Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Des-aprendiendo no es más que eso, un doble recapacitar y observar, repensando mientras se cambia. Hace falta esfuerzo para aprender, pero el mérito es doble para desechar y comenzar de nuevo. En ambos casos, la dirección es adelante
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 65
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Luis Mezquita
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-207-8
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
Prólogo
El conjunto de historias y pensamientos a continuación expuestos lleva el título Des-Aprendiendo: ¿en qué consiste? Este trabajo ha sido escrito en un 2022 que trajo conflictos, pruebas, complicaciones, pero también desafíos, lecciones y reflexiones generales sobre uno mismo y sobre un todo.
La pregunta principal sobre el libro es un gran reclamo en toda su extensión, un grito de reconocimiento intelectual, literario, filosófico, así como una exposición de saberes.
Afortunadamente, un sinfín de miradas lectoras han estado disponibles y dispuestas a ayudar con todas estas cuestiones.
Me gustaría, por tanto, dar gracias a mi sobrina Mónica, que, como musa, me dio la inspiración inicial para alentar la creación de este des-aprender. También me gustaría dar las gracias a cada lector que se acercó a mi obra dando opinión, crítica, elogio, pero por sobre todo, ánimo.
Si alguna vez perdí el interés, vosotros me mantuvisteis motivado.
Mi madre se merece un especial agradecimiento: tus sabios consejos y apoyo me han sido, como siempre, de gran ayuda.
Luis Mezquita
Barcelona, marzo de 2023
.
22
«Sos mi tormenta que limpia todo,
que azota con fuerza,
pero que limpia».
Dilación
Víspera perpetua
de acontecimientos
que no son más
que nuevas vísperas.
La vida resulta
una gran espera.
Tal vez pudiera alguno
arrancar de manos de
las moiras algún ovillo
del tejido del destino
y poder enrollarlo y
envolverlo a placer.
Tal es la persecución de algo
que se convierte en ello.
La espera de algún suceso
es parte intrínseca del mismo,
pero, para gozarlo,
este debe suceder.
La cita en la cual nadie
aparece es a media la cita
y a medias el tormento.
Es un creciente deseo
que solo desaparece
repentinamente
al llegar la persona amada,
o atormenta ante la llegada
de la ausencia.
La espera es nada más
que una retorcida
teoría de la desilusión.
La experiencia nos ha enseñado
que a menudo tiende a pasar todo
del modo más retorcido,
más desagradable,
más injusto.
Y ante tal comprobación,
un espíritu débil, burgués,
tiende a abandonar
la espera o convertirse
él mismo en agente
del rechazo y la traición.
Afrodita
Esos labios que me incitan.
Por favor, bésame.
Esos ojos que,
sin saber cómo,
pronuncian mi nombre.
Esa piel suave, cálida,
que son las vías
del tren de mis manos
que recorre tus montañas
y se esconden en tus túneles.
Esa mirada llena de deseo,
ardiente elixir
para mi dolencia
llamada pasión.
Tu placer.
Tu calma.
Las locuras
que como jóvenes
hacemos casi sin pensar
buscando latir
al unísono.
Tus besos,
las puertas de un cielo
que entreabre,
que cierra
al tocar nuestros labios
con tal frenesí.
Tu deseo colocado
en el punto exacto
entre lo divino y lo terrenal,
entre cielo e infierno.
El más mínimo error basta
para la salvación eterna
o para condenarse.
Para enamorarse ciegamente
o para ser destruido.
Red
Tan expuestos
que ya no notamos
en qué lado de su adictiva magia
nos encontramos.
Nos posee,
nos atrapa.
Dejamos ya de hablar.
Una carita con gesto
carente de emoción
transmite mejor
nuestras ideas.
¿Será que a esto nos dirigimos?
Un futuro lleno de opciones,
de comunicación directa
acercando las distancias;
de letras vacías
y risas sin sonrisa.
Un abrazo virtual.
Un beso con corazón.
Una imagen armada
para la ocasión,
sin naturalidad.
sin imperfección.
Extrañaremos entonces
el latir del otro, el ser atrapados
en la mirada penetrante
de unos ojos negros,
del perfume dulce,
romántico aroma
que transmite otra piel.
De ver el cielo y sus destellos,
admirar el árbol y sus capas.
De la sabiduría de quien la posee.
De un verso simple
que la voz de aquel podía
resonar en nuestro ser.
Deberíamos dejarlo,
limitarlo a lo útil.
Desechar su astuto encanto,
sus espejos de colores.
Levantar la vista y no solo mirar:
ver.
La armonía en la que se mueve
lo no artificial, lo complejo.
Lo bello que puede ser
un simple atardecer en el sitio
adecuado.
Fábula de los tres
Ella, un delfín solitario
con un océano de opciones.
Con todo lo que le hace falta para ser feliz,
viajando un mundo que puede ser inhóspito para otros,
pero bello y hermoso para quien puede disfrutarlo.
Desde pequeña siempre gustaba saltar, salir por un instante
para luego regresar.
El paso de los años hizo que pudiera saltar más lejos.
Esas fracciones de segundo que fue ganando con los saltos
cada vez le gustaban más.
Solía acercarse a las orillas, sacar la cabeza y soñar con pies,
con poder andar la tierra, descansar bajo un árbol, dejar huellas,
subir a lo alto y ver el horizonte
desde este lado.
Su horizonte era muy cercano.
La espesura del agua lo limitaba,
lo hacía sentir como paredes que
se desplazaban
a conveniencia.
Se extendía a medida que uno
avanzaba en ella.
Solía pensar que estaba en una pequeña celda
que cambiaba entorno, colores,
en la cual entraban nuevos personajes
y otros se iban.
Cuanto más profundo quería ir en dicha cárcel,
más oscuro se hacía,
menos se divisaba un final,
hasta que era agotador intentarlo.
Cierto día, reposando su cabeza
en la orilla de un río,
lo vio a él, majestuoso.
Quedó ciertamente encantada
con su porte, sus pelos libres,
con su mirada.
Él era un lobo y andaba solo;
vio reducida su manada.
Enfrentando la dura caminata
de un duro suelo,
alimentándose de aquello que sus pies y afilados colmillos podrían alcanzar,
preparado para defenderse nació.
Garras, dientes afilados
como un guerrero con sus armas
ya desde la cuna.
Miraba el cielo y soñaba con ir más alto.
Soñaba poder planear los cielos,
lejos de los peligros,
lejos del hombre que se adentraba
en su territorio con su tecnología y sus ideas,
devorando, a su paso, su hogar, su refugio.
Un sueño de vuelos altos y
libertad le embargaban.
Tener alas y poder ir más allá y ver el horizonte.
Que desde su posición
se veía como una lejana línea
imposible de alcanzar.
Cuanto más intentaba acercarse,
más lo perdía en la lejanía,
hasta que la noche le ocultaba la visión.
Ya no podía ir más lejos.
Algunas noches se lamentaba y con un aullido le reclamaba a la luna por su presencia.
Le pedía que iluminase más, que lo dejara llegar a ese horizonte inalcanzable.
Entonces, la vio a ella,
pequeña y delicada, plumaje suave,
como si el aire la acariciara.
Ella era una gaviota, estaba sola.
Perdió a su parvada en un cielo difícil de
transitar por ser denso y confuso.
Su habitual soporte era invisible.
Solo hacía falta mover sus alas.
Qué daría por poder verlo.
Pese a saber que allí estaba,
podía volar por encima de mar o tierra,
era indiferente,
pues todo desde arriba se veía pequeño,
lejano y distante,
extraño y apático.
A veces, subía muy alto.
Jamás había límite, no había un final,
y desde ahí podía ver un horizonte
circular y muy distante
y, al bajar, parecía más lejano aún.
Pasando por grandes ciudades
donde se yerguen unas grandes
columnas de humo tan tóxico
que había visto caer a otros
al atravesarlo.
Ya cada vez quedan menos sitios
en donde sentirse segura y reposar.
Viviendo siempre en pequeñas casas construidas en los árboles,
recorrer kilómetros miles,
miles de kilómetros de tierra o mar,
pero nunca encontrar el horizonte.
Otras como ellas
no tenían tal suerte:
fueron capturadas y encerradas
entre barrotes de metal
para transformarse en bufones
de otros bufones.
En un instante se encontraban las tres
a escasos metros mirándose
