Bienvenidos a la universidad - Francisco Esteban Bara - E-Book

Bienvenidos a la universidad E-Book

Francisco Esteban Bara

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Beschreibung

Este libro se ha escrito pensando en aquellos jóvenes que quieren ir a la universidad en un futuro cercano. Deben ser conscientes del gran paso que van a dar en sus vidas y les conviene saber dónde van a meterse. También puede interesar a los que ya están en ella y aún les queda un tiempo para acabar sus estudios, especialmente a los que consideran que ese paso que dieron no ha sido tan importante como en un principio suponían y andan desilusionados. ¿De qué va este libro?, ¿se comparan universidades?, ¿se presentan los diferentes grados universitarios que existen o están por llegar?, ¿se habla de técnicas de estudio universitarias?, ¿se señalan las salidas profesionales de cada carrera? Nada de eso. Para obtener esa clase de información es más cómodo y útil navegar por Internet. Además, ese tipo de cosas no son las únicas ni las más relevantes que hay que saber sobre la universidad. La universidad es una misteriosa y emocionante aventura, un auténtico reto. Quienes entran en ella deben estar dispuestos a transformarse en personas que todavía no son, entre otras cosas, para mejorar el mundo. ¿No es algo así lo que se espera de los universitarios? Pero para que eso suceda, deben vivir la universidad. De eso sí que va este libro, de la vida universitaria, de una vida que vale la pena y que es una lástima dejar pasar.

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Seitenzahl: 168

Veröffentlichungsjahr: 2022

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CONSEJO EDITORIAL IDP/ICE, UB-OCTAEDRO

Dirección

Teresa Pagès Costas (jefa de la Sección Universidad, IDP/ICE, Facultad de Biología, Universidad de Barcelona)

Coordinadora

Anna Forés Miravalles (Facultad de Educación, Universidad de Barcelona)

Editor

Juan León (director de la Editorial Octaedro)

Consejo Editorial

Dirección del IDP/ICE, Universidad de Barcelona

Pedro Allueva Torres (Facultad de Educación, Universidad de Zaragoza)

Pilar Ciruelo Rando (Editorial Octaedro)

Mar Cruz Piñol (Facultad de Filología, Universidad de Barcelona)

Carmen Ferrándiz García (Facultad de Psicología, Universidad de Murcia)

Mercè Gracenea Zugarramurdi (Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación, Universidad de Barcelona)

Virginia Larraz Rada (Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad de Andorra)

Miquel Martínez Martín (Facultad de Educación, Universidad de Barcelona)

Miquel Oliver Trobat (Facultad de Educación, Universidad de las Islas Baleares)

Joan Carles Ondategui Parra (Facultad de Óptica y Optometría, Universidad Politécnica de Cataluña)

Jordi Ortín Rull (Facultad de Física, Universidad de Barcelona)

Miguel A. Pereyra García-Castro (Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad de Granada)

Mireia Ribera Turró (Facultad de Matemáticas e Informática, Universidad de Barcelona)

Alicia Rodríguez Álvarez (Facultad de Filología, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria)

Antoni Sans Martín (Facultad de Educación, Universidad de Barcelona)

Carmen Saurina Canals (Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Gerona)

Marina Solé Català (Facultad de Derecho, Universidad de Barcelona)

Secretaría Técnica del Consejo Editorial

Lourdes Marzo Ruiz (IDP/ICE, Universidad de Barcelona), Ana Suárez Albo (Editorial Octaedro)

Normas presentación originales:

https://www.ub.edu/idp/web/sites/default/files/docs/Normas_presenta.pdf

Revisores:

https://www.ub.edu/idp/web/sites/default/files/docs//Revisores_Octaedro.pdf

Criterios de calidad:

https://www.ub.edu/idp/web/sites/default/files/docs/criterios.pdf

Francisco Esteban Bara

Bienvenidos a la universidad

Colección Educación universitaria

Título: Bienvenidos a la universidad

Primera edición (papel): diciembre de 2021

Primera edición (epub): junio de 2022

© Francisco Esteban Bara

© De esta edición:

Ediciones Octaedro, S.L.

Bailén, 5 - 08010 Barcelona

Tel.: 93 246 40 02

[email protected]

www.octaedro.com

Universitat de Barcelona

Institut de Desenvolupament Professional (IDP/ICE)

Campus Mundet - 08035 Barcelona

Tel.: 93 403 51 75

[email protected]

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

ISBN (papel): 978-84-19023-36-0

ISBN (epub): 978-84-19312-44-0

Diseño y producción: Servicios Gráficos Octaedro

Dedicado a Clara.

ÍNDICE

1. ¡Carpe diem!

2. Empezar de nuevo para ir hacia no se sabe dónde ni para qué en particular

3. Una comunidad con una misión asombrosa

4. La metamorfosis del tábano universitario

5. Parecer loco tratando de ser sabio

6. El arte de autocriticarse

7. Buscando ejemplos para, quién sabe, convertirse en uno de ellos

8. El cumplimento de una promesa

9. Una vida de ejercicio diario

10. Una vida de cultura

11. Vestirse de universitario

12. Avisos para navegantes universitarios

Referencias

1.¡CARPE DIEM!

Este libro se ha escrito pensando en aquellos jóvenes que quieren ir a la universidad en un futuro cercano, quizá dentro de unos pocos meses o el año que viene. A todos ellos, que deben ser conscientes del importante paso que van a dar en sus vidas y estarán expectantes e ilusionados, les conviene saber dónde van a meterse. Eso no quita que también pueda ser del interés de los que ya están dentro de la universidad y aún les queda un tiempo para acabar sus carreras; especialmente, de los que consideran que ese paso que dieron no ha sido tan crucial como en un principio pensaban y sus expectativas e ilusiones se han visto reducidas o incluso fulminadas. No quisiéramos adelantar acontecimientos, pero vale la pena dejar una cosa clara desde ya: la universidad es uno de los mejores inventos de la historia y los universitarios una de las mayores producciones de la humanidad y, ¡Houston, tenemos un problema!, cuando se piensa de otras maneras. De momento, con decir eso es suficiente. Y, por qué no, este libro también podría decir algo a cualquier persona que tenga una cierta inquietud ante la universidad, sobre todo si convive con alguna futura universitaria o algún joven que ya esté cursando algún grado. No lo convertirá en un coach ni en nada parecido, pero quizá lo ayude a entablar con ellos preciosas conversaciones, de esas que no arreglan nada y que lo cambian todo.

Empecemos por el principio. La cosa suele ir así. Antes de entrar en la universidad hay decidir qué se quiere estudiar. El caso de cada joven es un mundo, eso es verdad como la vida misma, pero no es menos cierto que desde hace años se repiten las mismas situaciones. Digamos que se podrían conformar dos grupos de jóvenes: el de los que lo tienen más o menos claro y el de los que no se aclaran. No pasa absolutamente nada, nadie ha podido demostrar nunca que los unos sean mejores que los otros o que a los otros les vaya mejor la vida que a los unos. En el primer grupo se encuentran aquellos que zanjaron el asunto en su más tierna infancia. Se les pregunta qué quieren estudiar o de qué quieren trabajar y responden lo mismo que cuando eran unos renacuajos. Decían y siguen diciendo exactamente lo mismo, que si maestra, veterinario o arquitecta. El asunto de las vocaciones es un maravilloso misterio. Se suele pensar que hay personas que eligen la profesión de su vida desde bien pequeñitas y, sin embargo, deberíamos preguntarnos si no es al revés, si no es la profesión la que les elige a ellas. También hay jóvenes que lo tienen claro sobre la marcha, lo que no sabían cuando eran niños lo descubren más adelante, en un momento dado. Algunos de ellos hasta podrían explicar con todo lujo de detalles la situación que vivieron o con quién hablaron cuando se les iluminó la bombilla de su futuro profesional. Y en este primer grupo también están los que saben el ámbito al que se quieren dedicar, al de la salud, las humanidades o la ingeniería, aunque tengan dudas sobre qué carrera cursar, quizá haya dos o tres que sean de su agrado. Este tipo de casos podría haber aumentado en los últimos tiempos, el número de grados universitarios ha crecido considerablemente en casi todos los ámbitos, es más, también se han creado algunos que están a caballo entre dos o tres.

Vayamos ahora al grupo de los indecisos. Allí se encuentran los jóvenes que el lunes quieren estudiar Administración y Dirección de Empresas, el viernes Periodismo y el día que toque decidirlo ya verán lo que hacen. En muchos casos, no son ellos los responsables de sus inseguridades, no es que no tengan ni flowers sobre qué hacer con su futuro profesional o que sean víctimas de una incertidumbre congénita. Lo que suele suceder es que se ven ante el gran escaparate de carreras que se acaba de comentar y que no para de crecer, y eso puede llegar a despistar al más pintado. Y, por supuesto, también los afecta el famoso asunto de las salidas profesionales más demandadas que, como es sabido, no para quieto y tiene una voz demasiado seductora. A casi nadie le amarga un dulce, tampoco saber que determinados títulos universitarios garantizan encontrar trabajo en un futuro cercano.

Sea como sea, los futuros universitarios no están solos. Para solucionar sus posibles dudas, existe desde hace años una auténtica maquinaria informativa: fantásticas páginas web y redes sociales de universidades y de diferentes organismos gubernamentales; visitas guiadas a los campus, usualmente llamadas jornadas de puertas abiertas; ferias universitarias que se celebran en grandes pabellones de muchas de nuestras ciudades; periódicos con alguna sección editorial dedicada a las universidades; blogs de personas que explican cosas de la universidad por amor al arte; colegios e institutos que organizan charlas o encuentros con antiguos alumnos, y muchas otras cosas que ahora se nos pueden escapar. Y siempre está el recurso informativo de toda la vida, el de ir por casa, si se prefiere decir así: hablar con quienes están a tiro de piedra y tienen algún conocimiento de causa. Hija mía, si quieres ser abogada coméntaselo a tu hermano, ya sabes que su mejor amigo estudia Derecho. Si lo que de verdad te interesa es estudiar Biología, deberías hablar con el hijo de mi amigo Antonio, está en segundo curso. ¿Has dicho Historia del Arte?, ¿estás seguro?, ¿por qué no le preguntas a la hija mayor de los del quinto primera?, acabó esa carrera el año pasado. Si estás indeciso entre esta universidad y aquella otra, tendríamos que quedar con el primo de tu madre, el catedrático, debe conocer lo que se cuece en las dos. Lo que digan el mejor amigo del hermano, el hijo de Antonio, la chica de los del quinto primera o el pariente de la madre puede ser de mucha ayuda, más de uno podría decir que ese tipo de opiniones y sugerencias le fueron de primera. En fin, no hay excusa para no enterarse de la oferta de estudios de cada año, qué va a encontrar uno en la carrera que más le interesa, qué servicios ofrecen las universidades que le atraen, si están bien valoradas o no a nivel internacional, las becas y ayudas que puede solicitar o muchas otras cosas parecidas.

Ahora bien, hay que decirlo todo. En este asunto querer no siempre es poder, por lo menos en España y muchos otros países. Las fastidiosas notas de corte que año tras año dan acceso a los diferentes grados universitarios tienen la última palabra. Esas puntuaciones abren y cierran puertas. Es una lástima, pero de momento y hasta nueva orden, así están las cosas. La realidad, sin embargo, también nos demuestra algo que no debería pasar desapercibido. Hay muchas personas que estudiaron la carrera que querían o incluso la de sus sueños y no han dejado de arrepentirse desde el momento en el que salieron de la universidad; y, de igual modo, también hay bastantes a las que les tocó cursar un grado que ni les iba ni les venía y, mira por dónde, son felices como perdices gracias a lo que estudiaron. No queda más que desear suerte a los futuros universitarios, bien para que puedan acceder al grado que desean, bien para que acierten en sus elecciones. Pero que no se preocupen demasiado por esas cosas. Quizá esto sorprenda a más de uno: estudiar un grado u otro tiene la importancia que tiene, ni más ni menos, y desde luego, no es lo único ni lo mejor que se puede obtener de la universidad.

Hagamos dos pequeños ejercicios. Imaginemos que alguien nos dice que la música ha cambiado la vida de Patricia. Podríamos pensar que ha empezado a tocar la bandurria en una banda, que ha abierto un negocio de instrumentos musicales o que ha conseguido un contrato en una discográfica. Quizá también pensemos que tiene una nueva agenda y rutinas distintas, que ha entrado en un círculo de amigos diferente o que su sueldo ya no es el de antes. Es normal pensar en cosas como esas, pero nos quedaríamos cortos. Que la música ha cambiado la vida de Patricia es una noticia demasiado contundente, tiene más cera de la que arde. También podemos suponer que Patricia es una persona diferente gracias a la música. Podemos sospechar que ahora persigue nuevos fines en su vida, que se comporta de una manera distinta, que se le iluminan los ojos ante cosas que antes le importaban tres pimientos o que pasa olímpicamente de asuntos que tiempo atrás la agobiaban. En fin, podemos pensar que se la seguirá reconociendo, ¡mira, ahí está Patricia!, pero, al mismo tiempo, que será otra persona que hasta la fecha no se conocía, algo así como a una Patricia versión 2.0.

Vayamos a por el segundo ejercicio. Imaginemos ahora que alguien nos dice que la universidad ha cambiado la vida de Gregorio. Bien, podríamos pensar que está estudiando una carrera y que su vida se ha reorganizado en torno a ella. Quizá haya aparcado el grupo de teatro en el que llevaba tantos años actuando, las horas de ensayo le coinciden con las de clases; habrá hecho nuevos amigos con los que sale de fiesta y viaja cada cierto tiempo; su habitación tendrá más libros y papeles que nunca; madrugará más, porque tiene que coger un tren para ir a la facultad, y, a lo mejor, va a estudiar a la biblioteca la mayoría de los sábados. Sin embargo, esta noticia es tan rotunda y profunda como la anterior. También podemos imaginar que Gregorio es otra persona gracias a la universidad, incluso sin prestar demasiada atención a qué carrera está estudiando, podemos entender que la universidad lo ha removido por dentro y lo ha transformado. Podemos pensar que ya no estamos ante el Gregorio que la gente conocía, sino ante una nueva persona que podríamos llamar Gregorio el universitario.

Pues bien, hemos llegado donde queríamos, al meollo de este libro. Si una persona es otra gracias a la universidad, será porque ha vivido un conjunto de experiencias de las que marcan, emocionan, trastocan, llenan, curten o como se lo quiera llamar, será porque ha disfrutado a más no poder de la vida universitaria, ¡y eso es precisamente lo mejor y más valioso que puede ofrecer ese lugar que desde hace siglos llamamos universidad! Quizá ahora se entienda un poco mejor lo que se decía antes, eso de que cursar un grado u otro tiene la importancia que tiene. Aún no se ha inventado la carrera que esté a la altura de la vida universitaria. Eso es lo que sugieren muchos y eminentes intelectuales que han estudiado a fondo la cuestión universitaria y la maravillosa historia de la universidad (Barnett y Fulford, 2020); y lo que podrían afirmar millones de personas que, desde la Edad Media hasta nuestros días, han pasado por alguna de nuestras universidades. Claro que sí, también hay muchísimos universitarios de ayer y de hoy que afirman exactamente lo contrario, que dicen que la universidad no les cambió en ningún sentido o que incluso fue una especie de suplicio. Como se irá viendo conforme avancemos, esas personas no hablan de la vida universitaria, sino de malas imitaciones de esa vida que desgraciadamente les tocó vivir. La vida universitaria es buena por naturaleza, no decepciona nunca.

Está bien que a los futuros universitarios se los informe sobre los intríngulis de cada carrera, los servicios que ofrecen las universidades, las salidas profesionales, o cosas por el estilo, pero también tienen derecho a estar informados sobre la vida universitaria que van a emprender, y, por supuesto, también lo tienen los estudiantes que ya caminan por nuestros campus y no se les dijo nada al respecto. Todos ellos merecen saber qué significa esa vida, cuál es su sentido, qué posibilidades ofrece, qué consecuencias tiene, en fin, ¡por qué vale la pena vivirla y por qué es una pena perdérsela! La vida universitaria es muchísimo más que pasarse una serie de años en la universidad, obtener un título, un conjunto de actos académicos, conferencias, fiestas o competiciones deportivas. Hemos de ser justos con todos esos jóvenes, pero también con la propia universidad. ¿Por qué casi no se habla de la vida que ofrezco a los jóvenes que llaman a mi puerta?, ¿cómo es que apenas se les explica lo mejor que yo puedo ofrecer y que ellos pueden llevarse?, cosas así preguntaría la universidad con voz triste si pudiera hablar. Y todavía hay una razón más para decir cosas sobre la vida universitaria, un motivo de peso y de interés general, sí, esa vida tiene que ver con el bien común, le concierne a cualquier ciudadano de a pie. La vida universitaria es un buen remedio para los disgustos, cabreos y dolores de cabeza, nos referimos a los que nos producen aquellas personas que por mucho título universitario que tengan colgado en la pared, dejan mucho que desear. No necesitamos individuos que pasen por la universidad, sino personas que la vivan. Desde luego que la vida universitaria por sí sola no va a solucionar todos los problemas que tenemos en nuestros hospitales, escuelas, oficinas, ciudades y pueblos, pero sí que puede convertir el mundo en un lugar mejor, más habitable y agradable.

Ya va siendo hora de hablar de la vida universitaria, hay mucho que decir al respecto. Podríamos empezar por lo que la universidad le susurra a cualquier joven que se planta ante ella: ¡aprovecha el momento que vas a vivir! Si a alguien no le convence esa invitación, que se quede con esta otra: ¡prepárate, porque vas a alucinar por un tubo! Aunque quizá lo más conveniente sea empezar con unos preciosos versos. A la universidad le encanta la poesía, será porque ella es justamente eso, pura poesía. El poema en cuestión lleva por título la famosísima locución latina Carpe diem y ha sido atribuido a Walt Whitman (1819-1892), uno de los mejores poetas de la historia. Es recomendable leerlo sin estar pendientes del teléfono móvil ni de nadie, en soledad, con toda la atención del mundo, despacio, dos, tres o cuatro veces si hace falta, hasta que se descubra su profundidad y la emoción sea incontrolable, hasta captar dónde va a meterse uno.

CARPE DIEM

Aprovecha el día.

No dejes que termine sin haber crecido un poco,

sin haber sido un poco más feliz,

sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie

te quite el derecho de

expresarte que es casi un deber.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida

algo extraordinario…

No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía

sí pueden cambiar el mundo…

Somos seres, humanos, llenos de pasión.

La vida es desierto y también es oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos convierte en

protagonistas de nuestra propia historia…

Pero no dejes nunca de soñar,

porque sólo a través de sus sueños

puede ser libre el hombre.

No caigas en el peor error, el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes…

No traiciones tus creencias. Todos necesitamos

aceptación, pero no podemos remar en

contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta el pánico que provoca tener

la vida por delante…

Vívela intensamente,

sin mediocridades.

Piensa que en ti está el futuro y en

afrontar tu tarea con orgullo, impulso

y sin miedo.

Aprende de quienes pueden enseñarte…

No permitas que la vida

te pase por encima

sin que la vivas.

2.EMPEZAR DE NUEVO PARA IR HACIA NO SE SABE DÓNDE NI PARA QUÉ EN PARTICULAR

El año 1994 se estrenó la película Forrest Gump, dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Tom Hanks. Su guion está basado en la novela homónima de Winston Groom, que fue publicada casi una década antes. Además de recibir multitud de premios en diferentes festivales, academias y sindicatos de cine, el filme estuvo nominado a 13 Óscars y consiguió 6 de ellos, incluyendo el de mejor película, director y actor. Diversas publicaciones y plataformas digitales dedicadas al mundo del cine la sitúan entre las 100 mejores películas de la historia. Y no solo eso, su banda sonora es una recopilación de canciones que también forman parte de la historia de la música, se vendieron unos 8 millones de copias en todo el mundo. En fin, gustará más o menos, pero estamos ante una de esas películas que, como suele decirse, vale la pena ver.