Cuaderno alemán - María Negroni - E-Book

Cuaderno alemán E-Book

María Negroni

0,0

Beschreibung

Cuaderno alemán es una galería donde caben textos de toda especie. escritos entre agosto y septiembre del 2010, estos relatos poéticos en miniatura describen situaciones entrevistas en caminatas: una manifestación política donde la gente carga globos, la devoción con que los alemanes pasean a sus perros, la clásica fiesta de la cerveza o la fascinación y horror que generan los museos germanos. No se trata de un diario de viaje, Negroni afirma que nunca ha escrito uno, sino una deriva vuelta escritura, que en su movimiento y montaje urde un relato sobre la eterna paradoja que simboliza el primer mundo.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 39

Veröffentlichungsjahr: 2015

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



María Negroni

Cuaderno alemán

ISBN: 978-956-9131-85-1
Este libro se ha creado con StreetLib Write (http://write.streetlib.com).

Cuaderno alemán

María Negroni

Cuaderno alemán

© María Negroni. Texto e imágenes originales

De esta edición © Alquimia Ediciones, 2015 Colección: Foja Cero

Edición general y dirección de colección: Guido Arroyo González

Corrección: Cristóbal Riego Diseño editorial: Estudio Navaja

Recíbeme afablemente

que soy un extranjero.

Friedrich Hölderlin

A modo de prólogo

Los textos que hallará el lector en este libro fueron escritos para un blog, más específicamente para el blog que construyeron y pusieron en marcha las sedes del Instituto Goethe en Argentina y Alemania, entre agosto y septiembre de 2010, con motivo del proyecto Rayuela.

El proyecto –que contó con el apoyo nanciero de las cancillerías respectivas y fue parte de las actividades de Ar- gentina como país invitado de honor a la Feria Internacional del Libro de Fráncfort 2010– consistía en enviar a cinco escritores argentinos a Alemania (María Sonia Cristo , Alan Pauls, Pablo de Santis, Ariel Magnus y yo) y cinco escritores alemanes a Argentina (Ulf Stolterfoht, Ron Winkler, Ray Wieland, Alissa Walser y Christoph Simon), con la idea de difundir su trabajo y, sobre todo, ampliar y fomentar los lazos culturales entre las dos naciones. A todos se nos pidió que escribiéramos un diario de viaje.

Confieso que, al comienzo, la idea de escribir un blog me produjo escozor. Siempre descon é de ese tipo de es- critura –cuya supuesta espontaneidad y alegre inmediatez ocultan mal su tendencia al chisme y su proselitismo a favor de las banalidades del ego. Pero mis alternativas eran nulas. Así que, apenas llegada a Stuttgart, mi ciudad “base”, tuve que amigarme con la idea.

Quizá para disimular, me compré en Buenos Aires, antes de partir, un cuaderno apaisado donde escribí a mano mis entradas, mientras me dejaba llevar por las sensacio- nes –de todo tipo– que me asaltaron durante el viaje. A la insubordinación del manuscrito agregué enseguida otro anacronismo. Apenas llegada, me compré un pincel y un frasquito de tinta azul y me dediqué a dibujar –con total desfachatez– lo que me venía en mente. Aclaro, por si hace falta, que el dibujo no es uno de mis talentos, ni siquiera uno de los menos desarrollados.

La experiencia valió la pena. No porque haya cambia- do de opinión sobre los blogs (soy testaruda en mis ideas) sino porque me forzó a dejar un registro de cinco semanas meticulosas en hechos y encuentros y paseos que, algunas veces, bordearon sin vergüenza el absurdo y otras me dejaron a merced del sencillo horror.

¿Qué hacía yo, me pregunté muchas veces, en ese mundo rubio lleno de elois paseando a sus perros encantadores por el mundo? También, por momentos, me sentí Dora, la Exploradora (en vez de Madame de Staël), yendo de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, entre la fatiga y el tedio, con mapas en la mano, preguntándome quién me había mandado a intentar conocer tantos lugares a la vez. Varias veces estuve a punto de largar todo para volverme a casa (pero el concepto “casa” se me escapaba).

Cada viaje tiene sus fascinaciones y desencantos. Cada uno trae sus descubrimientos.

Quizá en este me fue dado percibir algo más bien inesperado: una suerte de cansancio frente a las “maravillas” –o aberraciones ilustradas– del primer mundo.

Berlín fue la excepción y eso, sin duda, por lo que tiene de ciudad inconclusa, todavía protegida por la melancolía de sus luces tenues, sus aires de ruina y la mirada un poco esquiva de sus habitantes. Ahí el diario de viaje se interrumpió de repente. En su lugar, escribí unos poemas que me parecieron, en ese momento, algo así como “pequeños muros derruidos”. Los incluyo en la segunda parte de este libro como una forma oblicua de celebrar lo imperfecto.

M.N.

Entre Madame de Staël y Dora la Exploradora

I