Café, leite y galletas - Mar D. Mirabal - E-Book

Café, leite y galletas E-Book

Mar D. Mirabal

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Beschreibung

Café, Leite y Galletas nos brinda un tríptico tan jugoso como su título sugiere: tres sencillos relatos que ofrecen una reflexión sobre el tiempo en tres etapas fundamentales de la existencia humana: la infancia, la adolescencia y la madurez, asociada a la maternidad. Este viaje, que es memoria rescatada, recorrido sentimental, sensitivo y hasta filosófico, se realiza en un lenguaje directo, evocador y colorido. Creo que la alquimia de estos tres adjetivos es la receta del personal estilo de la autora, dueña de una forma de contar efectiva y reconocible. Esto, unido a los temas y a la presentación de historias independientes, pero secretamente relacionadas, crean su propio sello narrativo, casi un subgénero a su medida: el símbolo del alimento dando sabor y olor al cuento y al título, las tres etapas de un largo y a la vez fugaz camino, y el reconocimiento (en el sentido de evocación, pero también de agradecimiento) de lo que ya se fue y, sin embargo, aún late en lo que somos. Que los disfruten, y que les aproveche.

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Seitenzahl: 65

Veröffentlichungsjahr: 2025

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Mª del Mar Díaz Mirabal

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de portada: Rubén García

Imagen de portada: Gabriel Jesús Cruz Lema

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 979-13-7012-046-7

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

IMPRESO EN ESPAÑA – UNIÓN EUROPEA

Agradecimientos

A mi hijo y a su perrita Rica, abandonada por alguien sin escrúpulos. Rescatada por él, nos dio catorce años de compañía, cariño y fidelidad. Ojalá, allí donde te encuentres, te den todas las pelotas que quieras para correr tras ellas, además de un buen cojín desde el que observar, sin perder detalle, cada cosa que pase a tu alrededor.

Gracias, mi alma querida, por tu alegría, compañía y el amor incondicional que nos ofreciste.

PRÓLOGO

Café, Leite y Galletas nos brinda un tríptico tan jugoso como su título sugiere: tres sencillos relatos que ofrecen una reflexión sobre el tiempo en tres etapas fundamentales de la existencia humana: la infancia, la adolescencia y la madurez, asociada a la maternidad. Este viaje, que es memoria rescatada, recorrido sentimental, sensitivo y hasta filosófico, se realiza en un lenguaje directo, evocador y colorido.

Creo que la alquimia de estos tres adjetivos es la receta del personal estilo de la autora, dueña de una forma de contar efectiva y reconocible. Esto, unido a los temas y a la presentación de historias independientes, pero secretamente relacionadas, hacen que la autora tenga ya su propio sello narrativo, casi un subgénero a su medida: el símbolo del alimento, dando sabor y olor al cuento y al título; las tres etapas de un largo y, a la vez, fugaz camino; y el reconocimiento (en el sentido de evocación, pero también de agradecimiento) de lo que ya se fue y, sin embargo, aún late en lo que somos.

Los cuentos que siguen a este prólogo rezuman vida, aventura y sentimiento.

Que los disfruten, y que les aproveche.

Óscar Urra Ríos

(Escritor)

INTRODUCCIÓN

Café, Leite y Galletas sigue la línea narrativa que caracteriza a la autora en Tomates, Pan y Chocolate, obra nominada entre los 10 mejores relatos y cuentos de la III Gala de Letrame Grupo Editorial del año 2024.

La escritora nos muestra, de nuevo, su preocupación por el desarrollo de la personalidad. De ahí la importancia de tratar aspectos como el paso del tiempo, la aceptación de la pérdida de un ser querido, la amistad o la empatía, sentimientos que acompañan al ser humano a lo largo de toda su existencia.

De esta manera, y mediante la simbología de algún alimento cotidiano en el hogar de nuestra infancia o adolescencia, como es el caso del café, de la leche o de las galletas, pretende acercar al leyente a la familiaridad del personaje. Lo mismo sucede con la aparición del perro, del gato, o del cerdito, en otra de sus obras, como representación de la amistad fiel y leal y, además, como acompañantes incondicionales en procesos de cambio y autoconocimiento del protagonista principal.

Cada relato se manifiesta como una historia narrada de forma sencilla en la que, poco a poco, nos vamos introduciendo para ser el propio personaje, acompañándolo en sus sucesos y pensamientos. La intención es compleja: reflexionar sobre nuestros actos y las decisiones que tomamos.

De esta manera, en Café, se plantea la aceptación de la pérdida como un componente básico en el transcurrir de la vida y en la cotidianidad de Ana, una joven inmersa en la nostalgia y la seguridad de la rutina familiar.

En Leite, se destaca la estimación de la paciencia y de la amistad, a la vez que la imperiosa necesidad por aprender de todo lo que nos rodea, sin olvidar la impermanencia en la vida. Así, Ana y su perro Leite, se presentan como símbolos poderosos de compañía y transformación.

Finalmente, en Galletas se destaca la importancia de la empatía, componente básico de un buen equilibrio emocional. De nuevo, la autora, al igual que ocurría en su anterior obra, Tomates, Pan y Chocolate, se centra en destacar el valor de ponernos en el lugar de los demás para entender actitudes y comportamientos, en este caso utilizando a una abuela, a una madre, y a un nieto e hijo, respectivamente.

En todos los casos, la narrativa aparece repleta de elementos sensoriales: sonidos, aromas y descripciones visuales que nos van sumergiendo en los estados emocionales, pensamientos e interacciones de cada uno de los personajes.

CAFÉ

Ana se despertó, como todos los días, a las siete de la mañana para ir a la escuela.

Era una fría mañana de otoño y todo estaba aún muy oscuro. Costaba salir de la cama. Ella, protegida entre aquellas sábanas suaves, limpias y acogedoras, se resistía a incorporarse para dar el salto definitivo con el que poner sus pies en el suelo.

Como de costumbre, le acompañaba el sonido familiar de los armarios de la cocina al abrirse y cerrarse, el chocar de las tazas al posarse sobre los platos y el tintinear de la cucharilla al remover el azúcar. ¡Cómo no! Era mamá, como siempre, en la cocina.

Ya se olía el café, ese aroma entrañable que siempre traía a la mente de Ana las reuniones de papá y mamá con sus amistades, la llegada del abuelo y de la abuela a casa, las conversaciones que, todas las tardes a las cinco, y después de la siesta reglamentaria, mantenían a toda la familia en torno a la mesa y, desde luego, los desayunos, esos desayunos donde todos parecían acudir a la cocina como una obligación y con el disgusto de haber sido interrumpidos en el placer del sueño reparador.

Ana, sentada todavía en la cama, se sintió segura, esa seguridad que da el saberse protegida por lo conocido y, como para cerciorarse, paseaba su vista por su dormitorio. Allí estaban sus muñecas, todas de exposición. Allí también, y en el mismo lugar desde que ella recordaba, se encontraba aquel joyero que una Navidad le había regalado la abuela. Era el joyero «calmante», así lo llamaba Ana. Cuando había algún problema, ella cogía la pequeña cajita entre sus manos, la abría y observaba como la pequeña bailarina danzaba al son de la suave música reflejando su silueta hierática sobre múltiples espejitos diminutos que hacían de una única danzarina toda una compañía de ballet. Mientras escuchaba la delicada melodía, Ana soñaba que era una de ellas danzando en un gran teatro y que, en uno de los palcos, el más cercano al escenario, estaban su padre y su madre que, con gran orgullo, la aplaudían.

—¡Ana, ven a desayunar! —La voz de su madre la devolvió a su dormitorio y a la realidad de su día cotidiano.

—¡Ya va! —contestó Ana mientras se calzaba sus zapatillas de peluche color celeste.

Pesadamente recorrió el pasillo mientras bostezaba. La luz de la cocina iluminó su cara mientras observaba a su madre que, con gran agilidad, continuaba con los quehaceres domésticos.

Ana miró a la mesa. Allí estaban: su café con leche, su pan con mermelada y su jugo de naranja.

«¿Qué sería de mí sin mamá?», pensó mientras examinaba a aquella mujer amable y tierna.

Ana se sintió feliz, regocijándose en la gran fortuna de tenerlo todo. Así que, después de un suspiro de satisfacción, se dispuso a comer degustando todo con satisfacción y, por supuesto, disfrutando de ese agradable olor a café que cada mañana despertaba su alma llenándola de familia.

Una pregunta interrumpió su instante de satisfacción:

—¿Has dormido bien, Ana? Y, por cierto, date prisa que se te hace tarde. —La mamá de Ana no esperaba respuesta porque ya la conocía.

Claro que Ana había dormido bien, si hubiera ocurrido algo anormal su madre se hubiera enterado y lo hubiera solucionado; para eso era la madre.