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Constructores de la modernidad: empresarios, políticos, intelectuales y diplomáticos en el porfiriato reúne un conjunto de trabajos que buscan ahondar en el análisis y comprensión del periodo conocido como porfiriato, a través del examen de la labor de algunos personajes, porfiristas notables, que se distinguieron por sus logros. Se trata de personajes de diferentes edades que coincidieron en un proyecto amplio, la construcción del México moderno de la era de la paz y el progreso. Cada uno de los capítulos examina la vida de estos personajes no sólo para conocer mejor, a través de ellos, la época y el mundo en el que vivieron, sino también para comprender cómo lo entendieron. Son esbozos en los que se conectan rasgos biográficos con actividades relevantes que los distinguen y validan para formar parte de ese colectivo heterogéneo, sustento de un régimen y a los que vemos como emprendedores y constructores de la nación. Hemos dejado entrever en cada caso, gestos, guiños y cualidades que los identifican como seres humanos, con preocupaciones, inquietudes, pasiones, pero también intentamos sugerir cómo funcionaron sus redes de apoyo, ya fuera en el ámbito económico o el político y en algunos casos entre ambos, redes que se construyeron a nivel local, regional o nacional y muchas veces tuvieron nexos internacionales.
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Seitenzahl: 482
Veröffentlichungsjahr: 2025
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cip. instituto mora. biblioteca ernesto de la torre villar
nombres: Muñoz, Laura | Rodríguez, María del Rosario.
título: Constructores de la modernidad: empresarios, políticos, intelectuales y diplomáticos en el porfiriato / Laura Muñoz y María del Rosario Rodríguez (coordinadoras).
descripción: Primera edición | Ciudad de México : Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2024 | serie: Colección Historia social y cultural.
palabras clave: México| Redes | Intelectuales | Empresarios | Políticos | Diplomáticos | Porfiriato, 1876-1910 | Biografías.
clasificación:DEWEY 972.052 CON.d | LC F1233.5 C6
Imágenes de portada: superior, Día de campo. Photographs, sin fecha, caja 8, carpeta 12, Julio M, Limantour Papers. Benson Latin American Collection, LLILAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin. Inferior, Visita a la fábrica de loza. Photographs, sin fecha, caja 8, carpeta 12, Julio M. Limantour Papers. Benson Latin American Collection, LLILAS Benson Latin American Studies and Collections, The University of Texas at Austin.
Este libro fue evaluado por el Consejo Editorial del Instituto Mora y se sometió al proceso de dictaminación en sistema doble ciego siendo aprobado para su publicación.
Primera edición ePub, 2025
D. R. © Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
Calle Plaza Valentín Gómez Farías 12, San Juan Mixcoac,
03730, Ciudad de México.
Conozca nuestro catálogo en <www.mora.edu.mx>
ISBN: 978-607-8953-85-1 ePub ISBN: 978-607-8953-51-6 PDF acceso abierto DOI: https://doi.org/10.59950/IM.106
Hecho en México
Made in Mexico
Introducción
I. Empresarios y políticos, los más cercanos al poder
Lazos de familia y compadrazgo: política y negocios en la correspondencia de Matías Romero con la elite chiapaneca
Mónica Toussaint
Olegario Molina, gobernador “Científico” de Yucatán
Marisa Pérez Domínguez
“Que la ventura y el amor no tengan término”. Los Limantour-Mariscal, negocios y diplomacia
Laura Muñoz
Francisco León de la Barra. Su paso por la embajada de México en Washington, 1909-1911
María del Rosario Rodríguez Díaz
Enrique Creel, exiliado porfirista
Olimpia Reyes Pineda
II. Intelectuales, alrededor del poder
Prestigio, influencias y aptitud profesional. El despacho de abogados Calero-Vera Estañol, 1897-1911
Claudia Ortiz Hernández
El abad Plancarte y los hermanos Dondé Preciat: agentes en la construcción del templo neorrománico de San Felipe de Jesús en la ciudad de México, 1885-1897
Francisco Javier Navarro Jiménez
Ezequiel Ordóñez: pionero de la geología del petróleo en México, 1904-1916
Luz Javier Zaragoza Cruz
Nemesio García Naranjo, entre la continuidad del porfiriato y los cambios del nuevo siglo
Elsa V. Aguilar Casas
Sobre las autoras y los autores
Es exagerado decirlo, pero no incorrecto: el porfiriato se impuso como tema a pesar de los historiadores mismos.
Mauricio Tenorio y Aurora Gómez G.
Cuando hablamos de constructores de la modernidad nos referimos a aquellos individuos, hombres y mujeres, que contribuyeron al desarrollo de México, los que con sus acciones transformaron la organización política y económica, actuaron en la diplomacia, modificaron patrones culturales y aportaron al conocimiento en una época que, como han afirmado Mauricio Tenorio Trillo y Aurora Gómez Galvarriato, se ha impuesto en el campo de la historia mexicana.1 En los años recientes, el estudio del porfiriato ha rebasado los límites acotados que la “historia patria” le había asignado. A ese esfuerzo se une este conjunto de trabajos que buscan ahondar en el análisis y comprensión de ese periodo a través del examen de la labor de algunos personajes, porfiristas notables, que se distinguieron por sus logros.
La selección de los aquí abordados correspondió, en primer término, a los intereses personales de los autores de cada uno de los estudios. Los escogimos porque, aun siendo muy reconocidos, como Matías Romero, Olegario Molina o Enrique Creel, ignorábamos aspectos importantes de su actuación. Algunos fueron seleccionados porque, habiendo hecho aportaciones destacadas, se habían mantenido en segunda línea, como Ezequiel Ordoñez o los hermanos Dondé, y otros, porque han permanecido casi desconocidos, o bien, han sido identificados por una sola de sus labores, como ha ocurrido con Francisco León de la Barra. De acuerdo con De Maria y Campos, no pretendemos hacer “justicia histórica”, ni rescatarlos del olvido porque no habían trascendido como prominentes.2 Nuestra intención al hurgar en sus vidas y acciones fue rescatar la agencia de los individuos, reconociendo –como recomienda Enrique Krauze– su creatividad, ingenio, imaginación y, desde luego, el contexto desde el que pudieron actuar. Nuestro afán busca saber más del periodo en el que vivieron a través de lo que su vida y actividad puedan contarnos.
Se trata de personajes de diferentes edades que coincidieron en un proyecto amplio: la construcción del México moderno de la era de la paz y el progreso. Hemos volteado a verlos, pensándolos “responsables de mudanzas históricas” según la formulación de Wigberto Jiménez Moreno que rescata don Luis González.3 Y como hizo don Luis con los grupos que identificó para el periodo que estudiamos, los ubicamos en una generación, al estilo propuesto por él, es decir, una generación que incluye personajes disímiles en muchos sentidos, por edad, oficio, origen, pero que no obstante, formaron parte de un conjunto de individuos comprometidos que logró avances en los terrenos en los que intervino. No intentamos en estas páginas un estudio de los integrantes del grupo completo, es apenas el inicio de un proyecto que proponemos de largo aliento. Por ello, tampoco ofrecemos todavía una caracterización concluyente del conjunto; el lector irá formando sus propios criterios y dialogará con nuestras propuestas. Lo que hemos pretendido es examinar la vida de estos personajes no sólo para conocer mejor, a través de ellos, la época y el mundo en el que vivieron, sino también para comprender cómo lo entendieron.4 Y aún más, para percibir mejor cómo correspondieron a ese contexto. Son casos individuales, pero representativos, y el énfasis está puesto en lo particular de cada uno de ellos y en cómo se relacionaron con otros para formar vínculos y tal vez grandes redes mediante las cuales operaron y pudieron entroncar sus intereses personales con los oficiales. Es decir, son individuos que suman y forman un grupo, pero ¿había un proyecto en el que se desarrollan intereses particulares o son estos los que en su consecución modelaron un proyecto? Hemos querido subrayar la “intencionalidad individual”, la participación de individuos que como conjunto agregan propuestas particulares que se hicieron proyecto.
Los trabajos que el lector tiene a su alcance no son propiamente biografías o, por lo menos, no biografías completas. Son esbozos en los que se conectan rasgos biográficos con actividades relevantes que los distinguen y validan para formar parte de ese colectivo heterogéneo, sustento de un régimen y a los que vemos como emprendedores y constructores de la nación. Hemos dejado entrever en cada caso, gestos, guiños y cualidades que los identifican como seres humanos, con preocupaciones, inquietudes, pasiones, pero también intentamos sugerir cómo funcionaron sus redes de apoyo, ya fuera en el ámbito económico o el político y en algunos casos entre ambos. Estas redes, familiares o más amplias, podían ser a nivel local, regional o nacional y muchas veces tenían nexos internacionales.
Nuestros personajes fueron hombres que no debieron su riqueza y poder a su vínculo con la tierra, salvo quizá dos excepciones. Su origen se encuentra ligado a otros ámbitos y se movieron indistintamente entre la producción agrícola, el comercio, el mundo financiero, los ferrocarriles y la extracción de materias primas. Entre ellos se encuentran quienes formularon los nuevos códigos legales y los instrumentos normativos que regularon la ejecución de las actividades de desarrollo que llevarían a México hacia la modernidad. Sus conocimientos fueron clave para lograr modelos y reglamentaciones. Se trata de hombres ilustrados, de ideología liberal, una parte egresados de la Escuela Nacional Preparatoria, profesionistas destacados, abogados, ingenieros, economistas, escritores, arquitectos e, incluso, alguno que otro que formó parte de la Iglesia católica, pero todos actores representativos de la política, el gobierno y la diplomacia porfirista.
En estas páginas distinguimos a nuestros personajes de acuerdo con su cercanía con Porfirio Díaz. Los primeros formaron parte del estrecho círculo del presidente. Su estudio revela el poder y el grado de influencia adquirido por estos hombres. Abordamos después a personajes que dejaron su huella en el campo del derecho, la arquitectura, la ciencia y la cultura en general. El texto que abre esta colección muestra a Matías Romero como un empresario que busca ser eficiente, un inversionista cauteloso, estudioso a detalle de las mejores posibilidades de incursionar en negocios productivos. Para ello recurre al auxilio de sus lazos de familia y compadrazgo. Mónica Toussaint demuestra cómo funcionaban estos vínculos y cómo se mezclaban los intereses personales con las propuestas para favorecer regiones específicas que eran potencialmente muy productivas y susceptibles de desarrollarse. Documenta el intercambio de favores entre familiares y autoridades políticas y el uso del compadrazgo como herramienta de poder político. A través del estudio de los vínculos de cuatro personajes –Matías Romero, Juan Avendaño, Pantaleón Domínguez y Sebastián Escobar– reconstruye aspectos de la vida política chiapaneca y el peso del parentesco y del compadrazgo en la toma de decisiones y, por otra parte, la influencia de estos actores en Romero y en el adelanto de los negocios comunes.
Marisa Pérez Domínguez orienta su mirada al periodo formativo de Olegario Molina, a su trayectoria inicial, haciendo hincapié en la creación de redes y vínculos que fueron locales y regionales primero, se ampliaron más tarde en la ciudad de México cuando fue diputado, y crecieron al enlazarse con el sistema internacional. El estudio retoma las relaciones establecidas en la época de la estancia de Molina en la capital del país como la base de su postulación a la gubernatura de Yucatán, misma que logró para el periodo 1902-1906. La autora subraya la correlación entre el perfil de Molina y los objetivos de las redes que lo impulsaron en su carrera política.
Un individuo que participó activamente en diversos procesos que hicieron posible la modernidad tan pregonada durante el porfiriato fue Julio Limantour, un empresario, banquero e inversionista que se casó con Elena Mariscal, hija del secretario de Relaciones Exteriores. El texto de Laura Muñoz enfatiza en la agencia individual y el soporte que le proveen las redes familiares y de negocios. El acercamiento a la vida de un personaje de la elite y a su matrimonio con la hija de un ministro del gobierno es una oportunidad para observar los vínculos construidos dentro de la elite, detectar sus características y mecanismos de funcionamiento y ver, en este caso particular, cómo se unen los negocios y la diplomacia, pero también, examinando su participación en el desarrollo industrial y en la banca, constatamos su apoyo e impulso a la modernización. Con su actuación en lo político contribuyó a transformar los ordenamientos administrativos y las normas, mientras que en lo social, junto con Elena, favoreció la transformación cultural perfilada por el consumo.
Los personajes abordados por María del Rosario Rodríguez Díaz y por Olimpia Reyes Pineda fueron claves en el ámbito diplomático, particularmente en el periodo final del porfiriato. Rodríguez Díaz estudia a Francisco León de la Barra como embajador de México en Estados Unidos durante los años 1909-1910, cuando actuó consistentemente para resolver las confrontaciones causadas por los movimientos antiporfiristas que operaron en la frontera norte y que afectaban la relación mexicano-estadunidense. Su investigación busca sopesar los vínculos que construyó este diplomático con sus pares en Estados Unidos y con actores políticos importantes de ese país en el despliegue de las estrategias que llevó a cabo para cumplir su misión y las relaciones de poder tejidas con personajes como José Yves Limantour, Joaquín D. Casasús y Enrique Creel. Los datos biográficos que ofrece la autora abonan de manera significativa para conocer a este personaje, lo revelan como un individuo de amplia experiencia en el mundo de la diplomacia y como jurista avezado en el derecho internacional. Reyes Pineda examina la figura de Creel enfocando su mirada en sus actividades a su regreso del exilio, periodo en el que colaboró con Venustiano Carranza y con Álvaro Obregón. Con su investigación contribuye a conocer cómo fue la transición después de la revolución y cómo se reacomodaron las elites porfiristas durante la reconstrucción de la política –de la que algunos se excluyeron– y de la actividad económica –en la que otros participaron activamente–.
La conjunción del proyecto modernizador y la necesidad de atraer inversiones extranjeras requirió de profesionales que representaran y defendieran a los inversionistas nacionales y extranjeros. Claudia Ortiz Hernández analiza la trayectoria de dos abogados de empresas y cómo a través de su profesión y despacho se relacionaron con el poder político y económico. Se trata de Manuel Calero y Sierra y Jorge Vera Estañol y Pérez, quienes aprovecharon los cambios en materia mercantil, el surgimiento de las sociedades anónimas y la posición que obtuvieron como asesores de empresarios mexicanos y, sobre todo extranjeros, para desempeñarse como profesionistas exitosos en una época de cambios. Como marco para su análisis, Ortiz Hernández señala que la especialización en el derecho mercantil respondió a la participación de México en el comercio internacional y que no fueron muchos los abogados que lograron el reconocimiento en ese campo; sin embargo, para quienes lo lograron, el apoyo de sus vínculos personales y profesionales fue fundamental. Al analizar a dos personajes recupera el carácter y combinación de las redes que cada uno mantenía y construía.
Por su parte, Francisco Navarro muestra el entramado y la diversidad de los vínculos que se pusieron en juego en la construcción del templo expiatorio San Felipe de Jesús, que constituyó, asegura el autor, una alegoría del restablecimiento de relaciones amistosas entre la Iglesia y el Estado durante la época de Díaz. A lo largo del texto, atestiguamos el desempeño eficaz y efectivo de la red formada por el presbítero José Antonio Plancarte y Labastida –entonces abad de la Basílica de Guadalupe– y los hermanos Dondé Preciat –Rafael, político y empresario, y Emilio, arquitecto, quien se encargó del diseño y obras del templo–, y observamos cómo este pequeño grupo logró apoyo de otros personajes como el arzobispo de México, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, Carmen Romero Rubio de Díaz, Félix Cuevas, y de la feligresía, gracias, ante todo, al ambiente propicio a partir del diálogo y las relaciones cordiales con el clero. Sin embargo, en este cuadro queda evidenciada tanto la agencia de Plancarte, el impulsor y columna del proyecto de construcción, como la constitución de una red de personajes que escapan a la caracterización tradicional de “elites liberales”, una red formada por un abad ordenado en Roma, un arzobispo –quizá el más conservador del siglo xix–, una feligresía ferviente, un expolítico liberal juarista y su hermano, un profesionista que estudió un arte liberal en Europa. Esa red, sostiene el autor, operó a través de los mecanismos de la economía y la política liberal para materializar un artilugio espiritual –el templo– dedicado a la expiación de los pecados de la cultura liberal. Un tema muy atractivo y novedoso en este trabajo es la referencia a la adopción del estilo arquitectónico neorrománico y neogótico para las edificaciones religiosas con las que este grupo de porfiristas notables incidió en la reconfiguración de la estética arquitectónica en la ciudad de México, transformando su fisonomía.
En la investigación de Luz Javier Zaragoza quedan realzadas las contribuciones de Ezequiel Ordoñez al desarrollo de la geología del petróleo en México y por extensión; se aprecia la profesionalización de una actividad que se vio favorecida, entre otras cosas, por el apoyo oficial para formar ingenieros. La narración parte de los primeros años de vida del personaje –de origen socioeconómico muy diferente al de la mayoría de otros abordados en estas páginas– y vincula su infancia con el entorno en San Miguel Regla como un elemento significativo en su formación y práctica como hombre de ciencia. Uno de los aspectos relevantes de este acercamiento es la atención puesta, por un lado, a la intervención de intereses extranjeros en la explotación del crudo y, por otro, a la respuesta de las autoridades para ordenar, regular y tener contrapesos en el desarrollo de esta industria. Y en medio de esto, la propuesta de un modelo científico de ubicación y, por ende, de explotación del crudo. A partir de la vida y acciones de Ezequiel Ordoñez nos enteramos cómo se concibió y desarrolló la geología del petróleo en México, y vemos cómo, en su caso, también los intereses personales se funden con los del proyecto de país.
Finalmente, no todas las redes que sustentaron las actividades de nuestros personajes fueron de tipo económico o político, también fueron culturales y, en algunos casos, mucho más complejas, al vincular intereses diversos, incluidos los religiosos. Un ejemplo del funcionamiento de redes culturales se identifica en el trabajo de Elsa Aguilar Casas, quien dedica su atención a un personaje que le es familiar, Nemesio García Naranjo. Pero en esta ocasión indaga en los años de juventud, especialmente en sus primeros tiempos en la ciudad de México, cuando llegó muy joven para continuar sus estudios. Se trata del periodo previo a su incursión en la vida política, en el cual formó parte del grupo alrededor de Genaro García, preocupado entonces por el estudio del pasado. Ese momento se identifica con la construcción de “la historia patria”.5 García Naranjo no estaba exento de acudir a las redes políticas familiares, pero, en esta ocasión, la autora pone especial atención a la manera en que algunos jóvenes de entonces tejían sus redes socioculturales entre ellos y con el grupo en el poder. El ambiente que retrata, en el que muestra la vida social de García Naranjo, los lugares que frecuentaba y sus preocupaciones para resolver la vida cotidiana, enriquecen el conocimiento de una época compleja de este país.
Utilizando documentos oficiales y particulares, artículos de prensa y una bibliografía y hemerografía robustas, cada uno de los autores hurgó en los vínculos sociales y culturales, en las conexiones familiares, en la relación con el poder y en los nexos profesionales, políticos y de intereses económicos de los nueve personajes abordados. Con ello, cada uno de los capítulos reconstruye episodios de la actividad política, científica, cultural, empresarial o de gestión pública de los personajes referidos, mostrándolos como entes dinámicos en su interacción con los sectores económico, político y social de México, Estados Unidos y Centroamérica, y visibiliza la complejidad del periodo histórico en sus múltiples esferas, en términos de la diversidad de sus personajes, los modos de asociación, los mecanismos empleados y el grado de agencia individual dentro de los procesos modernizadores.
Todas las investigaciones fueron discutidas en el seminario Porfiristas Notables, Promotores del Progreso y la Modernidad, al que pertenecemos colegas del Instituto Mora, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa y la Universidad Nacional Autónoma de México. Un grupo con formación diversa. Dicho seminario ha sido un espacio de conversación en torno a la vida y actividad de esos personajes del México porfirista, algunos de los cuales pudieron mantenerse activos en el periodo posrevolucionario. Creemos también que el diálogo establecido nos permitió reflexionar acerca del complejo significado del papel del individuo en el desarrollo histórico.
Los primeros resultados de las investigaciones que forman este libro fueron presentados en dos coloquios celebrados en 2021 y 2023, y para esta edición fue preparada la versión final, corregida y completada de cada una de las colaboraciones. Agradecemos el trabajo esmerado de Fátima Castillo y Claudia Ortiz, quienes revisaron con entusiasmo y profesionalismo cada uno de los capítulos, cuidando la edición del libro.
Una de las cosas interesantes que surgieron de escudriñar en la vida de las figuras seleccionadas fue que, conociéndose varios de ellos entre sí, o estando vinculados, pareciera que vivían en mundos diversos. Por ejemplo el ambiente que frecuentaba García Naranjo frente al que era propio de Olegario Molina o de Enrique Creel. También identificamos la presencia de personajes cuyo estudio no fue incluido aquí, que se mencionan en diferentes textos por su importante actividad en diversos campos, o por interactuar con otros personajes que no se relacionaron entre sí, como Joaquín D. Casasús. Otras personalidades se asomaron insistentemente porque fueron el centro que enlazó a varios de los individuos aquí estudiados, tal es el caso de Manuel Romero Rubio, Rosendo Pineda o de José Yves Limantour.
Encontramos que varios de nuestros personajes siguieron la misma ruta en su carrera, fueron síndicos o regidores en los ayuntamientos, diputados, diplomáticos, funcionarios públicos y, la mayoría, paralelamente, hombres de negocios. Todos abonaron a la modernización y al progreso del país con su actividad como empresarios, en el gobierno o en el estudio de ciertos temas. Y todos, al fin y al cabo, entrevieron el vínculo entre sus intereses personales y los de la nación. En todos los casos constatamos la función clara de sus relaciones sociales, políticas y económicas. Todos fueron personajes que actuaron tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Buscar su individualidad nos llevó a indagar en sus vidas. Con Krauze, creemos que “cercado por el azar, la necesidad, las pasiones y los elementos, el hombre tiene, con todo, un voto de calidad en la historia. Por eso la historia escrita no puede prescindir de la biografía”.6 De ahí que dediquemos estas páginas a la vida de estos personajes notables para iniciar sus biografías.
Caine, Barbara, Biography and history, Houndmills, Palgrave MacMillan, 2010.
Gónzalez, Luis, La ronda de las generaciones. Los protagonistas de la Reforma y la revolución mexicana, México, sep, 1984.
Krauze, Enrique, Mexicanos eminentes, México, Maxi Tusquets Editores, 2012.
Maria y Campos, Alfonso de, “Porfirianos prominentes. Orígenes y años de juventud de ocho integrantes del grupo de los Científicos: 1846-1876”, Historia Mexicana, El Colegio de México, vol. 34, núm. 4, abril-junio, 1985, México, pp. 610-661.
Montiel Rogel, Patricia, “Genaro García y la historia en la construcción de la nación. Los festejos del Centenario” en Laura Muñoz (coord.), Actores y temas de las relaciones de México y sus fronteras, México, Instituto Mora, 2018, pp. 68-91.
Tenorio Trillo, Mauricio y Aurora Gómez Galvarriato, El porfiriato, México, cide/fce, 2006.
Notas
1 Tenorio y Gómez, El porfiriato, 2006.
2 Maria y Campos, “Porfirianos prominentes”, 1985.
3 González, La ronda de las generaciones, 1984, p. 5.
4 Caine, Biography and history, 2010.
5 Sobre este tema véase Montiel, “Genaro García”, 2018, pp. 68-91.
6 Krauze, Mexicanos eminentes, 2012, pp. 28-29.
Mónica Toussaint
Matías Romero fue un político liberal del siglo xix, colaborador del presidente Benito Juárez durante toda la guerra de Reforma, representante de México en Estados Unidos en la década de los años sesenta y portavoz de la política exterior ante el gobierno de Washington. Volvió a México en 1867 y en enero de 1868 se hizo cargo del Ministerio de Hacienda, en donde permaneció hasta 1872, año en el que renunció y emprendió una aventura como empresario cafetalero en el Soconusco, convencido de que era importante encontrar un lugar en el territorio nacional para hacerlo prosperar, fomentar el desarrollo nacional y, al mismo tiempo, llevar a cabo sus negocios personales.
Durante el tiempo que estuvo a cargo del Ministerio de Hacienda, Romero se empeñó en promover el desarrollo en el Soconusco y se dedicó a obtener información sobre la producción agrícola en la zona, en particular acerca de productos como el café, el hule, el mango y la vainilla. Asimismo, buscó fortalecer la seguridad en esta región fronteriza, tanto por el incremento de los conflictos derivados de la guerra de Castas como por la indefinición de los límites con los países vecinos del sur: Guatemala y Belice.1 Simultáneamente, envió diversas propuestas al Congreso para impulsar la economía en la región, entre ellas, habilitar un puerto para el comercio extranjero, celebrar contratos con compañías de vapores, construir un camino carretero hacia México, tender cables telegráficos y estimular la exportación de productos agrícolas.
Su tío, Juan Avendaño, fue diputado federal por Chiapas entre 1868 y finales de los años setenta. En Oaxaca tenía una plantación de añil, que ya para esos años no era rentable en absoluto, debido al declive del precio del colorante en el mercado internacional. Parece que después intentó explotar el tabaco, pero no tenemos más datos al respecto. Al mismo tiempo se hizo de alguna propiedad en Chiapas, por lo que parece ser que él fue uno de los personajes que hicieron que su sobrino se interesara en la región.
Existe mucha correspondencia enviada por Avendaño a Romero en la que le sugería con insistencia el nombramiento de ciertas personas en empleos públicos, aduanas y jefaturas de Hacienda en Chiapas o en Oaxaca, y le informaba continuamente sobre la situación política en el sur de México. También hablaban de emprender transacciones en común o fungir como mediadores en los negocios de otros.
Destaca también la relación estrecha entre Avendaño y Pantaleón Domínguez, gobernador del estado de Chiapas de 1865 a 1875, siendo incluso compadres. Domínguez se dirigía a Romero, ya fuera a través de su tío o de manera directa, con la finalidad de obtener su respaldo y garantizar el control de lo que sucedía en el Soconusco. En la correspondencia se percibe una alianza sólida entre Domínguez y Avendaño, por lo que es evidente que el compadrazgo iba más allá de lo estrictamente familiar y se había convertido en una herramienta de poder político.
Y se agrega otro actor: Sebastián Escobar, jefe político del Soconusco desde 1864, quien estaba en conflicto continuo con el gobernador de Chiapas y trataba por todos los medios de obtener el favor de Romero para promover el desarrollo en la región, además de estar genuinamente preocupado por la seguridad en la frontera sur, lo que lo llevó a solicitar armas para la protección de esta zona.2
A principios de 1871 apareció publicada en la Revista Universal una nota que hacía referencia a que el Monitor había llamado la atención sobre un hecho muy significativo en torno a ciertos cambios efectuados en el personal de la aduana marítima de Veracruz por orden del Ministerio de Hacienda. La nota decía que uno de los empleados fue removido y enviado a la aduana de Tampico y sustituido con una “persona que se supone adicta personalmente al Sr. D. Benito Juárez”.3
Al respecto, en el Diario Oficial se explicó que la ley prohibía que hubiera en una oficina personas relacionadas por lazos íntimos de parentesco. Esto fue aplaudido por los editores de la Revista Universal, pero lanzaron un fuerte cuestionamiento:
Nosotros decimos que la ley ha sido previsora y que aplaudimos sus disposiciones; pero nos ocurre añadir: si no es conveniente que en una oficina haya empleados que sean parientes cercanos, porque podrían más fácilmente que otros combinarse para defraudar al Erario o algún particular, mucho menos debiera consentirse que un pariente del ministro de Hacienda, por ejemplo, se encargue de gestionar negocios que el mismo ministro ha de despachar.
Esta observación nos ocurre al saber que el Sr. D. Matías Romero tiene un tío cuyo nombre es D. Juan Avendaño, quien, según se dice, patrocina admirablemente ciertos negocillos.4
Se trataba de una acusación muy directa, con nombre y apellido, en contra tanto de Romero como de Avendaño, en la cual se ponía en cuestión la actuación del ministro y si en su gestión había favorecido a su tío y a otros personajes con vínculos de amistad o de familia. La respuesta de Avendaño en el mismo medio apareció de inmediato para desmentir las afirmaciones publicadas, pidiendo una aclaración y solicitando que se precisara a qué negocios se hacía referencia en la nota:
Señores redactores de la Revista Universal. Casa de ustedes, enero 10 de 1871. Muy señores míos: En el periódico que ustedes redactan, correspondiente al día de hoy, se dice que D. Matías Romero tiene un tío, cuyo nombre es el que suscribe, quien patrocina admirablemente ciertos negocillos.
Espero que por la caballerosidad que en la prensa se observa, tengan ustedes la bondad de precisar cuáles son los negocillos que patrocino en el ministerio de Hacienda, aun prescindiendo de que tal patrocinio se verifique admirablemente, pues me parece que primero es saber y probar el hecho, para que después pueda calificarse.
Seguro de que no tengo la menor injerencia en los asuntos a que ustedes se refieren, no dudo que publicarán esta carta, por honor de la verdad y como vindicación a que se juzga acreedor quien es de ustedes S. S. Juan Avendaño.5
Con la simple lectura de esa referencia crítica de la Revista Universal es difícil sacar conclusiones fundadas. Sin embargo, hemos detectado en la correspondencia personal de Romero continuas menciones respecto de su interés en la región sur de México, en donde tanto Avendaño como Domínguez tenían en juego sus intereses políticos y económicos; permanentes solicitudes de apoyo para colocar en ciertos puestos a sus conocidos;6 pedidos de respaldo financiero para la región, y referencias a negocios conjuntos en distintos puntos del país.
Por ello, en este capítulo buscamos dar a conocer los vínculos entre Romero, Avendaño, Domínguez y Escobar a través de dos ejes de análisis: el primero tiene que ver con la vida política regional chiapaneca y el peso que tenían el parentesco y el compadrazgo a la hora de tomar decisiones que atañían al Soconusco. Y el segundo está relacionado con los negocios comunes y la influencia que ejercían sobre Romero estos actores, por medio de sus recomendaciones, para lograr que sus conocidos ocuparan determinados cargos.7
Aunque la correspondencia es muy amplia, en este trabajo analizaremos únicamente los años durante los cuales Romero estuvo al frente del Ministerio de Hacienda, sobre todo el intercambio epistolar entre 1869 y 1871, antes de que renunciara a su cargo y emprendiera la aventura de cultivar café y otros productos en el Soconusco, además de aprovechar sus contactos para promover algunos negocios en Guatemala, al tiempo que entraba en contacto con el caudillo liberal guatemalteco Justo Rufino Barrios.8
Desde 1867 encontramos referencias a los lazos entre Romero, Avendaño y Domínguez. Estos dos últimos se reunieron en múltiples ocasiones en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y aprovecharon para comentar tanto acerca de la política nacional como de lo que acontecía en el estado. Asimismo, en algunas de las cartas enviadas a Romero, el uno o el otro le pedían incluir algún mensaje u otra misiva de “su compadre”, lo que demuestra la cercanía entre los tres, o en ocasiones adjuntaban también correspondencia para el propio Benito Juárez, así como algún ejemplar de un periódico del estado.9
Ya, en 1869, Domínguez escribió a Romero agradeciendo la buena disposición, expresada a través de su compadre Juan Avendaño, “para defenderme ante el gran jurado en mi acusación que injustamente me hizo D. Ángel Albino Corzo.10 Mucho le agradezco a Ud. su tan generosa oferta y aunque en mi concepto creo que debe haber terminado ya en los días últimos del mes pasado, si así no fuere y hubiere quedado pendiente dicho asunto lo molestaré a Ud. fiado de su buena amistad para conmigo.”11
Un tema fundamental en la correspondencia entre estos tres personajes era el relativo a la guerra de Castas en el sureste mexicano. Domínguez le daba informes detallados a Avendaño y luego le pedía que a su vez lo comentara con Romero para mantenerlo al tanto del estado que guardaba la guerra. En particular, Domínguez le pedía a Romero su apoyo para auxiliar a Chiapas con armas y no con fuerza armada, “porque ésta nos perjudicaría por la falta de recursos y por otra parte aquí nos sobran hombres que sirven por medio sueldo, de manera que lo que se necesita son armas”.12
También lo ponía al tanto de los resultados de las elecciones en el estado, pues corría el rumor de que se habían perdido. Daba cuenta de que la primaria sólo se perdió en un departamento, que era el de Tuxtla, donde residían los jefes de la oposición al gobierno liberal,13 pero destacaba que en los demás departamentos habían ganado. Respecto a las elecciones del Congreso general, le informaba que triunfaron de forma mayoritaria sin presencia de la oposición.
En cuanto a las elecciones del Congreso general se ganaron redondas porque si bien debió haber salido el Sr. Gral. García en el quinto distrito y salió electo D. Cristóbal Salas con seis votos más, fue a causa de la falta de concurrencia de electores con motivo de la Guerra de Castas, pero para gobierno de Ud. el Sr. Salas, D. Cristóbal es amigo y no pertenece a la oposición. En el primer distrito salió electo propietario el Lic. Ramos, en el segundo un compadre, el Sr. Avendaño. En el cuarto el licenciado D. Juan Sánchez Azcona y en el quinto el Sr. Salas.14
Domínguez mencionaba que, gracias a sus esfuerzos, la insurrección de indios se iba calmando, y por ello estaba convencido de que pronto estaría restablecido el orden público.15 Sobre el mismo tema, el propio Juan Avendaño también le mandaba noticias a Romero.
La Guerra de Castas se prolonga en el Estado debido a que la chusma de indios hacen la guerra de montaña y no presentan acción, entre tanto, hace el gobernador crecidos gastos que no puede sostener, careciendo además de armamento y de todos los útiles de guerra, por lo mismo te recomiendo que si tuvieses oportunidad le indiques al Sr. Juárez auxilio a Chiapas con alguna muestra de guerra en obsequio a la unanimidad, pues estas bandadas de bárbaros han acabado con muchas haciendas, por lo que están arruinando la poca riqueza del país.16
La preocupación de Avendaño era evidente y en sucesivas misivas no dejó de mencionarle el tema a Romero, sobre todo porque esperaba recibir el apoyo en armas por parte del gobierno de Juárez para combatir a los indígenas sublevados. Le explicaba que los indios adoptaron la guerra de montaña y que el gobierno de Chiapas no tenía los recursos necesarios para llevar a cabo una persecución activa y violenta, pues la guerra estaba arruinando la poca riqueza que quedaba y los indios habían invadido varias fincas particulares, llevándose todo lo que encontraron en ellas y dejándolas totalmente asoladas. Por ello le rogaba que se lo hiciera saber al presidente para que el gobierno federal pudiera prestarles auxilio a los chiapanecos.17
Asimismo, hacía referencia a sus constantes visitas y conversaciones con Domínguez y otros personajes de la política chiapaneca, agregando información acerca de un enviado del gobernador al estado de Tabasco para conseguir 400 fusiles, quien encontró a ese estado muy alarmado por la guerra.18
De forma precisa, Avendaño envió una misiva a Romero para informarle que recibió una carta “de nuestro amigo Domínguez”, quien le suplicaba que le escribiera para recomendarle apoyar una iniciativa que la legislatura de ese estado remitió al Congreso de la Unión, pidiendo recursos y armas para la conclusión de la guerra de Castas. Sin embargo, temeroso de no conseguir dicho apoyo, solicitó también la exención por un año “del 25% adicional sobre las contribuciones que imponga el Congreso del Estado, con la que podrá atender a la Guerra”.19
Antes de concluir 1869, Avendaño relató a Romero que en noviembre se tenía pensado emprender la campaña en contra de los indios, para lo cual, el 30 de octubre, salieron 600 hombres de San Cristóbal para unirse con otros 400, presentes ya en Simojovel, por lo que esperaba que pronto se tuvieran noticias sobre la guerra.
Romero respondió a Avendaño para comunicarle que ya se había presentado al Congreso “un proyecto para dar al Estado de Chiapas una subvención de 3 000 pesos mensuales por seis meses”.20 Además, expresaba su deseo de “un completo éxito al gobierno de ese estado en las operaciones que va a emprender contra los sublevados”.21 Ello coincidió con la preocupación expresada por su tío en el sentido de comunicarle que un número considerable de indios seguía perjudicando el Departamento de Simojovel, por lo que el gobernador Domínguez dispuso abrir la campaña militar a partir de noviembre, para lo cual envío una iniciativa con el fin de recibir mayores contribuciones, en cantidad suficiente, para contrarrestar el avance de la guerra de Castas en Chiapas.22
Pocos días después, Avendaño le envió una nueva misiva a Romero para manifestarle su alegría debido a que la Cámara había aprobado el proyecto presentado por la diputación de Chiapas sobre la subvención de 3 000 pesos mensuales por seis meses, además de otorgarles 600 fusiles. Le informaba también que Domínguez le dio la noticia de que una parte de las fuerzas que perseguían a los indios entraron en combate y los habían derrotado, enfrentamiento que había tenido como resultado la captura de muchos prisioneros y alrededor de 60 muertos, además de haberles confiscado una buena cantidad de víveres que encontraron en su campamento.23
Justo antes de terminar el año, el tío informó a su sobrino que tuvo lugar “un encuentro de una chusma de indios con las fuerzas del gobierno, en el cual han muerto cosa de veinte hombres de ellos y se han reconcentrado en las montañas”.24 También le aclaró que el gobernador Domínguez recibió a los reemplazos que le tocaron al estado, que eran cerca de 100 hombres, pero que tuvo que desechar a una gran parte de ellos, y sólo quedaron 50 o 60 elementos militares para combatir a los indios en la montaña.25 En su opinión, la guerra de Castas iba desapareciendo poco a poco debido a que, a pesar de que se les perseguía, “los indios no presentan acción”.26
A lo largo de 1869, Romero escribió a Avendaño para invitarlo a pasar unos días con su familia, lo que hacía evidente la cercanía entre ambos. Romero firmaba siempre como su sobrino y amigo, y aprovechaba esas cartas para mandarle algunos impresos al gobernador de Chiapas, pues la relación entre este y Avendaño era a todas luces muy íntima.27 A su vez, Romero le hacía llegar a Juárez alguna correspondencia de Avendaño, con lo cual cumplía fielmente el papel de intermediario entre su tío y el presidente.28
Al iniciar 1870, Juan Avendaño notificó a su sobrino que lo visitaría en la capital en su carácter de jefe de Hacienda del país y le pidió que se lo informara al presidente Juárez. Asimismo, le daba gusto comunicarle que a pesar de haber encontrado en Chiapas una situación de división, en ese momento ya había uniformidad. Todo ello a pesar de que la oposición se había empeñado en alarmar al país, pero en sus propias palabras, “este Gobierno y el estado andan bien y en perfecto acuerdo con la legalidad”.29
Un punto que merece mención especial en esta correspondencia es el relativo a la situación en la frontera con Guatemala, debido a la falta de un tratado de límites, lo que ocasionaba constantes conflictos y fricciones con el gobierno del país vecino.30 Existían rumores persistentes de una posible invasión por parte de los guatemaltecos y de ahí las constantes solicitudes de armas y recursos para organizar la defensa de los propios chiapanecos. Sin embargo, Pantaleón Domínguez le aclaraba a Romero:
La situación en la frontera del Soconusco no es como la pinta Escobar porque en realidad no hay más que fijarse en que el gobierno de Guatemala da auxilio a los emigrados que existen en aquella república, pero se dice que el mismo gobierno de Guatemala lo hace como para ver si así nos espantamos, porque por allá corre la voz de que el gobierno de México va a dar dos mil hombres a los enemigos de Centro-América, pero estos no pasan de chismarajos. Si bien puede llegarse el caso de que algún día el gobierno de Guatemala repita esos abusos que en tiempo del gobierno de Carrera se cometió, son bastantes nuestras fuerzas para repelerlos como lo hemos hecho en otros tiempos, y si llegase el caso de que necesitemos de auxilio de fuerza federal la pediré.
Domínguez agregaba que Escobar era enemigo de que llegaran fuerzas externas al Soconusco, aunque fueran del mismo estado de Chiapas, debido a que no quería perder el control, pero el gobernador sí estaba convencido de su necesidad y por eso le pedía a Romero el envío de fuerzas federales y armas. De oficio pensaba pedir, a sugerencia del propio Romero, 200 o 300 fusiles para ver si le daban al menos 100 o 200. Consideraba que bastaban 100 armas por tratarse de un departamento pequeño, además de que no era conveniente darles demasiado armamento porque era una región muy distante de la capital del estado de Chiapas y “no han dejado de ser inquietos como en otros tiempos”.31
Para evitar tensiones con Escobar, Domínguez sugería que Romero le informara de esta petición de armas para el Soconusco y de sus gestiones para que el presidente Juárez autorizara el envío. De todos modos, le recomendaba que, en caso de tener cualquier duda, le pidiera a Avendaño información respecto al Soconusco y todo lo que quisiera saber sobre el particular.32 Por último, Domínguez insistía en que era necesario que llegara el día en que el gobierno tratara de arreglar los límites con Guatemala, pues esa era “la causa de tantísimas molestias que recibimos de aquella república”.33
Sebastián Escobar escribió a Romero a mediados de 1871 afirmando que no era necesaria la remisión de una fuerza federal a ese departamento fronterizo “por estar casi asegurada nuestra paz con el triunfo de García Granados en su país”.34 En su opinión, “la regeneración política de aquel país –Guatemala– nos debe ofrecer las garantías apetecidas y nos evitará llevarle la guerra en busca de reparación de agravios inferidos a nuestra patria”.35 Deseaba dejar de lado las cuestiones políticas y seguir con la obra de promover la organización agrícola en el Soconusco, tal como había hecho Romero hasta entonces.
Asimismo, agradecía la preocupación de Romero por esa región tan alejada del centro del país y se mostraba muy agradecido debido a que esta había permanecido abandonada a sus propios esfuerzos por demasiado tiempo. Era una frontera olvidada, en donde el Estado mexicano tenía una limitada presencia, y por eso Escobar dudaba mucho que les llegaran las armas que prometió Romero, no porque el ministro no cumpliera su compromiso, sino porque las detuviera el gobernador de Chiapas.36 Eran evidentes las pugnas entre Pantaleón Domínguez y Sebastián Escobar y, por ello, el jefe del Soconusco reiteraba:
Yo deseo equivocarme y que Ud. triunfe con el cumplimiento de su propósito en el deseo de darnos garantías, porque en mi equivocación veo afianzada nuestra tranquilidad y nuestros intereses. En vista de los ofrecimientos que le hace el Sr. Domínguez en su carta de 22 de mayo que en copia me remite, no desisto de creer que las trescientas armas no vengan. No es posible explicar las causas en que me fundo en tal cosa en la presente; el tiempo servirá de juez resolutivo en mi error o en afirmar mis opiniones. Me bastan los esfuerzos hechos por Ud. en afianzar la seguridad de la frontera para que le sea muy grato.37
Escobar argumentaba haber sostenido el orden constitucional en la frontera sur de México y haber defendido el nombre de Juárez como presidente de la república, con su persona e intereses. Por eso se sentía ofendido por algunos comentarios de Juan Avendaño en su contra y los atribuía a su cercanía con Domínguez, por ser ambos compadres.38
El jefe político del Soconusco se veía a sí mismo como un hombre campesino, temeroso de incurrir en desatinos, porque para él era desconocido el arte de escribir, además de tener una inteligencia cerrada, y tenía miedo de herir las susceptibilidades de otros con sus opiniones. Por ello, había preferido no molestar al presidente Juárez con cartas, ya fueran aduladoras o con información acerca de lo que pasaba en el Soconusco, “porque temí quitarle el tiempo que necesariamente debía ocupar en atenciones de interés nacional”.39
Lo único que quería Escobar era persuadir a Romero de que “un amigo en esa capital ha herido no sólo la delicadeza de la misma amistad sino la de un hombre honrado sin aspiraciones más que al bien procomunal de la Nación”.40 A fin de cuentas, tanto para Avendaño, como para Domínguez y Escobar, era fundamental contar con el apoyo de Romero y hacían todo lo posible por granjearse su amistad y su reconocimiento.
A solicitud de una aclaración por parte de Romero, Domínguez le hizo saber al ministro que, con seguridad, mandaría los fusiles para los nacionales del Departamento del Soconusco. Sin embargo, eso no sería muy pronto, debido a que era necesario que desaparecieran los temores por los conflictos ocasionados por los emigrados de Tuxtla en los pueblos fronterizos del estado de Oaxaca, muy cerca del único camino que existía hacia el Soconusco. Además, consideraba que, para mandar las armas a esa región, debía contar con 200 hombres que garantizaran la entrega, pero como se había reavivado la guerra de Castas y tenía que cuidar la frontera de Oaxaca, no le era posible prescindir de esa fuerza, de modo que los fusiles serían enviados un poco después.41
Para reforzar su argumento, sostenía que era falso que pudiera temerse una invasión de Centroamérica al Soconusco, debido a que “ya no existe el gobierno despótico que había en aquella; hoy está derrotado el presidente Cerna y hoy lo es el señor Granados”.42 Con todo, le aseguraba que seguiría al pie de la letra su recomendación de enviar las armas a la frontera en cuanto le fuera posible.
En la misma misiva, Domínguez informaba a Romero que recibió el Diario Oficial en el cual leyó las medidas propuestas a favor del estado de Chiapas, por lo cual le expresaba su enorme agradecimiento. También le comunicaba que fue reelecto gobernador casi por unanimidad de votos “y como tal me tiene Ud. a sus órdenes”.43 A ello se agregaba que Juárez había salido reelecto en ese estado con excepción de un poco más de 30 votos que obtuvo el general Díaz, además de que Avendaño y otros aliados fueron reelectos diputados propietarios. Así, el poder de ese grupo se consolidaba cada vez más en la región.
Mientras tanto, Escobar no dejaba de hacer su lucha para obtener los favores de Romero y le reiteraba que:
la regeneración del Soconusco depende directamente del empeño que Ud. ha tomado en favorecerla, alcanzando por cuantos medios le han sido posibles, el desarrollo de los ramos de la riqueza, y no desconocemos la parte que en esto ha tomado el amigo D. Juan, por cuyo motivo los soconuscences les estamos muy agradecidos; y no dude Ud. que si para alcanzar tan inestimable fin sea menester sacrificarme lo haré con gusto.44
Deseaba mostrar su aprecio por Romero y por su tío, Juan Avendaño, pues se daba cuenta que con ellos podría obtener apoyo directo para la región, sin depender del gobernador Pantaleón Domínguez, con quien la relación era cada vez menos fluida.
Pero, al mismo tiempo, lanzaba un comentario más en el sentido de que si los esfuerzos hechos por Romero en la gran obra de regenerar el Soconusco no continuaban, “es seguro que yo traslade a Centroamérica buscando el movimiento comercial que ha renacido en el departamento de Retalhuleu, debido a la protección que aquel gobierno les brindó a los labriegos, antes de vivir inacción en que se encuentra este país, por falta de protección”.45 Era una advertencia con el fin de garantizar el apoyo del ministro, aprovechando la situación de indefinición de los límites de México con Guatemala.
No obstante, ante la solicitud de Romero de que se le adquiriera un terreno por medio de una denuncia,46 Escobar le ofrecía venderle una finca de su propiedad, no porque deseara ponerla a la venta, “sino porque tengo gusto en que su propósito de comprar aquí una finca tenga su verificativo”.47 Había que jugar con varias armas: la gratitud, la amabilidad y la amenaza velada. Asimismo, le pedía encarecidamente evitar entrar en conflicto y preocupación por cuestiones relacionadas con las elecciones nacionales y ocupar mejor el tiempo en la gran obra de regenerar el Soconusco.48
Escobar consideraba de vital interés las franquicias que debían concederse al Soconusco, al permitirse la zona libre, pues con este tipo de concesiones se podrían desarrollar los muchísimos ramos de riqueza de la región, para evitar que se viera envuelta en la miseria. También le interesaba que el presidente de la compañía de vapores Correos del Pacífico entrara en arreglos con Romero y que sus vapores tocaran la costa del Soconusco.49 Pero le preocupaba enormemente “el indiferentismo del gobierno supremo de México, generalmente hablando, sobre esta bella región en donde la naturaleza tomó asiento para llenarla de riqueza. En Ud. está mi esperanza de hacer cambiar la situación de este Departamento y sería lamentable que nos retirara su protección en momentos que tanto lo deseamos.”50
Otro punto importante para Escobar era el de remarcar la necesidad de negociar el tratado de límites entre México y Guatemala. Por ello informó a Romero que, con motivo de la expulsión de los jesuitas en el país vecino por parte de los liberales guatemaltecos, hubo una incursión en el Departamento de Santa Rosa contra el gobierno provisional de García Granados, la cual fue controlada, pero con un costo enorme de vidas. Todo había terminado a favor de los liberales, por lo que, en su opinión, estaba seguro de que pronto se podría arreglar un tratado de límites entre ambas repúblicas, conforme a lo que el propio Romero expresó en anteriores comunicaciones.51
Como se ha podido ver, para Escobar, Domínguez y Avendaño era fundamental el apoyo de Romero a sus proyectos en Chiapas y el Soconusco, así como su intervención para contribuir a alcanzar la paz en la región. Por un lado, estaban en juego sus intereses políticos y la capacidad de influir en los destinos de la política local. Pero, al mismo tiempo, en el centro de la búsqueda de estos apoyos se encontraban los negocios de cada uno de ellos, y la necesidad de contar con Romero para colocar a personajes cercanos en distintos puestos clave para favorecer sus intereses (véase mapa 1).
Mapa 1. La región transfronteriza México-Guatemala
Fuente: elaborado por Érika León, Laboratorio de Mapas Participativos (LA.MA.PA).
Romero y Avendaño tenían diversos negocios en común. En marzo de 1869, el sobrino le escribió desde Tapachula para comentarle que llegó hasta el rancho de Suchiate, en donde permaneció varios días después de pernoctar en la hacienda de Santa Rita, propiedad de su amigo don José Encarnación Ibarra. Durante su estancia se ocupó de medir el terreno baldío que había denunciado, aunque tuvo que retornar sin que se concluyera el proceso de medición. Tampoco terminó de reconocer el terreno y comenzar los trabajos agrícolas, pero ello era parte de las dificultades iniciales que había que vencer, y, prácticamente, todas estaban solucionadas.52
Lamentaba haber tenido que ausentarse antes de que los trabajos estuvieran más adelantados, pues su ausencia podría entorpecer alguno de los tantos trabajos pendientes. Pero se había regresado a Tapachula por la necesidad de llegar a Guatemala en los primeros días del mes, y por eso prefirió viajar por la vía del mar, por ser la más fácil, la más barata y la más corta. En consecuencia, el 5 de marzo salió para San Benito, para embarcarse en aquel puerto para San José el mismo día, y así poder llegar a Guatemala alrededor del 10 o 12 del mes, “y creo que las circunstancias son propicias para terminar favorablemente los negocios pendientes que tú conoces”.53
También le explicó que comenzó a hacer en Tapachula algunas compras de café, y consideraba que era fácil ensancharlas y hacer otras de algodón, así como de algunos de los demás artículos de comercio que se producían en la región. Asimismo, lo autorizaba para arrendar a don Luis Ganday la casa del lote número 2, hasta en 50 pesos, bajo las condiciones que le había comunicado en una carta previa, “siempre que no haya quien dé más por ella”.54 Y agregaba: “Si no hay posibilidad de que te paguen en esa ciudad los ochocientos pesos de los caballos, pide una orden sobre esta aduana, siempre que consigas un permiso regular”.55 Por lo visto, era costumbre de Romero encargar sus negocios a su tío, a quien le demostraba plena confianza.
A su vez, el tío recurría a su sobrino siempre que lo consideraba necesario. De ahí que el 27 de julio de 1869 le escribiera desde Puebla para notificarle que viajaría a Veracruz, pero debido a que el trayecto demoraba alrededor de tres días, le recomendaba mucho
tengas la bondad de suplicarle a los Sres. Martínez y Cía. para que detengan el vapor Tabasco hasta el 30 de éste a las doce del día o cuando se considere que llegue el tren de Paso del Macho, pudiendo éste dar aviso por telegrama de inmediato y cargando a la cuenta mía los gastos que por ésta se originen. Te adjunto la cantidad para que la mandes entregar a los Sres. Martínez y Cía., a quienes les mando entregar esta mañana la carta poder para que cobraran los $125 en la tesorería general de la nación.56
Por lo visto, Avendaño confiaba en que Romero podía resolverle cualquier contratiempo y estaba seguro de que el ministro tenía el poder y los contactos suficientes como para detener un vapor durante tres días en un puerto para que esperaran su llegada. Y, en efecto, tres días después, Avendaño abordó el vapor Tabasco, no sin antes comunicarle a Romero acerca de un negocio pendiente que debía solucionarse en la capital a mediados del siguiente mes, para lo cual era indispensable que este expidiera las órdenes necesarias.57
Avendaño solía informar también a Romero acerca de las actividades y preferencias políticas de los empleados federales en Chiapas, quienes se mostraban favorables a que Porfirio Díaz fuera el sucesor de Juárez cuando este concluyera su periodo presidencial. Pensaba que estos funcionarios estaban seguros de conseguir los favores de Díaz,
y para tal efecto no se paran en los medios, pues han logrado hacer en esta población una división y creen seguir estos trabajos para en lo sucesivo, por lo que creo es conveniente separar a estos de los destinos que hoy fungen pues de lo contrario podrá dar por resultado que el estado se envuelva en una anarquía y que en el próximo periodo para presidente de la República no sea tan uniforme el favor del Sr. Juárez o del Sr. Lerdo.58
En el mismo tenor, Pantaleón Domínguez le reportaba que todo el partido liberal del estado enfrentaba serias pugnas internas debido al cambio de los empleados federales,
porque estos señores siguen manejándose mal, apenas se trasladaron a ésta comenzaron ya a trabajar para dividir el partido liberal con intrigas, chismarajos y soltando anónimos. Públicamente dicen que sólo tienen que sufrir dos años asegurando que el Sr. Gral. Díaz será electo presidente y entonces se harán de la situación de este estado, de todo eso me río porque son hombres sin prestigio, pero no me negará Ud. que para lo menos molestan las maquinaciones y trabajos de estos hombres y que es bastante triste que los enemigos del gobierno general y del estado estén ocupando puestos que no merecen.59
Por ello sugería su remoción, con el argumento de que el jefe de Hacienda era primo hermano político del fiscal y hermano político del administrador de correos, y el juez de distrito pariente de todos ellos, por lo que prácticamente era una sola familia la que controlaba esos cargos. Pensaba que “si a estos no se les remueve, más tarde resentiremos todos en algún tanto los trabajos que desde hoy están emprendiendo”.60 Y, en caso de que Romero estuviera dispuesto a removerlos, le recomendaba para juez de distrito a don Flavio Paniagua y para fiscal a don Joaquín Ramírez, personajes cercanos suyos.
En su misiva no dejaba de mencionar que su compadre Avendaño compartía la misma opinión y que seguramente le informaría acerca de la conducta de estos empleados y los abusos que habían cometido, además de ser francamente hostiles para el gobierno del estado de Chiapas.61
Resulta interesante constatar también que el presidente Juárez estaba al tanto de los negocios entre Romero y Avendaño. En una de sus cartas, el primero le informaba a su tío: “hoy hablé al presidente del negocio que me encargaste y tomó apuntes de tu carta”.62 No es claro si se trata de algún tema económico o de cierta cuestión política, pero es un hecho que la comunicación fluía entre Juárez y Avendaño gracias a Romero, aunque este no dejaba de insistirle en que viajara a México para tratar directamente sus asuntos. Mientras tanto, Romero se hacía cargo de las peticiones de su tío, a quien le explicó que ya había hablado con el presidente acerca de las armas que necesitaba el estado de Chiapas “y me contestó que dará la orden al Ministerio de Guerra para que se enviaran de Veracruz”.63
Luego de hablar de temas referentes a la política nacional o de las crecientes dificultades para controlar la guerra de Castas en el estado del sur, Avendaño trataba con Romero asuntos específicos como la muerte del obispo de San Cristóbal a causa de una apoplejía o el cobro de viáticos, por no estar seguro de si era una prestación que le correspondía o no, en virtud de haberse encontrado en la capital en el momento de su elección.64 Podría pensarse, quizá, que esta última información tenía como trasfondo la intención de que Romero lo apoyara para obtener este recurso en su papel de ministro de Hacienda, aunque no se lo pedía de manera explícita.
También le comunicaba acerca de sus diversos negocios, como, por ejemplo, el caso del cultivo del añil que deseaba emprender, pero que no había podido llevar a cabo debido a las malas cosechas por la escasez de agua, lo que había traído como consecuencia una baja notable en el precio del producto que lo hacía poco costeable.65
De manera especial, proporcionaba información acerca de la aduana de Tonalá y sugería que:
habiendo puesto su renuncia el Sr. Ramón Gutiérrez de la aduana de Tonalá, te recomiendo mucho se nombre al Sr. José Víctor Araujo, persona útil y que ha prestado muy buenos servicios a la causa, pues estuvo en el sitio de Puebla y ha fungido aquí otras veces de Jefe de Hacienda, cuyo nombramiento es de acuerdo con el Sr. Domínguez, por lo mismo te lo suplico por ser conveniente hacerlo así. Te suplico se atienda a D. Manuel Toro pues a éste le dejé encomendado algunos encarguitos que están pendientes en esa.66
Como puede observarse, Domínguez y Avendaño aprovechaban los lazos familiares para recomendar remociones o sugerir nombramientos, de acuerdo con sus vínculos políticos y en función de sus intereses económicos. Y, por lo visto, a Romero le parecía bien recibir estos comentarios, pues en ningún documento expresaba su opinión en contra, lo que hace suponer que era una práctica bastante común en la época.
Así, en septiembre de 1869, Avendaño escribió de nueva cuenta a Romero para recordarle su petición sobre la administración del puerto de Tonalá, “la que espero atenderás pues es de acuerdo con el Sr. Domínguez”.67
