Constelaciones interdisciplinarias - Víctor Manuel Toledo Manzur - E-Book

Constelaciones interdisciplinarias E-Book

Víctor Manuel Toledo Manzur

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Beschreibung

Víctor Manuel Toledo, un destacado referente académico en el pensamiento ambiental, presenta en su libro una antología de sus contribuciones teóricas y metodológicas. Sus planteamientos se materializan en experiencias concretas, enriqueciendo el libro. Toledo analiza ecos históricos y se destaca como un crítico comprometido, iluminando posibilidades en medio de la crisis. No se conforma con la descomposición, sino que identifica resistencias y semillas de transformación. El autor abarca temas interdisciplinarios, etnoecología, axioma biocultural, agroecología, espiritualidad, ecología política y metabolismo social. Su obra es un lienzo donde traza proposiciones y conceptos que enseñan y provocan. Además, reflexiona sobre la ciencia y su relación con paradigmas, promoviendo un enfoque integrador y espiritual. Su estilo claro y directo lo convierte en un retratista crítico de la realidad, un hombre rebelde que desafía lo establecido. Esta ofrece herramientas esenciales para comprender el mundo y destaca la importancia de la imaginación y la resistencia en tiempos desafiantes.

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Seitenzahl: 417

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Índice

Prólogo

Javier Reyes Ruiz

La interdisciplina: una revolución científica

Sección I Etnoecología y bioculturalidad

Capítulo 1. Etnoecología mesoamericana

Capítulo 2. ¿Por qué los pueblos indígenas son la memoria de la especie?

Capítulo 3. El axioma biocultural: naturaleza, cultura y territorio

Capítulo 4. La deforestación de la península de Yucatán y la sabiduría maya

Sección II Agroecología

Capítulo 5. La agroecología en Latinoamérica

Capítulo 6. Agroecología y espiritualidad: reflexiones sobre una relación olvidada

Capítulo 7. El big bang de la agroecología en México

Sección III Ecología política

Capítulo 8. ¿Qué es la ecología política?

Capítulo 9. Uxpanapa: etnocidio, ecocidio y capitalismo en el trópico

Capítulo 10. Ecologismo y ecología política

Capítulo 11. Diez tesis sobre la crisis de la modernidad

Sección IV Ciencias de la sustentabilidad

Capítulo 12. ¿De qué hablamos cuando hablamos de sustentabilidad?

Capítulo 13. La sustentabilidad como poder social

Sección V Metabolismo social

Capítulo 14. Intercambio ecológico e intercambio económico en el proceso productivo primario

Capítulo 15. El metabolismo social: una nueva teoría socioecológica

Anexo. Referencias completas de los artículos compilados

Agradecimientos

Dedico este libro a Pablo Alarcón Cháires (1964-2022),quien durante veinticinco años me acompañóen mis aventuras interdisciplinarias.

Nota preliminar

Este libro es una antología de quince textos publicados entre 1978 y 2022 de cinco campos o constelaciones que hoy se encuentran en plena ebullición, en los que el autor ha incursionado. En conjunto certifican la existencia de la interdisciplina como una nueva manera de mirar al mundo desde la ciencia, y que emergió como una respuesta de las propias comunidades académicas a las limitaciones mostradas por la investigación especializada y fragmentada. El libro, al mismo tiempo, muestra el devenir del pensamiento del autor a lo largo de cuatro décadas, en la búsqueda de interpretaciones menos imprecisas del complejo mundo contemporáneo, hoy en crisis. En ambos casos, se trata de una mutación de gran trascendencia en el acto humano de conocer, de una revolución científica.

Prólogo

Javier Reyes Ruiz

La obra de Víctor Manuel Toledo desde hace décadas se ha constituido en un referente académico en distintos campos del conocimiento ligados al pensamiento ambiental. ¿Cuál es el núcleo de sus aportes? En el presente libro él mismo condensa algunas de sus contribuciones teóricas y metodológicas más relevantes, a través de una antología de textos publicados a lo largo de su amplia trayectoria.

Los planteamientos centrales de Toledo se han ido expandiendo como humedad creativa, pero lejos de quedarse en un plano especulativo, se arraigan en espacios y tiempos que los concretan. Es decir, ejemplifica con experiencias y casos específicos la aplicación de sus propuestas teóricas, lo que resulta medular en la riqueza del presente libro.

Toledo, con determinada convicción contra el olvido, recorre algunos surcos del tiempo para analizar ecos históricos heredados por una gran cantidad de pensadores, cuyos aportes, desde distintas escuelas y procedencias, han sido cardinales para comprender la realidad. Nutrido de ellos, y con su propia y comprometida voz, el autor llega a formar parte de una minoría intelectual que asume frontalmente una postura crítica, con la que contribuye tanto a pensar los complejos contextos que van desde lo local hasta lo planetario como a ahondar, con datos y conceptos, la brumosa crisis actual. Así, más trotador que caminante, Víctor Manuel Toledo va de un punto a otro para mostrar que, en materia de investigación, los puertos pueden ser múltiples, tanto para partir como para arribar.

Los textos incluidos en este libro nos ayudan a entender la intensa turbulencia que enfrentamos hoy, pero lejos de invitar a sentir la desolación, muestran que la resistencia sigue abriendo ventanas. Es decir, no se quedan empantanados en la policrisis, sino que escudriñan y estudian las posibilidades que han construido movimientos, proyectos y experiencias que crecen como el trigo, impulsadas por actores colectivos aferrados a aprender el idioma de la vida. Toledo va armando sílabas con las que está escrita la realidad contemporánea, en la cual conviven lo peor y lo mejor de las sociedades, pero ello no impide que el laberinto cuente con escapes, pues está convencido del vigor social y ciudadano.

No es, por lo tanto, un escritor de epitafios, por el contrario, ilumina cimientos de esperanza aun en medio de tiempos de descompostura. Para él no se trata de ensamblar lo que está roto, ni de anclarse en la idea de que predominan los baldíos de iniciativas, ni invita a mantenerse en el desgastado olor de las inercias, más bien reconoce y estudia colectivos que resisten las embestidas y que incuban y le van poniendo nuevos nombres a las posibilidades, muchas de ellas pequeñas, pero no por ello impedidas a ganar, en conjunto, la partida final.

Toledo, como lo muestra esta obra en la que realiza un recuento de sus travesías intelectuales, hace repicar preguntas sediciosas y crea conceptos para desplegar tanto sus hallazgos como sus conjeturas; aportes que han calado hondo en el pensamiento ambientalista latinoamericano. Entre otras importantes contribuciones, ha mostrado que el sinlugar no existe, que es en lo local donde se enraízan los saberes vitales de culturas específicas, por lo tanto, ha edificado inspiradores diálogos con quienes pican piedra para abrir futuros. Así, asevera que, en medio de una virulenta realidad, aun donde hay heridas abiertas es posible esparcir semillas de transformación.

En esta obra, el autor hace desfilar, entre múltiples aportes y conceptos, a la interdisciplina, impulsada por el deseo de renovar la ciencia, lo que implica tensiones, disputas, hallazgos, pero sobre todo aprehender de distinta manera la inmensa telaraña que es el mundo; a la etnoecología, que va mucho más allá del estudio de lo otro y se adentra en la valoración de los miles de miradas en las que palpita la sabiduría; al axioma biocultural, aporte nutricio, con el cual se describe y reconoce la inteligencia múltiple de etnias que enhebran lo humano y lo natural en sus creencias, conocimientos y prácticas; a la agroecología, que no se agota en un paquete tecnológico para la producción agropecuaria y se ha convertido en un movimiento social, cultural y político que perfila una forma de apreciar la vida; a la espiritualidad, indispensable para explorar el misterio, vincularse con la trascendencia, conectarse con los enigmas del universo y de la naturaleza y que es un contrapeso a la marcha maquinal del capitalismo; a la ecología política, en cuyo ancho territorio se conjugan posturas críticas hacia los convencionalismos del desarrollo con la efervescencia de movimientos sociales y la edificación de innovaciones teóricas para alimentar la praxis; al metabolismo social, cuyo potencial teórico permite avanzar hacia el entendimiento de la indisoluble integración de los procesos naturales y sociales. En fin, esta publicación se presenta como un lienzo en el que trazos y colores conforman el pensamiento de un autor cuyo legado enseña, provoca, obsequia y exhorta a través de una ordenada serie de proposiciones y conceptos.

Además, el libro está atravesado por una permanente reflexión sobre la ciencia y las discusiones sobre paradigmas que se rozan, repelen o conectan. Maestro de los entrecruzamientos epistemológicos, para Toledo esta, paradójicamente, podrá renovarse, entre otros insumos y giros, si dialoga, se amalgama y enriquece con conocimientos milenarios. Hoy, la ciencia está impregnada por los intereses de quienes dominan la economía, lo que ha venido vaciando el sentido de los saberes. En contraste, el autor delinea una ciencia que más que pensarse en bloques se construya en sistemas, que no tenga como única columna a la razón, sino que también incorpore la espiritualidad para alcanzar una amalgama de entendimiento profundo y sensibilidad elevada.

Su discurso no está escrito con tinta espesa, sino con un estilo sobrio y claro; no se esconde en la ambigüedad política, por lo que su pensamiento activo y crítico lo convierte en un reconocido retratista de la realidad. Albert Camus afirmó que el hombre rebelde es el que dice “no”. Sin duda, Víctor Manuel Toledo es un hombre rebelde que ha pronunciado muchos “no”, un hereje que se resiste a obedecer paradigmas dominantes, a certificar verdades hechas y prefiere explorar enigmas y ver con nuevos ojos los caminos transitados.

En síntesis, a Toledo le debemos claves y recursos sustanciales para escrutar sin concesiones el mundo, los cuales resuenan en miles de documentos que lo citan. Su expansiva palabra, como intelectual y poeta, es un antídoto contra la anestesia, con ella nos revela que todavía existe lugar y tiempo para las energías liberadoras y para la imaginación, no como promesa trivial, sino como realidad presente en experiencias que hacen multitud, de las que él nutre.

La interdisciplina: una revolución científica

Introducción

Hoy por hoy en el mundo de la ciencia, el tema de la interdisciplina se ha vuelto un lugar común. La interdisciplina “es un campo de estudio que cruza los límites tradicionales entre varias disciplinas académicas, o entre varias escuelas de pensamiento, por el surgimiento de nuevas necesidades o del desarrollo de nuevos enfoques teóricos o técnicos” (Wikipedia, s. f.). Si bien podemos dar como inicio “oficial” de la ciencia la fundación de las primeras sociedades científicas (la Royal Society en Inglaterra en 1660 y la Académie Royal des Sciences en Francia en 1666), no fue sino hasta el siglo xix cuando se trazaron las avenidas en los principales campos del conocimiento a través de las obras de los grandes pensadores decimonónicos (Charles Darwin, Karl Marx, Alexander von Humboldt, Herbert Spencer, Charles Lyle y Piotr Kropotkin), quienes analizaron a la naturaleza y a la sociedad de manera magistral. El siglo xx, en contraste, fue testigo de la expansión explosiva y de la multiplicación del conocimiento que no solo llevó a la proliferación de investigadores e instituciones sino irremediablemente a la especialización y fragmentación del conocimiento científico. Hacia 2015 la Unesco reportó la presencia de ocho millones de investigadores en el mundo, y una “fotografía” o mapa de la ciencia contemporánea basado en el análisis de veinte millones de artículos develó cientos de disciplinas, campos y especialidades (Boyack y Klavac, 2013). El panorama de la ciencia actual es entonces la de un conocimiento fragmentado, especializado, monodisciplinario, que no alcanza a comprender de manera integral los procesos que una realidad cada vez más compleja exige.

La interdisciplina como transgresión

Según el Diccionario Etimológico (2019), el verbo transgredir alude a “no respetar, saltarse, pasar más allá de normas o costumbres”. Ello conlleva un acto de desobediencia o contravención. En sus usos como enunciado y verbo, los sentidos etimológicos del término transgresión denotan la ruptura de un orden establecido, la infracción de reglas, el ir más allá de los límites y de lo convencional. En el caso de la interdisciplina se trata de traspasar los límites de los campos académicos convencionales, lo cual, dependiendo de cada caso, lo puede realizar un investigador o, lo que es cada vez más frecuente, un colectivo o equipo de investigadores. Esta acción se realiza a contracorriente de la especialización y aboga por la integración, no la fragmentación, del conocimiento, y constituye una de las principales tesis del llamado pensamiento complejo. En su monumental obra La estructura de las revoluciones científicas, Thomas Kuhn (2012 [1962]) fundamentó la idea de que el conocimiento científico avanza como una sucesión de paradigmas que van mutando a lo largo del tiempo. Un estado de “ciencia normal” presenta anomalías, enseguida entra en crisis su paradigma hasta que este es sustituido por otro nuevo. Desde la perspectiva de Kuhn, el progreso cientifico no ocurre solamente por la acumulación de conocimientos, sino también por episodios de crisis que preceden a saltos cualitativos radicales por los cuales las premisas básicas son modifcadas. El marco conceptual de Kuhn fue aplicado al nuevo campo de la “ciencia para la sustentabilidad” (sustainability science), que hoy representa el mayor esfuerzo de interdisciplinariedad conocido (González-Márquez y Toledo, 2020).

La interdisciplina se puede considerar como un cambio general de paradigma en el quehacer de la ciencia contemporánea y obedece a la necesidad de articular conocimientos más integradores o generales tras muchas décadas de especialización, es decir, del dominio de las monodisciplinas. Podemos afirmar que esta mutación de paradigma es, a su vez, una reacción a una cierta crisis de la ciencia actual que cada vez se ha mostrado más incapaz de resolver los mayores problemas del mundo, o sea, que la ciencia ha ido perdiendo su capacidad para resolver problemáticas de una realidad que se vuelve más y más compleja, y por lo tanto más impredecible y sorpresiva. Ante esta situación, la interdisciplina, junto a otras demandas e innovaciones, ha sido pregonada por las principales contracorrientes científicas, tales como el pensamiento complejo (Morin, 1990; Capra, 1998), los sistemas complejos (García, 1996), la complejidad ambiental (Leff, 2000), la ciencia postnormal (Funtowicz y Ravetz, 1993), las epistemologías del sur (De Sousa Santos, 2000), la ciencia acción participativa, etcétera.

La orquestación del conocimiento

Debemos a C. S. Holling (1930-2019) una reflexión iluminadora sobre la interdisciplinariedad en su tratamiento sobre las dos visiones que han puesto a la ciencia en plena transición. En un ensayo seminal sobre los dos enfoques de la ecología (biológica), Holling (1998) deja claramente definidas las dos visiones que hoy enmarcan el trabajo de los científicos contemporáneos. Por un lado, está el enfoque analítico, que él denomina la “ciencia de las partes”, y por el otro el enfoque integrador al que llama la “ciencia de la integración de las partes”. El primero aporta los ladrillos y el segundo el diseño arquitectónico. El primero es analítico y esencialmente experimental, reduccionista y monodisciplinario; normalmente trabaja a una sola escala. El segundo enfoque es intregrador, sistémico, multiescalar, fundamentalmente interdiscplinario y capaz de combinar múltiples fuentes de evidencias. Integra la incertidumbre y la sorpresa como parte de las posibles respuestas. Holling finaliza su ensayo con este brillante principio:

Tanto la ciencia de las partes como la ciencia de la integración de las partes son esenciales para la comprensión y la acción. Aquellos investigadores que se sientan más confortables trabajando en solo uno de los dos enfoques tienen, sin embargo, la responsabilidad de aceptar y comprender la existencia del otro. De lo contrario se corre el peligro de que la ciencia de las partes caiga en la trampa de ofrecer respuestas precisas a preguntas equivocadas, y la ciencia de la integración de las partes a formular respuestas sin sentido a preguntas correctas (Holling, 1998: 6).

La tesis de Holling permite superar el riesgo de la virtual desaparición de las especialidades o disciplinas ante la idea equivocada de que solo es necesaria la integración de los conocimientos. Por lo contrario, la necesidad de combinar ambos enfoques abre una nueva perspectiva: la de la orquestación del conocimiento. Y aquí la ciencia termina transitando hacia una metáfora que recuerda de inmediato la estructura y función de una orquesta sinfónica, donde es el ensamble de cada uno de los sonidos provenientes de toda una gama de instrumentos, tocados por toda una variedad de músicos, los que logren generar una obra musical bajo un marco ordenador diseñado por el autor de la obra y bajo la batuta de un director.

El mejor ejemplo de esta nueva fase de la ciencia es, sin duda, el trabajo del International Program on Climate Change (ipcc), fundado en 1988 por Naciones Unidas. El ipcc se dedica a facilitar evaluaciones integrales del estado de los conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones y estrategias de respuesta, y a ponerlas lo más accesible posible a la opinión pública, especialmente a quienes toman decisiones. A la fecha, el ipcc ha generado cinco reportes en los que han participado varios miles de investigadores. El sexto reporte incluye tres equipos de trabajo en los que colaboran unos ochocientos investigadores de setenta países (https://www.ipcc.ch/languages-2/spanish/).

El mayor reto del enfoque interdisciplinario

La integración del conocimiento se puede realizar con dos, tres, cuatro… campos distintos. Sin embargo, el acto que aparece como el mayor reto es la integración del conjunto de las ciencias naturales (física, química, geología, biología, etc.) con el conjunto de las ciencias sociales (economía, demografía, antropología, polítología, etc.), o entre la ecología y la sociología, o en fin, entre la naturaleza y la sociedad. Esta búsqueda ha generado infinidad de propuestas que se expresan en “teorías” o “modelos”. Desde nuestra visión en la actualidad existen solo dos intentos con elaboraciones teóricas rigurosas: la “teoría de la resiliencia socioecológica” iniciada por Holling C. Holling y una docena de pensadores, que tienen como su sede The Resilience Alliance, una organización de investigación dedicada al estudio de la resiliencia de los sistemas socioecológicos como base para la sustentabilidad, y la revista Ecology and Society (véanse obras claves: Berkes y Folke, 1998; Gunderson y Holling, 2000; y Biggs et al., 2021); y la “teoría del metabolismo social” inspirada en el concepto de intercambio orgánico de Karl Marx en su análisis del capitalismo (ver Fisher-Kowalski, 1997; González de Molina y Toledo, 2014; Infante et al., 2019).

Figura 1. La necesidad de integrar a las ciencias de la naturaleza con las ciencias sociales dio lugar a un fenómeno surgido en diferentes campos del conocimiento para combinar a la ecología (considerada como la disciplina que sintetiza los fenómenos de la naturaleza) con diversas áreas sociales. Esto dio lugar a lo que hemos denominado disciplinas híbridas. Fuente: Toledo (1999).

A lo anterior debe citarse una docena de intentos por integrar diferentes campos de las ciencias sociales con la ecología (biología), lo que ha dado lugar a lo que hemos denominado disciplinas híbridas o emergentes (figura 1), y a nuevas comunidades académicas que incluyen ya miles de investigadores, publicaciones, congresos y nuevas materias y carreras en las universidades. Las disciplinas híbridas ejemplifican la necesidad de darle a una decena de campos de estudio de la sociedad un fundamento ecológico, es decir, de reconocer que no es posible comprender los fenómenos sociales aislados de su contexto natural.

Cómo llegué a la interdisciplina

Como suele suceder, arribé a la interdisciplina por un par de accidentes o circunstancias adversas. Fue en el periodo de 1969-1970. Yo realizaba mi tesis de licenciatura en biología sobre un tema esencialmente botánico y fitogeográfico. Intentaba explorar si había algún patrón geográfico en la diversidad de especies de árboles de las selvas tropicales de México y para ello levanté muestreos cuantitativos en San Luis Potosí (extremo norte), Los Tuxtlas, Veracruz, y Lacandona, Chiapas (extremo sur), además de datos obtenidos por otros autores en varias localidades intermedias. Encontré que la diversidad aumentaba claramente hacia el sur con su máximo en la Selva Lacandona y que lo mismo ocurría si escalábamos hacia la península de Yucatán. Ello me llevó a proponer a esa región chiapaneca como un refugio de especies durante las épocas frías del Pleistoceno (Toledo, 1982). Sin embargo, mi muestreo de Los Tuxtlas desapareció completamente al ser derribada la selva para uso ganadero, un fenómeno que se volvió común en aquellos años por buena parte de Veracruz y Tabasco. ¿Qué hacía que tanto los propietarios privados como las comunidades campesinas se inclinaran a desmontar sus entornos de selva?

El segundo accidente ocurrió cuando acepté a mis 25 años la jefatura de la primera reserva biológica de la unam en el país: la Estación de Biología Tropical de Los Tuxtlas. A las pocas semanas me enteré de que quién me había precedido había renunciado porque había sido amenazado de muerte por los ejidos que rodean a la reserva. El primer jefe de la Estación prohibió el paso de los campesinos por los terrenos de la unam. Ante esa realidad organicé dos cursos de campo con estudiantes de biología para estudiar la relación de los ejidos con la selva. Los visitamos e hicimos un primer estudio del conocimiento local sobre plantas y mamíferos. De ahí salieron las primeras publicaciones interdisciplinarias en 1972 y 1976 (Toledo et al., 1972 y Toledo, 1976). Un mes después los y las campesinas de esas comunidades llegaban a visitarnos llevando de regalo frutas, viandas y gallinas. El joven biólogo de clase media de la Ciudad de México tuvo una iluminación reveladora: descubrió al campesinado con el cual desde entonces hizo un pacto de solidaridad total y eterno. Dos ideas reverberaron en mi mente: 1) las reservas de la unam deberían ser centros no solo de investigación sino de “extensionismo” con las comunidades y ejidos vecinos, y 2) debería estudiarse lo “natural” (flora, fauna, ecosistemas, biodiversidad, paisajes, etc.) en conjunto con lo “social” (las comunidades y productores y su economía, demografía, cultura, etc.), única manera de obtener un panorama cabal de los problemas.

Unos años después, en 1974, se dio el primer gran conflicto entre los aún pocos ecólogos y biólogos del país y el gobierno federal, que en esa época alcanzaba un temible nivel de autoritarismo y represión. El motivo: la región de Uxpanapa, Veracruz, donde se planeaba asentar a miles de familias chinantecas de Oaxaca que iban a ser desplazadas por la construcción de la Presa Cerro de Oro con la consecuente inundación de su hábitat histórico, un acto brutal de etnocidio. En Uxpanapa, se les iba dotar de 85 000 hectáreas ya “limpias de selvas”, una acción que desarrollaría la llamada entonces Comisión Nacional de Desmontes con maquinaria pesada, es decir, al etnocidio se iba a sumar un ecocidio y, sobre todo, se iba a romper la milenaria relación de un pueblo indígena y las selvas tropicales. Los responsables de esta doble acción destructora fueron la Secretaría de Recursos Hidráulicos y la Comisión del Papaloapan. Los académicos de la unam y de la Universidad Veracruzana, bajo el liderazgo de Arturo Gómez-Pompa, en ese entonces mi maestro y guía académico intentaron detener esas acciones, logrando por lo menos realizar un conjunto de investigaciones para documentar una alternativa diferente. Acompañado de jóvenes estudiantes y como parte de ese equipo realizamos investigaciones etnobiológicas y de ecología humana. Buena parte de la historia en Uxpanapa se encuentra registrada en las memorias de A. Gómez-Pompa (2020: 175) y en mi artículo “Uxpanapa: ecocidio y capitalismo en el trópico” publicado en la revista Nexos (Toledo, 1978), que se convirtió en mi primer ensayo de ecología política. Estos acontecimientos me hicieron consciente de la existencia de los pueblos indígenas y de su enorme importancia ecológica, una relación que hice notar en un ensayo sobre indianidad y ecología algunos años después (Toledo, 1989: 93).

Mi trayectoria interdisciplinaria

Aunque continué trabajando temas más especializados, poco a poco el enfoque integrador fue desplazándolos hasta convertirse en el lugar común de mis estudios. Entre 1973-74 y la actualidad he participado en diez proyectos de investigación interdisciplinaria, con colectivos diversos y como respuesta a diferentes problemáticas y situaciones (tabla 1). Después de los estudios de ecología humana realizados en la región de Uxpanapa, Veracruz, siguió un proyecto de etnobiología auspiciado por la nueva Dirección de Culturas Populares de la Secretaría de Educación Pública. Ese proyecto estuvo dirigido por Alfredo Barrera, quien me invitó a realizar con un equipo de colaboradores estudios sobre el conocimiento biológico de las comunidades indígenas de dos regiones: la cuenca del Lago de Pátzcuaro en Michoacán y la región del Totonacapan en Veracruz. Con el conocimiento ganado en esos años encabezamos años después el Proyecto Pátzcuaro 2000, que produjo un ambicioso documento para implementar un proceso de desarrollo sustentable en la región y que agrupó a una docena de profesionales provenientes de diferentes campos (ver Toledo et al., 1994).

El siguiente proyecto, fruto de un conjunto de curiosas circunstancias y relaciones, tuvo lugar en la región de Las Cañadas en Lacandona, Chiapas, en un momento clave (1990-1991). El estudio, que fue auspiciado por el Centro de Investigación sobre Energía y Desarrollo (Ciedac), realizó una radiografía ecológica y social de la región donde se incubó el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (ezln), y me sirvió de base para elaborar años después el libro La paz en Chiapas (2000).

Tabla 1. Proyectos de investigación interdisciplinaria

Proyecto

Periodo

Disciplinas involucradas

Ecología humana en Uxpanapa, Veracruz

1973-1974

Botánica, zoología y etnobiología

Etnobiología del Lago de Pátzcuaro, Michoacán, y de Totonacapan, Veracruz

1979-1981

Biología, ecología, geografía y antropología

Plan Pátzcuaro 2000

1991-1993

Biología, ecología, geografía, antropología, economía, agronomía y sociología

Ecología y desarrollo en la Selva Lacandona, Chiapas: el caso de Las Cañadas

1992-1993

Biología, ecología, agronomía, geografía y antropología

Evaluación del proyecto “Agua para Siempre”, Tehuacán, Puebla

2000-2001

Biología, ecología, hidrología y agronomía

Estudio de los sistemas cafetaleros de México

2000-2006

Biología, economía y agronomía

Etnoecología de los mayas yucatecos

2004-2008

Ecología, geografía y economía

Metabolismos rurales

2007-2017

Ecología, economía, agronomía y ciencias ambientales

Observatorio de conflictos socioambientales

2014-2020

Ciencias ambientales, ecología, geografía e informática

Red sobre el patrimonio biocultural de México

2011-2022

Biología, agronomía, antropología, ecología, historia, geografía, politología, etc.

La región mixteca se ubica en la porción árida de los estados de Puebla y Oaxaca, con el valle de Tehuacán como su porción más emblemática, y se encuentra habitada por comunidades indígenas pertenecientes a siete culturas. Ahí se desarrolla desde hace más de tres décadas uno de los proyectos más exitosos del país, “Agua para Siempre”, bajo los auspicios de Alternativas y Procesos de Participación Social, A.C. Invitado por las Fundaciones Hilton y Ford tuve la oportunidad de evaluar ese proyecto interdisciplinario con un pequeño equipo durante el invierno de 2000 y 2001. Nunca había trabajado una región semiárida donde el problema crucial es el agua. Tampoco me había asomado a los conocimientos locales en este hábitat y descubrimos que existe un detallado conjunto de saberes etnohidrológicos e hidrogeológicos entre sus habitantes. Nuestra evaluación certificó enfoques, métodos y logros de ese proyecto, que ha sido reconocido nacional e internacionalmente (ver Toledo y Solís, 2001).

El café, después del petróleo, es el producto mayormente distribuido legalmente en el comercio internacional. Se estima que unos cinco millones de productores de 85 países ubicados en la franja intertropical se dedican a la cafeticultura, y otros quince millones trabajan en la cadena comercial que termina con su consumo por unos dos mil millones que lo beben de manera regular. El café, que se cultiva en unos diez millones de hectáreas, ha sido estudiado desde hace dos décadas por sus impactos biológicos, ecológicos, culturales y sociales por un número creciente de investigadores. Nuestros estudios sobre el tema, realizados junto con Patricia Moguel (Moguel y Toledo, 1999; Toledo y Moguel, 2012) adoptaron desde un inicio un enfoque interdisciplinario. Por el número de citas a nuestros trabajos (unas 1 500), estimamos que en la actualidad existen por lo menos mil autores trabajando este tema en el mundo.

Los mayas de la península de Yucatán son la segunda cultura indígena más numerosa del país con un millón de hablantes que, en el caso del estado de Yucatán, representan más del 70 % de su población. Los mayas presentan tres rasgos que los hacen únicos en pleno siglo xxi: han estado presentes en la Península desde hace ¡tres mil años! Es una de las culturas más estudiadas del mundo, en su pasado y en su presente; y aún hoy mantienen una cobertura forestal tropical nada despreciable en los territorios que habitan. Por ello decidimos N. Barrera-Bassols y quien esto escribe, utilizar toda la información disponible para aplicar nuestro método etnoecológico a esa región. El resultado fue un análisis detallado de su estrategia de vida basado en la multiplicidad de actividades, así como su alto nivel de resiliencia como cultura. Ambos aspectos explican su larga presencia y su vigor demográfico (ver Barrera-Bassols y Toledo, 1999; Toledo et al., 2008), y confirman nuestra idea de “memoria biocultural” (Toledo y Barrera-Bassols, 2008).

Mi interés por el fenómeno rural alcanza su mayor profundidad y detalle con la aplicación del concepto de metabolismo social a los procesos de apropiación de la naturaleza en tres escalas: familiar, comunitaria y regional. Ello me permitió derivar un modelo teórico (Toledo, 2008) que luego fue aplicado en cuatro tesis de doctorado con estudios de caso en México, Nicaragua y Colombia.

El estudio de los conflictos socioambientales es otro tema en el que se adopta el enfoque interdisciplinario. Desde 2013 en nuestro laboratorio iniciamos su estudio para el caso de México. A la fecha, una base de datos de escala nacional registra 560 conflictos obtenidos de 1 030 notas hemerográficas, y ello ha dado lugar a un Sistema de Información Geográfica (ver Toledo et al., 2017), que se hará accesible al público en el futuro próximo.

Todas estas experiencias interdisciplinarias alcanzaron su máxima expresión en la Red sobre el Patrimonio Biocultural de México, una iniciativa que iniciamos una decena de colegas en 2011 bajo el patrocinio del Conacyt, y que tras una década de fértiles actividades continúa existiendo como una organización independiente altamente productiva. En la actualidad, la red agrupa a unos ochenta académicos, ha realizado numerosos eventos nacionales y regionales, y ha publicado más de cincuenta libros (ver https://patrimoniobiocultural.com/), además de acompañar procesos autogestionarios en numerosas comunidades del país.

Las constelaciones interdisciplinarias

La ejecución de estos diez proyectos interdisciplinarios y algunas investigaciones aisladas, hicieron que interactuara con colegas y estudiantes de nueve campos diferentes (figura 2), certificando la adopción de este enfoque.

Figura 2. Campos de investigación

De mis varios estudios interdisciplinarios logré identificar cinco agrupaciones que aquí denominamos constelaciones. Constelar es poner en relación distintos elementos implicados en un sistema. Sin embargo, a diferencia de la definición original de carácter astronómico, aquí las constelaciones son dinámicas, pues agrupan estrellas que a su vez se conectan con otras pertenecientes a diferentes constelaciones. Los cinco conjuntos corresponden a cinco campos interdisciplinarios bien definidos: etnoecología y bioculturalidad, agroecología, ecología política, sustentabilidad y metabolismo social, cada uno de los cuales ha logrado crear y consolidar sus propias comunidades epistémicas. De esta forma, esta antología de textos quedó conformada por quince artículos que en conjunto ofrecen un panorama de la aventura lograda por el autor en más de cuatro décadas (1978-2022). Cada texto es un espejo particular de un proceso generalizado de cambio en la estructura de la ciencia que, como hemos afirmado, responde a la necesidad de mirar la realidad actual con nuevos ojos, pues en última instancia: “No podemos resolver los problemas del mundo con el mismo tipo de pensamiento con los que los hemos creado” (“We cannot solve the problems we have created with the same thinking that created them”) (Albert Einstein).

De la interdisciplina a la transdisciplina

Todo lo que aquí hemos descrito se refiere al propio dominio de la ciencia. Sin embargo, el impulso integrador que hoy aparece como un vendaval cada vez más atractivo no se detiene, de tal suerte que el acto de conocer, que es inherente al ser humano, también incluye a las artes, a las humanidades y a la filosofía, así como a los llamados saberes populares, rurales y urbanos, de las comunidades humanas. La idea de trascender los límites de la ciencia, es decir, de considerarla una manera más, no la única, de aprehender la realidad, y de generar un conocimiento emergente que implique a toda una gama de actores, es lo que se conoce como transdisciplina. Su origen suele referirse al manifiesto surgido del Primer Congreso Mundial de Transdisciplinariedad (Convento de Arrábida, Portugal, 1994), que emitió un conjunto de principios fundamentales, un contrato moral que todo signatario hizo consigo mismo, fuera de toda coacción jurídica e institucional.Entre los autores que han escrito sobre el tema, destacan B. Nicolescu (1996) y A. Max Neef (2005).

Referencias

Barrera-Bassols, N. y Toledo, V. M. (2005). Ethnoecology of the Yucatec Maya: symbolism, knowledge and management of natural resources. Journal of Latin American Geography 4(1): 9-41.

Berkes, F. y Folke, C. (1998). Linking Social and Ecological Systems: Management Practices and Social Mechanisms for Building Resilience. Nueva York: Cambridge University Press.

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Sección IEtnoecología y bioculturalidad

Como lo señalé en la introducción general a esta obra, descubrí al campesinado y unos años después a los pueblos indígenas en la década de los setenta, y desde entonces asumí con pasión el estudio de sus relaciones con el mundo natural. Las relaciones son triples: a través de su apropiación material o productiva, por medio de sus conocimientos y desde la mirada de sus cosmovisiones. Ello fue configurando, a fuego lento, una nueva área de conocimiento: la etnoecología, cuyos fundamentos quedaron plasmados en varios artículos y en el libro La memoria biocultural, escrito en colaboración con Narciso Barrera-Bassols y del que existen tres versiones (en España, Colombia y Brasil). Una revisión general del campo con un deslinde de nuestra posición teórica se encuentra en el primer artículo aquí reproducido y publicado originalmente en 2019. El segundo hace una apreciación sintética de lo que es sin duda el valor supremo de los siete mil pueblos indígenas que existen en el mundo. El tercero, al relacionar la dupla naturaleza/cultura con el territorio da lugar a la visión biocultural, una temática que en los últimos años se ha multiplicado con rapidez por todo el mundo. Finalmente, el cuarto ensayo publicado muy recientemente confirma la validez del enfoque etnoecológico como criterio para la cabal comprensión de regiones conflictivas, como el área cultural maya en la península de Yucatán. Este artículo confirma que solo es posible erigir modernidad partiendo de la tradición; de lo contrario es apostarle al fracaso.

Capítulo 1

Etnoecología mesoamericana

Introducción

Toda construcción de una teoría, o de lo que al menos conforma una tradición cognitiva, contiene un cierto origen y, por supuesto, una cierta trayectoria histórica. También, sobre todo si es innovadora, desencadena una resistencia y hasta un rechazo, porque viene a romper un cierto paradigma (ya normalizado) y a procrear uno nuevo, debido a que este realiza un “salto epistémico”. El campo de la etnoecología, o al menos los estudios que se amparan o cobijan bajo ese término, puede ser examinada a partir de lo anterior. Dos autores precursores de la etnoecología pueden identificarse, al menos en el universo de publicaciones relativas al tema: Harold Conklin, quien acuñó el término por vez primera en 1954, y Claude Levi-Strauss (1964), quien, sin utilizarlo, realizó un primer abordaje formal de los saberes tradicionales y elaboró una propuesta en torno a su concepto de “ciencia de lo concreto”. Desde entonces, el número de publicaciones que utilizan la palabra etnoecología (en inglés, castellano, portugués y francés) ha seguido un camino ascendente, con más de seiscientos trabajos publicados en la actualidad (gráfica 1).

Gráfica 1. Número anual de publicaciones sobre etnoecología (1954-2011) (total de registros: 526). Fuente: Toledo y Alarcón-Cháires (2012).

Como lo muestra la gráfica 2, su puesta en práctica ha ocurrido especialmente en países como Brasil, México, Estados Unidos de Norteamérica, Canadá, China y Australia (Toledo y Alarcón-Cháires, 2012). Debe señalarse, sin embargo, que este campo interdisciplinario emergente se ha expandido y multiplicado sin que todavía exista una plataforma teórica y metodológica común entre sus practicantes. Esta pluralidad metodológica que ha sido comentada por algunos autores (Alves y Bezerra-Souto, 2010; Medeiros-Prado y Sereni- Murrieta, 2015) expresa, más que todo, un estado de inmadurez epistemológica característico de los campos disciplinarios emergentes, que requeriría de un desbrozamiento entre la comunidad de investigadores.

Gráfica 2. Número de investigaciones publicadas por los principales países que realizan investigación etnoecológica. Fuente: Toledo y Alarcón-Cháires (2012).

En el concierto de corrientes y autores dedicados al estudio de los saberes locales, tradicionales, campesinos y/o indígenas sobre la naturaleza, que es el objetivo central de toda “etnociencia”, es factible reconocer seis principales polos de investigación etnoecológica en el mundo (figura 1). Esta identificación surge del número de publicaciones e instituciones dedicadas al tema, y asociaciones, editoriales y congresos.

La versión mesoamericana de la etnoecología

A diferencia de las otras regiones del mundo en donde la etnoecología ya se practica de manera importante, en México dicho campo del conocimiento científico ha tenido un desarrollo teórico y metodológico que le dota de un marco conceptual coherente y robusto. Ello no significa que en las otras regiones no haya habido algunos intentos por teorizar, como los realizados por Nazarea (1999) o Marques (2001), pero estos no alcanzan a generar un marco epistémico lo suficientemente robusto que sea adoptable, adaptable y reproducible por el resto de los autores.

El “núcleo blando” de esta versión mesoamericana de la etnoecología lo conforman los veinte estudios que esta obra compendia y que fueron publicados entre 1980 y 2018. Salvo uno (Toledo y Alarcón-Cháires, 2012), que es una revisión del campo a nivel mundial, el resto lo conforman investigaciones empíricas realizadas desde diferentes aproximaciones o a diferentes escalas y en diversas situaciones culturales, ambientales y biológicas, las cuales, dependiendo de su fecha de aparición, han contribuido a la construcción de una teoría. Dicho de otra manera, lo compendiado excluye a aquellas publicaciones de carácter teórico y en cambio ofrece un panorama de los estudios empíricos que alimentaron las formulaciones teóricas a lo largo del tiempo o que las fueron perfeccionando.

Figura 1. Principales corrientes en la(s) etnoecología(s)

En consecuencia, las publicaciones de carácter teórico, que serán referidas en la sección siguiente, conforman el “núcleo duro”. Se trata, por supuesto, de un “ir y venir” entre la teoría y la práctica. Un análisis detallado de ese doble conjunto de estudios revelaría cómo se fueron retroalimentando la observación y análisis de las realidades investigadas con la decantación de teoría, conceptos y métodos, es decir, entre el “núcleo blando” y el “núcleo duro”.

El complejo k-c-p, el “núcleo duro” de la etnoecología

El marco teórico construido a partir de los estudios de los pueblos mesoamericanos y extendido luego al resto del planeta, emerge en realidad de una teoría aún más general y abarcadora sobre las relaciones entre las sociedades humanas y sus naturalezas: la del metabolismo social (González de Molina y Toledo, 2011 y 2014). Dicha teoría se dedica a analizar a través de la historia los intercambios de materia y energía entre sociedad y naturaleza, los cuales a su vez se encuentran recíprocamente condicionados por estructuras sociales no materiales (instituciones, reglas, cosmovisiones, etc.). En su versión material, el metabolismo social incluye cinco procesos particulares (apropiación, circulación, transformación, consumo y excreción) a través de los cuales corren los flujos de materia y energía.

El punto de partida para la construcción de una teoría etnoecológica es la distinción que se efectúa del mismo proceso de apropiación de la naturaleza, entre una apropiación material (los procesos productivos) y una apropiación intelectual, que a su vez es doble: subjetiva o simbólica y objetiva o cognitiva. Esta triple manera de apropiarse la naturaleza, que es universal, encarna en los actos de hacer, creer y conocer, los cuales a su vez dan lugar a la triple dimensión representada por el conjunto de creencias o kosmos (k), el repertorio de conocimientos o corpus (c)y las actividades productivas o praxis (p)(tabla 1). En otras palabras, la naturaleza es apropiada y visualizada por los seres humanos a través de una pantalla de creencias, conocimientos y prácticas.

Tabla 1. Campos de estudio de los tres grandes temas (kosmos, corpus y praxis) que componen el enfoque etnoecológico

Tema

Campo de estudio

Enfoque

Kosmos

Cosmos

Representación y función de deidades

Mitos

Tradición histórica sobre dioses, héroes y diferentes elementos del ambiente

Ritos

Prácticas de vinculación con entidades divinas

Otros

Cuentos, fábulas y anécdotas

Corpus

Astronomía

Dinámica lunar, de la Tierra y constelaciones

Botánica

Características, ecología, dinámica y uso de la flora

Zoología

Características, ecología, dinámica y uso de la fauna

Edafología

Características y dinámica de los suelos

Hidrología

Características y dinámica de ríos, mar, lagos, etc.

Micología

Características, ecología, dinámica y uso de los hongos

Ecogeografía

Relación entre diferentes elementos del paisaje

Clima

Patrones de lluvias, sequías, temperatura, etc.

Taxonomía

Clasificación de elementos vivos y no vivos

Geología

Caracterización y dinámica de las rocas

Mineralogía

Caracterización y dinámica de los minerales

Agroforestería

Prácticas agrícolas vinculadas a manejo de sistemas forestales

Praxis

Agrícola

Agricultura principalmente enfocada a cultivos tradicionales

Ganadería

Producción animal de especies menores y mayores

Forestal

Conservación, manejo y uso de bosques y selvas

Pesca

Peces, reptiles, invertebrados y mamíferos

Artesanía

Producción de utensilios de uso doméstico y de arte con fines comerciales

Medicina

Uso de flora y fauna, así como prácticas tradicionales (shamanismo) como terapia

Agua

Manejo de cuerpos de agua y lluvia

Vivienda

Materiales utilizados para la construcción de viviendas

Recolección

Principalmente flora (semillas, frutos, vainas, raíces, etc.), estacionalidad y técnicas

Caza

Técnica de captura, conservación y manejo de especies animales

Acuacultura

Técnica y especies producidas bajo sistemas de producción acuícola tradicional

Extractiva

Actividades como la minería

Pastoreo

Estacionalidad, recursos, distribución de trabajo

Alimentación

Tipo de insumos, su origen y procesamiento

Fuente: Alarcón-Cháires (2004).

Figura 2. Los triciclos etnoecológicos se construyen mediante el registro de actividades a lo largo de un ciclo anual relativas a las festividades (ciclo ritual o simbólico), los principales procesos biológicos, ecológicos y meteorológicos detectados por el conocimiento local, tales como periodos climáticos, ciclos de vida, periodos de floración, etc. (ciclo cognitivo), y las actividades productivas realizadas en la agricultura, ganadería, pesca, forestería, caza, recolección, extracción, etc. (ciclo productivo). La figura muestra el triciclo de la comunidad purhépecha de Pichátaro en Michoacán (tomado de Toledo y Barrera-Bassols, 2018).

De esta forma, el estudio de los conocimientos, que es el objetivo central y único de todas las “etnociencias” sin excepción, su obsesión científica, se ve relacionado y contextualizado. Al salir de ese “cuello de botella”, de esa obsesión por estudiar los conocimientos no científicos como si fueran entidades puras y aisladas, se abre una nueva perspectiva en torno al concepto de sabiduría (local, tradicional, autóctona, campesina, indígena, etc.), definido como el conjunto formado por las creencias, los conocimientos y las prácticas. De ahí surge la premisa de que la etnoecología es aquel campo de la ciencia dedicada a estudiar el complejo k-c-p y las sinergias, procesos y patrones que surgen de las relaciones entre esas tres dimensiones en torno a la naturaleza. Esta premisa, dinamizada en el tiempo y, más precisamente, en el ciclo anual, adquiere su forma visual en los “triciclos etnoecológicos” (ver figura 2). El desarrollo de esta teoría puede ser verificada a través de la consulta de varias publicaciones (Toledo, 1992, 2001, 2002, 2009 y 2013; Toledo y Barrera-Bassols, 2008 y 2010; Toledo y Alarcón-Cháires, 2012) y alcanza su cúspide reflexiva en el detallado estudio epistemológico de Alarcón-Cháires (2017).

Seis aportes de la etnoecología mesoamericana

Uno: adopta un abordaje integrador o interdisciplinario

No se puede soslayar el hecho de que en sus orígenes el interés de la investigación científica por los conocimientos locales o tradicionales estuvo marcado por lo utilitario (la búsqueda y explotación de recursos medicinales, alimenticios, textiles, energéticos) o, a lo sumo, por la mera curiosidad científica, un fenómeno que aún persiste y que sigue orientando buena parte de los estudios. Por ello, las miradas utilitarias de los académicos se fueron directo sobre los conocimientos, desconectándolos de sus contextos culturales e históricos y, más específicamente, de sus relaciones con las creencias y las prácticas. Lo único que realmente interesaba era el conocimiento local de algún componente de su entorno natural capaz de ofrecer posibilidades de generar una posible mercancía. En el caso de los pueblos indígenas u originarios practicantes de una “ecología sagrada”, resulta inexplicable estudiar sus conocimientos desligados de sus creencias (cosmovisiones) y lo mismo aplica para la otra dimensión: la de las prácticas productivas. Este reconocimiento de la complejidad del fenómeno obliga, por supuesto, a adoptar un enfoque interdisciplinario, pues como señala García (2006), la “realidad misma es interdisciplinaria o mejor dicho, la realidad no es disciplinaria”.En suma, el salto epistémico del concepto restringido de “conocimiento” al de “sabiduría” que efectúa la etnoecología mesoamericana, supera una visión fraccionaria y reduccionista para dar lugar a una visión que reconoce la complejidad del objeto/sujeto de estudio.

Dos: otorga identidad a la etnoecología como campo del conocimiento

La adopción del complejo k-c-p como objetivo central de la etnoecología, permite diferenciarla de otros “campos híbridos” surgidos antes o al unísono, es decir, le dota de una identidad propia en el panorama difuso y superficial de los intentos por comprender las relaciones entre las culturas y sus naturalezas. Por ello, hoy es posible trazar un límite preciso entre la etnoecología y otras áreas cercanas o parecidas del conocimiento como la “ecología etnográfica”, la “ecología cultural”, la “antropología ecológica”, la “antropología ambiental” y otras.

Tres: contribuye a enraizar las “etnociencias”

De manera similar, el marco teórico y metodológico del k-c-p clarifica el panorama etéreo y nebuloso de la “etnociencia”, “nueva etnografía”, “etnosemántica” o “etnografía semántica” surgidas en el siglo xx, predominantemente de las contribuciones de los lingüistas, geógrafos, etnólogos y antropólogos. Hoy, la etnociencia se encuentra fraccionada en un número elevado de campos: etnozoología, etnobotánica, etnomicología, etnobiología, etnoecología, etnogeografía, paleoetnobotánica, zooetnoarqueología, etnoagronomía, etnoforestería, etnoedafología, etnoclimatología, etnoastronomía, etnomedicina, etnofarmacología, etc. (Argueta, 1996). Dicha fragmentación surge de las maneras como los investigadores trazan los límites de la realidad a estudiar, según sus particulares intereses o sus sesgos disciplinarios y reproduce el carácter parcelario de la ciencia dominante. Con la aparición de un marco teórico robusto, la etnoecología engloba y da coherencia y sentido a los campos fragmentados de las “etnociencias”.

Cuatro: dilucida la polémica entre la etnobiología y la etnoecología

Por razones institucionales y no epistemológicas o intelectuales, la etnoecología ha quedado subsumida o difuminada de la etnobiología en el imaginario de los investigadores, una realidad que ha intentado ser infructuosamente justificada (por ejemplo, en las dos obras más recientes sobre etnobiología: Anderson et al., 2011; y Albuquerque y Alves, 2016). Dada la mayor antigüedad y desarrollo de la etnobiología, esta ha generado más publicaciones, sociedades científicas (nacionales e internacionales), congresos y revistas especializadas. La cuestión de si la etnoecología es una subdisciplina de la etnobiología o viceversa, también ha sido resuelta, a nuestro juicio de manera artificial, desde una posición ecléctica por Alves y Albuquerque (2016), quienes afirman que “estos dos campos están conectados y no se relacionan por inclusión u oposición, sino por complementariedad” (p. 15). Hunn (2007) asumió otra perspectiva diferente, quien considera que en su evolución la etnobiología se irá convirtiendo en una etnoecología (cuarta fase). Como hemos sostenido desde hace más de dos décadas, el solo hecho de que la etnobiología se circunscriba a estudiar los conocimientos no-científicos de las especies (de plantas, animales y hongos), dejando afuera de su óptica todo lo referente al mundo no vivo, la coloca en automá