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Gabriel Jaraba

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Beschreibung

Dentro de la web 2.0, disponer de un canal en YouTube significa tener unas magníficas oportunidades para darse a conocer. Ser un youtuber quiere decir ser miembro de una nueva generación de creadores audiovisuales que, gracias a esta gran plataforma de difusión, pueden mostrar, más allá de cualquier frontera, su trabajo, sus creaciones y –también– ofrecer contenidos de entretenimiento. En los vídeos, los youtubers relatan sus experiencias vitales, elaboran recetas de cocina, enseñan tutoriales de moda, dan consejos de belleza, recitan monólogos humorísticos o muestran trucos del último videojuego de moda. Este libro está dirigido a las personas que desean perfeccionar su capacidad de crear, producir y difundir vídeos en internet como un medio para acercarse y fidelizar un público. La vida en un móvil, un nuevo modo de expresarse y relacionarse. El equipo necesario y cómo utilizarlo. Cómo convertir una intuición en realidad. Cómo construir una narración significativa y atractiva. Estrategias de promoción: crear un canal y darse a conocer. Un canal abierto en YouTube es un medio de comunicación pero también es mucho más: es el punto desde el que conectas con la sociedad. Lo que hagas, lo que difundas, lo que expreses, todo ello habla de ti, de quién eres, de lo que piensas y sientes y de lo que crees. Un comunicador comunica en última instancia su propia personalidad: se comunica a sí mismo. Es un fenómeno que se va extendiendo como un reguero de pólvora: disponer de un canal propio de YouTube. Difundir un mensaje a través de este medio significa tener una visibilidad potencial enorme, un espacio en el que interactuar con otros videocreadores, poseer un escaparate de tus creaciones que puede ser visto por aquellos a quienes te convenga interesar y dar a conocer tu empresa y tu trabajo a partir de los contenidos que seas capaz de generar.

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Veröffentlichungsjahr: 2017

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Índice

INTRODUCCIÓN

LA TELEVISIÓN PLANETARIA YA ESTÁ AQUÍ

YOUTUBERS

EL MEGAMUNDO DE LA MICROIMAGEN

PARA EMPEZAR, ABRE LOS OJOS

CÓMO UTILIZAR UNA CÁMARA

EL YOUTUBER EN ACCIÓN

UNA CÁMARA Y MILES DE TRUCOS

PREPRODUCCIÓN Y PRODUCCIÓN

LA HORA DE LA VERDAD

DE LA IDEA GENIAL AL PROYECTO AUDIOVISUAL

EL TALENTO Y LA CREATIVIDAD UNIDAS

EDICIÓN Y POSTPRODUCCIÓN

LA COCINA DONDE SE CUECE EL RESULTADO FINAL

DIFUNDIR TUS VÍDEOS EN LA RED

CREA TU CANAL EN YOUTUBE Y DATE A CONOCER

BIBLIOGRAFÍA

NOTAS

YOUTUBER

YOUTUBER

Gabriel Jaraba

© 2015, Gabriel Jaraba

© 2015, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona.

Diseño de cubierta: Regina Richling.

Ilustración de cubierta: Shutterstock

Diseño interior: Amanda Martínez.

ISBN:978-84-9917-431-0

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.»

Dedicado a mis compañeros del Gabinete de Comunicación y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Especialmente a José Manuel Pérez Tornero, Santiago Tejedor, Mireia Sanz, Xavier Ortuño, Geisel García Graña, Marta Portalés, Ricardo Carniel, Judit Calle, Almudena Esteban, Antonio Martire, Danuta Asia-Othmann, Alodia Quesada, Juan Francisco Martínez Cerdà, Laura Cervi, Lidia Peralta, Ling Tang, Bing Zhang, Mireia Pi, Tomás Durán, Fabio Tropea, José María Perceval, Charo Lacalle, Pere O. Costa, Janneth Trejo, María José Recoder, Santiago Giraldo y Lidia Peralta.

A todos los alumnos de Periodismo y escritura periodística multimedia que me han permitido continuar aprendiendo con ellos.

Con mi agradecimiento a Alba Castilla, periodista de televisión y alumna del Grado en Periodismo de la UAB, por la lectura crítica del original de esta obra y sus certeras aportaciones, especialmente en los apartados de producción y edición, que han enriquecido las recomendaciones prácticas del libro.

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INTRODUCCIÓN

LA TELEVISIÓN PLANETARIA YA ESTÁ AQUÍ

La cultura de la imagen en la vida móvil, un nuevo modo de expresarse y relacionarse

Ser un youtuber, producir y difundir vídeos en la Red es una actividad divertida y formativa que nos hace crecer y puede llevarnos al éxito.

Actualmente está de moda comunicar. Todos deseamos ser comunicadores y desarrollar nuestras capacidades comunicativas. Eso es bueno, pues la comunicación es una de las cualidades esenciales del ser humano. El bicho humano es un ser social, hecho para vivir en comunidad y relacionarse con sus semejantes. Comprende el mundo en que vive y evoluciona en él gracias a la estructura de su mente, que es lingüística y simbólica; eso quiere decir que las personas pensamos en términos de conceptos y los expresamos con palabras. Además, no solamente pensamos sobre lo que vemos con los ojos sino con lo que construimos con nuestra imaginación. La comunicación es la vida.

No es necesario ser un profesional para comunicar y hacerlo bien. Hoy día, internet nos permite la posibilidad de hacerlo, con muchos medios y para audiencias muy amplias. Gracias a la red, «la comunicación es hoy el centro de nuestras vidas». Todos somos usuarios de la comunicación. Pero además, ahora somos comunicadores en potencia1.

La combinación de internet con los dispositivos audiovisuales que nos proporcionan las tecnologías de la comunicación y la información, como teléfonos móviles inteligentes, tabletas y videocámaras digitales, pone en nuestras manos el arte de la comunicación audiovisual. Ello nos permite expresar nuestros sentimientos e ideas, igual que podemos hacerlo con la música, la escritura o el dibujo, y además nos da la oportunidad de relacionarnos con otras personas, de contactar con gente interesante, de hacernos visibles en los entornos digitales y de gozar del placer de aprender unas habilidades que nos hacen tomar más confianza en nosotros mismos. Expresarse mediante la comunicación puede ser un pasatiempo divertido pero también algo más: un modo de estar en el mundo y de vivir, una manera de socializar y de crecer.

La comunicación audiovisual se enseña en las facultades universitarias y en las escuelas técnicas a aquellas personas que desean dedicarse a ello como profesionales. No todas las personas pretenden, sin embargo, convertirse en profesionales del audiovisual cuando toman una cámara o un dispositivo móvil para comunicarse. La popularización de las nuevas tecnologías nos ha liberado incluso de ese imperativo de la profesionalidad, ponen a nuestra disposición las cosas necesarias para hacer algo que nos interesa y nos divierte. Hay voces que censuran esta popularización; parece como si expresarse y comunicarse fuera algo malo o perjudicial, y no es así. Es una buena cosa aprender a grabar vídeos igual que lo es aprender a dibujar o tocar un instrumento.

Lo que pasa es que un instrumento musical se puede tocar bien o desafinar como un gallo a punto de degüello. Se puede dibujar un retrato fiel al rostro de una persona o convertir la imagen de nuestro modelo en una patata. Como todo arte y habilidad, el valor de la comunicación se mide por sus resultados. Si queremos comunicar hemos de aprender a hacerlo exitosamente. Y para eso no hace falta un virtuosismo técnico sino ir dándose cuenta, poco a poco, de lo que la comunicación es y requiere. La medida del valor de lo que comunicamos no la damos nosotros sino aquellos a quienes va dirigida.

La primera regla de oro de la comunicación es saber qué le interesa a la gente.

Toda persona que se dedique a la comunicación debe tener presente la primera regla de oro del arte de saber comunicar: «¿Qué le interesa a la gente? Lo que hace la otra gente». No son las tecnologías las que atraen la atención de las personas sino lo que estas pueden conocer de otras personas gracias a y a través de la tecnología. El éxito de las nuevas tecnologías de la comunicación no es el triunfo de los aparatos que las encarnan sino las posibilidades que ofrecen en términos de relaciones humanas, de conocimiento y encuentro de unos humanos con otros. Es mentira que el teléfono móvil aísle a la gente: nunca las personas habían tenido semejante posibilidad de contacto permanente gracias a este dispositivo.

No ha sido la telefonía móvil la que ha acabado con unas amables tertulias en las que supuestamente unos civilizados ciudadanos conversaban plácidamente con otros; lo ha hecho una organización de la vida económica y una degradación de las condiciones de trabajo que han impulsado a las personas a afanarse muchísimo más para ganarse la vida, y unos horarios tanto de producción como de ocio que son letales tanto para la vida productiva como para la familiar. Al contrario: han sido los dispositivos móviles los que nos han permitido recuperar el contacto de unos con otros. Por esta razón el uso de internet está desplazándose de los ordenadores a los teléfonos móviles y las tabletas, porque la Red se integra cada vez más en la vida real de los ciudadanos, que es una vida móvil.

¿Qué quiere decir «vida móvil»? Una forma de organización de la vida cotidiana en la que cuentan menos las ataduras territoriales (vivienda fija, trabajo fijo, relaciones fijas) que los vínculos emocionales y la necesidad de estar en contacto con la propia gente.

Los vídeos de YouTube que realizan los youtubers son una forma cultural propia de la vida móvil, junto con los mensajes de WhatsApp, los SMS y las relaciones vía Facebook o Twitter. Integrados en la plataforma YouTube son los elementos de una poderosísima red social (propiedad del potente grupo empresarial de Google) que, como hemos dicho, constituye la macrotelevisión planetaria. Pero es una televisión interactiva en lo que respecta a los proveedores de sus contenidos.

Estar en YouTube con tu propio canal difundiendo allí tus vídeos significa disponer de una visibilidad potencial enorme, de un espacio en el que interactuar con otros videocreadores, poseer un escaparate de tus creaciones que puede ser visto por aquellos a quienes te convenga interesar y darte a conocer y gestionar un medio de comunicación a partir de tus contenidos capaz de influir o por lo menos ser visible.

Tu propio canal de YouTube es tu medio de comunicación audiovisual en el que se muestra tu creatividad videográfica, inserto en una estructura de red social que no se limita a lanzar tus contenidos al mundo sino que los integra en una comunidad humana de la que puede formar parte tu grupo más inmediato.

Porque con ello te conviertes en un youtuber, un miembro de una nueva generación de jóvenes creadores audiovisuales que gracias a la gran plataforma de difusión que es YouTube han saltado a la popularidad y han llamado la atención de los medios de comunicación y de los internautas, atraídos por su capacidad comunicativa mediante el vídeo y su habilidad para causar impacto con él.

Por ese motivo, si alguien desea ser un youtuber, debe plantearse no solamente lo que desea mostrar en ese poderoso medio sino qué hacer para conseguir comunicar con el gran número de personas que convoca.

Veamos pues cuál es la segunda regla de oro del arte de comunicar: «¿Cuál es la gente que nos interesa? La que es como nosotros». Por supuesto, sentimos curiosidad por saber de formas de vivir distintas, ver qué hacen las gentes diferentes. Pero eso es, precisamente, curiosidad. Interés significa deseo de vincularse a alguien y de relacionarse con él. Queremos relacionarnos con nuestros iguales, porque ello nos proporciona reconocimiento, seguridad y reforzamiento de nuestra identidad. El teléfono móvil es el salvavidas de los migrantes, pues ejerce el papel de cordón umbilical que les mantiene unidos a los suyos, a su comunidad, a su grupo de encuentro en el país al que se ha emigrado, y por tanto es el medio que les permite sobrevivir emocionalmente en tierra extraña. Ese papel lo cumplió en otros tiempos la correspondencia postal; esa conexión móvil de la actualidad es el vínculo emocional de los grupos humanos en el tiempo actual. Por eso podemos llamar «vida móvil» a este nuevo modo de vivir y relacionarse.

La cultura de la imagen ha presidido el cambio de la vida fija a la vida móvil. De la imagen en movimiento, por supuesto: el cine, la televisión, el vídeo y los videojuegos. Y la inundación de la imagen en movimiento nos ha devuelto a la fotografía, del mismo modo que la implantación del correo electrónico nos hizo practicar de nuevo la otrora casi desaparecida correspondencia escrita.

Las famosas «selfies» son el equivalente a la tarjeta postal que antes enviábamos por correo desde un lugar de vacaciones para compartir con nuestro corresponsal un momento de alegría.

Imagen, personas, contacto y relación humana, tecnología de la comunicación, dispositivos móviles, ubicuidad de las conexiones: palabras clave para aproximarnos a una nueva forma de comunicación en la que muchos jóvenes buscan cosas como:

Relacionarse con su grupo de pertenencia y reforzar su vinculación a él.Conectar con gente de su edad, ampliar sus relaciones.Hacerse visible en el mundo y entre los suyos.Reforzar la propia identidad para conocerse a sí mismos.Expresarse, poner a prueba sus habilidades.Acercarse a la cultura audiovisual y formar parte de ella, porque es la centralidad de la cultura y la vida.

Hacer fotos y vídeos de manera instantánea con dispositivos móviles y publicarlas en internet es una forma de cultura popular que permite expresarse y relacionarse.

Expresarse y relacionarse es un modo de crecer e integrarse en la sociedad. Si el uso lúdico de las tecnologías audiovisuales móviles en red permite hacer tal cosa, entonces esa actividad tiene una cualidad educativa. A estas alturas nadie duda de que la educación puede, y a menudo debe, ser divertida. «Para definir la educación más allá de la escuela, debemos comprender los procesos de aprendizaje no formal e informal. También debemos entender situaciones que cumplen funciones educadoras a través de diferentes formatos, medios o lógicas, e incluso algunas circunstancias, que pudiendo parecer difusas y no intencionadas, resultan igualmente educativas»2.

Quizás al leer estas líneas algún joven piense «caramba, ya me van a poner tarea con la excusa de los vídeos». Ojalá no sea así; los niños, adolescentes y jóvenes siempre han sabido hacer de sus aficiones elementos valiosos para su crecimiento personal sin que ellos deban ser absorbidos por la escuela o la familia. De hecho, los jóvenes deberían cuidar de que sus actividades personales de ocio, y muy especialmente las de tipo generacional, no lleguen a ser integradas por educadores bienintencionados. La autonomía de los niños, adolescentes y jóvenes en sus formas de ocio creativo y asociación interpersonal es un bien que debe ser preservado, como ya demostró el movimiento scout desde inicios del siglo xx. Un siglo después, aún no se tiene claro que esa autonomía juvenil es necesaria e imprescindible, pues hace personas libres, independientes, seguras y sociables. La nueva cultura audiovisual de la vida móvil puede contribuir a potenciar ese bien.

Pero este libro está dirigido a los jóvenes que desean perfeccionar su capacidad de crear, producir y difundir vídeos en internet, y quizás los educadores podrían hallar en él un instrumento útil para sus tareas. Ahora que tantas personas preocupadas ante la extraordinaria difusión de las nuevas tecnologías nos previenen sobre la «adicción a las pantallas» es necesario no perder la sensatez y saber distinguir entre comportamientos problemáticos –que son siempre una excepción que no debe ser generalizada– y el entusiasmo que despiertan actividades de por sí divertidas, atractivas y fructíferas como son la comunicación en red y la práctica de la cultura audiovisual.

El aprendizaje del youtuber es el desarrollo de una habilidad técnica, pero sobre todo de una capacidad artística y de la propia personalidad creadora.

La situación presente se parece mucho a la que viví en mi adolescencia, época en que se produjo el inicio del rock y el pop; cuando en Inglaterra triunfaban los Beatles en mi ciudad llegaron a formarse más de cuatro mil grupos de música con guitarras eléctricas, integrados por chicos de 14 a 18 años, que ensayaban en almacenes, garajes, bajeras y todo tipo de locales disponibles en los barrios populares. Queríamos hacer como hacían los grupos musicales que admirábamos, del rock americano, del pop inglés, y no es que soñáramos ser como los Rolling Stones, simplemente deseábamos expresarnos y agruparnos del modo que ellos mostraban, que nos apasionaba y en el que reconocíamos algo muy nuestro. Los adultos que nos recriminaban lo que consideraban una afición estúpida y embrutecedora –«¡esos pelos que llevas!»– se parecían mucho a quienes hoy día se lamentan por la «afición a las pantallas»; estos considerarían ahora un enorme progreso que los jóvenes que se dedican a ellas aprendieran a tocar un instrumento musical.

Agarremos pues nuestras videocámaras, teléfonos móviles y tabletas y salgamos a la calle a hacer vídeos; si uno se convierte en un youtuber en internet no llegará a ser un Mick Jagger audiovisual (o quizá sí) pero habrá hecho crecer un poco más esa creatividad que lleva dentro y que es necesario que surja y se exprese.

Haciéndolo de este modo, cosecharemos uno de los mayores bienes que la vida nos ofrece: el placer del aprendizaje. Una cosa es que a uno no le guste la escuela y otra muy distinta que no le guste aprender. No estoy seguro de que a quienes les disgusta lo primero aborrezcan también lo segundo. El bicho humano tiene una característica biológica fundamental, además de su mente lingüística y simbólica: mirado desde la cibernética, el hombre es un sistema abierto. ¿Qué quiere decir esto? Un sistema cerrado es una máquina: repite siempre las funciones para las que ha sido diseñada y montada. Aunque opere en el entorno, su interacción con él consiste estrictamente en ejecutar su función, sin que su estructura y funcionamiento cambien para adaptarse a las circunstancias que la rodean.

Un sistema abierto, en cambio, no es una máquina, aunque ejecute funciones y opere sobre el entorno. El sistema abierto interactúa con su medio dejándose influenciar por él y experimentando cambios producto de su interacción con el entorno. Un motor de explosión, por ejemplo, funciona con gasolina, y si le pones otro combustible, se estropea. El ser humano, en cambio, funciona con combustibles muy diversos: vegetales, lácteos, carne, pescado, cereales… Cuando un grupo humano se desplaza de una zona a otra del planeta cambia su alimentación, y lo hace descubriendo cómo le puede hacer provecho la comida que se halla en el nuevo lugar. Su organismo se adapta a la nueva alimentación; la adaptación es biológica, su sistema digestivo acepta y asimila una comida diferente.

No es sólo la capacidad de adaptación biológica lo que hace del bicho humano un sistema abierto. Lo fundamental es que las personas nos adaptamos a las nuevas circunstancias mediante el aprendizaje. De hecho, aunque dejemos la escuela cuando nos hagamos mayores, los hombres seguimos aprendiendo toda la vida, de un modo u otro. El aprendizaje es la clave del funcionamiento del sistema abierto humano. Sin aprendizaje no crecemos, no podemos funcionar en un entorno que cambia inevitablemente con el paso del tiempo, aunque no nos movamos del lugar. Estamos obligados a aprender: nuevas habilidades, nuevos trabajos, nuevas ideas, tratar a gente nueva, desenvolvernos en entornos nuevos. Si no aprendiéramos todo el tiempo nos colapsaríamos, como el motor a gasolina que si se le echa leche se estropea.

Ese aprendizaje continuo que es nuestra vida, si lo ejercemos de manera consciente y voluntaria, no sólo es un medio de crecimiento sino una fuente de placer. El bicho humano es un bicho curioso, como todos los primates con los que compartimos muchos rasgos biológicos; curioso como los chimpancés. Nos proporciona placer aquello que nos impulsa a vivir, lo que es fundamental para la vida. El aprendizaje es una de esas cosas fundamentales para vivir. Aprender siendo conscientes del placer que encierra ese aprendizaje consciente es un gozo incomparable.

Por eso es bueno aprovechar las nuevas oportunidades de aprendizaje que nos trae la vida. Los aprendizajes informales nos dan la ocasión de hacer cosas nuevas, en un momento que, dejados atrás los estudios formales, necesitamos seguir aprendiendo para vivir con ilusión. La creación, producción y realización de vídeos para YouTube es una de esas oportunidades; por eso hemos dicho desde el principio que esa posibilidad nos pone en situación de crecer mediante la expresión de una nueva capacidad. Tómese pues este libro como un manual del disfrute cotidiano mediante el placer incomparable del aprendizaje continuado… en versión audiovisual.

Ahora podemos mirar a nuestra videocámara o smartphone de un modo distinto: en nuestras manos se convierten en una poderosa arma que nos hacen estar presentes en el mundo, ser vistos y tenidos en cuenta, intervenir en la sociedad mostrando nuestras habilidades y ofreciéndole al mundo nuestra manera de ver y contar cómo son las cosas o cómo nos parecen. No es una tarea menor. Es una manera de crecer, hacernos más humanos y llevar una vida mejor, más creativa y más autónoma.

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