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En tiempos de inteligencia artificial, de innovación, tecnológica y de consumo desenfrenado la espiritualidad es un símbolo de resistencia, una necesidad, cada vez más apremiante. Y un lujo indispensable para el buen vivir. Estoy convencido de un deseo colectivo de estar en paz, de vivir con sentido y de alejarnos del sufrimiento constante. Este libro nos acerca al budismo, como un sendero de equilibrio, una práctica de calma cotidiana y un método asertivo para gestionar con paz nuestra cotidianidad. En estas páginas encontrarás herramientas para darle forma a una existencia plena, tranquila, consciente y feliz.
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Seitenzahl: 207
Veröffentlichungsjahr: 2026
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Almuzara México • Almuzara Nuevos Ensayos #3
Budismo: El camino de la paz
© 2025, Fer Broca
© 2025, LID Editorial Mexicana, SA de CV
Bajo el sello editorial Almuzara México
Homero 109, piso 14, oficina 1404,
colonia Chapultepec Morales, alcaldía Miguel Hidalgo,
C.P. 11570, Ciudad de México, México
www.almuzaralibros.com
Primera edición impresa en México: octubre de 2025
ISBN de la edición impresa: 978-607-69249-5-2
ISBN del libro electrónico: 978-607-69249-3-8
ISBN de la colección impresa: 978-607-69249-4-5
ISBN de la colección electrónica: 978-607-69249-2-1
Dirección editorial: Nicolás Cuéllar Camarena
Dirección de arte: Raúl Aguayo Chávez
Reservados todos los derechos. Este libro no puede ser fotocopiado ni reproducido total o parcialmente por ningún medio o método sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.
Impreso en México | Printed and made in Mexico
Contents
Introduccion A La Serie De Libros
Introduccion
El Nacimiento De Un Principe
El Hombre Que Se Cuestiona
El Cochero, El Gran Aliado
El Renunciante, El Asceta
El Camino Medio
El Buda
Las Cuatro Nobles Verdades
Dukkha
Samudaya
Nirodha
Magga
Comprension Correcta
Intencion Correcta
Intención Recta
Palabra Correcta
Accion Correcta
Modo De Vida Correcto
El Karma
Esfuerzo Correcto
Atencion Correcta
El Nirvana
Concentracion Correcta
Ultimas Recomendaciones
Conclusiones
INTRODUCCION A LA SERIE DE LIBROS
Toda montaña tiene muchas caras y diversas cuestas, hay muchos senderos para alcanzar la cumbre. Pero hay solo una cumbre. De esta cumbre descienden varios ríos, con sus propios cauces y sus diversas aguas, y por diversos que puedan parecer sus flujos todos descienden por igual…
En cada montaña hay solo una cumbre. Y en lo profundo, en lo esencial, en lo más auténtico, la espiritualidad es UNA también. Comprendo que se nos ha hecho creer que existen muchas fuentes de lo verdadero, (como si hubiera muchas cumbres separadas, pero solo hay una montaña y una cumbre en la misma). También que cada sendero o vía para alcanzarlo es diferente a las demás, (erróneamente se nos dice que solo hay un camino para llegar a lo más alto, y cuanto más cerrada o extremista sea la creencia, más férreamente creen que su camino es el único correcto y todos los demás están equivocados). Por supuesto que, para cada práctica o religión, su camino, su enseñanza es usualmente apreciada como la “mejor” (cuando simplemente se está mirando la gran montaña por una de sus caras.) Sin embargo, la mayoría de las personas solo conocen la ruta que se les ha enseñado, la cara de la montaña que han aprendido a mirar desde su perspectiva cultural, geográfica y familiar. Y por tanto creen que lo que ven es la única posibilidad.
Así, la mayoría de los pueblos occidentales (Europa y buena parte de América) tienen creencias afines con el cristianismo. Tenemos todo un conjunto de creencias, valores, ideas, mitos, cosmogonías relacionadas con esta visión de lo superior. Mientras en la India se tiene por herencia el sendero del Dharma con sus miles de dioses, sus prácticas rituales y su comprensión sobre los ciclos de reencarnación. También, sabemos que en los pueblos árabes y en lugares tan diferentes como Indonesia y países del África profunda se expande y se transmite el islam, no solo como “religión” sino como un sistema de pensamiento, costumbres y una forma de ver y actuar en el mundo que nos rodea.
Es mi intención dejar claro que cada pueblo, comunidad o familia ha seguido “al menos en principio”, la espiritualidad que le han enseñado sus ancestros, o la que les correspondió implementar por el lugar de nacimiento, o la sociedad en la que se formaron. Y que está bien, porque todos necesitamos un punto de partida.
Sin embargo, este planteamiento nos lleva a una reflexión. ¿Es mi espiritualidad mejor, superior o más acertada que las otras por algún fundamento real? O simplemente, ¿Es mi espiritualidad la única que conozco y por eso la veo y la defiendo como “superior” o más útil que las demás?
En esta serie de libros, expondré mi relación con estas preguntas esenciales. Aclarando que no simplemente estoy convencido de que no existe una vía de conexión con lo superior que sea “mejor”. Sino que, por el contrario, creo que todas las vías son senderos bellos y profundos, útiles y hasta cierto punto necesarios para alcanzar una consciencia más extensa y poderosa.
Al paso de los años, me he dado el regalo de explorar diversas vías de la espiritualidad. No solo de forma teórica, sino a través del contacto con sus ritos, con la filosofía de quienes las practican y conviviendo con sus regalos en sus lugares de origen y de expansión. A lo largo de más de 25 años, he coleccionado experiencias, introspecciones, vivencias trascendentales, platicas infinitas y encuentros auténticos con diversos senderos de la evolución y la trascendencia, un conjunto de elementos que usualmente llamamos espiritualidad. Para este propósito entendí que era necesario viajar, y dormir con Chamanes en montañas de América. Realizar peregrinaciones por Japón para conocer el shinto. Vivir rituales auténticos en el Ganges, conocer a sus santones, meditar en sus lagos y sitios de poder para contactar con el Sanatana Dharma, “el camino eterno” habitualmente llamado hinduismo. También compartir la comida con beréberes en el interior de un gran desierto y al rededor del fuego para conocer sus historias y conocer a los Jinni. Supe con certeza que no bastaba solo con estudiar El Coloquio de los pájaros o las poesías místicas sufíes sin visitar Turquía, Irán o Armenia, cuna de Grandes Maestros. Que nunca generaría la misma compenetración leer sobre un tema, que ir a meditar a las cuevas donde los místicos encontraron respuestas.
Así, para no extenderme demasiado en este punto, he de compartir contigo mi buen lector, que he recorrido más de 100 países y un sin fin de ciudades y lugares de oración. He empleado muchos años para conocer fuentes vivas del conocimiento más puro. No siempre figuras “famosas”, pero sin duda seres verdaderos que viven sus prácticas y que las expresan con la misma naturalidad con la que un jardín te envuelve con sus aromas.
Entendí que de haberme acercado como un “turista”, hubiera hecho recorridos superficiales para tomar lindas fotos y nada más. O que podía buscar el conocimiento como un “erudito” y así tendría pilas de libros, palabras en lenguas extrañas y un marco teórico para quizá “entender” las lecciones más sapienciales. Pero elegí un camino diferente, ir como un buscador, como un peregrino. Abrir mi corazón como un creyente y practicar. No solo entender. SI no practicar las enseñanzas, meditar en Sarnat, contemplar el karma en Pushkar, pasar horas de meditación en los lugares santos de Bagan, Samarcanda o Bután. Sumergirme en aguas místicas, dejar ofrendas coherentes en muchas latitudes. Y conectar, con respeto absoluto, confiando profundamente y abriendo mi mente, mi corazón y mi espíritu a las voces, los regalos y el lenguaje de lo sutil que todo gran lugar comparte. Me encontré con que cada tradición guarda su conocimiento, lo cuida y lo honra. Y solo cuando la intención de mi corazón es pura, y genero un respeto autentico por la enseñanza, estos regalos me serian compartidos auténticamente.
Cada viaje fue tejiendo en mí un bello lienzo de colores, principios universales y aprendizajes que me hacen feliz y que ahora compartiré contigo. Cada vez que un hilo, una idea, una revelación, una toma de consciencia se añade, los colores de mi alma se intensifican. Y toda experiencia, por sencilla o cotidiana que aparezca se vuelve más profunda y bonita.
Me gusta aclarar que de ninguna manera ha sido mi propósito usurpar el lugar de los creyentes naturales, ni pretender una falsa superioridad sobre las autoridades en cada corriente que he podido experimentar. No soy un sabio de ningún camino. Para serlo, se debe consagrar una vida al menos a esa práctica. He sido suficientemente listo para saber reconocer que solo la constancia, un nivel intelectual elevado y el compromiso absoluto, te hará un verdadero Maestro en una de estas vías. He de compartirte que muchas veces quienes detentan los “títulos” más elevados o rimbombantes, no son necesariamente los más conocedores.
Es como pensar que un teólogo doctorado en una prestigiosa universidad católica, solo por esta razón, es necesariamente el mayor conocedor de este camino espiritual. Y no sé tú, pero muchas veces he sentido más contacto con lo divino en una iglesia de pueblo, cuyo sacerdote sin tener demasiado conocimiento, siente y transmite la enseñanza; que la trasmitida con perfecta elocuencia por un mero “académico” que habla sin corazón. Incluso muchas veces como en Etiopía, con su muy particular cristianismo, he recibido más luz, más veracidad y mucho mayor conocimiento de sus fieles practicantes, que de sus distinguidas “autoridades”.
Pongo en estas líneas toda esta información. Y quiero puntualizar que esta serie de libros no son un trabajo sociológico, ni tampoco teológico, o filosófico. No se trata de un estudio antropológico, ni de un tratado de miras hacia la información más exacta en términos lingüísticos.
Esta serie, es más una invitación a comprender con el corazón, a entender de forma directa los conceptos, las enseñanzas y las prácticas de estas sendas espirituales. A partir de mi experiencia, mi comprensión y el legado que han dejado en mi ser. Esto de ninguna manera significa que son cuentos, o una visión sin sustento. Sino más bien, que procuraré que el mensaje de cada camino sea comprensible, que al leer aprendas, reflexiones e interiorices en lo importante: lo que cada camino espiritual deja en ti para tu bien, para tu crecimiento y evolución. Este es el propósito: conocer, integrar, practicar y recibir los regalos que cada tradición tiene para dar.
Quiero completar esta introducción con dos ideas muy importantes.
Que yo llevo más de 26 años compartiendo la visión de las enseñanzas y prácticas espirituales que son siempre útiles y beneficiosas para las personas. Y lo segundo, es que enseño espiritualidad y no religiosidad. Eso lo dejo en el hacer y el sentir de cada uno.
Para mí la diferencia entre religión y espiritualidad es muy clara.
La religión es un sistema de creencias y dogmas colectivos que nos invitan a religarnos o reconectarnos con lo divino. En este gran mecanismo debemos emplear prácticas, rituales y seguir ciertas normas que nos den la pertenencia a esa vía o camino. También, es necesaria la participación con el grupo religioso y el “acatamiento” de las condiciones que la autoridad plantea.
Las religiones son bonitas cuando se viven en coherencia. Y es una elección de cada uno seguirlas, acatar sus responsabilidades y tomar los privilegios que ofrecen.
Yo respeto la religión de cada persona. Yo mismo practiqué la religión católica por muchos años y obtuve bonitos regalos. Ahora creo más en la espiritualidad que en la religiosidad. Sin embargo, tengo amigos, Maestros y seres a quienes respeto que son profundamente religiosos. Y estoy convencido de que la mejor religión es la que te hace bien, que te lleva a ser una persona coherente y feliz. La que te permite vivir en armonía con los seres que te rodean y encontrar a Dios en tu corazón.
Más ahora, yo soy un Maestro Espiritual y es a la espiritualidad a quien dedico estas páginas y mi continua enseñanza.
¿qué es espiritualidad?
A diferencia de la religiosidad, la espiritualidad es un camino personal. Es el encuentro entre tu corazón, tu ser, tu visión y lo superior. Nótese que escribo superior, con sumo cuidado. Porque mientras en la religión se cree en un Dios dado y sostenido por las mismas creencias, en la espiritualidad tu conectas con lo que tu conciencia te da para reconocer o simbolizar.
Así puede ser que para ti lo más elevado no sea un “Dios” sino la energía, la vida, el universo. O tal vez, conectas con el Amor en una forma superior, o como lo hacemos los chamanes, con la PRESENCIA. Pero el punto importante es que, en la espiritualidad, tu conectas con eso que entiendes como lo superior, lo divino o lo creador. Otro elemento fundamental es que la práctica no es colectiva, no es un deber que al no practicarse conlleva una “amenaza”, sino más bien es una elección, que se alinea con tus verdaderos intereses. Esos que vas puliendo y depurando y se termina constituyendo en un hábito, compromiso o disciplina que ejecutas por convicción personal.
En vez de tener que cumplir con normas externas o rituales colectivos, la espiritualidad se centra en aquello que es importante para ti, en lo que te hace sentido. Claramente la espiritualidad conlleva de forma implícita aquellas prácticas que te hacen bien. Que son sanas para ti y los que te rodean. Que proveen armonía en tu vida y te impulsan a mejorar. Una espiritualidad autentica, impulsará siempre actividades y prácticas coherentes que traigan a tu día a día la paz, la consciencia, la plenitud, la sabiduría y la compasión.
Para dejarlo muy claro, la espiritualidad en un proceso personal, íntimo y auténtico, donde tú eliges a vincularte saludablemente con lo superior.
Volvamos a la montaña, a esa cima que es una, a la idea de que hay muchas vías de llegar a ella. Para alguno, el camino más simple es el más directo, aunque este requiera de una fuerza descomunal y quizá de herramientas de alpinismo. Pero para otros, el mejor camino es aquel que sea más suave, aunque nos pueda llevar más tiempo alcanzar la cumbre. Otros podrían optar por un camino intermedio, que requiera de mayor atención y ligereza para ascender.
Pues lo mismo ocurre con los senderos espirituales.
Nos podemos encontrar con senderos que son estrictos, rígidos y muy severos. Y para algunos serán los mejores. También habrá quien quiera un camino más relajado, donde pueda ir subiendo paulatinamente. Eso tomará más tiempo y probablemente requerirá de llevar alimentos para varias etapas. Otros procuramos algo intermedio, que no sea extenuante pero tampoco se prolongue demasiado. Así cada corriente de la espiritualidad es una manera de tocar lo verdadero, lo profundo y lo sagrado.
Algunas vías como el Sufismo serán caminos llenos de misticismo donde el corazón estará en el centro del recorrido.
Otros como el Tao, nos mostrarán la importancia de la naturaleza, de los ciclos y el ritmo. El hinduismo nos recordara la conexión de todos los seres y la inmensidad del universo en que nos encontramos Y al budismo, este sendero pacificador y sincero, honesto y transparente. Útil en estos tiempos, y eterno en sus conceptos, le dedicamos este primer libro.
INTRODUCCION
Mi primer contacto con el budismo surgió a partir de lecturas y prácticas como la meditación y la repetición de mantras. La figura de Buda ha sido siempre un referente para quienes buscamos un camino de conciencia y espiritualidad.
Sin embargo, tengo presente tres momentos que fueron trascendentes en mi conexión con esta vía espiritual.
La primera vez que vi a un Lama tibetano, me fascinaron los pliegues de su túnica, la serenidad de su voz, esa alegría en sus ojos y la respetabilidad que conservaba aún en sus actos más sencillos. Este primer encuentro fue hace 22 años en una iniciación de la Tara Verde a la que fui invitado. Particularmente, se me quedó muy grabado la poderosa voz que del Lama Tibetano brotaba, cuando en medio de la ceremonia se dispuso a pronunciar mantras,y pude sentir su vibración Y cómo estos, aún en una lengua extraña, ejercían un poderoso imán desde lo más profundo de mi ser.
Puedo decirte ahora, cuando muchos años han pasado, que encendió en mí corazón una llama que ya nunca se acabó. Pues de estos hombres calvos y amigables vestidos con túnicas pesadas y maleables en sus tonos ocres y naranjas, lo que más profundamente me llamó fue la serenidad que rodeaba aún sus actos simples y les confería una espiritualidad que a mis ojos era coherente y verdadera. Recordé entonces, que el mismo Buda, al ver por primera vez a un renunciante, quedó cautivado por ese halo de quietud y calma que lo llevó más tarde a emprender su gran búsqueda. Misma que lo llevó a iluminarse y a compartir el sendero al que hoy llamamos budismo.
Casi una década después, viví el segundo gran encuentro con esta tradición. Ya había yo estudiado a profundidad sus métodos, practicado sus técnicas con ahínco y maravillosos resultados. Entre el encuentro con el primer lama en Ciudad de México y el evento que ahora te voy a contar, hubo muchos procesos internos de conexión y reflexión frente a este sendero de paz. Estudié por mi cuenta, y también me inscribí a cursos y seminarios con expertos de esta vía, además de concentrarme por largos periodos de tiempo, en prácticas de meditación elevadas, que dentro de mí fueron creando el espacio propicio para asimilar e interiorizar cada vez más, el camino medio.
Me sitúo ahora en Tailandia, encontrándome frente a bellísimas estupas, en compañía de algunos alumnos, realizando un viaje espiritual por el sureste asiático. Había ya visitado Vietnam, Myanmar y Camboya, y sabía para ese entonces, diferenciar las distintas escuelas de budismo. En esa bella y deslumbrante parte del mundo, es la rama theravada, la que impera como referencia arraigada en los habitantes budistas de esos lares.
De pronto y casi al atardecer, el sonido de voces infantiles se tejió con el cielo colorido y de todas esas voces juntas, brotó un canto armónico incomprensible y muy bello. No cantaban para nosotros, puedo aseverar que tampoco cantaban para ellos, era como si su canto los enlazara con lo Superior.La rama del budismo theravada, practicada mayoritariamente en Myanmar y Tailandia, tiene una raíz un tanto distinta Y aunque comparte el eje del budismo mismo, se distingue de otras ramas por la severidad de sus normas y la pureza que guarda en relación con las enseñanzas del Buda. Me atrevería a decir que es una línea muy apegada a lo que en vida el Buda compartió.
En esta experiencia, inundado completamente por las voces, rociado por la luz del atardecer y arrastrado desde lo más profundo por la devoción, entré en un estado de concentración infinitamente sereno, podría decirte que, en ese momento, fui capaz de sentir el budismo no como concepto, tampoco como escuela filosófica, mucho menos como un ente abstracto, sino más bien como una energía viva, con una conciencia propia y expansiva. Descubrí que el budismo no era una tradición pasada, ni solamente las enseñanzas de un gran hombre. Supe apreciar que el budismo actuaba como un viento constante,poderoso y suave dentro de mí. Algunos budistas dirían que tuve un momento de iluminación, pero para mí, fue una revelación que abrió las puertas a una tradición espiritual de la que me enamoré, con la que me he familiarizado hasta la intimidad, misma que ahora comparto contigo.
Cuando volví de este viaje, me di a la tarea de estructurar de forma simple sutras, es decir, enseñanzas, y de sistematizar los conceptos más importantes de este amplio camino.Comencé a dar clases sobre el budismo no para eruditos, ni para personas que estaban buscando una formación académica, sino más bien, para quienes anhelaban salir del sufrimiento, comprendiendo de forma seria y simplificada las Cuatro Nobles Verdades, y a quienes desearan un camino medio como vía a recorrer para una vida más plena y feliz.
Siempre he creído que uno enseña lo que más profundamente quiere aprender. Y a lo largo de mis muchos años compartiendo diferentes tradiciones espirituales, he aprendido mucho más de ellas y considero que he encontrado el punto de aterrizarlas, para volverlas accesibles sin que por esto pierdan su profunda carga simbólica y existencial.
En ese viaje completé, por así decirlo, mi comprensión plena acerca de lo que considero dos de los puntos esenciales del budismo. Y cuando digo comprender, no hablo de forma superflua, sino más bien de la incorporación ordenada y bien afianzada a mi vida. Hablo del concepto de impermanencia, de cambio constante, y también de la compasión, no como otra forma de adornar la empatía, sino con toda su raíz vivificante y trascendental que hacen de la compasión, un fundamento y quizá, la más elevada de las prácticas.
Haré un pequeño alto aquí. Quiero compartir contigo, que he tenido la posibilidad de estar en los países que más arraigo tienen con esta tradición espiritual, fundamentalmente países asiáticos, y que, al recorrer sus templos, ser partícipe de sus ceremonias y atender a sus muy variados ritos, he podido por un lado tener mayor claridad de sus diferencias. Y, por otro lado, hacerme una idea contundente de sus similitudes.Se podría pensar que entre los altos sombreros y las trompetas que tocan los monjes tibetanos y los sobrios ritos, en lugares tan simples donde se realiza el budismo zen japonés no hay ninguna línea de conexión. Como pareciera tampoco existir una misma raíz entre los muy sorprendentes templos labrados en la piedra de Ellora en la India, y el afamado y casi flotante nido del tigre en Bután. Tampoco parecería provenir de una misma raíz el sonido gutural, obscuro y cautivante del sánscrito cantado en mantras, que la suavidad del pali y su rítmico ir y venir como un mar ligero que se te mete en el corazón.
Podría pensarse que cada rama del budismo es tan distinta, que no provienen de una misma semilla. Y probablemente para un purista en Budismo Zen, o Mahayana, su práctica sea “superior” a las otras. La mayoría de los budistas desconocen sobre las otras ramas de su tradición. Es más, para muchos, los “otros” son sectas, que carecen de validez porque solo “ellos” aplican las enseñanzas verdaderas y están más cerca del Buda.
Pero mi sentir es que, bajo las diferencias habita un origen que resplandece y que impregna a todos los caminos. Yo creo que mientras más abiertos y receptivos acudamos a los diversos senderos, más comprendemos la unidad y el tejido que conecta todas las ramas con la inmensa raíz que es una, pura y esencial. Por eso me siento privilegiado, de estar abierto y receptivo a las diversas ramas del árbol. Cada una me ha enriquecido con su fuerza y sabiduría. Y causalmente me han llevado a entender con mucha profundidad las raíces, y a amar la semilla.
El tercer momento crucial en mis encuentros con el budismo, lo viví cuando impartía un curso al que llamé Filosofía para la Paz, centrado en las enseñanzas de este precioso camino medio. Cada semana compartía un poco de teoría de fácil aplicación y una meditación bien diseñada para que los estudiantes pudieran realizarla con relativa sencillez. La magia comenzó a fluir. Cada participante estaba viviendo en mucho mayor paz y serenidad los eventos de su vida. Los conceptos se volvían experiencias directas y el sufrimiento del sufrimiento se comenzó a reconocer con nitidez y prontitud. Para mí, fue emocionante verlos haciendo budismo cotidiano. Saliendo de la ignorancia en una discusión que en otro momento hubiera terminado en catástrofe.
Cada alumno, dependiendo de su estado emocional, tenía claras vistas a mejorar y a su manera de comprender, analizar y decidir aún en cuestiones muy simples, estaban ya “bañadas” por las enseñanzas.
Es realmente asombroso cuando te conviertes en una pieza capaz de acercar la profundidad de un sendero a la gente común. Ninguno de mis estudiantes cambio de “religión”. Nadie se volvió un monje. Simplemente integraron conceptos muy poderosos a su vida y con regularidad también algunas prácticas que voy a compartir contigo en este libro. Y esta apropiación de los conceptos, esta incorporación de un nuevo pensamiento es el tercer eslabón de mis tres grandes eventos con el budismo. El lama simbolizo la iniciación, en Tailandia la magia de la sabiduría me envolvió. Y viendo los frutos en mis alumnos, el trascender de la enseñanza completo el ciclo.
Hoy quiero que tu recibas también este conocimiento, con el propósito de entender más el mundo y sus fenómenos, de permitirte salir de la ignorancia (en contexto budista) y que puedas cada vez encontrarte con mayor calma, y paz.
Mi intención principal como Maestro Espiritual, es siempre facilitar la enseñanza, quitarle los dogmas pesados y limpiarla de ritos innecesarios. Ser consistente en el propósito de compartir, que los principios espirituales tienen una validez, y cubren una necesidad en nuestros días. Lejos queda esa idea de la conversión a una doctrina, (acto que respeto profundamente para quien tiene el llamado de hacerlo, quizá en Bogotá, o en Sevilla existan personas que quieran volverse lamas y es maravilloso si es una genuina búsqueda), pero en mi experiencia, me encuentro consistentemente con personas que simplemente quieren mejorar su vida, que desean paz mental, que están en búsqueda de pulirse para habitar con mayor serenidad el presente.
