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Desde la antigüedad hasta nuestros días, las fábulas de Esopo han transmitido, con sencillez y agudeza, una sabiduría que no envejece. A través de animales que hablan, discuten, engañan o cooperan, estas breves historias revelan las virtudes y debilidades humanas con una claridad sorprendente. Este volumen reúne una cuidada selección de las fábulas más célebres de Esopo, en una edición pensada para disfrutar del placer del relato breve y reflexionar sobre la condición humana. Un libro imprescindible que demuestra que, a veces, las verdades más hondas se dicen con palabras simples… y con voz de animal.
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Seitenzahl: 70
Veröffentlichungsjahr: 2026
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La Colección Clásicos Libres está destinada a la difusión de traducciones inéditas de grandes títulos de la literatura universal, con libros que han marcado la historia del pensamiento, el arte y la narrativa.
Entre sus publicaciones más recientes destacan: Meditaciones, de Marco Aurelio; La ciudad de las damas, de Christine de Pizan; Fouché: el genio tenebroso, de Stefan Zweig; El Gatopardo, de Giuseppe di Lampedusa; El diario de Ana Frank; El arte de amar, de Ovidio; Analectas, de Confucio; El Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald; El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, entre otras...
Esopo
101 FÁBULASDE ESOPO
© Del texto: Esopo
© De la traducción: Maritza Izquierdo
© Ed. Perelló, SL, 2026
Carrer de les Amèriques, 27
46420 - Sueca, Valencia
Tlf. (+34) 644 79 79 83
http://edperello.es
I.S.B.N.: 979-13-70194-44-4
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La mejor yla peor comida del mundo
Hace más de dos mil años, un rico mercader griego tenía un esclavo llamado Esopo. Un esclavo no muy bien parecido, feo, mas de sabiduría única en el mundo.
Cierta vez, para probar las cualidades de su esclavo, el mercader le ordenó:
—Toma, Esopo. Aquí está esta bolsa de monedas. Corre al mercado y compra los mejores ingredientes para un banquete. ¡La mejor comida del mundo!
Poco tiempo después, Esopo volvió del mercado y colocó sobre la mesa un plato cubierto por un paño de lino. El mercader levantó el paño y se sorprendió:
—¡Ah!!!, ¿lengua? ¿Por qué escogiste exactamente a la lengua como la mejor comida del mundo?
El esclavo, con la mirada baja, explicó su preferencia:
—¿Qué hay mejor que la lengua, señor? La lengua nos une cuando hablamos. Sin la lengua no podríamos entendernos. La lengua es la llave, el órgano de la verdad y de la razón. Gracias a la lengua se construyen ciudades, gracias a la lengua podemos expresar nuestro amor. La lengua es el órgano del cariño, de la ternura, del amor, de la comprensión. Es la lengua quien torna eternos los versos de los poetas, las ideas de los grandes escritores. Con la lengua se enseña, se persuade, se instruye, se reza, se explica, se canta, se describe, se elogia, se demuestra, se afirma. Con la lengua decimos “madre” y “querida” y “Dios”. Con la lengua decimos “sí”, con la lengua decimos “¡yo te amo”! ¿Puede haber algo mejor que la lengua, señor?
El mercader se levantó entusiasmado:
—¡Muy bien, Esopo! Realmente me has traído lo mejor que hay. Toma ahora esta otra bolsa de monedas. Anda de nuevo al mercado y trae lo que haya de peor.
Después de algún tiempo, el esclavo Esopo volvió del mercado trayendo un plato cubierto por un paño. El mercader lo recibió con una sonrisa:
—Hummm... ya, sé lo que hay de mejor. Veamos ahora lo que hay de peor...
El mercader descubrió el plato y exclamó indignado:
—¡¿Quéee?! ¿Lengua? ¿Lengua otra vez? ¿Lengua? ¿No dijiste que la lengua era lo mejor que había? ¿Quieres ser azotado?
Esopo bajó la mirada y respondió:
—La lengua, señor, es lo peor que hay en el mundo. Es la fuente de todas las intrigas, el inicio de todos los procesos, la madre de las discusiones. Es la lengua la que separa a la humanidad, quien divide a los pueblos. Es la lengua la que usan los malos políticos cuando quieren engañar con sus falsas promesas. Es la lengua la que usan los pícaros cuando quieren estafar. La lengua es el órgano de la mentira, de la discordia, de los malos entendidos, de las guerras, de la explotación. Es la lengua la que miente, la que esconde, engaña, explota, blasfema, insulta. Con la lengua decimos “muere” y “canalla” y “demonio”. Con la lengua decimos “no”. Con la lengua decimos “¡yo te odio!” ¡Ahí está, señor, porqué la lengua es la mejor y la peor de todas las cosas!
El viento y el Sol
El Viento y el Sol disputaban sobre sus poderes, y decidieron conceder la palma al que despojara a un viajero de su camisa.
El Viento empezó primero, soplando con violencia para arrebatarle la camisa al viajero; pero el hombre se agarró la camisa con fuerza. El Viento asaltó entonces con más ímpetu; en cambio, el hombre, molesto por el frío viento, se puso un abrigo.
Entonces fue el turno del Sol, que enseguida empezó a iluminar con sus cálidos rayos, y el hombre se despojó del abrigo; luego el Sol lanzó sus radiaciones más ardientes y el hombre, no pudiendo resistir el calor, se quitó la camisa y fue a refrescarse a un río.
Diógenes y el calvo
Diógenes, el filósofo cínico, insultado por un hombre que era calvo, replicó:
—¡Los dioses me libren de responderte con insultos! ¡Al contrario, alabo los cabellos que han abandonado ese cráneo pelado!
Androcles y el león
Un esclavo llamado Androcles tuvo la oportunidad de escapar un día y corrió hacia la foresta. Y mientras caminaba sin rumbo llegó a donde yacía un león, que gimiendo le suplicó:
—Por favor, te ruego que me ayudes, pues tropecé con un espino y una púa se me enterró en la garra y me tiene sangrando y adolorido.
Androcles lo examinó y gentilmente extrajo la espina, lavó y curó la herida. El león lo invitó a su cueva donde compartía con él el alimento.
Pero días después, Androcles y el león fueron encontrados por sus buscadores. Llevado Androcles al emperador fue condenado a luchar contra los leones.
Una vez en la arena del Coliseo, soltaron un león, y este empezó a rugir. Pero a medida que se le acercó reconoció a su benefactor y se lanzó sobre él para lamerlo cariñosamente y posarse en su regazo como una fiel mascota. Sorprendido el emperador por lo sucedido, supo al final la historia, perdonó al esclavo y liberó en la floresta al león.
El abeto y el espino
Disputaban entre sí el abeto y el espino. Se jactaba el abeto diciendo:
—Soy hermoso, esbelto y alto, y sirvo para construir las naves y los techos de los templos y las casas. ¿Cómo tienes la osadía de compararte conmigo?
—¡Si recordaras —replicó el espino— las hachas y las sierras que te cortan, preferirías la suerte del espino!
El águila de ala cortaday la zorra
Cierto día un hombre capturó a un águila, le cortó sus alas y la soltó en el corral junto con sus gallinas. Apenada, el águila, quien fuera poderosa, bajaba la cabeza y pasaba sin comer: se sentía como una reina encarcelada.
Pasó otro hombre que la vio, le gustó y decidió comprarla. Le arrancó las plumas cortadas y se las hizo crecer de nuevo. Al fin, volvieron a salirle alas nuevas al águila y alzó vuelo. Entonces, apresó a una liebre para llevársela en agradecimiento a su libertador.
La vio una zorra y, con mala intención, le aconsejó diciéndole:
—No le lleves la liebre al que te liberó, sino al que te capturó; pues el que te liberó ya es bueno sin más estímulo. Procura más bien ablandar al otro, no vaya a atraparte de nuevo y te arranque completamente las alas.
El águila y la zorra
Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la idea de que eso reforzaría su amistad. Entonces el águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra, al pie del mismo árbol.
Un día que la zorra salió a buscar su comida y el águila, que estaba hambrienta, cayó sobre las zarzas, se llevó a los zorruelos y ella y sus crías se regocijaron con un banquete…
Regresó la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños. ¿Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su enemigo. En cambio, no pasó mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su traición contra la amistad. Se encontraban en el campo unos pastores sacrificando una cabra, cayó el águila sobre ella y se llevó una víscera que aún conservaba fuego, y la fue a colocar en su nido como alimento para sus polluelos.
Justo entonces sopló un fuerte viento y transmitió el fuego a las pajas. Ardió el nido y los pequeños aguiluchos, que por pequeños aún no sabí
