viaje a Playa del Carmen (no me quedaba otra opción, yo quería ir a Mazatlán, pero después se me ocurrió Cancún; pasear por la zona hotelera, conocer la laguna Nichupté y sobre todo conocer juntos Isla Mujeres, y disfrutar juntos de esos maravillosos atardeceres, yo había estado en Cancún antes, pero solo en el centro y Puerto Juárez…) como habíamos estado deseando y planeando hace tiempo (al menos, yo, que era el más entusiasmado, ella solo decía que sí me acompañaría), ella quería pasear por la quinta avenida en Playa y es a donde iríamos.
Me encuentro en la playa, puedo sentir la calidez del sol en su máximo esplendor, quemándome y bronceándome la piel, sostengo una piña colada y me dispongo a dar un sorbo, estoy feliz. Pero la felicidad se acaba cuando la realidad me golpea en forma de alarma de mi reloj despertador que aparece en la mesita junto a mi cama una vez que logro abrir los ojos para ver que no estoy en la playa, donde deseo, sino de vuelta en mi habitación, en Chihuahua.
Mientras me sirvo una taza de café en la cocina, una vez he despertado por completo, gracias a una ducha con agua tibia, enciendo el televisor solo para encontrarme con las actualizaciones de la noticia que tiene a todo mundo angustiado, es sobre ese virus que se propaga con demasiada rapidez; nadie sabe de dónde ha salido, cómo se ha originado, y al parecer nada lo puede parar. Una vez más parece que ha llegado «el final de los tiempos», me dirijo totalmente consternado a mi trabajo, nadie sabe nada sobre el virus, pero yo sé una cosa, que a mi no me detendrá, tomaré mis vacaciones de ensueño, pase lo que pase…
.
En mi trabajo no ocurrió ninguna novedad por el momento, solo escuché a varios de mis compañeros mencionar lo del virus ese que había brotado:
—Se ha estado expandiendo por Asia y el norte de África es lo que comentaron anoche en el noticiero —platicó Rafael mientras Isabel lo escuchaba con atención, al tiempo que se llevaba a la boca una torta de milanesa, para enseguida, darle un sorbo por medio del popote a su agua fresca de pistache de a litro.
—Han estado cancelando unos vuelos en Europa, en países como Alemania e Italia —menciona Eduardo después de la hora de su comida, mientras en la oficina estamos relajados, debido a la falta de tareas por realizar.
No presté demasiada atención a las conversaciones de cualquier forma, ya que ese tema no me consternaba, imaginé que sería un virus como cualquier otro. Probablemente ni siquiera llegaría a nosotros, estábamos demasiado lejos, el virus andaba por Asia y África, ¿por qué habría de llegar a América y, sobre todo, a México?
Es cierto que la última pandemia, esa de la influenza, supuestamente comenzó en mi país, pero para mí que es todo teatro, ¿dónde están todos los muertos, alguien conocía a alguno? ¿O dónde depositaron todos esos cadáveres, hay alguna prueba de que eso fue real?
