Vivir de nuevo - Jorge Mario Salinas Onofre - E-Book

Vivir de nuevo E-Book

Jorge Mario Salinas Onofre

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Beschreibung

Este libro es una retrospectiva que pretende rescatar de la memoria del autor, hechos, historias o anécdotas desde sus antecedentes familiares. Aborda los diferentes momentos donde le tocó vivir. Es, además, un a narrativa de una época donde lo mas importante era el juego y el estudio. Presenta personajes familiares que dejaron alguna huella es su vida, algunas situaciones chuscas, otras no tanto, pero en todas ellas, su voz en primera persona cuenta, de manera sencilla, la interpretación de esa realidad que se convierte en su realidad. Se puede ver la evolución desde su infancia y adolescencia, y los diferentes momentos que dejaron profunda huella en su vida. Su descripción inicia con sus antecedentes familiares y va recorrido su vida tanto familiar como estudiantil, que concluye cuando termina sus estudios medios y se tiene que trasladar a la ciudad de México.

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Seitenzahl: 90

Veröffentlichungsjahr: 2024

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Jorge Mario Salinas Onofre

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de cubierta: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1068-233-7

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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Dedicatoria

A Dios, por darme la vida, por darme una familia tan hermosa, por darme amigos que me han acompañado en algún tramo de mi vida.

A mis padres, Maria Guadalupe y Antonio, gracias a ellos aprendí a luchar por lo que se quiere, y desde el cielo deben estar gozando.

A Beatriz, mi hermana, que ya no está con nosotros, pero su recuerdo sigue presente.

A mis hermanos, quienes has sido parte fundamental de mi vida y me han enseñado lo hermoso que es ser parte de una familia.

A mi compañera de vida y cómplice, Maria Cristina, porque en nuestro caminar juntos hemos trazado nuestro presente.

A mi hija, Jannette, porque siempre ha estado a mi lado y me permitió anquilosar el amor paterno.

A mi yerno, Erielto, por aceptar ser parte de la familia y ser un gran apoyo.

A mis nietas, Fátima y Sofia, porque me han enseñado el valor de ser abuelo.

A los amigos que la vida me ha regalado para acompañarme en algún tramo de vida.

Prólogo

Compartir la vida es un acto entrañablemente generoso.

Hilvanar los recuerdos para reconstruir la historia es una tarea minuciosa y prolija que implica recuperar los episodios de un trayecto, que se inicia desde el momento en que se tiene noción de la existencia y claridad de los momentos que la memoria guarda, como un filme en el cual se recorren sensaciones, sentimientos, emociones y hechos, en el universo de los calendarios y la geografía, pero con la precisión de trazos, tonos y colores para plasmar imágenes exactas.

Utilizar la palabra para llenar cuartillas y escribir la vida, con plenitud y precisión como lo hace Jorge Salinas en este libro, sin duda es un acto de amor, pero también de audacia y asombro, porque recobrar lo que la mente resguarda y ponerlo en el papel para compartirlo es permitir que se deambule con libertad y transparencia en el ser esencial, en el pensamiento, en la intimidad y en el camino recorrido, con todos sus avatares y resquicios, a veces olvidados, pero que son detalles que le dan sentido y consecuencia a lo vivido.

«La cultura griega está sostenida por la palabra»1 escribió nuestro gran pensador humanista Alfonso Reyes. La palabra, que conforma y le da vida al lenguaje, hace posible la comprensión del mundo y el entendimiento humano. Nombrar las cosas es la primera forma de conocerlas, comunicarlas y compartirlas. Alfonso Rangel Guerra, otro de los grandes humanistas mexicanos, sostiene que «la capacidad griega para convertir el mundo en lenguaje fue la vía para el conocimiento de la naturaleza y al mismo tiempo para la comprensión de lo humano…»2. Y lo que jorge Salinas nos ofrece, a través de su palabra, es permitir descubrirse para conocer y comprender la condición humana de él, de sus valores, su pensamiento, sus sentimientos y, en general, de su vida.

Cualquier texto biográfico, al ser publicado, se torna escaparate ilimitado y fuente inagotable de momentos que se obsequian en cada palabra dicha, cada párrafo escrito o cada página ya impresa. El autor cuenta su vida, pero deja de ser dueño único de su historia al compartirla generosamente; igual que los artistas, quienes en el acto creativo dejan su ser reflejado e impreso en un cuadro, una escultura, un poema… pero en el momento en que concluyen y lo entregan a los ojos, el tacto o la percepción personal de quienes lo reciben, interpretan y re-crean, se están entregando irremediablemente a la valoración y el juicio de los otros.

Jorge Salinas, el autor de este volumen, nos lleva de la mano haciendo un recorrido por su linaje, las casas que lo han abrigado, las ciudades y sus condicionantes, el ambiente familiar, las experiencias laborales, los aprendizajes forzados, las experiencias vividas que le van dejando huella, la seducción de los viajes y la lectura, la cercanía vital con los libros, el descubrimiento de la esencialidad y trascendencia que genera la amistad, hasta llegar a Amores, un sitio nodal y vitalmente significativo.

A pesar de que hay narraciones que reflejan momentos difíciles, los convierte en aprendizaje y los torna positivos; de esa manera el relato fluye luminoso, en el que hay elementos significativos y relevantes: limpidez en sus experiencias de vida, la frescura del texto, el manejo transparente de los recuerdos, la ubicación precisa de seres importantes que recorrieron parte del camino juntos, el uso preciso del lenguaje para nombrar abiertamente y sin ambages las cosas por su nombre, no hay laberintos vedados o inaccesibles ni rodeos distractores. Se sienten claramente el polvo del sendero recorrido, el aroma de las tardes, la angustia en los nuevos aprendizajes forzados de la vida, el gozo luminoso de momentos y personas clave, el bálsamo sin precio del amor de sus padres y la seguridad en momentos difíciles o en las decisiones definitivas. Hay un deseo irrefragable de mostrarse y mostrar su entorno, la atmósfera y el aroma surgido de las horas compartidas.

Todo eso convierte este libro en un obsequio valioso e inapreciable. El autor se regala, se ofrece a sus lectores y los convierte en parte vivificante de su historia, que rescata y renueva para solaz de sus lectores.

Roberto Arizmendi

Coyoacán 2.0, enero de 2024

Flashazos

Introducción

Conocer nuestra historia es descubrir nuestra riqueza como familia. Por ello, me atrevo a escribir estas líneas. No se cuán extensas sean ni si alguien las leerá o solo quedará en un ejercicio literario.

Lo que me mueve a escribir es tratar de rescatar de mi memoria lo que me tocó vivir, trasmitir a mis hermanos menores, sobrinos y en general a toda la familia, cómo viví mi infancia, cómo conviví con mi entorno, qué me ha hecho ser lo que ahora soy.

Cabe aclarar que puede estar apegado a la realidad o puede ser lo que interpreté de esa vivencia; las opiniones que emita están impregnadas de mi manera de observar los hechos y lo que a mi edad pude entender.

Me mueve también el deseo de que mis seres queridos descubran cómo vivieron mis papás, cuya vida no estuvo siempre ligada al negocio de las etiquetas; que mi papá y mi mamá tenían otras aficiones y otras pasiones. Ser el segundo de doce hermanos me dio la oportunidad de ver cómo se fue desarrollando la familia. Tanto por ser el hermano número dos, así como en lo económico, me tocó la época de estabilidad que el trabajo de mi papá le permitió tener una posición privilegiada. También puedo ver a la distancia la época de carencias; de ellas mis hermanos menores pueden hablar con más claridad, porque yo ya estaba fuera de la casa.

Sin embargo, pude observar a la distancia cómo la situación económica estaba en un punto crítico, pero también cómo mi papá logró encontrar un nuevo camino, que a la fecha nos permite a la gran mayoría de nosotros disfrutar una situación desahogada.

Enfoco este escrito a los lugares donde me tocó vivir, que abarca varias ciudades, desde mi nacimiento, en San Luis Potosí, hasta nuestros domicilios en Zacatecas, en sus dos momentos, las ciudades de Torreón y Aguascalientes. Cada uno de esos lugares me dejó recuerdos y vivencias, desde luego son solo flashazos que llegan a mi mente, sin embargo quedaron en el camino muchas vivencias que me hubiera gustado plasmar, anécdotas y recuerdos de cada uno de mis hermanos, pero queda en eso, solo recuerdos, que deseo las conozcan las nuevas generaciones de los Salinas Onofre.

Mi origen

Zacatecas, capital del estado del mismo nombre, hermosa y colonial ciudad de rancio abolengo, desde 1588 en que el rey Felipe II de España le otorga el título de Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Zacatecas, gracias a su posición estratégica y a los beneficios de su extracción de plata, lo cual le permitió florecer y contar con una gran belleza colonial, entre calles adoquinadas y casas de atractivas fachadas de cantera rosa, siempre ha estado presente en la historia de México.

Al inicio del siglo XX, fue escenario de la que se considera la batalla más importante de la Revolución Mexicana, la toma de Zacatecas, librada el 23 de junio de 1914, cuando las fuerzas de Francisco Villa tomaron la ciudad en un día combatiendo contra el ejército de Victoriano Huerta y en buena medida definieron el destino del país. En ese tiempo, la ciudad tenía una población de 25,900 habitantes y para 1920 se tenían 15,462, en parte como resultado de esa batalla, también por el declive de la minería y la gran cantidad de personas que se fueron a vivir a los Estados Unidos de Norteamérica. Es en ese contexto donde se sitúan mis raíces, por un lado la de mi padre, los Salinas Soto, y por el otro los Onofre Rodríguez, la de mi madre.

Los Salinas Soto

José Antonio de San Felipe de Jesús o simplemente Antonio, mi papá, fue el menor de cinco hermanos, llamados José Francisco Jenaro Manuel José de Jesús, o sea el tío Manuel; María Guadalupe Ángela Antonia, la tía Gela; Julio del Sagrado Corazón de Jesús, el tío Julio; Gabriel del Sagrado Corazón de Jesús, el tío Jesús. Nuestros abuelos fueron J. Guadalupe Salinas y Ángela Antonia Soto; los bisabuelos paternos Julio Salinas y Ángela Antonia Acosta, y los bisabuelos maternos, Jesús Soto y Ángela Macías.

En un entorno familiar posrevolucionario nació don Toño en el año 1925, en plena época de reacomodo político, donde muchas familias que tenían una economía estable habían perdido mucho de sus bienes. En el caso de los Salinas, cuentan que antes de la revolución de 1910 tenían muchos bienes inmuebles dentro de la ciudad de Zacatecas, después las perdieron, pues no tenían manera de demostrar su propiedad.

Contaba mi papá, con algo de humor, que ellos vivían en una casa grande en el centro de la ciudad de su nativa Zacatecas, y que para evitar el saqueo revolucionario, su abuelo enterró sus monedas de oro, lo malo es que a nadie le dijo dónde, así que al morir se llevó el secreto a la tumba, pero mis tíos y él mismo se la pasaban imaginando el lugar en que podría estar y no solo eso: escarbando, pero nunca lograron dar con el tesoro.

Con el tiempo, la familia decidió donar esa propiedad a una congregación de religiosas y ellas efectuaron unas remodelaciones en el predio y, ¡sorpresa!, ellas fueron las afortunadas en encontrar el dinero guardado. Mi papá me preguntaba: «¿Tú crees que nos dieron algo?». Pues nada, seguramente pensarían que fue un regalo divino y sí que lo fue, les cayó del cielo... más bien de la tierra.