Con la cámara del corazón - Magui Recimil - E-Book

Con la cámara del corazón E-Book

Magui Recimil

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Beschreibung

En el mundo del glamour y los flashes, Celina, una reconocida modelo, se cruza con Martín, un fotógrafo capaz de ver más allá de su belleza exterior. Entre ambos surge una conexión irresistible que los lleva a redescubrir el significado del amor y la honestidad. Pero en un universo donde lo material parece dominar, una mentira amenaza con separarlos. Celina deberá aprender que lo verdaderamente valioso se encuentra en el interior. Y Martín, con cada disparo de su cámara, intenta mostrarle que el amor verdadero es lo único que importa. En Con la cámara del corazón, Celina y Martín se encuentran en una travesía de autodescubrimiento y pasión, donde cada fotografía muestra más que una simple imagen: revela el corazón. ¿Podrá el amor trascender las apariencias y las mentiras para unir sus destinos?

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Seitenzahl: 346

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Corrección: Eleonora Barchiesi

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Recimil, Margarita Florencia

Con la cámara del corazón : un solo flash es capaz de unir dos vidas para siempre / Margarita Florencia Recimil. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2024.

320 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-631-306-079-5

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas Románticas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2024. Recimil, Margarita Florencia

© 2024. Tinta Libre Ediciones

Con la cámara del corazón

Capítulo 1

El sol madrileño y veraniego de junio de 2022 la despertó más temprano de lo habitual. El sueño la consumía y, aunque deseaba permanecer en la cama, decidió levantarse; una larga sesión de fotos la esperaba.

Celina se vistió con rapidez, un jean y una remera rosa de mangas cortas fue el atuendo que eligió. Combinó la vestimenta con sandalias blancas. Trenzó su largo cabello rubio y lacio, y colocó un poco de maquillaje sutil y suave sobre su rostro.

Se dirigió a la cocina y preparó café con tostadas. No entendía por qué, pero se sentía rara. Una extraña sensación la acompañaba desde hacía unos días y esa mañana se había intensificado.

Hacía un par de años que vivía sola en un amplio y lujoso departamento ubicado sobre la calle Gran Vía de Madrid. Una ambiciosa y millonaria propuesta de trabajo la había invitado a abandonar Buenos Aires para alojarse definitivamente en España. El modelaje era todo para ella, no concebía su vida sin estar arriba de una pasarela o frente al flash de una cámara de fotos.

Poco y nada le había importado el abandono de Lorenzo y el amor que él sentía por otra mujer, ya que su carrera estaba primero. Su sueño de convertirse en la modelo más reconocida a nivel internacional estaba por encima de todo. Por eso, cuando recibió la propuesta laboral, no lo dudó; las ansias de fama y dinero la enceguecieron y la condujeron a aceptar de inmediato.

Mientras degustaba un sorbo de café, encendió la notebook para leer las páginas web de moda y espectáculos. Siempre lo hacía, aun estando en Buenos Aires. Quería que su nombre y su rostro cargado de sensualidad ocupasen cada rincón de los sitios de internet. Recorría cada página y se enojaba porque aún no habían sido publicadas las fotos de un desfile que la había tenido como protagonista en la ciudad de Valencia. Al finalizar su recorrido por la pasarela, muchos admiradores se habían acercado para pedirle fotos y autógrafos. Ella aceptó, pero no porque le gustase mantener contacto con sus fanáticos, sino porque disfrutaba ser el centro de atención y que las personas le rogasen por favor. Celina les había sonreído con altanería y vanidad, una cuota de desprecio también formó parte de esa sonrisa.

Sintió que se atragantaba con una tostada cuando lo vio. Estaba tan sensual como el día en que lo había conocido. Se preguntó qué hacía Lorenzo Delaf en un sitio web internacional de moda, siendo que él pertenecía al mundo de la escritura. Lo descubrió cuando leyó la nota que acompañaba las fotos. Se trataba de un evento a beneficio en Punta del Este en el cual la moda, la música y la escritura eran las protagonistas.

La ira la invadió por completo cuando notó que Renata, esa “putita”, como ella la llamaba, se encontraba a su lado. Creía que lo había olvidado, que ya no lo amaba, incluso lo había sepultado en un rincón de su memoria y de su corazón, pero verlo después de tanto tiempo a través de una pantalla removió cada fibra de su ser y le recordó que nada de eso era cierto.

Lorenzo, sus padres e incluso su mejor amiga le habían dicho en reiteradas oportunidades que lo que sentía por él no era amor, sino obsesión. Incluso ella había llegado a creerlo, pero ahora, teniéndolo frente a sus ojos, entendió que no era como ellos decían.

La furia, la impotencia y la angustia la llevaron a desviar la vista hacia un costado de la pantalla, ese costado en donde se encontraba la fecha. Tan ocupada estaba con su trabajo que no se había dado cuenta. Fue la notebook la que le mostró que se cumplía un nuevo aniversario de aquella vez en que Lorenzo le había devorado los labios por primera vez para luego decirle que ansiaba con el alma permanecer por siempre a su lado. Celina no lo había dudado porque ese hombre la atraía de manera descomunal, pero, además, porque pertenecía a una familia de muy buena posición económica.

Ahora que lo veía luego de tanto tiempo, ahora que la computadora le recordaba cuán feliz había sido aquel día, comprendió el porqué de la extraña sensación que la perseguía desde hacía unos días. «Esto que vengo sintiendo es una señal, tengo que hacerlo», pensó a la vez que sonreía con malicia. Sin dudarlo tomó el celular y le envió un mensaje de WhatsApp a su mejor amiga:

Celina:Hola, Lu. Acabo de tomar una decisión, la más importante de mi vida.

Capítulo 2

La fotografía era su vida, sentía que al capturar rostros también capturaba momentos, emociones, sensaciones. Martín Greco formaba parte del staff de una reconocida agencia de modelos situada en el barrio de Recoleta, Buenos Aires. Con su talento y su experiencia, era el encargado de fotografiar a una vasta cantidad de mujeres y de indicarles cómo tenían que sonreír y de qué manera debían mirar a la cámara.

Finalizaba una larga sesión de fotos cuando el dueño de la agencia se acercó.

—¿Todo bien, Tincho?

—Perfecto. Esa chica tiene una conexión impresionante con la cámara —explicó haciendo referencia a la modelo que se había alejado para cambiarse.

—La verdad, que sí. Hace muy poquito que empezó a trabajar como modelo, pero tiene algo, no sé… Es como si hubiese nacido para esto.

—¿Necesitabas algo?

—Te quería mostrar estas fotos —respondió a la vez que le extendía el celular para mostrarle una página web internacional de moda.

Martín se sobresaltó, recordaba haber visto a esa modelo tanto en la televisión como en portales de internet. Sabía que era famosa, como así también que lo había encandilado desde el momento en que la observó por primera vez a través de una pantalla.

—¿Qué pasa con esta modelo?

—La ubicás, ¿no? —indagó frunciendo el ceño.

—Sí, obvio, es muy conocida. Celina Vila, no. Villa, tampoco. Ay, no recuerdo el apellido.

—Villagra. Celina Villagra.

—Villagra, sí. ¿Pero qué pasa con ella? No vive en Argentina.

—A eso quería llegar.

—No te entiendo —expresó Martín reflejando desconcierto en su rostro.

—Vive en Madrid. Quiero contactarla para proponerle que sea parte de nuestro staff.

—Disculpame, Roberto, pero, con la plata que debe estar ganando en España, ¿vos pensás realmente que va a querer volver a Buenos Aires?

—Será cuestión de intentarlo. Esta agencia es muy reconocida y prestigiosa, con años de trayectoria —contestó con convicción.

—No me malinterpretes, no digo que no lo sea, todo lo contrario. Pero la vida en España es muy diferente. Debe ganar el triple de lo que ganaría acá. Además, por lo que me han comentado, es bastante ambiciosa.

—Insisto, será cuestión de intentarlo.

Roberto lo miró fijo a los ojos, como si quisiera pedirle algo con tan solo mirarlo. Martín interpretó aquella mirada, por lo cual sondeó:

—¿Y yo qué tengo que ver? Te pregunto porque no es mi función decidir quién forma parte de la agencia y quién no.

—Con esta modelo, sí.

—No te entiendo —dijo sorprendido.

—Quiero proponerte que viajes a España. Con la excusa de tu trabajo como fotógrafo, te acercarías a ella y, en representación mía, le propondrías ser parte del staff. La agencia se encarga de los gastos del viaje, como siempre.

—Vos estás loco.

—Puede ser —declaró—, pero hace rato que lo vengo pensando y quiero que Celina Villagra trabaje para esta agencia. ¿Qué me decís?

—No puedo proponerle trabajo en la agencia, no forma parte de mi rol. No corresponde que lo haga, no sería serio. No comprendo por qué me hacés esta propuesta; sos vos quien debería hacerlo. Sos el dueño de la agencia y el representante de las modelos.

—Es verdad, pero no puedo ir. Tengo miles de reuniones agendadas, todas importantísimas. Dale, Tincho, te lo pido porque confío plenamente en vos, sos de mi entera confianza. Sé que sos capaz de traerme a esa modelo porque tu cámara tiene una especie de imán que atrae a cualquier mujer. Además, somos amigos, por eso me atrevo a pedírtelo, no podés decirme que no.

—¿Y si la contactás por mail o algún otro medio? Es la opción más viable y también la más formal, me parece que es lo que corresponde.

—En este caso, no. Creo que hay que viajar y conversarlo directamente en persona. Estas cosas hay que hablarlas cara a cara. Dale. Además, sabés que vas a ser muy bien remunerado —justificó a la vez que arremangaba su camisa.

Martín no fue capaz de contestar. Tenía que reconocer que la propuesta lo tentaba, pero no por lo económico, la plata no le interesaba, sino por Celina Villagra. El rostro sensual de esa mujer se instaló en su cabeza y le resultó imposible no sonreír.

***

Le gustaba mantener el misterio, estaba segura de que Lucrecia la llamaría de inmediato ni bien leyese su mensaje. Celina y Lucrecia eran amigas desde la infancia y, aunque ahora no vivían en el mismo país, no existía la distancia entre ellas, pues siempre hablaban por teléfono, se enviaban mensajes y hasta concretaban videollamadas. No habían transcurrido ni siquiera cinco minutos cuando Celina recibió la llamada de su amiga.

—Hola, Lu.

—Celi, ¿cómo estás? A ver si me explicás, porque no entiendo nada, ¿cuál es esa decisión tan importante que tomaste?

—Voy a volver a Buenos Aires.

—Ay, Celi, vos y tus chistes, dejate de joder. Dale, decime qué pasa —dijo al mismo tiempo que sonreía.

—No es ningún chiste, es en serio, muy en serio.

—Estás loca, ¿qué bicho te picó?

—Estoy dispuesta a reconquistar a Lorenzo, quiero volver para tenerlo de nuevo a mi lado.

—¿Lorenzo? ¿Qué te pasa, Celi? Definitivamente, enloqueciste.

—Lo vi en una página web con la putita esa y…

—¿Y qué? —la interrumpió—. Cuando te instalaste en España, lo olvidaste porque, como vos misma reconociste, la fama es tu vida. Tu sueño de convertirte en la modelo con mayor reconocimiento a nivel internacional está por encima de todo. Nunca más lo volviste a nombrar, siempre hablás de la pasarela, las fotos, la fama, la plata y todo lo que conlleva tu carrera.

—Pero me di cuenta de que nunca dejé de amarlo. Cuando lo vi a través de la pantalla, supe que sin él nada tiene sentido: ni mi carrera, ni la plata, ni el reconocimiento, nada de nada.

—Celi, vos no lo amás, nunca lo amaste. Lorenzo fue una obsesión y un capricho. Seguí con tu proyecto, tenés una vida hermosa en España, estás logrando lo que tanto soñaste. Luchaste mucho para conseguir tu objetivo, no lo tires a la basura—justificó con certeza.

—No entendés, Lu. Yo creía que mi sueño era mi vida, que era feliz, pero cuando vi a Lorenzo me di cuenta de que no es cierto. No puedo ni quiero seguir engañándome.

—Entiendo mucho más de lo que vos pensás. A ver, ¿y qué vas a hacer? Porque te recuerdo que Lorenzo ya no te ama, es feliz con Re…

—Ni la nombres —la detuvo enojada—, esa chiruza no representa ningún obstáculo para mí.

—La nombro porque es la mujer que Lorenzo ama. Dejá que sea feliz con la familia que formó. Es un buen tipo.

—Pensé que ibas a apoyarme, pero por lo visto me equivoqué.

—Siempre te apoyo, Celi, pero esto es diferente. Además, ¿qué va a pasar con todos los contratos que tenés? Te esperan miles de eventos. Tu representante se va a poner como loco, te va a matar.

—Me importa una mierda, lo único que me interesa en este momento es volver para recuperar a Lorenzo —sostuvo convencida.

—¿Y qué vas a hacer en Buenos Aires? Digo, además de recuperar a Lorenzo como tenés pensado—cuestionó con ironía.

—Me voy a instalar en mi departamento de Puerto Madero. Hace un par de meses que los inquilinos lo desocuparon, así que lo tengo a mi disposición.

—¿Y tu trabajo como modelo?

—Eso es lo de menos. Con lo conocida que me hice acá en España, todas las agencias van a querer tenerme como modelo exclusiva. Me voy a contactar con las mejores agencias de Buenos Aires y estoy segura de que se van a pelear por mí —contestó con altanería.

—Celi, pensalo. Tenés todo en Madrid para ser feliz, lo que siempre deseaste, lo que siempre quisiste desde chiquita.

—No, no lo tengo todo. Me falta Lorenzo, fui una estúpida al creer que una pasarela podía reemplazarlo.

—Vos no lo amás, y él tampoco a vos. Él ama a Renata. Vas a sufrir mucho volviendo a Argentina, vas a dejar tu vida en España por algo que no es amor—la aconsejó con seguridad.

—Lorenzo es mi objetivo, mi plan, mi destino. Y puedo asegurarte como que me llamo Celina Villagra que va a volver conmigo —argumentó con convicción; entretanto, una amplia y maliciosa sonrisa se dibujaba en su rostro.

Capítulo 3

En su departamento, ubicado en el barrio de Belgrano, Martín conversaba con su mejor amigo, Pablo Suárez. Dialogaban sobre la propuesta de Roberto Soler. Pablo lo escuchaba con atención a la vez que lo incentivaba a aceptar esa oferta que a él le parecía extraordinaria.

—Tenés que aceptar, Tincho. Viajarías a España sin pagar un solo peso, sacarías alguna que otra foto y eso te sumaría desde lo laboral. Y encima conocerías a esa modelo que está espectacular.

—No te voy a negar que la propuesta es supertentadora, pero no me corresponde ofrecerle trabajo, no forma parte de mi rol —argumentó con seriedad.

—¿Qué importa si te corresponde o no? Lo que sí importa es que es una oportunidad única. Pensá, además, en lo imprescindible que sos para Roberto: confió en vos para pedirte que viajes y eso puede significar que a futuro te otorgue un puesto de mayor importancia dentro de la agencia.

—Le agradezco la confianza que depositó en mí, pero no sé si voy a poder…

—¿Qué es lo que no vas a poder? —lo interceptó frunciendo el ceño.

—Acercarme a Celina Villagra.

—¿Me estás jodiendo? ¡Con la cancha que vos tenés! Con tu cámara atraés a cualquier modelo.

—Roberto me dijo lo mismo.

—¡Ves! Si él, que es experto en el tema, te lo dice, es porque realmente es así.

—No entendés, amigo. Con Celina Villagra es diferente.

—¿Qué tiene de diferente? Es mucho más famosa que otras, solo eso.

—No pasa por la fama, es otra cosa —respondió con seguridad.

—¿Qué cosa?

—No sé cómo explicarte, tiene algo, algo que…

—¡A vos la mina te gusta! Es eso, te gusta y acercarte te genera miles de cosas.

Martín no fue capaz de afirmar como así tampoco de negar lo que Pablo le estaba diciendo. Había conocido a Celina Villagra a través de las revistas y las pantallas; la fama que la modelo estaba alcanzando a nivel internacional era innegable. Desde el primer momento en que la había visto, no pudo determinar qué le sucedió, pero algo se removió en su interior. Se preguntó para sus adentros si esa mujer realmente le gustaba tal como su amigo le había indicado. Y, si así fuera, ¿qué haría?

Pablo lo alejó del ensimismamiento en el que se había sumergido.

—Te gusta, ¿no?

—No lo sé. Me provoca algo, pero no sé qué es.

—A ver, Tincho: en el caso de que te gustase, no veo cuál sería el problema. Todo lo contrario, tenés que aprovechar la oportunidad para conocerla personalmente y acercarte.

—Lo que pasa es que…

—Lo que pasa es que tenés que aceptar la propuesta —lo detuvo—. No te hagas rogar, ¿sabés la cantidad de fotógrafos que quisieran estar en tu lugar? Dejate de joder y decile que sí a Roberto.

Martín le sostuvo la mirada y en los ojos de Pablo, que lo observaban con determinación, halló la respuesta. Quizá su amigo tenía razón y la idea de viajar a España no era tan descabellada como él había pensado. Fue entonces que tomó su celular y dijo:

—Voy a llamar a Roberto.

—¿Aceptás, entonces?

El fotógrafo no respondió, solo se limitó a buscar el contacto y presionar sobre el icono de llamada. Diez segundos fue el tiempo que tuvo que aguardar para que su jefe lo atendiese.

—Hola, Roberto. Ya tengo una respuesta en relación con la propuesta que me hiciste.

***

Luego de un baño de inmersión que la había ayudado a relajarse, Celina se tumbó sobre el amplio sillón del living y se dedicó a navegar por las redes y páginas web a través de su celular. Disfrutaba todo aquello que estaba relacionado a la moda, la pasarela y ese mundo que ella tanto había soñado.

Sonrió cuando su rostro y su silueta ocuparon toda la pantalla: varios sitios web habían publicado fotos que la posicionaban como la modelo internacional más codiciada de la actualidad. Su sonrisa se ensanchó notablemente cuando en una página web leyó una nota periodística que alimentó su ego. Se trataba de un desfile pronto a concretarse en Barcelona que la tendría como primera modelo. Celina abriría y cerraría el desfile, sin contar las innumerables pasadas que también la posicionarían como protagonista del evento.

Su representante ya le había comunicado acerca de ese desfile, pero lo que la sorprendió fue el lugar de suma importancia que le concederían en ese acontecimiento. Se imaginaba sonriendo frente a los flashes de las cámaras y eso la transportó a la gloria. Hasta que, de manera involuntaria, Lorenzo se filtró en sus pensamientos y la idea de recorrer esa anhelada pasarela se esfumó como por arte de magia.

Adoraba la fama, el dinero, el mundo de la moda, pero reconoció que todo ello no tenía sentido sin él a su lado. Sintió deseos de buscarlo en las redes sociales, pero recordó que, en alguna que otra oportunidad y sin proponérselo, lo había buscado sin resultado alguno, pues él la había bloqueado.

Rememoró la conversación telefónica que había mantenido con su amiga y cuán determinante había sido su decisión. Fue por ello que dejó de recorrer los sitios web, desestimó las impactantes fotos que había visto publicadas, como así también los halagos que leyó acerca de su belleza en la nota periodística, y buscó el contacto de su representante.

Cuando lo halló, presionó sobre el icono de llamada. Fue necesario esperar unos cuantos segundos que le resultaron eternos; aun así, se propuso aguardar: lo que tenía para decirle no podía postergarse para otro momento. Se sintió satisfecha cuando la voz de su representante invadió su oído derecho. Sin preámbulos y totalmente decidida, habló:

—Hola, Gastón, tengo que comunicarte algo muy importante. Tomé una decisión.

Capítulo 4

Celina estaba decidida, sabía que su destino estaba escrito y no iba a permitir que nadie arruinase su plan. Por eso, con total seguridad fue capaz de transmitirle a su representante la decisión que había tomado.

—Hola, Celi. ¿De qué hablás?

—Vuelvo definitivamente a Buenos Aires.

—¿Eh? ¿Me estás jodiendo?—indagó desconcertado.

—Estoy decidida a recuperar a Lorenzo, me voy para que regrese a mi lado como sea.

—Decime que esto es una broma de mal gusto.

—No es ninguna broma, es la verdad —exclamó convencida en tanto sonreía con arrogancia.

—Vos estás totalmente loca, tu relación con Lorenzo terminó hace varios años. Sabés bien que no te quiere, que está enamorado de…

—¡Callate! —lo interrumpió—. Me importa una mierda de quién está enamorado. Voy a hacer lo que sea para que vuelva conmigo, ¿me escuchaste? Lo que sea.

—Definitivamente, enloqueciste. No puedo creer lo que me estás diciendo. Tu sueño siempre fue convertirte en una modelo famosa a nivel internacional. Estás en un país hermoso, tenés fama, plata, reconocimiento. No entiendo nada.

—Yo creía que era mi sueño, pero me di cuenta de que nada tiene sentido si Lorenzo no está conmigo, lo amo, ¿podés entenderlo?

—O sea que, de la noche a la mañana, te agarró la locura de extrañarlo, ahora te das cuenta de que lo amás. Por favor, no seas ridícula. Lo tuyo siempre fue una obsesión, y ahora no sé qué mierda te pasa, que de un momento a otro querés tirar por la borda tu carrera por un tipo que ni te registra, que nunca te amó.

—Pero me va a amar, eso dalo por hecho —sostuvo con firmeza.

—Escuchame una cosa, Celina: nos costó un montón llegar hasta donde llegamos. Hice todo para que acá, en España, tuvieses las mejores propuestas, los contratos que toda modelo desea. Le cedí mi parte de la agencia de Buenos Aires a mi socio, ¿lo podés entender? Mi agencia, mi única agencia ahora pertenece exclusivamente a mi socio. Te seguí en tu locura de triunfar en España, dejé todo en Buenos Aires. ¡¿Y para qué?! Para que ahora decidas volver como si nada y dejarme en pelotas. Vos no vas a arruinar mi carrera como representante.

—¿Me estás amenazando?

—Tomalo como quieras. Lo único que te digo es que lo pienses muy bien, porque vas a arruinar tu carrera para siempre y también la mía—respondió Gastón Ferrer quien era su representante desde sus inicios como modelo.

—Mi carrera no se va a arruinar porque voy a continuar modelando en Argentina. Vos, obvio, te volvés conmigo y seguiremos trabajando juntos en Buenos Aires, como en los viejos tiempos.

—¿Me estás cargando? Tenemos un montón de laburo acá, ¿ya te olvidaste de todos los contratos que firmaste? Sin ir más lejos, tenemos un desfile en Barcelona en menos de un mes.

—Me importan una mierda los contratos, y ni me cuentes para ese desfile porque para esa altura ya voy a estar en Buenos Aires.

—Celina, a ver si entendés: no podés volver, tenés una carrera acá, tenés un montón de laburo. ¿Qué carajo te pasa?—expresó levantando el tono de voz.

—Me pasa que no puedo sacarme a Lorenzo de la cabeza. Creí que lo había olvidado, pero no es así. Quiero recuperarlo y te aseguro que lo voy a hacer, aunque sea lo último que haga en mi vida.

Gastón no daba crédito a lo que estaba escuchando. Él, que había dejado su país, que había hecho todo por ella, que disfrutaba al verla tan exitosa, ahora se sentía usado, defraudado y con miles de interrogantes en su cabeza.

—Celina, te aviso que no vas a ir a ningún lado, te vas a quedar acá en Madrid y vamos a cumplir con todos los contratos.

—Mirá, Gas, yo te adoro, lo sabés, pero no me vas a decir lo que tengo que hacer. Me voy. Si querés venir conmigo y trabajar juntos en Argentina como antes, bien. Y, si no, también.

—Yo no voy a ir a ningún lado y vos tampo…

—Vos no sos quién para darme órdenes —lo detuvo enojada—. Vuelvo a Buenos Aires y muy pronto. Ahora te dejo, estoy muy cansada. Avisame si cambiás de opinión.

—Ni se te ocurra cortarme.

—Chau, Gas —saludó con ironía para dar por finalizada la llamada.

—Celina, Celina…

***

Martín y Roberto disfrutaban de un delicioso almuerzo en un restaurante en el barrio de Recoleta, a pocas cuadras de la agencia Soler Modelos. Mientras degustaban una parrillada con papas fritas y acompañaban el menú con vino tinto, dialogaban sobre el viaje de Martín a España.

—La verdad es que, cuando me llamaste por teléfono para decirme que aceptabas viajar, me sorprendí. Pensé que me ibas a decir que no —dijo Roberto entretanto sonreía.

—Pero acepté y…

—Y te aseguro que no te vas a arrepentir. ¿Qué te hizo cambiar de idea?

—Mejor dicho, quién fue, porque te aviso que fue Pablo la persona que me hizo cambiar de opinión.

—Ah, sí, Pablito. Qué tipo bárbaro ese.

—Sí, es un como un hermano. Él me dijo que tu propuesta me va a sumar desde lo laboral, que no podía desaprovechar una oportunidad así. —Omitió decirle que su amigo también le había insistido para que se acercara a la modelo.

—Lo mismo que te dije yo —comentó tomando un vaso de vino.

—Sí, tenés razón, lo mismo que me dijiste vos, pero vos sabés cómo es Pablo. No sé qué tiene, pero es capaz de convencer a cualquier persona.

—¡Qué bueno que te convenció! Si él no lo lograba, yo no iba a poder. Bueno, escuchame, Tincho: en menos de un mes tenés que estar instalado en España porque Celina Villagra se va a estar presentando en Barcelona. Va a ser la modelo principal del desfile; obviamente, va a abrir el desfile y también lo va a cerrar.

—¿Menos de un mes? ¿Tan rápido? No puedo porque…

—¿Cómo que no podés? Ahora que aceptaste, no te podés echar para atrás.

—Es que no voy a llegar con todo, tengo laburo atrasado —respondió mientras degustaba un trozo de carne.

—Por el trabajo atrasado no te preocupes, hacés hasta donde puedas.

—Sabés que no me gusta dejar cosas sin hacer.

—Lo sé, sé lo responsable y eficiente que sos, pero esto no puede esperar. La modelo va a estar en Barcelona, es ahora o nunca —justificó con certeza.

—Es que…

—¿Tenés miedo? —preguntó al mismo tiempo que una amplia sonrisa se instalaba en su rostro.

—¿Eh? ¿Miedo?

—Sí, miedo.

—¿Miedo de qué?

—De Celina Villagra —contestó sosteniéndole la mirada.

—No te entiendo, Roberto.

—Celina Villagra es una modelo sumamente profesional, pero todo el mundo sabe que es una mujer infernal y que no es fácil acercarse a ella. Dicen que es bastante soberbia, egocéntrica y vanidosa.

Martín no fue capaz de emitir comentario alguno. Roberto lo había dejado sin palabras. Comprendió que tenía razón. El miedo lo acorralaba: miedo a lo que ella le estaba provocando, miedo a ese magnetismo que Celina Villagra generaba, miedo a que lo hipnotizara, miedo a enamorarse como nunca antes lo había hecho.

Capítulo 5

Luisa y Miguel no concebían la idea de que Celina regresara a Argentina. No comprendían que renunciara a su sueño por un capricho, porque eso representaba Lorenzo para ella: un capricho. Pero esa idea descabellada no era lo que más los preocupaba, pues conocían a su hija, sabían cuán inestable era, sabían que su estadía en España no sería eterna. Lo que realmente los agobiaba era la terrible situación por la que estaban atravesando, situación que Celina desconocía, y estaban seguros de la ira que se desataría en ella si la verdad saliese a la luz.

La pareja discutía, el tono de voz de ambos iba aumentando. Luisa le reclamaba el haber mantenido a Celina ajena a la situación. Miguel se excusaba, no compartía para nada la posición de su esposa.

—¿Vos te das cuenta de que, ahora que va a llegar Celi, no nos va a quedar otra más que decirle la verdad?

—Eso nunca —respondió Miguel alterado—, antes muerto.

—Estás loco. Celi se va a dar cuenta, no es ninguna estúpida. Es más, deberíamos habérselo dicho antes.

—¿O sea que vos sugerís que se lo tendríamos que haber contado por teléfono? Porque te recuerdo que nuestra hija vive en Madrid —expuso Miguel con ironía.

—Dejá de hacerte el canchero, que no te queda bien. Lo que trato de hacerte entender es que ahora va a ser terrible para ella enterarse, ni siquiera la preparamos.

—No se va a enterar, yo me voy a encargar de que todo siga igual.

—¿Y cómo pensás hacer? Porque te repito: Celi no es ninguna estúpida.

—Eso no lo sé. Lo que sí sé es que no voy a permitir que nuestra hija se entere.

—Te volviste completamente loco.

—Loco estaría si dejase que Celi se enterase, ¿tenés idea de cómo le va a afectar?

—Sí, claro que sí. Sé cómo le va a afectar porque es una chica que siempre tuvo lo que quiso, siempre fue una niña mimada y caprichosa. Nunca dejaste que se frustrase, le diste y le seguís dando todo con tal de que no llore, con tal de que no sienta frustración. Mil veces te dije que con tu modo de crianza no la estabas ayudando, pero nunca me escuchaste, hiciste lo que quisiste. La metiste en una burbuja de cristal dándole el oro y el moro a costa de lo que fuera con tal de que no sufriese —expresó Luisa sosteniéndole la mirada con severidad.

—¿Y eso está mal? ¿Para vos está mal protegerla y amarla?

—Eso no es amor ni protección. Eso es consentirla en todo, es no dejarla crecer. ¿No te das cuenta de en qué la convertiste? Una mujer vanidosa, arrogante, que valora a los demás por lo que tienen y no por lo que son.

—No puedo creer que estés hablando así de nuestra hija.

—Amo a Celi, no imagino mi vida sin ella, pero hay que reconocer que esas actitudes que tiene no coinciden con mis valores. Yo siempre le hice entender que lo que importa es cómo somos por dentro —justificó con lágrimas de impotencia.

—Te aseguro que hice exactamente lo mismo. Sabés que pienso igual que vos.

—¡No! No hiciste lo mismo. Si lo hubieses hecho, hoy no estaríamos discutiendo esto. Quizá no puedas darte cuenta, pero con tu sobreprotección, accediendo a todos sus caprichos y dándole absolutamente todo sin medir las consecuencias, la perjudicaste.

—Celi merece todo y más.

—También merece saber la verdad.

Miguel no fue capaz de responderle. Tan solo le sostuvo la mirada, una mirada que comunicaba angustia e impotencia ante lo que se aproximaba.

***

Roberto se encontraba en el estudio de televisión más grande del país. El éxito alcanzado hacía que los medios de comunicación lo colmasen de entrevistas. Las luces, las cámaras y la escenografía lo enorgullecían porque era consciente de que todo su esfuerzo había valido la pena. Había llegado a la cima de la fama, tal y como él siempre había soñado. Sentado en el amplio sillón del programa “Que viva la moda”, disfrutaba de las preguntas que un reconocido conductor le formulaba.

—¿Qué sentís al darte cuenta del enorme crecimiento de tu agencia de modelos? Porque es la más grande y famosa de Argentina.

—Es una satisfacción enorme. Cuando le di vida a la agencia, era muy chiquita y, con el paso del tiempo, fue creciendo de manera descomunal —respondió con total orgullo.

—Y tenés a las mejores modelos de nuestro país. ¿Cómo es trabajar con ellas?

—Es maravilloso. Son todas profesionales increíbles, que aman lo que hacen y se comprometen día a día.

—Hoy nos comentabas que tenés muchas anécdotas en todos estos años de tanto trabajo, ¿querés contarnos alguna?

—Sí, por supuesto. El año pasado, cuando finalizó un desfile en Pinamar, se acercó un actor muy famoso que yo no conocía personalmente y, con total desparpajo, me dijo: “Che, ¿me harías gancho con esa modelo? Está buenísima” —comentó entre risas.

—¿Y vos qué hiciste? ¿Se puede decir el nombre del famoso y de la modelo?

—Me reí y le dije que esa no era mi función. No, los nombres no puedo decirlos. Lo que sí te digo es que, por lo que me comentaron, ese famoso estaba de novio.

El conductor no pudo contener la risa y continuó con las preguntas:

—¿Cómo definirías a Soler Modelos?

—La definiría como mi casa, como una casa en la cual somos una gran familia que amamos lo que hacemos —contestó emocionado al tiempo que miraba la cámara.

El conductor continuó formulando preguntas que, lejos de incomodar a Roberto, lo posicionaban en un lugar confianza y tranquilidad. Siempre disfrutaba de las entrevistas, pero en esta oportunidad estaba disfrutando mucho más. Sentía que se encontraba dialogando con un amigo a tal punto que no tomó dimensión de cuán rápido estaba transcurriendo el programa y de que la última pregunta se instalaba para darle un cierre a la entrevista.

—Bueno, Roberto, quiero agradecerte que hayas estado hoy en mi programa. Fue un verdadero placer tenerte en “Que viva la moda”. Y, para terminar, quiero hacerte una última pregunta.

—La que quieras. Y dejame decirte que el placer es mío. Gracias a vos y a todo tu equipo por haberme invitado, la pasé muy bien.

—Gracias, Roberto. Está circulando un rumor de que tenés pensado incorporar en tu agencia a una modelo muy famosa, ¿es verdad?

—Sí, es verdad, pero no me pidas que te diga el nombre. Lo que sí puedo decirte, mejor dicho, asegurarte, es que esa incorporación marcará un antes y un después en Soler Modelos —afirmó con entusiasmo, sin saber que, desde el otro lado de la pantalla y a miles de kilómetros de Buenos Aires, Celina Villagra sonreía con altanería frente a lo que estaba escuchando.

Capítulo 6

Norma dialogaba con Alfredo, su esposo. Sentados en el cómodo living de la casa situada en el barrio de Caballito, los padres de Martín conversaban acompañados por una impactante tensión, pues el tema a abordar era realmente angustiante. Alfredo trataba de tranquilizarla; la amaba tanto que no podía permitir que la mujer de su vida estuviese sufriendo. Con palabras que infundían calma, le acariciaba el cabello.

—Quedate tranquila, mi amor. Eso no va a pasar.

—¿Me estás cargando? Me parece que no escuchaste nada de todo lo que acabo de contarte.

—Por supuesto que escuché y comprendo tu angustia, pero no te entristezcas por algo que no sabés si va a pasar —le dijo con dulzura.

—Claro que va a pasar, me dijo bien clarito que…

—Ya sé lo que te dijo —la interrumpió—, pero quizá fue solo eso, un dicho.

—No me tomes por pelotuda, Alfredo. Está dispuesto a todo, ya me lo dijo. Vos, porque no estabas acá. Pero tendrías que haberle visto la cara cuando hace un rato me comunicó su decisión. Había determinación no solo en sus palabras, sino también en su mirada.

—Bueno, pero lo que sea que ocurra lo vamos a enfrentar juntos, como siempre. Estoy con vos y lo sabés.

—Sí y ni te imaginás cuánto te lo agradezco, no sé qué haría sin vos. Pero, por más juntos que estemos, no vamos a poder frenarlo. ¿Por qué? Decime por qué quiere hacer de cuenta que no pasó nada, por qué se empeña en recuperar algo que él mismo decidió perder hace muchísimos años.

Alfredo no fue capaz de responder, su esposa lo había dejado sin palabras. Él se hacía las mismas preguntas que ella, preguntas para las cuales no hallaba respuestas. La abrazó para comunicarle que siempre estaría a su lado. Ella se aferró a ese abrazo y no pudo contener las lágrimas, lágrimas de impotencia, de dolor, de furia. Permanecieron abrazados durante unos minutos hasta que Norma se alejó para sostenerle la mirada y preguntarle:

—¿Y Martín?

—¿Qué pasa con Martín?

—¿Pensaste en cómo lo va a tomar cuando se entere? —le preguntó con una mezcla de tristeza e incertidumbre.

—Él te ama, nos ama. Es un hombre tan maduro que lo va a entender.

—No. Me va a odiar, nos va a odiar.

—Eso no va a pasar, esto no va a borrar todo el amor que él nos tiene.

—Martín no me lo va a perdonar, estoy segura.

—¿Qué es lo que no te voy a perdonar, ma? —indagó Martín asombrado.

***

Celina hablaba por teléfono con su mejor amiga, Lucrecia Alvarado. El tema de la conversación era el mismo que venían teniendo desde hacía varios días: su inminente regreso a Buenos Aires.

—Celi, pensalo bien.

—Ya lo pensé y está decidido. En cuestión de días voy a estar en Argentina.

—¿No pensás en Gastón? Él dejó todo su laburo en Buenos Aires por vos, por acompañarte en este sueño de triunfar en España —sostuvo con firmeza.

—Gastón no vino acá a trabajar gratis, cobró una fortuna en todo este tiempo.

—Y está perfecto, no pretenderás que el tipo trabaje sin ver un peso. No podés hacerle esto.

—Yo no le estoy haciendo nada. Hasta le ofrecí que volviese conmigo y laburar juntos allá como antes, pero no quiere saber nada.

—Es lógico, vos no podés manejarlo como un títere.

—Él tampoco a mí —expuso con arrogancia.

—¿Y tus viejos?

—¿Qué pasa con mis viejos?

—Imagino que ya les contaste, ¿cómo lo tomaron?

—Mamá me dijo que estaba loca, que no podía renunciar a mi sueño por Lorenzo —respondió a la vez que jugaba con un mechón de pelo.

—Tiene toda la razón, es lo mismo que te dije yo. Lorenzo está casado, hasta tiene un hijo.

—Me importa una mierda, ya te lo dije mil veces —expresó furiosa.

—¿Y tu viejo?—preguntó para evitar continuar hablando de Lorenzo.

—Mi viejo…, no sé cómo explicarlo.

—¿A qué te referís?

—A que, conociéndolo, pensé que se iba a poner feliz. Vos sabés que soy su nena mimada.

—¿Y no fue así?—cuestionó con asombro, pues sabía cuánto había sufrido Miguel cuando su hija se mudó a España.

—Me dijo que mamá tenía razón, que no podía volver, pero hay algo más.

—¿Algo más?

—Sí. Lo noté preocupado.

—Seguramente, debe estar preocupado por vos, porque no entiende el porqué de tu regreso de un momento a otro—verbalizó con seguridad.

—No, no es eso.

—¿Y qué es?

—Es como si me estuviese ocultando algo.

—Dejate de joder, ¿por qué te estaría ocultando algo?

—No lo sé, pero es lo que noté. Lo noté en sus palabras, tartamudeaba, tenía la voz quebrada, no era el mismo de siempre. Algo le debe estar pasando —contestó frunciendo el ceño.

—Dejá de perseguirte, no tendría un buen día.

Celina no creía lo mismo, estaba segura de que algo preocupaba a su padre. La pregunta que se hacía era qué lo agobiaba.

—Celi, Celi, ¿seguís ahí?

—Eh, sí, sí.

—Dale, no te enganches. Seguramente, no es nada. Lo bueno de que vuelvas es que nos vamos a ver siempre. Che, ¿ya sabés cómo vas a continuar con tu trabajo en Buenos Aires?

—Sí, amiga, nos vamos a ver todo el tiempo. En cuanto a mi trabajo, ¿te acordás de la agencia de Roberto Soler?

—Más bien, es la más famosa del país —respondió sin dudar.

—Quiero hacer lo imposible para entrar a trabajar ahí.

—Con lo hermosa y lo profesional que sos, lo vas a lograr de una. Lo vi en una entrevista que le hicieron en un programa de televisión.

—Yo también lo vi.

—Confirmó que va a incorporar a su agencia a una modelo muy famosa, ¿quién será?

Celina no respondió. Estaba tranquila porque sabía que ella formaría parte de Soler Modelos a costa de lo que fuese. Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro con tan solo imaginarlo.

Capítulo 7

Norma sentía que un escalofrío le recorría cada centímetro de la espalda. ¿En qué momento había entrado su hijo? ¿Cómo no había escuchado sus pasos? Ella, que siempre se mantenía atenta a todo, se lamentaba por no haber sido capaz de percibir el momento en el que Martín había ingresado a su casa.

—Hijo, ¿cómo entraste? —indagó para ganar tiempo—. Tenía entendido que habías perdido las llaves.

—Eso creía, pero las encontré. ¿Qué es lo que no te voy a perdonar?

Norma no sabía qué responder. Los nervios se apoderaban de cada parte de su cuerpo, la transpiración recorría sus manos, las palpitaciones la acorralaban y un intenso nudo se había alojado en su estómago.

—Tu madre…

—Le pregunté a ella, papá. Acá algo pasa.

—No pasa nada, hijito.

—Decíselo a tu cara, ma; estás pálida y estás dando vueltas para no responderme —expuso con severidad entretanto se arremangaba el suéter.

Norma inhaló y exhaló para hallar un poco de calma, y también como un mecanismo de preparación; era consciente de que algo tenía que decirle, pero no la verdad. No podía, no era capaz de confesarle lo que le había ocultado durante tantos años. Estaba convencida de que, si lo hacía, jamás obtendría el perdón de Martín. Fue entonces que decidió fingir. Una simple pero creíble mentira atravesó su cabeza. Tuvo la certeza de que su hijo le creería, pues él sabía lo protectora que era.

—Está bien, tenés razón, algo pasa: no quiero que viajes a España. Antes de que llegases, le estaba diciendo a tu padre que pensaba inventar que no me sentía bien de salud para que te quedases. Vos sabés el miedo que me da cada vez que tenés que viajar y por eso quería inventar algo que te retuviese.

—Pero, ma, tenés que entender que es mi trabajo. Hace años que vivo de esto y los viajes son parte de mi laburo. Ya lo hablamos mil veces —exclamó sosteniéndole la mirada con firmeza y ternura a la vez.

—Lo sé. Perdoname, hijito, soy una egoísta. Agradezco que hayas entrado justo a tiempo porque, de no haberlo hecho, hubiese llevado adelante esa mentira y sé que no me habrías perdonado…

—Basta, mamá, ya está. Sé cuán protectora sos o, mejor dicho, sobreprotectora —reconoció entre risas—. Lo que quiero y necesito es que por favor entiendas que viajar forma parte de mi rutina laboral y, mientras siga trabajando como fotógrafo, seguiré viajando. Es así de sencillo.

—Eso trataba de explicarle a tu madre antes de que llegases —mintió Alfredo para que todo resultase más creíble—. ¿Pongo agua para tomar unos buenos mates?

—Dale, pa. Voy a extrañar tus verdes en España.

—Bueno, che, pero son pocos días. Ni bien vuelvas, te venís para acá a empacharte con unos matecitos —dijo en medio de carcajadas.

Alfredo se dirigió a la cocina mientras Norma y Martín aguardaban en el living. Martín, con las ganas de disfrutar de unos dulces mates, como solo su padre sabía preparar. Y Norma, con la culpa y la angustia devorando cada rincón de su alma. Angustia por ese secreto que le quemaba la garganta y por lo que sabía que se aproximaba, y culpa por no poder contarle a su hijo la verdad, esa verdad que la atormentaba, la asfixiaba, la mantenía prisionera y la debilitaba.

***

Los días habían transcurrido con extrema rapidez y Celina se encontraba ahora armando su maleta para regresar a Argentina. Una reconocida banda pop de los años noventa sonaba de fondo: Ace of Base. Adoraba cada canción de ese grupo. Había sido su madre, fanática y admiradora, quien le había legado el amor por Ace of Base.