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"Cuentos de la Alhambra" es una obra magistral de Washington Irving que combina la narrativa de viaje con la fábula y la historia. Publicada en 1832, la obra refleja un profundo amor por la cultura española, particularmente la herencia musulmana de la Alhambra en Granada. El estilo literario de Irving destaca por su prosa evocadora y su capacidad para capturar la atmósfera de este majestuoso palacio. A través de relatos que van desde lo legendario hasta lo pintoresco, el autor introduce al lector en un universo donde la historia, la fantasía y el paisaje se entrelazan, revelando la belleza y el enigma de la Alhambra. Washington Irving, un pionero de la literatura estadounidense, fue conocido por sus relatos que exploraban la identidad y la cultura. Su experiencia en Europa, en particular su fascinación por España, lo llevó a albergar un interés particular en la Alhambra, que a la postre se tradujo en esta obra. Irving se convirtió en el primer autor estadounidense en escribir sobre la historia y la cultura hispánica, lo que contribuyó a forjar una imagen romántica del país. Recomiendo encarecidamente "Cuentos de la Alhambra" a los amantes de la literatura que busquen una obra que no solo entretenga, sino que también eduque sobre una de las joyas arquitectónicas más emblemáticas de España. Esta obra es un viaje literario que estimula la imaginación y ofrece una mirada única a la multiculturalidad de la península ibérica. En esta edición enriquecida, hemos creado cuidadosamente un valor añadido para tu experiencia de lectura: - Una Introducción sucinta sitúa el atractivo atemporal de la obra y sus temas. - La Sinopsis describe la trama principal, destacando los hechos clave sin revelar giros críticos. - Un Contexto Histórico detallado te sumerge en los acontecimientos e influencias de la época que dieron forma a la escritura. - Una Biografía del Autor revela hitos en la vida del autor, arrojando luz sobre las reflexiones personales detrás del texto. - Un Análisis exhaustivo examina símbolos, motivos y la evolución de los personajes para descubrir significados profundos. - Preguntas de reflexión te invitan a involucrarte personalmente con los mensajes de la obra, conectándolos con la vida moderna. - Citas memorables seleccionadas resaltan momentos de brillantez literaria.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
Esta colección de un solo autor reúne un conjunto orgánico de piezas que Washington Irving agrupó bajo el título Cuentos de la Alhambra, un mosaico de crónica de viaje, ensayo descriptivo y relato legendario. Su propósito es ofrecer, en un solo recorrido de lectura, la experiencia granadina del escritor y el imaginario histórico que la rodea. Las secciones seleccionadas —El Viage, Gobierno de la Alhambra, Interior de la Alhambra, Economía doméstica, Tradiciones locales, La Casa del Gallo, Leyenda del Astrólogo Árabe e Historia del príncipe Ahmed Al Kamel, ó el peregrino de amor— componen un ciclo coherente que dialoga entre observación directa, memoria cultural y fabulación sobria.
Washington Irving, autor estadounidense nacido en 1783 y fallecido en 1859, dio a conocer estas páginas por primera vez en 1832, tras su estancia en Granada. La obra nació del contacto inmediato con el monumento y su entorno, así como de conversaciones con habitantes del lugar y de lecturas históricas. Su recepción temprana consolidó el libro como una referencia perdurable de la literatura de viajes romántica. Esta edición de conjunto no pretende añadir aparato crítico ni reinterpretaciones externas, sino presentar, con continuidad, piezas que se leen como cuaderno de campo literario y compendio de tradiciones locales integradas en prosa artística.
Los textos aquí reunidos abarcan géneros diversos. Encontramos crónicas de desplazamiento y llegada, estampas de costumbres y administración, apuntes de arquitectura y paisaje, y relatos de transmisión oral vertidos en forma de cuentos o leyendas. La variedad no dispersa el efecto de conjunto, porque Irving construye un marco único: la Alhambra como lugar de escritura y escucha. El narrador se desplaza entre el testimonio inmediato y la imaginación histórica, siempre desde una prosa clara que combina ritmo pausado, ironía ligera y gusto por el detalle concreto, sin renunciar a la atmósfera que sugiere resonancias del pasado en el presente.
Los temas que unifican este conjunto son reconocibles: la convivencia de ruina y esplendor, la persistencia de la memoria en la piedra, la superposición de culturas en un mismo espacio y la frontera porosa entre lo visto y lo contado. La Alhambra funciona como palimpsesto donde la historia documentada convive con la leyenda. Irving explora la hospitalidad, los ritos cotidianos y las formas de gobierno, pero también la fascinación por lo maravilloso. El resultado es una topografía literaria que construye sentido a partir de patios, torres y corredores, y que devuelve al lector la complejidad de un lugar en el que cada rincón suscita relato.
El Viage abre el itinerario y fija la perspectiva del viajero que se aproxima a Granada. Es, a la vez, relato de movimiento y programa de lectura: una invitación a comprender el camino como preparación de la mirada. Sin adelantar episodios concretos, puede decirse que el texto describe la transición desde paisajes interiores hacia la promesa de la ciudad nazarí. La voz se detiene en impresiones y en el ánimo expectante, modulando la prosa hacia la disponibilidad necesaria para escuchar historias ajenas. Así, la llegada no es un cierre, sino el umbral de las escenas que seguirán.
Gobierno de la Alhambra atiende a la vida institucional y a la figura de quienes custodian el recinto. Desde la distancia respetuosa del observador, Irving muestra cómo un monumento histórico se administra en el presente, qué reglas sostienen su cuidado y qué tensiones surgen entre protección, acceso y uso cotidiano. El interés no es polémico, sino descriptivo: el texto registra voces, procedimientos y pequeñas anécdotas que iluminan el sentido práctico de la conservación. Esta mirada concreta ancla la obra en el ahora y equilibra la tendencia al ensueño que emerge en las piezas más legendarias.
Interior de la Alhambra concentra la atención en los espacios, materiales y juegos de luz que definen el palacio y su fortaleza. La prosa funciona aquí como una guía sensible: propicia el reconocimiento de yeserías, patios, inscripciones y perspectivas que organizan la experiencia del visitante. La descripción no se limita al inventario; sugiere silencios, circulaciones del aire y ritmos de sombra que ayudan a entender por qué este lugar ha generado tantas historias. Al enfatizar el detalle observado, Irving asienta una poética de la superficie que prepara el paso a las narraciones que pueblan esos ámbitos.
Economía doméstica desplaza el foco hacia la vida práctica de quienes habitan y trabajan en el conjunto monumental. Se abordan rutinas, arreglos cotidianos, intercambios y pequeñas ceremonias del día a día. El énfasis en lo doméstico sostiene un contrapunto con lo monumental: allí donde la piedra proclama grandeza, la vida común ofrece continuidad. Este texto muestra cómo el lugar no es solo patrimonio, sino también hogar y sustento. En la medida en que el narrador observa con atención y simpatía, emerge una ética de la proximidad que refuerza la credibilidad del cuadro completo.
Tradiciones locales compila relatos transmitidos por vecinos y guías, recogidos con el cuidado de quien distingue entre testimonio, rumor y fábula. Irving no pretende fijar una versión definitiva, sino preservar la variedad de voces y matices que circulan en torno a la Alhambra. Esta sección exhibe el método que recorre toda la obra: escucha abierta, contraste con referencias históricas cuando existen, y una transposición literaria que respeta la tonalidad original. El resultado es un archivo vivo de imaginarios que coexisten, en el que la invención popular convive con recuerdos documentados.
La Casa del Gallo ilustra cómo un punto concreto del recinto se convierte en núcleo de significados. El texto propone una lectura topográfica de la leyenda: el lugar, nombrado y frecuentado, atrae historias que lo consolidan como hito afectivo. Sin anticipar giros narrativos, basta señalar que el relato explora el vínculo entre arquitectura y memoria, y cómo el nombre de un sitio acelera la imaginación del viajero. En este cruce, la obra alcanza uno de sus rasgos más perdurables: mostrar que la geografía puede ser también un género literario donde cada elemento convoca un relato.
La Leyenda del Astrólogo Árabe pertenece al ámbito de lo maravilloso anclado en la tradición erudita. Su premisa gira en torno a un sabio cuya ciencia suscita acontecimientos extraordinarios vinculados al palacio y a sus moradores pretéritos. La Historia del príncipe Ahmed Al Kamel, ó el peregrino de amor, por su parte, se adentra en un viaje de formación sentimental con rasgos de cuento oriental. En ambos casos, la prosa mantiene el equilibrio entre encanto narrativo y claridad expositiva, evitando excesos de misterio y privilegiando la progresión lógica de los hechos dentro del clima fantástico.
Estos textos, en conjunto, revelan rasgos estilísticos que explican su vigencia: una prosa nítida y cadenciosa, un humor discreto, una curiosidad respetuosa por las personas y una imaginación que no desconoce la historia. La mezcla de observación y leyenda no confunde planos; más bien los pone en diálogo para ampliar el sentido de la experiencia. Leídos hoy, permiten reconocer el horizonte romántico de su tiempo y, a la vez, practicar una lectura atenta a perspectivas y sensibilidades del siglo XIX sin renunciar al placer de la narración bien construida. Esa doble conciencia aumenta su relevancia contemporánea.
Washington Irving (1783–1859) fue un escritor y diplomático estadounidense cuya obra consolidó el prestigio internacional de las letras norteamericanas en el siglo XIX. Cultivó el relato breve, la crónica de viajes y la historia literaria con un estilo claro, irónico y de sensibilidad romántica. Su relación con España, y en particular con Granada, es central: residió una temporada en la Alhambra y convirtió ese enclave en materia literaria de alcance duradero. La presente colección reúne piezas de ese ciclo —entre ellas El Viage, Gobierno de la Alhambra, Interior de la Alhambra, Economía doméstica, Tradiciones locales, La Casa del Gallo, Leyenda del Astrólogo Árabe e Historia del príncipe Ahmed Al Kamel, ó el peregrino de amor—.
Formado en derecho en Nueva York, Irving ejerció poco la abogacía y muy pronto se orientó al periodismo y la sátira. Publicó textos tempranos bajo seudónimos como Jonathan Oldstyle y Diedrich Knickerbocker, que ya mostraban su gusto por el humor y la parodia histórica. La lectura de autores británicos y alemanes, así como sus prolongadas estancias europeas, afianzaron su afinidad con el romanticismo y el gusto por la tradición oral. Su prosa combina observación de costumbres, documentación histórica y fantasía controlada, rasgos que más tarde le permitirían tratar con elegancia las leyendas moriscas y la vida cotidiana en torno a la fortaleza nazarí.
Su consagración llegó con The Sketch Book of Geoffrey Crayon, Gent. (publicado a inicios de la década de 1820), que contenía relatos como Rip Van Winkle y The Legend of Sleepy Hollow. El volumen le ganó lectores en ambos lados del Atlántico y lo convirtió en uno de los primeros autores estadounidenses con éxito sostenido en Europa. En esos años consolidó una voz de viajero culto y observador, capaz de alternar escenas pintorescas con notas históricas. Ese equilibrio entre literatura y crónica sería decisivo para sus libros españoles, donde el pasado medieval y la experiencia directa del lugar se entretejen sin didactismo.
Invitado a consultar archivos en Madrid, Irving residió en España durante buena parte de la segunda mitad de la década de 1820. De ese trabajo surgieron obras históricas como la Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón, la Crónica de la conquista de Granada y los Relatos de los compañeros de Colón. En 1829 pasó una temporada en la Alhambra, experiencia de la que nacerían los Cuentos de la Alhambra (1832), libro de perfiles, anécdotas y leyendas. Allí se sitúan piezas de observación como El Viage, Gobierno de la Alhambra, Interior de la Alhambra y Economía doméstica.
Las secciones Tradiciones locales y La Casa del Gallo continúan ese registro costumbrista, atento a voces, supersticiones y rutinas de los habitantes vinculados al recinto. A ellas se suman leyendas de raíz morisca —como Leyenda del Astrólogo Árabe e Historia del príncipe Ahmed Al Kamel, ó el peregrino de amor— en las que Irving explora un Oriente cercano, filtrado por la memoria granadina. Su narrador, un viajero respetuoso y curioso, evita el exotismo fácil y apuesta por una atmósfera sugestiva que deja respirar la historia. Esa mezcla de observación y fábula define el encanto perdurable del ciclo de la Alhambra.
Además de escritor, Irving fue servidor público en misiones diplomáticas. Desempeñó cargos en legaciones estadounidenses en Europa y, más tarde, fue ministro de Estados Unidos en España durante la década de 1840. Tras su regreso a su país, publicó relatos de viaje por el interior norteamericano y abordó proyectos de largo aliento, entre ellos la biografía de George Washington, que ocupó sus últimos años de trabajo. Su producción tardía mantiene el interés por el diálogo entre historia y literatura, ya presente en los textos españoles, y confirma su vocación de mediador cultural entre tradiciones que él trató con equilibrio y claridad.
En sus últimos años residió en su casa de Sunnyside, a orillas del río Hudson, donde siguió revisando y ampliando obras anteriores, incluidos los materiales de la Alhambra. Falleció en 1859. Su legado se reconoce en la consolidación del relato breve en inglés, en la dignificación del escritor profesional y en la proyección internacional de una literatura estadounidense aún joven. En el ámbito hispánico, su mirada sensible sobre Granada fijó una imagen literaria de la Alhambra que perdura. Las piezas aquí reunidas muestran por qué: combinan historia, paisaje y fantasía con una cortesía narrativa que sigue invitando a la lectura atenta.
Washington Irving (1783–1859) fue un escritor estadounidense formado en el clima romántico angloamericano que, tras residir en Europa desde 1815, viajó a España hacia 1826. Investigó en archivos de Madrid y Sevilla y, en 1829, habitó temporalmente en la Alhambra. De esa estancia surgió Cuentos de la Alhambra, publicado en 1832, obra híbrida que combina apuntes de viaje y leyendas. La colección recorre varios estratos históricos: el esplendor nazarí medieval, la conquista castellana de 1492, las tensiones de la España moderna y la realidad postnapoleónica de la década de 1820. Cada sección vincula la experiencia contemporánea del autor con memorias y tradiciones acumuladas en el recinto.
El Viage se inscribe en la España de Fernando VII, marcada por el Trienio Liberal (1820–1823) y su abrupto final tras la intervención francesa de 1823. La década siguiente estuvo atravesada por controles, pobreza rural y rutas inseguras, huellas aún visibles cuando Irving recorrió Andalucía. El relato registra postas, pasaportes, ventas y compañía armada ocasional, rasgos habituales del desplazamiento terrestre en una península que salía de la guerra y de la inestabilidad política. La atmósfera es la de un tránsito entre un orden antiguo, localista, y tímidas reorganizaciones administrativas borbónicas que buscaban normalizar el movimiento de viajeros y mercancías.
La experiencia del viaje que describe Irving refleja una infraestructura previa al ferrocarril. Las diligencias, recuas de mulas y caminos de posta vertebraban entonces la comunicación interior, heredera de reformas del siglo XVIII pero aún desigual por orografía y recursos. En contraste con la industrialización acelerada de Reino Unido y ciertas zonas de Francia, la España de los años 1820 conservaba ritmos preindustriales en muchos ámbitos. Esa lentitud material alimenta el tono contemplativo de El Viage: la distancia, el silencio y la intemperie favorecen lo pintoresco y la observación de costumbres, mientras el viajero negocia seguridad y hospitalidad en enclaves de economía modesta.
La Alhambra que halla Irving es un palimpsesto histórico. Erigida entre los siglos XIII y XV como ciudad palatina nazarí, fue sede de sultanes hasta 1492. Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos la adaptaron y Carlos V impulsó, desde 1527, un palacio renacentista inacabado, signo del nuevo orden. Con el tiempo, partes del conjunto se destinaron a funciones militares y residenciales, y otras decayendo por abandono. Cuentos de la Alhambra explora esas capas temporales, y en Gobierno de la Alhambra examina cómo una fortaleza convertida en monumento vivía bajo custodias, reglamentos y usos cotidianos que no siempre armonizaban con su valor patrimonial.
Las guerras napoleónicas (1808–1814) dañaron gravemente el conjunto. La Alhambra fue ocupada por tropas francesas y, al retirarse en 1812, volaron estructuras y dejaron deterioros que marcaron su fisonomía. A ello se sumaron expolios y reformas improvisadas. Interior de la Alhambra recoge el estado ruinoso y fascinante del recinto en la década de 1820: yeserías descascaradas, inscripciones interrumpidas y jardines desordenados junto a estampas de belleza persistente. La ruina, tan apreciada por la sensibilidad romántica, no está idealizada aquí: revela las consecuencias materiales de la guerra moderna sobre un patrimonio medieval y la vulnerabilidad de la memoria arquitectónica.
La figura del alcaide o gobernador de la Alhambra, heredera de funciones medievales y modernizada por el aparato borbónico, aparece en Gobierno de la Alhambra como mediadora entre autoridad militar, vecinos y visitantes. En la práctica, custodiaba llaves, regulaba accesos y resolvía reparaciones básicas con presupuestos limitados. Irving, alojado en el recinto por cortesía oficial en 1829, observa una administración de día a día, más conservadora que restauradora. Retrata guardias, toques de queda y ceremoniales residuales, a la vez que deja ver el despertar, aún incipiente, de una conciencia patrimonial que, décadas después, cristalizaría en normativas y comisiones de monumentos.
Interior de la Alhambra atiende también a sus habitantes corrientes, familias que ocupaban estancias y torres, y a los oficios ligados a la fortaleza. Esa vida intramuros se explica por condiciones económicas regionales: una Granada posbélica con agricultura en la vega, artes prácticas y escasos capitales. La Alhambra funcionaba como barrio peculiar dentro de una ciudad en transformación lenta, donde se reutilizaban espacios palatinos para vivienda o almacén. La convivencia de lo suntuoso y lo humilde, perceptible en patios y corredores, consolida el tono documental del libro: lo monumental no se entiende sin las economías domésticas que lo mantienen, usan o desgastan.
Economía doméstica prolonga esa mirada y la entronca con el costumbrismo, corriente que a inicios del siglo XIX fijaba escenas de la vida cotidiana. Irving describe abastecimientos en mercados, el uso del agua de la Acequia Real, fogones y protocolos de hospitalidad, prácticas que dependían de redes locales más que de estructuras estatales modernas. El énfasis en utensilios, horarios y comidas no es anecdótico: ilumina cómo, en un monumento sin dotación regular, la conservación descansaba en manos de caseros, artesanos y una administración modesta, mientras el visitante extranjero empezaba a convertirse en partícipe de esa microeconomía mediante alquileres, propinas y encargos.
