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A menudo escuchamos, por boca de escritores, gramáticos y cargos públicos, entusiastas loas a la lengua española: su grandeza, su hermosura, su elegancia. Ante estos calificativos cabe preguntarse: ¿Atienden a motivos meramente lingüísticos o más bien laten en ellos implicaciones étnicas, culturales y políticas? Autorretrato de un idioma presenta una serie de textos fundamentales en los que distintos estamentos han abordado algunas cuestiones relacionadas con el español: desde su expansión vinculada al imperio hasta las recientes polémicas del lenguaje inclusivo. A continuación, distintas voces representativas de las distintas variedades de nuestra lengua, analizan dichos fragmentos y los ponen en contexto para revelar sus implicaciones últimas, y así reconocer la lengua como un territorio ideológico en disputa.
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Seitenzahl: 984
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Autorretrato de un idioma
Crestomatía glotopolítica del español
José del Valle, Daniela Lauria,Mariela Oroño y Darío Rojas (eds.)
Autorretrato de un idioma
Crestomatía glotopolítica del español
José del Valle, Daniela Lauria,Mariela Oroño y Darío Rojas (eds.)
Primera edición, marzo de 2021
© de cada texto, sus respectivos autores
© Editorial Lengua de Trapo
Calle Corredera Baja de San Pablo, 39
28004, Madrid
Colección Ensayo
Diseño de colección: Alejandro Cerezo
Directores de colección: Jorge Lago y Manuel Guedán
Diseño de cubierta y maquetación: Alicia Gómez (malisia.net)
Corrección: Natalia Bengochea y María Florencia Sartori
www.lenguadetrapo.com
ISBN: 978-84-8381-261-7
Depósito Legal: M-30757-2020
Impreso por Kadmos
Impreso en España
Texto publicado bajo licencia Creative Commons. Reconocimiento —no comercial—. Sin obra derivada 2.5. Se permite copiar, distribuir y comunicar públicamente por cualquier medio, siempre que sea de forma literal, citando autoría y fuente y sin fines comerciales.
Índice
Acerca de las autoras y los autores
Autorretrato de un idioma: metalenguaje, glotopolítica e historia
José del Valle, Daniela Lauria, Mariela Oroño y Darío Rojas
1. Fragmentos de Espéculo, Estoria de España, General estoria y Libro de la ochava esfera, de Alfonso X (1255-1280)
Comentario de Donald N. Tuten
2. «Prólogo» de la Gramática de la lengua castellana, de Antonio de Nebrija (1492)
Comentario de Vicente Lledó-Guillem
3. Los col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa, de Cristòfol Despuig (1557)
Comentario de Vicente Lledó-Guillem
4. Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias y Orozco (1611)
Comentario de Soledad Chávez Fajardo
5. Quijote, de Miguel de Cervantes (1615)
Comentario de Miguel Martínez
6. Apología en defensa de la Doctrina Cristiana escrita en Lengua Guaraní, de Antonio Ruiz de Montoya (1651)
Comentario de Mateo Niro
7. «Prólogo» al Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española (1726)
Comentario de Susana Rodríguez Barcia
8. «Para que los Indios aprendan el Castellano», del arzobispo Antonio de Lorenzana y Buitrón (1769)
Comentario de Bárbara Cifuentes
9. FRAGMENTOS DEL CONSEJO DE CASTILLA, DECRETOS DE NUEVA PLANTA Y REALES CÉDULAS (1707-1716 Y 1768-1770)
Comentario de Carla Amorós Negre
10. Fragmentos de textos de martín sarmiento (1732-1776)
Comentario de Henrique Monteagudo
11. Fragmentos varios (1555-1780) sobre los jesuitas y las lenguas generales en el Perú colonial
Comentario de Juan Carlos Godenzzi
12. «Un gaucho de la Guardia del Monte», de Bartolomé Hidalgo (1820)
Comentario de Pablo Rocca
13. «Federación literaria» en La Miscelánea de Bogotá (1825)
Comentario de Daniela Lauria
14. Real Orden (25 de abril de 1844)
Comentario de Laura Villa
15. «Introduccion del adicionador», de Vicente Salvá (1846)
Comentario de Susana Rodríguez Barcia
16. «Prólogo» de la Gramática de la lengua castellana, de Andrés Bello (1847)
Comentario de Carolina Chaves O’Flynn
17. «Formación del Diccionario Hispano-americano», de Ramón Sotomayor Valdés (1866)
Comentario de Darío Rojas
18. «Academias Americanas Correspondientes de la Española», de Fermín de la Puente y Apezechea (1873)
Comentario de Lidia Becker
19. «Debate por la Ley 984 - Reglamentando la libertad de enseñanza», República Argentina (1878)
Comentario de María López García
20. «España en Oriente. Los ĵidiós españoles» (1883)
Comentario de Yvette Bürki
21. «La lengua castellana», de Juan Zorrilla de San Martín (1892)
Comentario de Mariela Oroño
22. «Antecedentes y consiguientes», de Ricardo Palma (1896)
Comentario de José Carlos Huisa Téllez
23. La Guinea Española (1903)
Comentario de Susana Castillo-Rodríguez
24. «Magna Patria», de José Enrique Rodó (1905)
Comentario de Pablo Rocca
25. «Su majestad la Lengua Española», de Miguel de Unamuno (1908)
Comentario de Aurélie Vialette
26. Fragmentos de textos de Rubén Darío (1890-1915)
Comentario de Diego Bentivegna
27. «Formación de una poesía típicamente filipina», de Fernando Ma. Guerrero (1916)
Comentario de Mauro Fernández
28. Observaciones sobre el español en América, de Pedro Henríquez Ureña (1921)
Comentario de Juan R. Valdez
29. El papiamento. La lengua criolla de Curazao. La gramática más sencilla, de Rodolfo Lenz (1926)
Comentario de Juan Antonio Ennis
30. «Elogio del gotán», de Last Reason (1926)
Comentario de Oscar Conde
31. Decreto 3.876, Chile (1927)
Comentario de Iván Jaksić
32. «España y el sudoeste de los Estados Unidos», de Federico de Onís (1943)
Comentario de Fernando Degiovanni
33. Fragmentos de textos de Bernardo Houssay y Pío del Río Hortega (1936, 1937 y 1959)
Comentario de Pablo von Stecher
34. Un dilema valenciano, de Lluís V. Aracil (1966)
Comentario de Roberto Bein
35. Constituciones españolas (1931 y 1978)
Comentario de Xoán Carlos Lagares
36. «Botella al mar para el dios de las palabras», de Gabriel García Márquez (1997)
Comentario de Elvira Narvaja de Arnoux
37. «El monstruo bicéfalo», de Fernando Vallejo (1998)
Comentario de Víctor García Ramírez
38. Fragmentos del discurso de Víctor García de la Concha (2001) y de La nueva política lingüística panhispánica (2004)
Comentario de María Florencia Rizzo
39. «Las cifras de las letras», de Juan Ramón Lodares (2004)
Comentario de Vítor Meirinho
40. Documentos sobre las lenguas amazige y árabe ceutí en Melilla y Ceuta, España (2006)
Comentario de Adil Moustaoui Sghir
41. «Manifiesto por la lengua común» (2008)
Comentario de Graciela Barrios
42. «Carta de intenções entre o Instituto Cervantes e o Ministério da Educação da República Federativa do Brasil» (2009)
Comentario de María Teresa Celada
43. «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», de Ignacio Bosque (2012)
Comentario de Mercedes Bengoechea
44. «Por una soberanía idiomática» (2013)
Comentario de Pablo Albertoni
Referencias bibliográficas
Acerca de las autoras y los autores
Pablo Albertoni es docente e investigador del Departamento de Psico- y Sociolingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Uruguay).
Carla Amorós Negre es profesora e investigadora en el área de Lingüística General del Departamento de Lengua Española de la Universidad de Salamanca.
Elvira Narvaja de Arnoux es profesora emérita de la Universidad de Buenos Aires. Dirige la Maestría en Análisis del Discurso en la Facultad de Filosofía y Letras. Sus áreas de investigación son Glotopolítica, Análisis del Discurso y Pedagogía de la Escritura.
Graciela Barrios es docente libre (exprofesora titular) del Departamento de Psico- y Sociolingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Uruguay). También es Investigadora Nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (ANII).
Lidia Becker es docente e investigadora en el área de Lingüística Románica e Hispánica en el Instituto de Estudios Románicos de la Universidad de Hannover.
Roberto Bein es profesor consulto de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es, además, docente de posgrado e investigador en Políticas Lingüísticas y Traductología en diversas universidades argentinas y en la Universidad de la República (Uruguay).
Mercedes Bengoechea es catedrática de Filología Inglesa en la Universidad de Alcalá de Henares y una de las principales defensoras del lenguaje no sexista en España. Su libro más reciente es Lengua y género (2015).
Diego Bentivegna es docente en las Universidades de Buenos Aires y de Tres de Febrero (Argentina) e investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).
Yvette Bürki es profesora de Lingüística Hispánica en la Universität Bern (Suiza).
Susana Castillo-Rodríguez es docente e investigadora en el Departamento de Lenguas y Literaturas de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Geneseo.
María Teresa Celada es docente e investigadora del área de Lengua Española y Literaturas Española e Hispano-americana en la Universidad de São Paulo desde 1992 y actúa en el programa de posgrado homónimo de esa misma institución.
Carolina Chaves O’Flynn es profesora asistente del Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras en Queensborough Community College de la Universidad Pública de Nueva York (CUNY).
Soledad Chávez Fajardo es profesora de la Universidad de Chile. Forma parte del Departamento de Lingüística y dicta clases en las áreas de Lingüística Histórica y Lexicografía Española.
Bárbara Cifuentes es profesora-investigadora del Posgrado en Lingüística de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (México), donde imparte los cursos Políticas Lingüísticas en México e Historiografía Lingüística.
Oscar Conde es profesor en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE) y en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Sus temas de investigación son la cancionística popular argentina, el lunfardo y la literatura lunfardesca.
Fernando Degiovanni es profesor titular de Literaturas y Culturas Latinoamericanas del Centro de Estudios de Posgrado (Graduate Center) de la Universidad Pública de Nueva York (CUNY) y presidente del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana.
José del Valle es docente e investigador en las áreas de Lingüística y Culturas Latinoamericanas, Ibéricas y Latinas del Centro de Estudios de Posgrado (Graduate Center) de la Universidad Pública de Nueva York (CUNY).
Juan Antonio Ennis es investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) con sede de trabajo en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET) y profesor adjunto de la cátedra de Filología hispánica de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina).
Mauro Fernández es catedrático de Lingüística General de la Universidad de A Coruña, actualmente profesor emérito.
Víctor García Ramírez es candidato doctoral en el programa Latin American, Iberian and Latino Cultures del Graduate Center-CUNY. Ha sido profesor en la Universidad Central de Venezuela y actualmente dicta clases en Hunter College en Nueva York.
Juan Carlos Godenzzi es profesor titular en el programa de Estudios Hispánicos del Departamento de Literaturas y Lenguas del Mundo (DLMO) de la Universidad de Montreal.
José Carlos Huisa Téllez es docente e investigador en las áreas de Español como Lengua Extranjera, y de Lingüística Hispánica y Cultura Latinoamericana en el Seminario de Lenguas Románicas de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania).
Iván Jaksić es historiador. Actualmente es director del Programa de la Universidad de Stanford en Chile y miembro de la Academia Chilena de la Lengua.
Xoán Carlos Lagares es profesor e investigador del Departamento de Línguas Estrangeiras Modernas y del Programa de Pós-Graduação em Estudos de Linguagem de la Universidade Federal Fluminense (UFF), en Niterói (Río de Janeiro, Brasil).
Daniela Lauria es investigadora del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) con sede de trabajo en el Instituto de Lingüística de la Universidad de Buenos Aires. Dicta clases en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Pedagógica Nacional.
Vicente Lledó-Guillem es catedrático de Estudios Hispánicos en las áreas de Lingüística Hispánica y de Literatura Ibérica Medieval y de la Primera Edad Moderna en Hofstra University en Nueva York.
María López García es investigadora del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) en el área de Políticas Lingüísticas y docente en la Universidad de Buenos Aires.
Miguel Martínez es profesor e investigador en el Departamento de Lenguas y Literaturas Romances de la Universidad de Chicago.
Vítor Meirinho es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES José García Nieto de Las Rozas (Madrid).
Henrique Monteagudo es profesor en la Facultad de Filología e investigador en el Instituto da Lingua Galega de la Universidad de Santiago de Compostela en las áreas de Sociolingüística, Política lingüística e Historia Social de la Lengua.
Adil Moustaoui Sghir es profesor titular e investigador en el Departamento de Lingüística, Estudios árabes, Hebreos y de Asia Oriental de la Universidad Complutense de Madrid. Dicta clases en distintos grados y másters de la Facultad de Filología.
Mateo Niro es docente de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto «Joaquín V. González» (Argentina). Es director del Instituto de Investigación sobre Conocimiento y Políticas Públicas de la Comisión de Investigaciones Científicas (Provincia de Buenos Aires, Argentina).
Mariela Oroño es profesora adjunta del Departamento de Psico- y Sociolingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Uruguay) e investigadora Nivel Iniciación del Sistema Nacional de Investigadores (ANII).
María Florencia Rizzo es investigadora del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) con sede en el Centro de Estudios del Lenguaje en Sociedad (CELES-LICH) de la Universidad Nacional de San Martín, institución donde también se desempeña como docente de grado. Además, dicta clases de posgrado en la Universidad de Buenos Aires.
Pablo Rocca es Profesor titular de Literatura Uruguaya (Departamento de Literaturas Uruguaya y Latinoamericana) en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Uruguay), donde enseña, además, Literatura Brasileña y dicta cursos de posgrado.
Susana Rodríguez Barcia es docente e investigadora en las áreas de Lexicografía, Análisis del Discurso y Estudios de género en el Departamento de Lengua Española de la Universidade de Vigo (Galicia, España).
Darío Rojas es académico del Departamento de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.
Donald N. Tuten es profesor de Español y Lingüística en la Universidad Emory en Atlanta (Estados Unidos). Se especializa en la Sociolingüística Histórica del Español, especialmente en su etapa medieval. Autor de Koineization in Medieval Spanish (2003).
Juan R. Valdez es investigador independiente en las áreas de Lingüística y Culturas Caribeñas y Latinoamericanas. Dicta clases de español y literatura en Impact Academy en Oakland (California).
Aurélie Vialette es docente e investigadora en Estudios Ibéricos en la Universidad de Stony Brook en Nueva York.
Laura Villa es profesora de Español y Lingüística en Queens College de la Universidad Pública de Nueva York (CUNY).
Pablo von Stecher es investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) con sede de trabajo en el Instituto de Lingüística de la Universidad de Buenos Aires. Dicta clases en la Universidad de Buenos Aires.
Autorretrato de un idioma: metalenguaje, glotopolítica e historia
José del Valle, Daniela Lauria, Mariela Oroño y Darío Rojas
El metalenguaje
La teoría estructuralista del lenguaje se sostiene sobre la premisa de que la función primaria de las lenguas es la comunicativa. Desde tal perspectiva, la comunicación verbal es posible porque el sistema gramatical y el repertorio léxico de un idioma son herramientas con las que los seres humanos representan la realidad y sus experiencias individuales. Es la aplicación de esta propiedad instrumental de las lenguas en la vida social lo que da lugar a la emergencia y mantenimiento de patrones estructurales y signos compartidos (i.e. de una lengua), y por ende la transmisión intersubjetiva de ideas. Dicho de manera concisa, esta versión de la lingüística se propone explicar el cumplimiento de la función comunicativa, y lo hace a partir de la teorización de la lengua como código integrado por un sistema gramatical y un léxico.
La visión del lenguaje y las lenguas que adoptamos al concebir este proyecto es, sin embargo, otra. Aunque la expondremos brevemente en la siguiente sección, adelantaremos, por ahora, que desde el propio marco estructuralista se ha reconocido que las prácticas verbales responden, más allá de su utilidad comunicativo-referencial, a una multiplicidad de necesidades. Roman Jakobson, por ejemplo, les atribuyó funciones adicionales tales como expresar nuestro estado de ánimo (función emotiva o expresiva), llamar la atención de quienes participan en el acto comunicativo (función conativa o apelativa), definir el marco y condiciones de la interacción (función fática) o suscitar reacciones emocionales (función poética o estética).
La función que resulta central para el abordaje histórico de la lengua española que hacemos en este libro es la que se denomina metalingüística, es decir, la capacidad del lenguaje para proyectar sobre sí mismo su poder referencial. Es evidente que no solo hablamos, escribimos y señamos, sino que lo hacemos con frecuencia sobre el mismo hablar, escribir y señar.1 Quienes somos lingüistas hacemos de ello nuestro trabajo y creamos con tal motivo una terminología especializada (e.g. sustantivo, sintagma, cláusula, ergatividad, claves de contextualización, inferencia, diglosia, ideologías lingüísticas). Pero también activan el metalenguaje, pongamos por caso, quienes corrigen y editan textos para una editorial; quienes postean en las redes sociales juicios sobre lo bien o lo mal que habla un político; los padres y madres que velan por que sus descendientes aprendan a hablar «bien»; quienes debaten si las nuevas tecnologías de la comunicación limitan o no el poder de las lenguas; y quienes discuten (con mucha intensidad, por cierto, en el tiempo en que se redactan estas líneas) la conveniencia de introducir normativas feministas y no binarias en la estandarización de las lenguas. En todos estos ejemplos, alguien usa el lenguaje para referirse al lenguaje.
La centralidad del metalenguaje queda al descubierto al constatar que, en toda comunidad humana, a distintas formas lingüísticas (ya sean conceptualizadas como lenguas, dialectos, sociolectos, acentos, registros, palabras o entonaciones) se les atribuyen valores diferentes y son consideradas mejores o peores, más propias o impropias, más elegantes o groseras, etcétera, según la situación y el contexto de uso e incluso según el tipo de relación que exista entre los interlocutores. Es decir, el funcionamiento de una determinada forma lingüística está sujeto no solo a su relación con otras formas (gramaticalidad) y su capacidad para remitir a hechos y experiencias sociales (referencialidad), sino también a la valoración que de ella hagan quienes participan en los actos de interacción verbal concretos en que hace su aparición. Esta dinámica glotosocial y la operación conjunta del metalenguaje y de la llamada indicialización (palabra ligada a «índice» e «indicio») o indexicalización (adaptación de «indexicalization») dan lugar al establecimiento de patrones de asociación entre formas lingüísticas y categorías sociales. Ya definimos el metalenguaje como la propiedad que le permite proyectar sobre sí mismo su poder referencial. La indicialización, por su parte, es el proceso en virtud del cual, aprovechando el metalenguaje, se establecen vínculos entre formas lingüísticas y categorías nacionales, regionales, sociales, psicológicas, étnicas, de género, de educación, de inteligencia, etcétera. Estas asociaciones llegan a automatizarse hasta el punto de ser consideradas naturales. Pero el hecho es que no lo son, sino que se negocian, se fijan y se disputan precisamente en la vida social y por medio de constantes acciones y microacciones metalingüísticas en las que se afirma, por ejemplo, que hablar así es de «gente de campo», escribir así es de «ignorantes», hablar de la otra manera es «afeminado», escribir de tal forma es de «pedantes». En suma, entender el funcionamiento del lenguaje pasa por el análisis de los contextos en los que se forja la relación entre formas lingüísticas, experiencias y categorías sociales; y el metalenguaje resulta central para llevar a cabo tal análisis.2
La glotopolítica
Habrá quedado claro hasta aquí que nuestra concepción de la lingüística prioriza la explicación de la interacción verbal (en contraste con la preferencia estructuralista por la comunicación) y lo hace a partir de una teorización dialógica del lenguaje (contraria al aislamiento del sistema gramatical con respecto a las prácticas lingüísticas, propio también de la corriente hegemónica de la lingüística moderna). Ya adelantamos el valor de los conceptos de metalenguaje e indicialización para entender que las formas lingüísticas se constituyen siempre e inevitablemente en relación con prácticas y categorías sociales. Desde esta concepción mutuamente constitutiva de la interacción verbal y las prácticas sociales, resulta evidente que, cuando los seres humanos hablan, insertan sus enunciados en un universo social y obtienen respuestas o reacciones en función no solo del valor referencial de lo dicho, sino también de su valor indicial. El sentido depende, en definitiva, del enunciado mismo tanto como de las respuestas y reacciones a que dé lugar en cada situación y contexto. Por tanto, durante la interacción, cada hablante orienta su producción en función de las respuestas o reacciones que imagina que puede obtener. La direccionalidad de la enunciación (consecuencia necesaria del dialogismo) y la expectativa de que se reproduzcan ciertos patrones (derivada del carácter social de la interacción) nos llevan a concluir que el lenguaje es inestable y por lo mismo normativo ab initio.3
No se debe confundir la normatividad a que aquí aludimos con el prescriptivismo. Este último es una práctica metalingüística que de manera explícita pretende imponer ciertos usos frente a otros; y es solo una de las múltiples formas en que se puede manifestar la normatividad. Porque, cuando hablamos, somos sensibles a regularidades, patrones o normas que naturalizan la aparición de ciertos usos y hacen que otros resulten, de alguna manera, anómalos. Somos sensibles al hecho de que ciertas formas se asocian con ciertas categorías sociales, y nuestros enunciados se orientan en función de nuestra familiaridad, ignorancia, complacencia o discordancia con la vigencia de tales asociaciones en cada acto concreto de interacción verbal. Hablaremos de una manera u otra (eso sí, con mayor o menor grado de intencionalidad) de acuerdo con el deseo de que nuestra voz se vincule o no a ciertas categorías sociales.
La explicitación de estas asociaciones —surgidas y sostenidas, no lo olvidemos, por medio del metalenguaje y la indicialización— da lugar al establecimiento de regímenes de normatividad. Al invocar este concepto no nos referimos a la existencia e imposición de una norma concreta de referencia (como podría ser en el ámbito hispánico-latinoamericano la de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española); sino que pretendemos conceptualizar al conjunto —heterogéneo e incluso atravesado por contradicciones internas— de asociaciones entre formas lingüísticas y categorías sociales que confieren sentido a las prácticas lingüísticas en una situación, contexto o comunidad dada. Hablamos de «régimen» y no simplemente de «norma» o «normas» porque nuestro abordaje pretende hacer visible la participación de tales normas en la organización política de una comunidad o colectivo humano; tanto en la organización literal de su institucionalidad como en la conformación de las subjetividades políticas toleradas y la exclusión de las intolerables. Ponemos el énfasis en la condición glotopolítica de estos patrones precisamente porque, a través de procedimientos ideologizantes, suelen aparecer no solo normalizados, sino también naturalizados.
En esto consiste adoptar una perspectiva glotopolítica: en centrar la mirada en objetos y experiencias en los que la inseparabilidad entre el lenguaje y lo político es clave para entender su manifestación y funcionamiento; en desnaturalizar la constitución de las asociaciones entre formas lingüísticas y categorías sociales haciendo visibles las condiciones materiales de su producción, reproducción y cuestionamiento, así como su participación en procesos en los que está en juego el acceso a los recursos y, en definitiva, al poder.4
La historia
Es harto probable que quienes se hayan animado a abrir este libro (sean o no lingüistas) tengan una idea relativamente clara de lo que es la historia de una lengua: una suerte de relato que, organizado a lo largo de una serie de hitos geopolíticos, nacionales y culturales, nos cuenta el nacimiento de sus formas lingüísticas características, su evolución posterior sometida a presiones internas y externas y su madurez al ser fijada en el canon escriturario de una alta cultura. ¿Por qué la palabra latina OCULUM se refleja en el español moderno como «ojo»? ¿Y por qué existen «ocular» u «oculista»? Si el español viene del latín y en este no existen palabras equivalentes a «canoa» o «chocolate», ¿cómo es que estas forman parte del idioma moderno? Este es el tipo de pregunta que encontraría respuesta en el modelo clásico de historia de la lengua española.5
Hay otros modelos para la historificación de las lenguas, por supuesto. Un texto de éxito notable entre el público lector, Gente de Cervantes: Historia humana del idioma español (2001) de Juan Ramón Lodares, anuncia desde el mismo subtítulo su compromiso con hacer una historia que no escinda las formas de la lengua de las vidas de quienes la hablan y la escriben. Lo mismo ocurre con la algo más académica Historia social de las lenguas de España (2005) de Francisco Moreno Fernández, que recorre el valor relativo que las relaciones y conflictos sociales le confirieron al conjunto de idiomas de este país ibérico a lo largo de la historia. Más sutil y más ortodoxamente anclado en la investigación universitaria es Lengua medieval y tradiciones discursivas en la Península Ibérica (2005), editado por Daniel Jacob y Johannes Kabatek, que se centra en la escritura de la historia idiomática a través de las transformaciones de las tradiciones discursivas y géneros textuales. Los volúmenes dedicados a la Historia sociolingüística de México (2010, 2014) dirigidos por Rebeca Barriga Villanueva y Pedro Martín Butragueño cubren un amplio espectro de hechos lingüísticos pertinentes no solo en tanto que lingüísticos, sino en función de su aportación a la historia del país. La Historia mínima de la lengua española (2013) de Luis Fernando Lara resalta el papel de los pueblos en la formación y evolución del español.
Un elemento que une a estos trabajos histórico-lingüísticos es el importante rol que juega el metalenguaje no solo como el medio a partir del que se realiza la historificación, sino también como su propio objeto. Se escribe la historia del español y de otras lenguas echando mano de las herramientas metalingüísticas que nos proporciona la lingüística, pero además se toma el metalenguaje como objeto que ha de ser historificado, como eje vertebrador del relato en tanto que componente central de la lengua misma. Qué piensa o siente la gente de la lengua, de las variedades y de los géneros discursivos es, en estos estudios, parte más central de la historia que las gramáticas destiladas de los usos por la acción evaporadora de la lingüística formal.
En la Historia política del español: la creación de una lengua (2013, 2015), José del Valle se sitúa en esta misma línea en tanto que, apoyándose en el trabajo del medievalista Roger Wright, identifica el nacimiento de las lenguas como sucesos metalingüísticos.6 El español nace cuando se lo identifica cultural y políticamente como tal, y evoluciona de la mano de los metalenguajes que van valorando el idioma y sus variedades en situaciones y contextos sociopolíticos concretos. La presencia o ausencia de una forma lingüística, la opción por una u otra variante resulta inseparable de las identidades sociales asociadas a cada alternativa y de los procesos de subjetivación de los que forman parte. En este sentido, la historicidad no es la simple evolución de un objeto a lo largo de un cronograma vacío decorado con un telón de fondo que exhibe los hitos políticos del desarrollo de una comunidad (la mayoría de las veces nacional). Desde nuestro enfoque, el contexto no es un simple telón de fondo. Y la historicidad se figura como la relación dinámica y coconstitutiva entre la interacción verbal y la dimensión sociopolítica de las comunidades humanas. La aproximación glotopolítica a la historia de una lengua aborda el estudio de las condiciones de su emergencia y persistencia como objeto de un metalenguaje examinando su participación en la constitución de subjetividades políticas de toda índole (subjetividades tales como la nacional, colonial, étnica o de género y su posible movilización en procesos tales como la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo, la subalternización o la emancipación).
El autorretrato
Las ideas fundamentales que organizan esta antología fueron discutidas grupalmente por primera vez en Bogotá en agosto de 2016, en el contexto del Segundo Congreso Latinoamericano de Glotopolítica. En el curso de aquella reunión, José, que acababa de publicar la ya mencionada Historia política del español: La creación de una lengua, invocando las crestomatías de textos que en otro tiempo habían acompañado a la historia canónica de la lengua española, propuso enfrentar la elaboración de un complemento consistente en una recopilación selectiva de fuentes primarias que tematizaran la lengua castellana y fueran susceptibles de ser leídas desde una perspectiva glotopolítica.7
Si bien es cierto que el impulso inicial surgió de necesidades asociadas a nuestra condición de docentes y a ideas sobre cómo reconceptualizar además de la investigación, la enseñanza de la «historia de la lengua», también lo es que pronto vimos (o creímos ver) un interés social más amplio en la reflexión crítica sobre la lengua y su historia. De ahí que el proyecto, amén de su posible relación complementaria con otros libros anclados en el campo universitario, adquiriera un sentido propio y se impregnara de nuestro deseo de llegar a un público lector mayor. Este libro serviría, nos propusimos, como punto de partida para que el público interesado, especialista o no, tuviera acceso directo a manifestaciones metalingüísticas con las que la historia política del idioma había ido quedando registrada en el archivo histórico. Pondríamos entonces nuestra capacidad organizativa al servicio de la lengua misma para que, a través de algunos de los textos en que se materializa, nos ofreciera uno de entre los infinitos autorretratos que podría dibujar o, mejor, relatar. Con el fin de contribuir a armar itinerarios de navegación por el libro, y para fortalecer la antología como recurso pedagógico, desde el principio quisimos que cada fuente primaria fuera acompañada por un breve comentario escrito por una especialista que la contextualizara sugiriendo además líneas de reflexión respecto de su importancia para la historia política de la lengua.
La selección final nos complace enormemente, pero a la vez nos deja múltiples insatisfacciones. ¡Qué difícil es liberarse del afán representativo! ¡Qué fuerte el deseo de que el objeto creado responda a una verdad ajena a sí mismo! La pulsión por incluir «todo» lo relevante es además tan fuerte como la imposibilidad inscripta en esa palabra: «todo». Se podrá juzgar el libro (como nos sentimos tentadas y tentados a hacer) por las ausencias. Y tal juicio será eterno y, por lo mismo, nunca final. Preferimos por ello concentrar nuestra valoración del trabajo en los textos incluidos. Estos han sido dispuestos de acuerdo con el bastante arbitrario y útil criterio de la cronología sobre la base de su fecha de producción, sin que intervengan factores tales como su ubicación geográfica o el género textual al cual pueda ser atribuido. Esperamos que las lectoras y los lectores se dejen impactar por el «efecto rayuela» y que se animen a organizar trayectorias de lectura de acuerdo con sus propios intereses e intuiciones.
Finalmente, ojalá pudiéramos declarar que el resultado del trabajo que tienen en sus manos (o en la pantalla de su computadora) es el producto directo de nuestra meticulosa planificación, de la reflexión cuidadosa sobre qué textos y qué autores y autoras incluir, sobre qué especialistas invitar a escribir los comentarios y sobre la estructura y orientación de estos. Tal planificación se dio, por supuesto, en alguna que otra reunión presencial, aprovechando congresos profesionales, y, sobre todo, en múltiples sesiones de trabajo a distancia facilitadas por las tecnologías digitales de telecomunicación (nótese que el equipo editor tiene sus residencias principales respectivas en Buenos Aires, Montevideo, Nueva York y Santiago de Chile). Por supuesto, todo plan ambicioso que se precie de serlo debe partir del reconocimiento de su imposibilidad, de la inexorable aparición de lo inesperado. Y así fue en nuestro caso. Dimos nuestros traspiés, pero entre lo que pudimos salvar del plan original y la capacidad de reacción y reinvención que logramos alcanzar como equipo, llegamos a este volumen que tenemos la osadía de poner, así como quedó, ante un público lector de gentes dispuestas a entregar la energía de su inteligencia y su curiosidad a la historia política del español.
1En lo sucesivo, cuando usemos «hablar» nos estaremos refiriendo a la interacción verbal en general, al margen del canal —oral, escrito o señado— por el que se produzca.
2Para adentrase en el concepto de «metalenguaje», se puede consultar el libro de Jaworski, Coupland y Galasinski. Y sobre la «indicialidad», el artículo de William F. Hanks o, yendo a la fuente original, el clásico de Charles Peirce.
3Este planteamiento es deudor de la visión del lenguaje hallada en la obra de Mijaíl Bajtín y de Valentín Voloshinov.
4Tal enfoque puede ser asumido desde múltiples campos o disciplinas académicas, y quienes coordinamos el presente proyecto lo hacemos desde la lingüística, donde algunas escuelas de sociología del lenguaje, análisis crítico del discurso y sociolingüística crítica hace décadas que se articulan a partir de esta mirada. Quien quiera explorar más la perspectiva glotopolítica latinoamericana con la que entronca nuestro proyecto puede hacerlo leyendo a Elvira Arnoux (2014a) o el artículo de José del Valle (2017) en el número 1 del Anuario de Glotopolítica.
5A este modelo corresponden, por ejemplo, el clásico del español Rafael Lapesa o el libro de texto más moderno y localizado del venezolano Enrique Obediente.
6Esta misma visión es avanzada por otros autores, como por ejemplo, Luis Fernando Lara en Teoría del diccionario monolingüe (1997).
7Entre los proyectos comparables al presente, destacamos dos: el proyecto Documentos para la historia lingüística de Hispanoamérica, auspiciado por la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina, publicado en varios volúmenes entre 1993 y 2009, y Documentos sobre política lingüística en Hispanoamérica 1492-1800, editado por Francisco de Solano y publicado en 1991 (Madrid: CSIC). El primero recopila textos en función de un modelo clásico de historia de la lengua y el segundo, si bien más cercano en su interés al nuestro, se orienta a la política lingüística y no a la glotopolítica en sentido más amplio como aquí se ha definido.
1. Fragmentos de Espéculo, Estoria de España, General estoria y Libro de la ochava esfera, de Alfonso X (1255-1280)1
Comentario: Donald N. Tuten
Texto A: Espéculo (1255), fragmentos del Libro II (Título 1, Leyes 4b y 5b)2
Onde dezimos que el rrey deue sseer guardado por muchas rrazones, et ssenaladamjente por estas. Et es esta la primera: que es alma del pueblo; ca assi como el cuerpo biue por el alma, assi el pueblo biuen por el rrey, onde conujene quel[o] guarden como a ssu vida. La ssegunda: deue sseer guardado como cabeça, ca assi como de la cabeça viene al cuerpo todo ssentido et mouemjento para obrar, assi del rrey viene al pueblo todo ssanamjento de saber, et de conosçer et de departir que es derecho et que es tuerto por las ssus leys et por la ssu justicia, et mouemiento para fazer el bien et dexar el mal. …Otrossi deue ser onrrado el rrey porque es ssennor sobre todos de ssu tierra…
Texto B: Estoria de España (1270-1274), fragmentos de los prólogos3
O espanna si tomas los dones que te da la sabiduria del Rey rresplandeçeras. Otrosi en fama & formosura creçeras. el Rey que es formosura de espanna & thesoro dela filosofia ensennanças da alos yspanos. tomen las buenas los buenos & den las vanas A los vanos. Aqui se comiença la estoria de Espanna que fizo el muy noble Rey DoN Alfonsso. fijo del noble Rey Don FFernando…
…Ca si por las escripturas non fuesse. [¿]qual sabiduria o engenno de omne se podrie membrar de todas las cosas passadas aun que no las fallassen de nueuo que es cosa muy mas grieue[?]. Mas por que los estudios de los fechos de los omnes se demudan en muchas guisas. fueron sobresto apercebudos los sabios ancianos. & escriuieron los fechos tan bien de los locos cuemo de los sabios. & otrossi daquellos que fueron fieles en la ley de dios. & de los que no. & las leyes de los sanctuarios & las de los pueblos. & los derechos de las clerezias & los de los legos. & escriuieron otrossi las gestas de los principes. tan bien de los que fizieron mal; cuemo de los que fizieron bien. por que los que despues uiniessen por los fechos de los buenos punnassen en fazer bien. & por los de los malos que se castigassen de fazer mal. & por esto fue endereçado el curso del mundo de cada una cosa en su orden. Onde si pararemos mientes el pro que nasce de las escripturas connoscremos que por ellas somos sabidores del criamiento del mundo. & otrosi de los patriarchas como uinieron unos en pos otros. & de la salida de egipto. & de la ley que dio dios a Moysen. & de los reys de la sancta tierra de iherusalem. & del dester[r]amiento dellos. & dell annunciamiento. & del nacimiento. & de la passion. & de la resurreccion. & de la ascension de nuestro sennor ihesu xpristo. Ca de tod esto. & dotras cosas muchas no sopieramos nada. si muriendo aquellos que eran ala sazon que fueron estos fechos non dexassen escripturas por que lo sopiessemos. & por ende somos nos adebdados de amar a aquellos que lo fizieron por que sopiessemos por ellos lo que no sopieramos dotra manera. & escriuieron otrosi las nobles batallas de los Romanos & de las otras yentes que acaescieron en el mundo muchas & marauillosas que se oluidaran si en escripto non fuessen puestas. E otrossi el fecho despanna que passo por muchos sennorios & fue muy mal trecha recibiendo muertes por muy crueles lides & batallas daquellos que la conquirien. & otrosi que fazien ellos en defendiendo se. & desta guisa fueron perdudos los fechos della. por los libros que se perdieron & fueron destroydos en el mudamiento de los sennorios. assi que apenas puede seer sabudo el comienço de los que la poblaron.
E por end nos don alffonsso por la gracia de dios. Rey de Castiella. de Toledo de Leon. de Gallizia. de Seuilla. de Cordaua. de Murcia. de Iahen. & dell Algarue. ffijo del muy noble rey don ffernando. & de la Reyna donna Beatriz. Mandamos ayuntar quantos libros pudimos auer de Jstorias en que alguna cosa contasse de los fechos despanna. & tomamos de la cronica dell arçobispo don Rodrigo que fizo por mandado del Rey don ffernando nuestro padre. & de la de Maestre luchas obispo de Tuy. &…de dion que escriuio uerdadera la estoria de los Godos…& compusiemos este libro de todos lo[s] fechos que fallar se pudieron della; desdel tiempo de Noe fasta este nuestro. & esto fiziemos por que fuesse sabudo el comienço de los espannoles. & de quales yentes fuera espanna maltrecha. & que sopiessen las batallas que hercoles de grecia fizo contra los espannoles. Y las mortandades que los romanos fizieron en ellos & los destruymientos que les fizieron otrossi los vbandalos & los Silingos & los alanos & los Sueuos. & los aduxieron a seer pocos. & por mostrar la nobleza de los godos. & como fueron uiniendo de tierra en tierra uenciendo muchas batallas & conquiriendo muchas tierras fasta que llegaron a espanna & echaron ende a todas las otras yentes. & fueron ellos sennores della. & como por el desacuerdo que ouieron los godos con so sennor el rey Rodrigo. & por la traycion que urdio el conde don Jllan & ell arçobispo oppa. passaron los daffrica & ganaron todo lo demas despanna. & como fueron los xpristianos despues cobrando la tierra; & del danno que uino en ella por partir los regnos. por que se non pudo cobrar tan ayna. & despues cuemo la ayunto dios & por quales maneras. & en qual tiempo & quales reyes ganaron la tierra fasta en el mar mediterraneo. & que obras fizo cada uno assi cuemo uinieron unos empos otros fastal nuestro tiempo.
Texto C: Espéculo (1255), fragmento del Libro I (Título 1, Ley 2 «Quales deuen sseer las leys»)4
Conplidas dezimos que deuen sseer las leyes, e muy cuydadas e muy catadas, por que ssean derechas et prouechossas conplidamjente a todos. Et deuen sseer llanas et paladinas por que todo omne las pueda entender et aprovechar sse dellas a ssu derecho. Et deuen sseer ssin escatima e ssin punto por que non pueda venjr ssobrellas disputaçion njn contienda.
Texto D: General estoria (1270-1280), fragmento de la historia de Moisés5
Dell escriuir destas palabras auedes oydo enel començamiento deste capitulo como dixo nuestro sennor que el las escriuirie. & aqui dize en el xxxiiijo capitulo dell exodo que las mando escriuir a Moysen. & auredes otrossi en el libro que a nombre Deuteronomio que es el postrimero destos .v. libros de Moysen o se cuentan de cabo todas estas Leyes que diz que nuestro sennor que el mismo las escriuio. & semeia que son contrallas estas razones. & sobresta contralla fabla Maestre pedro & departe la desta guisa. Diz que todo es bien dicho et que podemos entender & dezir que compuso nuestro sennor las razones delos mandados. & que ouo ell auctoridad & el nombre dend por que las mando escriuir. Mas que las escriuio Moysen assi como dixiemos nos muchas uezes. El Rey faze un libro. non por quel[o] el escriua con sus manos. mas por que compone las razones del & las emienda et yegua & enderesça & muestra la manera de como se deuen fazer. & desi escriue las qui el manda. Pero dezimos por esta razon que el Rey faze el libro.
Texto E: Libro de la ochava esfera (1256), prólogo de la segunda versión de 12766
En nombre de Dios amén. Este es el libro de las figuras de las estrellas fixas que son en ell ochauo cielo, que mandó trasladar de caldeo et de arábigo en lenguage castellano el Rey don Alfonso, fijo del muy noble Rey Don Fernando et de la noble Reyna Donna Beatryz, Sennor de Castiella, de Toledo, de León, de Gallizia, de Seuilla, de Córdoba, de Murcia, de Jahén et dell Algarbe. Et trasladólo por su mandado Yhudá el Coheneso su alphaquín et Guillén Arremón Daspa so clérigo. Et fue fecho en el quarto anno que reynó este Rey sobredicho que andaua la era de César en mil et doszientos et nouenta et quatro annos.
Et después lo endereçó et lo mandó componer este Rey sobredicho, et tolló las razones que entendió eran sobejanas et dobladas et que non eran en castellano derecho. et puso las otras que entendió que conplían. et quanto en el lenguaje endereçólo él por sí. Et en los otros saberes ouo por ayuntadores. a maestre Joan de Mesina. et a maestre Juan de Cremona. et a Yhudá el sobredicho. et a Samuel: et esto fue fecho en el anno .XXV. del su reynado. et andaua la era de César en .M. et .CCC. et XIIII. annos. et la de nuestro Sennor Jesu Xpo. en .M. et .CC. et .LXX. et .VI. annos.
…
Alfonso X «el Sabio» (1221-1284), con sus colaboradores, ocupa un lugar primordial en la historia glotopolítica de España gracias a la ingente producción textual que patrocinó en su scriptorium y cancillería. Por medio de los textos, escritos casi todos en castellano, Alfonso definió y divulgó su visión política, regularizando el uso del castellano como lengua de poder y administración y convirtiéndolo en símbolo de la autoridad unificadora del rey. Aunque es evidente que Alfonso veía en el castellano escrito un elemento clave de su proyecto político, no existe una exposición unitaria de su visión del idioma. Por tanto, aquí se presentan citas de obras del scriptorium alfonsí que ilustran aspectos fundamentales del pensamiento glotopolítico del rey.
Si consideramos el mundo político de Alfonso, debemos recordar que su padre, Fernando III, heredó los reinos de Castilla (1217) y de León (1230) y luego se dedicó a la conquista de Murcia y la Andalucía bética, llegando a tomar la ciudad de Sevilla en 1248. El joven Alfonso participó en estas actividades bélicas y otras administrativas al mismo tiempo que iba preparándose intelectualmente para sus futuras responsabilidades como rey. En 1252, heredó de su padre el estado más grande y poderoso de la península ibérica, pero también un estado fragmentado e inestable de reciente formación que se enfrentaba a graves problemas de defensa, repoblación y administración. Estos se debían al conflicto con los reinos musulmanes de Granada y Marruecos, la presencia de poblaciones musulmanas rebeldes, la falta de población cristiana y de capacidad defensiva en las zonas conquistadas, y la general resistencia a la creciente autoridad real presentada por las ciudades, la Iglesia y, sobre todo, los nobles.
Alfonso también heredó y cultivó una gran ambición: la de conseguir la unidad de Hispania/España y la hegemonía sobre ella (ver Texto B), concebida como «recuperación» de la monarquía visigoda peninsular «perdida» al llegar los «moros» en 711. Como señala González Jiménez,7 Alfonso se veía capaz, autorizado y destinado a la realización de este sueño. Al heredar Castilla, León y los territorios recién reconquistados, Alfonso se convirtió en monarca de la primera potencia peninsular, rey y casi emperador —según la concepción medieval— de múltiples reinos (Textos B y E: «rey de Castilla, de León, de Toledo…»), capaz de reunificar España y superar el daño causado por su división (Texto B). Castilla servía como base demográfica y económica de su poder y, como tal, centro hegemónico de la España imaginada. Castilla y León le proporcionaban legitimidad dinástica: Castilla poseía la ciudad de Toledo, antigua capital visigoda, mientras que los reyes leoneses se creían descendientes directos de los reyes godos. Gracias a esto, en 1135, su antepasado Alfonso VII ya había llegado a coronarse Imperator totius Hispaniae. Alfonso poseía una ventaja más: su madre Beatriz de Suabia era descendiente tanto de emperadores germánicos del Sacro Imperio Romano como de emperadores bizantinos. Gracias a su linaje imperial, Alfonso pudo ser elegido candidato para emperador germánico en 1257. El rey perseguiría ese título asiduamente hasta 1275, en parte porque su obtención habría reforzado su reclamación del título de emperador de España, frente a la oposición del rey Jaime I de Aragón y el Papado.
Alfonso heredó también concepciones del estado y de la autoridad real de diversas fuentes, como las tradiciones jurídicas peninsulares, el derecho romano recién recuperado por los legistas italianos y el pensamiento jurídico y político musulmán.8 Estas fuentes las sintetizó y usó para forjar un nuevo ideario político en el que se reconceptualizó la figura del rey. En vez de ser un mero líder militar, o garante de la justicia existente, sometido a la autoridad de la Iglesia, como advierte González Jiménez, se imagina al rey como «alma» y «cabeza» de un «pueblo» unido que habita y defiende la «tierra» del rey (Texto A). Esa tierra corresponde con una España reunificada (Texto B) en una visión que Rojinsky califica de «protonacionalista». Como tal, el rey recibe su autoridad temporal no de la Iglesia (ahora suprema solo en asuntos espirituales), sino directamente de Dios (Texto B: «por la gracia de Dios»; Texto D: la comparación implícita entre la autoridad de Dios y la del rey). El rey-cabeza es filósofo y tutor del pueblo-cuerpo, al que tiene que enseñar el derecho, la historia y la ciencia (Textos A y B). Para cumplir con esta responsabilidad, el rey determina lo correcto en cada campo (Texto A) y se lo enseña al pueblo por medio de textos escritos. De ahí viene su elogio de la escritura (Texto B), que permite no solo el acceso al saber, sino la posibilidad de fijar los conocimientos autorizados por el rey (Textos D y E) y de comunicárselos a los súbditos. La necesidad de sintetizar y fijar los conocimientos lleva al rey a consultar y hacer traducir numerosos textos escritos en otras lenguas, sobre todo el latín (Texto B) y el árabe (Texto E). Las necesidades didácticas y comunicativas apoyan a su vez el uso del vernáculo y llevan a una gran preocupación por la precisión y la claridad en lo escrito, la cual se constata en el requisito de redactar leyes «cumplidas», «llanas» y «paladinas» (Texto C). Se nota también en la intervención directa de Alfonso en la redacción y corrección de muchas de sus obras (Textos D y E).
En este entorno y con esta visión, Alfonso lanzó un proyecto de producción textual diseñado a imponer un nuevo orden político basado en el fortalecimiento de la autoridad real, la centralización y la uniformización, que incluía la estandarización de pesas y medidas, monedas, impuestos, leyes e historia. Como elemento clave de este proyecto, el rey fomentó y aprovechó una concepción innovadora de la lengua vernácula como artefacto cultural que podía servir de herramienta del poder y, como lengua hablada por la «cabeza» del «cuerpo», símbolo de la unidad política (aunque no todos los súbditos eran castellanohablantes). Esta lengua también requería una estandarización autorizada por el rey que se manifestó en dos vertientes: la normalización (selección y regularización del uso del castellano en cada vez más ámbitos funcionales) y la normativización (elaboración del léxico y codificación de normas ortográficas, gramaticales y léxicas).
Aunque Fernando III había empleado el «romance», concebido ya como distinto del latín, Alfonso fue más allá que su padre al nombrar la variedad seleccionada «lenguage castellano» (Texto E), aprovechando y avanzando de esta manera —como indica Wright— la nueva distinción conceptual entre diferentes variedades protonacionales de romance. El nombramiento, la selección y el uso regular del castellano en textos de la cancillería y el scriptorium contribuiría a su legitimación, dándole un nuevo prestigio frente al latín (clásico o eclesiástico) y el árabe, tradicionales lenguas del saber y poder.
La regularización del uso del castellano había empezado durante el reinado de Fernando III, cuya cancillería había ido haciendo cada vez mayor uso del castellano como respuesta práctica a las apremiantes necesidades militares y administrativas ocasionadas por la rápida expansión territorial. Sin embargo, nada más subir al trono, Alfonso apostó por el uso normal del castellano en todos los documentos cancillerescos dedicados a asuntos interiores.9 Estos transmitían las órdenes y decisiones del rey (y sus oficiales) a todos los súbditos y tierras del rey, dejando escuchar la voz del rey durante su lectura en voz alta. Aunque el uso del castellano ciertamente facilitaba la comunicación con la mayor parte de los súbditos, fomentaba también una nueva e incipiente unidad imaginada en la misma lengua del rey y una nueva separación conceptual entre la lengua de la autoridad real (castellano) y la de la autoridad eclesiástica (latín).
Más innovadora fue la decisión de usar del castellano en los textos del scriptorium (con la excepción de las Cantigas de Santa María, redactadas en gallego, una variedad hablada dentro de sus reinos y de uso tradicional en la poesía lírica, cuya elección sirvió para marcar el estatus excepcional de las Cantigas). Los textos en castellano presentaban versiones del derecho, la historia y la ciencia autorizadas por el rey y por tanto adecuadas para la enseñanza del pueblo. Los dos primeros tratados legales, el Fuero Real (1254) y el Espéculo (1255), fueron respuestas inmediatas a la fragmentación jurídica existente. Sobre la base del Espéculo, Alfonso ordenó la redacción de Las siete partidas (1272-1275), un magnum opus —digno de un emperador— que combinó un código legal con toda una visión del estado, la sociedad y la cultura. Con el fin de justificar y legitimar sus ambiciones y su visión del mundo, Alfonso patrocinó la preparación de dos grandes obras de historia: la Estoria de España (1270-1274) y la General estoria (1270-1280). La primera es de especial importancia política, ya que en ella se relata el «comienço de los espannoles» (Texto B) y la historia de España como una unidad duradera, sobre la que Castilla ejercerá la hegemonía. El interés de Alfonso por incrementar los conocimientos y beneficiarse de ellos le llevó a patrocinar la traducción y redacción de múltiples obras científicas, como el Libro de la ochava esfera (1256/1276) y los demás textos de los Libros del saber de astrología (1276-1277).
La normalización del castellano llevó lógicamente a su incipiente normativización. La extensión del castellano a la ciencia y la historia requirió una elaboración del vernáculo, poco o nunca empleado antes para escribir de semejantes temas. La elaboración se hace patente en la invención de numerosos neologismos, los cuales suelen ir acompañados de sinónimos o definiciones explícitas.10 Al mismo tiempo, la selección y el nombramiento del «lenguage castellano» obligaba a una delimitación de sus formas y usos adecuados. Aunque el «castellano» se asociaba con variedades habladas en regiones céntricas entre Burgos y Toledo, no se distinguía nítidamente de otras variedades vecinas y se caracterizaba por una variación interna que iba creciendo durante la repoblación del sur.11 Al mismo tiempo, el deseo de evitar interpretaciones no autorizadas de los textos reales sustentaba una preocupación por el uso preciso de las formas lingüísticas. Estos intereses son los que llevaron, quizás, a la articulación del concepto de «castellano derecho» (Texto E). Se ha debatido mucho el significado de esta frase; algunos investigadores, como observa Fernández-Ordoñez, argumentan que se refiere a la claridad de expresión o la precisión en el uso del léxico elaborado, pero es posible que constituya también el primer reconocimiento de la necesidad política e institucional de imponer orden por medio de la codificación de normas ortográficas, gramaticales y léxicas del castellano. Tal codificación es difícil de realizar en una cultura basada en la escritura manual y habría sido aún más difícil en el scriptorium, compuesto de un grupo cambiante y variado de estudiosos y escribas. Sin embargo, en la cancillería, con un personal reducido y más estable,12 se habría hecho más factible. De hecho, en documentos cancillerescos (que seguían tendencias de la cancillería de Fernando III), encontramos, en concordancia con Sánchez, altos niveles de regularidad e incluso clara evidencia de supresión de variación opcional, como la eliminación de la forma cuemo después de 1269 y la casi total supresión de formas innovadoras como mi padre (en vez de mio padre), muy corrientes en textos locales de Sevilla durante el reinado de Alfonso X.13
Gran parte del proyecto político imperial y centralizador de Alfonso fracasó durante su propia vida, quedando en suspenso hasta que reyes posteriores pudieron llevar a cabo aspectos claves de ese proyecto. Con todo, en el plano glotopolítico Alfonso tuvo más éxito, ya que continuó sin interrupción su normalización del castellano como lengua de administración real, entendida como lengua del rey-cabeza que debía dominar y unir al pueblo-cuerpo.
1Fuentes:
MACDONALD, Robert. (1990): Espéculo: Texto jurídico atribuido al rey de Castilla Don Alfonso X, el Sabio. Madison, Wis.: Hispanic Seminary of Medieval Studies.
KASTEN, Lloyd, John J. Nitti, and Wilhemina Jonxis-Henkemans (1997): The electronic texts and concordances of the prose works of Alfonso X, El Sabio. Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies.
FERNÁNDEZ-ORDÓÑEZ, Inés (2004): «Alfonso X el Sabio en la historia del español». En: Rafael Cano Aguilar (ed.), Historia de la lengua española. Barcelona: Ariel. 381-422.
2El texto citado es de la edición de MacDonald (1990:14), la cual se preparó sobre un manuscrito del siglo XIV.
3El texto citado es una adaptación de la transcripción semipaleográfica de la primera parte de la Estoria de España (EE1) incluida en Kasten et al. (1997). Aquí aparecen en cursiva las letras suprimidas de las abreviaturas empleadas en el manuscrito original del siglo XIII.
4El texto citado es una adaptación de las transcripciones de la primera parte de la General estoria (GE1: folio 216r) incluidas en Kasten et al. (1997).
5El texto citado es una adaptación de las transcripciones de la primera parte de la General estoria (GE1: folio 216r) incluidas en Kasten et al. (1997).
6Este es el prólogo de un texto que forma parte de la recopilación alfonsí Libros del saber de astrología (1276-1277). Como se ha perdido el folio en el que aparece este pasaje, se presenta aquí una reconstrucción basada en copias posteriores, con adaptación parcial a las normas de la ortografía española moderna (cfr. Fernández-Ordóñez 2004:400).
7González Jiménez 2004; 2017.
8Márquez Villanueva 2004: 29.
9Fernández-Ordóñez 2004.
10Fernández-Ordóñez 2004.
11Tuten 2003.
12Kleine 2015.
13Tuten 2003.
2. «Prólogo» de la Gramática de la lengua castellana, de Antonio de Nebrija (1492)1
Comentario: Vicente Lledó-Guillem
Cuando bien conmigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación & memoria quedaron escriptas, una cosa hallo e saco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; & de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron & florecieron, & después junta fue la caída de entrambos […] Cosa es que mui ligera mente se puede averiguar que la lengua ebraica tuvo su niñez, en la cual a penas pudo hablar. I llamo io agora su primera niñez todo aquel tiempo que los judíos estuvieron en tierra de Egipto […] Assí que començó a florecer la lengua ebraica en el tiempo de Moisén, el cual, después de enseñado en la filosofía & letras de los sabios de Egipto, & mereció hablar con Dios, & comunicar las cosas de su pueblo, fue el primero que osó escribir las antigüedades de los judíos & dar comienço a la lengua ebraica. La cual, de allí en adelante, sin ninguna contención, nunca estuvo tan empinada cuanto en la edad de Salomón, el cual se interpreta pacífico, por que en su tiempo, con la monarchía floreció la paz, criadora de todas las buenas artes & onestas. Mas después que se començó a desmembrar el reino de los judíos, junta mente se començó a perder la lengua, hasta que vino al estado en el que agora la vemos, tan perdida que, de cuantos judíos oi biven, ninguno sabe dar más razón de la lengua de su lei, que de cómo perdieron su reino, & del Ungido que en vano esperan.
Tuvo esso mesmo la lengua griega su niñez, & començó a mostrar sus fuerças poco antes de la guerra de Troia, al tiempo que florecieron en la música & poesía Orfeo, Lino, Museo, Amphión, & poco después de Troia destruida, Omero & Esiodo. I assí creció aquella lengua hasta la monarchía del gran Alesandre, en cuio tiempo fue aquella muchedumbre de poetas, oradores & filósofos, que pusieron el colmo, no sola mente a la lengua, mas aun a todas las artes & ciencias. Mas después que se començaron a desatar los reinos & repúblicas de de Grecia, & los romanos se hizieron señores della, luego junta mente començó a desvanecer se la lengua griega & a esforçar la latina. De la cual otro podemos dezir: que fue su niñez con el nacimiento y población de Roma, & començó a florecer quasi quinientos años después que fue edificada, al tiempo que Livio Andrónico publicó primera mente su obra en versos latinos. I assí creció hasta la monarchía de Augusto César, debaxo del cual, como dize el Apóstol, vino el cumplimiento del tiempo en que embió Dios a su Unigénito Hijo […] Entonces fue aquella multitud de poetas & oradores que embiaron a nuestros siglos la copia & deleites de la lengua latina: Tulio, César, Lucrecio, Virgilio, Oracio, Ovidio, Livio, i todos los otros que después se siguieron hasta los tiempos de Antonino Pío. De allí, començando a declinar el imperio de los romanos, junta mente començó a caducar la lengua latina, hasta que vino al estado en que la recebimos de nuestros padres, cierto tal que cotejada con la de aquellos tiempos, poco más tiene que hazer con ella que con la aráviga. Lo que diximos de la lengua ebraica, griega & latina, podemos mui más clara mente mostrar en la castellana; que tuvo su niñez en el tiempo de los juezes & reies de Castilla & de León, & començó a mostrar sus fuerças en tiempo del mui esclarecido & digno de toda la eternidad el Rei don Alonso el Sabio, por cuio mandado se escrivieron las Siete Partidas, la General Istoria
