Cuerpos en la escuela - Mariel Ruiz - E-Book

Cuerpos en la escuela E-Book

Mariel Ruiz

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"La reflexión que comparte Mariel Ruiz en este libro es una invitación relevante para profundizar de manera integrada las vivencias de los cuerpos de niños, niñas y docentes en la escuela, institución de la modernidad que desde su origen plantea una separación entre el cuerpo y la mente, al mismo tiempo que ofrece una oportunidad para dar origen a propuestas pedagógicas que articulen sin fragmentar la experiencia humana, para aportar a la configuración de subjetividades -lo que soy y lo que puedo llegar a ser-, que transformen los espacios de control, reproducción y resignación en espacios para la creación, la libertad, y con ello a la hospitalidad real de la singularidad y diversidad de relatos de todos los que participan del proceso. Práctica educativa que requiere de la sensibilidad de profesores y profesoras que vivan el desafío de la experiencia desde una perspectiva política orientada al bienestar de sus estudiantes, como sujetos en su completud y complejidad" (Patricia Hermosilla-Salazar, Universidad de Chile).

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Seitenzahl: 245

Veröffentlichungsjahr: 2021

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CUERPOS EN LA ESCUELA

La reflexión que comparte Mariel Ruiz en este libro es una invitación relevante para profundizar de manera integrada las vivencias de los cuerpos de niños, niñas y docentes en la escuela, institución de la modernidad que desde su origen plantea una separación entre el cuerpo y la mente, al mismo tiempo que ofrece una oportunidad para dar origen a propuestas pedagógicas que articulen sin fragmentar la experiencia humana, para aportar a la configuración de subjetividades –lo que soy y lo que puedo llegar a ser–, que transformen los espacios de control, reproducción y resignación en espacios para la creación, la libertad, y con ello a la hospitalidad real de la singularidad y diversidad de relatos de todos los que participan del proceso. Práctica educativa que requiere de la sensibilidad de profesores y profesoras que vivan el desafío de la experiencia desde una perspectiva política orientada al bienestar de sus estudiantes, como sujetos en su completud y complejidad.

Patricia Hermosilla-Salazar

Universidad de Chile

 

 

Mariel Alejandra Ruiz Doctora y magíster en Pedagogía por la Universidad de Barcelona. Licenciada en Nivel Inicial por la Universidad Nacional de Luján. Profesora de Educación Física por el Instituto de Educación Física Dr. Dalmascio Vélez Sarsfield. Es profesora e investigadora en universidades e institutos superiores de formación docente públicos de Buenos Aires vinculados a las didácticas específicas y las prácticas de enseñanza en los diferentes niveles educativos. Estudia temas relacionados con la formación docente en general y educación física, los cuerpos, las culturas, las digitalidades y las tecnologías en los nuevos escenarios y entornos de aprendizaje. En la actualidad coordina el Grupo de Estudios sobre Docencia, Cuerpos, Tecnologías, Escuelas y Culturas del Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján.

MARIEL RUIZ

CUERPOS EN LA ESCUELA

Experiencias pedagógicas de infancias entre continentes

Índice

CubiertaAcerca de este libroPortadaAgradecimientosPrólogo, por Jordi PlanellaPresentaciónIntroducción1. Sentidos y significados de lo corporal2. La escuela: un lugar para aprender a ser cuerpoLos rituales escolares en el cuerpoEspacios, lugares y tránsitos escolares en el cuerpoSer cuerpo en la escuela3. La infancia, los medios y el cuerpoEl cuerpo: lo presente no nombrado en lo escolarEligiendo lugares de enunciación: entre lo masculino y lo femenino4. En las pedagogías de lo corporalLa “experiencia” de ser cuerpo para InésEl saber que es del “otro”Pensar(se) cuerpoTránsitos silenciosos de experiencias corporales5. Construir identidad corporal en clases de una educación física¿Quién dijo que el fútbol no es para las niñas?“Otras” identidades corporales para la educación física escolar6. El cuerpo como espacio curricularCuerpos, espacios, tiempos y materiales en las clases de educación físicaTrotar sobre las líneas de la cancha y algo más…Empezando por ellos…De saberes corporales y aprendizajes escolares7. Entre el saber y la diferencia, la experiencia corporalLas diferencias encarnadasGerard: la responsabilidadElenis: territorios de encarnaciónIlario y Jénia: “Cabos sueltos”8. Entre la creatividad y los dispositivos pedagógicos de la educación física: lo corporalDispositivo pedagógico 1: la negación de la singularidadDispositivo pedagógico 2: el estrecho ojo de lo negativoDispositivo pedagógico 3: la libertad de la práctica como el gobierno de los sujetos9. Entre el pasado y el futuro: lo que hay10. Lo que queda por pensar…BibliografíaCréditos

Agradecimientos

Debería llenar muchas páginas para agradecer a todos y cada uno de los que me acompañan y acompañaron en la producción de este texto, mis colegas docentes y de estudio, de todos los mundos, mi formadores de toda la vida, mis maestros de escuelas, profesores en la formación inicial, y de la universidad, de mi país y del extranjero, los libros que leí, las películas que me inspiraron, las novelas y otras obras literarias que despertaron mi imaginación y alimentaron mi romanticismo, los videos, cortos y museos que me produjeron inquietudes, revolotearon mis pensamientos y colaboraron en mi escritura. Pero les agradezco profundamente a las niñas y los niños de las escuelas, que me dieron voz, y me permitieron decir lo que pensaba. Y entre esas niñas y niños, están mis niñas y mis niños, los más cercanos, los más íntimos, los más familiares, las niñas y los niños de mi casa, de mis tardes y mis noches, los de las risas y los juegos y, por sobre todo, de los únicos e irrepetibles momentos de la vida.

 

Prólogo

Jordi Planella

Catedrático de Pedagogía Social

Universitat Oberta de Catalunya

 

 

 

 

 

Al escribir se retienen las palabras, se hacen propias, sujetas a ritmo, selladas por el dominio humano de quien así las maneja… Mas las palabras dicen algo.

María Zambrano

 

Prologar un libro es, ante todo, un regalo que su autor hace a alguien de confianza para que lo presente, para que a través de sus palabras lo introduzca “en sociedad”. Y para iniciar ese acto de presentación quiero afirmar con rotundidad que, para un académico, en la actualidad, escribir un libro puede ser considerado como un acto de resistencia. Resistir, porque el contexto de la academia circula por otros derroteros mucho más vinculados a trabajos cortos y publicados en revistas que son calificadas “de impacto”. ¿Qué es el impacto?, nos podríamos preguntar. ¿En quiénes impacta? ¿Realmente los profesionales de disciplinas a los que se refiere a lo largo del libro leerán esas revistas especializadas? Es por ello que quería resaltar esa condición de resistencia, de pensar en otras formas de “impacto”, mucho más pensadas en la incidencia de las prácticas educativo-corporales que en los currículums personales.

Enmarcada esta cuestión de orden académico, paso a centrarme en el texto que el lector tiene entre sus manos y se dispone a leer. Se trata de un texto que puede ubicarse en lo que a algunos autores nos gusta denominar body turn (giro corporal) y que se basa en buscar la centralidad de lo somático (leído especialmente desde su dimensión simbólica) en las relaciones sociales. En los últimos treinta años, y como resultado de una vertebración entre diferentes disciplinas (entre las que podemos ubicar la antropología, la historia, la sociología, el arte, la psicología o la educación) se ha desarrollado un campo disciplinar que podemos denominar con la expresión anglosajona Body Studies. Desde el trabajo de algunos autores iniciales (Bryan Turner o David Le Breton) se han ido desarrollando diferentes aportaciones al estudio del cuerpo desde su perspectiva sociocultural. Nacidos como complemento o contrapartida a la perspectiva anatómica y biológica del cuerpo humano, han buscado ofrecer luz a determinadas preguntas centrales sobre las formas de vivir la condición de humanidad. Distintos escenarios y geografías han jugado un papel relevante, pero de forma especial en los últimos diez años han emergido grupos de investigación, proyectos, tesis, artículos, libros y congresos que sitúan a países como México, Brasil, Colombia o Argentina como uno de los ejes mundiales de la producción de saberes corporales.

La propia historia de la humanidad ha oscilado entre dos grandes concepciones del cuerpo: la concepción del cuerpo como algo físico (Körper) y la concepción del cuerpo como algo vivido (Leib). Se trata de dos formas radicalmente diferentes de pensar y concebir al ser humano y a los dispositivos que las sociedades han creado para, justamente, producir esa condición de “humanidad” en ellos. El libro de Mariel se sitúa claramente en ese giro del que he hablado y lo hace ofreciendo una mirada distinta al papel y a la concepción del cuerpo de los educandos en los dispositivos escolares. No se trata de presentarlo desde la clásica concepción que entiende que el cuerpo es territorio exclusivo de la educación física o de que el cuerpo es el que dificulta, precisamente, el ejercicio de los aprendizajes intelectuales (aprender a pesar del cuerpo).

El libro, de forma muy delicada, parte de las narrativas (corpo-narrativas podríamos denominarlo) de niñas y niños que han experimentado dichos aprendizajes corporales. En el título del libro ya se anuncia dicha perspectiva Cuerpos en la escuela: experiencias de infancias entre continentes. Se trata de eso: los cuerpos, nos guste o no, nos resistamos como educadores o no, hacen acto de presencia, corpografían, gritan con sus sabores, saberes y olores que aprender no es, únicamente, un acto cognitivo, sino también un acto somático. ¿Cuál es el papel de la escuela con relación a los cuerpos de los sujetos de la educación? Demasiado a menudo se trata de imponer un modelo (muy parametrizado y normalizado) de lo que significa ser mujer o ser hombre en las sociedades occidentales. Todo lo que sale de esos patrones se presenta como problemático y deber ser reconducido, reeducado o descorporificado. Pero frente a esa postura (por desgracia demasiado presente en la educación actual) el libro de Mariel propone otras formas, que tal vez podemos calificar de más humanizadas, de posibilitar el ejercicio de “ser cuerpo en la escuela”. Porque es justo en esa expresión donde se produce, a mi modo de ver, una de las grandes paradojas de la escuela: la infancia –que es una etapa primariamente corporal– se ve secuestrada de su condición somática y ello es suplantado por el predominio de lo que David Le Breton denomina como “maestros de la verdad”. Mariel apuesta, de forma clara, por una pedagogía sensible, por abrir espacios, posibilidad.

Una de las cuestiones a destacar de este trabajo tiene que ver con las formas metodológicas de trabajar. La autora parte de las narrativas corporales de los sujetos, que bien podemos denominarlas corpografías. Si bien es cierto que el cuerpo, per se, en su supuesta condición de silencio no puede dejar de “grafiar”, en este caso se ha dado un paso más: se ha dado la palabra a los cuerpos y estos narran las formas de vivencia corporal en las escuelas. Un ejemplo de ello:

 

A Jénia le encanta el colegio, sobre todo porque puede jugar con sus mejores amigas y amigos, que son Joselin e Indira. Ella viene a la escuela desde sala de cuatro años y para ella la escuela ha cambiado mucho. Antes eran todos iguales, todos eran blancos y había un solo niño chino. Ahora son todos negros, morenos (color de los centroamericanos), pero eso no ha cambiado que la escuela le encante: dice que ahora es mejor, porque hay muchas cosas nuevas de todo el mundo. (Entrevista a Jénia)

 

Pero las voces de los cuerpos no se limitan a los estudiantes. La praxis educativa podría ser entendida como docentes y discentes en permanente diálogo corpográfico. Hablar del cuerpo, hablar sobre el cuerpo, hablar con el cuerpo forman parte de ese ejercicio. Es así como el libro incorpora también las voces de algunos profesores, así como observaciones, realizadas a través de un ejercicio etnográfico, de lo que sucede en las salas de educación física. Para Inés: “En esta escuela o en cualquiera, creo que la educación física es de gran importancia y justamente para la educación integral de la persona, mirando tanto los aspectos motrices… sino también los actitudinales y de la formación de la persona. Porque a veces pienso que desde el área de la educación física se pueden trabajar muchísimo estos aspectos, sobre todo el tema de la relación, el tema del autoconocimiento… es que… todos los aspectos relacionados con la persona… el trabajo de equipo…”. Las voces sobre los cuerpos se conjugan como un verdadero diálogo entre lo biológico y lo cultural (tal vez podamos contraerlos y pensarlo desde lo biocultural), como palabras entrecruzadas sobre formas de encarnarse, sobre formas de ocupar y vivir los espacios educativos (aulas, patio, gimnasio, pasillos, etcétera).

En el trabajo que nos presenta Mariel, el análisis toma formas particulares: pensar y mostrar cómo ello se traduce en rituales de gestión de los cuerpos en las aulas, en las formas de no nombrar el cuerpo, en la construcción del cuerpo en las “otras educaciones físicas”, en la enunciación somática de lo femenino y lo masculino. Ser cuerpo, aprender a ser cuerpo sin verse obligado a seguir patrones anatómicos perfectos; ser cuerpo desde la experiencia encarnada y desde la experiencia corporal del otro. El libro nos invita a pensar(nos) desde lo corporal como sujetos productores de proyectos propios, de formas de ser encarnadas en el mundo, y lo hace abriendo la posibilidad de ejercer las pedagogías sensibles en espacios que permiten esas formas distintas de pensar y vivir la educación.

 

Presentación

Un timbre bastante sonoro avisa que ha finalizado el tiempo de patio (de juego tal vez) y todos corren a ubicarse en un lugar, los grandes contra una pared y los pequeños en filas en otro sector donde esperan a las maestras. Los grados pequeños e intermedios logran conformar largas filas que separan niños de niñas en una distribución de menor a mayor. Los más grandes igual, pero lo hacen en un tiempo más prolongado, como… sin deseos de concretarlo. (Observación de hora de patio)

 

A.: –¿Vienes al patio…?

M.: –Sí, ¿qué harán en el patio?

A.: –¿Y qué haremos? ¡Jugaremos! ¡¿O no sabes?!

M.: –¿A qué jugarán?

A.: –Al fútbol [con gesto de obviedad]

M.: –¿Qué es lo que más te gusta de la escuela Andrés?

A.: –Jugar al fútbol…

M.: –¿Qué materia te gusta más?

A.: –Educación física y plástica.

M.: –¿Por qué?

A.: –Porque jugamos.

 

A Jénia le encanta el colegio, sobre todo porque puede jugar con sus mejores amigas y amigos, que son Joselin e Indira. Ella viene a la escuela desde sala de cuatro años y para ella la escuela ha cambiado mucho. Antes eran todos iguales, todos eran blancos y había un solo niño chino. Ahora son todos negros, morenos (color de los centroamericanos), pero eso no ha cambiado que la escuela le encante: dice que ahora es mejor, porque hay muchas cosas nuevas de todo el mundo. (Entrevista a Jénia)

 

Varios niños jugaban a diversos juegos en el momento del patio. Observo que juegan a tocarse y luego esconderse. Registro que Jonathan tiene el calzado sin abrochar, sus cordones están desatados, pero prolijamente ubicados en el interior del calzado. Al instante toca el timbre y cada grupo corre a ubicarse al espacio que le corresponde en el patio, se forman en hileras y esperan a que se acerque la maestra correspondiente al curso. Cada grupo se marcha al interior del edificio guiado por la maestra. Sara1 reúne al grupo y como otras veces comienza la jornada indicando algunos ejercicios de desplazamiento. En eso le dice a Jona: “Escucha, tienes los cordones desatados y llevas las zapatillas sueltas. No puedes jugar de esa manera. Jonathan intenta ajustar los cordones, pero no insiste demasiado en que queden tensos. Sara detiene al grupo y le dice a Jona: “A ver, si no te atas las zapatillas no podemos seguir jugando. Aquí estás en la escuela y no corresponde que las lleves de esta manera, en la calle haz lo que quieras. Fuera de la escuela puede ser que hasta quede bien, pero en la escuela no”. Jona dice: “Es que no puedo”. Sara insiste: “Vuelve a intentarlo, si no no jugarás…”. Jonathan aprieta los cordones y con molestia se suma al grupo que ha retomado la actividad. Observo que está molesto, con su calzado ajustado. Pero sus movimientos intentan adecuarse al resto de los del grupo. Al concluir la clase Sara se acerca y me comenta: “¿Has visto que poco atendidos están estos niños? No hay nadie que les enseñe que las zapatillas se deben llevar atadas, pero es grande, ¿no? ¿Tú qué opinas?”. La miro y digo: “Qué curioso, yo había pensado que era una moda, que ahora se usa así… como las gorras al revés… Bueno, no sé”. Con esta sospecha le pregunto a Jona: “¿Por qué llevas las zapatillas desatadas?”. Jona: “Es que me son incómodas…”. Le pregunto: “Te son grandes o pequeñas, ¿qué es lo que te le molesta?”. Jona: “No, es que no estoy acostumbrado a usarlas, son nuevas para mí… pero Sara no entiende que yo puedo jugar igual y mejor sin ellas… así jugaba en mi pueblo y lo hacía bien… a mí no me molesta porque estoy acostumbrado, ¿no?”. Al instante le comento a Inés la situación y ella me dice: “Sabes que pasa… Jona no está acostumbrado a tener calzado: en su pueblo andaba descalzo… también le pasa una cosa muy particular con la lluvia… le agrada mucho mojarse… no sé, le agrada muchísimo… viste como su actitud corporal cambia cuando lleva calzado, yo lo he visto sin zapatillas y tiene otro andar, de caminar, etcétera”.

 

Estas escenas corresponden a una escuela, y permiten pensar lo que allí pasa, lo que se vive, lo que transitan los sujetos que la habitan. Niños, niñas y adultos comparten una cotidianeidad fácilmente imaginable y común en varios aspectos a otros contextos, otras culturas y otros tiempos. La intención es invitar a los lectores a imaginarse a partir de esta escuela otras escuelas, quizás las propias, a los sujetos que están allí, que comparten algunas cosas, pero no todas, y que se sienten cercanos en ciertos aspectos y muy lejanos en otros, pero que transitan la escolarización como condición social y educativa. Cuerpos en la escuela es un libro que invita a componer una mirada amplia y profunda sobre el acontecer corporal de niñas y niños en una escuela primaria, resultado de una investigación profunda en una escuela multicultural en la ciudad de Barcelona. Pero su origen está en la diversidad de escuelas de inicial y primaria, también de secundaria, de Buenos Aires, tanto la Ciudad Autónoma como la provincia, en la complejidad de los contextos, y en la solidaridad de maestras, maestros y profesores de educación física, con los que fui conformando un modo de ver la educación, la infancia, y los cuerpos de niñas y niños. La Universidad de Barcelona fue la oportunidad para validar mi experiencia personal y profesional como docente de educación física en escuelas en mi país, renovando mis percepciones y saberes sobre la docencia. Indagar para intentar comprender cómo se aprende a ser cuerpo en una escuela primaria fue el desafío que me impuse y que hoy comparto como síntesis de un proceso extenso pero valioso. La intención se orientó a poner de manifiesto lo que a mi entender permanecía oculto, ofreciendo mi observación como contrapunto, desde la que construí un punto de vista, un relato subjetivo, que no tuvo intención de establecerse como verdad absoluta, sino como apreciación interesada. En este sentido invito a otros a transitar por un relato, una historia, una forma narrada, que se fue tejiendo en el tiempo con entradas y salidas, cargada de incertidumbre y de los titubeos propios de una investigación que se ha construido entre narrativas corporales.

 

1. Todos los nombres son seudónimos de los actores reales, para salvaguardar sus identidades.

Introducción

¿Cómo se aprende a ser cuerpo en una escuela? ¿Qué les sucede a la escuela, a los docentes y hasta a la propia investigadora cuando se ven amenazados por cuerpos infantiles que se corren de lo cotidiano, de lo sabido, de lo aceptablemente conocido? ¿Cómo la educación física recibe y trata a estos cuerpos infantiles? Intenté resumir en este libro inquietudes sobre las experiencias corporales infantiles en una escuela infantil, es decir, en un jardín de infantes y primaria, a partir de mi propia experiencia (en mi país, Argentina, y de mi investigación en Europa), observando y reflexionando la tarea pedagógica de maestras y maestros en general, y de educación física escolar en particular. He ido y venido entre continentes y, como las olas del mar que van y vienen, he ido componiendo este texto, que atraviesa mi propia experiencia como mujer, docente e investigadora, reflexionando con y a partir de otros sobre las particularidades del campo epistémico contemporáneo que se plantea como un desafío para pensar las infancias, los cuerpos, las pedagogías y las didácticas. Anunciar la complejidad de este tiempo es advertir, entre otras cuestiones, el aumento de la población migratoria, la creciente diversificación de los medios masivos de la información y la comunicación y la variedad de novedades multimediáticas. Afrontar estas, así como otras, particularidades, supuso reflexionar críticamente sobre lo que se presenta, asumiendo un compromiso político (progresista) antiesencialista, es decir, huyendo de ideas ya constituidas e inmutables, abogando por una concepción más en relación con el mundo, en términos de constructividad de las identidades, de los objetos, etcétera.

Y reconocer a las escuelas, a las clases, como espacios sociales, producidos por interrelaciones de los sujetos –inscriptas siempre en prácticas materiales– que, como sostiene Doreen Massey (2005: 104), van “de lo inmenso de lo global a lo ínfimo de la intimidad” que representan la existencia de la multiplicidad. Espacios que debieran permitir la coexistencia de distintas trayectorias, la existencia de más de una voz; en otras palabras, espacios que son la posibilidad para el encuentro de las interrelaciones y por ende de la diferencia, potencial de la multiplicidad. La consideración más vital y desafiante, desde mi punto de vista, es poder concebir el potencial de lo escolar como ese espacio social, que presenta la oportunidad para crear desde el encuentro de diferencias que representan la multiplicidad. Traducir esto en tareas pedagógicas y didácticas supone un ejercicio cotidiano de pensar en el otro, desde el otro, irrumpiendo en las representaciones y los sentidos que hemos construido en nuestra propia experiencia como docentes. Al mismo tiempo, advertir las intenciones de las administraciones educativas, quienes, al focalizar su iniciativa en supuestas ideas de mejora traducidas en propuestas renovadoras (por lo general basadas en ideales y tendencias de espíritu mercantilistas con aplicación de planes y programas de fuerte incidencia en las escuelas), pierden de vista (no inocentemente) el valor de las experiencias individuales y personales como potencialidades para los cambios y las transformaciones educativas. Esto me condujo a indagar sobre cómo se organizan los docentes junto con todo el cotidiano escolar en una tarea en la cual se ven obligados a realizar transformaciones de tipo pedagógico y didáctico frente al contexto novedoso y desconocido, a las que decidí llamar “elementos pedagógicos”.

Como docente que ha transitado la educación física en diversos contextos y territorios, me he familiarizado con dichos elementos pedagógicos y creí poder reconocerlos en las prácticas de los docentes a los que observé. Los elementos pedagógicos se sustentan en representaciones de enseñanza y aprendizaje, que suponen a su vez una concepción de sujeto de enseñanza (docente) y de aprendizaje (alumna y alumno).

Mi posición en diálogo con diversos estudios (Fierro, 1990; Hidalgo y Palacios, 1990; López Rodríguez y Vegas, 1990; Kincheloe, 2001; Hernández, 1998-1999, Aisenstein, 1995, 2000; Becker, 1999; Bracht, 1986; Cullen, 1997; Furlán, 1996; Galantini, 2001) es que la educación física escolar, como disciplina educativa, alberga una noción de infancia medida por las concepciones de niña y niño de la pedagogía en general, lo que de alguna manera ha incidido en la transformación de los criterios epistemológicos (que hacen a la construcción del saber propio del área) y didácticos (los cuales sostienen las tradiciones vigentes).

La escasa especificación trae aparejada la imposibilidad de concebir al cuerpo como un aspecto constitutivo en el proceso de constitución subjetiva del sujeto infantil. El cuerpo representa nuestro “ser en el mundo” y nuestra experiencia social y cultural aspectos que cobran presencia cuando el sujeto ingresa a la escuela. A partir del cuerpo se está presente en la escuela, se experimenta y se vivencia el mundo, y se significa lo vivido. En otras palabras: es a través del cuerpo y en relación con él que se puede experimentar el entorno, el medio o el ambiente, como queramos denominarlo, donde se construyen los significados en forma interactiva (Ihde, 2004).

La vivencia del cuerpo en la escuela difiere de las vivencias y experiencias del cuerpo fuera de ella. Por lo general, a través de sus espacios, su organización y sus objetivos educativos prioritarios, la escuela ubica, distribuye y ordena los cuerpos de una forma particular que resulta diferente de la que los sujetos viven en la cotidianeidad de sus contextos.

En la escuela, la vivencia del cuerpo está caracterizada por los momentos en que se autoriza su uso o no: en las clases de matemática, ciencias sociales e inglés “no toca” usar el cuerpo; en cambio, en las clases de expresión corporal, música, educación física y otros espacios sí “toca”. El uso y el desuso del cuerpo dan significado a las formas de comprender a los sujetos infantiles dentro de la escuela y a las formas de constitución subjetiva que los sujetos infantiles despliegan para comprenderse a sí mismos. Uno de esos espacios donde “toca” usar el cuerpo, experimentarlo y vivirlo con fines educativos es la educación física escolar. Allí es donde los cuerpos se hacen visibles como portadores de sujetos niñas y niños, y conllevan “una perspectiva cultural de sí mismos y de sus particularismos” (Ihde, 2004: 85).

En los cuerpos se construyen significados personales mediante el entrecruzamiento de los discursos educativos de la disciplina y los discursos sociales, contextuales y culturales. Los cuerpos, en cuanto vivencia y experiencia de los sujetos, se entremezclan durante la educación física con las formas discursivas de los elementos didácticos y pedagógicos que los docentes ponen en juego, y es allí donde es posible preguntarnos cómo se aprende a ser cuerpo en la escuela, lo que equivale a preguntarse cómo la escuela se piensa a sí misma en la experiencia del cuerpo infantil.

La respuesta a estas cuestiones se inspiró en la posibilidad de interpretar los significados que los actores asignan a lo “que pasa” y “les pasa” en su experiencia. Para ello me pareció sugerente intentar comprender y dar sentido, más que explicar, las experiencias vividas y narradas por los sujetos, quienes significaban los acontecimientos que vivieron y vivían con relación al contexto social y cultural.

En esta línea intenté llegar a una mutua comprensión del significado, descubriendo las intenciones y/o los posicionamientos que aparecen en las narrativas de los sujetos, al momento de hablar de sí, con relación a los cuerpos en lo escolar. Esto me llevó a asumir una responsabilidad basada en la construcción de un conocimiento como producto de la dialogicidad entre múltiples perspectivas y posicionamientos de sentido y de verdad, lo cual supone asumir “la generación colectiva (y transmisión) de significados” (Cotty, 1998: 58) desde el mundo intersubjetivo compartido, para la construcción social del significado y del conocimiento sobre lo corporal (Sandín Esteban, 2003), en el contexto de la escuela primaria, regido por las convenciones del lenguaje y sus propios procesos sociales.

La observación participante de todos los espacios escolares, clases, salidas, entradas, fiestas, reuniones de docentes, de especialistas, de padres, así como jornadas recreativas, paseos y eventos fuera de la escuela sirvieron para acercarme a ese interés inicial, así como las entrevistas en profundidad a docentes, autoridades, especialistas, niñas y niños, las charlas informales y otras fuentes de naturaleza cualitativa sirvieron para comprender qué pasa en los cuerpos en las escuelas.

Por último, abarcar las diversas y complejas dimensiones de la realidad escolar y el interés en profundizar en narrativas corporales en la escuela y particularmente en las clases de educación física produjeron la necesidad de combinar evidencias que dieron como resultado “escenas”, las que constituyeron puntos donde se anudan diversos aspectos de los cuerpos y lo corporal, que desde mi punto de vista constituyen más puntos de llegada que de partida para entender lo que allí aparecía. Las escenas fueron el sustento de los análisis de las experiencias de los cuerpos infantiles en los contextos escolares.

1. Sentidos y significados de lo corporal

Cuerpos en la escuela se sustentó en la consideración, en términos pedagógicos, de lo que sucede en los espacios escolares y lo que les sucede a los sujetos cuando los transitan. Sentidos y significados que surgen en torno a lo corporal como resultante de “lecturas dinámicas y productivas sobre las experiencias y relaciones pedagógicas que se llevan a cabo en situaciones institucionales, geográficas e históricamente localizadas” (Suárez, 2003: 1), permitiendo pensar una vez más qué experiencias corporales promueve la escuela primaria mediante sus discursos y sus prácticas. Las problemáticas surgidas de la implementación de reformas educativas y la preocupante atención que los medios de comunicación y revistas educativas sobre la escuela secundaria levantaron sospechas sobre la situación de la escuela primaria, donde podría suponerse una situación ideal. Pero, por el contrario, dicha ilusión se vería resquebrajada ante las demandas educativas que mostraban una institución sujeta a fundamentos desfasados de la realidad social, a la que no podía responder, a pesar de que sostenía en sus discursos y en sus prácticas ideas sobre la atención a la diversidad, la igualdad, la integración, etc., inspirados en las políticas educativas del momento. Ideas que desde el cotidiano escolar, y desde la experiencia de los sujetos, se mostraban contradictorias, en el mejor de los casos, cuando no negadas o ignoradas frente a la poca visibilidad de la dimensión personal, las trayectorias individuales y las experiencias corporales de niñas, niños y personas adultas que la habitan.