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Los indígenas de América del Norte conocen desde hace miles de años las extraordinarias propiedades sanadoras de la equinácea. Esta planta es el estimulante inmunitario natural por excelencia, pero además tiene grandes cualidades como analgésico, desinfectante y antiinflamatorio. Debido al efecto que tiene sobre el sistema inmunitario, las investigaciones recientes intentan valorar su efectividad en el tratamiento de la artritis, el cáncer, el sida y el síndrome de fatiga crónica.
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Seitenzahl: 112
Veröffentlichungsjahr: 2015
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Cómo cura la equinácea
RBA INTEGRAL
JOSEP LLUÍS BERDONCES
CÓMO CURA LA EQUINÁCEA
La planta que potencia tu inmunidad
NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.
Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
© Josep Lluís Berdonces, 2008.
© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2013.
Avda. Diagonal, 189 — 08018 Barcelona.
rbalibros.com
Primera edición en esta colección: octubre de 2013.
RBA INTEGRAL
REF: OEBO870
ISBN: 9788416267514
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.
Contenido
Presentación de la equinácea
La equinácea, planta de las praderas
Un poco de historia • Descripción botánica
Cultivo y recolección
El cultivo • La importancia ecológica del cultivo
Usos terapéuticos
Descripción farmacológica • Nociones de inmunología • Virtudes medicinales • Monografías de la ESCOP y Comisión E • Cómo y cuándo hay que tomar equinácea
Preparados a base de equinácea
Estandarización • Adulteraciones
Tratamiento natural de las enfermedades inmunológicas
Inmunidad y dieta • Resfriados • Gripe • La hidroterapia y la inmunidad • Plantas medicinales e inmunidad • Otras medidas naturales • Suplementos
Bibliografía
Presentación de la equinácea
El género Echinacea, originario de Norteamérica, pertenece a la familia de las asteráceas (o compuestas) e incluye nueve especies diferentes que veremos con detalle a lo largo de este libro. De todas ellas, la Echinacea purpurea, o equinácea púrpura, es sin duda la mejor estudiada y la más utilizada terapéuticamente. Otras especies menos conocidas son la Echinacea angustifolia, de pétalos y hojas más estrechas y también empleada como planta medicinal, y la Echinacea pallida, o equinácea de color púrpura pálido.
Los productos conseguidos con el uso de la E. angustifolia y, muy especialmente, de la E. pallida suelen provenir de plantas salvajes, mientras que los que derivan de la E. purpurea lo hacen del cultivo. De hecho, aunque la equinácea purpúrea es también una especie salvaje de las praderas de Estados Unidos, hoy raramente se encuentran campos donde crezca en libertad. Dado que la equinácea procedente del cultivo programado nos ofrece una calidad satisfactoria y la seguridad de que es la especie pura, y, además, no supone un atentado contra su supervivencia, recomendamos a los lectores que siempre que sea posible utilicen los productos derivados de estas plantaciones, especialmente de la E. purpurea (en España también hay cultivos de la E. angustifolia).
La equinácea era utilizada como remedio tradicional por las tribus indias de las grandes praderas norteamericanas. Era el método habitual para tratar afecciones tan diversas como mordeduras de serpiente de cascabel, resfriados, dolores de muelas, llagas, heridas y herpes.
La planta pasó del uso tradicional de las tribus indias a los colonos, vendida por los famosos «médicos de las carretas» del lejano Oeste. Posteriormente fue estudiada por los farmacólogos que identificaron sus virtudes medicinales.
En nuestras latitudes, en Alemania ya se empezó a utilizar esta planta hacia 1900, importada de Estados Unidos. Debido al efecto demostrado sobre el sistema inmunitario, las investigaciones recientes intentan valorar su efectividad en el tratamiento de la artritis, el cáncer, el sida y el síndrome de fatiga crónica. La lista de enfermedades tratables con equinácea es muy amplia, y algunas de sus indicaciones no gozan de un consenso general; pero no cabe ninguna duda de que esta maravillosa planta estimula la función inmunológica, tan deteriorada en la sociedad moderna.
La equinácea, planta de las praderas
UN POCO DE HISTORIA
Aunque la equinácea es una de las aportaciones más novedosas en el campo de las plantas medicinales, ya se usaba cientos de años atrás entre las tribus de los nativos norteamericanos.
El nombre de Echinacea deriva del griego echinos, «erizo de mar», por la forma de su fruto y de su disco floral espinoso; el término angustifolia (hojas angostas) nos indica la forma de las mismas; y la etimología purpurea se debe al color de los pétalos. No obstante, hay quien cree que el término de equinácea podría derivar de la denominación indígena de la planta (ek-if-nay-see-uh), una afirmación que no ha sido contrastada históricamente.
Remedio tradicional
Los nativos norteamericanos usaban la equinácea con fines medicinales mucho antes de que llegaran los primeros colonizadores; era un remedio común para tratar las mordeduras de serpiente y distintos tipos de enfermedades, desde los simples resfriados hasta el cáncer. La lista de pueblos nativos que han utilizado esta planta es muy extensa, pero vamos a hacer un resumen de los usos que hacían algunos de ellos.
La medicina tradicional de los nativos americanos era muy rica en remedios a base de plantas, y en la época de la conquista del Oeste muchos colonos tuvieron que aprender el uso de las plantas indígenas ante la ausencia absoluta de otros remedios más conocidos. La equinácea fue una de las hierbas medicinales que heredaron, quizá la más importante a la luz de las investigaciones actuales.
Los crow masticaban la raíz fresca para calmar el dolor de muelas, mientras que su jugo se recomendaba para aliviar cólicos
Los pueblos nativos de Nebraska y Misuri estaban familiarizados con el uso de las raíces de equinácea para sanar las heridas purulentas y las mordeduras de serpiente. Según las observaciones de M. R. Gilmore en 1918, quizás era la planta norteamericana más utilizada para tratar más trastornos. Las denominaciones en sus distintas lenguas son muy variadas, por ejemplo, Mohk ta, Ksapitahako o Mika-hi.
Los crow de Montana y Wyoming denominaban a la planta con un término que significa «como un panal de abejas», debido a la forma del cono floral. En este pueblo nativo se solía masticar la raíz fresca para calmar el dolor de muelas, mientras que su jugo se recomendaba para aliviar cólicos y resfriados.
Existen indicios antropológicos de su utilización entre los sioux en el siglo XVI, tal y como descubrió Wedel en 1936, al encontrar restos de estas plantas en antiguos poblados de Dakota. Al igual que otras tribus de la vasta pradera americana, los sioux utilizaban la equinácea para curar mordeduras de serpientes, en el tratamiento de la rabia y, según Smith (1928), para paliar infecciones.
CLASIFICACIÓN CIENTÍFICA
Reino:
Plantae
División:
Magnoliophyta
Clase:
Magnoliopsida
Orden:
Asterales
Familia:
Asteraceae
Subfamilia:
Asteroideae
Tribu:
Heliantheae
Subtribu:
Zinniinae
Género:
Echinacea moench
Los choctaws, en la zona de Misuri y Alabama, recurrían a la planta para paliar la tos rebelde, y para la indigestión producida por esa misma tos.
Tanquatidgeon, en 1942, comenta que entre los nativos delaware también se usaba la equinácea para el tratamiento de las enfermedades venéreas.
Los comanches, en la zona de Texas, utilizaban la raíz de equinácea para el dolor de muelas y la garganta inflamada.
También eran aficionados a la equinácea los meskwakis, de Wisconsin, quienes recomendaban rallar la raíz de la E. angustifolia en casos de cólicos y problemas de estómago, según ha destacado el doctor Fox.
Los kiowa, en el sudoeste del estado de Kansas, masticaban la raíz y recomendaban tragarla muy poco a poco si se quería potenciar su efecto en caso de faringitis y tos.
Los cheyenes, del oeste de Kansas y de Colorado, bebían la infusión de las hojas y de la raíz en casos de garganta irritada, reumatismo, sarampión y problemas en la boca y las encías. El jugo extraído de la raíz se aplicaba directamente sobre los dientes cariados para prevenir el dolor. La tisana de equinácea también era un remedio para la artritis, las paperas, el reumatismo y la viruela. Según Kindscher, la raíz machacada se aplicaba sobre las heridas. Además, los cheyenes, igual que la mayoría de naciones nativas, consideraban la equinácea una planta sagrada que formaba parte del ritual de la danza del sol y que se tomaba después de varios días de ayuno, durante los cuales el guerrero no podía dormir.
Los pueblos omaha-ponca, nativos de Nebraska, usaban la E. angustifolia para mitigar el dolor de muelas y de cabeza, para los ganglios inflamados e, incluso, para sanar a sus caballos. Además, también era el antídoto en caso de mordedura de serpiente y otros venenos, así como remedio estimulante y para tratar las quemaduras.
Las naciones lakota usaban la equinácea para el dolor de muelas, las anginas y el dolor de barriga, según nos explica Munson, mientras que entre el pueblo hidatsa era considerada como un estimulante. Los winnewago, de la zona de Wisconsin, la recomendaban para soportar los ataques de calor.
Como se puede ver, aunque esta planta se usaba para sanar afecciones muy diversas, estaba especialmente indicada para: paliar enfermedades infecciosas e inflamatorias, como los resfriados, la tos, la sífilis y la gonorrea; para aplicar lavados de ojos, boca o heridas; o como estimulante en general.
El hombre blanco se interesa por ella
El colono que llegaba al centro de Norteamérica tenía que recurrir, por fuerza, a remedios autóctonos para curar sus enfermedades, ya que no disponía ni de fármacos ni de las plantas que le eran más familiares. Así, no es de extrañar que se fijara en aquella en la que tanta fe tenían los nativos.
BÁLSAMO VETERINARIO
Inicialmente la equinácea se empleó para tratar a los animales, concretamente para sanar las llagas de los caballos, como revela Gronovius en 1762, en lo que constituye el primer testimonio escrito del uso de la equinácea como planta medicinal. A partir de ese momento, los relatos se suceden y describen tanto los usos terapéuticos de la planta como sus características. Sin embargo, no será hasta 1887 cuando se introduzca la planta en la farmacopea, de la mano de los farmacéuticos y hermanos Lloyd y, especialmente, del doctor King, toda una autoridad de la escuela de medicina ecléctica.
La introducción de esta planta en la farmacopea occidental se debe a los famosos farmacéuticos de Cincinnati John King, y Curtis y John Uri Lloyd (1887). Los hermanos Lloyd eran farmacéuticos, y estaban considerados por sus colegas como los más prominentes de la época, en especial John Uri Lloyd, presidente de la American Pharmaceutical Association en los años 1887 y 1888, y fundador de Lloyd Brothers Pharmacists Inc, un laboratorio productor de medicamentos.
John Uri Lloyd escribió más de cinco mil artículos científicos y a él se le atribuyen ocho libros sobre plantas medicinales norteamericanas. De hecho, la fama de los hermanos Lloyd persistió durante décadas, y la revista oficial de la Asociación Farmacéutica Norteamericana se denominaba hasta hace bien poco Lloydia en honor a los hermanos.
Tanto los Lloyd como King recibieron de un tal doctor H. F. C. Meyer, de Pawnee City, Nebraska, un remedio denominado el «purificador de la sangre del doctor Meyer», realizado a partir de esta planta. Meyer era el típico curandero que viajaba con una carreta y que, con mucha boquilla, iba pregonando todo tipo de remedios para todo tipo de males. Él mismo había utilizado la equinácea con gran éxito, aunque sin conocer sus principios activos o su clasificación botánica, y por eso decidió enviar una propuesta de colaboración a los máximos representantes de la farmacia: los famosos hermanos Lloyd y el doctor John King.
Meyer incidía en el uso de la equinácea como remedio ante las picaduras venenosas, como las de la serpiente de cascabel
En una entusiasta carta escrita en 1886, Meyer comunicaba al doctor King las virtudes medicinales de la planta y la forma de uso de la misma, tal como él la había ido aplicando con éxito en los últimos dieciséis años. El doctor Meyer insinuaba que sus virtudes medicinales podían derivar de una acción antiespasmódica y de unos principios activos que actuaban como antídoto para muchos venenos.
La fórmula secreta del apasionado doctor de las carreteras, que denominaba el «purificador de la sangre del doctor Meyer», estaba realizada a base de equinácea, ajenjo y estróbilos de lúpulo. Entre sus llamativas explicaciones sobre las virtudes del tal purificador, incidía en el tema de las picaduras de animales venenosos, especialmente de la serpiente de cascabel. Meyer insistía en que él mismo se había dejado picar por estos reptiles y que, «después de lavar la herida con su tintura purificadora y tomarse una cucharada, y reposar posteriormente un rato, todo signo de hinchazón o inflamación se reducía y permitía una excelente curación».
La lista de enfermedades tratadas con la equinácea, según el doctor Meyer, incluía: malaria, cólera, llagas, abscesos, fiebre tifoidea (aplicada internamente, y externamente sobre el abdomen), faringitis y garganta ulcerada, úlceras crónicas, erisipela, intoxicaciones por hiedra venenosa, catarro nasal y nasofaríngeo, hemorroides, fiebres diversas, congestivas o remitentes, triquinosis, jaqueca, acné, conjuntivitis escrofulosa, caspa, calvicie y eccema…, y hasta la diarrea de los caballos.
Meyer recomendaba tomar una onza del purificador tres veces al día; y en caso de intoxicación por hierbas o por picadura de serpiente, el doble de la dosis hasta que la inflamación desapareciera, insistiendo en que era una cura maravillosa en tan solo veinticuatro horas.
Una carta cargada de virtudes
