De la mar - Alejandro Pérez Matus - E-Book

De la mar E-Book

Alejandro Pérez Matus

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Beschreibung

De la mar, de Cea y Pérez Matus, es una necesaria contribución que permite conocer especies de peces, entregando una síntesis sobre su rol ecológico, señalando lugares geográficos y ecológicos donde se encuentran, y hasta presentando algunas recetas! Al mismo tiempo sintetiza y difunde el importante trabajo científico-artístico del Dr. Cea, quien fue un pionero en comprender y amar a este grupo de especies tan importantes para las costas Chilenas.

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Seitenzahl: 409

Veröffentlichungsjahr: 2021

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

[email protected] / https://ediciones.uc.cl

DE LA MAR

Historia natural de los peces de Chile continental

Alejandro Pérez Matus

Investigación y fotografías submarinas

Alfredo Cea Egaña

Ilustraciones

© Alejandro Pérez Matus

© Herederos Alfredo Cea Egaña

© Ediciones UC, 2021

Edición general Daniela Correa

Edición de textos Andrea Viu

Selección y adaptación recetas Anabella Grunfeld

Diseño editorial Felipe Leal

Inscripción nº 2021-A-7253

Derechos reservados

Septiembre 2021

isbn978 956 14 2864 5

isbndigital978 956 14 2865 2

Diagramación digital: ebooks [email protected]

CIP - Pontificia Universidad Católica de Chile

Pérez Matus, Alejandro A., autor

De la mar : historia natural de los peces de Chile continental /

Alejandro Pérez Matus, Alfredo Cea Egaña. -- Incluye Bibliografía.

1.- Peces – Chile – Identificación

I.- Tít.

II.- Cea Egaña, Alfredo, autor

2021 597.0983 + DC23 RDA

Dedico este libro a mi hija Violeta Mar,a Teo, Leonora y Eleonora.

ÍNDICE

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

ESPECIES

PEJESAPO

TROMBOLLITO DE TRES ALETAS

BORRACHILLA VERDE

BAUNCO

DONCELLITA

CHASQUE

TOMOYO

TORITO

CHALACO

CACHUDITO

TROMBOLLITO DE TRES ALETAS

ACHA

VIEJA NEGRA

BAGRE

RÓBALO

SAN PEDRO

CASTAÑETA DEL NORTE

JERGUILLA

CASTAÑETA

PINTARROJA

RAYA

BILAGAY

SARGO

ROLLIZO

CABRILLA COMÚN

APAÑAO

PEJEPERRO

VIEJA COLORADA

CABRILLA COMÚN

CONGRIO COLORADO

CHANCHITO

BLANQUILLO

LENGUADO

PEZ AGUJA

CABINZA

ANCHOVETA

JUREL

SIERRA

VIDRIOLA

RONCACHO

CORVINA

TOLLO COMÚN

RAYA VOLANTÍN

PEJEGALLO

RECETAS PATRIMONIALES

AGRADECIMIENTOS

BIBLIOGRAFÍA

Prólogo

Este libro nace de la curiosidad y el deseo de comprender nuestra relación con el mar y sus elementos; de la observación y estudio de uno de los grupos de vertebrados más explotados en la Tierra, al punto que en muchos océanos sus poblaciones se han agotado. De hecho, los peces nutren de forma directa a más de un tercio de la población humana en el mundo. En el caso de Chile, han sido importantes desde finales del Pleistoceno (13.000 años ca.), cuando el Homo sapiens colonizó la costa. Desde entonces, nuestros más de 6.000 km lineales de litoral, que representan el 24% del total de costa del océano Pacífico, han sido recorridos incansablemente por el hombre. Sin embargo, el mar sigue siendo un lugar desconocido para muchos.

Pero este libro nace específicamente hace más de diecisiete años, en la calle del Pirata, en la bahía de la Herradura, en Coquimbo, el día en que entré por primera vez a la fascinante casa-barco del médico cirujano, doctor Alfredo Cea (9 de septiembre de 1934 - 13 de mayo de 2016), y me fasciné con las hermosas ilustraciones que él hizo de los peces descritos en esta obra.

Debido a que la pasión del doctor Cea era el buceo y el mundo marino, entrar a su casa era como abordar un barco para salir a navegar a un mundo de conocimiento y curiosidades del mar y sus habitantes. Su casa se encuentra colmada de instrumentos marinos y decoraciones alusivas al mundo marino, pero al final del recorrido está su lugar más personal, aquel donde pasó cientos de horas tallando sus mascarones de proa, reparando artefactos de buceo y donde pacientemente ilustró cada una de las especies que observó atentamente bajo la superficie del agua. Pero lo que vi ese día en realidad en esa habitación —donde hay una gran cantidad de pinceles y colores repartidos por todos lados y una colección inigualable de libros y acuarelas— fue un pedazo de mar, pero en mis manos. Entonces yo tenía apenas ocho años de experiencia como buzo, pero con solo mirar esas ilustraciones logré reconocer los peces tal cual eran en el agua. La poderosa impresión que me provocaron despertaron mil preguntas en mí.

Como el autor de estas imágenes estaba ahí, de inmediato nos pusimos a conversar sobre los peces. El doctor Cea sembró en mí una idea que yo no tenía muy clara en esa época. Me comentó que siempre le había llamado la atención que los chilenos, a pesar de tener una costa extensa, no tuviéramos una cultura de mar. Exceptuando a quienes viven en Rapa Nui, la isla grande de Chiloé, Robinson Crusoe y algunos puntos específicos de la costa, nos podríamos definir como una cultura completamente alejada del mar. A partir de esa constatación nos propusimos hacer algo que rompiese con ese paradigma. Y así lo dejó él mismo estampado en el ejemplar que tengo de su libro Ika. Peces Rapa Nui, donde escribió una dedicatoria que dice: Para Alejandro, con inmenso cariño, de un buzo viejo que no ha sabido vivir sin la mar. Ojalá hagamos ahora, si me da el tiempo, escribir juntos “cosas de la mar”.

Luego de unos años, comenzamos a conceptualizar este libro en enero de 2013, cuando decidimos combinar el arte de sus dibujos con el tecnicismo de la identificación y descripción de la ictiología, a lo cual sumaríamos nuestras observaciones bajo el agua y algunas fotografías. También definimos que el criterio para la inclusión de una especie estaría determinado por la secuencia de avistamiento que puede tener una niña(o)-buzo que vive en la zona centro-norte de Chile e inicia su expedición marina en las pozas del intermareal y luego se atreve a bucear en las rompientes y explorar en los bosques de algas. Ahí la/el buzo se adentra en el bosque de algas pudiendo alcanzar profundidades mayores, de hasta veinticinco metros, a pulmón. A simple vista o con su cámara submarina, la/el joven buzo observa, descubre y registra las diferentes especies de peces, aquellas que se acercan desde la playa a los roqueríos bien temprano o en el ocaso; las que habitan sobre y bajo las algas, escondidas entre las rocas que sostienen esas mismas algas; las bentónicas asociadas al fondo rocoso y arenoso, y aquellas especies pelágicas que están en la columna de agua patrullando la costa y los bosques de algas. Es un numero reducido de peces que uno puede encontrar

Tiempo después decidimos que necesitábamos involucrar a la mayor cantidad posible de lectores, como por ejemplo, a quienes no tienen un gran interés espontáneo por conocer los misterios que se encuentran bajo el mar, pero que sin embargo valoran —y disfrutan— los diferentes usos culinarios que históricamente nuestra cultura le ha dado a los productos marinos. La idea de incorporar el patrimonio culinario que se ha desarrollado a través de la historia de las comunidades surgió en una visita que hicimos con Alfredo al mercado de Coquimbo —el epicentro de la venta de peces costeros o de roca en Chile—, una feria que no respeta normas de tallas, periodos de veda ni restricciones de ningún tipo porque aún no las hay. El doctor Cea mencionó entonces que la mejor forma de informarse sobre la salud de los peces era visitar ese lugar y me propuso integrar al texto una historia sobre los hábitos de uso y consumo de los peces. Yo no estuve de acuerdo entonces, pero más tarde comprendí que hacerlo nos serviría para promover la importancia de su conservación y, ojalá, el interés por conocer esta fauna. Por ello, la última sección está dedicada al patrimonio culinario de los peces. El propósito es involucrar a toda la población en el respeto por la naturaleza, porque cuando conocemos dónde y cómo se obtiene, cuándo y dónde habita, y cómo vive el pez con el que nos alimentamos, sin duda se genera un mayor respeto y cuidado en el consumidor, que asegurará que perdure en el tiempo. Es por esto que decidimos incluir en esta revisión, liderada por Anabella Grunfeld, las mejores recetas de nuestro patrimonio que acompañan a los pescados una vez en tierra. Esperamos que el conocimiento que el lector adquiera con este libro le permita tomar decisiones informadas.

El texto está organizado de manera que cada capítulo está dedicado a un pez en particular y cada uno se inicia con un dibujo —un esquema— del pez respectivo y se cierra con una ilustración científica. El objetivo de este dibujo es sintetizar la información para que sea interpretada con mayor facilidad por el lector, porque si bien cada dibujo es el pez en sí mismo, es también una aproximación visual desde diferentes ángulos.

Luego, viene la descripción del nombre científico, aquel que les da la ictiología —la rama de la zoología que se dedica a su estudio y descripción—, pero también presentamos el origen de su nombre común. Este puede provenir de algún dialecto hablado por personas de una zona particular del país, como los mapuche, chinchorros, changos, patagones o cualquiera de los muchos habitantes de esta costa que tenían nombres para los peces que observaban. También hay nombres cuyo origen está en la similitud de su aspecto con especies del Mediterráneo, específicamente de la costa de Andalucía, y que se acuñaron durante la colonización. Por último, varios nombres son parte de la jerga y creatividad de los pescadores.

A continuación, entregamos herramientas para identificar cada pez y los componentes que debe tener su descripción. Esta sección es tal vez la que contiene más tecnicismos de la ictiología, ciencia que ha avanzado bastante en Chile. Describir especies es un trabajo tedioso y lleva a confusiones intrínsecas. Se requiere de un análisis minucioso de características como las aletas dorsales que están constituidas de espinas (enumeradas por números romanos) y rayos (extensiones blandas que se enumeran con números arábigos); también las escamas que cubren su piel y protegen a los peces de enfermedades. Las escamas pueden ser placoideas (semejantes a los dientes de los tiburones), cosmoideas (compuestas de hueso esponjoso y laminar), cicloideas (circulares y sin esmalte, de bordes lisos), ctenoideas (escamas con peines dentados y proyecciones). Las formas corporales y el número de cirros (prominencias que asemejan tentáculos encima de los ojos) que tienen ciertos peces también sirven para identificarlos.

En Chile, muchos especialistas han publicado compilaciones de guías de campo, fichas de identificación y estupendos libros que resaltan el patrimonio natural de las aguas continentales, oceánicas y costeras. Todos ellos han dado cimiento a este libro. Destaco una de las primeras publicaciones, que data de 1954, La vida de los peces en aguas chilenas, del profesor y naturalista chileno Guillermo Mann, médico veterinario de la Universidad de Chile. También las revisiones sistemáticas de la ictiología en Chile, agrupadas en más de cien publicaciones del doctor Germán Pequeño, de la Universidad Austral de Chile y La guía de los peces del norte de Chile, de Marianela Medina y Miguel Araya, de la Universidad Arturo Prat. Asimismo, la guía actualizada y de fácil uso realizada por los profesores Juan Carlos Castilla, Natalio Godoy y Stefan Gelcich, de la Universidad Católica de Chile, quienes revisaron las guías de campo de los peces costeros, que databan de los años ochenta. También hay una linda guía de los peces de Chile central de dos estudiantes de la carrera de Biología Marina de la Universidad Andrés Bello. Finalmente, una fuente muy consultada para este volumen fue el ambicioso proyecto de Pablo Reyes y Mathias Hüne, Peces del sur de Chile, de 2012.

Una parte fundamental de cada capítulo es el relato de la historia natural y algo sobre la ecología de los peces. Esta área de investigación tiene pocas décadas de estudio y ha sido posible gracias a los equipos autónomos de buceo, que permiten respirar bajo el agua y así observar mejor la vida de los peces. Estos estudios, que comenzaron en los años sesenta, han permitido establecer teorías importantes para comprender el sistema y la historia natural del planeta. Esto, porque los peces han servido de modelo para comprender el impacto de la competencia y la importancia de esta interacción como regulador en las comunidades. También han sido útiles para entender el reclutamiento y los roles de las mortalidades posteriores a la llegada de los peces a vivir asociados al fondo marino. Debido a la existencia de registros que guardan algunos componentes óseos en el oído interno de los peces (otolitos) hemos podido comprender la conexión que hay entre los peces y la luna, la dispersión (de dónde vienen y a dónde pueden ir los individuos de la población) y los procesos por los cuales estas se conectan. Resultados de otras investigaciones han permitido la creación de medidas concretas para el manejo y administración sustentable en algunos lugares del planeta. En esta sección de ecología, de manera sucinta, resumimos la información obtenida por múltiples investigadores, respecto a los registros y observaciones sobre la distribución geográfica, abundancia y estrategias de alimentación y reproducción, resaltando los sistemas de apareamiento y épocas reproductivas, con el fin de promover sistemas de manejo.

Y, por último, para cerrar cada capítulo hemos incluido fotografías captadas en distintos sitios de buceo en la costa chilena como Las Cruces, Algarrobo, Zapallar, Quintero, Pisagua, Chañaral y tantas más, para dar una mejor idea de la vida y belleza de estos animales.

Espero que el largo recorrido que ha tenido este libro para llegar a ustedes, lectores, sea un doble homenaje, por una parte, a este buzo apasionado del mar y sus habitantes que fue el doctor Alfredo Cea y, a la vez, a estos animales y su entorno que debemos proteger. Pero para ello antes hay que conocerlos y valorarlos, ya que solo el conocimiento permite generar la conciencia de su importancia para el ecosistema y para nuestra vida misma.

¡Alfredo, finalmente nuestro trabajo está hecho!

Alejandro Pérez Matus

Las Cruces, octubre de 2020

Introducción

Los peces son organismos que han evolucionado durante más de cuatrocientos millones de años en las costas del mundo, hasta llegar a transformarse en animales que pueden adquirir conocimiento y comprensión a través de su experiencia y sentidos [1]. El estudio de su conciencia y cognición ha avanzado al punto de evidenciar que es necesario un cambio en el paradigma de cómo los entendemos y tratamos a ellos y su entorno [2]. Cuando conozcamos la diversidad de conductas y estrategias de los peces como individuos, como animales sociales y cognitivos, recién podremos cultivar esta nueva relación con ellos.

Un pez es un vertebrado con agallas y extremidades con forma de aletas. Pero, aunque su definición sea sencilla, existe una enorme variedad de peces —constituida por una vorágine de formas, colores y tamaños—, con más de 33.000 representantes, de 560 familias y 64 órdenes. De hecho, los peces representan cerca del 60% de todos los vertebrados del planeta [3-7]. En este libro solo representamos una pequeña porción de las 1.144 especies descritas para los mares de Chile [8-12]. Y, al igual que los vertebrados terrestres, poseen sistemas circulatorio, digestivo y endocrino complejos. Las diferencias radican en cómo han evolucionado para poder habitar ecosistemas tan difíciles como el marino, dado que el mar es ochocientas veces más denso que el aire que respiramos en tierra. Por ello, vivir en el océano supone formas corporales que favorezcan las hidrodinámicas para reducir el impacto de la densidad del agua [13].

Los peces se lucen en el mar. Unos destacan por un empuje sostenido y por ser capaces de atravesar océanos de un extremo a otro en busca de alimento y parejas; otros, por su capacidad para alcanzar grandes velocidades en fracción de segundos para escapar de sus depredadores. Algunos incluso pueden volar, gracias a que tienen aletas del tamaño de su cuerpo. También hay los que solo usan sus pequeñas aletas pectorales para nadar, pero son expertos en maniobrar y recorrer todos los recovecos y grietas y bucear entre los estipes de las algas, como si un ave volara a través de los troncos de un bosque [13, 14].

Los peces son animales complejos y no deberíamos comparar su anatomía con la de los organismos que se encuentran en tierra. Por ejemplo, lo reducido del tamaño de su cerebro en relación a su cuerpo es la forma de compensar su musculatura y facilitar el movimiento [14]. Las escamas y la piel de los peces, tanto cartilaginosos como óseos, permiten que sus sentidos —conectados mediante un sistema celular desde la región cefálica hasta las extremidades— aseguren su sobrevivencia en el medio acuático [3]. Gracias a que cuentan con canales que recorren todo su cuerpo para transmitir información, los peces perciben hasta las más mínimas vibraciones y longitudes de onda, las cuales al ser densas en el mar tienen mayor velocidad que en la tierra [15].

Para la ciencia, los peces han servido de modelo para explicar todos los procesos de evolución y formación de las nuevas especies [16]. Un ejemplo clave en este sentido han sido las consecuencias en la evolución de los peces producto de la formación de barreras como el istmo de Panamá —que separó a los océanos Pacífico y Atlántico hace tres millones de años—, que interrumpió el flujo de muchas poblaciones. Esta barrera generó el surgimiento de nuevas especies y también hizo que muchas otras quedaran aisladas y tuvieran que adaptarse a vivir en un solo lado del continente americano, como las que habitan en la costa del Pacífico sur oriental [17].

Otro tipo de barreras, no tan determinantes como la que separó los océanos, pero que también ha afectado a los peces durante los últimos miles de años, es la corriente de Humboldt, la que genera un bloqueo hacia los arrecifes del Pacífico occidental y también hacia los del hemisferio norte. Estas corrientes constituyen una influencia omnipresente de más de 150 km de ancho [18]. Las poblaciones más lejanas pueden alcanzar algunas especies en sus extremos, incluso en las islas Galápagos, en Ecuador. En cambio, otras especies han colonizado lentamente los arrecifes de los mares australes con una distribución hacia el norte, pero no más allá de Perú. Confinados en este mar, casi todos los peces que describimos en este libro se han formado en él, es decir, son endémicos al sistema de la corriente de Humboldt, que recorre los mismos kilómetros que los primeros nómades y cazadores recolectores del periodo arcaico [19, 20].

El aislamiento limita la riqueza (número de especies) y abundancia (número de individuos) de los peces costeros. Existe una disminución en la diversidad de los peces que habitan en la costa de Chile continental. Esto se debe a diferentes causas, siendo una de ellas la lejanía geográfica del centro de origen de los peces. El mar del Caribe y el mar de las costas indo-australianas fueron y siguen siendo sectores de generación de nuevas especies desde hace millones de años [6, 21].

En el sistema de la corriente de Humboldt hay menos peces costeros que en otras costas templadas del planeta. No obstante, la mayoría de las funciones que realizan los peces emergen en estas costas. Podríamos generar una analogía con la “hipótesis de la aldea”, según la cual en cada comunidad existen diferentes organismos y cada uno cumple una función determinada. Así, en una aldea hay un(a) panadera(o), cocinera(o), verdulera(o), etc. Si hacemos una analogía con los arrecifes, en cada una de estas comunidades de peces existen herbívoros, carnívoros, filtradores, limpiadores, etc. [22]. En los arrecifes costeros de Chile encontramos una especie para cada función, mientras que en los arrecifes templados del Pacífico hay más de un representante para cada función en particular. Lo relevante es que en las costas de Chile hay poca redundancia de especies en cuanto a sus funciones. Esto quiere decir que, si se produce la extinción local de alguna especie, por cualquiera de las amenazas que hoy en día afectan a los peces, no solo se eliminará una especie, sino que también desaparecerá una función en el ecosistema.

La observación de las especies nos ha permitido comprender estas funciones y, aun sin saber mucho de la biología de cada una —edad, crecimiento, épocas reproductivas—, podemos indicar cómo viven y qué estructuras usan para desplazarse en el medio acuático. Sabemos también de la diversidad de conductas y despliegues únicos que emplean para resolver problemas diarios para alimentarse o escapar de los depredadores [23].

Los peces siempre han estado sujetos a múltiples peligros, como cuando los cazadores recolectores se las ingeniaban para pescar usando anzuelos de cactus, cedales, pesas de huesos e incluso arpones de hueso, durante el periodo arcaico (10.000 años ca.) [19, 20]. En la actualidad, las formas de pesca son cada vez menos selectivas. Cañas de pescar, redes de distintos tamaños, dinamita y el arpón de mano usado para el buceo autónomo y semiautónomo, se suman a otras amenazas como el desarrollo de la zona costera con poca planificación, la construcción de puertos, la contaminación por plásticos y microplásticos, los relaves mineros, la extracción de unos de sus hábitats principales, como las macroalgas pardas y la alta demanda para su consumo [24, 25]. Todos estos desafíos han aumentado de forma casi exponencial (una palabra que no necesita mucha explicación hoy en día) en los últimos cincuenta años. Estos riesgos para los peces y sus ecosistemas nos invitan a tomar medidas para la conservación de este importante grupo de vertebrados y su hábitat, y también para buscar formas de vida que congenien el respeto por la naturaleza y por los servicios que esta nos entrega. Para ello necesitamos usar el conocimiento. Hoy, apenas el 1% de los peces incluidos en este libro recibe algún tipo de manejo o administración directa [26, 27]. Una forma de cuidarlos es a través de áreas marinas protegidas. Podríamos resguardar parte de la costa y de los arrecifes donde los peces duermen, viven, comen y se reproducen. En el sistema de la corriente de Humboldt apenas custodiamos un 2% de ella, es decir, un porcentaje muy pequeño de la costa está protegido para las poblaciones naturales. Otra forma de transitar hacia un manejo y pesca sustentable —complementaria a las áreas marinas costeras protegidas (AMCP)—, es establecer medidas de forma participativa, involucrando a los diferentes actores claves, como pescadores artesanales, recreativos, científicas(os) y amantes de la naturaleza (ver bibliografía 27), con recomendaciones de captura y uso. En este libro mostramos recomendaciones en tal sentido, que apoyan dicho objetivo. Si no se toman medidas de inmediato, es probable que nunca más veamos muchos de los peces que aquí aparecen.

Etimología

CientíficoSicyases sanguineus

Sicyases proviene del griego sikya que significa “con forma de pepino”. Sanguineus se origina en el latín saque y significa “que contiene sangre”.

Común Pejesapo común

Otros nombres pejesapo

Pez marino cuya cabeza y tronco se parecen mucho a los de un sapo debido a la forma y tamaño de su boca. La cabeza es más ancha que el cuerpo y el color de su piel es muy parecido al de un sapo. No tiene escamas.

Taxonomía

Familia Gobiesocidae

Género Sicyases Müller & Troschel, 1843

Especie Sicyases sanguineus Müller & Troschel, 1843

Distribución

En Perú y, en Chile, desde Arica hasta el estrecho

de Magallanes.

Descripción

La familia Gobiesocidae se caracteriza por sus aletas pélvicas modificadas en una gran ventosa ventral. El cuerpo deprimido y una sola aleta dorsal, simple y pequeña, compuesta por radios [31]. Perfil del dorso convexo, cabeza ancha y larga (40-44% de la longitud). Labio superior ancho e inferior con varios pliegues [28]. Aleta dorsal con 7-10 radios (A). 5-7 radios en la anal y de 23-28 radios en las aletas pectorales [9]. Ventosa con campo medio casi completamente cubierto por un amplio islote único y central tapizado con placas epidérmicas (B).

Existe otra especie de pejesapo, el Gobiesox marmoratus, cuyo disco succionador presenta dos pequeños parches de papilas, uno a cada lado y separados [31].

Esta especie presenta dimorfismo sexual evidente: machos con papila urogenital larga, carnosa y aguda; en hembras es inconspicua (C) [28].

Diagrama

Historia natural

El pejesapo es un pez común que reside en la zona intermareal, un ecosistema difícil, afectado por los cambios de marea, ya que queda completamente sumergido durante la marea alta y al descubierto en las horas de marea baja. Es un lugar complejo para los peces por la fuerza del mar —la energía de las olas— y los cambios de temperatura.

En el intermareal existe una zonación bien definida, determinada por especies que no pueden moverse en su etapa adulta, a las que se les llama especies sésiles. Esta área está moldeada por variables ambientales como: la temperatura, la radiación ultravioleta (UV) y la desecación (pérdida de agua), las cuales son intensas, sobre todo, en el zona superior o en el intermareal alto [5, 32]. Al sumarle a estas condiciones físicas las múltiples interacciones biológicas que ocurren en el sistema intermareal, se obtiene un patrón establecido por bandas o cinturones de especies. El límite superior de este hábitat está dominado principalmente por picorocos (Cirripedios) y el límite inferior es fácilmente reconocible por un denso cinturón de huiro negro (Lessonia berteroana y Lessonia spicata), cochayuyo y otras especies de algas [33]. Entre los recovecos de las rocas se forman pozas al bajar la marea, que constituyen verdaderos oasis, algunas de las cuales quedan aisladas durante las mareas bajas y otras conectadas entre sí. Muchos peces escogen estas pozas para vivir, en especial, durante sus primeros días de vida, cuando dejan de ser larvas (primera etapa del desarrollo postembrionario de estos animales) [3]. Los peces, y muchas especies del mar, tienen una vida bi o tripartita; esto quiere decir que durante su existencia cambian el lugar donde habitan dos a tres veces. En alguna etapa se ubican en el fondo o son arrastrados por las corrientes o cerca de un hábitat biológico (como algas o mantos de choritos). Cuando son larvas —etapa dispersiva—, se desplazan ayudadas de las corrientes [34-36]. Luego, escogen el sitio donde pasarán toda su vida o parte de ella. El pejesapo prefiere la zona intermareal y no se aleja de allí [37].

Existen peces que permanecen para siempre en las pozas intermareales, mientras que otros solo se quedan ahí por un tiempo, es decir, son transitorios [5]. El pejesapo es el único pez que permanece tanto tiempo dentro de las pozas del intermareal como lejos de estas, dado que puede estar fuera del agua durante horas, resistiendo la desecación y los embates de las olas [38, 39]. Es experto en capear olas de más de dos metros, como las que a veces azotan las rocas en este ambiente. A medida que crece, abandona este hábitat para establecerse en los primeros metros de profundidad.

De adulto permite que uno se acerque bastante y, como está fijo en las rocas, incluso es posible tocarlo. Gracias a esta cercanía podemos observar que el pejesapo es diferente al resto de los peces, dado que se adhiere con una fuerza tremenda a las rocas, pero al sentirse amenazado se libera rápidamente y nada lejos en busca de algún refugio.

Durante más de 400 millones de años los peces han habitado sobre los arrecifes y estos vertebrados marinos han convergido en una forma general de cuerpo, con la distribución de sus aletas pares, para vivir cerca de la costa como, por ejemplo, en el ambiente intermareal [23, 40]. Dado que en esta zona el barrido de las olas es común, los peces se han adaptado a vivir en él, como es el caso del pejesapo. De ahí que algunos de sus rasgos anatómicos sean tener un cuerpo deprimido dorsoventralmente (aplastado en el plano frontal); poseer aletas pectorales grandes, orientadas horizontalmente bajo el cuerpo y aletas pélvicas firmes para sujetarse en las rocas. El pejesapo es único, ya que estas aletas están modificadas con forma de ventosa para sujetarse o adherirse fuertemente a los objetos creando un vacío. Gracias a este dispositivo de succión (como un chupete o sopapo) formado por las aletas en una misma posición y emparejadas de manera simétrica, el pejesapo puede permanecer colgado de las rocas en el intermareal bajo —donde la rompiente es fuerte—, por más de un día o hasta que las mareas cambien su ciclo.

Como la mayoría de los peces en este ambiente, el pejesapo está desprovisto de vejiga natatoria. Esta es un saco membranoso lleno de gas, ubicado entre el tracto alimentario y los riñones, que tienen algunos peces debajo de la columna vertebral. Esta vejiga juega un rol en la respiración y en la producción y recepción de sonido en algunos peces (ver capítulo del bagre). Los peces que no cuentan con este órgano no poseen un volumen de aire dentro de su cavidad corporal, por lo que flotan menos y pueden tener una boyante negativa, quedando literalmente pegados al fondo [3].

Otra particularidad del pejesapo es que puede respirar fuera del mar, consumiendo oxígeno para mantenerse vivo y evitar la desecación si está a la sombra o bajo las rocas, cuando la marea es baja. Es decir, es un pez anfibio, de transición de ambientes marinos y terrestres. Los individuos de tamaño pequeño (de menos de 15 cm LT) se encuentran con frecuencia en los puntos más altos de la zona intermareal, adheridos a rocas verticales expuestas al oleaje. Sus características de anfibiosis les permiten sobrevivir por más de un día y medio fuera del agua, dadas las particularidades de su complejo metabolismo respiratorio [39, 41]. Los de mayor tamaño, en cambio, no se suelen observar fuera del agua ya que son más abundantes en el ambiente submareal.

El pejesapo es una especie única, adaptada a consumir y forrajear (conducta asociada a la búsqueda de alimento) sobre un gran número de presas. En el intermareal rocoso de Chile central hay alrededor de 108 especies diferentes de organismos, de los cuales el pejesapo consume la mitad, siendo un depredador importante. Se alimenta de algas de todo tipo: verdes (como la lechuga de mar, Ulva spp), rojas (como el pelillo, Gracilaria chilensis y la Mazzaella laminarioides) y café (como la Lessoniaspicata), dejando sus marcas como abanico sobre ellas [9, 41]. Sus dientes tienen la apariencia típica del diente de gallo, con una serie de cuatro dientes largos con forma de incisivos, que sobresalen más allá de los labios de la mandíbula superior, complementados por cuatro dientes más cortos, con forma de cincel en la mandíbula inferior [42]. Cuando está fuera del agua, en rocas, el pejesapo se ancla fijo con su ventosa, a pesar de las olas, y se puede ver su cola que baila con el movimiento del agua. Luego, gira su cabeza en un pequeño arco, rastrillando las diminutas algas de forma reiterativa con sus dientes hacia abajo [37, 43]. Consume también choritos, locos, lapas y erizos que encuentra en su camino. El pejesapo, por su parte, es presa del chungungo y de peces como el sargo, la cabrilla y el congrio [25, 44].

Se caracteriza por su dimorfismo sexual, es decir, que los machos fecundan a la hembra mediante una papila genital. Tienen fecundación interna, algo muy extraño en los peces oseos, y la hembra deposita los huevos fecundados en las rocas. Fabrican una especie de nido y, en una postura, los pejesapos hembras pueden depositar más de 25 mil huevos de una vez. Son astutos, ya que los colocan en grietas donde es muy difícil que algún depredador alcance a llegar para alimentarse [9, 42]. El macho se mantiene cerca de los huevos fecundados y luego de unas tres semanas aparecen las larvas, eclosionan y nadan a favor de las corrientes marinas. En esta etapa las larvas de pejesapo viven en el plancton, el conjunto de organismos pelágicos que se encuentra en suspensión en el agua del mar. Allí, arrastrados por las corrientes, pueden permanecer en promedio unos 76 días (dos meses y medio). Las larvas de pejesapo abundan durante los meses de invierno y primavera, lo que sugiere que hay dos periodos reproductivos altos en el año. Permanecer por bastantes días (más de dos meses, en el caso del pejesapo) sobre las corrientes de aguas marinas trae consigo consecuencias importantes para su población y la de muchos otros peces costeros que tienen una fase larval en el plancton [45-47]. Las larvas pueden conectar con las poblaciones —número de individuos de una misma especie que habita en un lugar determinado— de adultos y juveniles mediante el asentamiento, es decir la llegada desde el plancton a la costa.

Debido a su pequeño tamaño, las larvas son arrastradas por las corrientes y desplazadas lejos de sus padres. Pasados dos meses en la columna de agua, las larvas pueden colonizar un área del ecosistema intermareal y reclutar, es decir, integrarse a una población local. Entonces, mediante la dispersión de las larvas, las poblaciones de peces se pueden mantener en el tiempo, siempre y cuando estas puedan crecer y reproducirse ahí [47, 48]. Este proceso es muy importante ya que integra mecanismos que son ecológicos, como la calidad del hábitat (contar con suficiente alimento o que exista una desproporción en la cantidad de depredadores) donde llegan los recién asentados y, por otro lado, oceanográficos, como la conducta del agua, los vientos, la temperatura del mar y el oleaje con relación al fondo marino. Estos componentes son clave para el diseño de reservas marinas en el mundo, puesto que lo que sucede en un lugar puede repercutir en otro, aunque estén separados por kilómetros [34, 49]. Debido a la poca movilidad que tienen los adultos en el agua, por ser un medio denso, la dispersión larval juega un rol clave en la mantención de las poblaciones [36].

El pejesapo es un pez de valor comercial. Si bien no formaba parte de las capturas de cazadores recolectores de hace más de mil años [19], hasta el 2000 se han registrados capturas en Chile de hasta 22 toneladas, pero en la actualidad no hay registros de desembarques, lo que hace presumir que sus poblaciones están en deterioro [50]. Al habitar en el ambiente intermareal, el hombre tiene fácil acceso a capturarlo. No se necesita de un equipo sofisticado para atraparlo, los pescadores artesanales lo hacen a resuello (o en apnea) usando su arpón de mano o una “chope”[51] (herramienta de hierro, doblada en una punta, que sirve también para extraer otras especies que se adhieren a las rocas como las lapas o los locos).

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Los pejesapos viven en las rocas de las cuales se sujetan con una ventosa. Se mueven despacio y, si uno se acerca ellos, se fijan en la roca. Habitan junto a otras especies como caracoles herbívoros (Tegula spp). El pejesapo consume algas e invertebrados. Registro en el submareal de Las Cruces, 2015.

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En reservas marinas como esta, los pejesapos encuentran bastantes algas para alimentarse y refugiarse. Debido a que allí la pesca está restringida, las especies pueden alcanzar tamaños grandes. Es posible acercarse y verlos fijos en las rocas. Reserva Marina de la Estación Costera de Investigaciones Marinas (ecim-uc), Las Cruces, 2016.

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El pejesapo moteado (Gobiesox marmoratus) es muy similar al pejesapo común. Es más pequeño y colorido, y siempre se esconde bajo las rocas, en los discos de fijación de las algas pardas. Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos, Isla Grande de Atacama, 2019.

Etimología

CientíficoHelcogrammoides chilensis

El término helcogrammoides proviene del griego y se compone de tres partes: el prefijo helkos (-eos, -ous) que significa “ulceración”, el prefijo -gramma que da cuenta de una “marca” y el sufijo -oides que significa “similar a”. Es decir, se trata de un pez similar a una marca o mancha de papel por su tamaño. El nombre de la especie chilensis viene del latín, en referencia al país donde habita, Chile.

Común Trombollito de tres aletas

El nombre común de estos peces puede venir de “trambollos” (Labrisomidae), de origen griego, que significa “organismos de cabeza y cuerpo alargado” y el diminutivo por su reducido tamaño. Y tres aletas por las tres dorsales características de estas especies (ver capítulo de H. cunninghami).

Taxonomía

Familia Tripterygiidae

Género Helcogrammoides Rosenblatt, 1990

Especie Helcogrammoides chilensis (Cancino, 1960)

Distribución

En Chile, desde Iquique hasta Cobquecura.

Descripción

Aleta dorsal tripartita, primeros dos segmentos con espinas, el tercero con radios [4].

Espinas en la aleta anal. Línea lateral completa, cirros orbitales multífidos (con forma de ramas, ramificaciones) y uno o más cirros en el borde anterior y posterior de las fosas nasales [54]. Segunda espina de la primera aleta dorsal alargada como filamento (especialmente en machos) (A); 8-10 escamas entre la base de la primera espina de la segunda aleta dorsal y la línea lateral; 5-6 cirros sobre cada ojo; cirro nasal anterior simple o bífido (raramente ausente), posterior multífido. Pedúnculo caudal con una barra negra triangular (más gruesa en el borde dorsal que en el ventral) entre barras más claras y estrechas (B).

Aleta dorsal con III y XV espinas en la primera y segunda porción; 10-11 radios en la aleta dorsal posterior, último dividido en dos en la base; aleta anal 21 radios, último dividido en dos en la base; aleta pectoral con 15-16 radios; 38-43 escamas en la línea lateral [54].

Diagrama

Historia natural

El trombollito de tres aletas es una especie endémica de Chile, que se caracteriza por ser pequeño, carnívoro y vivir en el fondo marino o bentos. Se trata de una especie de vital importancia en los arrecifes, ya que puede constituir casi el 40% de la biodiversidad de peces que lo habitan, principalmente en los arrecifes de coral. Además, su alta densidad anual de larvas, las cuales se asientan en su mayoría localmente, es parte fundamental del plancton, al que le proporcionan la base de la biomasa para peces de arrecifes más grandes [55].

Como mencionamos en su descripción, posee tres aletas dorsales fáciles de distinguir y se diferencia de los peces H. cunninghami por sus características óseas y ecológicas. Este tipo de pez habita desde la zona intermareal (expuesta al oleaje) hasta la submareal (bajo el nivel del mar) alcanzando los 15 m (según observaciones personales). A diferencia de sus congéneres, puede pasar toda su vida en pozas intermareales [56].

Para su reproducción depositan sus huevos en forma de terrones, los que se desarrollan adheridos al fondo marino. Los machos protegen los huevos para evitar su depredación, pero no se ha confirmado aún si esta especie tiene cuidado parental (ver capítulo castañeta). Luego de eclosionar, comienza la primera etapa planctónica hasta que sobrepasan los 1,5 a 2 cm de longitud, momento en que regresan al sustrato bentónico. La mayoría de los trombollitos tres aletas alcanzan una edad máxima de tres años [56, 57]. Se caracterizan por defender su territorio, principalmente en épocas de apareamiento.

Son principalmente microcarnívoros. Se alimentan de crustáceos diminutos que viven en las algas bentónicas, como los anfípodos y copépodos, y de pequeños moluscos. A los trombollitos se les ve siempre quietos en el fondo. Atrapan sus presas desplegando un comportamiento llamado “siéntate y espera”: apenas pasa una presa cerca, nadan y la consumen rápidamente. Su dieta varía según su desarrollo y edad. A su vez son presa, en especial, de peces como las cabrillas y los apañados (ver capítulos correspondientes) [43, 58].

El trombollito tres aletas chileno no es una especie de importancia económica en la actualidad, solo lo extraen buzos en campeonatos de caza submarina en la modalidad de recolección. Sin embargo, por su forma, comportamiento y llamativo colorido podría ser de interés ornamental para acuarios marinos.

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Los trombollitos tres aletas son llamativos por su coloración. Abundan en la zona intermareal y siempre andan en grupo. Reserva Marina de la Estación Costera de Investigaciones Marinas (ecim), Las Cruces, 2014.

Etimología

CientíficoScartichthys viridis

Scartichthys proviene del griego Skaritis (-idos) y significa “piedra de color preciosa” y el sufijo -ichthys “de un pez”. El nombre científico viridis se origina en el latín y significa “verde”, por el color verdoso que posee parte de su cuerpo.

Común Borrachilla verde

Otros nombres Borracho, borrachilla, torito

Proviene de la creencia popular de que al consumir el caldo de este pez te invade una sensación de embriaguez y somnolencia.

Taxonomía

Familia Blenniidae

Género Scartichthys Jordan & Evermann, 1898

Especie Scartichthys viridis (Valenciennes, 1836)

Distribución

En Perú y en Chile, desde Arica hasta bahía

de San Pedro, región de Los Lagos.

Descripción

El género Scartichthys se caracteriza por presentar 18-21 tubos cortos en la porción posterior de la línea lateral, con un poro en cada extremo (dos por tubo). El poro urogenital en los machos tiene dos protuberancias, una a cada lado [59].

El S. viridis posee XII espinas en la aleta dorsal de 17-19 radios [59]; el límite entre estas dos secciones está profundamente muesqueado (A). La aleta anal tiene II espinas, que pueden estar ausentes y 18-20 radios [59]. Las aletas pectorales tienen 14 radios mientras que las aletas pélvicas poseen una I espina, que puede estar ausente, y 4 radios [59]. La aleta caudal es redondeada (B). Mandíbula con dientes cohesionados y móviles como conjunto, en la mandíbula superior tienen 58-130 dientes [9]. Poseen de 6-60 cirros nucales, 20-51 cirros supraorbitales y 6-15 cirros nasales (C).

Es posible diferenciar las especies Scartichthys por su coloración, S. viridis puede tener tres tipos diferentes de coloración. La S. gigas también presenta dos patrones de coloración [60, 61].

Diagrama

Historia natural

La borrachilla verdees un pez común, que abunda en el ambiente intermareal y submareal hasta los 10 m de profundidad. Vive en pozas y se le puede ver allí hasta que alcanza unos 20 cm LT; luego coloniza el submareal hasta los 20 m de profundidad donde logra su longitud mayor. Es muy territorial, sobre todo de adulto, persiguiendo agresivamente a quienes entren en sus territorios. Vive en general sobre las rocas donde abundan las algas verdes (Ulva spp, Enteromorpha sp.), café (Dictyota kunthii), rojas coralinas (Corallina spp) y calcáreas rojas [62, 63].

De jóvenes muchas borrachillas viven en el intermareal. Esto puede ser muy riesgoso para las especies que viven en esta zona, ya que deben tolerar cambios bruscos de temperatura, considerando que las mareas en la costa chilena son, en general, semidiurnas, varían cada seis horas entre baja y pleamar, y que la temperatura en las pozas del intermareal incrementa considerablemente durante las mareas bajas [5, 32]. Esto es relevante dado que las temperaturas extremas son peligrosas para muchos peces, pues las proteínas y enzimas, que catalizan las reacciones bioquímicas críticas para la vida, son sensibles a la temperatura. El impacto de la temperatura sobre los procesos bioquímicos y fisiológicos lleva a los peces a seleccionar temperaturas ambientales en las que pueden vivir de manera eficiente. Las altas temperaturas pueden causar la desnaturalización de las estructuras moleculares, lo que resulta en una pérdida parcial o completa de la función de los órganos, y llegar a causarles la muerte. Por otro lado, las temperaturas frías pueden retardar las reacciones bioquímicas críticas al reducir el movimiento molecular y su interacción [64]. En consecuencia, las especies deben adaptarse a estos cambios de temperatura y la selección de hábitat depende de la temperatura circundante.

A pesar de habitar en ambientes donde la temperatura cambia bruscamente, las borrachillas (y otros peces como los baúncos y las viejas juveniles) pueden cambiar sus preferencias de temperatura a medida que crecen, lo que las lleva en diferentes etapas a utilizar diversos nichos térmicos. El nicho es un concepto abstracto pero central en ecología. Se puede definir como un hipervolumen multidimensional que incluye todos los factores bióticos y abióticos con los que el organismo se relaciona [65-67]. Por ejemplo, en las grietas y debajo de las algas, la sombra reduce la temperatura considerablemente dentro de una poza y la actividad de las borrachillas disminuye durante la marea baja. Las borrachillas se adaptan a vivir en estos ambientes posicionándose sobre o bajo las rocas.

Los peces de la familia Blenniidae (como la borrachilla) son muy diversos, alcanzando las 360 especies de peces bentónicos (fondo marino), en su mayoría de pequeño tamaño, y cripto bentónicos (es decir, que se camufla en su entorno mediante su color o aspecto) [68]. Los dientes en fila de estos peces son una de las adaptaciones para alimentarse que sorprende [69, 70]. También el que puedan cultivar algas dentro de su territorio y hacer jardines. Esto lo hacen removiendo las especies que compiten con las algas, como esponjas, picorocos y choritos, para que proliferen las algas seleccionadas. Las borrachillas son muy hogareñas, guardan y cuidan su hábitat y, si son desplazadas (hasta 1 km de distancia), tienen la conducta de volver a la poza donde se les capturó. Consumen una gran variedad de algas, principalmente verdes (Ulva spp, Cladophora spp, Chaetomorpha spp) que son de fácil digestión y abundan en las zonas someras (a baja profundidad). Son especies crepusculares, se alimentan muy temprano o en el ocaso, porque las algas (como organismos autótrofos) almacenan mayor cantidad de energía durante la respiración. En consecuencia, las borrachillas obtienen mayores calorías al consumirlas durante el ocaso o las primeras horas del día. En muchas ocasiones pueden controlar la distribución y abundancia de las algas, no obstante, al ser uno de los pocos herbívoros que hay en ambientes fríos como la costa de Chile, la borrachilla puede consumir otros organismos de origen animal como poliquetos, choritos y moluscos gasterópodos [60, 62, 71]. Si un buzo rompe un erizo por casualidad ellas lo consumen vertiginosamente.

Es un pez tímido; ante la presencia de un buzo se esconde rápidamente. Sin embargo, cuando vamos a realizar investigación siempre posicionamos cámaras de video de forma remota, sujetadas a un peso y dejamos que la cámara grabe sin la presencia de un buzo para registrar el comportamiento de los peces. Nos sorprendemos de lo fustigadoras que son las borrachillas entre ellas, muy territoriales algunas, hasta muerden las aletas de los otros individuos. Durante el día, la borrachilla es muy agresiva con los individuos de su misma especie, en particular con las borrachillas más jóvenes, las que se pueden distinguir por su talla y su coloración. Controlan un territorio pequeño, de no más de unos 3-4 m cuadrados donde activamente expulsan a otros individuos; son muy competitivas. La competencia es una interacción importante en la ecología. Ocurre cuando organismos inhiben el acceso a los recursos compartidos que son escasos, produciendo un impacto negativo a nivel individual y poblacional. La competencia es usualmente mayor dentro de la misma especie debido a que existe una superposición del uso de los recursos (demandas similares de territorio, refugio, pareja y alimento dentro de la misma especie). Existen dos formas por las cuales los individuos pueden inhibirse entre ellos, mediante la interferencia o la explotación. La interferencia es común en las especies que mantienen territorios definidos e involucra algún tipo de agresión [72-74]. En el caso de las borrachillas se persiguen entre ellas de forma furtiva, se muerden las aletas caudales, emiten sonidos (presumiblemente estriduladores, es decir, mediante la fricción de partes del cuerpo), movimientos estereotipados (como fijar y repetir invariablemente el movimiento de sus aletas dorsales) y emiten señales químicas. El otro tipo de competencia, que no se ha reportado para la borrachilla, sucede cuando un individuo consume los recursos, limitando el acceso a otros individuos. Contrario a otras interacciones ecológicas como la depredación o el mutualismo, la competencia no se manifiesta de manera obvia en la naturaleza, requiere de bastante observación y experimentación sobre sus consecuencias a nivel individual y poblacional. Sin embargo, una de las evidencias de la competencia es la denso-dependencia que ocurre cuando la tasa de natalidad per cápita disminuye y la tasa de mortalidad incrementa a medida que el tamaño poblacional de una especie o densidad aumenta. La denso-dependencia controla las poblaciones e incluso da forma a la cantidad de especies de peces en un lugar dado [72, 75].

En épocas reproductivas, el territorio de la borrachilla se convierte en sitios de apareamiento. Hay bastante cortejo en estas especies y ocurre principalmente durante el invierno y la primavera. El cortejo, rasgo de selección sexual asociado generalmente a los machos, se manifiesta en las borrachitas con danzas y despliegues que realizan los machos, también con cambios de coloración brusca y la liberación de feromonas cuando las hembras entran al territorio (se ha descrito que incluso atrae a otros machos) [76]. La hembra deposita los huevos esféricos sin fecundar en el territorio del macho, por debajo de las rocas, y el macho los fecunda y cuida. Luego de unos 7 a 14 días la larva eclosiona del huevo y un vitelo es su nutrición por unas 72 horas [9]. Posteriormente, se alimentan del plancton. Esto ocurren en gran abundancia durante el invierno y la primavera. Después de unos 87 días en el plancton las larvas se asientan y llegan a las pozas del intermareal, donde son presa para muchas otras especies como el chungungo y aves como el cormorán [45, 77]. Los peces como la cabrilla y la vieja negra son sus depredadores naturales [25].

No hay registros de pesca de esta especie, aunque es muy abundante y tiene potencial ornamental, ya que se adecua perfectamente en acuarios. Además, es muy dócil para el estudio y la investigación de la conducta animal.

1, 2 y 3

La borrachilla es un pez exitoso en nuestras costas. Son abundantes y ocupan casi todos los ambientes rocosos desde la zona intermareal hasta los 20 m de profundidad. El género Scartichthys está representado por tres especies, la más común es la borrachilla verde, S. viridis