1,99 €
"Aguafuertes Cariocas" de Roberto Arlt es una obra que se inscribe dentro de la tradición de la crónica literaria, donde el autor despliega un estilo incisivo y mordaz para retratar la vida en Rio de Janeiro. A través de una serie de viñetas que capturan la esencia de la ciudad, Arlt combina su aguda observación social con una prosa rica y vívida, que se distingue por su uso del lenguaje coloquial y un ritmo casi poético. Publicada en 1934, este libro refleja el contexto de una América Latina en transformación, llena de contrastes entre la modernidad y la tradición, haciendo eco de las inquietudes sociales y políticas de la época. Roberto Arlt, nacido en 1900 en Buenos Aires, fue un escritor y dramaturgo que se destacó por su crítica feroz a la sociedad, influenciado por su propia experiencia de vida en un entorno urbano complejo y a menudo hostil. Su obra es, en gran medida, un testimonio de su búsqueda constante de la verdad detrás de las apariencias, y "Aguafuertes Cariocas" no es la excepción; captura su fascinación por las interacciones humanas en contextos que cambian rápidamente, así como su necesidad de trascender los límites de su propia ciudad natal. Recomiendo encarecidamente "Aguafuertes Cariocas" a los lectores interesados en explorar la riqueza cultural de Brasil a través de la mirada crítica de un autor fundamental de la literatura latinoamericana. Esta obra no solo es un hito literario que desafía las convenciones del momento, sino que también ofrece valiosas reflexiones sobre la identidad y la modernidad en un contexto urbano vibrante y lleno de matices. En esta edición enriquecida, hemos creado cuidadosamente un valor añadido para tu experiencia de lectura: - Una Introducción amplia expone las características unificadoras, los temas o las evoluciones estilísticas de estas obras seleccionadas. - La sección de Contexto Histórico sitúa las obras en su época más amplia: corrientes sociales, tendencias culturales y eventos clave que sustentan su creación. - Una breve Sinopsis (Selección) oferece uma visão acessível de los textos incluidos, ajudando al lector a seguir tramas e ideias principais sin desvelar giros cruciais. - Un Análisis unificado examina los motivos recurrentes e los rasgos estilísticos en toda la colección, entrelazando las historias a la vez que resalta la fuerza de cada obra. - Las preguntas de reflexión animan a los lectores a comparar las diferentes voces y perspectivas dentro de la colección, fomentando una comprensión más rica de la conversación general. - Una selección curada de citas memorables muestra las líneas más destacadas de cada texto, ofreciendo una muestra del poder único de cada autor.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2023
Aguafuertes Cariocas reúne, en un solo volumen de autor, la serie de crónicas, notas y apuntes que Roberto Arlt dedicó a Río de Janeiro y sus alrededores durante una estadía que convirtió en materia literaria. Lejos de las novelas, aquí Arlt trabaja su registro de periodista y escritor a la vez: observa, interroga, exagera, nombra. Los textos, originalmente publicados en la prensa porteña, recorren el día y la noche de la ciudad: precios, tráfico, cafés, zoológicos, bibliotecas, oficinas, redacciones, hoteles, estaciones y viajes breves. Con esta colección, el lector accede al laboratorio callejero donde Arlt afila mirada, oído y argumento.
El conjunto despliega una gama de formas breves: crónicas urbanas, escenas de costumbres, ensayos instantáneos, retratos de personajes, digresiones y pequeñas fábulas de observación. Hay secuencias que adoptan el ritmo del cuaderno de viaje, como Diario del que va a viajar en aeroplano y las entradas tituladas Domingo 18, Lunes 19, Miércoles 21 y Viernes 23. Otras piezas funcionan como informes de visita, por ejemplo Redacción de O Jornal, La Redacción y Los otros. También surgen viñetas de itinerario —En la estación, Adentro— y pequeñas indagaciones sobre hábitos cotidianos —¿Y el llamado café «express»?, Pas de propina, Precios—.
La palabra “aguafuerte” nombra, en Arlt, una técnica de escritura: grabar a ácido la estampa de una escena hasta que asome su contorno feroz. El estilo es directo, visual, sincopado. Alterna frases cortas con largas enumeraciones; interpela al lector; levanta hipótesis, las derriba y vuelve a probar. Conviven la ironía y la ternura, la caricatura y la compasión. Aparecen giros rioplatenses junto con topónimos y voces locales, y un vocabulario atento a máquinas, planos, horarios, monedas. La prosa conversa con la calle, el tranvía y el puerto; adopta la urgencia del diario y, sin embargo, busca una forma perdurable.
Los temas que unifican la serie son los de la modernidad urbana y sus fricciones: el trabajo, el tiempo, el ocio, el dinero, el transporte, la vivienda, las jerarquías sociales y raciales, las instituciones de cultura. Títulos como Trabajar como negro, El negro brasileño y Fiesta de la abolición de la esclavitud ponen en superficie el vocabulario y las tensiones de época que Arlt registra con mirada polémica. Otros textos se concentran en economía mínima —Elogio de una moneda de cinco centavos, Precios, Pas de propina—, en la circulación —Cosas del tráfico, Sincronización— o en la percepción de la ciudad —Ciudad sin flores, No hay gorriones, La ciudad de piedra—.
Leídos en continuidad, los textos dibujan la progresión de un viajero que pasa del desconcierto a la familiaridad. Del umbral móvil de Con el pie en el estribo y Ya estamos en Río de Janeiro a los primeros trayectos de Dos horas después, En la estación y Adentro, se despliega una cartografía práctica de hoteles, cafés, tranvías y redacciones. Luego asoman excursiones —Viaje a Petrópolis, La primera hora— y breves diarios de desplazamiento. La ciudad entra y sale por ventanas y portones —Y sale a la calle— mientras se ensayan hipótesis sobre su ritmo —A las once de la noche, Y la vida nocturna ¿dónde está?—.
La vigencia del conjunto reside en su capacidad de hacer legibles, con claridad y humor áspero, cuestiones aún actuales: cómo se organiza una metrópoli, cómo circula el dinero pequeño, qué describe el tránsito, dónde empieza el descanso y termina el trabajo, de qué modo se negocian la cortesía y la desigualdad. En No estamos en Buenos Aires, Amabilidad y realidad o Pas de propina, la comparación implícita con el Río de Janeiro que observa abre un espejo para lectores de distintas ciudades. Más que postales, estas páginas son una máquina de preguntas que hoy sigue encendiendo conversaciones.
Estas aguafuertes se inscriben en el proyecto mayor de Arlt como cronista de un diario porteño, del que forman parte célebres series porteñas y viajes a otras geografías. Aguafuertes Cariocas, al reunir bajo sus títulos originales la deriva brasileña, completa el mapa de un escritor que convirtió la calle en laboratorio y la nota periodística en arte de observación. El propósito de esta colección es ofrecer una lectura continua y accesible de ese ciclo, preservando su tono inmediato y su movilidad de entrega periodística, para que cada lector trace su propia ruta entre estaciones, redacciones, zoológicos, bibliotecas, hoteles y cafés.
Roberto Arlt (1900–1942) consolidó en el periodismo la forma de la aguafuerte, crónica urbana aguda publicada en el diario El Mundo de Buenos Aires desde 1928. A fines de la década de 1920 y comienzos de 1930 viajó a Brasil como enviado especial, y desde Río de Janeiro escribió las piezas reunidas como Aguafuertes Cariocas. El contexto era el de la modernización acelerada sudamericana y el shock de 1929, que afectó precios, empleo y circulación regional. En Brasil, la llamada Primera República llegaba a su ocaso; en Argentina, el ciclo radical agotaba fuerzas. Ese horizonte político-económico condiciona su mirada comparativa, irónica y atenta a la vida cotidiana.
Río de Janeiro, capital federal hasta 1960, había sido profundamente transformada por las reformas de Pereira Passos (1902–1906) y las campañas sanitarias de Oswaldo Cruz. La apertura de avenidas, túneles hacia Copacabana, el ensanche del puerto y el saneamiento del centro crearon una urbe monumental, de piedra y cemento, que Arlt recorre en textos como La ciudad de piedra, Nada de revestimiento, La belleza de Río de Janeiro, Ciudad sin flores y No hay gorriones. Al mismo tiempo, el crecimiento de favelas y la presión inmobiliaria delineaban contrastes sociales visibles. Tranvías, ómnibus y obras de ingeniería ordenaban la movilidad, mientras el paisaje de playa redefinía usos del ocio urbano.
La economía carioca combinaba funciones administrativas, portuarias y de servicios con una industrialización aún limitada. Tras el derrumbe de 1929, la política de valorización del café enfrentó tensiones y el empleo se resintió. Arlt observa jornadas largas, oficios modestos y disciplina laboral en Aquí se labura, Dos obreros distintos o Trabajar como negro, textos que registran lenguajes y prejuicios de su época. El comercio minorista, los hoteles y cafés revelan normas de urbanidad —Pas de propina, ¿Y el llamado café «express»?— y nuevas sociabilidades asalariadas. Todo ello ocurre antes de la legislación social que, en los años treinta, ampliaría derechos bajo gobiernos de inspiración varguista.
La abolición de la esclavitud en Brasil (1888) seguía conmemorándose cada 13 de mayo, fecha que aparece en Fiesta de la abolición de la esclavitud y Los matices. En los años veinte se consolidaban escuelas de samba, mientras ganaba terreno la idea de una «armonía racial» que la investigación posterior problematizaría. Arlt, desde su perspectiva porteña, comenta la vida de negros y mestizos —El negro brasileño, Cuando están solos— con categorías hoy discutidas, pero testifica prácticas, celebraciones y trabajos urbanos. También repara en comunidades migrantes y redes periodísticas —En la caverna de un compatriota, Redacción de O Jornal— que articulaban la circulación de noticias y sociabilidades.
La modernidad tecnológica atraviesa la serie. La coexistencia de tranvías, automóviles y ómnibus congestionaba el centro —Cosas del tráfico, Sincronización—, mientras el ferrocarril seguía vertebrando la región —Divagaciones y locomotoras de fantasía—. La aviación civil, estrenada en Brasil a fines de los años veinte con compañías como Syndicato Condor y nuevas rutas internacionales, alimenta el asombro de Arlt en Diario del que va a viajar en aeroplano y Espérenme, que llegaré en aeroplano. Visitas a zoológicos y serpentarios reflejan una cultura científica popular. Y la red de diarios —O Jornal, parte de los Diários Associados— expresa la expansión empresarial de la prensa y su público masivo.
El consumo y el ocio constituyen otro eje. Desde Sorbetes y refrescos, Precios o Elogio de una moneda de cinco centavos, Arlt examina el costo de la vida y las estrategias ante la contracción económica. Río de Janeiro en día domingo, Castos entretenimientos y Y la vida nocturna ¿dónde está? observan rutinas playeras, paseos, cines y una vida nocturna menos ostentosa que la porteña. La expansión radial de Copacabana y el uso del tranvía acercaban el mar a distintos estratos sociales. La radio —en emisión regular desde 1923—, los cafés y las redacciones tejen una esfera pública que combina cultura popular, publicidad y política cotidiana.
Como cronista, Arlt compara sin cesar. Títulos como No estamos en Buenos Aires, Aquí se labura o Ciudad que trabaja y que se aburre revelan un diálogo implícito entre dos capitales del Cono Sur en plena disputa simbólica por la modernidad. El viajero tematiza el patriotismo y el desencanto —El que desprecia su tierra, El viajero aburrido de su patria— y traza tipologías irónicas —El hombre de pijama a rayas, Tipos raros—. Su método declarado —Sólo escribo sobre lo que veo— acentúa el registro impresionista, pero también la densidad documental de gestos, precios, transportes y modales que hoy permiten reconstruir sensibilidades urbanas interamericanas.
Aguafuertes Cariocas fue leída por los contemporáneos como periodismo de viaje y sátira costumbrista; con el tiempo se volvió testimonio de un umbral histórico: el final de la Primera República brasileña, el impacto regional de 1929 y las tensiones previas a 1930 en Argentina. Reeditadas en compilaciones, estas crónicas han sido revisadas por la crítica como laboratorio de escritura moderna y archivo de percepciones sobre raza, clase y técnica, objeto de debates por su lenguaje y estereotipos. Leídas hoy, dialogan con historias urbanas de Río y Buenos Aires, y con la circulación transnacional de medios que forjó imaginarios compartidos en el sur de América.
Crónicas de arranque que capturan el vértigo de salir con poco equipaje y mucha expectativa, seguidas del primer golpe sensorial ante la ciudad. El tono oscila entre el asombro y la ironía mientras el cronista fija su método: avanzar, mirar y registrar con urgencia.
En sus primeras caminatas, el narrador alterna entusiasmo con pausas de observación minuciosa para tomar el pulso a calles y gestos. Predominan la cadencia conversada, la curiosidad práctica y un humor seco que matiza la fascinación inicial.
Vitrinas, modales y pequeños comercios sirven de laboratorio para entender hábitos y microeconomías locales. Con enumeraciones vivas y comparaciones filosas, el autor arma un mosaico costumbrista que revela la lógica cotidiana detrás de cada compra y gusto.
La ciudad aparece como materia sólida y utilitaria: piedra, practicidad y un decoro sobrio que ordena fachadas y conductas. Arlt contrasta ornamento y función para trazar una ética urbana donde pesan la eficacia, el pudor y un respeto tácito por las reglas de convivencia.
Pequeñas escenas exhiben el código no escrito del trato callejero: turnos, miradas, cortesías y roces. El estilo es de viñeta rápida y observación teatral, con un narrador que encuadra, corta y remata con ironía.
Las expectativas de bohemia se contrastan con horarios, hábitos austeros y placeres discretos. Entre la socarronería y la melancolía, la noche se retrata como un tiempo de contención más que de derroche.
Retratos de oficios, cuerpos en faena y temperamentos urbanos dibujan una sociología de la calle entre elogio del esfuerzo y crítica de los lugares comunes. El narrador perfila arquetipos con una prosa cortante que busca la fisura detrás de la etiqueta. Late la pregunta por el progreso y sus desigualdades, con virajes entre la provocación y el reconocimiento del trabajo.
Del registro de carencias botánicas y pájaros ausentes se pasa a la celebración del paisaje y de obras que domestican la geografía. El contraste subraya una sensibilidad que alterna inventario seco con arrebatos líricos ante el entorno y su dominio técnico.
Rituales de mostrador y monedas menudas revelan jerarquías silenciosas y expectativas de servicio. Con humor contable y ojo clínico, Arlt convierte una taza o una propina en radiografías sociales.
La vida de hotel impone rutinas, encuentros fortuitos y una mirada de transeúnte permanente, que los domingos cambia de ritmo y clima. La serie suma episodios en cadena, reforzando el método de acumulación y la deriva como forma de conocimiento.
Entre estaciones, vagones y cruces, el desplazamiento se vuelve tema: sincronías deseadas, fricciones inevitables y comodidades que dicen tanto como los paisajes. La imaginación técnica y la crítica del caos comparten vías en crónicas de movimiento y espera.
El zoológico funciona como espejo de usos humanos: jaulas, recorridos y nomenclaturas activan asociaciones mordaces. Hay juego y reflexión, incluso metacomentario, en cómo se mira y se ordena lo vivo.
El autor explicita su ética: ver, anotar y evitar la retórica de oídas, con una inocencia táctica que abre puertas. El contrapunto con su ciudad de origen no busca superioridades, sino afinar la comparación.
Consejos prácticos y marcas horarias sirven para medir la ciudad en intervalos de experiencia. La jornada se narra como una coreografía de pequeños alivios y reanudaciones.
Encuentros con enfermos, compatriotas y oficios marinos abren un registro de ternura sobria y distancia justa. Los microdramas evitan el sentimentalismo y apuntan a la dignidad en lo mínimo.
Bibliotecas, redacciones y colegas se vuelven escenarios para pensar oficio, legado y prestigios cambiantes. Con jerga viva y escepticismo hacia la veneración de lo antiguo, el autor sopesa lo útil frente a lo solemne.
Actos, asociaciones y climas festivos exponen capas de memoria y tensiones soterradas. Arlt registra la alegría pública junto a sus bordes ásperos, atento a matices de pertenencia y fricción.
Ensayos sobre la pertenencia y el exilio cotidiano interrogan prejuicios y autoengaños del viajero. La voz oscila entre la admonición y la autocrítica, dejando una ambivalencia fértil sobre dónde estar y cómo mirar.
Los gatos disparan miniaturas observacionales donde el trazo suave convive con el apunte irónico. Incluso en lo lúdico, el autor organiza su mirada como un esquema que atrapa hábitos y ritmos.
El ocio como pacto de supervivencia afectiva sostiene escenas de camaradería, bromas y alianzas. Entre celebración y retranca, se perfila una ética de la amistad que aligera la dureza del día a día.
Cierres que reúnen hilos: lo visto, lo comparado y lo que queda por entender. El tono mezcla modestia y contundencia, enfatizando el método del conjunto y sus temas recurrentes: trabajo, ciudad, carácter y lenguaje.
Excursiones serranas y la expectativa del vuelo organizan una secuencia de aventura técnica y cuaderno íntimo. El diario alterna temores y fascinación, ampliando el mapa de la experiencia y confirmando la curiosidad como motor de la crónica.
(Sábado 8 de marzo de 1930)
Me rajo, queridos lectores. Me rajo del diario… mejor dicho, de Buenos Aires. Me rajo para el Uruguay, para Brasil, para las Guyanas, para Colombia, me rajo…
Continuaré enviando notas. No lloren, por favor, ¡no! No se emocionen. Seguiré alacraneando a mis prójimos y charlando con ustedes. Iré al Uruguay, la París de Sud América, iré a Río de Janeiro, donde hay cada menina que da calor; iré a las Guyanas, a visitar a los presidiarios franceses, la flor y crema del patíbulo de ultramar. Escribo y mi cuore me late aceleradamente. No doy con los términos adecuados. Me rajo indefectiblemente.
Hace una purretada de días que ando como azonzado. No doy pie con bola. Lo único que se aparece ante mis ojos es la pasarela de un piccolo navio. ¡Yo a bordo!
¡Me caigo y me levanto! ¡Uy, dió! Si me acuerdo de mis tiempos turros, de las vagancias, de los días que dormí en las comisarías, de las noches, entendámonos, de los viajes en segunda, del horario de ocho horas cuando laburaba de dependiente de librería; del horario de doce y catorce horas, también, en otro boliche. Me acuerdo de cuando fui aprendiz de hojalatero, de cuando vendía papel y era corredor de artículos de almacén; me acuerdo de cuando fui cobrador (los cobradores me enviaron un día una felicitación colectiva). ¿Qué trabajo maldito no habré hecho yo? Me acuerdo de cuando tuve un horno de ladrillos; de cuando fui subagente de Ford, ¿qué trabajo maldito no habré hecho yo? Y ahora, a los veinte y nueve años, después de seiscientos días de escribir notas, mi gran director me dice:
—Andá a vagar un poco. Entretenete, hacé notas de viaje.
Bueno. El caso es que he trabajado. Sin vueltas. La he yugado cotidianamente, sin un domingo de descanso. Cierto es que mi trabajo dura exactamente treinta minutos, y que luego me mando a mudar a tomar fresco. Pero eso no impide que baile en cuatro pies.
¡Conocer y escribir sobre la vida y la gente rara de las Repúblicas del norte de SudAmérica! Digan, francamente, ¿no es una papa y una lotería?
