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Soy el agente de la Guardia Civil Vázquez, y si un control de la Benemérita hace que te sientas más nervioso que bañando a un gremlin, te puedo asegurar que en realidad, la seriedad que caracteriza a nuestro oficio no está para nada reñida con el buen humor. Fruto de ello es la cantidad de divertidos encontronazos que ciudadanos y agentes del Cuerpo llevan protagonizando desde su fundación en 1844, entrañable estampa que podemos observar a diario allá donde la Benemérita presta servicio. Te animo a través de estas páginas a acompañarme y comprobar, patrulla tras patrulla, anécdota tras anécdota, cómo las situaciones más cotidianas de nuestro día a día se convierten en historietas de lo más simpáticas. ¡Con su permiso, mi sargento! Las anécdotas verídicas y más divertidas de la Guardia Civil.
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Seitenzahl: 280
Veröffentlichungsjahr: 2021
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Germán Vaquero
www.benemeritasanecdotas.com
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1386-262-0
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
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A mis pequeños Aroa y Ángel.
Y a su madre, mi todo.
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También a la memoria de mi compañero don Antonio Gallego Len.
PRÓLOGO
Te invito a viajar con el guardia Vázquez en una trepidante aventura donde un agente enamorado de la Guardia Civil, aunque el autor aún no lo sepa, relata historietas fascinantes que no se pueden describir con palabras de este mundo. Aventuras llenas de colores y olores vivos que por medio del humor y de la incesante curiosidad visten al lector de verde y rozan la simpleza de la carcajada escrita.
Pululando las páginas, se masca esas ganas que Germán tiene por mostrarnos España y su ruralidad, la realidad de los cuarteles y el despliegue limitado de recursos donde concurren las ya famosas «anécdotas beneméritas». Esa es nuestra casa, donde Vázquez acerca a la población esa vocación de servicio del Instituto Armado, no solo lo que le sucedió en ese robo de cobre, sino también ese apoyo al padre que se interesa porque su hijo quiere ser guardia. Germán está en disposición de proponer retos, de regalarnos sonrisas y robarnos risas genuinas.
Es un orgullo contar con Germán en un mundo en el que es bonito soñar, pero también es necesario ser realistas y solucionar los problemas serios que nos acerca con nota de humor el guardia Vázquez, porque las utopías no sirven para dar soluciones. Soluciones y respuestas de la mano de un guardia que se organizan en complejas redes de humor y entusiasmo. En cada línea se nota el cariño y pasión con que se ve y se nos viste a los que hacemos cumplir la ley.
He de reseñar y no me canso, en el acento con el que se marca esa cercanía con la que en este libro se presentan las historias beneméritas, valor fundamental del Cuerpo, y honestamente, la verdadera razón de ser, con ese plus de ir un punto más allá que Germán ha sabido plasmar de manera excelente en una sociedad ultraavanzada, pero con los principios fundamentales del uniforme de diario, adaptándose a los nuevos retos y rememorando las antiguas usanzas.
Lo ideal sería que todos los puestos contasen con un guardia como él, que se desenvuelve como lluvia caída pero que pronto emerge y se evapora de nuevo, creando y construyendo vida, y así sucesivamente condensándose y convirtiéndose en historietas policiales donde el sargento devuelve a la sociedad, además con orgullo y prestigio, lo que los malos han arrebatado.
¿Y quién es Germán? Es militar, es un padre, un compañero, un esposo, un psicólogo lego, pero, sobre todo, amigo, que tras las casi doscientas cincuenta páginas de este libro parece que ha vivido por los tres siglos en los que, después de 176 años de existencia, la Guarda Civil lleva brillando. Sus expresiones, ese bagaje, sus palabras, sus cosquillas intelectuales, nos hacen percibir un cuerpo vivo, dinámico, y ahora, más que activo, proactivo.
Encontramos una cercanía respaldada de manera humorística y de forma anecdótica dando respuesta a esa necesidad por saber más sobre el Cuerpo. Pero la realidad impone otra serie de condiciones, realidad que concurre en la toma de decisiones que Vázquez debe hacer en función de su personal, medios y vehículos.
Tras leer las historias que suceden en Villalancha de Alcaraduque, no puedo aportar otra cosa que absoluto entusiasmo. Mi enhorabuena por el esfuerzo realizado y transmitir mi absoluta gratitud por regalarnos momentos de risa y carcajada pura, mi más colosal admiración.
Si quieren entretenerse de manera directa y disfrutar del mundo verde, sigan pasando hojas y disfruten…
Dra. María José Garrido Antón.
Oficial de la Guardia Civil.
AGRADECIMIENTOS
Hasta la fecha y sin contar este ejemplar que sostienen entre sus manos, he publicado tres libros, de los que dos son bien conocidos por mis lectores gracias a sus anécdotas beneméritas. El otro, la biografía de mi padre, autopublicado, mucho más personal y de temática muy distinta, lo guardo para mi círculo más cercano. Os pido disculpas por ello.
Quien me ha leído sabe que suelo dedicar las primeras páginas de cada obra a agradecer a las personas que han hecho posible la publicación de mis textos. Por supuesto, esta vez no haré excepción alguna.
En primer lugar a Mapi, mi media naranja. El motor de mi vida y el hombro en el que apoyarme. La mujer que me lo ha dado todo: cariño, felicidad, estabilidad emocional, hijos… Es ella la que me insta a escribir estas páginas y la que me recuerda que es a mis seguidores a quienes me debo. Puede que yo sea el escritor, pero es a ella a la que hay que agradecerle este libro, de verdad.
A mi querida amiga Anna, que aunque no la vean, se encuentra presente en todas mis obras, en cada una de mis anécdotas. Es ella la que hace posible que mis escritos, todos, carezcan de los errores propios de quien no atendió todo lo que debiera en sus clases de ortografía y gramática. Como siempre, gracias, Profe.
A la capitana María José Garrido, más que una compañera en el Cuerpo, una amiga. A ella agradezco el espectacular prólogo de este libro. Una mujer increíble y de la que destaco su cercanía, sencillez y amabilidad. Gracias por tu necesario apoyo en este proyecto y bienvenida a mis anecdotarios.
A M. Montserrat Peñas (Caraena), como una madre para mí, quizá la persona que más ayude y apoye altruistamente a todas aquellas personas que quieren convertirse en guardias civiles. Es cierto que yo la conocí ya perteneciendo al Cuerpo pero, desde el principio, ella hizo como suyo mi primer libro, dedicándose en cuerpo y alma a su promoción y difusión. Sin duda, es otro de mis pilares maestros y de las personas en la sombra de mis anécdotas beneméritas. Desde aquí mi público reconocimiento.
A Manuel López Murillo, (Murill●), la persona que da vida a mis anécdotas con esas increíbles ilustraciones que me acompañan en la web o en la portada de este libro. Pero no, no lo conozco precisamente por sus dibujos, sino por haber compartido muchísimos servicios y risas en una de mis más bonitas y recordadas etapas profesionales. Gracias, amigo, por recrear mis pensamientos de esa forma tan simpática.
A mis compañeros de armas Espíritu González (@spiritugonzalez) y Rubén Sánchez (@RudoSafer), quienes, desde que conocieron mi deseo de autopublicar este libro, ya sea a través de mensajes o llamadas telefónicas, me aclararon todas mis dudas, me asesoraron en esta empresa literaria y me transmitieron toda su experiencia. A ellos es a quienes agradezco haber tomado esta magnífica decisión de autoeditarme.
A todos y cada uno de mis compañeros de profesión, a aquellos que me han contado y transmitido sus anécdotas, sus vivencias, sus historias; algunas de las cuales aparecerán en este libro.
A las personas que junto a mí gestionan mis redes sociales, la web de benemeritasanecdotas.com e incluso atienden a los correos que me llegan a [email protected]. También a todos los que visitan estos sitios y me apoyan con sus mensajes de ánimo y felicitación. Ojo, a los detractores también. Sus críticas me han hecho corregir algunos aspectos de mis anécdotas. Mi reconocimiento también a ellos.
Cómo no, agradecer a esas librerías amigas que han hecho todo lo posible por llevar mis vivencias beneméritas a sus clientes, como La Casa del Libro de Oviedo con Xurde a la cabeza, Akuarelas Papelería, ahora en Cazalla de la Sierra, o la de mi paisano, Papelería Buiza, en Carmona.
Por supuesto, también a esos innumerables perfiles de redes sociales que me han prestado sus muros para dar a conocer mis anécdotas entre sus seguidores. Cito algunos de temática policial: Foro Futuros GC, Unidad Familiar GC, USECIC Baleares, Beneméritos, Más que Guardia Civil, Mujer y Guardia Civil, Benemérita.org, un policía cualquiera, Asociación Sonrisas, Benemérita al día, Foro del Guardia Civil, PrimaveraCNpe, U.I.P. Antidisturbios, H50.es, Fuerzas del Orden, Policías España, Policías.es, ¡Alto, Policía!...; también enumerar a algunos de esos profesionales de la justicia y el derecho a los que les han molado mis anécdotas o mis tuits: LadyCrocs, SilviaBR, Teo Juez, La Lupa Judicial, David Candilejo, Natalia Velilla; y, finalmente, asociaciones profesionales del Cuerpo que me han apoyado por redes: APCabos, Jucil, AEGC, UnionGC, Unión de Oficiales, ASESGC, DJGC, AIGC y, sobre todo, a AUGC, asociación que me lleva ayudando y promocionando desde mis inicios, desde mi primer libro allá por el 2010.
Igualmente, hacer especial mención a don Ángel Bravo, director del Museo del Guardia Civil de Navas del Rey en cuya impresionante colección personal tiene expuesto en un lugar privilegiado un ejemplar de mi libro ¡A la orden, mi sargento!, texto al que espero acompañe en breve esta nueva obra. Conociendo a don Ángel, no me cabe duda de que así será.
Y finalmente, por supuesto, a todos y cada uno de mis lectores. A esas personas que llevan junto a mí una década, diez años de anécdotas beneméritas que no serían nada sin su apoyo. A ellos, agradecerles nuevamente su confianza en mi obra. En cuanto a los nuevos, darles igualmente mi más calurosa bienvenida, confianza que espero ganarme a base de carcajadas y en forma de anécdotas divertidas.
Muchas risas para tod@s.
¡HOLA!
¿Qué tal, amig@s? Cuánto tiempo sin vernos, ¿verdad?
Soy Germán Vaquero y, parafraseando a Troy McClure de Los Simpsons, ya me conocéis de otros libros como: Beneméritas Anécdotas y su reedición: ¡A la orden, mi sargento!
Aunque… ahora que lo pienso, quizá me he venido demasiado arriba en plan celebrity y pueda haber gente que no haya oído en la vida, para desgracia suya, de mis anécdotas. Pobres…
Para ellos en particular y para todos en general, aquí os dejo una pequeña historia de cómo mis servicios más graciosos, mis intervenciones más hilarantes y mis situaciones más rocambolescas, se convirtieron en historietas escritas, publicadas primero en un blog, luego en una web y, finalmente, en esos libros tan queridos por mis beneméritos lectores:
Sin referentes familiares en la Guardia Civil, en 2007 logré cumplir mi sueño de acceder al Cuerpo, adquiriendo mi primer destino como guardia eventual y siendo trasladado a un precioso pueblo de la costa asturiana, Navia, año 2008, ¡qué recuerdos!
Y digo lo de sin referentes en el Cuerpo pues cuando inicié mis primeros servicios en la calle, comenzaron a ocurrirme una serie de anécdotas tan simpáticas como curiosas de las que nadie me había advertido, ni durante la oposición, ni en la Academia. La verdad es que fue algo tan sorprendente como inesperado, despertando mi curiosidad.
Como agente en ciernes estaba preparado, al menos concienciado, para acudir en el ejercicio de mi recién adquirido oficio a atender accidentes, sería testigo de problemas domésticos, peleas entre vecinos, robos en fincas, viviendas o establecimientos… e incluso me tendría que revolcar por los suelos con algún granujilla de vez en cuando como de hecho así ha sido. Todo esto es lo que hasta entonces creía que iba a ser el día a día de mi trabajo policial. Sin embargo, nadie me había hablado de esas otras situaciones tan increíbles como desconocidas para mí, momentos que jamás hubiera creído si en vez de vivirlas me las hubieran contado:
Ovnis, un tigre suelto por la ciudad, un tipo corriendo desnudo por el patio de un colegio, borrachos bebiendo agua y comiendo hierba para rebajar el más que seguro positivo en alcohol, el Caudillo Franco solventando un motín en una residencia de ancianos, un individuo al que unos duendes gigantes le habían sustraído las escrituras de la casa, un mudo denunciado por amenazas verbales, un párroco y una prostituta de madrugada y circulando en coche por una pista forestal… ¡Absolutamente espectacular!
Incrédulo aún y creyéndome un gafe por vivir estas cosas durante mis primeros servicios, les contaba a mis sorprendidos colegas las situaciones tan simpáticas que me habían ocurrido en mi puesta de largo asturiano, añadiendo un poco de gracia y pinceladas de teatralidad que las hacían incluso algo más interesantes.
Fueron ellos mis primeros lectores-espectadores y quienes me animaron a escribirlas. Desde aquí reitero, como ya he hecho en otras ocasiones, mi agradecimiento a Ricardo Ronda, el primero en darme la idea de escribirlas y quien puso la primera piedra de lo que hoy son mis anécdotas beneméritas.
Recuerdo también la primera vez que me senté delante del ordenador a redactar mis vivencias. Imaginadme partiéndome el culo mientras escribía la anécdota del ciudadano que vino al cuartel completamente desnudo para denunciar el hurto de sus pantalones. Miguelito se llamaba el streaker, personaje del que ya os hablé en ¡A la orden, mi sargento!
Fue en el arcaico ordenador que había en una oficina anexa de aquel cuartel naviego, testigo de mis primeros servicios como agente de la Guardia Civil, donde comenzó todo. Un PC amarillento, en origen blanco, y con una lentísima pero por entonces aceptable conexión a Internet que disfrutábamos todos los componentes de la Unidad hasta que nuestra querida Carme Chacón, en paz esté, quitó Internet de la mayoría de los cuarteles.
Desde ese ordenador compartía con amigos y también desconocidos mis anécdotas, las cuales subía a un blog personal titulado «lamenemérita», espacio que aún existe aunque, de hecho, completamente abandonado tras sustituirlo por mi web. En realidad quise llamarlo «laBenemérita» pero algún pamplina se me había adelantado para crear un blog de recetas caseras para diabéticos, que no digo que esté mal, conste, pero por aquel entonces, y de esto hace diez años, yo no pude hacer otra cosa que cagarme en sus mulas por quitarme el nombre.
Confieso que los inicios de mis historietas fueron muy difíciles, sobre todo porque sin tantas redes sociales como ahora y contando con apenas dos o tres foros de temática policial, costaba mucho trabajo darme a conocer y abrirme paso en el mundillo de los relatos verídicos y el humor.
No obstante, con un esfuerzo titánico de autopromoción y, también decirlo, alguna campaña de spam por mi parte, logré finalmente meter un poco el pescuezo. Sin embargo, la alegría duraría poco pues, a mayor número de seguidores, mayor cantidad de detractores, haters que pronto tacharon de falsas mis anécdotas, cuando no ridículas, e incluso algún gilipuertas insultando al Cuerpo. Costó sortear a estos trolls, lo reconozco, y si no llega a ser por los mensajes de las pocas decenas de lectores que tenía por entonces demandando más historietas, lo hubiera mandado todo a tomar por saco.
Así que, por estos últimos, continué escribiendo y, desde ese mismo año 2008 que debuté como guardia eventual, me centré en hacer pasar a mis lectores un buen rato, usando mi blog para compartir mis experiencias con todo aquel que quisiera echarse unas risas, sin más aspiración por entonces.
Pero nunca, en ningún momento, pensé que mis vivencias resultaran tan curiosas y tan leídas. La gente comenzó a demandar más, tuvieron éxito. Aquello que nació casi como una broma, con un «sujétame el cubata», se convirtió en un blog con miles de visitas y varios cientos de seguidores que, irremediablemente, desembocaron en el interés de una editorial y la posterior publicación de mi primer libro recopilatorio de anécdotas. Aquí, curiosamente, los detractores desaparecieron para siempre (salvo algún faltoso que de vez en cuando me da vidilla por las redes sociales).
Beneméritas Anécdotas (2010) logró llegar al corazón de mucha gente, afín o no, quienes pudieron comprobar a golpe de historieta y carcajada que nuestra función policial va más allá de las multas y los desahucios, mantra tantas veces repetido por quienes nos detestan.
Durante algo más de dos años el libro estuvo a la venta por toda España, logrando poblar las estanterías de algunos pocos miles de hogares y permitiéndome, entre otras cosas, presentar mi libro en lugares tan emblemáticos como la Academia de Guardias y Suboficiales de Baeza, mi casa. Un sueño hecho realidad.
Pero por cuestiones ajenas a mis anécdotas y a mí, la editorial entró en concurso de acreedores. Desgraciadamente, Editorial Paréntesis desapareció, y con ella, mi primer libro y, de paso, mis ilusiones. El palo fue muy grande, lo admito, y aunque continué escribiendo anécdotas, no lo hice de la misma manera ni mucho menos a la misma velocidad que hasta entonces. Quedaron aparcadas varios años.
Sería en el año 2016 cuando mi amiga Montse Peñas, de sobra conocida en redes sociales como Caraena, lograra alpargata en mano hacerme levantar de la silla, retomar mis historietas y centrarme en mis redes sociales y mis lectores.
No sé cómo lo hizo pero volvieron la ilusión, las ganas de escribir y mi deseo de publicar. Creo que jamás podré agradecerle a ella todo lo que ha hecho por mí desde que la conocí. Hasta me ha llevado las redes sociales como la mejor de las Comunity Manager, un amor de persona.
Dicen que en esta vida no hay que morirse sin haber hecho tres cosas: escribir un libro, plantar un árbol y tener hijos. Han pasado diez años desde que mi primera obra viera la luz, logrando incluso ser reeditada en 2017 de la mano de la editorial Almuzara (y gracias a mi amigo Alejandro L. Andrada), publicación que logró abrirme cierto hueco ya entre los escritores de humor, con algunos miles más de ejemplares vendidos y con seguidores y lectores a lo largo de toda España… y lo que no es España.
Ahora, plantado el árbol, con dos preciosos hijos y los deberes bien hechos, me presento nuevamente ante vosotros, viejos y nuevos lectores, para entregaros este libro que, no sin esfuerzo, tenéis entre vuestras manos.
Sin duda, parir este anecdotario está siendo una gran experiencia. Y lo es no solo porque publico nuevamente mis textos sino porque lo hago a petición popular. No pueden imaginar lo feliz que se siente uno escribiendo a demanda de sus lectores y la inmensa satisfacción de verlo por las librerías, en estanterías, en vuestras manos.
Por ello, tengo el gusto de presentaros:
¡Con su permiso, mi sargento!, nueva entrega de las anécdotas verídicas y más divertidas de la Guardia Civil.
Un libro con cambios sustanciales con respecto a anteriores entregas y cuyo texto he dividido en dos partes:
En la primera me he tomado la libertad de contaros mi experiencia personal en todo lo que fue el proceso de oposición para acceso al Cuerpo, posterior ingreso en la Academia y finalmente mi salida hacia ese primer destino como guardia alumno, anécdotas incluidas.
En este caso también lo hago a petición de mis lectores-opositores quienes, a través de las redes sociales, me lo han pedido en numerosas ocasiones. Siempre les daba largas, pero con la boca chica. Lo cierto es que me apetecía mucho contaros esa importantísima etapa de mi vida profesional. Tenía muchas ganas de transmitiros cómo fueron mis inicios en el verde, una espinita que ya tenía clavada desde mis anteriores anecdotarios y que ahora, por fin, me he podido desahogar a gusto.
No sé si servirá de inspiración para quienes quieren formar parte de la Guardia Civil, algo de culturilla para quienes no conozcan el proceso o simple curiosidad de quienes me lean pero me apetecía mucho contarlo y, por supuesto, lo haré con la intención también de arrancaros alguna sonrisa, ya me conocéis.
La segunda parte del libro, la más extensa, la dedicaré a contaros anécdotas beneméritas ocurridas durante mis servicios. Eso sí, a partir de aquí, seáis o no lectores habituales de mis historietas, todo lo que viene es totalmente nuevo. Notaréis un cambio significativo con respecto a lo visto hasta ahora, os cuento:
Tras publicar ¡A la orden, mi sargento! (2017), me puse manos a la obra con aquel otro anecdotario que había dejado aparcado años atrás.
Mientras recopilaba las historietas que me iban ocurriendo se me pasó por la cabeza darles un nuevo enfoque a mis vivencias. Solo era una idea pero me dio por crear un único personaje como protagonista de todas las situaciones. Así podría contar la anécdota que hay dentro de la anécdota, haceros llegar el sentir del guardia civil antes, durante y después de la historia, creando de esta forma un relato y no situaciones independientes como había hecho hasta la fecha.
Además, este formato me permitía igualmente mostrar las inquietudes del protagonista, sus sentimientos, visibilizar también a sus familiares, aquellos que cada servicio lo despiden conocedores de los peligros que nos esperan ahí afuera. En definitiva, llevar a un nuevo nivel uno de mis objetivos principales al escribir sobre el Cuerpo: trasladar a mis lectores la cara más humana y agradable de la Guardia Civil.
A pesar de que el resultado me encantó y que a mi criterio salieron unas anécdotas incluso más atractivas, más que nada porque disfrutaba el triple escribiéndolas y podía ser un poco más yo a la hora de redactarlas, no fui capaz de dar el paso, me rajé. Continué escribiendo con el formato que hasta ahora ya conocíais mientras mi cerebro me hacía bullying dirigiéndose hacia mí con cacareos de gallina temerosa.
Con el nuevo libro casi listo, volví a echar un vistazo a ese archivo de ordenador que contenía mi proyecto de anecdotario novelado, un propósito ambicioso e ilusionante que nunca me atreví a culminar. Total que, como era de esperar, volví a enamorarme y a plantearme seriamente, ahora sí, el cambio de tercio.
¿Qué podía hacer?
Pensé: lo más importante aquí son mis lectores, a ellos se deben mis anécdotas. Por mucho que me gustase el resultado, no estaba dispuesto a dar ese importante paso sin conocer la opinión de mis seguidores más cercanos. Entonces tuve la brillante idea, que en realidad fue de mi mujer, de realizar mi propio referéndum, que últimamente es una palabra que está muy en boca de todo el mundo.
Afortunadamente, las redes sociales me han permitido conocer a mis lectores, interactuar con ellos, saber sus inquietudes, sus gustos y, también decirlo, sus quejas en referencia a mis anécdotas. Decidí enviar unas cuantas historietas inéditas de este ilusionante proyecto a exactamente ochenta lectores asiduos, quienes voluntariamente se prestaron a dar su opinión. Un pequeño cuestionario tras su lectura se convertiría en la papeleta de voto de este plebiscito.
Tras varias semanas recibiendo respuestas, y una vez hecho un escrutinio con escasa abstención, ganó por abrumadora mayoría adoptar la estructura novelada. Fue el empujoncito que necesitaba para lanzarme a una piscina para la que ya me había puesto bañador, gafas de bucear y hasta el gorro de Pepa Pig de mi peque.
Absolutamente entusiasmado, reescribí por completo un libro que prácticamente tenía terminado y listo para su publicación, con unos trabajos de escritura que me llevarían gran parte del año 2019. Rehíce la obra de inicio a fin y, ahora sí, con un protagonista principal al que ya os presento como «Vázquez» o el «guardia Vázquez», joven y sevillano guardia civil que no quiere decir que sea yo…, o sí, o sí pero no del todo… No lo sé. Ya veremos.
Por supuesto, he mantenido esas simpáticas y desternillantes anécdotas que tanto os gustan, todas verídicas y fruto del contacto entre guardias civiles y personas de a pie. No obstante, a partir de ahora disfrutaremos también de Vázquez, conociendo el día a día de los agentes, los servicios de correrías, las puertas, el compañerismo, sus ratos libres, sus inquietudes y, qué menos, el sentir de sus familias.
Apuesto a que os encanta el cambio.
Dicho esto, no me extiendo más. Os dejo primero con mi experiencia personal de lo que fue para mí el proceso selectivo para luego deleitaros con esta nueva entrega de mis anécdotas beneméritas, recopilatorio de historietas vividas por un servidor, totalmente verídicas y, como sabéis, escritas en clave de humor.
Por cierto, verídicas, verídicas. Lo que no quiere decir que no se hayan modificado nombres, lugares, protagonistas… Ya sabéis, por eso de la privacidad.
Lo mismo os recuerdo con Vázquez, que se presentó por libre a la Guardia Civil, que estuvo de eventual en Asturias, también en un aeropuerto… como yo sin ir más lejos. Lo que no quiere decir que sea autobiográfico… o sí. Yo que sé ya…
Termino dedicando unas palabras a los que hasta la fecha no me conocían pero han decidido darme una oportunidad leyendo estas páginas:
Os deseo de corazón que disfrutéis con la lectura de este libro al menos una décima parte de lo que yo he disfrutado escribiéndolo primero y reescribiéndolo después, contestando a los mensajes de mis seguidores, a los correos de mis lectores y a sus ganas de leer más.
Espero arrancaros algunas carcajadas con mi experiencia personal como opositor al Cuerpo, así como engancharos con el guardia Vázquez y sus vivencias beneméritas. Ha sido un cambio drástico con respecto a mis publicaciones hasta la fecha pero, os termine convenciendo o no, apuesto a que dibujo más de una sonrisa en vuestras caras.
Por todo ello, para los nuevos, para los viejos, para tod@s:
Gracias por leerme.
Gracias por darme esta nueva oportunidad.
Gracias por hacerme tan feliz.
REDES SOCIALES
¡Ah! Y antes de comenzar a partirte con mis historietas beneméritas, te dejo algunas frases y mensajes de lo que piensan de ellas mis lectores y seguidores:
PIPIRINA (@pipirina500): Con este segundo libro del mismo autor y tipo te acercarás y conocerás aún más el día a día de los mejores cuerpos policiales del mundo, y te darás cuenta de que dentro de ese uniforme con cara de malote hay una gran persona.
O_PÓSIT_OR GC (@o_posit_or_gc): Este libro merece mucho la pena porque enseña que la Guardia Civil no es solo aquel recuerdo de tricornio, capa y bigote; que está cambiando, que seguimos avanzando. Ojalá este segundo libro tenga al menos el mismo éxito que el primero. Un abrazo, Germán.
SOMBRAS TURQUESAS (@Sombrasturquesa): Saca la parte humana y simpática de un uniforme que para muchos es seriedad y orgullo, además de un sueño por cumplir.
SILVIA (@Silvia18196): Nos enseña el lado más simpático de estas personas que día a día y sin pensarlo ni una vez nos ayudan cuando lo necesitamos. Un libro muy ameno, de fácil lectura y divertido a la vez.
ÁNGEL VIDAL (@Angelvidal_ar): Las anécdotas beneméritas de Germán Vaquero te muestran el lado más humano de cuantos forman el Cuerpo de la Guardia Civil, a la par que te duele la quijá de reír. Deseando tener entre mis manos la siguiente entrega.
SEBAS CJ (@scortes16): Estar de servicio de puertas y que una niña venga a que le soluciones un problema que tiene con la cuenta de Instagram ya que no puede entrar y acto seguido pensar en tu libro como una anécdota curiosa. Por cierto, se le solucionó el problema. Si es que valemos para todo.
CUOUZ (@cu0uz): La vitamina que necesita el opositor en su camino. Siempre te dicen lo peligroso que es ser guardia civil pero este anecdotario te enseña la cara más humana y real que no llegaste a imaginar. Gracias por animarnos a luchar aún con más fuerzas por nuestro sueño, ser guardia civil.
HAPPY (@Happy47795980): Mucha lógica y mucho sentido del humor.
RO (@OrtegaBio): Se tiende a deshumanizar o estereotipar a la Guardia Civil. Con tu libro no solo muestras esa parte humana sino que lo haces jugando con el sentido del humor. Una mezcla maravillosa e inspiradora. Un libro imprescindible.
LA125ESNUESTRA (@opositor125): La naturalidad y humildad con la que su autor escribe cada palabra de cada una de su gran variedad de anécdotas denota el gran cariño con el que su autor trabaja y, sobre todo, su implicación en las necesidades del servicio. La sonrisa se mantiene firme durante toda la lectura.
JOELRUIZ15_ (@JOWI15_): Anécdotas Beneméritas, sin duda, un libro de diez con el que es imposible no soltar alguna que otra carcajada.
SANDRA (@Sandrarequen1): La cara más simpática de este maravilloso Cuerpo. Pasará tiempo y me seguiré partiendo de risa con una de las anécdotas. Después de leerlo se conoce más a la Guardia Civil y se le quiere más (mira que ya es difícil). ¡Una maravilla!
PASO LIGERO ACELLAMAS (@se_gana): Me gustan las anécdotas civileras y con muchas que contar, cuarenta y cuatro años con el barboquejo y las trinchas con cartucherines dan para mucho, miedos, sustos y hasta pánico.
WINSTON LOBO (@winston_lobo): Yo no es por salir en tu próximo anecdotario pero debo decir que tu libro es divertido y recomendable.
CRASS (@crass953): Me parece que en unos tiempos en los que la sociedad está tan dividida, es necesario que exista gente que exponga la otra cara de la Benemérita, y que saque esos ratitos que hacen entender que aquellos de verde también son personas. Grande compañero.
MURILL● (@muriDRAW): Te transporta al recuerdo de aquellas sobremesas donde el guardia, ya mayor, narraba sus experiencias.
V. MAGNACKY (@VMagnacky): Las personas vestidas de uniforme, esa es la grandeza y el valor de esas anécdotas. Arrancando sonrisas de la realidad.
CABO CUARTEL G.C. ALUMNO 125 PROMOCIÓN (@Baeza2019): Con «El Campana» muchos nos hemos cruzado. ¿Y quién no se ríe solo en casa leyendo tus anécdotas?
ROSA (@OcranSanabu78): Me gustan tus anécdotas beneméritas porque, además de echarte unas risas, descubres que bajo ese uniforme verde hay un ser humano que vive situaciones divertidas que lo hacen ser más cercano y borrar esa imagen que les dan algunos de fríos y lejanos por llevar tricornio.
FRANCISCO J. RUIZ: Me parecen estupendas. Me reí mucho leyéndolo y espero disfrutar igualmente con el nuevo libro.
BEA PARAMO DE CASTRO: Tus anécdotas son la rehostia, yo me he reído mucho.
DANIEL PULIDO LÓPEZ: Un sabio me dijo una vez: «El guardia civil vive los peores veinte minutos de muchas vidas cuando tiene que dar una mala noticia»…, y es cierto, pero con este libro también se viven los mejores minutos de un día vestid@ de verde. Enhorabuena, Germán.
NEIVA VÁZQUEZ PANCHO: El mejor libro que puedes tener es este. Pasas un buen rato, inviertes en algo interesante y divertido, y a la vez te hace conocer un poco de la vida de tantos héroes anónimos que no llevan capa, pero tienen el poder de estar siempre donde se les necesita Si algún día tengo hijos, me encargaré de que ellos sean sus superhéroes favoritos.
PARTE IMI ACCESO A LA GUARDIA CIVIL
REFLEXIÓN INICIAL
Permitidme hablaros de mi trabajo: ¡Me encanta!
De verdad, me gusta muchísimo, no es coña, os lo prometo. Es un vicio, un sentimiento, una responsabilidad…, te atrapa. Tu vida gira en torno a lo que eres y tu cabeza te lo recuerda a cada instante. Siempre en verde.
Hice carrera universitaria y antes que guardia me licencié en Historia por la Universidad de Sevilla. De familia muy humilde, alternaba mi educación con la albañilería. Necesitaba dinero para costear mi formación y fue el trabajo en la construcción junto a mi padre el que me convirtió en una persona adulta y responsable. Pasando frío o calor, la obra me enseñó el valor de las cosas y lo que cuesta conseguirlas. Guardo en forma de cicatriz un par de machotazos en los dedos por si se me olvida esa lección.
Eso sí, mira si te atrapa el Cuerpo que mientras curraba en la construcción no recuerdo ir por la calle mirando las fachadas de las casas a ver cómo habían rematado los zócalos, buscando imperfecciones en el enfoscado u opinando sobre el acabado de solerías y alicatados. Pero desde que me hice guardia civil, veo, también huelo, porros a kilómetros, sospechosos por doquier y comportamientos inusuales que para cualquiera pasarían completamente desapercibidos. Lo que ya no sé es si se debe a mi formación o simplemente es por deformación profesional.
Cierto es que somos policías las veinticuatro horas, al menos eso dicen nuestros principios básicos de actuación. Pero lo que yo os he expuesto es distinto. Una cosa es que tenga que actuar allá donde se me necesite, esté o no de servicio, y otra muy distinta es que me vaya fijando en todo cual lechuza verde.
Y no es que sea yo un excéntrico picoletillo. Todos los policías lo hacemos, da igual el color del uniforme. Pero me atrevo a decir que esta actitud no debe ser muy usual en otros oficios. No sé, no me imagino a un dentista mirar si las paletas de la gente con la que se cruza están amarilleadas por el tabaco, asesorándoles acto seguido con hacerse un blanqueamiento so pena de recibir una guantá con la mano abierta.
En fin, que no sé si será por vocación, por responsabilidad, porque se lo debemos a un uniforme con 175 años a sus espalda, por esa dedicación plena de la que hablaba o por sabe Dios qué pero, aun intentándolo, aun pensando: «Estás de vacaciones, amigo, deja de mirar a los dos pájaros esos merodeando a los ancianillos, que en realidad no están inventando nada», vas y lo haces. Y en algunas ocasiones incluso actúas a pesar de las quejas de tus propios familiares, quienes te recomiendan mejor llamar al 062 antes que, como diría mi madre, pisar lo fregao.
Pero este es mi trabajo, y me encanta. Así somos, de otra pasta y sin atisbo alguno de cambiar.
No obstante, tampoco es mi intención llevarles a equívoco pues quizá no todos los compañeros compartan mi optimismo.
Evidentemente, en esta profesión no todo es de color de rosa. Aunque me vean rebosar felicidad benemérita por los cuatro costados, por supuesto que en ocasiones te llevas más de un desencanto. Hay épocas, pocas para mí, en las que mandarías todo a freír espárragos: problemas con algún compañero, con el mando, abandono al que de vez en cuando nos somete la Administración, falta de medios para trabajar, sueldo inferior al de nuestros homólogos autonómicos, una sociedad a veces desagradecida que tilda a todo un colectivo por los actos de alguna oveja descarriada... Pero son etapas aisladas. Momentos que, al menos en mi caso, me sirven para coger nuevamente impulso.
Existe un dicho en estaempresa, curiosamente repetido en ocasiones por compañeros con pocos años de servicio, que reza tal que así: «Menudo batacazo te vas a dar cuando te des cuenta dónde te has metido, chaval», con sus numerosas variantes. Frase demoledora y lapidaria que sirve para bajar un poco los humos al personal, sobre todo al que, con todas las ganas y la ilusión del mundo, acaba de entrar en el Cuerpo.
