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Zafira es una obra dramática de Juan Francisco Manzano relata un conflicto dinástico ambientado en Mauritania. Fragmento de la obra ACTO PRIMERO. LA VUELTA DE SELIM El teatro représenla el gabinete de Zafira, entrada al frente, reja a la izquierda y puerta a la derecha. Escena I Zafira: (En traje de luto después de observar por la reja.) Por fin amaneció y un nuevo día Viene a unirse a los muchos que mi llanto Regado deja infortunadamente Para siempre quizás. ¡Oh! cuántos años Impulsada de dulces esperanzas, Palpitando de gozos he juzgado Al término llegar de mis pesares Creyéndome felice: ¡pero cuántos, Al tocar los objetos que me brinda De la ventura la engañosa mano, Convirtiéndose todos en pesares Solo cogí terribles desengaños, De dolores sin fin! ¡Oh Dios eterno. Hasta cuando amarguras, hasta cuando!
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Seitenzahl: 89
Veröffentlichungsjahr: 2010
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Juan Francisco Manzano
Zafira
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Zafira.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN rústica ilustrada: 978-84-9007-053-6.
ISBN tapa dura: 978-84-1126-620-8.
ISBN ebook: 978-84-9897-500-0.
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Créditos 4
Brevísima presentación 9
La vida 9
Licenciado señor don Ignacio Valdés Machuca 11
Personajes 12
Acto primero. La vuelta de Selim 13
Escena I 13
Escena II 13
Escena III 20
Escena IV 25
Escena V 26
Escena VI 29
Escena VII 32
Acto segundo. El reconocimiento 35
Escena I 35
Escena II 35
Escena III 37
Escena IV 43
Escena V 43
Escena VI 48
Escena VII 51
Escena VIII 52
Escena IX 53
Escena X 54
Escena XI 55
Escena XII 56
Acto tercero. La revelación 57
Escena I 57
Escena II 58
Escena III 66
Escena IV 67
Escena V 68
Escena VI 70
Escena VII 71
Escena VII 78
Acto cuarto. La prisión 81
Escena I 81
Escena II 84
Escena III 84
Escena IV 88
Escena V 92
Escena VI 93
Escena VII 94
Acto quinto. El suicidio 101
Escena I 101
Escena II 102
Escena III 104
Escena V 108
Escena VI 108
Escena VII 109
Escena VIII 111
Escena IX 112
Escena X 113
Escena XI 115
Escena XII 118
Libros a la carta 123
Juan Francisco Manzano (1797-...). Cuba.
En algún día del mes de agosto de 1797 nació, esclavo, el primer hombre de piel negra que leyó en público en Cuba sus propios poemas. Se trataba del soneto «Mis treinta años», leído en la tertulia del intelectual Domingo del Monte en 1836 y publicado un año después. El poeta tenía cuarenta años, quince años atrás había publicado con licencia de sus amos, Cantos a Lesbia en 1821 y luego, en 1830, Flores Pasageras (sic), de los cuales no se conserva ni un solo ejemplar. De aquella lectura y del interés de Del Monte surgió la idea de recaudar los 850 pesos que exigió su dueña, con vistas a comprar la libertad de Manzano.
Este autor singular escribió también esta pieza de teatro que relata un conflicto dinástico ambientado en Mauritania.
Si al dar a la prensa este conjunto de plan, de ideas y versificación, no la pusiera bajo su inmediata protección, lo creería desnudo de un ornato, que pudiera hacerlas digna de los que tan pródigamente me han dispensado tantos favores, así confiado en que lo acogerá usted con la ternura que le es característica, le dedico este primer ensayo dramático, como prueba del eterno reconocimiento que está grabado en el corazón de su afectísimo.
La escena pasa en Mauritania, hoy Argel: y pertenece al siglo XVI.
Zafira, princesa árabe
Selim, príncipe árabe
Barbarroja rey usurpador de Mauritania
Isaac, su hermano
Dalí, príncipe gerife descendiente de Mahoma
Colifa, noble y joven árabe amiga de Zafir
Danmey, lugarteniente de Barbarroja
El Gran Muftí
Noemí, eunuco negro
Un verdugo turco
Resto de compañía
El teatro représenla el gabinete de Zafira, entrada al frente, reja a la izquierda y puerta a la derecha.
Zafira (En traje de luto después de observar por la reja.)
Por fin amaneció y un nuevo día
Viene a unirse a los muchos que mi llanto
Regado deja infortunadamente
Para siempre quizás. ¡Oh! cuántos años
Impulsada de dulces esperanzas,
Palpitando de gozos he juzgado
Al término llegar de mis pesares
Creyéndome felice: ¡pero cuántos,
Al tocar los objetos que me brinda
De la ventura la engañosa mano,
Convirtiéndose todos en pesares
Solo cogí terribles desengaños,
De dolores sin fin! ¡Oh Dios eterno.
Hasta cuando amarguras, hasta cuando!
(Llora.)
Dicha y Colifa
Colifa ¿Siempre, Zafira, a tu dolor postrada
Te ha de encontrar el alba suspirando?
Zafira ¡Ah! sí, Colifa, desde aquel momento
En que el exceso de una aleve mano
Me arrebató del mundo cuanto amaba;
¿Qué quedó para mí en el desamparo
De esta vida infeliz, más que amargura
Y justas causas para eterno llanto?
Si bien mi esposo ante la lid sangrienta
Hubiese con la muerte tropezado
Haciendo el generoso sacrificio,
Que prefija el deber a un soberano
Cuando la patria pide que su sangre
Por salvarla derrame en holocausto,
Pudiera suceder me consolara
Superando a la pena mi entusiasmo;
Pero indefenso y de homicida saña
Víctima triste fue y abandonado
Bajo el puñal del asesino un día,
¿Su vida y mis contentos no acabaron
Sin verse el agresor? ¿De cuál delito
Acusarle pudiera el que inhumano
Con la tumba le unió...?
Colifa Sea cual fuese
La causa ya del desastroso caso,
En tu desgracia compasivo el cielo
Se muestra a la verdad: hoy soberano,
De Mauritania, Barbarroja reina
Y entre pomposos vítores y aplausos,
Sube a ocupar el solio en que tu padre
A tu esposo sentó; de allí su mano
Te alarga sin cesar al himeneo
Y esta unión conyugal...
Zafira Tiene por fallo
Mi total confusión.
Colifa ¿Qué males luego
Ofuscarán tus días a su lado
Ni menoscabo harán en tu nobleza,
Cuando de siete tronos Africanos
Les rinden la cerviz, que feudos pagan
Y a tus plantas se ven, reinos, vasallos?
Zafira Pero: toda esa gloria en que otros días
Osaba solazar mi triste estado
Se enlutó para mí. Después de un lustro
Que mi constancia ha visto a toda prueba
Sofocando en mi seno los halagos
Que Barbarroja sin cesar me ofrece,
Cedió mi corazón: ya está mi mano
Al tálamo nupcial comprometida
La palabra de amor sonó en mis labios,
Y a las concavidades de la tierra
El eco que callar pretendo en vano
Descendió a mi pesar... y hasta el sepulcro
De mi infeliz esposo penetrando,
Graves tumultos de terrores nuevos
Por solo consentir, me torna en pago.
Colifa Tu situación Zafira mal preveo
Que unirse pueda con el breve plazo
En que debe sellarse tu himeneo;
Cesa ya de verter inútil llanto.
Zafira No: el cielo, la tierra, hasta el abismo
Contra mi infausta suerte conjurados
Por todas partes me persiguen juntos,
Un porvenir funesto presagiando,
Atiende pues... Anoche cuando todos
En sueños sumergidos el palacio
Al profundo silencio abandonaban,
Pude también de mi tenaz cuidado
La carga aligerar... Dormíame apenas,
Cuando vi, que con trágico aparato
De súbito Selim se me presenta
Con ceño aterrador... y los airados
Ojos que en sus órbitas giraban
Con inquieto afanar, eran dos cárdenos
Globos que de su centro parecían
Quererse desprender, ya condensa dos:
Su faz cadavérica, y aún cubierta
De inmundo polvo y sepulcrales rasgos,
Del yerto corazón la acerba herida
El resto de su sangre derramando,
Y este mismo dolor dando a su rostro
Con mortífero efecto y sobresalto
Una expresión horrible y espantosa,
A mí llegó con macilento paso:
¡Oh mujer infeliz y desgraciada,
Fatídica la voz tronó en sus labios,
Y mirando me dijo; si hasta ahora
Inocente tus días han probado
Fidelidad y ejemplo de firmeza,
Que respetar tu castidad mandaron;
Ya tu amor criminal, la paz dichosa
Que en el sepulcro hallé, me ha arrebatado;
Pues si al caer la losa en el que expira
Apaga allí la eternidad el fausto,
Cual de mí terminó toda grandeza
En la nada los límites tocando;
Del malhechor la culpa no perece
Y con sello eternal sella a los malos
Para constante oprobio de sí misino...
Busca en la sombra del sepulcro helado
Un asilo feliz: libra a tu patria
Del perpetuo baldón que lleva al cabo;
Pues si cómplice tú de su destino
Por sobre todo pasas ansiando
Un mejor porvenir, témelo todo:
Teme Zafira en vincular un acto,
Que lleva en su terrible complemento
A más de un nupcio envilecido y falso,
Tu eterna execración: que si ahora gimes,
Ahogarte podrá luego un mar de llanto...
Entonces vi bajo mis pies la tierra
Con terremoto súbito temblando,
En dos partes abrirse y a un abismo
Que luto y esqueletos descarnados
A mi confuso espíritu ofrecía,
Sin poderme valer, siento que caigo:
Y ante un terrible tribunal de muertos
Arrastrada me hallé... y era un osario
Donde rodeada fui de acusadores,
Que como un crimen de mi amor juzgando,
A eterno oprobio condenarme osaban.
Allí aterrada mi inocencia en vano,
Pretendí defender... todos me acusan,
Y al fin ahogada en sus infectos brazos
Iba a exhalar el último suspiro,
Cuando del lecho confundida salto,
Y solo encuentro que amanece un día
Destello misterioso del presagio.
Colifa Nada es un sueño; pero si ha de verse
De fantasmas tu espíritu acosado,
Si al fin hasta el altar han de llevarte
A enlazar con terror tu yerta mano,
Perfecto amor sacrílega fingiendo,
No tal suceda ya.
Zafira ¿Quédame acaso
Algún lícito medio con que pueda
Libre salir de compromiso tanto?
Colifa Aún no sé que decirte; pero el cielo
Que vio estallar contra tu frente el rayo
Del infortunio atroz, al que siguieron
Dos lustros de amarguras y de llanto,
No debe al fin abandonar tu causa...
Zafira Busca en la sombra del sepulcro helado
Un asilo feliz, la visión dijo.
¿Y qué puedo esperar? ¿No es éste el fallo
Con que termina el cielo mis querellas?
Colifa Antes que viere de tu ensueño vano
Ese anatema de terror cumplido,
Yo espero ver que venturoso el hado
Te vuelva si no todo por lo menos
Parte alguna del bien, que en sus estragos
La suerte perdonó... Tienes un hijo...
Zafira Tuve un hijo, decid. ¿Pues no llegaron
Hasta nosotros las sensibles nuevas
De su temprana muerte?
Aquel anciano,
Que le salvó benéfico la vida
Llevándole consigo a clima extraño,
¿No le has visto tornar trayendo solo,
Tristes noticias del dolor aciago?
Colifa Ese cautivo que fugó del suelo
Donde gimiera sin consuelo esclavo,
Por todo el resto de su escasa vida,
Y osa retroceder aquí sus pasos
Sin temer que de nuevo las cadenas
Vuelvan a unirle a su primer estado,
Casi me prueban que Selim le sigue
Retornando con él al suelo patrio,
Bajo el fingido velo de la muerte
Recurso que bien visto no es extraño
Inspire la desgracia al que proscripto
Se encuentra de su patria.
Zafira ¿En qué fundarlo
Puede tal halagüeño tu deseo,
Para juzgar así contra unos datos?
Colifa Cuando tal choque el corazón padece
Solo se oyen lamentar los labios,
Y yo su rostro vi con ciertos visos
Más de satisfacción que del estado
Que padecer debiera su alma entonces;
Lejos sus ojos de anegarse en llanto,
Brillaban con la paz de un alma alegre:
Su discurso tranquilo y combinado
Nunca turbado fue con un suspiro
Tan natural allí, como del caso
Que refiriendo estaba ante una madre,
Y mientras iba con el Rey hablando
Parecía querernos con la vista
Otra cosa decir... Éstos son datos...
Zafira (Con la mayor viveza.)
¿En qué casa se hospeda ese cautivo?
Colifa Podré saberlo: a todos preguntando
De puerta en puerta pasaré hasta verle
