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Durante los días 8 y 9 de junio de 2021 se celebró en la Universidad Pontificia Comillas el XXXIV Seminario Interdisciplinar de Bioética. Este libro recoge la mayoría de las intervenciones que allí tuvieron lugar, así como algunos otros escritos que se presentaron en aquellas jornadas. La temática elegida fue Bioética para una sociedad envejecida, era una deuda con nuestros mayores. Se trataba de ir un poco más allá del COVID-19. El decantado que ha dejado la pandemia ha sido la situación social, política, económica y ética de los mayores de la sociedad. El virus Sars-cov-2 ha sido tan cruel, que no solo se ha llevado por delante la vida de miles de personas mayores, sino que además ha corrido el velo de la ignorancia que nos habíamos puesto voluntariamente en los ojos, dejando ver la cruda realidad. Vivimos en una sociedad envejecida pero en la que aparece la gerontofobia y la imagen social de la vejez como una carga, lo que se traduce en desigualdad e injusticia contra los más mayores. Este libro aborda grandes cuestiones éticas como la justicia, el valor de la vida, la fraternidad y el cuidado desde la perspectiva de los mayores. En definitiva, el impacto que el envejecimiento de la población tiene sobre la bioética fundamental. Parte de los datos, como se le supone a toda buena reflexión bioética, y llega hasta temas como el cuidador, la cuestión de la vejez y el género, el transhumanismo y el cuidado con robots.
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Seitenzahl: 417
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Portadilla
BIOÉTICA PARA UNA SOCIEDAD ENVEJECIDA
Colección
DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS
MADRID
CÁTEDRA DE BIOÉTICA
Dilemas Éticos de la Medicina Actual
N.º 34
Director de la colección
Rafael Amo Usanos
PEDIDOS:
UPCO SERVICIODE PUBLICACIONES
C/ Universidad de Comillas, 3
28049 Madrid
Tel.: 91 734 39 50 – Fax: 91 734 45 70
www.comillas.edu/es/
Portada
Rafael Amo Usanos(editor)
BIOÉTICA PARA UNA SOCIEDAD ENVEJECIDA
M.ª Teresa López López
José Eduardo de Siqueira
Félix Lobo Aleu
Rafael Amo Usanos
Jorge José Ferrer
Francesc Torralba
Macarena Sánchez-Izquierdo Alonso
M. ª Carmen Massé García
Sara Lumbreras
Tijs Vandemeulebroucke
Olivia Figueira
Anor Sganzerla
Carla Corradi Perini
2022
Créditos
Servicio de Biblioteca. Universidad Pontificia Comillas de Madrid
BIOÉTICA para una sociedad envejecida / Rafael Amo Usanos (editor) ; [autores] Mª Teresa López López... [y otros]. -- Madrid : Universidad Pontificia Comillas, 2022.
224 p. -- (Dilemas éticos de la medicina actual / Cátedra de Bioética ; 34)
Bibliografía.
D.L. M 6715-2022. -- ISBN 978-84-8468-923-2
1. Ancianos. 2. Bioética. 3. Envejecimiento. 4. Aspectos sociales. I. Amo Usanos, Rafael (1972-) , editor literario, autor. II. López López, María Teresa, autor.
Esta editorial es miembro de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE), lo que garantiza la difusión y comercialización de sus publicaciones a nivel nacional e internacional
© 2022 UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS
Universidad Comillas, 3
28049 Madrid
© 2022 De todos los autores
Diseño de cubierta: Belén Recio Godoy
ISBN: 978-84-8468-923-2
Depósito Legal: M-6715-2022
Maquetación e impresión: Imprenta Kadmos
Reservados todos los derechos. Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier sistema de almacenamiento o recuperación de la información, sin permiso escrito de la Universidad Pontificia Comillas.
Índice
ÍNDICE
PRÓLOGO
Rafael Amo Usanos
LAS PERSONAS MAYORES EN ESPAÑA. EL VALOR DEL ENVEJECIMIENTO
M.ª Teresa López López
1. Introducción
2. Grandes cifras e indicadores demográficos de la población en España: claro envejecimiento demográfico
3. Las personas mayores en España. Un colectivo no homogéneo
4. Las personas mayores como sujetos imprescindibles para el correcto funcionamiento de la sociedad y la economía
5. Paradojas de la sociedad en relación a nuestros mayores y a sus cuidados
6. Referencias bibliográficas
O CUIDADO AOS IDOSOS: A PERSPECTIVA DO BRASIL
José Eduardo de Siqueira
1. Algumas considerações iniciais
2. Sistema Único de Saúde (SUS)
3. A necessidade de um olhar diferenciado para a saúde do idoso no Brasil
4. Referências bibliográficas
JUSTICIA, RECURSOS LIMITADOS, SOCIEDAD ENVEJECIDA Y JÓVENES
Félix Lobo Aleu
Referencias bibliográficas
EL VALOR DE LA VIDA EN UNA SOCIEDAD ENVEJECIDA
Rafael Amo Usanos
1. ¿Qué es la vida?
2. ¿Qué es el valor?
3. El valor de la vida
4. Referencias bibliográficas
EL PRINCIPIO FRATERNIDAD: UNA PROPUESTA ÉTICA INSPIRADA POR FRATELLI TUTTI
Jorge José Ferrer
1. Introducción
2. La fraternidad en Fratelli tutti
3. La viabilidad del principio fraternidad en una sociedad secular
4. A modo de conclusión: principio fraternidad y una sociedad (global) envejecida y desigual
5. Referencias bibliográficas
HACIA UNA BIOÉTICA DEL CUIDADO
Francesc Torralba
1. Introducción
2. El desarrollo de la bioética del cuidar
3. Principios éticos básicos
4. Referencias bibliográficas
EL CUIDADOR PROFESIONAL DE PERSONAS MAYORES
Macarena Sánchez-Izquierdo Alonso
1. Introducción
2. Cuidado familiar y cuidado profesional: similitudes y diferencias
3. Estresores de la situación de cuidado
4. La necesidad de cuidarse
5. La ética y el cuidador
6. Conclusiones
7. Referencias Bibliográficas
LA FEMINIZACIÓN DE LA ANCIANIDAD. VEJEZ Y GÉNERO
M.ª Carmen Massé García
1. Introducción
2. Una mirada a la realidad: el rostro femenino de la ancianidad
3. Cuando la realidad nos mira: percepciones de los mayores y sus diferencias de género
4. La mujer anciana en la transformación social. Un icono del cuidado
5. Bioética para una ancianidad feminizada
6. Conclusiones
7. Referencias bibliográficas
EL IDEAL DE UN HOMBRE QUE ESQUIVA AL TIEMPO: TECNOLOGÍA Y VEJEZ
Sara Lumbreras
1. Introducción: eterna juventud, tecnología y transhumanismo
2. La nueva ciencia del envejecimiento y las tecnologías de la juventud
3. La extensión de la vida como negocio. ¿Qué podemos comprar ya?
4. Una renovada obsesión por la juventud posibilitada por la tecnología: la era del filtro
5. La brecha digital y la guerra de las generaciones
6. El reverso positivo del transhumanismo
7. Referencias bibliográficas
CAN CARE ROBOTS CARE FOR OLDER ADULTS? AN OVERVIEW OF THE ETHICAL LANDSCAPE
Tijs Vandemeulebroucke (Ph.D.)
1. Introduction
2. The ethical landscape of the use of care robots in aged care
3. Transgressing the borders of the current ethical landscape of the use of care robots
4. Governing the ethical landscape of care robots
5. Conclusion
6. bibliographic references
ENVELHECIMENTO SAUDÁVEL E BIOÉTICA GLOBAL: UM DIÁLOGO POSSÍVEL E NECESSÁRIO
Olivia Figueira
Anor Sganzerla
Carla Corradi Perini
1. Introdução
2. Envelhecimento saudável proposto pela OMS
3. Bioética global: em defesa da saúde, qualidade de vida e da justiça social
4. Aproximações da concepção de bioética global de Potter com o envelhecimento saudável
5. Considerações finais
6. Referências bibliográficas
PRÓLOGO
PRÓLOGO
Rafael Amo Usanos
Director de la Cátedra de Bioética
El año 2020 el COVID-19 provocó la suspensión del tradicional Seminario Interdisciplinar de Bioética que la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas venía celebrando ininterrumpidamente desde 1987. Pasada la tormenta, y con relativa calma, esta Cátedra celebró durante los días de 8 y 9 de junio de 2021 el XXXIV Seminario Interdisciplinar de Bioética. Este libro recoge la mayoría de las intervenciones que allí tuvieron lugar, así como algunos artículos preparados para complementar las temáticas afrontadas en el Seminario. También incluye el paper seleccionado entre los que se presentaron respondiendo a la llamada que realizó la organización.
La temática elegida fue Bioética para una sociedad envejecida, era una deuda con nuestros mayores. Se trataba de ir un poco más allá del COVID-19, que lo inunda todo. Esta cuestión ya había sido tratada por esta Cátedra mediante la publicación, en noviembre del 2020, del libro de colaboraciones La humanidad puesta a prueba. Bioética y COVID-19. El decantado que ha dejado la pandemia ha sido la situación social, política, económica, ética, etc. de los mayores de la sociedad. El virus Sars-cov-2 ha sido tan cruel, que no solo se ha llevado por delante la vida de miles de personas, muchas de ellas mayores, en condiciones casi inhumanas; sino que además ha corrido el velo de la ignorancia que nos habíamos puesto voluntariamente en los ojos dejando ver la cruda realidad. Vivimos en una sociedad envejecida, pero en ella como parte del imaginario colectivo aparecen la gerontofofobia y la imagen social de la vejez como una carga, lo que se traduce en desigualdad e injustica contra los más mayores.
Los datos son incontestables, en el mundo «hay más personas mayores que niños menores de cinco años. En 2020, por primera vez en la historia, el número de personas de 60 años o más superan en número a los niños menores de cinco años», así lo afirma el documento de la Organización Mundial de la salud que prepara la Década del envejecimiento saludable. Por si no nos habíamos dado cuenta del envejecimiento de la sociedad, las terribles consecuencias de la pandemia nos lo han traído a primera plana de la actualidad. Las imágenes, al menos en España, de los mayores muertos en la soledad de sus casas, en residencias u hospitales, han llevado a la primera plana de los periódicos que la sociedad está envejecida.
Aunque haya podido sorprender el descubrimiento del envejecimiento de la población, ya en 1978 la Organización de Naciones Unidas en su resolución 33/52 de 14 de diciembre decidió convocar para 1982 la primera Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento. El objetivo era que «las sociedades reaccionen más plenamente ante las consecuencias socioeconómicas del envejecimiento de las poblaciones y ante las necesidades especiales de las personas de edad».
En 1991, en la Resolución 16/41 de 16 de diciembre las Naciones Unidas promulgaron los Principios en favor de las personas de edad. Estos son: independencia, participación, cuidados, autorrealización y dignidad.
En Madrid, en el año 2002, se celebró la segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento. Aquí se puso de manifiesto que el envejecimiento ya no es solo un problema de los países desarrollados. Ya es un problema global. El plan de acción que surgió de esta segunda Asamblea se centró en tres ámbitos prioritarios: las personas de edad y el desarrollo; el fomento de la salud y el bienestar en la vejez; y la creación de un entorno propicio y favorable para la autonomía.
A raíz de la segunda línea de trabajo, la Organización Mundial de la Salud diseño en 2016 una estrategia y un plan de acción mundial sobre el envejecimiento y la salud. En 2019 emitió un amplio informe sobre el Envejecimiento y la salud, y terminó declarando la década del 2020 al 2030 como la Década del envejecimiento saludable. Aquí vuelve a constatar que: «hoy en día, la mayoría de las personas pueden esperar vivir hasta los 60 años o más. Una persona que tenga 60 años al comienzo de la Década del Envejecimiento saludable puede esperar vivir, de promedio, 22 años más».
¿Y la ética?, ¿dónde queda la ética entre tanta declaración, plan, o estudio? Cómo casi siempre, relegada. Por eso la reflexión bioética que se desarrolló en el Seminario interdisciplinar de Bioética, y que contiene este libro, es una deuda que teníamos adquirida y que se ha visto agravada por el azote de la pandemia.
Es cierto que no partimos de cero para pagarla. En 1995, Javier Gafo, siempre con la mirada profunda que tenía, ya convocó un Seminario con el título Ética y ancianidad. Allí afirmaba:
Pero hoy la vejez, la ancianidad –¿a qué viene el eufemismo de la tercera edad?– se presenta con unas características poco risueñas y totalmente novedosas. Nunca, en la larga historia humana, han existido sociedades con un porcentaje tan elevado de personas ancianas; nunca ha habido tantas personas a las que ya les ha aparecido la hoja roja de la jubilación en tan excelentes condiciones, físicas y mentales, y que comienza a vivir una preagonía que puede durarles muchos años.
En 2014, casi veinte años más tarde, el entonces director de la Cátedra de Bioética, Javier de la Torre, dirigió un Seminario con el título Bioética y ancianidad en una sociedad en cambio. Como se ha indicado, el azote del COVID-19 nos ha hecho volver a este tema.
El Seminario presentó grandes novedades formales. En primer lugar, se celebró de forma bimodal, esto es, había asistentes presenciales en la sala y otros conectados por internet. En segundo lugar, tuvo una proyección internacional: había ponentes de los dos lados del atlántico. En tercer lugar, en la web que se diseñó para el evento se podían visionar videos que abordaban cuestiones relativas a la temática del Seminario, además también se enlazaron a los Abstract de cuatro artículos que se publican en este libro que complementaban las intervenciones de las mesas del Seminario. Por último, en cuarto lugar, se abrió la posibilidad de enviar aportaciones que serán publicadas en este volumen mediante un call for papers.
Los dos primeros capítulos recogen los datos del presente y futuro del envejecimiento de la sociedad. Punto de partida imprescindible para nuestra forma de hacer bioética. La doctora, María Teresa López, en el capítulo primero titulado Las personas mayores en España. El valor del envejecimiento presentó el panorama del envejecimiento en España. Poniendo de manifiesto que en el imaginario colectivo los mayores aparecen como una carga. Frente a ello destacó la contribución, no solo económica –pero también ésta– que los mayores hacen a la sociedad. Paralelamente los profesores José Eduardo de Siqueira y Waldir Souza, O cuidado aos idosos: A perspectiva do Brasil, ofrecieron datos del envejecimiento de la población desde la perspectiva de Brasil y destacaron que el sistema de salud de Brasil no protege suficientemente el derecho de los mayores, generando así una desigualdad.
En el tercer capítulo, titulado Justicia, recursos limitados, sociedad envejecida y jóvenes, el profesor José Félix Lobo, al abordar la cuestión de los recursos limitados y la atención a los mayores, hace surgir la inevitable pregunta por la justicia. Ahora bien, lo hace de forma provocativa poniendo sobre la mesa las dificultades que se encuentran los jóvenes en una sociedad envejecida.
Los capítulos cuatro, cinco y seis, recogen el segundo bloque del Seminario que pretende conocer el impacto que el dato del envejecimiento de la sociedad tiene sobre los fundamentos de la bioética. Así se revisarán algunos principios fundamentales de la bioética bajo la perspectiva del envejecimiento. En el capítulo cuarto, el profesor Rafael Amo Usanos estudia la pregunta por El valor de la vida en una sociedad envejecida (¿qué es la vida? ¿qué es el valor? ¿cuál es el valor de la vida?), haciendo dialogar la filosofía de Zubiri con los Principios de Naciones Unidas en favor de las personas de edad para dar más vida a los años que se han agregado a la vida. En el capítulo quinto, El principio fraternidad. Una propuesta ética inspirada por Fratelli Tutti, el doctor Jorge Ferrer propone incorporar la fraternidad –en la reciente formulación del papa Francisco– como principio bioético haciéndolo dialogar con otras concepciones de la fraternidad y con las teorías de la justicia. Poniendo final a este bloque de contenidos Francesc Torralaba en el capítulo sexto Hacia una bioética del cuidado estudia la actualización de la bioética del cuidado en el marco de la sociedad envejecida y sus implicaciones en la vulnerabilidad, autonomía e integridad.
Además, forman parte de este volumen cuatro intervenciones que se pidieron a sendos expertos. Cuatro temas que no podían dejar de tratarse y que no podían quedar fuera del estudio. El primero de los temas, abordado por la profesora Macarena Sánchez-Izquierdo en el capítulo séptimo es El cuidador profesional de las personas mayores y la necesidad de cuidar al cuidador como un imperativo ético. Por su parte, el capítulo octavo, obra de la doctora M.ª del Carmen Massé García y titulado La feminización de la ancianidad. Vejez y género, pone de manifiesto la necesidad de acentuar los principios bioéticos de justicia, vulnerabilidad y cuidado, dado que el rostro de la vejez es de mujer. Por último, este bloque se cierra con dos capítulos que miran al futuro ya presente. El capítulo octavo, de la profesora Sara Lumbreras titulado El ideal de un hombre que esquiva al tiempo: tecnología y vejez, aborda la imagen que de la vejez trasluce el transhumanismo, con sus sombras y con sus luces. En el capítulo noveno escrito por Tijs Vandemeulebroucke, Can care robots for older adults? An overview of the ethical landscape, su autor aborda la problemática ética del uso de robots en el cuidado de mayores.
Cierra este libro el paper seleccionado de entre los que se presentaron. Sus autores son Olivia Figueira, Anor Sganzerla y Carla Corradi Perini, Envelhecimento saudável e bioética global: um diálogo possível e necessário.
En fin, este libro pretende contribuir a saldar la deuda que la sociedad tiene con sus mayores que tanto han contribuido y contribuyen a ella y de la que no reciben valoración, justicia y el cuidado que su dignidad exige.
Quiero agradecer a la Fundación Sanitas la ayuda para celebrar este Seminario y para que esta publicación vea la luz, en especial a Iñaki Ferrando por su cercanía, amabilidad y colaboración. También al Consejo de Cátedra por su ayuda para seleccionar temas y ponentes, así como para el desarrollo de las jornadas. No puedo olvidar a los miembros del consejo de la Revista Iberoamericana de Bioética que nos han ayudado en la tarea de internacionalizar este Seminario, ni tampoco los consejos de Carlos Gómez-Vírseda. A todos, y antes que, a nadie a Dios, muchas gracias.
LAS PERSONAS MAYORES EN ESPAÑA. EL VALOR DEL ENVEJECIMIENTO
LAS PERSONAS MAYORES EN ESPAÑA. EL VALOR DEL ENVEJECIMIENTO
M.ª Teresa López López
Ex Presidenta del Comité de Bioética de España
Profesora honorífica de la Universidad Complutense
1. Introducción
El XXXIV Seminario Interdisciplinar de Bioética organizado por la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas que se llevó a cabo el pasado mes de junio, abordó cuestiones relativas a la Bioética para una sociedad envejecida y a la deuda con nuestros mayores, asunto sobre el que es necesario reflexionar y que resulta especialmente oportuno en este momento. Estas páginas recogen mi intervención en dicho seminario así como algunas reflexiones posteriores a la misma.
Durante la pandemia del COVID-19 nuestros mayores han sido, con toda certeza, los que más han sufrido, no solo por el número de fallecidos –muy elevado–, sino también por la terrible soledad que han experimentado ellos mismos y sus familias. Muchísimos ancianos no han podido ver, ni abrazar a sus hijos ni a sus nietos durante meses y en muchos casos han experimentado el dolor por la muerte de sus parejas o incluso de sus propios hijos, sin haber podido despedirse de ellos, sufriendo una absoluta soledad en la última etapa de su vida.
Por ello es un buen momento, y este Seminario una oportunidad, para ampliar la mirada sobre este grupo de población y reconocer lo que ellos representan y aportan a ella. Esta nueva mirada a nuestros mayores nos hará ser más conscientes de que les necesitamos, no sólo a nivel personal y familiar, sino también como sujetos imprescindibles para el buen funcionamiento de la sociedad e incluso de la economía. Este es el objetivo principal de estas páginas, conocer quienes forman parte este grupo de población en España, y sus principales características socioeconómicas, ya que de ellas derivan algunas de sus necesidades, así como identificar el papel clave que desempeñan en la nuestra sociedad aportando capital humano, social y económico.
Para ello me referiré, en primer lugar, al comportamiento de la población española en las últimas décadas así como a su estructura y composición por edades, lo que unido al análisis de algunos indicadores nos permitirá observar un importante envejecimiento demográfico. En segundo lugar, se recogerán algunas de las diferencias que se observan entre las personas mayores utilizando algunos indicadores sociales y económicos que permiten afirmar que estamos ante un grupo de población no homogéneo, por lo que sus necesidades pueden llegar a ser muy diferentes según las variables que consideremos.
Pero también se observan coincidencias en ciertos comportamientos y actitudes comunes entre ellos que serán recogidas en la tercera parte. Todos ellos desempeñan unas funciones muy similares que nos permitirán reconocerles, como ya se ha señalado, como un grupo de población imprescindible para el buen funcionamiento social y económico.
Terminaré haciendo una referencia especial a lo que he dado en denominar las paradojas de nuestra sociedad, y a las que deberíamos prestar más atención para dar respuesta a la deuda que tenemos con los mayores y a la que hace referencia explícita el subtítulo de este Seminario.
2. Grandes cifras e indicadores demográficos de la población en España: claro envejecimiento demográfico
Los datos del Padrón Continuo, a 1 de enero de 2020, muestran una población residente en España de 47,45 millones de personas, lo que supone un incremento de más del 17 % en las dos últimas décadas. Este crecimiento ha tenido lugar especialmente en la primera década de los 2000, superando en el 2010, los 47 millones de habitantes. Sin embargo, en la última década la población se ha estabilizado no llegando siquiera a un crecimiento del 1 %. Esta tendencia parece consolidarse, ya que la previsión realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) de los datos del Padrón a 1 de enero de 2021, muestra incluso una ligera disminución de la población (gráfico 1).
Gráfico 1. Población total residente en España 2000-2021
Fuente: INE. Padrón Continuo a 1 de enero. Los datos de 2021 son provisionales.
Veamos algunas características de esta población:
i. Por tramos de edad, se observa que en las dos últimas décadas se ha producido un aumento significativo a partir del grupo de población de 45 años, y un descenso en las edades comprendidas en los tramos de 15-34 años (gráfico 2). Igualmente, se alcanza una población de 65 y más años de 9,21 millones de personas, lo que representa casi el 20 % de la población total. El tramo de población con menos peso porcentual en el conjunto de la población de personas es el de 90 y más años.
Gráfico 2. Población por grupo de edad 2000-2020
Fuente: INE. Padrón Continuo a 1 de enero.
ii. La edad media de la población en España, según datos de los Indicadores Demográficos del INE, se situaba en 2020 en 42,28 años para los hombres y 44,83 para las mujeres, lo que significa casi 10 años más que hace 4 décadas (gráfico 3).
Gráfico 3. Edad media por sexo en España 1980-2020(años)
Fuente: INE. Padrón Continuo a 1 de enero.
iii. La esperanza de vida al nacer en España también ha experimentado un importante crecimiento de casi 10 años, tanto en hombres como mujeres, situándose en 2020 cerca de los 80 años en ellos y 5,47 años más en las mujeres (gráfico 4). Igualmente, si consideramos la esperanza de vida a los 65 y más años, es decir, la que tiene ahora en España más de 9,7 millones de personas, es de más de 18 años en los hombres y más de 22 en las mujeres (gráfico 5), lo que también muestra un crecimiento significativo en las últimas décadas, especialmente en el grupo de mujeres. Pero debemos tener en cuenta también un indicador complementario a éstos, la esperanza de vida saludable, que nos proporciona información no sólo de la cantidad de vida de las personas, sino también de su calidad. Si medimos «el porcentaje de tiempo que se vive en buena salud a partir de los 65 años, el contraste entre hombres y mujeres es más patente: 59,0 % del tiempo por vivir en los hombres lo es en buenas condiciones, mientras que es sólo el 48,1 % en el caso de las mujeres» (Pérez, Abellán, Aceituno, Ramiro, 2020, p. 17).
Gráfico 4. Esperanza de vida al nacer en España 1975-2020 (años)
Fuente: INE, Indicadores Demográficos Básicos.
Gráfico 5. Esperanza de vida a los 65 y + añosEspaña 1975-2020 (años)
Fuente: INE, Indicadores Demográficos Básicos.
iv. El incremento de la esperanza de vida, unido en el caso de España, al descenso de la tasa de natalidad, está generando un crecimiento acelerado del peso de la población de mayor edad, dando lugar a un claro envejecimiento de la población, como también indica la evolución de la tasa de dependencia y del índice de envejecimiento (tabla 1).
Tabla 1. Indicadores de envejecimiento
Tasa de dependencia
Unidad: %
Indice de envejecimiento
Unidad: %
Mayores
64 años
Menores
16 años
1980
1990
2000
2010
2020
2021(p)
18,14
20,76
24,51
24,94
30,19
30,46
45,96
34,06
23,72
23,50
24,10
23,58
39,47
60,96
103,33
106,12
125,72
120,17
Fuente: INE, Indicadores Demográficos Básicos.
La tasa de dependencia permite comparar la población en edad activa –en términos laborales– respecto a la de menores de 16 años y mayores de 64 años[1]. Entre 1980 y 2020, la de los menores de 16 años ha pasado de representar casi el 45 % de la población activa, a menos de la cuarta parte, el 23,58 %, mientras que la población mayor de 64 años se ha incrementado en estas cuatro décadas del 18 % hasta el 30,46 % (tabla 1). Por su parte, el Índice de Envejecimiento[2] (tabla 1), presenta un incremento exponencial entre 1980 y 2020, situándose por encima del 125 en 2020, aunque la previsión de los datos del Instituto Nacional de Estadística correspondiente a 2021 muestran un descenso de algo mas de 5 puntos porcentuales, datos que habría que explicar cuando sean definitivos, a la luz de la pandemia.
Este crecimiento continuado tiene un impacto social y económico de gran alcance, al generar mayores necesidades de cuidados vinculados a la edad, que afectan a la organización familiar y a las políticas públicas que buscan facilitar su cobertura, así como a nuestro actual sistema de pensiones públicas, que al tratarse de un sistema de reparto, exige un crecimiento de la población capaz de garantizar su sostenibilidad en el tiempo.
3. Las personas mayores en España. Un colectivo no homogéneo
Como ya hemos visto, el colectivo de personas mayores tiene un peso muy importante en la población, pero no estamos ante un grupo de población homogéneo, sus características sociales y económicas son diferentes y también lo son sus necesidades de cuidado. Y las primeras diferencias que encontramos se detectan especialmente entre hombres y mujeres, observándose una clara feminización de la vejez: el 56,74 % de la población de 65 y más años son mujeres, frente al 43,26 % que son hombres. A medida que aumenta la edad, esta mayor presencia de mujeres se acentúa llegando éstas a representar más de un 78 % en el grupo de los que tienen 100 o más años[3].
Tabla 2. Población mayor por grupo de edad quinquenal
Personas y % 2020
Grupo de edad
Total
Hombres
Mujeres
Número
%
Número
%
65-69
70-74
75-79
80-84
85-89
90-94
95-99
100 y + años
2.424.312
2.212.176
1.747.869
1.273.071
996.416
435.917
111.312
17.308
1.153.768
1.020.478
773.823
513.692
361.702
133.032
27.305
3.732
47,59
46,13
44,27
40,35
36,30
30,52
24,53
21,56
1.270.544
1.191.698
974.046
759.379
634.714
302.885
84.007
13.576
52,41
53,87
55,73
59,65
63,70
69,48
75,47
78,44
Total
9.218.381
3.987.532
43,26
5.230.849
56,74
Fuente: INE. Padrón Continuo a 1 de enero.
Estas diferencias entre hombres y mujeres de 65 y más años también se observan en el ámbito estrictamente económico. Así, por ejemplo, si analizamos las pensiones de jubilación de este grupo de población –prestación que tiene su origen en la salida del mercado laboral por motivos de edad– podremos comprobar cómo las mujeres perciben en todos los tramos de edad una pensión de jubilación mucho más baja que la de los hombres, debido a su lenta y desigual incorporación al mercado de trabajo, sin contar a todas aquellas que nunca accedieron a él, y no cotizaron a la seguridad social para generar este derecho. Así, en el caso de las personas mayores, la diferencia en las pensiones recibidas por las mujeres jubiladas en relación al de los hombres jubilados llegan a ser de más del 57 % (tabla 3). La razón de estas diferencias está en múltiples variables, tales como las distintas carreras profesionales realizadas entre unos y otras o el tipo de empleo de mayor remuneración en el caso de los hombres, por señalar algunas.
Tabla 3. Pensiones de jubilación por edad y sexo
Número de pensiones y pensión media (€) (1 de agosto 2021)
Edad
Hombres
Mujeres
Diferencias
Hombres/mujeres
Número
Pensión media
(€)
Número
Pensión media
(€)
Número
Pensión media
(€)
65-69
70-74
75-79
80-84
85 y + años
934.856
885.271
712.752
472.226
506.831
1.468,14
1.453,35
1.352,74
1.196,11
1.080,43
627.956
566.751
448.351
307.458
402.549
1.168,31
984,62
797,44
679,15
623,13
306.900
318.520
264.401
164.768
104.282
299,83
468,73
555,30
516,96
457,30
Total
3.005.105
1.950.516
Fuente: Presupuestos Seguridad Social 2020.
Pero en las pensiones de jubilación no se observa la feminización a la que ya hemos hecho referencia en este grupo de población, (tabla 3), ya que el número de hombres beneficiarios de estas pensiones, a 1 de agosto de 2021, superaba los 3 millones, mientras que en las mujeres no llega a los 2 millones. Por el contrario, en las pensiones de viudedad –cuya causa no reside en la edad y salida del mercado de trabajo como ocurre con la jubilación, sino en el fallecimiento del cónyuge–, el número de hombres que las perciben es de 186.056 mientras que el de mujeres llega a superar los 2 millones. En ambos casos la cuantía media de estas pensiones es muy reducida, aunque mucho más elevada en el caso de los hombres.
En cuanto a otros indicadores estrictamente económicos que pueden ayudar a identificar su calidad de vida, según datos de la Encuesta de Calidad de Vida de 2020 del INE, en términos de media, el 75,2 % de los hogares en España tienen su vivienda en propiedad, pero cuando están encabezados por personas de 65 y más años este porcentaje asciende al 89,1 %, siendo este porcentaje ligeramente inferior en el caso de las mujeres. En ellas, el 4,2 % residen en una vivienda cedida, mientras que en el caso de los hombres dicho porcentaje es mucho más reducido, situándose en el 2,78 % (tabla 4).
Tabla 4. Hogares encabezados por personas de 65 y + años por régimen de tenencia de vivienda año 2020
%
Propiedad
Alquiler precio
Mercado
Alquiler inferior
Mercado
Cesión
Ambos sexos
Hombres
Mujeres
89,1
89,5
88,7
5
5,7
4,2
2,5
2,1
2,9
3,4
2,78
4,2
Fuente: INE, Encuesta de Condiciones de Vida 2020.
Pero aunque el estado de bienestar español permita a la mayoría de las personas mayores, disponer de una pensión pública –jubilación, viudedad, favor de familiares, etc.,– ya sea de carácter contributivo o no contributivo (éstas con una cuantía mucho más reducida) e incluso una vivienda en propiedad, no les hace invunerables, ni en términos económicos ni en términos sociales, y esto lo muestran algunos indicadores. Por ejemplo, la tasa de riesgo de pobreza de nuestros mayores se situaba en 2020 en 18,8 %, tasa inferior al nivel alcanzado en el tramo de población de 18 a 64 años, en el que casi llegan al 20 % (tabla 5). Pero se observa una clara diferencia entre hombres y mujeres, ya que dicha tasa de riesgo de pobreza para las mujeres se sitúa más de 4 puntos por encima de la de los hombres, pudiendo afirmar que existe hay una clara feminización del riesgo de pobreza entre las personas mayores.
Tabla 5. Tasa de riesgo de pobreza por edad y sexo
%
2010
2020
Dif. 2020/2010
Ambos sexos
65 y + años
Menos de 18 años
De 18 a 64 años
21,8
29,3
18,1
18,8
27,4
19,8
3
1,9
-1,7
Hombres
65 y + años
Menos de 18 años
De 18 a 64 años
19,4
28,7
17,8
16,4
27,2
19,2
3
1,5
-1,4
Mujeres
65 y + años
Menos de 18 años
De 18 a 64 años
23,6
29,9
18,3
20,6
27,6
20,5
3
2,3
-2,2
Fuente: INE, Encuesta de Condiciones de Vida 2021.
A estas diferencias entre los hombres y mujeres mayores, podríamos añadir otras muchas que tienen su origen en el lugar de residencia, porque no es lo mismo residir en un núcleo urbano o rural, ya que ni las necesidades ni los servicios para atenderlas son los mismos; como también se observan importantes diferencias en función de su situación familiar, no es lo mismo estar casado que soltero o viudo, como no es lo mismo tener hijos o no tenerlos; también se observan importantes diferencias atendiendo a su nivel de salud, si tienen o no una discapacidad o si son personas dependientes; si disponen de recursos económicos adicionales más allá de sus pensiones de jubilación; o incluso también se observan muchas diferencias atendiendo a su nivel de formación y cultura.
Un análisis correcto de las necesidades de nuestros mayores exigiría un estudio exhaustivo de todas estas variables que conllevan diferentes necesidades y diferentes recursos para atenderlas, análisis que no podemos realizar en esta intervención ni recoger en este papel, sirva de muestra los ejemplos que acabamos de señalar en relación a algunas de ellas.
Sin embargo, resulta necesario tener muy presente, especialmente a la hora reflexionar sobre los cuidados de las personas mayores, el hecho de que en este grupo de población estas diferencias se manifiestan especialmente porque muchos de ellos no sólo no necesitan recibir cuidados sino que ellos mismos son cuidadores de sus parejas, de sus hijos o de otros miembros de su propia familia (Badenes y López, 2011, p. 113). Nos encontramos pues ante un grupo de población que, en relación a sus cuidados, presenta realidades muy diversas.
4. Las personas mayores como sujetos imprescindibles para el correcto funcionamiento de la sociedad y la economía
Acabamos de señalar algunas de las variables que nos permiten afirmar que el grupo de población de nuestros mayores no es homogéneo, ni por sus características ni por sus comportamientos. Pero, aunque pueda parecer contradictorio, también se trata de un grupo de población en el que podemos identificar diferentes variables y comportamientos que les convierte en iguales, y nos permite afirmar que todos ellos, con independencia de su sexo, salud, edad, situación económica, discapacidad o dependencia, resultan imprescindibles para el completo y correcto funcionamiento de nuestra sociedad. Y lo son, no tanto por lo que hacen, como por lo que son y representan, lo que podríamos justificar simplemente si les reconociéramos como personas, con todo lo que ello significa. Reconocerles como tales sería suficiente para resaltar su valor y no necesitaríamos decir nada más. Una persona no vale más porque hace más cosas, porque es más joven o porque no es dependiente. Todos, incluidos nuestros mayores, tenemos el mismo valor que nos viene dado por nuestra naturaleza de persona, con independencia del momento del ciclo vital en el que nos encontremos.
Pero, además del hecho de ser personas, existen otras razones que nos ayudan a ser más conscientes del valor especial que tiene este grupo de población, llevándonos a afirmar rotundamente que, en ningún caso, las personas mayores son una carga para la sociedad, ni siquiera una carga económica. Ningún ser humano es una carga para el otro, más bien deberíamos considerarlos una responsabilidad para todos, como lo es un bebé o una persona joven.
Tratar de referirme en esta intervención a todas las variables que nos permiten identificar y reconocer el valor social y el papel indispensable de las personas mayores, es una labor imposible de llevar a cabo, por ello me limitaré a mencionar sólo algunas de ellas.
En primer lugar, las personas mayores juegan un papel clave en la construcción de nuestra sociedad ya que son un eslabón imprescindible entre las generaciones al desempeñar una función insustituible en la transmisión de la cultura. A través de sus conversaciones y recuerdos compartidos con hijos y nietos, transmiten la cultura familiar y son portadores de la tradición. Pero no podemos olvidar que esa cultura familiar también forma parte de la cultura social, la que define a los pueblos y comunidades. Su presencia y su papel como narradores de la historia, permite que el conocimiento crezca y no se pierda, contribuyendo así a nuestro enriquecimiento cultural.
En segundo lugar, son ellos quienes permiten establecer un vínculo fuerte con nuestras raíces ayudando a configurar la identidad personal de los más jóvenes. Saber de dónde venimos, conocer nuestros orígenes, es especialmente importante. «La existencia de los abuelos, y a través de ellos de los ancestros, nos dice que no nos bastamos a nosotros mismos, y que nuestro propio devenir no es sólo el fruto de nuestra voluntad individual» (Attias-Donf y Segalen, 2007, p. 259). Son ellos quienes «asumen el vínculo intergeneracional, encarnan su fuerza, ofrecen una figura de ancestralidad que podía haberse creído desaparecida o inútil en nuestra sociedad moderna, pero que aparece con toda claridad, sobre todo en el momento en que parece que comienzan a desatarse los vínculos de la filiación» (Attias-Donf y Segalen, 2007, pp. 290-291).
En tercer lugar, son ellos quienes, con excesiva frecuencia, facilitan la permanencia de los más jóvenes en el mercado de trabajo, ya que en España, desgraciadamente, son casi el único instrumento para conciliar. La pandemia ha dado un gran impulso a la llegada del teletrabajo, y quizá esto sea el inicio de un cambio que era necesario. Los abuelos en España cuidan a sus nietos muchas más horas de lo que lo hacen en otros estados de la UE y lo hacen incluso cuando su estado de salud no es bueno (Badenes y López, 2011, p. 113). Pero cuando la intensidad del cuidado de los nietos, medida en número de horas, es muy elevada, como ocurre en España, se está delegando en ellos también la responsabilidad de educar –lo que corresponde a los padres y madres–, lo que les impide desempeñar plenamente su papel como abuelos, convirtiendo a sus propios nietos en una sobrecarga. Esta situación conlleva una pérdida de la calidad de vida, que repercute en la relación con sus nietos.
Podríamos seguir con otras funciones sociales que desempeñan nuestros mayores, pero quisiera ahora referirme a otros aspectos que se observan en este grupo de población, y que justifican la afirmación antes realizada de que las personas mayores no son una carga para la sociedad, por el contrario, aportan riqueza cultural, afectiva, relacional, e incluso riqueza económica. Me referiré sólo a tres de ellos.
En primer lugar, las personas mayores colaboran en la redistribución de la renta porque ellos también pagan impuestos, y lo hacen como el resto de la población. Como ya hemos señalado, más del 87 % de este colectivo tiene una vivienda en propiedad y por tanto paga cada año su Impuesto de Bienes Inmuebles; también pagan el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, por sus pensiones de jubilación y por otros ingresos que pudieran recibir; y el Impuesto sobre el Valor Añadido, por todo aquello que consumen, cuando compran el pan, el periódico, o toman una cerveza, y también pagan Impuestos especiales cuando echan gasolina o encienden la luz de su casa, y podríamos seguir enumerando todos los ingresos que ellos aportan a los presupuestos públicos en forma de impuestos, tasas o contribuciones especiales, con los que colaboran en la financiación de nuestro estado de bienestar.
Y todo esto sin hacer referencia a los impuestos que pagaron durante su vida activa –cotizaciones sociales, por poner algún ejemplo– que permitieron en su momento financiar a aquellos que entonces estaban jubilados, enfermos o eran perceptores de ayudas sociales. Ayudaron a construir nuestro actual estado de bienestar, y hoy continúan haciéndolo, por ello debemos ser solidarios con ellos como ellos lo fueron y lo son con nosotros.
En segundo lugar, las personas mayores no sólo redistribuyen rentas porque pagan impuestos, también a través de su consumo, ayudando al mantenimiento de nuestra economía de mercado, a la vez que colaboran en la redistribución de la renta hacia los más jóvenes. Los hogares formados por mayores de 65 años dedicaron una media de 4.271 euros al año a la cesta de la compra, lo que supone 172 euros más que el resto de la población, porque en situaciones de paro juvenil muy elevado como ocurre actualmente, con sus pensiones ayudan a sus hijos sin ingresos.
Por último, en tercer lugar, las personas mayores son los más activos en participación ciudadana y voluntariado. Cuatro de cada diez personas mayores (el 40,6 %) realizan actividades solidarias, y quizá podríamos pensar que es la franja de edad más solidaria porque disponen de más tiempo pero también lo son por sus valores y por su generosidad.
Y podríamos seguir mostrando muchos mas indicadores de lo que ellos nos aportan, pero seguiríamos llegando a la misma conclusión, y es que las personas mayores dan más cuidados que los que reciben y aportan a la sociedad más de lo que ésta les da. Además, los datos ponen de manifiesto que un porcentaje elevado de personas mayores afirman haber prestado algún tipo de ayuda a alguien perteneciente a su círculo social más próximo.
5. Paradojas de la sociedad en relación a nuestros mayores y a sus cuidados
La pandemia del COVID-19 ha hecho más evidente que nunca que nos necesitamos unos a otros, porque nuestra propia naturaleza nos hace depender siempre de los cuidados de los demás, ya sean materiales, afectivos, e incluso espirituales. Pero estamos construyendo una sociedad en la que se observan ciertas paradojas que limitan nuestra mirada y no nos permiten ver la realidad completa, sino solo una parte de ella. Pondremos tres ejemplos.
En primer lugar, en nuestra sociedad la independencia es un valor, y la dependencia de otros se interpreta, con demasiada frecuencia, como pérdida de libertad. Esto nos lleva a una sociedad en la que cada vez más personas viven solas, soledad que en muchos casos no es deseada (Pinazo, Donio, 2018). Una sociedad que se llama desarrollada no puede aceptar de manera casi natural, que haya ancianos que fallezcan solos en su casa.
Todos necesitamos la soledad y el silencio, pero esa soledad y ese silencio no darán en nosotros los frutos deseados si su origen está en el hecho de que hemos sido abandonados por los demás, y eso es lo que con demasiada frecuencia está sucediendo con nuestros mayores. Cada vez hay más personas mayores que viven solas y también hay otras muchas que viven acompañadas, pero se sienten solas, y el primer cuidado que necesitamos todos es el acompañamiento no sólo material, sino también afectivo y espiritual.
Un ejemplo claro, un tanto paradójico, es la reciente aprobación de la Ley de Eutanasia, en la que se defiende una mal llamada muerte digna. ¿No hubiera sido más necesario haber empezado por un desarrollo de los cuidados paliativos? Estos conllevan no sólo atención médica para paliar el dolor que pudiera producirse al final de la vida, sino acompañamiento y apoyo a la persona que está en la etapa final de la vida, y también a su familia. Igual que la asistencia sanitaria es un derecho universal en España, también lo deberían ser los cuidados paliativos, priorizando las políticas públicas de los cuidados.
En segundo lugar, somos una sociedad en la que nos preocupamos por la búsqueda de la igualdad y en la que la violencia contra las mujeres sigue siendo una lacra tremenda. Nos esforzamos, como no puede ser de otra manera, para que no haya ni una sola mujer que sufra o que llegue a morir en manos de su pareja, aunque todavía hay mucho que hacer en este ámbito. Pero ¿qué pasa con la violencia contra las personas mayores?, ¿podríamos pensar que hay cierta resistencia a reconocer la existencia de este problema? Si queremos mejorar los cuidados especialmente en este grupo de población, deberíamos trabajar para identificar y visibilizar el maltrato a nuestros mayores, lo que exige conocer la realidad a través de los datos. Si no está en las estadísticas, parece que el problema no existe.
Y en tercer lugar, vivimos en una sociedad que se define como solidaria, lo hemos comprobado en muchas ocasiones, y especialmente durante la pandemia, pero a la vez nos ocupamos muy poco de la familia que cuida a sus mayores, y que es una institución imprescindible en el desempeño de estos cuidados. Los mayores necesitan cuidados, pero las familias que se los ofrecen también, si no cuidamos a los cuidadores estos no podrán ayudarles. Por tanto, se necesitan políticas públicas de apoyo a los mayores, pero también necesitamos políticas de apoyo a las familias, especialmente dirigidas a aquellas que cuidan a una persona mayor.
Podemos estar muy orgullosos de la atención sanitaria en España, con sus limitaciones y defectos, pero los cuidados deben ir más allá de la asistencia sanitaria y de los cuidados materiales. También son necesarios el acompañamiento, el afecto, el calor familiar, en definitiva, los cuidados exigen un trato solidario y sobre todo un trato más humano.
6. Referencias bibliográficas
Attias-Donfut, C. y Segalen, M. (2007). Grands-parents. La famille à travers les générations (2.ª edition). Paris: Odile Jacob.
Badenes Plá, N. y López López, M. T. (2011) Doble dependencia: abuelos que cuidan nietos en España. Revista de Servicios Sociales. Zerbitzuan, 49, 107-124.
López López, M. T., González Hincapié, V. y Sánchez Fuentes, A. J. (2018). Las familias en España. Análisis de su realidad social y económica en las últimas décadas (1975-2017). Madrid: Universidad Complutense-Acción Familiar. Disponible en http://www.accionfamiliar.org/publicaciones/
López López, M. T., González Hincapié, V. y Sánchez Fuentes, A. J. (2015). Personas mayores y solidaridad intergeneracional en la familia. El caso español. Madrid: Ed. Cinca. Recuperado de http://www.accionfamiliar.org/publicaciones/personas-mayores-y-solidaridad-intergeneracional-en-la-familia
Pérez Díaz, J., Abellán García, A., Aceituno Nieto, P. y Ramiro Fariñas, D. (2020). Un perfil de las personas mayores en España, 2020. Indicadores estadísticos básicos. Madrid. Informes Envejecimiento en red n.º 25, 39. Recuperado de http://envejecimiento.cisc.es/documentos/documentos/enred-indicadoresbasicos2020.pdf
Pinazo Hernandis, S. y Donio Bellegarde, M. (2018). La soledad de las personas mayores. Conceptualización, valoración e intervención. Madrid: Colección Estudios de la Fundación Pilares para la autonomía personal.
Notas
[1] La tasa de dependencia se define como el cociente entre la población menor de 16 años o mayor de 64 años, y la población de 16 a 64 años, expresado en tanto por cien. Representa la medida relativa de la población potencialmente inactiva sobre la potencialmente activa, en términos estrictamente económicos.
[2] El Índice de Envejecimiento de la población se define como el porcentaje que representa la población mayor de 64 años sobre la población menor de 16. Permite comparar la población mayor de 64 años con respecto a la población menor de 16 años.
[3] «Sin embargo nacen más hombres que mujeres, y este exceso se mantiene hasta que la mayor mortalidad diferencial masculina elimina esa ventaja inicial, muchos años después. Ahora se alcanza el equilibrio entre los sexos hacia los 50 años, gracias a las mejoras de la supervivencia general, pero en las primeras décadas del siglo XX, la edad en la que las mujeres excedían en número a los hombres en cada cohorte de nacimiento era en torno a los 14 años» (Pérez, Abellán, Aceituno y Ramiro, 2020, p. 8).
O CUIDADO AOS IDOSOS: A PERSPECTIVA DO BRASIL
O CUIDADO AOS IDOSOS: A PERSPECTIVA DO BRASIL
José Eduardo de Siqueira
Professor titular do Curso de Medicina da Pontifícia Universidade Católica do Paraná (PUCPR)
Professor permanente do Programa de Mestrado em Bioética da PUCPR
1. Algumas considerações iniciais
O envelhecimento populacional no Brasil é um fato demográfico recente na história do país. Enquanto essa transição em países europeus levou uma centena de anos, entre nós, esse fenômeno ocorreu no intervalo de vinte anos, sobretudo a partir da segunda metade do século XX. Assim, o desafio que estamos enfrentando no presente século é o de oferecer suporte de qualidade de vida e acesso aos sistemas de saúde para uma população de 32 milhões de pessoas, em sua maioria de baixo nível socioeconômico, com precária formação escolar e com alta prevalência de doenças crônico-degenerativas. O Estatuto do Idoso (2003), em seu artigo 3.º. estabelece que «é obrigação da família, da comunidade, da sociedade e do Poder Público, com absoluta prioridade, a efetivação do direito à vida, à saúde, à alimentação, à cultura, ao lazer, ao trabalho, à cidadania, à liberdade, à dignidade, ao respeito e à saudável convivência social […]». Para alcançar esse desiderato, torna-se imperioso o desenvolvimento de políticas públicas na área de saúde que tornem factíveis o atendimento acolhedor e respeitoso a esse enorme contingente de pessoas e, nesse aspecto encontramos o primeiro grande obstáculo, pois as práticas usuais de saúde atendem o modelo biomédico, essencialmente curativo e centrado nos processos decisórios dos profissionais de saúde e não no paciente enquanto ser biográfico. Torna-se óbvio, portanto, que é imperioso dar voz e participação ativa ao idoso de tal modo a permitir o estabelecido no pelo Estatuto do Idoso. A primeira pergunta que se impõe é de como os cursos de graduação da área da saúde estão capacitando seus egressos para cuidar dos pacientes idosos enquanto seres biopsicossociais e espirituais e não simplesmente como portadores de doenças. Tem-se oferecido oportunidade para que os idosos exerçam suas capacidades para o exercício de suas autonomias pessoais? A atual pandemia da COVID-19 tem tornado evidente que não!
Em recente boletim, a Associação Brasileira de Saúde Coletiva (ABRASCO, 2020) identificou pelo menos quatro questões que têm prejudicado de maneira significativa a qualidade de vida dos idosos durante a atual pandemia:
Mudança na dinâmica familiar: os idosos portadores de doenças crônicas que exigem algum tipo de assistência domiciliar têm permanecido sozinhos em suas residências, pois os demais membros da família se dedicam exclusivamente para suas atividades laborais.
i. Elevado número de pessoas idosas sendo atendidas em casas de repouso ou abrigos que oferecem cuidados de baixa qualidade, nas quais o risco de contaminação é muito alto em função da superlotação e de precárias condições sanitárias.
ii. Desigualdade social e incapacidade dos sistemas de saúde públicos para atender idosos portadores de comorbidades, sobretudo aqueles que necessitam de suporte respiratório.
iii. Incapacidade de muitos idosos para atender adequadamente as medidas de controle sanitário impostos pelas autoridades sanitárias. Diante das políticas de distanciamento social impostas pela pandemia do COVID-19, grande número de idosos enfrentam dificuldades para a obtenção de alimentos e de outros suprimentos essenciais por estarem isolados e desacompanhados em seus domicílios.
Importante levar em conta que no Brasil, os idosos costumam ser os principais provedores financeiros das famílias de mais baixa renda e, apesar disso, a maioria deles reclama que são marginalizados nas decisões domésticas, são discriminados e impedidos de tomar suas próprias decisões. Para muitos deles, a autonomia e a independência que desfrutavam quando adultos ativos, lhes são negadas na velhice.
Na sequência, destacaremos cinco fatores que, a nosso ver, merecem análise mais atenta para identificarmos as atuais condições de cuidados que são prestados às pessoas idosas no Brasil.
2. Sistema Único de Saúde (SUS)
Quando da criação, em 1990 do Sistema Único de Saúde (SUS), a Lei no. 8080 dispôs sobre as condições para promoção e recuperação da saúde de toda população brasileira, tendo suas obrigações definidas em quatro princípios fundamentais: Universalidade, Equidade, Integralidade e Controle Social. Igualmente, a lei estabelecia como elemento integrador entre os diferentes níveis de complexidade da assistência à saúde, o sistema de referência-contrarreferência, ou seja, o respeito a três níveis hierárquicos de atenção à saúde, assim identificados: i) Atenção Primária programada para ser realizada em Unidades Básicas de Saúde (UBS), distribuídas por todos os mais de 5000 municípios do país, responsáveis pelo primeiro atendimento, o mais básico, a ser prestado aos usuários do Sistema; ii) Atenção Secundária realizada por hospitais de média complexidade e, finalmente, o iii) Atenção Terciária oferecida por hospitais públicos ou privados, dotados de infraestrutura para o atendimento de enfermidades que exigissem alta complexidade operacional.
