Cosette (Los Miserables #2)(Cronos Classics) - Victor Hugo - E-Book

Cosette (Los Miserables #2)(Cronos Classics) E-Book

Victor Hugo

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Beschreibung

Esta versión del libro tiene una tabla de contenido "hipervínculo" En esta segunda parte de los Miserables, el autor presenta un retrato de Jean Valjean, un hombre bueno pero que fue condenado a prisión por haber robado pan para alimentar a su familia. Estando en prisión el hombre intenta varias veces escapar por lo que su condena crece en cada intento. Es liberado después de haber cumplido 19 años en la cárcel. Este tiempo de encierro le cambia la vida, se convierte en un hombre frío y distante...

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Seitenzahl: 107

Veröffentlichungsjahr: 2017

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Table of Contents
Cosette
Victor Hugo
Parte 1 Waterloo
Capítulo 1 El 18 de junio de 1815
Capítulo 2 El campo de batalla por la noche
Parte 2 El navío Orión
Capítulo 1 El número 24.601 se convierte en el 9.430
Capítulo 2 El diablo en Montfermeil
Capítulo 3 La cadena de la argolla se rompe de un solo martillazo
Parte 3 Cumplimiento de una promesa
Capítulo 1 Montfermeil
Capítulo 2 Dos retratos completos
Capítulo 3 Vino para los hombres y agua a los caballos
Capítulo 4 Entrada de una muñeca en escena
Capítulo 5 La niña sola
Capítulo 6 Cosette con el desconocido en la oscuridad
Capítulo 7 Inconvenientes de recibir a un pobre que tal vez es un rico
Capítulo 8 Thenardier maniobra
Capítulo 9 El que busca lo mejor puede hallar lo peor
Capítulo 10 Vuelve a aparecer el número 9.430
Parte 4 Casa Gorbeau
Capítulo 1 Nido para un búho y una calandria
Capítulo 2 Dos desgracias unidas producen felicidad
Capítulo 3 Lo que observa la portera
Capítulo 4 Una moneda de cinco francos que cae al suelo hace mucho ruido
Parte 5 A caza perdida, jauría muda
Capítulo 1 Los rodeos de la estrategia
Capítulo 2 El callejón sin salida
Capítulo 3 Tentativas de evasión
Capítulo 4 Principio de un enigma
Capítulo 5 Continúa el enigma
Capítulo 6 Se explica cómo Javert hizo una batida en vano
Parte 6 Los cementerios reciben todo lo que se les da
Capítulo 1 El Convento Pequeño Picpus
Capítulo 2 Se busca una manera de entrar al convento
Capítulo 3 Fauchelevent en presencia de la dificultad
Capítulo 4 Parece que Jean Valjean conocía a Agustín Castillejo
Capítulo 5 Entre cuatro tablas
Capítulo 6 Interrogatorio con buenos resultados
Capítulo 7 Clausura

Cosette

Victor Hugo

Publicado: 1862Categoría(s): Ficción, Novela

Parte 1 Waterloo

Capítulo1 El 18 de junio de 1815

Si no hubiera llovido esa noche del 17 al 18 de junio de 1815, el porvenir de Europa hubiera cambiado. Algunas gotas de agua, una nube que atravesó el cielo fuera de temporada, doblegaron a Napoleón.

La batalla de Waterloo estaba planeada, genialmente, para las 6 de la mañana; con la tierra seca la artillería podía desplazarse rápidamente y se habría ganado la contienda en dos o tres horas. Pero llovió toda la noche; la tierra estaba empantanada. El ataque empezó tarde, a las once, cinco horas después de lo previsto. Esto dio tiempo para la llegada de todas las tropas enemigas.

¿Era posible que Napoleón ganara esta batalla? No. ¿A causa de Wellington? No, a causa de Dios.

No entraba en la ley del siglo XIX un Napoleón vencedor de Wellington.

Se preparaba una serie de acontecimientos en los que Napoleón no tenía lugar.

Ya era tiempo que cayera aquel hombre. Su excesivo peso en el destino humano turbaba el equilibrio. Toda la vitalidad concentrada en una sola persona, el mundo pendiente del cerebro de un solo ser, habría sido mortal para la civilización.

La caída de Napoleón estaba decidida. Napoleón incomodaba a Dios.

Al final, Waterloo no es una batalla; es el cambio de frente del Universo.

Pero para disgusto de los vencedores, el triunfo final es de la revolución: Bonaparte antes de Waterloo ponía a un cochero en el trono de Nápoles y a un sargento en el de Suecia; Luis XVIII, después de Waterloo, firmaba la declaración de los derechos humanos.

Capítulo2 El campo de batalla por la noche

Había luna llena aquel 18 de junio de 1815. La noche se complace algunas veces en ser testigo de horribles catástrofes, como la batalla de Waterloo.

Después de disparado el último cañonazo, la llanura quedó desierta.

Mientras Napoleón regresaba vencido a París, setenta mil hombres se desangraban poco a poco y algo de su paz se esparcía por el mundo.

El Congreso de Viena firmó los tratados de 1815 y Europa llamó a aquello "la Restauración". Eso fue Waterloo.

La guerra puede tener bellezas tremendas, pero tiene también cosas muy feas. Una de las más sorprendentes es el rápido despojo de los muertos. El alba que sigue a una batalla amanece siempre para alumbrar cadáveres desnudos.

Todo ejército tiene sus seguidores: seres murciélagos que engendra esa oscuridad que se llama guerra. Especie de bandidos o mercenarios que van de uniforme, pero no combaten; falsos enfermos, contrabandistas, mendigos, granujas, traidores.

A eso de las doce de esa noche vagaba un hombre: era uno de ellos que acudía a saquear Waterloo. De vez en cuando se detenía, revolvía la tierra, y luego escapaba. Iba escudriñando aquella inmensa tumba. De pronto se detuvo. Debajo de un montón de cadáveres sobresalía una mano abierta alumbrada por la luna. En uno de sus dedos brillaba un anillo. El hombre se inclinó y lo sacó, pero la mano se cerró y volvió a abrirse. Un hombre honrado hubiera tenido miedo, pero éste se echó a reír.

- ¡Caramba! -dijo-. ¿Estará vivo este muerto?

Se inclinó de nuevo y arrastró el cuerpo de entre los cadáveres.

Era un oficial; tenía la cara destrozada por un sablazo, sus ojos estaban cerrados. Llevaba la cruz de plata de la Legión de Honor. El vagabundo la arrancó y la guardó en su capote. Buscó en los bolsillos del oficial, encontró un reloj y una bolsa. En eso estaba cuando el oficial abrió los ojos.

- Gracias -dijo con voz débil.

Los bruscos tirones del ladrón y el aire fresco de la noche lo sacaron de su letargo.

- ¿Quién ganó la batalla? -preguntó.

- Los ingleses.

- Registrad mis bolsillos. Hallaréis un reloj y una bolsa; tomadlos.

El vagabundo fingió hacerlo.

- No hay nada -dijo.

- Los han robado -murmuró el oficial-. Lo siento, hubiera querido que fueran para vos. Me habéis salvado la vida. ¿Quién sois?

- Yo pertenecía como vos al ejército francés. Tengo que dejaros ahora, pues si me cogen los inglesen me fusilarán. Os he salvado la vida, ahora arreglaos como podáis.

- ¿Vuestro grado?

- Sargento.

- ¿Cómo os llamáis?

- Thenardier.

- No olvidaré ese nombre -dijo el oficial-. Recordad el mío, me llamo Pontmercy.

Parte 2 El navío Orión

Capítulo1 El número 24.601 se convierte en el 9.430

Jean Valjean había sido capturado de nuevo.

El lector nos agradecerá que pasemos rápidamente por detalles dolorosos. Nos limitaremos pues a reproducir uno de los artículos publicados por los periódicos de aquella época pocos meses después de los sorprendentes acontecimientos ocurridos en M.

El Diario de París del 25 de julio de 1823 dice así:

"Acaba de comparecer ante el tribunal de jurados del Var un ex presidiario llamado Jean Valjean, en circunstancias que han llamado la atención. Este criminal había conseguido engañar la vigilancia de la policía; cambió su nombre por el de Magdalena y logró hacerse nombrar alcalde de una de nuestras pequeñas poblaciones del Norte, donde había establecido un comercio de bastante consideración. Al fin fue desenmascarado y apresado, gracias al celo infatigable de la autoridad. Tenía por concubina a una mujer pública, que ha muerto de terror en el momento de su prisión. Este miserable, dotado de una fuerza hercúlea, halló medio de evadirse; pero tres o cuatro días después de su evasión, la policía consiguió apoderarse nuevamente de él en París, en el momento de subir en uno de esos pequeños carruajes que hacen el trayecto de la capital a la aldea de Montfermeil. Se dice que se aprovechó del intervalo de estos tres o cuatro días de libertad para retirar una suma considerable de dinero. Si hemos de dar crédito al acta de acusación, debe haberla escondido en un sitio conocido de él solo, pues no se ha podido dar con ella. El bandido ha renunciado a defenderse de los numerosos cargos en su contra. Por consiguiente, Jean Valjean, declarado reo, ha sido condenado a la pena de muerte; y no habiendo querido entablar el recurso de casación, la sentencia se hubiera ejecutado, si el rey, en su inagotable benignidad, no se hubiera dignado conmutarle dicha pena por la de cadena perpetua. Jean Valjean fue conducido inmediatamente al presidio de Tolón".

Jean Valjean cambió de número en el presidio. Se llamó el 9.430.

Y en M., toda prosperidad desapareció con el señor Magdalena; todo cuanto había previsto en su noche de vacilación y de fiebre se realizó: faltando él, faltó el alma de aquella población. Después de su caída se verificó ese reparto egoísta de la herencia de los grandes hombres caídos. Se falsificaron los procedimientos, bajó la calidad de los productos, hubo menos pedidos, bajó el salario, se cerraron los enormes talleres de Magdalena; los edificios se deterioraron, se dispersaron los obreros, y pronto vino la quiebra. Y entonces no quedó nada para los pobres. Todo se desvaneció.

Capítulo2 El diablo en Montfermeil

Antes de ir más lejos, bueno será referir con algunos pormenores algo singular que hacia esta misma época sucedió en Montfermeil.

Hay en ese pueblo una superstición muy antigua que consiste en creer que el diablo, desde tiempo inmemorial, ha escogido el bosque para ocultar sus tesoros. Cuentan que no es raro encontrar, al morir el día y en los sitios más apartados, a un hombre negro, con facha de leñador, calzado con zuecos. Este hombre está siempre ocupado en hacer hoyos en la tierra. Hay tres modos de sacar partido del encuentro. El primero es acercársele y hablarle; entonces resulta que este hombre no es más que un aldeano, que se ve negro porque es la hora del crepúsculo, que no hace tal hoyo en la tierra sino que corta la hierba para sus vacas, y que lo que parece ser cuernos no es más que una horqueta para remover el estiércol que lleva a la espalda. Vuelve uno a su casa y se muere al cabo de una semana. El segundo método es observarle, esperar a que haya hecho su hoyo, lo haya vuelto a cubrir y se haya ido; luego ir corriendo al agujero, destaparlo y coger el tesoro. En este caso muere uno al cabo de un mes. En fin, el tercer método es no hablar al hombre negro, ni mirarlo, y echar a correr a todo escape. Entonces muere uno durante el año.

Como los tres métodos tienen sus inconvenientes, el segundo, que ofrece a lo menos algunas ventajas, entre otras la de poseer un tesoro aunque no sea más que por un mes, es el que generalmente se adopta.

Ahora bien, muy poco tiempo después de que la justicia comunicara que el presidiario Jean Valjean durante su evasión de algunos días anduvo vagando por los alrededores de Montfermeil, se notó en esta aldea que un viejo peón caminero llamado Boulatruelle hacía frecuentes visitas al bosque. Se decía que el tal Boulatruelle había estado en presidio; que estaba sometido a cierta vigilancia de la policía, y que como no encontraba trabajo en ninguna parte, la municipalidad lo empleaba por un pequeño jornal como peón en el camino vecinal de Gagny a Lagny.

Este Boulatruelle era bastante mal mirado por los aldeanos, por ser demasiado respetuoso, humilde, pronto a quitarse su gorra ante todo el mundo, y porque temblaba delante de los gendarmes. Se le suponía afiliado a una banda de asaltantes, el Patron-Minette; se tenían sospechas de que se emboscaba a la caída de la noche en la espesura de los bosques. Además, era un borracho perdido.

Desde hacía algún tiempo, se le encontraba en los claros más desiertos, entre la maleza más sombría, buscando al parecer alguna cosa, y algunas veces abriendo hoyos. Decían en la aldea:

- Es claro que el diablo se ha aparecido. Boulatruelle lo ha visto, y busca. Está loco por robarle su alcancía.

Otros añadían: ¿Será Boulatruelle quien atrape al diablo, o el diablo a Boulatruelle? Poco tiempo después cesaron las idas de Boulatruelle al bosque, y volvió a su trabajo de peón caminero, con lo cual se habló de otra cosa.

No obstante, la curiosidad de algunas personas no se daba por satisfecha. Los más curiosos eran el maestro de escuela y el bodegonero Thenardier, que era amigo de todo el mundo y no había desdeñado la amistad de Boulatruelle.

- Ha estado en presidio -se decía-. Ah, uno nunca sabe ni quién está allá, ni quién irá.

Una noche decidieron con el maestro de escuela hacerlo hablar, y para esto emborracharon al peón caminero.

Boulatruelle bebió grandes cantidades de vino y se le escaparon unas cuantas palabras, con las cuales Thenardier y el maestro creyeron comprender lo siguiente: Una mañana, al ir Boulatruelle a su trabajo cuando amanecía, se sorprendió al ver en un recodo del bosque entre la maleza una pala y un azadón. Al oscurecer del mismo día vio, sin ser visto porque estaba oculto tras un árbol, a un hombre que se dirigía a lo más espeso del bosque. Boulatruelle conocía muy bien a ese hombre. Traducción de Thenardier: Un compañero de presidio.

Boulatruelle se negó obstinadamente a decir su nombre. Este individuo llevaba un paquete, una cosa parecida a una caja grande o a un cofre pequeño. Sorpresa de Boulatruelle. Sin embargo, hasta pasados siete a ocho minutos no se le ocurrió seguirlo.

Y ya fue demasiado tarde; el hombre se había internado en lo más espeso del bosque, y no pudo dar con él. Entonces tomó el partido de observar la entrada del bosque, y unas tres horas después lo vio salir de entre la maleza; ya no llevaba la caja-cofre, sino una pala y un azadón. Boulatruelle lo dejó pasar, y no se le acercó porque el otro era tres veces más fuerte, y armado además de la pala y el azadón; lo hubiera golpeado al reconocerlo y verse reconocido. Tierna efusión de dos antiguos camaradas que se reencuentran.