Cantando bajo la nieve - Cris Ginsey - E-Book

Cantando bajo la nieve E-Book

Cris Ginsey

0,0

Beschreibung

Alexa es deportista y el icono lésbico de la universidad, pero nadie sabe que tiene un crush inalcanzable con la que le encantaría mantener una relación estable. Visita diariamente la cafetería en la que trabaja solo por verla unos minutos. Raven tiene una relación ideal con un hombre mayor que ella y trabaja a media jornada en la cafetería donde una chica de ojos verdes, con cierta fama de ligona en el campus universitario, acude con frecuencia. Desde que sus padres están separados Raven odia la Navidad y a Alexa solo le gusta porque se reencuentra con su hermana pequeña. Este año, ambas descubrirán que las fiestas pueden ser muy diferentes y encontrarán aspectos de ellas mismas que desconocían. Cris Ginsey, la coautora de Cosas del destino y autora de la bilogía 12 700 km y 7 900 millas vuelve a LES con esta comedia romántica ambientada en Navidad en la que queda patente su sello: humor, sensualidades, pequeñas dosis de drama y personajes con los que es fácil empatizar.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 281

Veröffentlichungsjahr: 2023

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Cris Ginsey

Cris Ginsey nació en Málaga, es psicóloga y escritora en sus minutos libres. Comenzó escribiendo fantasía de pequeña, aunque lo primero que publica son relatos eróticos en internet en 2011 bajo el seudónimo de «Miss Ginsey». En 2015 se lanza a escribir historias con más contenido y profundidad, que se pueden catalogar como comedia erótica-romántica, primero en su blog personal (La bollería de Ginsey) y más tarde en plataformas de lectura online, En 2017 autopublica La tentación vive al lado y Cantando bajo la nieve, que ahora reedita con LES Editorial; también con LES tiene publicados Cosas del Destino, escrito con Anna Pólux, y la bilogía 12 700 km y 7 900 millas. Su pasatiempo favorito es la creación de la personalidad de sus protagonistas, intentando que sean complejas y realistas, para que las lectoras puedan verse reflejadas en ellas y aprender juntas en el viaje de cada lectura.

 

@MissGinsey

@labolleriadeginsey

Ilustración de portada: Margarita H. García @margacong

 

 

Alexa es deportista y el icono lésbico de la universidad, pero nadie sabe que tiene un crush inalcanzable con la que le encantaría mantener una relación estable. Visita diariamente la cafetería en la que trabaja solo por verla unos minutos.

Raven tiene una relación ideal con un hombre mayor que ella y trabaja a media jornada en la cafetería donde una chica de ojos verdes, con cierta fama de ligona en el campus universitario, acude con frecuencia.

Desde que sus padres están separados Raven odia la Navidad y a Alexa solo le gusta porque se reencuentra con su hermana pequeña. Este año, ambas descubrirán que las fiestas pueden ser muy diferentes y encontrarán aspectos de ellas mismas que desconocían.

Cris Ginsey La coautora de Cosas del destino y autora de la bilogía 12 700 km y 7 900 millas vuelve a LES con esta comedia romántica ambientada en Navidad en la que queda patente su sello: humor, sensualidades, pequeñas dosis de drama y personajes con los que es fácil empatizar.

Cantando bajo la nieve

Cantando bajo la nieve

Cris Ginsey

 

Primera edición: noviembre de 2023

© Cris Ginsey, 2023

© Letras Raras Ediciones, S. L. U., 2023

© Margarita H. García (IG @margacong), ilustración portada, 2023

LES Editorial pertenece a Letras Raras Ediciones, S. L. U.

www.leseditorial.com

[email protected]

ISBN: 978-84-19879-10-3

IBIC: FRD

La EDITORA dispone de los derechos exclusivos sobre la obra amparados por la Ley de Propiedad Intelectual. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com). Queda expresamente prohibida extracción, almacenamiento y puesta a disposición de los usuarios de todo o parte del contenido de la presente obra a los efectos de minería de textos y datos de conformidad con el Real Decreto-ley 24/2021 de 2 de noviembre y legislación complementaria. Queda expresamente prohibida el ejercicio del derecho de transformación y la realización de obras derivadas sobre la presente obra, en todo o en parte, mediante el uso de programas de inteligencia artificial sin el permiso expreso de los titulares de derechos.

 

A las fans de Ralexa.

 

 

 

 

¿Quieres escuchar la banda sonora de esta historia?

Nota de la editora

Cris Ginsey fue la primera escritora que contacté cuando LES Editorial aún era un proyecto. Sin web ni redes sociales, yo solo era una señora que decía que iba a editar libros para mujeres de la comunidad LGBT+. Ginsey y Pólux (coautoras de Cosas del destino), al igual que un puñado de escritoras que contacté allá por 2017, tuvieron que hacer un salto de fe en mí y en el proyecto. Es algo que agradeceré eternamente, sobre todo a Cris, porque leer Cosas del destino en su perfil de Wattpad fue el detonante de querer editar libros, libros con cosas sáficas.

Por ello, editar a Cris siempre es un placer en esta casa.

El motivo principal de que tengas este libro entre las manos es porque queríamos una historia romántica, fresca y entretenida ambientada en Navidad. Y, voilà, Cantando bajo la nieve apareció en nuestras mentes como una epifanía, porque contaba con todos esos ingredientes, además de otras sensuales características *guiño* que la hacían muy atractiva.

En su origen, Cantando bajo la nieve es un spin off de otra obra de la que Ginsey es coautora. Esto significa que había que darle entidad por sí misma, así que la labor de edición ha consistido básicamente en pulir y añadir contexto al manuscrito original. Si ya conocías la historia, ahora tendrás Cantando bajo la nieve 2.0, además, con una maravillosa portada de la ilustradora MargaconG.

De este modo, el catálogo de LES ya tiene la comedia romántica navideña sáfica que estabas esperando. Y es de Cris Ginsey, la primera autora que contacté para este proyecto editorial. Es como si un círculo se hubiera cerrado para dar paso a una nueva etapa, serán cosas del destino…

P. D.: Raven y Alexa te desean una feliz Navidad ;)

Bárbara Guirao

Prólogo

Era la primera vez que sentía un déjà vu tan intenso y era una sensación extraña. Sobre todo porque le estaba pasando con una chica que juraría no haber visto antes, porque la recordaría. Estaba segura de que lo haría. Fue verla y querer decir «qué tal, cuánto tiempo sin vernos», pero aquella morena de ojos marrones le contestaría algo como «¿nos conocemos?».

No sabía cuánto tiempo llevaba mirándola embelesada cuando fue su turno en la cola de la barra, pero ahí estaba ella con ese delantal que le quedaba tan bien y preguntándole alguna cosa con ese irresistible acento mexicano.

—Perdona, ¿qué decías?

—Que qué vas a tomar —insistió la camarera.

Acababa de hacer el mayor de los ridículos delante de ella.

«Muy bien hecho, Jones».

—Agua.

—Agua —repitió la chica del acento irresistible.

«Alexa, por Dios, di algo con más chispa».

—Sí, agua, fría, por favor.

—Agua fría.

La camarera pulsó varias veces la pantalla de la caja y se giró para coger un botellín de agua que le dejó frente a ella. Le dijo el precio del producto y, nada más pagarlo, se fue de la cafetería con la botella abrazada al pecho y el corazón latiéndole a mil.

Tenía que hacer lo que fuera por conocerla y comprobar si eso que sentía era lo que muchos llamaban el destino.

Un poco dramática sí era.

***

La segunda vez que la vio, y la tercera y la cuarta y la quinta no fueron encuentros fortuitos. Después de sus clases en la universidad pasaba por la cafetería siempre que podía y se quedaba como un pasmarote mirando a la camarera a través de los ventanales del local, disimulando a veces como si consultara el móvil. Tras la lamentable primera toma de contacto, no se atrevía a volver a hablar con ella, no se sentía preparada para un acercamiento mínimamente funcional.

La décima vez se atrevió a entrar en la cafetería y pedir algo, otra cosa distinta de agua fría, pero la camarera no se acordaba de ella y la trató como si no la hubiera visto nunca. Menudo chasco, porque esperaba encontrar una ligera mirada de reconocimiento que le confirmara que aquel sentimiento de calidez y de conocerse de algo que crecía en su pecho también lo tenía la camarera.

Casi un año después, ya en segundo de carrera y con nuevas energías, intentó poner en práctica su encanto personal, ese que decían que tenía y que ya había practicado muchos fines de semana, ganándose con ello la fama de conquistadora. Había estado con muchas chicas en ese tiempo, pero, aun así, no se había olvidado de la camarera.

Esta vez no solo pidió un café, sino que intentó mantener una conversación:

—¿Quieres algo más? —le preguntó la camarera tras servirle el café y mirarla como si fuera la primera vez que se cruzaban.

—¿Qué tal?

—Bien, trabajando.

—¿Cómo te llamas? No eres de aquí, ¿no?

La camarera la miró con cara divertida, porque era evidente que ella estaba nerviosa, pero le encantó ver esa media sonrisa.

—Raven… Reyes, ¿y tú?

—Alexa… Jones.

—¿Quieres algo más, Jones?

—No… —No, no, necesitaba alargar esa conversación—. Bueno, sí, un dónut.

Ella nunca comía dónuts, pero quería seguir hablando con Raven.

—Vale —sonrió—, un dónut de… ¿chocolate?, ¿de azúcar?, ¿con crema?

—Sí.

La camarera frunció el ceño confundida y al instante se echó a reír a carcajadas, captando el chiste que, involuntariamente y por estar de nuevo empanada, había soltado. No tuvo más remedio que seguirle el juego. Dios, esa risa le sonaba a música celestial y tenía que volver a oírla.

—Bueno —habló de nuevo, esta vez, con su sonrisa más seductora—, aunque me tienta probar varios de los que has mencionado, elegiré solo uno, que este cuerpo hay que cuidarlo. De chocolate.

—Dónut de chocolate, apuntado.

La camarera le regaló una sonrisa y se marchó hacia la barra.

El corazón de Alexa dio unos cuantos saltitos de alegría. Misión cumplida.

***

Era la tercera vez esa semana que veía a la chica rara de los ojos verdes, grandes y expresivos. Le hacía gracia que, a pesar de percibir cierto nerviosismo, tuviera ese aire chulito que le parecía tan… ¿entrañable?

Le caía bien, no sabía la razón, pero sentía un calor agradable cuando la veía aparecer, como si fuera una vieja amiga a la que conocías tanto que no necesitabas hablar con ella para saber qué pensaba, que te hacía reír con tonterías y con la que podías compartir confidencias sin miedo a ser juzgada. Alexa era reconfortante.

—¿Y te dejan comer gratis o tienes que pagar?

—No he comido nada en mi turno de trabajo.

Ese día estaba preguntona, y a ella no le importaba para nada seguir charlando un poco más. Tampoco había mucha gente en la cafetería a esas horas, así que decidió pasar tiempo con aquella desconocida que cada vez lo era menos.

—¿Y si te estás muriendo de hambre? ¿A punto de sufrir una hipoglucemia?

—Supongo que tendría que pagarlo.

—¿Y qué elegirías para comer?

—Lo que sea con chocolate. Me encanta el chocolate.

La chica sonrió ampliamente, y le hizo gracia la felicidad que transmitía, como si aquel descubrimiento hubiera sido muy importante.

—Entonces tráeme lo que sea con chocolate, pero doble.

—¿Dos? —quiso asegurarse—. Tienes hambre hoy, ¿eh?

Normalmente no solía pedir acompañamiento con el café.

—Mucha.

Se sonrieron antes de que se marchase a la barra a preparar el pedido: agua, café y dos dulces, y el tique con la cuenta.

—Aquí tienes. —Se lo dejó frente a ella y la vio colocarse un mechón de pelo castaño tras la oreja y coger aire antes de hablar.

—¿Me quieres acompañar? Sé que ya ha terminado tu turno y he pensado que podríamos charlar un poco mientras nos comemos estos deliciosos hojaldres con chocolate.

Parpadeó varias veces, porque no se lo esperaba, y comprobó en el reloj de pulsera que, efectivamente, su turno había terminado.

—Si te digo la verdad, Alexa, había quedado con alguien cuando terminase… —No había visto mirada tan triste en los días de su vida y se sintió muy mal, porque era cierto que la chica había tenido un gran detalle con ella—. Bueno, puedo estar contigo cinco minutos.

Otra vez ese brillo en el verde de sus ojos.

—Serán suficientes —agradeció—. Espero que te dé tiempo a comértelo, puedes elegir entre el agua o el café.

—Gracias, Alexa.

Se sentó en una silla y dio un bocado al dulce, la verdad era que le iba a venir muy bien tener el estómago lleno. La miró a los ojos mientras masticaba y sintió algo raro pero agradable, simplemente por estar compartiendo la mesa con ella. Era lo único distinto que había pasado.

—Si tuvieras que elegir un único deporte para practicar durante el resto de tu vida, ¿cuál sería?

La miró divertida mientras terminaba de masticar y tragaba.

—Hoy haces preguntas muy raras.

—Pero extremadamente interesantes.

—Supongo que patinaje, me encanta patinar —confesó—, sobre todo en el hielo, pero hace tiempo que no puedo hacerlo.

—¿Por qué? ¿Alguna lesión?

—Estudio y trabajo, tengo poco tiempo —admitió, algo triste—. Pero espero volver a retomarlo algún día.

—Seguro que estás sexi patinando —comentó de forma distraída dando un sorbo al café.

Alexa adoptó una mirada que le pareció más bien coqueta, entonces algo se aclaró en su mente cuando mezcló la frase que acababa de decir y su gesto. ¿Esa chica estaba ligando con ella? Ni se lo había planteado y, de pronto, tenía un poco de sentido. ¿O se lo estaba creyendo mucho?

La castaña se puso nerviosa de repente, quizás porque tardó de más en decirle algo tras esos nuevos pensamientos.

—Perdona, ¿te ha molestado? No lo volveré a hacer.

—Tranquila, no me ha molestado. —Soltó una risita y Alexa pareció aliviada.

—Si te molesta algo de lo que digo o alguna pregunta, dímelo, por favor. No quiero faltarte al respeto.

—Cuando suceda te lo haré saber —le prometió antes de mirar el reloj de nuevo—. Me tengo que ir, Alexa. Gracias por el aperitivo.

—No hay de qué.

Se levantó de la silla y la miró desde su posición, por un instante tuvo más ganas de quedarse y seguir hablando con ella que de ver a su novio, pero decidió no hacerlo esperar más.

—Hasta luego.

—Hasta pronto.

Alexa estaba ligando con ella. Confirmado.

Y ese pensamiento la hizo sonreír.

***

No es que la espiara, pero siempre le gustaba observar a Raven un rato a través de los ventanales de la cafetería antes de entrar. Era como si necesitara saber todo sobre ella y no le bastasen las pocas frases que compartían cuando pasaba por allí, que cada vez sucedía con más frecuencia. Lo malo era cuando no coincidía con sus turnos o estaba en algún descanso; en esas ocasiones llegaba incluso a echarla de menos.

Hacía unos días vio cómo un chico le daba un piquito a la salida del trabajo, no le dio tiempo a llegar antes tras el entrenamiento. La imagen fue devastadora, pero no la desalentó, al contrario, le dieron más ganas de intentarlo. En ese piquito no había pasión. Lo tenía clarísimo, pero es que encima ya había compartido alguna que otra indirecta y Raven no le hacía ascos ni la rechazaba, al contrario, le regalaba sonrisas que le ponían el corazón como loco y le contestaba de forma ambigua.

¡Ambigua!

Eso solo la animaba más, seguro que ese chico fue un ligue de dos días.

—Tierra llamando a Jones.

Dio un salto en el sillón de cuero de la cafetería, porque no se había dado cuenta de que Raven se encontraba allí.

Joder, qué cerca estaba, qué bien olía y qué guapa era. Demasiados sentidos funcionando a la vez.

—No te había oído llegar.

—Pues te he hablado un par de veces y estabas catatónica —se burló, incorporándose con la mano apoyada en la cadera—. Iba a llamar al 911.

—¿Te has preocupado mucho por mí?

—Ligeramente, más me preocupé ayer que no viniste.

Ay, que ayer la estuvo esperando.

—Yo también te eché de menos.

—No he dicho eso —Raven la vaciló, pero no pudo retener media sonrisa.

—Me puedes dar tu teléfono y así te aviso cuando no pueda venir.

—Te lo vas a tener que currar un poco más, Jones —dijo divertida.

—¿Te gustan las chicas, Reyes? —coqueteó.

—No —dijo tajante, pero sin apartar la mirada de sus ojos.

Uf, esa mirada no le confirmaba nada, pero le estaba poniendo la piel de gallina.

—No pierdo la esperanza —contestó recolocándose en el sillón e intercambiaron unas sonrisas ligeras—. Me muero de sed, ¿tenéis zumos de esos que mezcláis mil frutas?

Raven le enumeró los sabores de los que disponían y otra vez le vino a la mente la pregunta: ¿a Raven le gustaban las chicas? Porque le decía que no le molestaba que tontease con ella y parecía que le divertía… ¿Algo de curiosidad?

En su siguiente encuentro obtuvo nuevas respuestas.

1El primer paso

Jugaba al baloncesto desde que era una niña, siempre le había gustado la energía que se derrochaba en los partidos y el sonido que hacían las suelas de las zapatillas contra el suelo tenía algo relajante. Encestó de nuevo y dio un saltito mientras corría hacia su mitad de la pista, buscando a la persona a la que tenía que defender. Quedaba poco tiempo para el último descanso, y se moría por estar en el banquillo y beber agua. Además de apreciar el espectáculo. Miró de reojo hacia donde se encontraban las animadoras y sonrió a una de ellas, que la miraba fijamente.

Cuando su amiga le sugirió que debía salir del armario, no pensó que iba a ser todo tan increíble. Porque desde que lo hizo las chicas casi le saltaban encima, algo que no había tenido antes, ¿de verdad pensaban que era heterosexual? Siempre había creído que era poco disimulada a la hora de mirar a las mujeres, y con las que estuvo antes se quedaron siempre en secreto por parte de las dos.

—Dios, se te cae la baba, Alexa —escuchó a Courtney a su lado, y ella se giró para enfocarla y le lanzó agua en la cara.

—Nadie dice nada cuando tú babeas por el entrenador.

—Está muy bueno. —Su amiga miró hacia el banquillo para observarlo mientras hablaba con otras compañeras del equipo. Ella bufó antes de volver a contemplar a las animadoras bailando—. Grace ha perdido las bragas contigo.

Sonrió al escucharla y observó a la chica en cuestión, recorriendo su cuerpo mientras bailaba y viendo que le dedicaba un guiño antes de dar una vuelta sobre sí misma.

Madre santa.

Esa vez la que recibió agua fue ella: Courtney acababa de echársela toda por encima, lo que provocó risas entre sus compañeras de equipo.

—¿Vienes a la fiesta esta noche, Alexa? —preguntó Jessica, una de las animadoras, mientras pasaba por su lado.

—Viene Grace —canturreó Ofelia, abrazando a la susodicha.

—¿Despedida antes de Navidad? —preguntó con media sonrisa.

—Hay cosas que tengo que dejar cerradas antes de que acabe el año —insinuó Grace.

—Genial, no quisiera romper tus planes. ¿Quieres que te recoja? —le ofreció, y la chica asintió antes de que el entrenador les ordenase volver a la pista y terminar el partido.

Una vez salió de las duchas, se despidió de sus amigas antes de subirse en la bicicleta y pedalear en dirección a la residencia donde se hospedaba en el campus, pero antes tenía que hacer su parada de siempre: la cafetería-librería que quedaba a unos cinco minutos de su calle.

Sí, le gustaba leer, pero lo que más le gustaba era la camarera que había allí. Era la persona más increíblemente guapa que había visto, y trabajaba los lunes, miércoles y viernes por las tardes y los martes y jueves por las mañanas. Tenía una sonrisa impresionante y le encantaba recorrer su anatomía, quizás era un poco babosa, pero es que si le preguntaban cómo era la chica de sus sueños, aparecía ella.

Dejó la bicicleta asegurada en su sitio, entró a la cafetería y miró dentro del local: estaba tan lleno como solía estar los viernes por la tarde. Quizás ni le tocaba a ella de camarera, qué putada. ¿Y dónde estaba? Inspeccionó el lugar, pero no la vio. ¿Y si no estaba? Bufó frustrada antes de sentarse en una de las mesas que más le gustaban: las del final del piso de arriba, que tenían sillones. La decoración era una pasada y le encantaba tomarse un café allí mientras leía su libro. Y la miraba por encima de las páginas, sinceridad ante todo.

—Ya pensaba que hoy no te veía, Alexa.

Intentó que no se le notase el escalofrío cuando escuchó su voz, entonces miró hacia arriba y vio cómo se guardaba la libretita de notas en el bolsillo del delantal.

—Tenía que venir a verte, Raven.

La morena le dedicó una de esas sonrisas bonitas con aquella mirada de «no empieces», porque siempre empezaba. Aprovechó para mirar esos labios que deseaba probar desde que la vio por primera vez.

—¿Lo de siempre? —le encantaba que se supiera su pedido, aunque su parte racional le decía que se lo sabía porque era una pesada e iba todos los días que estaba ella. Una vez incluso se saltó una clase para ir a verla.

Asintió y la camarera se dio la vuelta para ir hacia la barra, que estaba a la derecha una vez bajabas las escaleras. Colocó bien la bolsa de deporte en el suelo, sacó su Kindle de la mochilita donde llevaba sus objetos personales y abrió el libro que estaba leyendo en esos momentos. Últimamente le había dado por la distopía, aunque sabía que pronto estaría leyendo cualquier otra cosa. El género no era importante si lograba atraparla entre sus páginas. Bueno, en el caso de un libro electrónico, ¿qué sería? Entre sus… ¿kilobytes?

—Confiesa: ¿los compras o los descargas gratis? —escuchó aquella voz que le provocaba tantos escalofríos. Físicamente era una diosa, pero es que hasta la voz la tenía sexi y un acento que la volvía loca.

—Los compro. Soy una tía legal.

Observó sus brazos mientras levantaba la cafetera y vertía el líquido en su taza, y como siempre le echó de más porque no le decía eso de «ya» antes de que cambiase a la leche. Debía de hacer algún deporte, porque estaba tonificada. Vio que sonreía antes de contestarle.

—No tienes que fingir delante de mí, Alexa.

—Admito que me he descargado alguno en el pasado, pero ahora mismo pago una cuota para poder leer de forma legal. Un Netflix, pero de libros. Además, algo debe sacar para comer la gente que escribe, ¿no?

—Eso creo. —La camarera la miró divertida antes de asomarse para ver qué leía.

—Es una distopía, no sé si te llaman la atención —le explicó.

—Cuando la leas me dices qué te ha parecido. —Asintió de nuevo, echándole azúcar al café—. Lo malo de los libros electrónicos es que no puedes cotillear qué libro es.

—¿Eres de las que mira las portadas de los libros que lee la gente en el metro?

—¿Tú no? Eres una chica a la que le gusta observar. O esa es la impresión que me da.

O sea, que sabía que, además de soltarle frases directas e indirectas, no dejaba de mirarla. ¿Qué tendría que hacer para que una chica como Raven se fijase en ella? Una vez más, su boca fue más rápida que su parte más racional:

—¿Sigues siendo hetero? —le preguntó y sonrió al verla poner los ojos en blanco con expresión divertida.

—¿Sabes? Hasta hoy no había escuchado hablar de ti fuera de aquí.

—¿Ya voy teniendo reputación? Espero que no te creas todos los rumores que oyes por ahí. —Rio divertida antes de girar su taza, poniendo morros al darle la vuelta completa—. ¿Hoy tampoco me das tu número?

Raven soltó una risita antes de girarse y desaparecer. Suspiró satisfecha por la conversación, parecía que en cada encuentro hablaban un poco más. No esperaba que cediese alguna vez, porque obviamente la heterosexualidad que desprendía le hacía hasta daño. Pero era su amor platónico de siempre. Bueno, un «siempre» desde que inició la carrera. Así que mientras tuviese dos piernas que la llevasen hasta la cafetería, iría allí a verla.

***

Dejó el delantal en la percha de la despensa y celebró internamente que empezaban las vacaciones. Miró el reloj de pared y suspiró, porque de nuevo salía más tarde de lo normal. Recogió el bolso de la taquilla y se colocó el abrigo antes de salir a la calle. No caminó demasiado cuando una bicicleta pasó por su lado.

—Te explotan ahí dentro —habló Alexa mientras pedaleaba lentamente para ir a su ritmo.

—Al menos las horas extra están bien pagadas.

—Si no tuvieran camareras guapas, la gente no pasaría tanto tiempo ahí dentro.

Tuvo que reírse.

—Inasequible al desaliento… —dijo con falsa resignación.

Era la primera vez que se encontraba con Alexa a la salida del trabajo, así que pudo verla en otro contexto que no fuese sentada en un sillón de cuero bajo la luz de una de las lámparas de la cafetería. Era muy guapa, tenía una belleza que incluso a ella le sorprendía, sobre todo sus ojos y su boca. Parecía haber sido diseñada para la perfección, porque también tenía un cuerpo que cuidaba bastante bien —hacía poco le había llegado la noticia de que jugaba al baloncesto—. Además de que recientemente le confirmaron que Alexa era lesbiana, antes creía que era bisexual, por el hecho de que tonteaba con ella en la cafetería, aunque pensaba que no iba en serio. Era una pena que no estuviese disponible para el campo masculino, sabía de uno que estaba loco por ella: su compañero de trabajo. Nada más había que verle la cara cuando aparecía.

La noticia de que era lesbiana le llegó porque Grace les contó que era bisexual y confesó que se sentía así desde hacía tiempo, pero que se había colado un poquito por esa tal Alexa que, casualmente, decidió salir del armario por todo lo alto besándose en público con una chica en pleno campus. ¿Era su novia? No lo supieron, Grace no proporcionó más detalles, aunque dio a entender que era un rollo de Alexa, porque no las volvieron a ver interactuando.

En esos momentos, la chica frenó la bicicleta justo frente a ella.

—Sal conmigo.

Así sin más y mirándola fijamente con aquella sonrisa de lado.

—No me gustan las chicas —rechazó amablemente, pero Alexa no eliminó la sonrisa de su rostro.

—¿Ni un miniporcentaje chiquitito?

—Estoy saliendo con alguien.

—¿Cuál es la verdadera excusa? No pareces muy convincente con lo de salir con alguien.

—No es excusa, pero es que, además, tienes fama de estar de rollo con muchas chicas. —Se cruzó de brazos y la miró fijamente a los ojos, viendo un brillo diferente en ellos.

—No te creas los rumores que se cuentan sobre mí.

—Si me baso en lo que sé de ti: te gusta el café con leche, más café que leche, el chocolate, leer y montar en bicicleta.

—Más que suficiente para darme una oportunidad, ¿no?

—No creo que funcionase —se burló, suprimiendo una sonrisa y rodeando la bicicleta para continuar con su camino.

—Puedo hacer que funcione —escuchó tras ella, y volvió a tenerla a su lado.

—Voy a contarte algo sobre mí.

—Quiero saberlo todo sobre ti. —Sonrió y ella se acercó hasta donde estaba.

—Necesito más que una noche de pasión.

Alexa se bajó de la bicicleta y dejó que se cayese al suelo, antes de dar un paso hacia ella, hasta quedar muy cerca.

—Puedo darte más que una noche de pasión.

—No es lo que he oído de ti —repitió sin dejar que aquella pequeña distancia le influyera en mantener la voz firme.

—Sal conmigo y conozcámonos.

—Ya te he dicho que tengo novio.

—Pues mándame a la mierda por pesada y ya está.

Se le escapó media sonrisa y negó con la cabeza.

—Conozcámonos… —insistió canturreando.

—No. —Sonrió de nuevo y le gustó ver cómo Alexa también lo hacía, dando un paso hacia atrás y suspirando.

—Te estoy pidiendo una cita. No una noche de pasión.

—¿Cómo son las citas contigo? —La castaña volvió a subirse a la bicicleta cuando comenzó a caminar de nuevo.

—Ven a una y te lo enseño.

—No insistas.

—Soy muy pesada cuando quiero algo. —Rio suavemente y no le incomodó la compañía de Alexa—. ¿Te molesta que te diga estas cosas?

—Ya te dije que no, me divierte.

Miró a su lado y la vio pedalear, distraída, y de repente conectaron sus miradas y se aguantó la risa cuando la chica se cayó al suelo. Confesaba que nunca había dudado de su sexualidad, siempre había pensado que era heterosexual. Bueno, en realidad nunca tuvo que pensarlo, porque era lo que te decían y simplemente había estado con distintos chicos y nunca había sentido ningún tipo de atracción por ninguna chica.

Alexa fue la primera que ligó de ese modo con ella. ¿Le desagradaba? No, para nada, le parecía divertido e incluso le gustaba en cierta forma. Al menos no se lo tomaba demasiado en serio, sobre todo por aquellas sonrisas tan payasas que adoptaba. Si se lo dijese para conseguir una cita de verdad, lo haría de otra forma, ¿no?

La ayudó a levantarse y enderezó la bicicleta mientras la chica se sacudía la ropa. Se dio cuenta de que se había hecho un pequeño arañazo en la barbilla y sacó un clínex para cubrirle la herida con él.

—Gracias.

—¿Te has hecho daño? —La recorrió con la mirada y le acarició levemente el brazo—. ¿Te has hecho daño en algún otro sitio? —Alexa tragó saliva y negó como respuesta.

—Conozcámonos —pidió una vez más, mirándola fijamente a los ojos.

Bajó la vista hasta sus labios y esa fue la primera vez que se preguntó cómo sería besar a una chica, porque nunca había estado así de cerca de Alexa e incluso sintió cómo empezaba a latirle el corazón más rápido a medida que se perdía más y más en el verde de su iris desde esa distancia. Le sonrió y se le insinuó un poco, para ver sus reacciones, y le gustó que aguantase el aliento cuando se acercó bastante a su boca antes de contestarle:

—Ya sabes dónde encontrarme.

Alexa se lamió los labios y ella la empujó ligeramente para abrirse paso de nuevo, escuchándola suspirar para soltar todo el aire contenido. No sabía por qué, pero la conoció al inicio del curso y tan solo con sus conversaciones simples en la cafetería sentía una especie de vínculo con ella. Le parecía muy agradable e interesante. Podrían hablar un poco más, quizás de ahí naciese una bonita amistad. Aunque no dejase de insinuarle cosas, no se sentía incómoda, más bien tenía curiosidad.

Alexa la acompañó hasta la residencia, se despidió hasta la próxima y pedaleó hasta el final de la calle. Se quedó mirándola hasta que desapareció de su vista. ¿Y si tenía intenciones reales con ella? Comprobó el móvil y vio varios mensajes en el grupo de sus amigas.

JESS: ¿Cómo veis a Grace para su cita?

JESS: (Foto de Grace posando)

Sonrió al verla, su amiga era muy guapa, tenía que admitirlo.

RAVEN: Está preciosa. ¿Con quién es la cita?

OFELIA: La gran Alexa.

Frunció el ceño y miró al frente mientras caminaba por los pasillos hacia su habitación. Sacudió la cabeza en un intento por borrar cualquier pensamiento desagradable de su mente.

RAVEN: Voy a prepararme yo también, que he salido más tarde.

JESS: ¿Vendrá tu amor, Raven?

RAVEN: Ya sabes que es discreto.

GRACE: ¿Algún día lo conoceremos?

RAVEN: Algún día.

***

—Te digo en serio que se ha puesto a hablarme a esta distancia —lo dijo con la nariz de Courtney junto a la suya y mirándola fijamente a los ojos. Quizás se acercó de más, pero Raven estuvo tan cerca que pudo sentir aquel «no» contra su boca.

—Tú lo flipas.

—Te lo juro. —Aún no se apartó de ella, pero a su amiga parecía no importarle—. Eres guapa, tía.

—Aparta. —Courtney la empujó y ella soltó una risita mientras terminaba de colocarse la chaqueta—. Olvídate de Raven y disfruta de Grace.

—Acompáñame un día a la cafetería y te la presento.

—Paso de verte babear por algo imposible, me darías pena. ¡Y ni siquiera es profesora! —Su amiga se echó a reír.

—Grace tampoco lo es.

—No te queda más remedio si quieres liarte con alguien, porque casi todas tus crush han sido profesoras inalcanzables y ya era un poquito preocupante. ¿Por qué te ponen tanto las profesoras?

—¿Porque son extremadamente listas? No sé. —Se encogió de hombros dando por zanjado ese tema.

—¿Qué tal me queda? —Courtney giró sobre sí misma para que comprobase que el pantalón sujetaba todo.

—Follaría contigo si no fueses mi amiga.

—Adjudicado. —Se sonrieron y terminaron de recoger las cosas antes de salir de la residencia.

Courtney dormía en la habitación de al lado, todas eran individuales, pero se coló en la suya para darse los retoques finales. A aquella fiesta iba a ir el chico con el que Courtney llevaba tonteando desde hacía varias semanas, así que sabía que esa noche iba a volver sola con mucha probabilidad.

—¿Al final vas a recoger a Grace?

—Me ha mandado un mensaje diciendo que iba a ir antes a la peluquería y que le pillaba cerca de la casa de Carter. Así que la veré allí. —Se encogió de hombros.

—¿Vas a acostarte con ella? —preguntó directamente y ella sonrió, mirándola de reojo—. Está bien, esa mirada refleja a la perfección tus pensamientos lascivos.

—Sí, suelo tener muchos pensamientos lascivos —admitió.

No tardaron en llegar, la casa estaba cerca del campus universitario, y vieron que la fiesta ya había comenzado sin ellas. Bueno, ninguna de las dos era demasiado importante. Cruzaron la estancia, pasando entre las distintas personas que bailaban o hablaban en grupitos hasta encontrar a alguien conocido.

Paró en seco cuando la vio a lo lejos contoneándose al ritmo de la música, disfrutando ella sola de la melodía con los ojos cerrados. Suspiró de forma tan sonora que llamó la atención de Courtney, que se giró para verla al mismo tiempo que ella lo hacía, y conectaron sus miradas.

—Está aquí.

—¿Quién? —preguntó extrañada, girando la cabeza una vez más para comprobar a quién se refería.

—Raven.

—¿Quién es? —pidió saber, porque no la había visto nunca, y ella volvió a enfocarla.

—La chica de pelo negro que está bailando ahí junto a… —Intentó reconocerla y se sorprendió—. Grace, Jessica y Ofelia.

—Pues Grace viene hacia aquí —comentó Courtney en un susurro.

Solo le dio tiempo a sonreírle antes de verse envuelta en un abrazo.

—Grace. —Sonrió, apoyando las manos en su cintura, ligeramente incómoda por la invasión.

—Alexa, pensaba que ya no venías.

Había bebido de más, eso se notaba.

—¿A qué hora empezaba la fiesta? —Se extrañó, aunque se notaba que no era a la hora que le dijeron a ella.

—Me voy a buscar algo de beber, os dejo solas.

Vaya, Courtney se iba. Genial.