Vitrubio - Benjamín Villanueva Arquitecto - E-Book

Beschreibung

Escrito en Roma durante el imperio de Augusto, el tratado de Vitruvio contiene el único testimonio teórico de la arquitectura griega. Dormido durante quince siglos en los monasterios benedictinos, al descubrirse en 1414, justificó la adopción de la arquitectura grecorromana como piedra angular de la arquitectura renacentista. Con este tratado se funda en 1542 la Academia de la Arquitectura. Factor determinante de la teoría, la enseñanza y la práctica de la arquitectura hasta los albores del siglo XX. Siendo un libro referencial para los arquitectos, sus textos son muy difíciles de descifrar, lo que el Arquitecto Benjamín Villanueva logra con esta lectura crítica es ayudar a su comprensión.

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Seitenzahl: 338

Veröffentlichungsjahr: 2024

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Benjamín Villanueva Treviño

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de cubierta: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1068-232-0

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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A Rodrigo

A Mariana

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En 1777, el Rey Carlos III de España encomendó al presbítero Joseph Ortiz y Sanz la traducción del tratado Los diez libros de arquitectura de Marco Vitruvio Polión. Superando múltiples avatares el presbítero entregó diez años después, un ejemplar del libro al rey, como comenta en la dedicatoria del mismo. El libro pasó a ser propiedad del Estado Español. Desde entonces se encuentra en la Biblioteca Nacional de España. Su contenido es de dominio público.

Para acceder al documento, busque la traducción de Ortiz y Sanz , o pruebe con el vínculo:

https://ia800605.us.archive.org/5/items/A065112/A065112.pdf

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En agradecimiento para Alfredo Ávila Chávez

por su generosa colaboración.

A la Dra. Rocío Olivares, quien me ayudó a encontrar la manera de imprimir y distribuir el texto de Vitruvio.

Primer encuentro con Vitruvio

En el frío febrero de 1953 en la antigua Academia de San Carlos, entonces llamada Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Arquitectura, a la primera hora del primer día de clases mi numerosa generación llenó el graderío del salón llamado «el toreo». Puntual el maestro de teoría, José Villagrán García, instruyó a un alumno para traer de la biblioteca un libro; dadas sus dimensiones requirió de un atril. Ante el expectante silencio, el maestro lo abrió con cuidado y procedió a su lectura:

«El que quiera llamarse arquitecto deberá ser instruido en las buenas letras, diestro en el dibujo, hábil en la geometría, inteligente en la óptica, instruido en la aritmética, versado en la historia, filósofo, médico, jurisconsulto y astrónomo; siendo pues la arquitectura una ciencia condecorada de tantas otras y tan llena de erudiciones muchas y diversas, juzgo que no pueden llamarse arquitectos sino los que desde su niñez, subiendo por los grados de estas disciplinas y creciendo en la adquisición de muchas letras y artes, llegaron al sublime templo de la arquitectura».

El respetable libro era el primer tratado de arquitectura escrito por Marco Vitruvio Polión en el primer siglo anterior a la era cristiana.

El ambiente de la presentación fue semejante a la lectura de la Biblia en un templo.

El maestro Villagrán, con treinta años impartiendo teoría, seguramente tenía medido el efecto dramático del rito. La elección del libro, el lugar y la audiencia resultaron memorables para mi generación.

Esta idea de que el arquitecto debe saber de todo persiste en todo el tratado al extremo de que se podría considerar el libro como la primera enciclopedia cien años antes de la Historia Natural de Plinio el viejo. Así, hay un tratado sobre los vientos, sobre los elementos pétreos, las maderas, las aguas y la astronomía como complemento de la parte arquitectónica dedicada a la descripción métrica detallada del templo griego; arquetipo que da origen a un poderoso lenguaje milenario.

El texto de Vitruvio con el que inició el curso de teoría el maestro Villagrán lo pone como conclusión en su libro Teoría de la Arquitectura de 1964, justificando la suma de conocimientos requeridos por el arquitecto: desde la investigación del programa, el diseño del proyecto ejecutivo hasta la realización de la obra. Pero contemplada la arquitectura en su contexto histórico con sus miles de respuestas formales, unas construidas, otras imaginadas, las posibilidades creativas son infinitas, tan infinitas como la vida. La vida es el gran tema de la arquitectura. Así, Frank Lloyd Wright definía al arquitecto como interprete de la vida y Le Corbusier, ya en edad avanzada cuando le pidieron que impartiera clase, inquirió: «¿filosofía de la vida?».

Vistos en conjunto los variados conocimientos son en un tiempo determinado expresión de la vida, necesarios para comprender la vida y poder interpretarla como arquitectura. La cultura en un tiempo histórico y en un espacio geográfico es una totalidad y la arquitectura como expresión de esa cultura es una totalidad.

No importa la magnitud del problema, temas grandes o pequeños, siempre son totales. Este todo que es la arquitectura es parte del mundo. Todo está en todo.1En una gota de agua está el mar, en el hombre el universo.

.

«Podríamos decir que el axioma básico de los arquitectos renacentistas es la convicción de que la arquitectura es una ciencia y de que cada parte de un edificio, tanto por dentro como por fuera, debe hallarse integrada en un solo sistema de relaciones matemáticas. Ya hemos visto que de ningún modo puede un arquitecto aplicar a su antojo a un edificio un sistema de relaciones de su propia elección, que las relaciones deben adecuarse a las concepciones de un orden superior y que el edificio debe reflejar las proporciones del cuerpo humano. Este requisito, sobre todo, fue universalmente aceptado dada la autoridad de Vitruvio. Así como el hombre es imagen de Dios y las proporciones de su cuerpo provienen de la voluntad divina, del mismo modo, las proporciones de la arquitectura deben abarcar y expresar el orden cósmico».

Rudolf Wittkower.2

Segundo encuentro

En el proemio del libro primero Vitruvio advierte al emperador Octavio Augusto la utilidad del tratado para juzgar la calidad de las obras hechas y por hacer en razón de «haber notado que has hecho muchos edificios y al presente los haces y porque en lo venidero cuidarás de que las obras públicas y particulares sean conformes a la grandeza de tus hazañas para que su memoria quede a la posteridad».

Para el año 25 a. C., que es recibido el tratado por Augusto, Roma ha sido el escenario de una febril actividad constructiva. El gran constructor es Marco Vispanio Agripa, fiel compañero del emperador y, para varios historiadores, el verdadero forjador del Imperio romano. De múltiples talentos como general, administrador y sabio (reconocido por Plinio el viejo) solo reseñaremos su actividad como arquitecto en virtud de coincidir en tiempo con la aparición del tratado.

En su primer consulado (37 a. C.), que comparte con Octavio, Agripa restaura 82 templos. Es prácticamente un curso intensivo de arquitectura. En la restauración cubre el ladrillo con mármol mediante el sistema de «encastrado», una construcción rápida y de bajo costo. Estos 82 templos son el orgullo de Augusto. Al consignarlo en su Res gestae3 se vanagloria de «haber recibido una Roma de ladrillo y dejar una Roma de mármol».

El caso de Marco Vispanio Agripa es único en la historia. A los 26 años puede disponer de los arquitectos y escultores de la cautiva Grecia, de miles de soldados capacitados como mano de obra: carpinteros, herreros, albañiles, etc; y de recursos económicos ilimitados. Su cultura arquitectónica abarca del conocimiento directo de la Grecia clásica en todo su esplendor y de la egipcia. Además, tiene la autoridad para decidir, diseñar y dirigir las obras.

La primera obra monumental de Agripa es el Foro de Augusto en el centro de Roma. Dos pórticos monumentales sirven de marco al templo de Marte Vengador, erigido para conmemorar la Batalla de Filipo y la muerte de los asesinos de Julio César.

Adquiridos los terrenos pantanosos de Roma, Agripa crea el Campo de Marte para construir los primeros baños públicos de Roma: las termas. El propósito era atraer a los jóvenes para ejercitarlos y prepararlos en las luchas, y en especial en las armas. En este mismo tiempo, adyacente a las termas, construye El Panteón, El Mausoleo de Augusto y el Gran Reloj Solar (Horologium Augusti) con un enorme obelisco que hace la función de gnomon proyectando su sombra sobre el Ara Pacis Augustae (El Altar de la Paz) el 23 de septiembre, onomástico del Emperador. En el mismo Campo Marte construyó el Pórtico de Octavia con las primeras bibliotecas públicas (latina y griega). El teatro de Marcelo, cuya estructura y fachada son el antecedente del Coliseo Romano.

Enviado Agripa a pacificar las Galias deja su huella arquitectónica en La Maison Carrée, templo dedicado a sus hijos Lucio y Cayo, y el espectacular acueducto llamado Pont du Gard (declarados por la UNESCO patrimonio de la humanidad). En España construye varias ciudades, sobresale Augusta Emérita (Mérida) y en especial su teatro. De la obra que Agripa realizó en Atenas queda memoria del Odeón en El Ágora. De un pequeño templo redondo frente al Partenón (templo de Augusto y Roma) y de una estatua ecuestre dedicada por los atenienses a él mismo en la entrada de la Acrópolis.

El Panteón, su obra maestra, ha sido motivo de controversia. La leyenda de su destrucción por un incendio y la reconstrucción por Adriano desde los cimientos con la ayuda de Apolodoro de Damasco, el único arquitecto capaz de realizar la empresa, es una leyenda carente de sustento técnico e histórico.

Agripa, al construir el calidarium de las termas, con una bóveda de 43m de diámetro, rebasó con mucho la función original. Decidió entonces agregarle una entrada que le imprimiera el carácter de templo y consagrarlo a la victoria de Actium. En nichos simétricos se colocaron las estatuas de los cónsules Octavio y Agripa y en el frontón su firma M. AGRIPPA.L.F.CO.TERTIUM FECIT (Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez lo hizo).

En el tiempo que gobernó Octavio Augusto con Agripa hasta la muerte de este en 12 a. C. todas las obras del imperio dan fe de una nueva arquitectura: el arco, la bóveda y la cúpula son elementos nuevos. La expresión del poder a través de la escala y el espacio interno, en relieves y en color diseñados brillantemente en el Panteón, y según las crónicas en Las Termas, son el punto de partida de la arquitectura romana.

En este contexto, el tratado de Vitruvio queda congelado en el tiempo, mil cuatrocientos años después en la biblioteca del monasterio benedictino de Saint-Gall, Poggio Braccillioni, un bibliófilo, lo descubre. Llevado a Florencia en 1420 Vitruvio tiene una resurrección espectacular y una sorprendente vitalidad que no se ha agotado en 2000 años.

Introducción

¿Qué son los diez libros de Vitruvio?

Constituyen el primero y a la vez el más antiguo texto dedicado a explicar con amplitud la razón y ser de la arquitectura. Presentado como manuscrito dedicado al emperador romano César Augusto en el año 27 a. C. se desconoce su uso o utilidad real hasta su descubrimiento en los inicios del Renacimiento italiano. A partir de entonces se le considera un libro fundacional, marco obligado de referencia para todos los tratados subsecuentes; pocos tratados de cualquier materia han persistido con tal vigor tan dilatado tiempo. Además de ser un texto de difícil lectura, desentrañar el correcto significado de muchos de los términos ha sido un reto imposible para sus contados traductores. Los pies de página son un campo de rudas confrontaciones entre los pocos sabios filólogos embarcados en la temible empresa de su traducción. Para complicar las cosas las ilustraciones originales aludidas en el texto se perdieron y en cada caso hubo que inventarlas. El canon de medidas de los órdenes clásicos impuesto por Vitruvio ha sido cuestionado o de plano refutado. En consideración a la veracidad, algunos traductores se trasladaron a los sitios arqueológicos para corroborar las normas.

Todo este esfuerzo conlleva costos, fatigas y consumo de vida. Para José Ortiz y Sanz, nuestro traductor, significó diez años de sacrificio. Si en cinco mil años de vida la arquitectura ha mostrado un rostro que cambia por influencia del lugar, sus habitantes, la tecnología, la economía en síntesis, por la cultura que engloba todo, ¿por qué el texto de Vitruvio sigue interesando? Es posible que las fuerzas de cambio y permanencia coexistentes en todo acto creativo expresadas finalmente en las obras formen parte de los principios contenidos en el texto Vitruviano. Distinguir lo esencial, lo permanente de lo contingente, es la parte fundamental de este trabajo. Demostrar su vigencia es el eje alrededor del cual gira toda la interpretación, por lo mismo advertimos sobre el carácter de la misma, limitada al campo arquitectónico; subjetiva en la medida que es producto de reflexiones personales como estudiante, profesor y profesional activo. En este mismo tenor el texto Vitruviano, para muchos críptico o ambiguo, en algún momento me fue de gran utilidad para comprender y resolver algún problema arquitectónico o enfrentar complejas cuestiones técnicas.

Si algo esta fuera de discusión en Vitruvio es su profundidad y riqueza teóricas. Conceptos tan actuales como forma, función y estructura pueden rastrearse en el texto Vitruviano como belleza, comodidad y firmeza; por mencionar los términos más analizados y estudiados por los teóricos a través del tiempo. Pero, además, en este libro se encuentra la primera fuente descriptiva de los estilos clásicos, el primer tratado de construcción y un compendio de conocimientos presentados por Vitruvio como la ciencia de su tiempo al punto de considerarse un verdadero tratado de tratados.

Lo original, lo insólito de la inclusión de esta información enciclopédica en un tratado de arquitectura radica en su objetivo, por lo demás hecho explícito en el primer libro: la formación cultural del arquitecto. Congruente con ello, Vitruvio en su tratado no se concreta a presentarnos aquellos conocimientos técnicos o artísticos requeridos para ejercer la profesión como se esperaría de un tratado convencional de arquitectura. Hoy los libros de la materia se especializan en aspectos estéticos, históricos, críticos o técnicos. Vitruvio abarca todos ellos, pero, además, invariablemente aborda aspectos de la formación del arquitecto, la ética en el ejercicio profesional, la relación con sus clientes, sus colegas y su propia conciencia.

Hay un tono conservado por Vitruvio a lo largo de su exposición: el tono didáctico. Probablemente, sin proponérselo, rebela su secreta vocación de maestro. En este contexto se entiende la preocupación de aligerar un texto que él mismo reconoce árido con amenas leyendas y anécdotas. Acorde al espíritu Vitruviano y pensando en su utilidad para las nuevas generaciones, se ha tratado de conservar, en la medida de lo posible, su sentido didáctico. Los aspectos teóricos se encuentran concentrados en el primer libro, probablemente el más leído y posiblemente para muchos el principio y el fin de la lectura de Vitruvio.

Teoría, del griego theorein, significa en su origen: mirar, observar. En el mirar de la arquitectura podemos distinguir varios modos o maneras de ver: el que la vive o utiliza que definimos como habitante, el que la observa y analiza con ojo crítico para reconocerle múltiples valores: artísticos, históricos, culturales, etc.; y el que la crea, el arquitecto.

El que la vive puede sentir que sus necesidades físicas, estéticas o espirituales han sido en mayor o menor grado satisfechas; para ello tiene como elemento de comparación el programa. El crítico, para hacer su evaluación, requiere la existencia de la obra, aunque sea como vestigio arqueológico. En cambio, el arquitecto la observa como un proceso: combinación de pensamiento e imaginación, representación gráfica de lo imaginado y culminación en obra construida después de sortear múltiples dificultades. Todos los que hemos encarado este proceso adquirimos conciencia de la compleja preparación requerida para hacer menos difícil tan ardua tarea. Si tuviéramos que clasificar las teorías de la arquitectura, diría que aquellas que privilegian el análisis del programa tienen como centro al hombre que la habita. Los que analizan los valores que ayudan a apreciarla concentran su atención en las obras y su tiempo. En el caso de Vitruvio son evidentes sus esfuerzos y particular interés en el arquitecto y el difícil proceso de creación.

Hoy vivimos una revolución en la forma de vivir, percibir y crear la arquitectura. La base cultural, sustento de toda obra, se debate entre posiciones extremas: lo vernáculo local y lo global internacional. Tecnologías tradicionales de bajo costo conviven con alardes tecnológicos y económicos de imaginería metafísica. En este universo dominado por la exacerbación de la forma resulta vigente entender su sentido. Reencontrarnos con Vitruvio es retornar el origen, a la fuente primordial. Mirar con ojos nuevos a través de la mirada de Vitruvio puede, en el mejor de los casos, descubrir el hilo de Ariadna que nos permita salir del laberinto: encontrar el sentido a lo que hoy llamamos arquitectura.

Los diez libros de arquitectura de Marco Vitruvio Polión Libro Primero

Este primer libro, probablemente el más estudiado de los diez y para muchos comentaristas el más importante, consta de una introducción o proemio y siete capítulos. El proemio es una dedicatoria a César Augusto en la que Vitruvio expone las razones que lo animaron a escribir el tratado y a dedicarlo específicamente al emperador. El texto hace patente su admiración hacia César Augusto como sabio, guerrero y constructor; a su vez, Vitruvio se presenta como arquitecto, experto en máquinas de guerra y sabio constructor.

En su presentación incluye datos autobiográficos (de constante presencia en toda la obra), como la relación de lealtad y afecto hacia Julio César, padre adoptivo de Augusto y Octavia, hermana mayor del emperador. Especial énfasis pone como razón para escribir el tratado el agradecimiento a la pensión vitalicia que César Augusto, por intermediación de Octavia, le otorgó.

En esta introducción, advierte Vitruvio, va a explicar todas las reglas del arte (de la arquitectura) con el objetivo que el emperador «pueda saber por sí mismo la calidad de las obras hechas y hacederas». Dicho en términos teóricos: la capacidad de juzgar críticamente tanto las obras como los proyectos arquitectónicos.

En la introducción Vitruvio se considera a sÍ mismo con grandes méritos y cualidades que merecen ser reconocidos por el emperador; un emperador interesado por la arquitectura, un emperador constructor. La suma de estos factores desencadena el proceso de creación de este primer tratado. Si el emperador no hubiera sido un hombre interesado en la arquitectura y Vitruvio no hubiera tenido esta relación con él, Los diez libros de arquitectura no habrían sido publicados. Es probable, además, que el aprecio esperado del emperador tuviera como objetivo el encargo de alguna obra importante. Finalmente, cabe la posibilidad que el manuscrito (o los manuscritos), dada su difícil lectura desde entonces, hubiesen terminado en un archivo muerto.

Los capítulos I, II y III están dedicados a la definición, análisis y clasificación de la arquitectura con evidente influencia del método aristotélico, así como a la formación del arquitecto referida a su propia experiencia personal en clara alusión autobiográfica.

Vitruvio define a la arquitectura como ciencia, pero ¿qué entiende por ciencia? Aunque no lo hace explícito, la estructura de todo el discurso nos conduce a la definición clásica: ciencia es el conocimiento de las cosas por sus causas. Esta es una constante en Vitruvio. Para cada conocimiento, sea técnico, histórico o de cualquier otra índole, propone una explicación razonada. Toda la armazón teórica está dirigida al intelecto, a la razón, eludiendo aspectos intuitivos o emotivos.

El primer gran problema al que se enfrenta Vitruvio es el encuentro con conocimientos prácticos (la experiencia de construir) y conocimientos teóricos (la explicación de la armonía de las formas). Para salvar esta situación propone una formación equilibrada: el arquitecto no puede ser solo práctico, ni solo teórico, debe tener una formación integral, constante aspiración de la enseñanza de la arquitectura que se conserva hasta nuestros días.

Congruente con estas ideas, Vitruvio propone su definición de arquitectura: «es una ciencia adornada de otras muchas disciplinas y conocimientos, por el juicio de la cual pasan las obras de las otras artes. Es práctica y teórica. La práctica es una continua y expedita frequentacion del uso executada con las manos sobre la materia correspondiente a lo que se desea dar forma. La teórica es la que sabe explicar y demostrar con la sutileza y leyes de la proporción las obras executadas».4

Vitruvio define a la arquitectura como ciencia y como arte, así como la ciencia se definía como el conocimiento de las cosas por sus causas, el arte se entendía como «el conjunto de reglas para hacer bien algo». La ciencia se refiere al conocimiento intelectual, el arte al conocimiento práctico, el arte tiene como fin la obra, la ciencia su racionalidad, no solo en términos de utilidad, sino de belleza (leyes de la proporción). El que pasen las obras de las otras artespor el juicio de la arquitectura implica considerar a la arquitectura como madre de las artes. En estricto sentido la arquitectura las contiene e influye en su percepción.

Considerando a la arquitectura como ciencia y como arte, Vitruvio propone para el arquitecto una formación que abarca prácticamente todos los conocimientos. Esta vocación por aprender todo, dice Vitruvio, debe manifestarse en el arquitecto desde la niñez (según referencia autobiográfica) y como forma de aprendizaje propone la «disciplina encíclica», que supone una interconexión de todos los conocimientos, equivalente a lo que hoy sería el conocimiento enciclopédico o conocimiento universal.

En apego a su tesis, Vitruvio hace referencia a «Pithio, antiguo arquitecto, que tan noblemente construyó el templo de Minerva en Priene, dice en sus comentarios que el arquitecto debe exceder en todas las artes y doctrinas a aquellos que con su aplicación pusieron cada una de ellas en la mayor claridad». 5

Sin embargo, considera excesiva la propuesta de Pithio y vuelve a insistir ahora en los aspectos prácticos y teóricos de las artes. Así la práctica puede identificarse con la destreza para ejecutar las obras y la teoría como el conocimiento de las reglas. En sus ejemplos no hay diferenciación entre arte y ciencia, así habla de médicos, músicos, astrólogos, geómetras de la visión (llamados por los griegos logos opticos) y concluye proponiendo un conocimiento teórico suficiente para poder juzgar en la materia correspondiente. Así ejemplifica: «no puede el arquitecto ser tan gramático como Aristarco, pero ni menos debe ignorar la gramática; ni tan músico como Aristóxenes, pero no sin entender algo de música; ni tan pintor como Apeles, pero no sin práctica de dibujo; ni tan estatuario como Mirón o Policleto, más no ignorante de las reglas de escultura; ni menos tan médico como Hipócrates, pero con algún conocimiento de medicina».6

Finalmente se disculpa: «Así, te suplico, ó César, a ti, y a cuantos leyesen esta obra, que si alguna expresión pecare en las reglas gramaticales, se me disimule; pues no la compuse como perfecto filosofo, retórico elegante, o gramático de estilo, puntual en los preceptos del arte, sino como arquitecto, y con una tintura de las otras ciencias. Pero en cuanto a lo sustancial del arte y sus reglas, prometo y espero instruir en estos libros no solo a los que edifican, sino también a los demás sabios, con la mayor autoridad y magisterio».

Esta autoridad y magisterio la apoyará más adelante en sus fuentes bibliográficas provenientes de la Grecia clásica.

En el tiempo que Vitruvio escribió el tratado, hace una referencia a los más grandes artistas y sabios del mundo clásico; esto implica haber tenido contacto con sus obras o sus escritos y, por lo mismo, ser reconocido como un hombre de amplia cultura. Así no es ocioso que mencione a científicos como Aristarco de Samos, Philolao de Crotona, Archytas de Tarento, Apolonio de Perga, Eratóstenes de Cirene, Arquímedes y Scopinas de Siracusa; «los cuales dejaron a la posteridad muchas invenciones orgánicas y gnomónicas, halladas y explicadas por cálculo numérico y razones naturales».

Esto que vemos en el primer libro ocurre a lo largo de toda la obra, cientos de nombres de artistas y científicos son reconocidos como referencias bibliográficas y constituyen una rica biblioteca que, sin el testimonio de Vitruvio, sería totalmente desconocida e inevitablemente nos remiten a la imagen de un arquitecto sabio.

Un arquitecto que debe ser «literato, diestro en el dibujo, hábil en la geometría, inteligente en la óptica, instruido en la aritmética, versado en la historia, filósofo, médico, jurisconsulto y astrólogo, amén de músico».7

Estas características que Vitruvio pide para los demás y que da por descontado poseerlas, no resulta, en la historia de la arquitectura, en un catálogo de buenos deseos. Desde Imhotep, el más antiguo arquitecto conocido, hasta nuestros contemporáneos, resulta una constante en la que los más grandes exponentes mantienen un perfil de amplia cultura aunado a habilidades artísticas poco comunes. Es por ello que el texto de Vitruvio conserva, dentro de la modalidad de cada época, plena vigencia. En el capítulo II Vitruvio entra de lleno al análisis teórico de la arquitectura y nos dice que consta de seis cosas:

1. Ordenación

2. Disposición

3. Euritmia

4. Simetría

5. Decoro

6. Distribución8

El análisis de estos conceptos nos induce a pensar que los aspectos prácticos de las ciencias los asocia con el arte y los aspectos teóricos del arte los asocia con la ciencia, diferenciando en ambos casos, tanto en el arte como en la ciencia, los conjuntos de reglas con la destreza o habilidad manual para aplicarlas en el extremo de la práctica; y la explicación racional en el extremo de la teoría. Así, la destreza o habilidad manual para aplicar las reglas desemboca en la práctica y la explicación racional de dichas reglas conduce a la teoría.

El arquitecto debe tener talento, habilidad y destreza como cualidades naturales, y conocimientos de las reglas y de la razón de las cosas como conocimientos adquiridos: esta forma de entender arte y ciencia son fundamentales para comprender el tratado.

1. Ordenación: la ordenación, dice Vitruvio, «es una apropiada comodidad de los miembros en particular del edificio, y una relación de todas sus proporciones con la simetría. Regulase por la cantidad (que a su vez) es una conveniente dimensión por módulos de todo el edificio, y cada uno de sus miembros».9

La palabra «idea» se refiere a la cualidad de un proyecto o de un edificio. La palabra «ordenar», poner orden, colocar en el lugar apropiado.

Así, ordenación se refiere al proceso creativo en términos de cantidad (medida) de los miembros del edificio para hacerlo cómodo (con medida) para sus fines particulares (su utilidad), pero dentro de un orden modular que los relaciona con las partes.

El análisis de la ordenación se puede abordar de tres maneras. Primero, la definición del diccionario que, partiendo del texto de Vitruvio, nos dice: «la ordenación es la parte de la arquitectura que trata de la capacidad que debe tener cada pieza del edificio según su destino», que es una correcta interpretación, pero incompleta. Si nos remitimos al texto, lo podemos dividir en dos partes: «apropiada comodidad de los miembros en particular», se refiere al análisis de los espacios utilizados que trasciende lo meramente utilitario a lo cómodo, término que combina lo útil con lo estético. La incorporación de lo estético a lo útil se realiza también a través de «la relación de todas sus proporciones con la simetría». Simetría entendida por Vitruvio como la relación del todo con las partes. Añade que se regula por la cantidad, es decir, la medida. Finalmente, esta simetría se logra ordenando todo el edificio por medio del módulo, que resulta ser una medida patrón. Este módulo o medida patrón, al evolucionar de una medida lineal a una medida espacial, se convierte en una retícula y constituye una forma de abordar la composición, un soporte de diseño arquitectónico universalmente usado desde la más remota antigüedad hasta nuestros días.

Si la medida del módulo tiene correspondencia con la medida del lugar, la medida del hombre, la medida de los materiales de construcción y de los elementos estructurales, se produce una armonía métrica de orden arquitectónico. Dado el carácter tridimensional de la arquitectura, la aplicación del módulo debe darse tanto en planta como en elevación, sea este corte o fachada.

Si profundizamos en el tema, no es gratuito que de las seis cosas que consta la arquitectura la primera sea la ordenación, que a su vez proviene de la palabra «orden», palabra asociada al acto supremo de crear: transformación del desorden, (caos) en orden (cosmos). Si el orden es la cualidad fundamental de un organismo vivo o de un objeto creado, la ordenación corresponde a la actividad creadora, al proceso, y se define de varias maneras:

1) Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde.

Ello implica en el caso de la arquitectura el análisis de los temas. Si es una vivienda, los espacios de dormir, los espacios de estar y los espacios de servicio (cocina, baño, etc.) y el análisis del sitio, para colocar cada cosa en el lugar adecuado. Requiere, además, situarlas dentro de un sistema de valores y de jerarquías, diferentes en cada cultura y en cada época histórica.

El orden también supone:

2) Concierto, buena disposición de las cosas entre sí.

El hecho de que los factores que influyen en la determinación de la forma arquitectónica no tengan un nombre específico, como ocurre hasta el siglo XIX, que se le llama «programa», no significa que Vitruvio no tenga conciencia de ello; tan es así que a lo largo de todo el tratado son objeto de minuciosa descripción y, en el momento de convertirlos primero en proyecto y después en obra, han sido sujetos a un orden. Este orden es la idea fundamental a través de la cual los múltiples componentes se reducen a un mínimo que, al articularse y representarse gráficamente, constituyen lo que a partir del siglo XIX se denomina «partido».

A esta descripción gráfica Vitruvio la denomina «disposición». Es pertinente hacer notar que las seis cosas de que consta la arquitectura: Ordenación, Disposición, Simetría, Decoro y Distribución, como veremos, sigue a su vez un orden y se relaciona con el proceso de creación de la arquitectura que se vincula con el análisis del problema y termina con la construcción de la obra. Así, la disposición se refiere al dibujo del proyecto. Dice Vitruvio: «la Disposición es una apta colocación y efecto elegante en la composición del edificio en orden a la calidad. Las especies de disposición, que en griego se llaman “ideas”, son Icnografria, Ortografia, y Scenografia. La Icnografia es un dibujo en pequeño, formado con la regla y el compás, del cual se toman las dimensiones para demarcar en el terreno el vestigio o planta del edificio. Ortografia es una representación en pequeño del frente del edificio futuro y de su figura por elevación, con todas sus dimensiones. Y la Scenografia es el dibujo sombreado de la frente y lados del edificio, que se alejan, concurriendo todas las líneas a un punto». Lbr. I, 2,15

La «apta colocación y efecto elegante en la composición del edificio en orden a la calidad» referidos al dibujo de la planta (icnografia) de las fachadas (ortografia) y de la perspectiva (scenografia), nos habla también de un orden en la exposición gráfica y de cualidades estéticas en la representación arquitectónica.

Nos induce suponer que a un orden analítico debe corresponder un orden proyectual. Así, la disposición que reúne orden y elegancia, cualidades compositivas, nos remite al aforismo de San Agustín: «la belleza es el esplendor del orden».

En la antigüedad el concepto de orden también estaba asociado con el arte. Si arte era el conjunto de reglas para hacer bien algo, orden también era la regla o canon para hacer las cosas: así se habla de orden dórico, orden jónico, orden corintio; cada uno de ellos con sus propias características. Hoy, que la distribución de los espacios puede ser independiente de la estructura y de la solución de las fachadas, que se expresa como «planta libre» y «fachada libre», podemos hablar de un orden superpuesto: el orden espacial, el orden estructural, el orden formal. La arquitectura siempre ha exigido del arquitecto asociada a su natural disposición artística una mente ordenada.

Regresando a la disposición, el diccionario la define como la colocación de las cosas en orden y situación conveniente, es decir, volvemos al orden como acción esencial en la arquitectura. Completa Vitruvio: «hacer estas tres especies de ideas10 de la meditación y la invención».

«La meditación es una atenta, industriosa y vigilante reflexión con deseos de hallar la cosa propuesta. Y la invención es la solución de cuestiones intrincadas, y la razón de la cosa nuevamente hallada con agudeza de ingenio. Estas son las partes de la disposición».11

Esta explicación nos remite a un texto anterior del capítulo I que dice: «tiene como las demás artes, principalmente la arquitectura, aquellas dos cosas de significado y significante. Significado es la cosa propuesta a tratarse. Significante es la demostración de la cosa con razones científicas. Por lo que parece, debe estar ejercitado en ambas el que quiere llamarse arquitecto. Deberá, pues, ser ingenioso y aplicado; pues ni el talento sin el estudio, ni este sin aquel, pueden formar un artífice perfecto».12

Si la disposición es el proyecto mismo, identificado como la «cosa propuesta» a la que se llama significante, esta debe ser susceptible de ser explicada. El arquitecto debe poder dar razón de todo y cada uno de los aspectos del proyecto en cuanto a uso, construcción y forma; este sería el significado. En este aspecto hay una diferencia grande entre la arquitectura y las otras artes que no requieren en rigor explicación alguna para ser apreciadas.

La Euritmia y la Simetría son la tercera y cuarta cualidades de la arquitectura. Dice Vitruvio: «la Euritmia es un gracioso aspecto, y apariencia conveniente, en la composición de los miembros de un edificio. La hay cuando su altitud se proporciona a la latitud, y la latitud a la longitud: y, en suma, cuando todo va arreglado a la simetría. La simetría es la conveniente correspondencia entre los miembros de la obra, y la armonía de cada una de sus partes con el todo». 13

Y a continuación explica: «pues, así como se halla simetría y proporción entre el codo, pie, palmo, dedo y demás partes del cuerpo humano, sucede lo mismo a la construcción de las obras. Principalmente en los templos, del grueso de las colunas, de un triglifo, o bien del embater, se toma la proporción de los otros miembros. En las ballestas de agujero que los griegos llaman perítretos. En las naves, del interscalmio, llamado en griego dipecáice: y así en los demás artefactos, de alguno de sus miembros se saca la razón de simetría».14

Aquí Vitruvio reafirma a la proporción como el instrumento supremo para dotar de valor estético a la arquitectura. Proporción usada como cualidad de medida y sujeta a un orden: la simetría. La ley de simetría es la relación del todo con las partes. Así, medida- proporción y simetría forman una unidad inseparable en la práctica arquitectónica. De la destreza en el manejo de la medida-proporción-simetría la obra adquiere un «gracioso aspecto y una apariencia conveniente». Para que no quede duda del valor tridimensional de la arquitectura, Vitruvio enfatiza que la proporción debe afectar el ancho, la altura y la profundidad, que corresponde a una visión espacial. Si esta visión espacial resulta afectada por la perspectiva (llamada scenografia por Vitruvio), dominar el resultado estético óptimo se vuelve muy complejo; de ahí la necesidad de la corrección óptica en la obra.

Para explicar proporción y simetría parte del hombre, visión eminentemente griega tanto en el concepto (el hombre medida de todas las cosas) como en el arte (el doríforo o canon de Policleto).

En cuanto al procedimiento para elegir la «razón de simetría» o módulo, describe ejemplos que resultan estimulantes: «para los templos, se ha considerado como medida patrón, el grueso de las colunas, la medida de un triglifo (detalle del entablamento) o el embater, tomado de la medida del terreno. Para las ballestas, el agujero, para los barcos el interscálmio o medida entre los remos». Así, extrapolando, podríamos pensar como módulo para una circulación el paso humano, para un espacio de dormir una cama, para un restaurante una mesa, etc.

En quinto lugar, aparece el Decoro definido por Vitruvio como «correcto ornato de la obra, hecho de cosas aprobadas con autoridad».15 Ejecútase por rito, por costumbre y por naturaleza. Este es uno de los conceptos más interesantes y a la vez contradictorio. Por lo pronto, su definición esencial, ornato* o adorno que corresponde a algo que se adiciona a la forma con intención de agregarle valor estético, no corresponde a sus ejemplos de aplicación. El rito implica correspondencia entre la forma del templo y las características de la deidada la que se rinde culto.16

El Decoro de costumbre pide «que a los edificios magníficos en lo interno corresponda la magnificencia y elegancia externa, pues, si lo interior fuera elegante y las entradas humildes y groseras, no habrá Decoro».17 Igualmente deben respetarse las reglas que por costumbre se aplican a los ordenes dórico, jónico y corintio, evitando las mezclas de estilos.

En cuanto al Decoro natural se aplica en la apropiada relación del uso de las partes de un edificio con su orientación y del acuerdo entre el carácter y destino del edificio con el lugar elegido para su construcción.

Estas aplicaciones del Decoro se separan totalmente de la idea de «ornato», sus cambios son consecuentes con la definición de Decoro de la enciclopedia: «ser propio, situarse con propiedad, acorde a la situación».

Así como el decoro exige a una persona se vista de diferente modo para ir a una playa, a un espectáculo deportivo o a una boda, la arquitectura exige a la vivienda ser diferente para vacacionar en la playa o para vivir en la ciudad; si se ubica en zona residencial de lujo, de clase media o popular (incluso puede variar según el carácter de la calle). En este tenor podemos encontrar múltiples variaciones en las que intervienen factores de muy diversa índole. A este conjunto de factores que intervienen en la determinación de la forma arquitectónica se les llama técnicamente Programa Arquitectónico.

El Programa Arquitectónico como construcción teórica aparece en el siglo XIX, pero es producto neto del siglo XX. Nace como una necesidad de investigación de los temas particulares asociada a la clasificación genérica de los edificios.

Para controlar y organizar la complejidad del Programa Arquitectónico se requiere concentrarlo en diez preguntas fundamentales:

1. ¿Qué es? Nombre genérico

2. ¿Por qué es? Razón inicial

3. ¿Para qué es? Razón final

4. ¿Para quién es? El habitante

5. ¿Dónde va a estar? El lugar

6. ¿Cómo es? Conceptos de función, forma y estructura

7. ¿Cuándo se va hacer? Tiempo de proyecto

8. ¿Con que materiales se va hacer? Materiales y técnica constructiva

9. ¿Con qué mano de obra? Personal calificado

10. ¿Cuánto va a costar? Recursos financieros

Este programa llamado Programa Particular se debe componer y contrastar con el Programa Genérico (que corresponde a la tipología) y complementarse con el Programa General (concepto creado por el arquitecto José Villagrán García), marco de referencia obligado para toda arquitectura a través de dos coordenadas: el espacio geográfico y el tiempo histórico (definido por Villagrán como Ley Cronotópica). Aplicando el concepto de Decoro al programa arquitectónico, es evidente que la forma debe expresar el destino del edificio: una casa debe parecer casa, una escuela, escuela, etc. Cuando ello ocurre se dice que el edificio tiene carácter. Del mismo modo debe ser apropiada para el habitante, para el sitio donde se construye, no solo a nivel local, sino a la región y al país (programa general). Y debe ser propia del tiempo en que se realiza trascendiendo de lo anecdótico a lo histórico.

El Decoro se puede identificar con el concepto actual de verdad arquitectónica, idea introducida en el siglo XIX por los tratadistas franceses y consignada por José Villagrán en sus ensayos teóricos. Cinco son las formas de verdad arquitectónica, atribuidas por Villagrán a los teóricos del siglo XIX:

1. Concordancia entre material de construcción y apariencia óptico-háptica

2. Concordancia entre forma y función mecánico-utilitaria

3. Concordancia entre forma y destino utilitario-económico

4. Concordancia entre formas exteriores, particularmente fachadas y estructura internas

5. Concordancia entre forma y tiempo histórico (programa general)

Como conclusión podemos decir que Decoro y Verdad arquitectónica corresponden a una misma disposición para inventar o descubrir la forma arquitectónica. Un método de diseño, una guía segura para alcanzar la excelencia en el proyecto. El decoro consiste en concordar la forma al programa.

La sexta cualidad de la arquitectura, la Distribución, la define Vitruvio como «un debido empleo de los materiales y sitio, y un económico gasto en las obras, gobernado con prudencia».18 Y una correspondencia entre los edificios y sus habitantes según su rango social y económico, su actividad profesional, comercial o política, si habitan la ciudad o el campo. Y, en suma, dice Vitruvio, «la Distribución en los edificios debe siempre adaptarse a los habitadores».19

Dos aspectos manifiestan la distribución según Vitruvio: uno referido a la construcción y su economía y otro al usuario o habitante. Podríamos considerar a la Distribución como una ampliación del Decoro, que en la práctica haría que el arquitecto eligiese el sitio y los materiales apropiados a las características culturales y económicas del habitador.

Todos estos preceptos son de orden práctico y detrás de ellos subyace como dominante el orden. La arquitectura es la creación de un nuevo orden que, a su vez, está conformado de un orden formal, un orden constructivo y un orden funcional que debe armonizar con el orden de la naturaleza y el orden social-cultural-económico. Dominar un arte y una ciencia con este grado de complejidad constituye un reto de cuya magnitud Vitruvio trata de hacer conciencia al lector.

De las partes en que se divide la arquitectura

«Las partes de la arquitectura son tres: Construcción, Gnomónica y maquinaria. La construcción se divide en dos; una es la edificación de murallas y obras públicas; y otra las de los particulares. Los edificios públicos se dividen en tres clases; una pertenece a la defensa, otra a la religión y otra a la utilidad. Para la defensa son los muros, torres y puertas; inventado todo para rechazar en todos tiempos las invasiones de los enemigos. A la religión pertenece la erección de templos y edificios consagrados a los dioses inmortales; y a la utilidad, la situación de los lugares de uso público, como puentes, calles, plazas, pórticos, baños, teatros, paseos, y otros semejantes, que por la misma razón se colocan en parajes públicos. Estos deben construirse con atención a la firmeza, utilidad y belleza.

Serán firmes cuando se profundizaren las zanjas hasta hallar terreno sólido: y cuando se eligieren con atención y sin escasez los materiales de toda especie. La utilidad se conseguirá con la oportuna situación de las partes, de modo que no halla impedimento en el uso; y por la correspondiente colocación de cada una de ellas hacia el aspecto celeste que más le convenga. Y la hermosura, cuando el aspecto de la obra fuere agradable y de buen gusto; y sus miembros arreglados a la simetría en sus dimensiones».20