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El "Crotalón" ¿o "Crótalon"¿, diálogo atribuido a Cristóbal de Villalón, es una obra escrita a mediados del siglo XVI, coincidiendo con un momento de creciente tensión entre las ideas de la Reforma y las nacidas contra esta en Roma y en el Vaticano. El texto, que retoma el argumento de "El gallo" de Luciano de Samósata, nos presenta un agudo y satírico retrato de los vicios sociales, rematado por un último capítulo en que el diálogo se torna una novedosa diatriba contra el estado de cosas de la sociedad europea y española de su tiempo. La renovada interpretación que el autor hace de Luciano, sin separarse por ello de una sólida fundamentación evangélica, avala además una revisión de las costumbres morales y lo sitúa en la línea de los grandes reformadores de la Europa del Renacimiento.
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Seitenzahl: 892
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Cristóbal de Villalón
Crotalón
Edición de Alfredo Rodríguez López-Vázquez
INTRODUCCIÓN
El problema de la autoría y la identidad de Cristóbal de Villalón
Semblanza de un humanista cristiano heterodoxo
El capítulo XXIX del Provechoso tratado de cambios y el último canto del Crotalón
El «Libro de las transformaciones de Pitágoras» y la génesis del «Crotalón»
La arquitectura narrativa del «Crotalón»
El «Prólogo del auctor» y sus enigmas
Las pequeñas metáforas y la gran metáfora del «Crotalón»
ESTA EDICIÓN
BIBLIOGRAFÍA
EL CROTALÓN
Prólogo del auctor al lector curioso
Argumento del primer canto del gallo
Argumento del segundo canto del gallo
En el terçero canto que se sigue el auctor imita a Luçiano en todos sus diálogos, en los quales siempre reprehende a los philósophos y religiosos de su tiempo
Argumento del quarto canto del gallo
Argumento del quinto canto del gallo
Argumento del sexto canto
Argumento del séptimo canto del gallo
En el octavo canto, que se sigue, el auctor se finge haver sido monja por notar los algunos intereses que en daño de sus conçiençias tienen. Concluye con una batalla de ranas en imitaçión de Homero
Argumento del nono canto
Argumento del déçimo canto
Argumento del honzeno canto
Argumento del duodécimo canto del gallo
En el déçimoterçio canto que se sigue, el auctor, prosiguiendo la subida del çielo, descrive la pena que se da a los ingratos
En el déçimo quarto canto que se sigue el auctor concluye con la subida del çielo y propone tratar la bajada del infierno
Argumento del déçimoquinto canto
Argumento del déçimo sexto canto del gallo
Argumento del déçimo séptimo canto del gallo
Argumento del déçimo octavo canto del gallo
Argumento del déçimo nono canto
Argumento del vigéssimo y último canto
CRÉDITOS
A Orestis Karavas y Ana Vian,a la sombra de Luciano
Bajo la identidad de Cristóforo Gnófoso, «el nebuloso portacristo», se esconde un escritor de indudables dotes literarias, de planteamientos doctrinales no siempre ortodoxos y de identidad aun hoy objeto de debate. Y bajo la identidad de Cristóbal de Villalón conocemos, a mediados del siglo XVI, a un elegante e incisivo escritor al que se deben tres obras de notable altura literaria: el Scholástico, la Provechosa comparación entre lo antiguo y lo presente y, finalmente, la Tragedia de Mirrha, donde se adapta un tema tratado por Ovidio en sus Metamorfosis: el amor incestuoso que siente la joven princesa Mirrha por su padre y la no menos incestuosa pasión que consigue culminar gracias a una argucia de su aya, lo que terminará acarreando su metamorfosis en la misteriosa y melancólica planta, la misma que en la leyenda medieval cristiana se ofrecerá como presente al recién nacido Jesús de Nazaret1. Tal vez no sea ocioso apuntar que la mirra o myrrha tenía un altísimo precio de mercado, equiparable al del oro.
Este Cristóbal de Villalón, según sabemos por el Scholástico, se precia de haber estudiado en Salamanca en los años en que coinciden en esta universidad preclaros ingenios como Fernán Pérez de Oliva (el Maestro Oliva, según el texto)y otros varios próceres destinados a puestos relevantes de la administración del Estado en los años de regencia del entonces príncipe Felipe y más tarde monarca Felipe II. La Provechosa comparación entre lo antiguo y lo presente, que practica un inteligente equilibrio entre lo clásico y lo moderno, sirve para aquilatar la vocación salmantina o salmanticense de este Cristóbal de Villalón, que quizá pudiera ser o no ser el mismo Cristóbal de Villalón que por esos años estudia en la Universidad Complutense de Alcalá de Henares, recién creada por el cardenal Cisneros, que aborda inmediatamente la edición de la Biblia Políglota, por la época en que se está gestando el movimiento de Reforma propugnado por Martín Lutero, Melanchton, Butzer, Œcolampadio, Zwingli y, ya en territorio limítrofe con el dominio español, como es Ginebra, por el teólogo reformador por excelencia, Jean Cauvin, más conocido como Calvino. Conviene situar la creación del Crotalón2, nombre de raigambre helénica, en esta época de confrontación entre las ideas de la Reforma y las que se defienden en Roma y el Vaticano. Los aviesos anotadores anónimos de los dos manuscritos que se han conservado del Crotalón, con razón o sin ella, no dejan de ver, diseminadas por el texto, alusiones constantes a ideas luteranas. No será ocioso apuntar aquí que la Biblia del oso, primer texto íntegro de la Biblia en lengua castellana, se edita en Ginebra en 1560, bajo los auspicios de Calvino y el impulso del fraile jerónimo Casiodoro de Reina. Sin el ahondamiento en este conflictivo entorno cultural e ideológico de mediados de siglo resulta muy difícil entender los avatares que rodean la censura eclesiástica contra varios libros cimeros escritos en ese decenio, como los Coloquios de Palatino y Pinciano, el Viaje de Turquía y el Crotalón, que no llegaron a ser editados hasta finales del siglo XIX o incluso, como es el caso de la obra de Arce de Otálora, hasta muy finales del siglo XX. En la misma situación se encuentran el Lazarillo de Tormes y su continuación de Amberes 1555, prohibidos ambos en el Index del Inquisidor Valdés Salas de 1559, pero profusamente editados y traducidos fuera de España, en ciudades en donde la Reforma y la imprenta asociada a ella tienen notable vigor, como son Lyon, Estrasburgo, Amberes o Colonia. Este es el entorno ideológico y doctrinal en el que se escribe el Crotalón, cuyo momento inicial de creación podemos situar hacia 1550, coincidiendo con la fecha de la traducción española del Orlando furioso hecha por Hernando de Alcocer, una de las fuentes de composición de distintos episodios del Crotalón, como ha demostrado minuciosamente Ana Vian; de hecho, la fuente más importante entre las que complementan las historias derivadas del Gallo de Luciano (Ovidio, Lucano, el Pseudo Homero y otros autores clásicos).
Junto a este Cristóbal de Villalón autor del Scholástico, la Tragedia de Mirrha (1536)y la Provechosa comparación (1539), hay un Cristóbal de Villalón que, unos años más tarde, publica un curioso y apocalíptico libro, el Provechoso tratado de cambios, que conocerá tres ediciones entre 1541 y 1546, la última de ellas acompañada de una Exortación (sic) a la confessión, de carácter doctrinal y que parece ser el mismo Licenciado Villalón cuya muy interesante Gramática se publica en Amberes en 1558. Este segundo Villalón es el que presenta multitud de coincidencias lingüísticas y doctrinales con el Crotalón y, muy particularmente, con su último capítulo, el XX, que ya no tiene que ver, en cuanto a contenidos narrativos, con la obra de Luciano, de Ariosto, de Ovidio o de Lucano y sí, en cambio, con san Pablo, a quien cita ya en la página 2 y recita en más ocasiones. Este capítulo final nos desvela la ideología y creencias de su autor. El análisis lingüístico del capítulo XX es lo único que puede dirimir el problema que envuelve al autor del Crotalón: si se trata o no del mismo que escribe el Scholástico, la Provechosa comparación y la Tragedia de Mirrha osihay en realidad dos escritores distintos que comparten nombre, no solamente entre ellos, sino también con el Cristóbal de Villalón negociante del que existe documentación por las mismas fechas, que podría ser o no ser uno de los dos anteriores. Ana Vian Herrero ha escudriñado de forma minuciosa la documentación sobre estos personajes homónimos y se ha ocupado también de estudiar algunas cuestiones que conciernen al autor del Provechoso tratado de cambios, sin llegar a ninguna conclusión clara y admitiendo algunos problemas pendientes de resolución. Otro tanto sucede con la minuciosa atención crítica y editorial que le ha dedicado Diego Martínez Torrejón al Scholástico, obra inequívoca del Villalón asociado a la universidad salmantina. El enigma de la posible doble atribución o doble autoría solo puede ser resuelto acudiendo al capítulo final del Crotalón, unidad narrativa que ya no depende de los escritos de los distintos autores usados para articular la trama de la obra y que ofrece un final innovador respecto al ingenioso, breve y original relato de Luciano.
En este capítulo final del Crotalón, una vez culminado el sacrificio ritual del gallo por las exaltadas ménades vecinas del zapatero Micilo, aparece de forma inequívoca la ideología del autor, expuesta a través del nuevo diálogo, esta vez entre el desconsolado zapatero y su vecino Demophón. En este curioso debate, en donde los dos interlocutores comparten el mismo punto de vista, encontramos una diatriba contra el estado de las cosas de la sociedad, que ya no se refiere a los vicios del siglo II, la época de Luciano, sino, claramente, al estado de cosas de la sociedad europea y española a mediados del siglo XVI. Tanto el contrito y desolado zapatero como su interlocutor emprenden una filípica moral sobre los vicios de la sociedad, que apunta claramente a la sociedad de mediados del XVI y que entronca con las invectivas de los indignados seguidores de Savonarola o con los acentos apocalípticos de Bartolomé de las Casas3:
Por cierto, Demophon, tú tienes mucha razón y una de las cosas de que yo estoy más confuso es de ver que en este nuestro lugar,siendo tan noble y el más principal que ay en el reyno, pues de contino reside en él la Corte y a esta causa ay en él más letrados y hombres más agudos en la conversación y cosas del mundo y cortesanía y en estas cosas son todos en un común más fácilmente arroxados y aun engañados que todos quantos otros pueblos ay. Que se atreva un honbre a entrar aquí en este pueblo donde está la flor y cordura y agudeça y discreçión y que debajo de un hábito religioso engañe a todo estado eclesiástico y seglar, diziendo que hará bolver los ríos atrás y hará cuaxar el mar, y que forçará los demonios que en los infiernos están y profiéresse de hazer parir las mugeres quanto quiera que de su naturaleza sean estériles y que no puedan parir, y que en esto vengan a caer todos los más prinçipales y generosos y mandan a sus mugeres y parientas se vayan para el zarlo embaydor para que haga dellas lo que querrá. Que se sufra vivir en este pueblo un honbre que debajo de nombre de Juan de Dios no se le cierre puerta de ningún señor ni letrado, ni se le niegue cosa alguna que se le4 quiera demandar y después le quemen públicamente por somético5 engañador. Pues no se ha disimulado tan bien un clérigo que avía sido primero frayle veynte años, al qual por tener por tener muestra de gran santidad le fue encargado aquel colegio de niñas, y tal sea su salud qual dellas cuenta dio. ¿En qué está esto, amigo?
Obviamente ‘nuestro lugar’ se refiere a Valladolid, donde residen el entonces príncipe y luego rey Felipe y la Corte que le acompaña en sus avatares. La contestación de Demophón se sitúa en una perspectiva inequívocamente cristiana, sin que quede clara la orientación doctrinal, dentro de la convulsa historia religiosa de la época. La construcción dialógica es, en este sentido, ficticia, porque ambos personajes ofrecen puntos de vista convergentes respecto a la degradación y depravación de las costumbres del siglo; la reflexión de que los ‘pecados y ofensas’ que se hacen continuamente a Dios ha llevado a una «putería general, la cual no tiene punto, suelo, ni fin» es, sin duda, demoledora y no ahorra vocabulario ni tampoco adjetivación. Las críticas del texto a las conductas de la época, duplicadas por el diálogo entre Demophón y Micilo, se acercan al tono que utilizaría un predicador con vocación apocalíptica:
A tu gallo quisiera yo, Miçilo, que lo huvieras preguntado antes que a mí, porque él te supiera mejor satisfazer. Pero para mi bien creo que en alguna manera devo de acertar, que creo que de los grandes pecados que ay en este pueblo viene esta común confusión o çeguedad, que como no ay en este pueblo más principal ni más común que pecados y ofensas de dios: pleytos, hurtos, usuras, mohatras, juegos, blasfemias, symonías, trapazas y engaños, y después desto una putería general, la qual ni tiene punto, suelo, ni fin, que ni se reserva día, ni fiesta, quaresma, ni aun Semana Santa, ni pasqua en que se dexe de exerçitar como offiçio conveniente a la república, permitido y aprobado por neçesario en la ley. En pena deste mal nos çiega dios nuestros entendimientos, orejas y ojos, para que avisándonos, no entendamos y oyendo, no oyamos y viendo seamos como çiegos que palpamos la pared. En tanta manera somos traýdos a çeguedad que estamos rendidos al engaño muy antes que se ofrezca el engañador. Ha nos hecho dios escarnio, mofa y risa a los muy pequeños niños de muy tierna edad. ¿En qué lugar, por pequeño que sea, se consintirá o disimulará ya lo mucho, ni lo muy poco que se disimula y sufre aquí? ¿Dónde ay tanto juez sin justiçia como aquí? ¿Dónde tanto letrado sin letras? ¿Dónde tanto executor sin que se execute la maldad? ¿Dónde tanto escribano, ni más común el borrón? ¿Que no ay honbre de gobierno en este pueblo que trate más que su proprio interés, y cómo más se aventajará? Por esto permite dios que vengan unos zarlos, o falsos profetas que con embaymientos, aparençias y falsas demostraçiones nos hagan entender qualquiera cosa que nos quieran fingir, y lo que peor es, que quiere dios que después sintamos más la risa que el interés en que nos engañó.
A esta propuesta crítica se suma la que encontramos en la siguiente intervención de Miçilo, claramente basada en uno de los capítulos iniciales de Isaías, el IV, en donde se fustiga el lujo de las mujeres. Conviene recordar que hasta finales del siglo XVIII en España estuvo prohibido traducir cualquier libro de la Biblia al español, lo que implica que la paráfrasis de Isaías que constituye el tema del siguiente discurso de Miçilo tiene que proceder de la traducción de la Vulgata y, en consecuencia, apunta a un lector habitual de la Biblia en la versión latina de Jerónimo de Stridón (para los fieles creyentes, san Jerónimo). El pasaje del Crotalón en su adaptación del libro de Isaías6es el siguiente:
Pues aun no pienses, Demophon, que la vanidad y perdiçión destas livianas mugeres se le ha de pasar a dios sin castigo, que yo te oso afirmar por cosa muy çierta y que no faltará, que por ver dios su disoluçión, desemboltura, desverguença y poco recogimiento que en ellas en este tiempo ay, visto que ansí vírgenes como casadas, viudas y solteras, todas por un común viven muy sueltas y muy disolutas, y que por la calle van con un curioso passo en su andar, descubierta la cabeça y cabello con grandes y deshonestas crenchas, muy alto y estirado el cuello, guiñando con los ojos a todos cuantos encuentran en la calle, haziendo con su cuerpo lascivos meneos. Por esta su común deshonestidad, sey çierto que verná tiempo en el qual ha de hazer dios un gran castigo y será que hará que se pelen de todos sus cabellos y que se hagan todas calvas y será tiempo en que les quitará dios sus joyeles, sortixas, zarzillos, collares, medallas, axorcas y apretadores de cabeça. Quitarles ha sus partidores de crenchas, tenaçicas, salsericas, redomillas y platelicos de colores y todo género de afeytes, sahumerios, guantes adobados, sebos y unturas de manos y otros olores, alfileres, agujas y prendedores. Quitarles ha las camisas muy delgadas y los manteos, basquiñas, briales, saboyanas y nazarenas y reboçiños y en lugar de aquellos sus cabellos encrespados y enrrifados, les dará pelambre y calbez y en lugar de aquellos apretadores y joyeles que les cuelgan de la frente les dará dolor de cabeça, y por çinta de caderas de oro muy esmaltadas y labradas, les dará sogas de muy áspero esparto con que se çiñan y aprieten, y por aquellos sus muy curiosos y suntuosos atavíos de su cuerpo les dará siliçio y desta manera hará dios que lloren su lasçivia y desorden, y que de su luxuria y deshonestidad hagan grave penitençia. Entonçes no avrá quien las quiera por su hydiondez y miseria, y siete mugeres se encomendarán a un varón y él de todas huyrá, menospreçiando las y aborreçiendo las como de gran mal.
Hasta aquí el discurso de Miçilo, que no es de tono apocalíptico, sino profético, en la estela de Isaías. Veamos el pasaje de Isaías en la traducción española de José Miguel Petisco a partir de la Vulgata:
Y el Señor dijo también: por cuanto se han empinado las hijas de Sión, y andan paseando con el cuello erguido, guiñando con los ojos y haciendo gestos con sus manos y ruido con sus pies, y caminan con pasos afectados, raerá el Señor la cabeza de las hijas de Sión y las despojará de sus cabellos. En aquel día les quitará el Señor el adorno del calzado y las lunetas y los collares de perlas, y los joyeles y los brazaletes y las escofietas y los partidores del pelo y las ligas y las cadenillas, y los pomitos de olor y los zarcillos y los anillos y las piedras preciosas que cuelgan sobre la frente, y la muda de vestidos y los mantos y las gasas o velos y los preciosos alfileres, y los espejos y sus finos lienzos y las cintas y los vestidos de verano, y en lugar de olores suaves tendrán la hediondez y por ceñidor una cuerda y en lugar de cabellos rizados, la calva, reemplazará un cilicio la faja de los pechos [...] Y en aquel día echarán mano de un solo hombre siete o muchas mujeres7.
La mención de que siete mujeres ‘echarán mano’ o ‘se encomendarán’ es inequívoca para localizar la filiación del texto y la evidencia de que el autor del Crotalón es un experto conocedor de pasajes muy precisos del Antiguo Testamento. Es una condición que cumple el Cristóbal de Villalón estudiante en Alcalá de Henares y autor del Provechoso tratado de cambios y de la Gramática de 1558. Es difícil establecer si esa traducción adaptada procede del texto de la Vulgata o de las distintas alternativas textuales que circulaban a mediados del siglo XVI. En todo caso este pasaje del Crotalón delata a un minucioso conocedor de la Biblia, probablemente en la versión canónica en latín hecha por Jerónimo de Stridón, popularizado post mortem como san Jerónimo. La contestación de Demophón a este parlamento del zapatero será el último discurso doctrinal de la obra, a falta de la breve despedida final. En este caso, la autoridad a la que acude el autor del Crotalón es la de Catón ‘famoso çensor’, lo que sitúa el texto en el ámbito de los escritos de censura a la corrupción de las costumbres, teniendo como aval las autoridades de Isaías y Catón, lo que se aleja del espíritu festivo y mordaz de los autores ensamblados en la obra: Luciano, Ovidio, Lucano y Ariosto. La diatriba final a cargo de Demophón presenta variantes de interés entre los dos manuscritos. Hay un argumento lingüístico bastante consistente que avala el que el texto nuevo procede del autor original de la obra: la repetición sistemática, en los 20 cantos de la obra, del sintagma ‘a la contina’, rasgo estilístico clave del autor. También el uso de ‘por el semejante’, expresión que aparece 12 veces en el Crotalón, 3 en el Provechoso tratado de cambios y que no aparece nunca ni en la Tragedia de Mirrha ni en la Ingeniosa comparación y tan solo una vez en el Scholástico, aunque no como construcción autónoma. Es decir: no aparece el sintagma ‘a la contina’, sino una construcción en la que ‘contina’ actúa como adjetivo del sustantivo al que acompaña. El caso de ‘a la contina’ es muy especial, porque además de aparecer casi cincuenta veces en la obra, es un uso constante en las dos variantes textuales, la del manuscrito 2294 y la del manuscrito 12385. Y ese uso constante y repetido no aparece ni una sola vez en las tres obras del Cristóbal de Villalón salmantino: ni en el Scholástico, ni en la Ingeniosa comparación, ni en la Tragedia de Mirrha. A cambio, no solo está docenas de veces en el Crotalón y varias veces en el Provechoso tratado de cambios. Está también, repetidamente, en la Gramática del licenciado Villalón, licenciado por la universidad complutense de Alcalá de Henares8.
El discurso final de Demophón, un apretado alegato lucianesco en favor de la amistad, nos ofrece varios elementos lingüísticos interesantes. La referencia repetida a Dios (ya no a Júpiter, como en el texto de los anteriores cantos), la crítica al estado de cosas de la sociedad contemporánea del escritor (no de los personajes) y, de nuevo, el uso repetido de ‘a la contina’, elemento constante y esencial en el usus scribendi del autor de la obra, en un microtexto como este de Demophón:
DEMOPHÓN.—Gran esperiençia tengo ser todo lo que dizes verdad. Por lo que vendrá este mal por justo pago de dios y tanbién tienen los varones su parte de culpa y aun notable, por darles tanta libertad para usar ellas mal destas cosas y aun de sí mesmas sin les yr a la mano, por lo qual permite dios que ellos vivan injuriados y infames por ellas; que aun ellos no tienen modo ni rienda en su vivir, en su estado y fuerças de cada qual siendo casados, que todos passan y si quieren adelantar a la calidad de sus personas y desçendençia de linaxe, en el traxe, comer y beber y manera de familia y serviçio, y por que nos entendamos, quiero deçender a particular. Que se hallara un escribano vil de casta y jaez que quiere justar, correr sortija y jugar cañas y otros exerciçios de cavalleros en compañía de los más poderosos y generosos de toda la çiudad, y açerca de su offiçio (en el qual indignamente subió) no sabe más tratar, ni dar razón que el asno en el prado. Paréçeme que una de las cosas que nuestro rey, prínçipe y señor avría en esta su república proveer sería de un particular varón de gran severidad, el qual fuesse çensor general de todas las vidas y costunbres de los honbres de la república, como lo fue aquel Catón famoso çensor en la república romana, y a la contina se procurasse informar de la vida y costunbres de cada uno, y quando supiesse de alguno por informaçión, de su desorden y mal bivir, hasta ser informado de su casa, trato y conversación de su muger, familia, comer y beber. Entonçes le avía de enviar a llamar y corregirle de palabras ásperas y vergonçosas, poniéndole tasa y orden y modo de vivir, y si no se quisiesse emendar fuesse desterrado de la república como honbre que la infamava y dava ocasión que por su mal vivir entre los estrangeros se tuviesse de nuestra república deprabada opinión, y ansí por el semejante el tal juez y censor fuesse cada día passando las calles de la çiudad mirando con grave atençión el traje del uno, la ocupaçión y oçio del otro, habla y conversación de todos en particular y general, y a la contina entendiese en los arrendar, emendar y corregir, porque çierta mente del hierro y falta del particular viene la infamia en todo el común, y ansí por el consiguiente viene a tenerse en el universo por infame y corrompida una naçión. Todo está ya depravado y corrompido9, Miçilo, y ya no lleva este mal otro remedio, sino que enbíe dios una general destruiçión del mundo, como hizo por el dilubio en el tiempo de Noé, y renovando el honbre dársele ha de nuevo la manera y costunbres de vivir, porque los que agora están neçesariamente han de yr de mal en peor y sola mente te ruego, Miçilo, por nuestra buena y antigua amistad, que por este triste suçeso tuyo, ni por otra cosa que de adversa fortuna te venga, no llores, ni te aflixas10 más, y la falta que el gallo hizo a tu buena compañía, porque arguie [sic] y muestra poca cordura de un tan honrrado honbre como tú, pues en morir te tú se aventura más y la falta que el gallo hizo a tu buena compañía y consolaçión la procuraré yo suplir con mi hazienda, fuerças y cotidiana conversaçión. De lo qual espero adquirir yo gran interés, pues un buen amigo y vezino con ningún tesoro del mundo se puede comparar.
Se trata de una conclusión en el estilo y espíritu del Luciano del Tóxaris11; sin embargo las diatribas moralizantes del grueso del discurso de Demophón corresponden a otro tono, ajeno a Luciano y cercano, en cambio, a los postulados de la república de Ginebra establecida por Calvino. Asumiendo la hipótesis de que el autor del Crotalón es el mismo Cristóbal de Villalón que escribe el Provechoso tratado de cambios, en el anejo a la tercera edición de esta obra, es decir, en la Exortación a la confessión (1546), encontramos una evidencia de este tipo de planteamientos basados en la aplicación de la censura moral a las conductas públicas de los ciudadanos:
y plugo al soberano dios por su infinita bondad vsar con su yglesia de su soberana piedad, por que ansí como estando en el mundo en hierusalén fue al templo, y haziendo vn azote de vna soga echó todo género de cambiadores y tratantes de allí diziendo, que en el templo no deue auer tan público y abominable peccado como es el cambiar y vsurar, por ser aquel lugar dedicado a dios para la oración, y ansí con açotes los alançó de allí. Ansí agora por su suma bondad venido en medio de su iglesia, en lo principal de su christiandad donde tanto reluce el culto de su divina magestad como es en españa, viendo nuestro señor tan disoluta corrupción que casi no avía estado de gentes que no vsasen de su dinero mal dándole por interés, de tal manera que ya se yvan resolviendo las haziendas de los pobres labradores en poder y señorío de veynte vsureros que con tirana cobdicia y auaricia sediente tragaban quanto podían, pues proveyendo esto nuestro señor como si realmente viniera con el açote otra vez, los echó de su yglesia con tanta grita y persecución quanto emos visto hasta aquí. En tanta manera que todos por sus peccados han sido afligidos y perseguidos. Han sido algunos ahorcados, otros ausentados de sus proprias casas y compañía de muger y hijos. Otros están en las cárceles con grandes prisiones, de donde no saldrán hasta pagar el último qudrante que dezía Jesu christo en el euangelio, y otros muchos han muerto allí. En tanta manera han sido de dios azotados y perseguidos que los mejores librados son los que se han acogido al mesmo templo de dios, los quales, aun que no están allí con prisiones, basta que están retraýdos como en cárzel allí, por que es justo que los que tan greue mente ofendían en la yglesia de dios, en su mesmo templo lo vengan como en cárzel a pagar, y ansí con este nuestro libro y trabajo se dio luz y ocasión como alomenos con mediano cuydado esté en el hecho el confessor, lo qual no entendían hasta aquí con tanta facilidad12.
Este escrito está impreso en Valladolid, en la oficina de Francisco Fernández de Córdova, con colofón fechado el 15 de agosto, «festividad de la Asunción». El hecho de que acompañe a la tercera edición del Provechoso tratado de cambios apunta a algo que parece evidente: que hacia 1545 en la Corte se llevaron a cabo medidas punitivas que incluían cárcel y destierro contra aquellos comerciantes que se habían excedido en la usura, y que el propio Cristóbal de Villalón parece estar seguro de que las denuncias que expone y detalla minuciosamente en su libro han tenido algo —o mucho— que ver con la aplicación de estas medidas punitivas. Y todo esto es lo que volvemos a encontrar en ese capítulo XX del Crótalon, donde ya no se alude a Luciano, Ovidio, Ariosto o Lucano, sino al profeta Isaías. Entiendo que esto avala, en sus aspectos doctrinales, la atribución del Crotalón a este segundo Cristóbal de Villalón, licenciado en Sacra Teología por la universidad de Alcalá de Henares, fustigador de vicios de la emergente sociedad capitalista del XVI y autor de una Gramática publicada en Amberes en 1558. Un Cristóbal de Villalón lindante con las distintas heterodoxias que en esa época proliferan, no necesariamente afines a la Reforma protestante. Esta propuesta resuelve el enigma sobre la fecha de la licenciatura de ambos Cristóbal de Villalón y la discrepancia sobre el distinto año en que aparece mencionado como licenciado: son dos fechas distintas porque se trata de dos autores distintos que proceden de dos universidades distintas y distantes, tanto física como ideológicamente.
Hay una Reforma protestante en la primera mitad del siglo XVI y hay también una Reforma católica cuyos albores hay que situarlos en la fundación de la Universidad de Alcalá bajo los auspicios de Cisneros; el mismo Francisco de Cisneros que invita a Erasmo a venir a enseñar a la universidad Complutense, es decir, alcalaína. El sabio humanista de Rotterdam solventa el compromiso escuetamente: «Non placet Hispania», con lo que, al correr de los años, la nutrida panoplia de erasmistas que va desde Alfonso de Valdés, hasta Juan Maldonado y otros muchos cristianos disconformes con la corrupción que inunda el Vaticano y en la que participan por igual los Della Rovere, Farnese, Borgia y varias ilustres dinastías italianas. Es difícil establecer serenamente hasta qué punto el autor del Crotalón transita por los aledaños de la Reforma, pero parece claro que sí podemos situarlo en la primera Reforma católica, la que se plantea en torno a las aulas de la recién creada universidad de Alcalá en torno a Cisneros y que apunta a una renovación del cristianismo, tanto en el terreno doctrinal como en el ámbito de la nueva piedad moderna, perfectamente compatible con el pensamiento moderno y en contacto con el pensamiento de Erasmo. Es complicado situar con algo de precisión a este Villalón autor del Provechoso tratado de cambios, libro probablemente afín a las ideas de Juan Calvino, y con los religiosos hispánicos como fray Luis de Granada o a un egregio escritor místico como el franciscano fray Francisco de Osuna. Lo que sí es seguro es que la difusión y popularidad del espléndido Abecedario espiritual a lo largo del período 1530-1550 evidencia el ‘nuevo desorden espiritual’ visible en libros magníficos, como las dos partes del Lazarillo, el Viaje de Turquía, el Crotalón o los Coloquios de Palatino y Pinciano, libros prohibidos casi todos y si acaso ulteriormente publicados bajo castigo de la Inquisición (es decir, fuertemente censurados); el más famoso de ellos, la primera parte del Lazarillo. El panorama del cristianismo en la Península fluctúa entre la heterodoxia, ya atisbada y descrita por Menéndez y Pelayo, o la difícil convivencia entre los escritores y los censores que observamos nítidamente en las anotaciones de los dos manuscritos del Crotalón, que según sus censores, sería un texto peligrosamente luterano. No hay por qué suponer en el espíritu censor de esos años una clarividencia especial para juzgar el pensamiento de los libros objeto de su censura, no siempre atinada, no siempre evaluada con sensatez.
El escrutinio lingüístico de los textos del Villalón alcalaíno, el autor del Provechoso tratado, la Exortación a la confesión y la Gramática permite apuntalar la atribución del Crotalón a partir de más de un centenar de usos lingüísticos comunes a esos cuatro textos. La criba ideológica de lo que se sostiene en el último capítulo del Crotalón, en el Provechoso tratado y la Exortación corrobora las relevantes coincidencias de estos tres textos con la Gramática.
La primera de ellas, y muy llamativa, el uso de la conjunción ‘mas’ en un porcentaje inferior al 5 por 100 del total de las adversativas. Solamente este importante dato ya debería reforzar y avalar la hipótesis de que el autor del Provechoso tratado y de la Gramática es un buen candidato para la atribución del Crotalón. Pero hay más. Hay hasta 20 (veinte) elementos lingüísticos que pueden considerarse índices de autoría:
a) ‘a la contina’. Como sabemos, este es un rasgo típico del usus scribendi del autor del Crotalón. Obviamente, en una obra teórica tan breve y escueta como la Gramática no podemos esperar un uso similar al medio centenar de presencias textuales de ‘a la contina’que encontramos en el Crotalón. Pero proporcionalmente a la extensión del texto, el uso de ‘a la contina’ en esta Gramática resulta incluso superioral ya de por sí muy abundante del Crotalón. Veamos en detalle: {‘pero que a lacontina fuesse colocándosse’ (pág. 8), ‘va arrimado el nombre a la contina’ (pág. 16), ‘del artículo que a la contina lleua el nombre’ (pág. 17) ‘el cuerdo debe a la contina tener cuenta’ (pág. 82), ‘la cual se pone a la contina al fin del renglón’ (pág. 87)}. Un total de 5 usos de esta construcción, en un texto que es de una extensión diez veces más breve que el Crotalón, parece significativo. En cuanto a los usos de esta expresión en el Provechoso tratado de cambios la cifra es todavía más significativa: aparece 11 (once) veces, en ejemplos que extractamos a continuación: {‘viendo que a la contina se renuevan contrataciones’, ‘por la mudança que a la contina ay en la moneda’, ‘alguna ventaja que en los tales cambios tienen a la contina’, ‘porque a la contina ay menos dinero’, ‘casi a la contina da sus dineros a mercaderes’, ‘todos los mercaderes tratantes cartean a la contina entre sí’, ‘porque con él se hacen a la contina ricos’, ‘porque a la contina hallaríamos los eclesiásticos’, ‘Contesca aver a lacontina compañías’, ‘algunas que más a la contina se les ofrecen’, ‘reprovado de Dios y de los hombres por viciosos a la contina’}. Parece que la presencia de once usos de ‘a la contina’ en el Provechoso tratado de cambios concuerda con los cinco usos en la breve Gramática y con el medio centenar del Crotalón. Máxime habida cuenta que esta expresión no aparece en ninguna de las tres obras del Villalón salmantino.
b) ‘de su cogeta’. La variante que aparece en la Gramática de Amberes es ‘de su cogeça’, que, si fuese correcta, sería un hapax en todos los registros del CORDE: «aquel nombre que hasta agora de su cogeça es común» (pág. 14). El uso de ‘de su cogeta’, avalado por la serie {cogitar, cogitable, cogitativo, cogitabundo, cogitación} tan solo se registra en el CORDE en 5 casos en el período 1540-1560: de ellos, 4 están en el Crotalón y el quinto en el Provechoso tratado de cambios. Parece una evidencia bastante contundente.
c) ‘engrandecer’. Buscando en todas las variantes morfológicas del verbo el CORDE registra 20 usos, de los que 8 son anónimos. De los 12 restantes, cinco (5) se encuentran en el Crotalón, lo que apunta a un rasgo de estilo interesante. Aparece también en el prólogo a la Gramática: «yo, como siempre procuré engrandecer las cosas de mi nación» (pág. 8).
d) ‘niñerías’. El vocablo aparece 3 veces en el Crotalón: «no me digas, gallo, esas niñerías», «aparte las niñerías y argucias de sophismas» y «verdaderas niñerías del mundo». Lo encontramos también en la Gramática en un pasaje donde asoma la mordacidad de espíritu de Villalón y su espíritu crítico sobre los usos de predicadores y echacuervos: «Esto acostumbran hazer muchos idiotas, echacueruos, charlatanes que para espantar con algunas niñerías que quieren encareçer en los púlpitos a los simples populares labradores, usan de vna ensalada de vocablos incógnitos, no vsados, de lenguas estrañas pensando espantar y admirar los oyentes y que los tengan por sabios, y parezca que las cosas que tratan son de gran misterio y valor» (págs. 51-52).
e) ‘hazer gran/mucho caudal’. La construcción se repite en una leve variante: «el Latino haze gran caudal de la pronunçiaçión de la letra» (pág. 65) y ‘el Castellano deue hazer mucho caudal de la pronunçiaçión’. Ambos sintagmas se repiten en el Crotalón (2 veces) y en el Provechoso tratado de cambios. Y no son muy frecuentes: el CORDE solo registra 9 ejemplos de ‘mucho caudal’ en el período analizado.
f) ‘copiosidad’. El sustantivo abstracto es muy poco usual: el CORDE tan solo registra 3 casos en 1540-60, dos de ellos en Jorge de Montemayor y el otro en el Crotalón. A los que hay que añadir estos dos de la Gramática de Villalón: «pues de su parte y copiosidad tiene todo lo que la otra» (pág. 6) y «por su elegancia, eloquençia y copiosidad’ (pág. 10).
g) ‘prístina’. Este elegante adjetivo solo aparece en dos autores en esa época del CORDE: en el Crotalón («en mi prístina alegría») y en Bartolomé de las Casas. Lo usa también Villalón en el prólogo su Gramática: «según común opinión en su prístina barbaridad» (pág. 6).
h) ‘polideza’. En el prólogo de la Gramática encontramos, hablando del estado de la lengua castellana «venida a tanta polideza y perfeçión» (pág. 7). El término, que no es muy usual, se repite en el Crotalón: «sin polideza ni afeite alguno», y también «la limpieza, polideza y perfeçión».
i) ‘por el semejante’. Esta es una expresión de uso sistemático en el Crotalón, donde aparece 12 veces. También se repite (3 veces) en el Provechoso tratado. Y la reencontramos en la Gramática del licenciado Villalón: «Deuen por el semejante mirar que los renglones vayan derechos» (pág. 84). No se usa en ninguna de las tres obras del Cristóbal de Villalón ‘salmantino’. El total de usos en el CORDE en ese período es de 41 casos.
j) ‘ensalada’. En la Gramática nos encontramos el pasaje «usan de una ensalada de vocablos» (pág. 52), en donde llama la atención la irónica mixtura de un término culinario con otro gramatical. El vocablo ‘ensalada’ no abunda en la época, y menos en sentido metafórico. Aparece en el Crotalón con este mismo artificio de estilo: «una ensalada de latín y romance».
k) ‘manera de dezir’. El CORDE registra 21 casos de uso de esta expresión entre 1540 y 1560. Llama la atención que 10 de ellos estén en el Crotalón y otro más en el Provechoso tratado de cambios. Añadamos los 4 de Antonio de Torquemada (3 de ellos en el Manual de escribientes) y tendremos la evidencia de que se trata de un uso muy característico. Pues bien, a estos hay que añadir su uso en la Gramática de Villalón: «aquellas gentes que hablan muy polidamente en su manera de dezir» (pág. 52). Le sigue un incisivo parágrafo que no me resisto a copiar: «Como vn hydalgo de aquella tierra me dixo un día junto a la pasqua de resurreçión: Señor, con la hortuna del tiempo y la hatiga de la vestia no pudimos llegar a la villa por comprar cosas para la hiesta. Estos corrompen el castellano quitando la f, de donde la deuen poner» (págs. 52-53). Se trata de uno de los varios ejemplos en los que Villalón usa una suave, incisiva y lucianesca ironía para salvar la aridez del texto gramatical.
l) ‘especulación/especulaçión’. El CORDE registra un total de 28 entradas, de ellas 3 en el Crotalón con la grafía ‘especulaçión’. Con esta misma grafía aparece casi al final del Prólogo de la Gramática: «y con especulaçión se pongan a considerar esta nuestra intinçión» (pág. 10).
m) ‘por el consiguiente’. En la introducción o prólogo a la Gramática encontramos «forçome por el consiguiente a esta empresa» (pág. 9). En el Crotalón aparece hasta 7 veces. Y el total de usos en ese período es de 61, de los que 11 corresponde a Rui Díaz de Isla y 9 a Fernández de Oviedo. Tras estos dos autores, el que más usa la expresión es el autor del Crotalón.
n) ‘vehemencia’. Es un término no muy usual. El CORDE recoge, en el período 1540-60, un total de 22 usos, entre ellos uno en el Crotalón: «con tanta fuerça y vehemençia juras a Dios». Y el vocablo aparece también en la Gramática: «se deue pronunciar con vehemencia» (pág. 74).
ñ) ‘impertinente/s’. El CORDE registra 32 ejemplos en ese período, pero concentrados en media docena de autores. En el Crotalón el vocablo aparece 2 veces: «argumento y cuestiones tan impertinentes al propósito» y «y no las cosas impertinentes». Está también al comienzo de la Gramática, dentro de un avieso dardo a la obra de Nebrija: «por tratar allí muchas cosas muy impertinentes dexa de ser arte para lengua Castellana» (pág. 6).
o) ‘tanta ventaja’. Este sintagma, en apariencia banal, solo aparece 15 veces en ese período en el CORDE. De esas 15 veces, 3 corresponden a Arce de Otálora, otras 3 a Pero Mexía, y 4 están el Crotalón. Y aparece también en el prólogo a la Gramática: «hallaremos tanta ventaja y differencia» (pág. 8).
p) ‘gran tiempo’. El sintagma se repite en el Crotalón y una de las veces junto a un término muy propio del autor: zarlo: «y en esta compañía fui gran tiempo zarlo y espinel». Volvemos a encontrarlo en «cristianos que de gran tiempo estaban allí». Lo usa Villalón en su Gramática.
q) ‘en semejantes lugares’. Sorprendentemente este sintagma es muy poco usado y por muy pocos autores. El CORDE registra 9 casos, uno de ellos en fray Francisco de Osuna, que tal vez haya influido en los demás autores, dada la enorme popularidad de las seis ediciones diferentes del Abecedario. En el Crotalón aparece repetido: «comunmente en semejantes lugares suelen pasar entre sacerdotes». Y en la Gramática tenemos un uso: «y en semejantes lugares como ya dijimos» (pág. 78).
r) ‘cosas graves’. El CORDE registra únicamente 25 casos en todo ese período (7 de ellos anónimos). De los 18 restantes, 3 están en el Crotalón, por lo que tiene interés su uso en la Gramática: «cosas graves y de especulaçión» (pág. 78).
s) ‘elegancia’. En el CORDE aparece con dos grafías: elegancia y elegançia. En el conjunto de ambas no hay muchos ejemplos de uso: incluyendo los autores anónimos, tan solo 20. Por ello tiene interés comprobar la repetición en el Crotalón («fuerça, elegançia y resplandor») y en la primera frase de la Gramática: «Pensando muchas vezes en el valor, elegançia y perfeçión de la lengua castellana». El conjunto de los sustantivos {fuerza, resplandor, valor y perfeción} no permiten discriminar autoría, ya que su uso es general, pero ‘elegancia/elegançia’ sí es un índice de interés por su uso reducido.
De estos veinte índices comunes al Crotalón y a la Gramática, no menos de 6 se encuentran en el prólogo (a la contina, por el consiguiente, especulación, polideza, prístina, copiosidad), en algún caso, repetidos. Parece un apoyo argumentativo sólido para apuntalar la hipótesis de que el autor del Crotalón es el mismo Villalón que también escribe la Gramática y el Provechoso tratado de cambios. Una segunda verificación del filtro es el escrutinio de ese elenco de 20 unidades significativas en un texto afín, como es el caso del Diálogo de las transformaciones. Del conjunto de 20 unidades, tan solo se repiten 5 (engrandecer, hacer caudal, copiosidad, polideza, gran tiempo), lo que avala que la repetición del repertorio completo de 20 unidades es significativa. Tal vez reducir el elenco de 20 a 15 unidades, pasado el filtro del Diálogo de las transformaciones, sea una buena estrategia para dilucidar la distancia lexical de un texto cualquiera, Tx, a los usos del Crotalón.
En cuanto al Provechoso tratado de cambios, conviene recalcar que utilizamos la tercera edición, bastante más amplia que la primera, conforme nos lo detalla el prólogo «Al piadoso lector»:
Y ansí en la segunda impressión añadimos un género de contratación que entre mercaderes se llama parturas, y como nuestra vida vaya de mal en peor es nos nescesario ver y corregir lo que emos escripto hasta aquí, y ansí en esta tercera somos forzados añadir la maldad que se halla de nuevo en las differencias de arrendamientos de obispados y benefficios eclesiásticos que en tanta derrota va. Léalo el piadoso lector con aquella christiana intención con que se lo escrivimos aquí subjectos a la eclesiástica correpción.
La ‘eclesiástica correpción’, en 1546, antes de la batalla de Albis (Mühlberg) era bastante laxa o flexible, porque deja pasar un texto demoledor para las corruptas prácticas de ventas de beneficios eclesiásticos y, de paso, mantiene cierta distancia sobre la cuestión de las bulas. Desgraciadamente el CORDE carece de todos esos capítulos finales, al limitarse a la primera edición, con lo que desaparecen los pasajes que explican el complejo punto de vista de Villalón sobre estas prácticas y queda muy difuminado el planteamiento crítico del autor sobre asuntos que en el Crotalón, diez años después, resultan importantes. Así pues, nuestro escrutinio presenta importantes discrepancias con el que se puede encontrar en el CORDE, que omite esos capítulos finales añadidos en 1546 y que constituyen el entramado moral de la obra, tan cercano en planteamientos doctrinales13 a lo que pode-mos encontrar en el último capítulo del Crotalón.
Dicho esto, veamos ahora las coincidencias entre el léxico del Crotalón y el del Provechoso tratado de cambios:
1) ‘abominable/s’. «por castigar dios este tan abominable pecado» (f. iij, verso).
2) ‘a contento’. En el Crotalón: ‘dançó a contento del rey’ y en el Provechoso tratado: ‘para vivir más a contento’.
3) ‘a tal estado que’. Aparece 2 veces en el Crotalón y otras dos veces en el Provechoso tratado.
4) ‘axorcas’. Aparece dos veces en el Crotalón y una en el Provechoso tratado.
5) ‘buena industria’. Este sintagma aparece hasta 4 veces en Provechoso tratado. En el Crotalón se usa en el relato final procedente de Luciano: «para que con nuestra buena industria nos podamos todos mantener».
6) ‘cobdiçia de los hombres’. La expresión está en el Crotalón y también en el Provechoso tratado.
7) ‘con tanta disoluçión’. Una vez en el Crotalón y dos veces en Provechoso tratado.
8) ‘daño del común’. Este sintagma es muy significativo, porque el CORDE solo registra 4 casos entre 1540 y 1560 y de esos 4 casos, uno está en el Crotalón y 2 en el Provechoso tratado.
9) ‘de su cogeta’. Entre 1540 y 1560 el CORDE solo registra 4 ejemplos de uso, todos ellos en el Crotalón. Está también en el capítulo XXIX del Provechoso tratado de cambios, redacción de 1545, no recogida en el CORDE.
10) ‘de tanto espanto’. Entre 1540 y 1560, el CORDE solo registra 5 casos: tres de ellos en Fernández de Oviedo y los otros dos en el Crotalón y en el Provechoso tratado de cambios.
11) ‘diversidad de’. Se repite 2 veces en el Crotalón y otras dos en el Provechoso tratado.
12) ‘diversos entendimientos’. Una vez en el Crotalón y otra en el Provechoso tratado.
13) ‘el infiel’. Parece un sintagma banal, pero el CORDE solo registra 9 casos entre 1540 y 1560, de los que 3 corresponden a Juan de Valdés; de los 6 restantes, hay uno en el Crotalón y otro en el Provechoso tratado de cambios.
14) ‘en breve tiempo’. Un sintagma frecuente, registrado 152 veces en el período escrutado; llama la atención que 12 están en el Crotalón y 3 en el Provechoso tratado. Este sintagma no se usa en ninguna de las tres obras del Villalón salmantino.
15) ‘en diversos tiempos’. Está en el Crotalón y también en el Provechoso tratado, pero no en las tres obras del Villalón salmantino.
16) ‘en el común’. Se repite, dos veces, en el Provechoso tratado y está también en el Crotalón, pero no lo usa nunca el Villalón salmantino.
17) ‘estar adormido/a. Aparece una vez en el Crotalón y otra en el Provechoso tratado.
18) ‘insaçiable cobdiçia’. Repetido en el Provechoso tratado: ‘para satisfazer su insaciable cobdicia’ y ‘conforme a su insaciable y desordenada cobdicia’ (fol. xlvj, recto).
19) ‘la cobdicia de los hombres’. Hay dos grafías diferentes ‘cobdicia’ y ‘codicia’, pero el sintagma es el mismo y está repetido en el Provechoso tratado; en el Crotalón aparece también dos veces, pero solo una de ellas con esa expresión exacta: «vemos por esperiencia que la cobdiçia de los hombres». En el Provechoso tratado el sintagma complejo es el mismo: «pero ya ha depravado la cobdiçia de los hombres» y más adelante «ha venido a tal estado la cobdiçia de los hombres». Dado que el Provechoso tratado es de 1541-46 y el Crotalón de 1551-56, parece claro que Villalón tiene ya una ideología clara sobre la relación entre el ser humano y uno de los pecados capitales: la ‘cobdiçia’ o avaricia.
20) ‘locura’. Se trata de un concepto, como se sabe, muy afín al pensamiento y doctrina erasmistas. En el Provechoso tratado aparece 7 veces y en el Crotalón, 4 veces. Resulta notable que este vocablo no se use en ninguna de las dos redacciones del Scholástico.
21) ‘mayorazgo/s’. Se repite 3 veces en el Crotalón y aparece también en el Provechoso tratado.
22) ‘obligado a restitución/restituir’. Se trata de un sintagma de implicación moral. La idea aparece 10 veces en el Crotalón y 17 en el Provechoso tratado. El sintagma preciso ‘obligado a restitución’ es nítido en el Crotalón: «quedas obligado a restitución» y aparece 7 veces en el Provechoso tratado.
23) ‘para su remedio’. Aparece una vez en el Crotalón y otra en el Provechoso tratado, pero no está en el Villalón salmantino.
23) ‘semejantes cosas’. Lo mismo que sucede en el caso anterior.
24) ‘servidumbre’. Es un sustantivo de claras implicaciones ideológicas, que aparece 8 veces en el Crotalón y 9 en el Provechoso tratado, pero que está ausente de las tres obras del salmantino.
25) ‘tiranía’. Otro ejemplo de término marcado ideológicamente: Aparece hasta 9 veces en el Provechoso tratado y se repite en el Crotalón, pero no está en el Villalón salmantino.
26) ‘terciopelo’. Con dos grafías distintas: terciopelo y terçiopelo. Aparece 2 veces en el Crotalón ( ‘pieza de terciopelo’ y ‘un dosel muy grande de terçiopelo negro’) y otras dos veces en el Provechoso tratado: ‘cinco varas de terciopelo’ y ‘terciopelo de Hespaña’).
27) ‘usura’. En el Crotalón se usa 6 veces y en el Provechoso tratado 14 veces. ‘usura/r’. El vocablo es de índole altamente moralizante y aparece, en sus diversas variantes nominales, adjetivales y verbales por encima del centenar de veces en el Provechoso tratado. Parece relevante el hecho de que se use hasta 6 veces en el Crotalón, en sus tres variantes gramaticales ‘usura, usurario, usurar’. No la usa nunca el Villalón salmantino.
El último apunte crítico concierne al uso de las conjunciones adversativas ‘mas’ y ‘pero’, que a todo lo largo del siglo XVI permite discriminar autores e incluso, discriminar períodos de autores concretos, como es el caso de Cervantes o de Mateo Alemán, rigurosamente coetáneos (ambos nacen en 1547, con un mes de diferencia) y afines a mundos sociales más o menos marginales. La diferencia de uso en el par ‘mas/pero’ en ambos autores es radical: Cervantes en su primera época (la Galatea y algunas comedias arcaizantes) usa prioritariamente ‘pero’ frente a ‘mas’ en una proporción superior a 3 a 1 y esa proporción aumenta hasta situarse en 20 a 1 en el Persiles y en la segunda parte del Quijote. En cambio, Mateo Alemán es un fiel usuario de ‘mas’ en niveles cercanos a 10 a 1. Las dos partes del Lazarillo coinciden en el uso de ‘mas’ frente a ‘pero’ en una proporción superior a 40/1. El ‘índice adversativo’ arroja en el caso de las obras seguras del Cristóbal de Villalón salmantino un resultado coherente y constante, tanto para Mirrha, como para la Ingeniosa comparación y para el Scholástico; a cambio, el escrutinio de esos mismos usos en la obra del segundo Villalón es radicalmente contrario. El cuadro es el siguiente:
Scholástico
829
14
88 %
Mirrha
21
2
91 %
Ingeniosa
20
4
83 %
Cambios
11
49
18,3 %
Crotalón
22
231
8,7 %
Gramática
1
33
3 %
Se podría argüir que el primer bloque corresponde a textos del período 1536-1539 y que el Scholástico correspondería la fase de redacción anterior a la publicación de Mirrha, según consta en el prefacio de esta obra14. Hemos hecho escrutinio de los capítulos III a VI del primer libro, que son los de redacción más tardía, y los usos de ‘mas’ frente a ‘pero’ son inequívocos: 15 usos de ‘mas’, frente a ninguno de ‘pero’. Dada la importancia de este escrutinio y de sus resultados, paso a detallar estos casos, conforme a la paginación de la edición de Martínez Torrejón: «mas el Maestresala», «mas que todo te corrompiera» (pág. 17), «Mas aquellos solos acertaron» (pág. 18), «mas con un tizón ardiendo» (pág. 19), «mas aun todos los hombres» (pág. 20), «mas los de su tierra» (pág. 23), «mas como la razón predomina» (pág. 25), «mas bien creo que vosotros, señores, no os» (pág. 26), «mas luego volvía a las voces de su amigo», «mas no podían aprovecharse» (pág. 29), «mas todo pospuesto» (pág. 31), «Mas veréis un amigo manifiestamente libre», «mas hecho malhechor (pág. 32), «mas todos le contradezían» (pág. 33), «Mas como el juez vio la gran fidelidad» (pág. 36). No hay ni un solo ejemplo de ‘pero’ en esos cuatro capítulos.
El cotejo entre estos dos bloques de obras parece rotundo: lo que sabemos que es del Cristóbal de Villalón salmantino arroja unos resultados en torno al 87 por 100 de usos de ‘mas’, mientras en el caso del Crotalón nos encontramos con los resultados inversos: un 8,7 por 100 frente a más del 90 por 100 de usos de ‘pero’. El Provechoso tratado de cambios y la Gramática se sitúan en un margen de variación entre el 18,3 por 100 en el texto más antiguo (1541) hasta un escueto 3 por 100 en el más moderno (1558). El Crotalón se sitúa en el medio, pero más cercano al escueto uso de la Gramática. Se trata de una evidencia cuantitativa que respalda de forma clara la hipótesis de que estamos ante dos autores distintos, diferenciables en su usus scribendi de forma objetiva. Y en lo que concierne al Provechoso tratado de cambios y al Crotalón la diferencia temporal (de 1541 a 1553-6) explica bien la evolución paulatina de aumento de uso de ‘pero’ en detrimento de ‘mas’.
El resultado del escrutinio parece bastante concluyente, tanto si nos limitamos a los casos más llamativos, como si analizamos el conjunto de los 27 índices y los usos generales de la alternancia ‘mas/pero’. Los resultados apoyan, de forma clara, la hipótesis de que existen dos Cristóbal de Villalón coincidentes parcialmente en un fragmento temporal (1541-1546), pero de características lingüísticas divergentes en ese mismo período. El Cristóbal de Villalón al que se le puede atribuir el Crotalón es el eclesiástico de Santa Eulalia de Tábara, autor del Provechoso tratado de cambios y de la Gramática. El Villalón alcalaíno. A diferencia de este, el autor del Scholástico, la Ingeniosa comparación y la Tragedia de Mirrha, aunque coincide parcialmente en el tiempo, no coincide ni en los usos lingüísticos ni en la intencionalidad moral e ideológica que tienen los escritos de 1541-6 y el capítulo XX del Crótalon. En este sentido, la hipótesis más sólida y solvente es la de la coexistencia de dos autores distintos con un mismo nombre, que probablemente tengan apellidos diferentes frente al nombre común a ambos de Cristóbal y al uso de Villalón como referente del origen geográfico. En tanto que un documento solvente aclare de forma definitiva este embrollo, entiendo que hay que considerar que el Cristóbal de Villalón licenciado por la universidad de Alcalá y párroco de Santa Eulalia de Tábara es el autor del Crotalón, del Provechoso tratado de cambios y de la Gramática. Un autor muy distinto y muy distante del Cristóbal, también de Villalón, que escribe el Scholástico, la Ingeniosa comparación y la Tragedia de Mirrha.
El título del capítulo XXIX anuncia, como diría la ilustre doña Emilia, ‘la cuestión palpitante’. Su extensión es muy superior a cualquier capítulo anterior y comparable únicamente a una secuencia de tres o cuatro capítulos. Representa, sin duda, el pensamiento de Villalón sobre un tema espinoso, enunciado en el título de forma nítida: «Que trata de los contratos de arrendamientos de obispados y rentas eclesiásticas quanto a la malicia que en ellos se acostumbra». El desarrollo del capítulo cumple las expectativas, empezando por su primer párrafo:
La cobdicia humana se ha enseñoreado tan del todo en los corazones de los hombres que por qualesquiera maneras los combate con tanta ardid que es gran ventura podérsele alguno escapar que no le dé en que entienda por traerle a sus pies y a la condenación de su alma.
Este capítulo, como ya hemos dicho, está omitido en el CORDE.
Copia manuscrita del Crotalón. (BNE, ms. 18345, fol. 1 recto.)
Copia manuscrita del Crotal (BNE, ms. 18345, fol. III verso.)
Copia manuscrita del Crotalón.(BNE, ms. 18345, fol. 6 recto.)
Copia manuscrita y censurada del Crotalón.(BNE, ms. 2294, fol. 117 verso.)
Copia manuscrita y censurada del Crotalón.(BNE, ms. 2294, fol. 139 verso.)
Firma de Villalón.
Tabla de argumentos del Crotalón.(BNE, ms. 2294, fol. VIII verso.)
Parece claro que el planteamiento de este capítulo final añadido en 1546 está bordeando la ortodoxia anterior a Trento y requiere una perspectiva crítica más amplia que el mero cómputo de variantes lingüísticas; requiere ahondar en su contenido doctrinal tanto como en sus aspectos formales. En lo que atañe a la perspectiva doctrinal, la crítica rotunda a los usos y abusos de la simonía eclesiástica es nítida:
Ansí a estos que ha hallado la cobdicia algo arrepentidos los combate agora por otras vías y maneras no menos dignas de condenación. Estos han venido a arrendar haziendas eclesiásticas, en la qual contratación les parece mejorar las vidas y asegurar las conciencias, y en esto veréys quan bueno sea lo que dexan, pues esto llaman mejorar: Ansí que acostumbran arrendar obispados y benefficios por grandes sumas y quantías de dineros, puxándolos y subiendo los en cada año en gran cantidad, agora por dañarse unos a otros, agora por saber unos más industrias que otros para sacar más aventajada mente su interés.
La crítica a los usos y abusos simoníacos es demoledora y no escatima precisiones como ‘arrendar haziendas eclesiásticas’ o ‘arrendar obispados y benefficios’. Es innecesario conjeturar que se trate de una crítica hecha por un reformador de la Reforma protestante; la primera Reforma católica, frustrada en la Península por controvertidas figuras como Melchor Cano o el Inquisidor Valdés Salas, desarrolla una tarea crítica muy poderosa, que se verá frustrada tras la sustitución del gran Inquisidor García de Loaysa, todavía tolerante con el pensamiento crítico reformador. En cuanto a los usos textuales, en esta primera página ya nos encontramos al menos tres en donde coinciden el Provechosotratado y el Crótalon: el adverbio ‘solapadamente’, el sintagma ‘infernal abuso’ y el verbo ‘arrendar’ o su derivado nominal ‘arrendamiento’. Estarán todos ellos en el Crotalón.
El siguiente pasaje ofrece planteamientos similares:
Dixo dios a los sacerdotes, yo les doy su posessión, que no tienen necessidad de otra hazienda en qué suceder, y ansí se la puso tan en contingencia por los sustentar en la confiança más. Sabía, como eterno dios, que la cobdicia los avía de corromper y ansí proveyó para los detener en su confiança y fee que no tuviessen pan cierto que comer, ellos, olvidados de la intención de su dios, trabajan por lo asegurar con arrendamientos y contrataciones de puxas y pregones como en qualesquiera otra haziendas profanas, diziendo en alta voz: quién da más? Aunque dios no da pan, quién me lo quiere dar a mí? Ay más estremada especie de infidelidad? Enfin hazen ferias de la sangre de Christo y mercados públicos de la hazienda de los pobres de dios.
La crítica a las prácticas simoníacas es rotunda. En cuanto a los aspectos formales, el resto de este último capítulo está plagado de usos lingüísticos característicos del Crotalón: ‘razones sophísticas’, ‘por el semejante’, ‘a la contina’, ‘en este propósito’, ‘insaciable cobdicia’ y otros algo menos llamativos. Las denuncias del comportamiento de los obispos y sus beneficios en el arriendo de sus cargos son drásticas y tan solo les falta el aludir a las personas nominalmente:
Si no, díga me un obispo que el año pasado arrendó en diez mil ducados cuál es mayor: el provecho que para su casa saca de arrendar ogaño en doze mill o el daño a su ánima y al pueblo común? Sin dubda creo que es muy mayor el daño sin comparación, por que como todo el trigo del reyno esté en los diezmos de la yglesia, si esto se recoge en los tiranos arrendadores nescessaria mente han de encarecer la plaza por su ganancia particular. De donde se sigue padecer de hambre el común. Pues sepamos qué provecho se le añade en su casa, en sus criados, plato y despensa, con los dos mill ducados más en que ogaño arrendó? Y lo mismo podemos considerar de los monesterios y yglesias catredales, y colejiales, qué mejora siente cada uno en particular por subir con agudezas y cautelas las rentas de sus calongías ogaño mill ducados, de los quales no les cabe repartidos por todos los benefficiados a maravedí, y destruymos la república en común? O, desventurada de nuestra avaricia la más herviente y sedienta que en los demonios se puede encarecer, a dónde a de yr en nosotros apartar? A dónde nos ha de llevar? Por cierto no pararemos hasta el infierno si no ponemos en ella fin.
Son los mismos acentos que encontramos en el vigésimo canto del gallo en el Crotalón. La referencia inmediata de Villalón es Jeremías: «requeriendo nos a la enmienda de nuestra avaricia por Hieremías» y el colofón de toda esta invectiva es, naturalmente, san Pablo, explícitamente mencionado en el último parágrafo del Provechoso tratado: «por los ýdolos se entiende la avaricia, sanct Pablo lo dize». Este Villalón paulino está bastante alejado de los planteamientos del autor del Scholástico y de la Ingeniosa comparación. Está, en cambio, muy cercano al autor del canto XX del Crotalón. Un canto donde se usa 9 veces ‘pero’ y ninguna vez ‘mas’ y en donde la cercanía ideológica y doctrinal con lo que se propone en el capítulo XXIX del Provechoso tratado de cambios es inequívoca.
El escrutinio minucioso del Canto XX del Crotalón refuerza la hipótesis de que los dos manuscritos no son obra del autor del texto original, sino de un copista que corrige el texto de vez en cuando. Tenemos un excelente ejemplo de intervención del copista en el manuscrito 2294, en un pasaje que ha llamado la atención de Asunción Rallo, que anota lo siguiente: «En el Ms. 2294 primeramente se había escrito de peor en peor El primer peor está tachado y añadido encima mal (fol. 171 vto.)» (pág. 444, nota 12). Rallo edita ‘de mal en peor’ conforme a la corrección hecha por el copista, sin advertir que en dos ocasiones anteriores el texto avala la lección «de peor en peor»: «el mundo va de peor en peor» y poco después «irían las cosas de peor en peor». La lección original del manuscrito debe considerarse como la correcta, avalada por el texto y avalada porque la secuencia ‘de peor en peor’ está documentada en varios autores, alguno en el mismo siglo XVI, como es el caso de san Juan de la Cruz y del anónimo autor de la Crónica del Rey Henrico VIII. No hay razón para aceptar la enmienda del copista del manuscrito 2294; a cambio, es una prueba más de la intervención correctora del amanuense que copia el texto original. Intervención que podría afectar también a la precaria disposición de los capítulos y sus títulos y al texto previo.
