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Pasa cuando menos te lo esperás. De pronto, empezás a extrañar vivir con tus padres porque no pagabas cuentas. Luego, estallás de felicidad con un 2x1 y, finalmente, te emociona más un fin de mes que un fin de semana. Te has convertido, oficialmente, en una persona grande. Por lo tanto, si decidiste empezar a reirte de la metamorfosis de volverte adulto, este libro es para vos que Ya no tenés 20.
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Seitenzahl: 66
Veröffentlichungsjahr: 2019
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Diego Villa y Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Ilustraciones: Diego Villa.
Odar Nieto, Alejandra
Ya no tenés 20 / Alejandra Odar Nieto ; Diego Joaquín Villa Saravia. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2019.
138 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-380-4
1. Experiencia Personal. 2. Juventud. 3. Adultos Jóvenes. I. Villa Saravia, Diego Joaquín II. Título
CDD A867
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2019. Alejandra Odar Nieto. Diego Joaquín Villa.
© 2019. Tinta Libre Ediciones
A papá Jesús y a mamá Marigú, después de todo,que bueno que se hayan conocido
(Ale)
A mis adultos preferidos, Carlos y Josefina.
(Diego)
Pendeviejo el que lee
Hay un cuento de Fontanarrosa que empieza parecido, pero no digas nada. Voy a confesar que miré varios tutoriales de cómo escribir un prólogo. Después busqué en mi biblioteca, pero hace poco miré la serie de la japonesa que ordena, y regalé casi todos los libros.
A este libro me lo mandaron por mail, y si bien ya conocía a los Ya no tenés 20 por Instagram, me hizo recagar de risa. Yo sé que no te gusta la palabra pendeviejo, pero vos y yo conocemos a Fontanarrosa, usamos el mail, decimos esto me copa cuando nos gusta algo (fijate que tu sobrinito no dice así), y si además conocés a la japonesa que ordena, ya tenemos una complicidad más que importante, y este libro merece toda tu atención.
Hay un meme de YNT20, replicado en este libro, que me impactó especialmente: Te convertiste en la gente vieja del boliche. Me haría una remera con esa frase. Primero, la risa, claro, porque me sentí interpelado generacionalmente. Tiene punch; yo era de los que decía el boliche está lleno de viejos. Después sobrevino la nostalgia emotiva, las salidas de los 20. Bares que cambian de nombre todos los veranos, pero son siempre el mismo; patovicas, cumbia, rollingas, tragos horribles como el chacho, el séptimo regimiento y mil etcéteras que vas a encontrar mucho mejor relatados en todo lo que sigue. Casi en paralelo, enfrento la cruda realidad de corroborar mi aburguesamiento treintañero. Y es que no solo me convertí en la gente vieja del boliche. Peor aún, ya ni voy.
Este libro es un flipper de sensaciones: risa, nostalgia, mucha risa, melancolía y más risa. Además, hay un rasgo en YNT20 que lo hace más ñoño, especial. Es el de la compañía, saber que no estás solo en este mundo de skeres y emojis. Es Sentirse parte de una comunidad, eso que ahora todo el marketing de las marcas se muere por lograr. Estas páginas lo hacen de taquito, sin pretensiones y sin despeinarse.
También festejo, como un gol del Diego en YouTube, el espíritu pedagógico de este proyecto. Tips y consejos que vas a reconocer más útiles de lo que creías. Creeme, Vas a querer regalarle este libro a todos tus amigos.
Acercate un poco a estas páginas, un poco más. Cerrá los ojos, dale. Sé que es una boludez, pero posta, sentí el olorcito al papel y de la tinta impresa. Pensá que es casi ya un gesto de vanguardia leer un libro impreso, tocar con el dedo algo que no haga scroll. Agarrar un coso de papel, tinta y cartón. Dejá un rato esas redes sociales, y pensá que si ya les agarraste la mano, es porque probablemente ya estén entrando en desuso.
Hacete unos mates, o un fernet, ponete las pantuflas, un temita de jazz de fondo, y disfrutá de este viaje.
Ya lo dijeron los decadentes: Quiero ser un pendejo, aunque me vuelva viejo. Abrir el corazón con una cana al viento. Alta poesía. Ya no tenés 20, pero tampoco tenés 80. Así que pensá que en unos años vas a añorar todo lo que estás haciendo y viviendo ahora. No somos pendeviejos, somos espíritus jóvenes en cuerpos adultos. Bievenido, bienvenida.
Santiago Spigariol
@san.spiga
El Ello, el SuperYo y el Yo
Un día, una persona muy sabia me dijo una gran frase: Uno tiene la edad que quiere tener.
Ahora me pregunto, ¿qué rol juega nuestro aparato psíquico en todo esto? Imagínate a tu cabeza separada en tres casilleros.
En una punta, el Ello, muy conocido como el fiestero de la escena. En la otra punta, el SuperYo, básicamente el que maneja el patrullero. En medio de estos dos polos opuestos, se encuentra el Yo. O sea, ese vos mismo intentando llevar a tu vida un poco de equilibrio entre tanto bardo emocional.
Tus años cambiaron, pero tu Ello siempre va a querer fiesta sin importar las consecuencias. Es capaz de agitarte para que vayas a bailar con tus hijos a la matiné. O es el que, después de la segunda lata de cerveza, te va a pedir otra, aunque los años ya no te den, y al otro día te levantes peor que Voldemort en Harry Potter y la piedra filosofal.
Pero ¡cuidado! Después de los 20, el SuperYo ya recolectó toda la culpa que sentís al otro día cuando te arrepentís de haber hecho algo. De no estudiar una carrera antes de ponerte a trabajar porque después no tenés tiempo para cursar. O de tomar tanto y al otro día decir juro que no tomo nunca más.
El SuperYo, entre más pasan los años, más ortiba se pone. Porque fue recolectando material de tu vida para quemarte el bocho con todo eso que hiciste mal. Es una especie de pájaro carpintero que te picotea el cerebro todos los días.
Y ahí en el medio, estás vos, poniéndote la camiseta para poder llevar un poco de calma entre tanto desequilibrio. Quizás salís de joda, pero volvés temprano. O quizás, te ponés a estudiar psicología en vez de medicina, como querían tus padres. Vas buscando un punto medio, ponele, para poder llevar estos años lo mejor posible. Ya no podemos ser puro Ello, y tampoco tan SuperYo. La vida es una cuestión de equilibrio y ya es que ya no tenés 20.
David Martorelli
@freudpalopibe
ya no tenés 20
Salir dos noches seguidasse volvió un triatlón
Cuenta la leyenda que sus cuerpos toleraban el alcohol como si fueran descendientes de vikingos, que las resacas no les ponían la piel de gallina y esperaban con más emoción un fin de semana que un fin de mes.
Sin duda, éramos criaturas fantásticas, unicornios que desafiaban a la noche, y perdieron su magia con cada No tomo, mañana trabajo. Ahora, solo nos queda recordar esas épocas de gloria donde podíamos hacer el meneaito y llegar hasta abajo sin terminar en el quiropráctico con un dolor fulminante de ciático.
Sansón le dijo adiós a su fuerza cuando Dalila cortó su larga cabellera y nosotros despedimos a la nuestra desde que las cuentas empezaron a llevar nuestro nombre y apellido. Es así como dejamos que el cansancio de la semana logre posicionar a la cama como nuestro lugar en el mundo.
Quizá un gran incentivo para que salgamos a bailar un fin de semana sería que los boliches empiecen a sumar pilas de tápers a su decoración y que, al fin de fiesta, sorteen algunos para asegurarse de que nos quedemos hasta que prendan las luces. Entonces, valdría la pena ese dolor de primer día de gimnasio que se siente luego de una noche de baile.
Definitivamente, salir dos noches seguidas se volvió un triatlón. Sin embargo, cuando estés a punto de tirar la toalla, aferrate con uñas y dientes a la siguiente reflexión: Solo se vive una vez y asegurate de coleccionar historias que jamás podrías compartir con tus nietos.
Por otro lado, recordá que ninguna anécdota interesante involucra una cama y un televisor, a menos que a eso le agregues una abducción de extraterrestres y un paseo por su planeta donde te otorguen habilidades telepáticas y telequinéticas.
