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La dulce ave cantora ahora está en mi jaula.
Le debe dinero a la Familia. Mucho dinero. Y yo soy el tipo
al que envían para intimidarla. Así que ahora está tocando en mi casino.
Se pasea por mi escenario en sus pantalones cortos y ajustados. Matándome suavemente.
Le prometí que la tratarán con respeto mientras haga lo que le diga.
Pero no contaba con que entrara de golpe a mi oficina y me tentara,
con que rogara por probar mi autoridad.
No contaba con que se volviera parte de mí.
Y ahora lo último que quiero es que salde su deuda.
Porque entonces tendría que liberarla.
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Veröffentlichungsjahr: 2022
Libro Gratis
Capítulo uno
Capítulo dos
Capítulo tres
Capítulo cuatro
Capítulo cinco
Capítulo seis
Capítulo siete
Capítulo ocho
Capítulo nueve
Capítulo diez
Capítulo once
Capítulo doce
Capítulo trece
Capítulo catorce
Epílogo
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Acerca del Autor
Título original: Ace of Hearts
© 2020 Renee Rose y Renee Rose Romance
Todos los derechos reservados. La presente copia SOLO está destinada para el comprador original de este libro electrónico. Queda prohibida la reproducción, distribución y/o transmisión de este libro electrónico por cualquier medio, electrónico o mecánico, sin la autorización por escrito del autor. No contribuya ni fomente la piratería de materiales protegidos por las leyes de derechos de autor. Solo compre ediciones autorizadas.
Publicado en los Estados Unidos de América
Renee Rose Romance,
Traducción:
Vanesa Venditti
El presente libro electrónico es una obra de ficción. Si bien puede hacer referencia a hechos históricos o localidades reales, los nombres, personajes, lugares y eventos son producto de la imaginación del autor o son usados de forma ficticia, y cualquier parecido a personas reales, vivas o muertas, establecimientos comerciales, eventos o lugares es puramente coincidencia.
El presente libro contiene descripciones de muchas prácticas sexuales y de BDSM, pero sigue siendo una obra de ficción y, por lo tanto, no debe usarse como una guía por ningún motivo. El autor y la casa editorial quedan exentos de responsabilidad en caso de pérdidas, daños, lesiones o muertes ocasionados por el uso de la información contenida en él. En otras palabras, ¡no intente esto en casa!
Creado con Vellum
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Pepper
Sabes que tu carrera llegó a un límite aún más bajo cuando te contratan por ocho semanas para trabajar en Las Vegas.
Miro fijo a la gigante marquesina con mi nombre en luces de neón mientras la limusina estaciona frente al Casino Hotel Bellissimo. No me importa si el Bellissimo es el lugar más lujoso y a la moda de La ciudad del pecado, sigue siendo Las Vegas. El antro donde caen los artistas por su bajo nivel de estrés y dinero fácil. Usualmente después de que se termine su fama.
¿Así que por qué carajo estoy aquí a veinte meses de lanzar un álbum y ni catorce horas después de mi última presentación en una gira agotadora?
Por culpa de Hugh; el pendejo de mi representante que me vendió.
Y ahora mis padres, Hugh y yo tenemos un millón de problemas que solo yo puedo solucionar.
Anton, mi guardaespaldas, sale primero y luego me ofrece su mano para ayudarme. La ignoro porque, sí, tengo veintitrés años, así que soy del todo capaz de salir yo misma de un auto y no soy tan superficial como para querer ayuda, aunque aprecio el gesto. Me bajo y muevo hacia abajo la falda de mi vestido baby doll con tiras que combiné con un par de Doc Martens destartalados color rojo ladrillo, y me quito los auriculares mientras todavía suena el álbum de RadioHead.
Una mujer de cuarenta y pico en un vestido azul y tacos cruza la puerta y se dirige directo a Hugh. Detrás de ella, un hombre enorme con hombros amplios mira, parado justo afuera de la puerta decorada con oro.
Me mira a mí.
Eso no es poco común. Soy estrella de pop después de todo, pero es la manera en la que me mira lo que envía señales de alerta disparadas por mis venas. Su manera de observar muestra poco asombro y es callada y su exquisito traje italiano lo delata.
Es Tony Brando, el tipo que ahora es mi dueño.
Lo reconozco. Estuvo en mi recital en Vancouver, y luego otra vez en Denver.
Es la razón por la que estamos aquí aunque esté a tres horas de un colapso total, cerca de perder la voz y realmente desesperada por estar a solas un rato.
Por supuesto, aunque la mafia no me persiguiera por casi un millón de dólares, es probable que Hugh igual me tuviera reservada hasta el próximo siglo. Sus planes o los de mis padres nunca consideraron mi bienestar cuando se trata de mi carrera.
Hace dos años le dije a Hugh que necesitaba un descanso. Algo de tiempo para encontrar mi inspiración de nuevo y componer la música que me llevó directo a la fama en primer lugar. Quería refugiarme en un estudio para grabar mi próximo álbum, lo que solucionaría los problemas de dinero en los que se metieron mis padres el año pasado por unas malas inversiones.
Pero Hugh tenía un plan infalible.
Un plan idiota y peligroso que mis padres y yo confiamos a ciegas en que ejecute.
—Bienvenida, señorita Heart. Soy Angela Torrino, directora de eventos. El Bellissimo se entusiasma mucho por tenerla aquí, como puede ver. —Ella hace un gesto al cartel de neón de treinta metros que tiene mi nombre en luces y se ubica sobre la franja.
Muevo la cabeza e intento forzar una sonrisa. Trato de no mirar el traje a rayas que acecha detrás de ella.
Hugh la rodea y se pone al mando, como siempre.
—Gracias por hacer los arreglos, señorita Torrino. —Le aprieta la mano—. Ahora si pudiera darnos acceso al escenario, comenzaremos a descargar para que Pepper pueda ensayar antes de su presentación esta noche.
Claro. Ensayar. Ahora. Porque Dios sabe que en serio sería un sacrilegio tener un día de descanso después de viajar y antes de tener que actuar. O siquiera una hora.
Sigo a Hugh y a la señorita Torrino hasta las puertas del casino/hotel con Anton detrás de mí y un poco a la izquierda.
La señorita Torrino se detiene y le presenta el hombre grande de la puerta a Hugh. Brando la ignora y da un paso al frente. Sus movimientos son elegantes para un hombre de por lo menos dos metros. Es claro que su mirada se enfoca en mi rostro y no en la forma guau-conoceré-a-la-famosa-joven-estrella-de-rock-Pepper-Heart. No, es más como un gran lobo malo que mide a su presa.
Su mirada pasa por encima de mi boca, luego más abajo, hacia mis senos sin sostén y hasta mis piernas descubiertas. Luego sube una vez más a un ritmo más placentero, y al final se queda en mis ojos.
Estoy bastante segura de que le gusta lo que ve, pero no tiene una mirada lasciva. La sonrisa burlona sobre su boca es más de satisfacción, como si yo fuera un vino exquisito que le acaban de entregar y estuviera saboreando mi buqué.
Mi estómago se hace un nudo.
—Señorita Heart, este es Antonio Brando, uno de los directores de funcionamiento aquí en el Bellissimo, —dice de forma alegre la señorita Torrino detrás de él. Me gustaría decir que su rostro grande y tenebroso lo hace feo, pero sería una mentira. Incluso con las líneas de cicatrices que dañan su mandíbula robusta, su frente y su mejilla izquierda es hermoso. Como alguna especie de semidios romano que enviaron a la Tierra para destrozar a los hombres y conquistar a las mujeres hasta que todos los humanos inferiores estuvieran domesticados.
No me ofrece su mano. Yo tampoco lo hago. De hecho, le dedico mi mejor mirada de vete a la mierda; la que suelo reservar para Hugh.
—Estoy ansioso por ver tu presentación esta noche. —Su barítono se mueve por mi interior; vibra justo entre mis muslos.
En serio desearía que mi cuerpo no tuviera esta reacción ante su cercanía porque preferiría odiar a este hombre y que no me excitara. Pero es puro poder masculino; irradia seguridad y control silenciosos.
Y amenaza.
Sí, hay un trasfondo de violencia en él que me da escalofríos.
Junto los labios con fuerza porque no puedo pensar en algo que decirle que no haga que quiera romperme las rodillas. Y estoy bastante segura de que esas cosas suceden aquí. La familia del crimen Tacone es la dueña y la que dirige el Bellissimo. Además, y lo que es incluso más importante, no quiero que escuche el estado de mi voz. Casi no tengo. Llevo enferma varias semanas, y para ser honesta no sé si pueda sobrevivir este último tramo en Las Vegas.
Hugh se acerca rápido a mi lado y me toma del codo de esa forma posesiva que tiene.
—Vamos, te llevaremos al escenario para que puedas ensayar. Esta noche no quiero metidas de pata.
Agacho la cabeza y lo sigo, no porque esté de acuerdo con que necesite el tiempo de ensayo, sino porque quiero escaparme de la mirada ardiente de Brando.
Tan pronto como pueda.
Hugh me toma más fuerte del codo mientras nos movemos por el casino.
—¿Quieres hacer que nos maten a todos? —me dice entre dientes en el oído; su aliento apesta a café amargo.
—Creí que ya te habías encargado de eso, —digo de forma rasposa en mi tono más seco y aburrido; el que hace que se vuelva loco. Luego dejo de escuchar el sermón mientras los invitados del Bellissimo gritan mi nombre y comienzan a tomarme fotografías. Sonrío y les hago el gesto de la paz mientras caminamos por el casino en un largo desfile desde la puerta principal hasta el auditorio donde el autobús de mi gira está estacionado en la salida de atrás. Claro que podríamos haber entrado por ahí desde un comienzo, pero esta es la estrategia de Hugh para asegurarse de que todos sepan que hay alguien famoso en el edificio, para publicitar el espectáculo. Los miembros de la banda y los encargados del equipo tienen el lujo de quedarse tranquilos en la parte de atrás.
Aunque para ser honesta no me molesta. Amo a mis seguidores. Son la razón por la que escribo música. La razón por la que canto.
Un revoltoso grupo de chicos de fraternidad empuja muy cerca y se mete en mi espacio para sacarse selfis conmigo. Anton les ladra para que se vayan hacia atrás, protege mi cuerpo con el suyo, pero de repente la seguridad del casino nos envuelve y forma una burbuja protectora.
—No lo sé, solo tiene un guardaespaldas, —dice uno de ellos mientras habla por una unidad de comunicaciones, y luego—, entendido, Tony. Nos quedaremos con ella en todo momento.
Tony.
Me giro para mirar a mi gran protector. Camina de forma casual detrás de nosotros; sus labios se mueven mientras le da órdenes al personal. Nuestras miradas se encuentran y se quedan así; la suya es oscura, prometedora.
Mi corazón se acelera.
Quiero ir hacia atrás y decirle las cosas que me contuve cuando estábamos afuera, pero es como si la Tierra se derrumbara bajo mis pies. Las placas tectónicas se desplazan y se mueven, se reacomodan.
Puedo haber pensado que podía manejar Las Vegas. Manejar mis obligaciones en el Bellissimo. Entrar, salir; contener mi colapso nervioso hasta que todo acabara. Pero ahora que conocí a Tony Brando, sé que esto es demasiado.
Es difícil imaginar sobrevivir este trabajo con el alma intacta.
Tony.
Merda. Pepper Heart no es para nada como lo que esperaba. Me imaginé que sería una chica fiestera; una joven estrella de rock malcriada que había tirado su dinero por la ventana. Eso o una niña que necesitaba madurar, quizás con padres o un representante que habían manejado muy mal su carrera y sus finanzas. Y todavía puede que la última opción sea la correcta, pero Pepper no es una niña y tampoco una estrellita insulsa.
Es una mujer en todo sentido.
Una mujer hermosa con piernas esbeltas y musculosas como las de una bailarina. De tetas jóvenes, sin sostén (sí, mierda, sin sostén) que se mueven debajo de ese dulce vestidito babydoll como si rogaran que las lamieran. Tiene el cabello voluminoso con un corte por encima de los hombros, un tono platinado con una capa rosa por debajo y un delineado negro grueso alrededor de esos ojos. Esos ojos que fueron los que me quitaron el prejuicio que tenía sobre de ella. Grandes, profundos, del color caramelo cálido: están llenos de dolor.
Y si vuelvo a ver que ese pendejo que tiene por representante la agarra del codo como lo hizo, tiraré tan fuerte de su corbata que le quedarán los ojos saltones.
Lo juro por la Madonna.
Les ordeno a mis hombres que la tengan vigilada a toda hora porque no me gusta el hecho de que solo tenga un guardaespaldas y sus seguidores quieren acercarse bastante a ese cuerpito maduro que tiene.
Sigo a su séquito a cierta distancia y me digo a mí mismo que es solo para asegurarme de que cumpla con las obligaciones que tiene conmigo. Con Nico. Y con Junior.
Pepper Heart les debe bastante dinero a los Tacone y es mi trabajo asegurarme de que lo pague. Diría que tiene suerte de que tiene talento y seguidores para que yo consiga ese dinero, pero no es suerte. Junior Tacone sabía lo que hacía cuando le prestó 900 000 para producir y lanzar su último álbum y su gira mundial, que tuvo una venta floja. Sabía que podía ponerla a trabajar en el Bellissimo. Para siempre, si es necesario.
Esa dulce ave cantora ahora está en mi jaula.
Y mierda que quisiera que fuera una estrella malcriada y maleducada que bebiera y estuviera de fiesta durante la gira. Porque no me gusta presionar a una mujer.
Tengo un gran problema con eso, de hecho.
Siempre fue mi punto débil.
El don le advirtió a su hijo Nico acerca de mí cuando nos envió a Las Vegas juntos hace años. Cuando Nico decidió valerse por sí mismo lejos de Chicago, Don Tacone dijo,
—Confía en Tony. Será tu soldado más leal. Pero nunca le pidas que lastime a una mujer. Y nunca lastimes a una mujer. O sino perderás todas las apuestas.
El don lo sabía. Miró para otro lado mientras yo intentaba solucionar los problemas de mi niñez. Me llené las manos y el alma de sangre al estilo vigilante.
Así que espero por Dios que el espectáculo de Pepper se venda por completo, que logremos saldar su deuda y la saquemos de aquí sana y salva.
Porque no me gustaría hacerla conocer el tipo de violencia de la que soy capaz. Lo que he hecho desde que le vendí mi alma al diablo que es el señor Tacone
Paro a una de las meseras que sirven tragos.
—Lleva una botella de nuestra mejor champaña al camarín de la señorita Heart con mis felicitaciones.
No es porque me sienta culpable.
Es solo para limar las asperezas entre nosotros. Un gesto de bienvenida, para mostrarle que la tratarán con respeto mientras haga lo que se le diga.
Definitivamente no es porque me importe una mierda lo que piense de mí. O porque esa miradita sensual que me dedicó cuando nos presentaron me haya puesto más duro que una piedra.
No debería celebrar el hecho de que no tenga miedo.
Hacer que se sienta tranquila no es parte de este trabajo en lo más mínimo.
Pepper
Voy hasta mi camarín y me limpio la transpiración con la pequeña toalla de mano que me pasa Izzy, la directora de escena que viste botas militares y tiene el cabello azul. Me da una palmada en el hombro poco entusiasta, como diciendo, Sí, esto apesta.
Es del tipo de personas calladas y pensativas, pero últimamente me llega una onda empática de ella. Como si supiera que el barco se hunde.
Hugh me obligó a repasar cada parte de la coreografía, aunque ya la hicimos sesenta y cuatro veces en los últimos tres meses. Sí, dije coreografía.
Es humillante y triste. Puede que haya empezado como una cantante emo alternativa, pero los productores hace rato que me metieron en el papel de estrella pop. Lo que significa que tengo bailarines de fondo. Y tengo que bailar con ellos.
No me hace cantar. Pero eso es porque no puedo. O sea, literalmente, si intentara cantar ahora, la laringitis me dejaría muda para cuando comenzara el recital. Y aun así tendría que por lo menos hablarles a mis seguidores.
Porque si no puedo hacer eso, no podemos hacer que funcione el vergonzoso playback que me obligaron a hacer las últimas tres noches.
Mi estómago por retuerce con la vergüenza que me da.
Si esto sale a la luz, mi carrera estará acabada.
Tendríamos que haber cancelado el resto de la gira hace tres semanas cuando me enfermé y colapsé al bajar del escenario. Pero no podemos.
No con Tony Brando vigilándonos de cerca.
El espectáculo debe continuar.
Abro la puerta de mi camarín y encuentro una hielera de champaña con una botella de Moet. La tarjeta a su lado dice, Felicitaciones de Tony Brando.
Doblo mis dedos hasta formar puños. Quizás estoy loca. Quizás llegué a mi límite, pero el gesto me provoca una ira pura que me recorre. Una cosa es obligarme a denigrarme al actuar en su maldito casino. Otra cosa es regodearse. O hacer como si fuera una huésped de honor cuando en realidad soy su maldita esclava.
Levanto la botella del cuello y salgo rápido, todavía en mi camiseta corta que está empapada de transpiración y unos calzones ajustados. Salto para bajarme por el frente del escenario.
—¿Adónde vas, Pepper? —Me llama Farley, mi guitarrista de dieciocho años. Su gemelo idéntico, Scott, se para detrás de él. Contratar a los Gemelos Asombrosos a los que educaban en su casa fue una de las mejores ideas de Hugh hace ya unos años. Fue un plan efectista que se hizo con el propósito de aprovechar los artículos de prensa, pero en realidad son geniales. Es fácil trabajar con ellos, tienen muchísimo talento y son tipos buenos en general.
—¿Está todo bien? —Me pregunta Izzy.
—Tendré una charla con la gerencia. —Vuelvo pisando fuerte por el teatro vacío y salgo por la puerta.
—¿Perdón? ¿Puedes decirme dónde encontrar a Tony Brando? —Le pregunto a un tipo de seguridad que está en la puerta.
Sus ojos se salen de sus órbitas, y es probable que esté sorprendido de verme sin seguridad; busca a tientas el auricular en su oreja.
—Eh, sí. La llevaré con él, señorita Heart. Por aquí.
Me lleva por el casino.
Y sí. Debería haberme cambiado antes. Porque en definitiva no estoy pasando desapercibida. Absolutamente todos me miran boquiabiertos cuando paso. El tipo de seguridad hace lo mejor que puede para taparme con su cuerpo, lo que en serio es dulce. Llegamos a un pasillo de oficinas donde llama a una puerta, luego la empuja para abrirla cuando gruñen desde adentro.
Él inclina la cabeza y levanta una mano despreciativa.
—Aquí está, señora Heart. El señor Brando para usted.
El marco enorme de Tony se levanta desde atrás del escritorio; sus ojos viajan por mí con la misma tranquilidad satisfactoria con la que lo hicieron afuera, solo que esta vez, hay algo de sorpresa. Curiosidad.
La puerta se cierra detrás del guardia de seguridad. Brando no dice nada, solo levanta una ceja.
Mi estómago está empujado tan hacia arriba que se esconde detrás de mis costillas y evita que mis pulmones se expandan. Jadeo. De repente soy muy consciente de la forma en la que mi camiseta empapada de sudor se amolda a mis senos, a mis pezones punzantes contra el sostén armado. Del hecho de que mis pantalones cortos de baile son poco más que un par de bragas.
Y al juzgar por la manera en la que Brando se desajusta la corbata, diría que mi atuendo le parece tan provocativo como debería serlo (desde la seguridad del escenario). No así de cerca en la oficina lujosa de un sicario de la mafia.
Tomo la botella de champaña con más fuerza y la levanto.
—¿En serio? ¿Champaña? —Le digo de mala manera. No debería ser tan descuidada con mis cuerdas vocales, pero por suerte mis palabras salen de forma clara; solo hay un pequeñísimo dejo rasposo.
Él inclina la cabeza hacia un costado, como si tratara de decodificar mis palabras.
Voy hacia adelante y apoyo la champaña con un golpe fuerte.
—Usted y yo sabemos que es mi dueño, señor Brando. —Miro de forma desvergonzada sus ojos con pestañas oscuras—. Pepper Heart, S.A. le debe dinero y tendrá su parte como sea que pueda conseguirla. Así que puede dejar de lado las cenas y el vino. Si me cobrará el pago a la fuerza a mí, —aprieto mis pechos con fuerza— entonces póngase lubricante y hágalo. Si no, maldita sea, déjeme en paz.
La sorpresa aparece en su rostro y luego sus cejas se bajan del todo. Camina sigiloso hacia mí y le da la vuelta a su escritorio como un león gigante, elegante y terrorífico. Me lleva todo mi esfuerzo mantenerme en mi posición, con el mentón en alto, con rebeldía en la mirada.
Me acorrala contra el escritorio hasta que mi trasero está encima del borde y uno de sus muslos está entre los míos. Está tan cerca que siento su calor por todos lados, y aun así de algún modo logra no tocarme. Mi respiración queda atrapada en mi garganta.
—Ay, cariño. —Su voz es profunda y retumba; sus ojos brillan con oscuridad y enojo. Puedo respirar por un momento su perfume: no son cigarros ni cuero como podría haber imaginado. No, son granos de café y especias térreas—. No tengo que pagar por sexo. Y definitivamente nunca lo forzaría. —Se tensa un músculo en su mandíbula—. Quien sea que te diga algo diferente es un mentiroso.
Mis pezones arden; están tan duros. Juraría que siento el calor de su muslo justo entre mis piernas. Si solo me balanceara hacia abajo, podría aliviar el dolor allí.
Como si leyera mis pensamientos exactos, su mirada va hacia abajo entre nosotros hasta los puntos de mis pezones erectos y a mis piernas abiertas alrededor de la suya.
—Pero si te excita sentir que tienes dueño —levanta sus nudillos hacia mi pezón izquierdo para frotarlo de la forma más leve, como viendo si me moveré— podría seguirte la corriente. —-Su voz es más grave, más suave.
La idea es absurda, pero Dios me salve, muevo mi pelvis hacia adelante, froto mi pequeño y necesitado clítoris contra la pierna de su pantalón.
El respira de forma temblorosa y un músculo se tensa en su mandíbula llena de cicatrices. Si hubiera mostrado más arrogancia, si se hubiera burlado de mí, le hubiera dado un rodillazo en las bolas; tengo el ángulo perfecto para hacerlo. Pero me tranquiliza ver cómo lo afecto. Me hace más atrevida. Me froto un poco más.
Él apoya una mano sobre el costado de mi trasero e inhala, como si estuviera respirando mi esencia. Luego me pellizca un pezón entre los nudillos; mi vagina se tensa.
Pero por suerte, mi cerebro vuelve a funcionar. Este es el tipo que amenazó con lastimar físicamente a Hugh. Es una amenaza mortal para mí y para mi familia. Solo porque sea un cacho de carne sensual de más de noventa kilos, solo porque parezca saber más acerca de lo que me excita que yo, no es razón suficiente para ofrecerme a él.
Me bajo del escritorio y quedo contra su cuerpo duro y musculoso; empujo su torso con las manos hasta alejarlo.
Por suerte se aleja de inmediato.
Después de la forma en la que se enojó con mi acusación hace un rato, no me sorprende. Parece que Tony Brando funciona bajo algún código de ética que involucra tratar a las mujeres con respeto.
Bien por él.
No significa que yo quiera meterme con su sensual masculinidad italiana.
Tony.
Pepper abre la puerta de mi oficina y la lucha entre esconder mi miembro duro y dejarla irse de allí sin un guardaespaldas se hace realidad. Maldigo por lo bajo y la sigo.
—Espera, —llamo a su pequeño trasero duro. Porque, sí, ahí es donde no puedo evitar poner la atención. Tiene puestos esos pequeños pantalones cortos (esos malditos pantalones cortos diminutos) que son de licra y le dejan la mitad de los cachetes expuestos.
Y tiene un trasero super ardiente. Musculoso, curvilíneo. Lindo.
—No te dejaré salir de aquí sin un guardaespaldas.
Me ignora y sigue yendo de un lado al otro por el pasillo. Mueve esas caderas a propósito.
La alcanzo rápido con mis piernas largas, y tengo que trabajar duro para evitar golpearle el trasero.
—La próxima vez que te pasees por este casino en tus bragas tendré que dejarte el trasero rosa con unas nalgadas, —gruño detrás de ella.
Me levanta el dedo del medio, pero cuando mira por encima de su hombro, veo una sonrisa burlona. Y se sonroja un poco.
Bien. La entendí bien. Puede que la haya ofendido; puede odiar que sea el tipo que la controla, ¿pero sexualmente? Sexualmente, está algo interesada.
