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«Quedó muy bien y será una gran propuesta» fue la invitación que tuve antes de empezar a leer Caperucita Rojas: un libro para disfrutar y leer en voz alta. Luego de recorrer sus primeras páginas, me encontré sumergida en las historias que el libro reúne. Son breves pero intensos relatos que me permitieron habitar distintos lugares, tiempos y espacios, a través de la voz y de la mirada de cada uno y una de sus protagonistas. Lic. Marta Silva Rectora del ISPRMM
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Seitenzahl: 78
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Páez, Juan Pablo
Caperucita Rojas : Un libro para disfrutar y leer en voz alta / Juan Pablo Páez. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2022.
86 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-793-9
1. Antología Literaria Argentina. 2. Antología de Cuentos. 3. Cuentos. I. Título.
CDD A863
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Páez, Juan Pablo
© 2022. Tinta Libre Ediciones
Prólogo
«Quedó muy bien y será una gran propuesta» fue la invitación que tuve antes de empezar a leer Caperucita Rojas: un libro para disfrutar y leer en voz alta. Luego de recorrer sus primeras páginas, me encontré sumergida en las historias que el libro reúne. Son breves pero intensos relatos que me permitieron habitar distintos lugares, tiempos y espacios, a través de la voz y de la mirada de cada uno y una de sus protagonistas.
Las catorce conmovedoras historias me posibilitaron visitar numerosos rincones de nuestra tierra formoseña y conocer, así, las más diversas realidades que atraviesan las décadas que se evocan.
Generalmente, cuando leo el título de un libro, tengo una aproximación a su temática porque este me brinda un mínimo panorama sobre qué encontraré en sus páginas. Sin embargo, con este volumen la situación fue diferente, especialmente con algunos de sus relatos. Es que, a medida que avanzaba la lectura, no podía imaginar lo que vendría después.
En algunos casos, los títulos no tienen una relación directa con lo que suponía que encontraría, por lo tanto, la sorpresa y la sonrisa me acompañaron a lo largo de la obra. Por mencionar algunos casos: «Caperucita Rojas», «Una topetitud», «Te llaman por teléfono» o «Dar la lengua materna». También hay narraciones que me generaron una gran ternura: «El misterio de los platos», «La pasada del tren», entre otras. Son historias de vida que dejan una gran enseñanza.
Felicitaciones a la cohorte 2018 del Profesorado de Educación Secundaria en Lengua y Literatura del ISP Robustiano Macedo Martínez por el compromiso asumido al emprender la tarea de recopilación del material oral. Y gracias a Juan Páez, compilador del volumen, por el tratamiento original que le dio. Su compromiso con la enseñanza de la Lengua y la Literatura se enriquece en cada libro que acompaña y construye con los y las estudiantes.
¡Caperucita Rojas, bienvenida a Formosa!
Lic. Marta Silva
Rectora del ISPRMM
Nota
La recuperación de historias orales constituye un proyecto que se inició en el año 2019. En aquel entonces, con la cohorte 2016 del Profesorado de Educación Secundaria en Lengua y Literatura llevamos adelante un trabajo de campo que concluyó con la publicación de Nadie no entendía. En 2020, con la cohorte 2017 editamos un segundo volumen titulado La primera pobladora.
Caperucita Rojas es un libro para disfrutar y leer en voz alta. Constituye, además, una nueva entrega que se suma a los dos libros anteriores. En este caso, la tarea de relevamiento estuvo a cargo de los y las estudiantes —cohorte 2018— de la carrera que se imparte en el Instituto Superior Privado Robustiano Macedo Martínez.
Los tres volúmenes recopilan relatos, anécdotas e historias de vida provenientes de la oralidad. También plantean objetivos similares: poner en valor el saber que circula en las narraciones cotidianas y lograr un aporte a la conservación del acervo cultural formoseño.
La voz oral cobra un lugar relevante en las comunidades, ya que actúa como un reservorio lingüístico a la vez que permite el acceso a diversas visiones de mundo. Es por eso que, en su paso de la oralidad a la escritura, procuramos que las voces conserven sus expresiones y modos de decir.
Finalmente, y al igual que en los tomos anteriores, no ejercimos ningún tipo de censura con el material ni con los tópicos que estas historias despliegan. Asimismo, con el fin de enriquecer la lectura, sumamos otros textos consignando en cada caso las fuentes bibliográficas correspondientes.
Juan PáezCompilador
Agradecimientos
A las autoridades del Instituto Superior Privado Robustiano Macedo Martínez y de la Sociedad Protectora de la Educación Carlos Cleto Castañeda por el apoyo al proyecto y su publicación.
A los y las estudiantes del Profesorado de Educación Secundaria en Lengua y Literatura —cohorte 2018— por el compromiso durante las diferentes instancias de trabajo en un contexto signado por la bimodalidad.
A las personas quienes generosamente compartieron sus historias y nos permitieron llevarlas al papel, contribuyendo al acervo cultural de la provincia de Formosa.
Caperucita RojasUn libro para disfrutar y leer en voz alta
Una topetitud
Lo que voy a contar es uno de los efectos colaterales, adversos y negativos de la época neoliberal de la historia argentina. Transcurría el año 1995 o 1996, y mi marido se queda sin trabajo porque quiebra la empresa donde él trabajaba; la empresa El Tigre, transporte de pasajeros de mediana y larga distancia. Hasta ahí veníamos bárbaro pero bueno, esa, como otras tantas empresas fueron chupadas por la etapa neoliberal de la Argentina. Yo tenía un kiosquito que nos permitía vivir dignamente, hasta ahí, con lo elemental, lo básico: comida, transporte, vestimenta. Alquiler por suerte no pagábamos.
Un día se quemó el televisor. La posibilidad para comprar otro era el crédito. Resulta que en la casa no teníamos recibo de sueldo porque, claro, yo trabajaba en un kiosquito así nomás, y mi marido se había quedado sin empleo, así que cuando voy a preguntar a una de las casas de ventas de electrodomésticos, acá, en el centro, por el televisor y la forma de pago. ¡Y sí! No sé ni para qué me fui, si ya se sabía: último recibo de sueldo y dos boletas de servicios.
Entonces ahí me vi, por primera vez en la vida, en esta tensión de tener un trabajo un poco más seguro. Justo me encuentro con una amiga y me dice:
—¡Hola, Luci! Estoy estudiando para ver si entro al Poder Judicial, porque ahora habrá examen.
—Che, che, che, ¿cómo es? Contame bien —le dije.
Me contó. Yo estaba al mismo tiempo evaluando la posibilidad de inscribirme como profesora de música para enseñar en alguna escuela o en algún colegio. Entonces después de lo del Poder Judicial, averiguo cuál es el sueldo de una docente de música inicial y cuál es el sueldo de una empleada del Poder Judicial, que también se inicia. Y el de maestra de música era un sueldo de $189 y el de una empleada Judicial, que recién iniciaba, era de $500, $400. Sí, $480 y piquito. Entonces, bueno, fue muy contundente ese dato así que me puse a practicar porque son cuatro exámenes, uno de Máquina de tipeo. Antes rendíamos con la máquina Olivetti, ahora ya son computadoras, ahora es una topetitud. Después estaba el de nociones de Derecho, el de Redacción y después una Entrevista personal.
Empecé a recorrer aquellos amigos que eran abogados y empleados judiciales para pedir asesoramiento. Me decían: «Nooo, pero ni te molestés. Imposible aprobar ese examen de ingreso». Los más lapidarios me decían: «No, olvidate; sin acomodo no entrás». Yo tenía la idea de que si había un examen de competencia, yo siempre tuve la convicción de que los papeles cantan, y decía: «Si me voy y hago bien mi examen, listo».
Pasó el tiempo. Me preparé. Me fui a rendir el primer examen, el de Máquina, me dieron el texto y yo no copié la última línea y media del texto. Me acuerdo de que me agarró una bronca porque no había podido copiar todo y me enojé con toda la convicción de que yo ya había salido mal. Después de un tiempito me llama un amigo que también había rendido y me dice: «Boluda, saliste bien, estás en las listas estas, en la lista del Poder Judicial». Así como estaba me fui a ver la lista, y sí, cuando vi mi nombre que estaba ahí, me agarró una emoción.
Mirá, hasta me dan ganas de llorar ahora.
Ahí nomás me puse a estudiar de vuelta para los otros exámenes. Rendí el de Redacción, me saqué 9; en el de Máquina, 10; y en el de Nociones de Derecho, 9. Me fue muy bien. Me acuerdo de que una sola vez en la vida me temblaron todos los músculos del cuerpo, los de la pierna en su totalidad, que no los podía controlar. Después nunca más me sentí así: tan digamos, tan afligida, tan preocupada, tan nerviosa.
Faltaba la entrevista personal con los ministros del Superior Tribunal de Justicia. Después se promediaron todas esas notas. Llego, me acuerdo de que tenía una amiga dueña de una boutique, llamada Hermelinda, ¡que en paz descanse! Me fui. Hace rato no me iba. Le digo: «Mirá, Hermelinda, tengo la entrevista en el Poder Judicial y necesito un buen trajecito. Hermelinda, después te voy a pagar». Se mataba de la risa: «Bueee, llevá, Luci», me dijo. Así que me fui bien.
