Vivir empieza ahora - Magdalena Bonnin - E-Book

Vivir empieza ahora E-Book

Magdalena Bonnin

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Beschreibung

Una mujer de sesenta años vive por primera vez un enamoramiento apasionado. Este hecho provoca cambios en su estructura vital, entre los cuales el más importante es el darse cuenta que ha finalizado el duelo por sus hijos que murieron diecinueve años atrás.

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Seitenzahl: 230

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Vivir empieza ahora

Magdalena Bonnin

ISBN: 978-84-19445-49-0

1ª edición, mayo de 2022.

Editorial Autografía

Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona

www.autografia.es

Reservados todos los derechos.

Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.

Dedicado a Algaida, Ángeles, Carmela, Lucía y Pau.

Algaida, 17 de Febrero 2020

Aquí estoy. Me siento atraída hacia el papel, cosa que hacía muchos años que no ocurría, tantos, que he tenido que estar un buen rato buscando porque no lo había traído. Al final he encontrado unas hojas del cartapacio de Joan, el hijo de Pau. Ellos no están para pedírselo, pero estoy segura que me lo darían.

Hace tanto tiempo, que no acabo de entender porqué me llama el papel, pero lo puedo empezar a intuir a medida que escribo. El papel siempre ha sido para mí la hoja blanca, lisa, acogedora y receptiva que recibe en su pureza la caótica y convulsa dirección que marca mi mente cuando los sentimientos desbordan la racionalidad.

No lo puedo expresar, no lo quiero expresar. Sé que darle palabras a la magia es desmoronarla, desgajarla y este es el motivo por el cual no quiero escribir desde hace años, pero esta tarde, a la hora tonta de los bebés, después de irse Carmela, me ha entrado aquella tontería, mezcla de malhumor y tristeza, que no tenía ninguna razón de ser durante unos días, semanas y meses en los que no paro de reír, de vivir, con una alegría desbordante y una energía llena de vitalidad explosiva.

También estoy usando un bolígrafo que no es mío, un bic de toda la vida que no probaba hace muchos años. Supongo que es de Pau, ya que estoy en su casa y me va pareciendo que este papel y bolígrafo que no he comprado y que sé que vienen de dos personas enormemente creativas y especiales, me están dando impulso, empujando de nuevo hacia la apertura de este torrente interior de sentimientos que claman por ser gritados. Estoy viendo que no puedo reprimir durante mucho tiempo más el impulso o necesidad mejor, de poner palabras a lo que no quiero nombrar.

Escribiré a partir de aquí con la mano izquierda, que me parece una opción intermedia entre callar y racionalizar.

Grito con la mano, usando el bolígrafo como espada, una espada violenta, salvaje, herida. Herida de muerte tantas veces que ahora se levanta rabiosa y enfrenta envalentonada lo que ahora le presenta la vida. ¿Es una broma todo lo que está ocurriendo? ¿Se ríe de mí el mundo entero? Yo solo había pedido no sufrir más, que nadie me hiciera más daño, que ya había suficiente. ¡Basta! Solamente pedía paz. Esto de ahora tampoco es paz, es una caña de alegría de la ostia, es una movida de felicidad y exaltación indescriptible, no se deja definir… Tengo tanto miedo de que se rompa si lo nombro, de que se desintegre si le pongo palabras.

Estoy inmersa en un mar de sentimientos y sensaciones que nunca había sentido, solo lo había imaginado, visto en películas, leído en libros, experimentado únicamente como esbozo, como el trazo inseguro del inicio de un dibujo irregular e impreciso y que ahora puedo contemplar como una preciosa pintura, una exquisita obra de arte que yo estoy ayudando a dibujar, a pintar más bien. Las pinturas se están mezclando con el mar, fundiéndose y confundiéndose sin disolverse. Los colores son los mismos dentro del agua y la mar es la misma abrazando los colores. Está limpia, pura y transparente como siempre, solamente brilla con una extraordinaria e inusual gama cromática.

Dos páginas después todavía no me he atrevido a decir lo que me parece, cada vez más, inevitable decir.

Mi cuerpo tiembla un poquito, mi corazón tiene demasiadas pulsaciones para el ritmo al que está acostumbrado. No lo puedo asimilar físicamente ni mucho menos controlar o manipular. Se me escapa, es un sentimiento inconformista y rebelde. Lo veo venir y pienso que explotará de un momento a otro.

Estoy hablando de enamoramiento, estoy enamorada de Pau. Ya lo he dicho, estoy locamente enamorada, calada hasta la médula de la atracción sin límites que me inspira este hombre.

No estoy diciendo amor como el que siento por mis hijos, o como el que podemos llamar amor universal. No. Y vuelvo a la mano derecha porque la izquierda no me da suficiente velocidad y como ya lo he dicho… El enamoramiento del que hablo es previo al amor, es el ensayo hacia el amor. Es la pasión incontrolable, la mirada brillante delatadora, el esfuerzo que se tiene que hacer en algunos momentos para poner los pies en la tierra. Es aquella sonrisa bobalicona que debía pasear yo esta mañana por la calle sin darme cuenta y que provocaba que la gente me respondiera con una sonrisa parecida.

Por favor, me está costando mucho callar, disimular, esconder tanta felicidad que se me ha caído encima de golpe, sin esperarla, ni haberla pedido, ni haber imaginado siquiera por un momento que todavía estuviese a tiempo de vivirla.

Madre de Dios, llevo años negando que esto pueda existir, diciendo que el enamoramiento es un asunto de inmadurez entre jóvenes, juegos y necesidades inventadas en gente mayor. Pero ¿qué es si no lo que me pasa? ¿Qué es esta electricidad que me recorre el cuerpo a nivel de piel cuando él me habla? ¿Por qué las piernas se me aflojan cuando me roza suavemente la mano? ¿O qué es este inmenso placer y rendición total cuando vamos a la cama?

Estábamos haciendo el amor hace unos días y Pau estaba encima de mí. Llevábamos un rato y los movimientos iban siendo cada vez más rápidos, los sonidos pronunciados en voz alta eran más seguidos y urgentes. Yo tenía los ojos cerrados todo el tiempo, disfrutaba sintiendo sin mirar nada. De repente los abrí y miré los ojos de Pau y en un movimiento unísono, las bocas de los dos dibujaron una suave, suavísima sonrisa. Había tanta claridad en aquella sonrisa, era tan limpia, que su recuerdo días después todavía me conmueve. No recuerdo la intensidad del orgasmo, ni el placer físico vivido en aquel encuentro sexual. Recuerdo la sonrisa, que aún hoy me da tanto gusto pensar en ella, que por supuesto, ha quedado perfectamente plasmada en el cuadro de colores inenarrables que se pinta dentro del mar.

18 de Febrero

Hace un rato he ido a pasear por aquí fuera, vengo de Llucmajor de comer. Esta mañana pensaba volver a casa, estaba cansada de esta terapia junguiana en la que se ha convertido la limpieza de la casa de otro en medio del bosque, pero he logrado convencerme a mí misma de que lo podía resistir y quedarme y he cambiado el impulso de irme, por ir a caminar por el campo. El paseo de hace un ratito ha sido por aquí, dentro del mismo terreno de Pau. He empezado a caminar hacia abajo y a descubrir fresías a punto de abrirse, más y más flores de esta maravillosa flor que sale para anunciar la llegada de la primavera y que desprende un exquisito aroma, indescriptible mezcla de campo fresco y alegría. Estaba todo lleno, yo tenía que ir mirando en donde ponía los pies para no pisarlas. Ha sido como caminar en medio de nubes en el cielo. Esto es el paraíso, la flor cautivadora esparcida por todas partes. La misma que he sembrado en mi casa, la que se vende en mercados y floristerías, está aquí multiplicada por miles, libre y salvaje, dejándose coger para hacer un ramillete y perfumar la casa.

¿Es o no un sueño todo esto, vivir lo que estoy viviendo, sentir todo lo que siento, estas emociones tan fuertes y de las que estoy disfrutando de una manera exagerada? Creo que no, que es la realidad y una realidad imaginada por mi mente toda la vida. Conocer una persona con la cual poder tener una relación de Amistad con mayúsculas, por encima de cualquier otro sentimiento. Sin posesiones, sin obstáculos ni chantajes, sin compromisos, ninguna definición de futuro. El único compromiso es el de cumplir las normas que estrictamente dicta el amor incondicional de la Amistad.

22 Febrero

“Tú no debes esperar nada. La espera está en ti y lo que esperas depende del exterior” Palabras de un sabio hindú.

Palabras que transcribo en el papel para ver si soy más consciente de ellas, ya que mentalmente me las tengo que repetir muy a menudo y aún así no es suficiente. Tengo una tendencia innata a esperar de los demás lo que me gustaría que hiciesen, a que se expresen con las palabras que yo diría, lo cual se contradice totalmente con la libertad que digo que les deseo tanto a ellos como a mí misma. Digo que quiero vivir sola, que no quiero provocar ni recibir ningún tipo de control, pero la espera de una determinada reacción implica directamente un control.

Ayer se cumplieron cuarenta y dos años desde que murió mi padre. No lo recordé, ha sido ahora poniendo la fecha en el papel cuando me he dado cuenta.

Pienso que lo que me ha impulsado toda la vida a sentirme necesitada, a ser querida y valorada es debido a sentir la ausencia de padre. Y paradójicamente, cuando lo he sido, no me he encontrado bien. Me he sentido, casi en todo momento, estrecha, ahogada, reprimida e infravalorada, manipulada sutilmente, utilizada y exprimida. Siempre, por todos (salvando temporales excepciones) a lo largo de toda mi puta vida.

No lo sé, tal vez sí o tal vez no. Creo que la verdadera dictadora y muy violenta maltratadora en mi vida es mi propia mente, inquisidora, cruel e implacable. Que no perdona, ni se humilla ni se rinde. Mi mente es la causa de que yo no me sepa entregar, ni sepa querer a nadie, salvo a las creaciones del cuerpo que habita, Marc y Ángel, muertos y fuera de su control. Sus nombres y la mano izquierda están totalmente fuera de su alcance y son los que me dejan vislumbrar los motivos de esta larguísima negativa a escribir durante tantos años.

23 Febrero

Posiblemente sea también ego el querer huir del control de mi mente. Recuerdo que cuando era adolescente filosofaba a menudo con la idea del lenguaje como expresión del sentimiento, en qué momento una emoción se convertía en palabra. La mente traduce instantáneamente el latido de nuestro corazón, lánguido o acelerado, alterado o regular, en unas lineales palabras, los símbolos de las cuales están incluso perfectamente especificadas desde hace siglos en la ortografía del abecedario y en la gramática de las lenguas. No solo tenemos integrada la forma de la palabra, sino también el orden. Podemos pensar que escribimos lo que queremos, de acuerdo, pero siempre dentro de unos límites absolutamente cerrados y definidos por las propias leyes de la escritura. Lenguaje, lingüística pueden ser vulgares, preciosos, corrientes, creativamente distintos, pero nunca originales. Los podemos combinar en billones de probabilidades, como en la lotería primitiva o los bits de un ordenador, pero sin poder escapar jamás de un alfabeto, una ortografía, una sintaxis y un diccionario. ¿Por qué? Porque si no es así no nos entendemos, ni a nosotros mismos nos entenderíamos.

Por eso no podemos salir de unas cajas, unas líneas, unas cuadrículas. Si no les ponemos palabras, no nos podemos dar a entender ni a los otros ni a nosotros mismos. Nos vemos obligados a poner etiquetas a los colores, nombres al aire, adjetivos a los olores, incapaces de disfrutar de ellos si no los hemos catalogado. Este encajonamiento de las manifestaciones físicas se produce aún más con los sentimientos, emociones, sensaciones psíquicas, que nuestro cuerpo interpreta rápidamente y manifiesta físicamente en euforia, paz, miedo, angustia, alegría, desasosiego, desesperación… Toda esta información, cuantificable científicamente, medible y tratable (si no conviene) no resulta suficiente para la mente. La mente necesita encerrar, dentro de una microscópica cajita, cualquier emoción o sentimiento. Cerrarlo herméticamente hasta que lo ha esterilizado, estudiado, clasificado y naturalmente, puesto nombre, sin que se le escape una letra del alfabeto. Ya está, ya lo tiene etiquetado. Ahora puede existir.

Cuando este sentimiento está perfectamente colocado en su exacta cajita ya podemos disfrutarlo con más intensidad, podemos disculpar más fácilmente las irregularidades que manifiesta nuestro físico. Se me ha muerto el gatito, mi pena encuentra una justificación a la propia razón de existir. Si no ponemos la palabra “muerte”, que implica pérdida definitiva, no resulta tan fácil de interpretar la bola que tenemos en el cuello por no poder ver más al gatito.

Las emociones, los sentimientos de todo tipo, sean positivos –ilusión, amor esperanza, compasión- o negativos –pena, desamor, tristeza, desesperanza- necesitan ser clasificados para que nuestra razón los pueda admitir como suyos. La razón no entiende la ambivalencia de una emoción plana, que no nos dé frio ni calor. A la ambigüedad la tilda de aburrimiento, depresión, falta de ganas de disfrutar la vida. Entonces aparece el nombre que fabrica la razón, que justifica instantáneamente la existencia del sentimiento. Es un nombre con una forma gráfica, una respuesta a una norma ortográfica y una semántica de comprensión inmediata. Se entiende claramente el sentido de su existencia.

La palabra sabe actuar también a la inversa, sabe provocar sensaciones y emociones. Durante los años en que yo planté árboles en el campo donde vivía, hubo personas que nos los regalaban. Uno de los primeros era un arbusto al que la botánica llama “solano”. Tiene unas hojas alargadas, bastante grandes en proporción a su delicada florecita, siempre abierta, de un lila muy vivo. Es tan bonita que pensé que el nombre de solano no era adecuado para él. Nos lo regaló una, también delicada, monja budista francesa que se llama Laurence. Instantáneamente el “solano” pasó a llamarse Laurence y así ha continuado desde entonces con todos los árboles que he ido encontrando como él. Los “Laurence” que encuentro en jardines nuevos para mí, me trasladan siempre al sentimiento de delicadeza y aparente fragilidad que me sale de dentro, no como respuesta solo al árbol que estoy viendo, sino formando una simbiosis con la monja budista de la que ha adoptado el nombre.

27 de Febrero

Estoy herida, Pau me ha herido, no estoy k.o. ni completamente derrotada, pero me ha dado un buen puñetazo. Me ha venido con la historia de que le he despertado el instinto sexual y que no tiene intención de engañarme y me advierte de la posibilidad de tener sexo con alguna de las dos mujeres que le abren las puertas a practicarlo.

Tuvo una abstinencia sexual durante bastante tiempo y estos meses que nosotros llevamos teniendo relaciones le han estimulado el deseo y ha hecho que le atraiga la idea de ampliar sus compañías sexuales.

Al no ser nosotros pareja, ha pensado en advertírmelo por si acaso ocurre ya que no le parece bien tener que ponerme excusas ni mentirme si no nos podemos ver en días libres porque esté con otra mujer.

No entiendo nada, todavía no ha pasado nada, pero me avisa por si pasa. Esto es el contrario del “miénteme”

No tengo que dramatizar tanto.

28 de Febrero

Efectivamente no es necesario hacer tanto drama si sigo pensando en la relación de la mente con las palabras y las reacciones físicas y psicológicas con el lenguaje. En este caso no hace falta hilar muy fino, estoy celosa, tremendamente celosa de las mujeres con las que Pau se pueda ir a la cama. No me sirve de nada pensar que no somos pareja, ni en no posesiones, ni etiquetas que definan nuestra relación. No me gusta en absoluto la idea de imaginarme el cuerpo de Pau encima de otra mujer, ni de que él la toque de esta manera tan especial e intensa como me toca a mí. Tampoco puedo consentir que no le baste conmigo para sentirse satisfecho de su actividad sexual y de que esto pueda derivar, y, es lo que más daño me ha hecho, en que algunos días libres no nos podamos ver porque prefiera estar con otra mujer.

Ninguna de estas situaciones se ha dado todavía, pero el hecho de que me lo plantease, me hirió igual que si hubiese sucedido. Pienso que muchas ganas debe de tener para imaginarse, ya por adelantado, que no me quiera tener que disimular, ni darme falsas explicaciones.

Pau querido, no has sabido mentir ni en el pensamiento.

1 de Marzo

Hace un rato ha entrado una mosca en casa y no dejo de oír su zum, zum monótono y persistente. Quisiera no oír sonidos de ningún tipo. Oigo los pájaros, el motor de la nevera, un perro que ladra a lo lejos. Ninguno de ellos es en exceso escandaloso ni pesado, pero quisiera que todos callaran, me gustaría disfrutar del silencio absoluto. Y mucho más aún del silencio interior. Silencio absoluto que supongo se siente en la muerte. No tengo ningún especial interés en morir pronto, no siento ahora ni rechazo ni atracción hacia la muerte, simplemente me atrae el silencio que lleva implícito. Estoy cansada del parloteo mental que produce el ego. Desde el día de la confesión de los pensamientos que me hizo Pau y que yo clasifiqué como una “puta mierda”, mi ego disfruta una vez más colocando infinitas palabras en la mente, que me hacen sufrir de nuevo. Palabras como celos, rechazo hacia mí, duda de mi autoestima porque él prefiera a otra. Pero más que nada pérdida de alegría.

Un simple comentario, con unas palabras que expresaban un deseo sexual de Pau sobre el que de momento sólo son fantasías, me ha descontrolado la alegría de vivir, que tan exultante y pletórica era en estos últimos meses. La vitalidad, exuberancia de movimientos, juvenil energía… todo se ha ido a la mierda por unas putas palabras.

Se supone que, como observadora, entiendo y dilucido lo tremendamente ridículo que es todo esto. Siempre he defendido y sigo haciéndolo la exclusividad de nuestros pensamientos íntimos, esos pensamientos tan personales que no se pueden compartir, no hablo de acciones, sólo de pensamientos. Él no lo pudo evitar. Si los comentarios que hizo se hubiesen llevado a término, aunque fuesen reales, yo también le habría pedido que callara. El famoso “miénteme”.

Empecé a escribir para aclarar las convulsas sensaciones que circulaban por mi cuerpo. Quería entender un poco aquella, muy difícil de describir, relación que teníamos Pau y yo. Él, aprovechando esta no definición, pensó que se podían añadir elementos y convertirla en una relación abierta. De momento todo son juegos de palabras sobre hechos imaginarios. Mente, mente, ego, ego cabrón. En esto queda lo que pienso.

6 de Marzo

Estos escritos con la mano izquierda comenzaban con el tema de “la espera”. Esperar algo, sobre todo de las otras personas, cuáles serán las reacciones de los otros, provocadas como respuesta a nuestros hechos.

Hace más de cinco horas que he enviado un mensaje a Pau y puedo ver que todavía no lo ha leído, por tanto no me puede haber contestado. Espero y espero que me diga algo, no estoy centrada en nada de lo que hago, tengo la cabeza únicamente en la espera.

He ido a comer con los vecinos y se me ha hecho pesado y aburrido. No estoy interesada en los dolores de cabeza de los demás. Voy a piñón fijo con mi propio tema, obsesivo, concreto, específico y único. Peso constante en el estómago, de una expectación mezclada con una suave pena.

“Tú no debes esperar nada”. Lo sé, lo entiendo, pero de nada me sirve entender intelectualmente. Ningún razonamiento puede evitar que desee y espere que las horas pasen deprisa hasta haber hablado con él, o que llegue la hora de dormir para poder desconectar mi cerebrito unas horas.

7 de Marzo

Sigo a la espera de reacciones a mis deseos. Pau me llamó ayer y cortándose la conversación debido al trabajo, no pudimos hablar tanto como hubiésemos querido. El lunes no comeremos juntos, por tanto hubo una respuesta que no era la que yo deseaba. No me enfadé ni desilusioné en exceso ya que el motivo de no poder ir era que comía con Joan y esto excusa, tanto a él como a mí, cualquier comportamiento.

Creo, intuyo que el deseo y las ganas de vernos son los mismos por su parte que por la mía y también las ganas de no agobiarnos el uno al otro. Actuamos así, con mucha cautela para evitar una exagerada intromisión en la vida del otro. Partimos de una no definición en nuestra relación, por tanto actuamos dentro de una especie de “limbo”. Nos movemos en tierra de nadie y esto da libertad aparente. Pero ¡ay! ¿Dónde está la frontera? ¿En dónde están los límites? Debido a que no hay expresión verbal, los sentimientos no se traducen en palabras y si no están definidos no están catalogados ni cerrados. Se esparcen por todas partes, suben, bajan, saltan, hacen volteretas por el comedor, se empujan unos a otros, se muerden, chupan, penetran hasta el fondo del más escondido de los agujeros y se dejan penetrar con alegría hacia las profundidades de un mar sin fondo.

8 de Marzo

Después de entrar ayer en una tienda de sudación, esta mañana me he levantado en exceso sensible. Ha sido la primera vez, desde hace mucho tiempo que he llorado después de meditar. No recuerdo cuando fue la última vez que sucedió.

En casa tengo una figura de la Virgen de Fátima que se ha fusionado en mi mente con la Virgen original, que la primera vez que la vi me provocó el sentimiento de Devoción y Rendición total que en muy contadas ocasiones he experimentado. Hoy no ha sido por supuesto tan intenso, no obstante mi inconsciente me empujaba hacia el abandono, no en plan rendición total, pero sí hacia el deseo de acallar la mente.

Me estoy agotando con el tema de controlar a Pau. Necesito descansar de la obsesión de si me telefonea, nos vemos, no me escribe… Hablo de libertad absoluta en la primera carta clarificadora de nuestra relación, me explayo en adjetivos de independencia y amor puro de amistad sin calificativos. Pero mi mente no responde, el ego se enfila hacia arriba con la autocomplacencia de los celos, provocando incluso inseguridad en mi autoestima. Desfilan por mi imaginación mujeres más jóvenes, miedos de Pau a sentirse en exceso atrapado por mí. No lo quiero agobiar y al mismo tiempo no dejo de pensar en él. No quisiera que le llegasen estos infames pensamientos a través del subconsciente porque yo misma no quiero sentirlos. Cuando me imagino nuestra relación actual o de futuro inmersa en celos o controles me sobreviene una muy desagradable sensación de ahogo y tengo claro que prefiero ahogarme yo misma antes que ahogar a los demás. Por tanto, prefiero no tener ningún tipo de relación antes que tener una en la que se dirija y manipule la vida del otro. Ya veríamos cuál sería mi reacción en el caso de la aparición en escena de otras mujeres. Pero esta es una hipótesis, no ha ocurrido hasta ahora, así que los celos como una probabilidad de futuro son totalmente absurdos, insanos y maléficos.

Hace un momento había un pequeño insecto sobre la mesa en la que escribo. Se estaba acercando al papel. Sin pensar, le he soplado y ha desaparecido de mi vista. Quisiera que alguien soplara igual en mi mente y estoy segura de que estos soplidos son posibles.

De repente, desde lo Innombrable, sopla un viento arrasador en el que sólo debemos tener las puertas del corazón abiertas para dejarlo pasar y que entre, incontrolable, levante todo el polvo, arranque anclajes oxidados y deje desiertos y desnudos la alegría y la bondad, solos y desnudos.

9 de Marzo

Hoy está nublado y me siento un poco cansada. El hecho de que ayer Pau despejara cualquier mal pensamiento sobre si hoy nos veríamos o no, no me ha provocado todavía aquella euforia desmedida que se desata unas horas antes de verlo. Voy un poco como el tiempo. Aun así imagino que será ver su sonrisa y que nos demos un abrazo para que cualquier cansancio del cuerpo o cualquier suspicacia de la mente desaparezcan.

No me extraña nada que mi ego disfrute y se invente cualquier excusa para estar presente, manipule a la mente e instale dentro de mí el miedo y la angustia. Disfruta de estos momentos porque no le queda más remedio que desaparecer cuando Pau y yo estamos juntos. La mayor parte de aquellas horas, nuestra mente juega un papel sólo de supervivencia. No está para dar órdenes ni analizar en exceso. Es el momento en el que están en el poder las sensaciones y el instinto. Incluso yo misma, en el plan de observadora independiente (en la mínima neutralidad que pueda tener al respecto) me siento muy sorprendida de la libertad de movimientos, pero sobre todo de la liberación de sensaciones. Disfrutamos del abandono del cuerpo, similar al dejarnos llevar por las olas dentro del mar. La mente acompaña al cuerpo y se relaja. Los sentidos, todos ellos y la extremadamente despierta sensibilidad de la piel, calman la mente y esta se sitúa como simple observadora de unas percepciones que no reconoce.

10 de Marzo

Imprevisible. Es el adjetivo que mejor define a Pau, seguramente por eso me atrae. No es fácil de catalogar, definir ni encajonar y mucho menos se puede prever lo que hará.

Desde el primer día que tuvimos sexo, pude observar y se lo comenté en varias ocasiones, que cuando él me toca cualquier parte de la piel de mi cuerpo, este se abandona inmediatamente. Ocurre cuando me toca por debajo de la ropa, sin embargo no es necesario que sea una zona especialmente sensible, puede ser su mano rozando la mía, pero mi cuerpo tiene una reacción espontánea de placer. Si profundiza y va a zonas más íntimas, pierdo la fuerza y soy incapaz de oponer resistencia.

Esta noche he dormido con él y sí, antes de cenar ya habíamos tenido sexo (que tampoco se deja definir jamás) y esta vez había sido un tanto salvaje. Recuerdo que en un momento me sujetaba los brazos y mordía las axilas. Fue uno de estos actos sexuales que, aunque se llegue al clímax, te deja con ganas de más.

Esta mañana y no nos despertamos nunca al mismo tiempo, hemos coincidido bien espabilados antes de levantarnos. Yo estaba completamente dispuesta a acabar la faena del día antes, pero no, no ha sido así. Nadie me ha dicho que ahí pueda poner expectativas. Finalmente nos levantamos, tomamos café. Él duchado, vestido, preparado para ir a trabajar y yo en pijama y naturalmente sin ropa interior. Se acerca la despedida y yo que lo veo venir, le propongo un abrazo con medio metro de separación entre los dos. Sí, tú espera y verás. Entra directamente las manos por debajo de la camiseta y me toca el pecho, acaricia un poco y para poder abrazarme bien, me pone una mano en el culo. Muy bien, estupendo, tenemos un abrazo de medio metro de distancia, pero con una mano en un pecho y la otra en el culo, con lo cual el medio metro se ha encogido hasta quedar en nada.

Me quedo empanada sin haber fumado maría y me va subiendo por todo el cuerpo una fuerte excitación producida por dos motivos, uno el sexual, de un deseo que había ido aumentando durante horas y no había sido satisfecho y la otra por haber dormido pocas horas, con lo que mi cuerpo reacciona, contrariamente a lo que sería normal, con una tremenda euforia.

Para rematarlo, sus últimas palabras han sido “ala, te quedas servida” y se va tan alegremente. ¿Servida? Será servida para cualquiera que me quiera pegar un polvo. Antes se decía, no sé ahora, “esta mujer es una calienta pollas”. Hoy lo decía yo cambiando el género.

Después he ido a la ducha y cuando me enjabonaba el sexo, he ido más despacio de lo normal y deseaba que un dedo se moviese suavemente por las zonas sensibles. Pero no, tampoco ha funcionado, por no funcionar no funcionaba ni la autosatisfacción. Yo deseaba otro dedo.

11 de Marzo

Me estoy preguntado qué es lo que me motiva a escribir, aclarar mis pensamientos, dilucidar estas subidas y bajadas de alegría o desolación. Bueno, desolación no, puedo estar contenta o enfadada, pero nunca desolada ya que no me siento en ningún momento sola ni rechazada.