Dificultades de comportamiento - Angela Glenn - E-Book

Dificultades de comportamiento E-Book

Angela Glenn

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Beschreibung

Dificultades de comportamiento en edades muy tempranas ayuda a los lectores a entender el porqué del comportamiento de los niños y les anima a reflexionar sobre cómo manejan las situaciones difíciles. Este accesible y práctico libro proporciona una serie de estrategias, de eficacia probada y basadas en la experiencia, que ayudarán a reaccionar de manera instantánea y efectiva ante los problemas de comportamiento. Además presenta una amplia variedad de estudios de casos que ilustran cómo llevar a la práctica las estrategias presentadas. Constituye una lectura esencial para los profesionales de las instituciones educativas dedicadas a la primera infancia a la hora de encontrar maneras efectivas de enfrentarse a las dificultades de comportamiento.

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Seitenzahl: 166

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Dificultades de comportamiento en edades muy tempranas

ESTUDIO DE CASOS REALES

Angela Glenn Jacquie Cousins Alicia Helps

NARCEA, S. A. DE EDICIONES MADRID

Índice

INTRODUCCIÓN

1. EL COMPORTAMIENTO DE LOS NIÑOS PEQUEÑOS

¿Qué es lo que realmente funciona con los más pequeños?

“Buenas prácticas” en siete sencillos pasos

1. Ser consecuentes

2. Utilizar elogios y premios

3. Facilitar buenos modelos

4. Guiar y orientar al niño en sus actividades

5. “Ignorar” los malos comportamientos

6. Cambiar al niño de espacio o de lugar cuando sea necesario

7. Aplicar sanciones solo como último recurso

Otras ideas muy útiles

Algunas ideas para establecer buenas relaciones y para aumentar la autoestima de los niños

2. ESTUDIO DE CASOS. NIÑOS REALES EN ENTORNOS REALES

Estudio de 37 Casos reales Descripción del caso, posibles razones de ese comportamiento y estrategias para afrontarlo

1. Un niño excesivamente callado y retraído

2. Una niña que demanda atención constante de los adultos

3. Un niño que grita cuando participa en una actividad guiada por un adulto

4. Una niña con poca capacidad de atención

5. Un niño que tiene rabietas

6. Un niño que da patadas y muerde a niños y adultos

7. Una niña que presenta una actitud desafiante

8. Una niña que se niega a hablar (mutismo selectivo)

9. Un niño que es incapaz de compartir

10. Una niña con dificultades para respetar los turnos

11. Un niño que podría tener Trastorno del Espectro Autista (TEA)

12. Una niña que se muestra agresiva

13. Un niño que garabatea sobre los dibujos de los otros niños

14. Una niña que garabatea sobre sus propios dibujos

15. Un niño que dice “no” constantemente

16. Un niño que sale corriendo del aula

17. Un niño que se finge enfermo

18. Un niño que se auto-lesiona

19. Una niña que se esconde debajo de la mesa

20. Una niña que insulta

21. Una niña que se quita la ropa

22. Una niña que es excesivamente cariñosa

23. Un niño que siempre tiene que ser “el primero”

24. Un niño que dice mentiras constantemente

25. Un niño que manifiesta miedo frente a personas y animales

26. Una niña que muerde

27. Una niña que se comporta de manera desafiante y violenta

28. Una niña que come cosas inapropiadas

29. Un niño que se queda dormido con mucha frecuencia

30. Un niño que tiene reacciones emocionales extremas ante acontecimientos habituales

31. Un niño de cuatro años con un Trastorno del Espectro Autista (TEA)

32. Raquel, de cuatro años, una niña con un diagnóstico de TEA

33. Jaime, de cuatro años, un niño con un diagnóstico de TEA

34. El caso de Joaquín

35. El caso de Rosa

36. El caso de Francis

37. El caso de JT

3. ADAPTACIÓN DEL NIÑO A LOS PRIMEROS ENTORNOS ESCOLARES PARA DISMINUIR O EVITAR PROBLEMAS DE COMPORTAMIENTO

Adaptación de los niños a la guardería o al preescolar

4. CÓMO GESTIONAR EL ENTORNO EDUCATIVO

El espacio

Recursos de aprendizaje y visualización

Gestionar bien el equipo de educadores

Estrategias generales para una buena praxis

Estrategias para niños con dificultades de comportamiento

5. SEGURIDAD Y BIENESTAR DE LOS NIÑOS Y NIÑAS EN LA ESCUELA

Relación de la familia con el centro educativo

Sobre el equipo de educadores

Sobre el entorno escolar

Estudio y reflexión sobre un Caso: Danny

APÉNDICES

Apéndice 1. Hojas de Registro

Apéndice 2. Estudio y seguimiento del Caso de Renata

Introducción

Este libro trata de responder a algunas peticiones de consejo formuladas por muchos y variados profesionales que trabajan con niños en el ámbito de la Educación Infantil y en especial en la etapa de 0-3 años. Nuestra experiencia, a lo largo de muchas sesiones de formación y cursos de desarrollo profesional, nos ha mostrado que nuestros colegas buscan una guía sencilla para aprender a manejar el comportamiento de los niños.

En este libro, partimos de situaciones reales y cotidianas en la vida de los niños y sugerimos algunos planteamientos que ya han sido puestos en práctica con éxito; aunque, efectivamente, no hay ninguna fórmula mágica, y estos sencillos planteamientos no siempre funcionarán con la misma eficacia. Habrá niños cuyas necesidades sean más complejas y que, por tanto, necesitarán de la intervención de expertos. Pero no cabe duda de que la mayoría de los niños suele responder bien cuando se actúa con firmeza y justicia, a la vez que con elogios y con refuerzo positivo.

Como veremos a través del estudio de los casos que, como ejemplo que se dan en el libro, a veces puede ser muy difícil tener claras las causas de las dificultades de los niños, pero sabemos que el pequeño siempre está tratando de decirnos algo a través de su conducta. Naturalmente, por su corta edad no tiene las competencias verbales de un adulto, por eso tenemos que ser sensibles ante lo que esté tratando de comunicarnos. Esto es más fácil de decir que de hacer, especialmente cuando el niño se está comportando muy mal.

Confiamos en que este libro, claro y accesible, sea una manera de ayudar al lector a comprender qué es lo que el niño está tratando de decirnos con su conducta, con su comportamiento, así como que proporcione algunas ideas prácticas para afrontar aquellas situaciones más difíciles y complejas.

Los capítulos aportan ideas y estrategias que se pueden integrar fácilmente dentro de la rutina diaria de cualquier educador o educadora, y también en el entorno familiar.

Básicamente, una buena práctica para los niños con necesidades especiales y/o dificultades de comportamiento será una buena práctica también para los demás niños.

Puede ser difícil llegar a un “diagnóstico” exacto para un niño que esté en la etapa de educación infantil. No siempre podemos distinguir a un niño que tiene dificultades neurológicas, de un niño que tiene síntomas de ansiedad causados por estrés emocional. Ambos niños pueden desarrollar un comportamiento repetitivo e inmaduro que les haga sentir más seguros, y ambos se pueden mostrar retraídos y no reaccionar a las instrucciones que reciben. En estos casos, una vez que se ha realizado la derivación a un profesional, será muy útil que la educadora implicada pueda ofrecer a estos profesionales observaciones certeras y detalladas de las estrategias que hayan tenido éxito y de las que no.

El entorno escolar puede proporcionar una información muy útil a la hora de advertir al profesional acerca de los aspectos sociales, cognitivos y emocionales del funcionamiento del niño. En este sentido las Hojas o Fichas de Registro que figuran en el Apéndice 1 capacitarán a la educadora* para tomar nota y llevar un registro, tanto de lo que observa como de lo que hace, a través de un formato sencillo y práctico.

En el Apéndice 2 se incluye el Estudio del Caso de una niña, Renata, a través del cual quedan descritos detalladamente los pasos seguidos en el estudio, diagnóstico, estrategias y demás elementos puestos en práctica, por el equipo educador y la familia, para el feliz desarrollo del mismo.

Finalmente, añadir que los “Diez Consejos Prácticos para lograr un Buen Compotamiento de niños y niñas”, que incluimos a continuación, podrían servir tanto de comienzo como de colofón del contenido de este libro.

DIEZ CONSEJOS PRÁCTICOS PARA LOGRAR UN BUEN COMPORTAMIENTO DE NIÑOS Y NIÑAS

Adoptar una serie de normas de comportamiento sencillas y fáciles de seguir, y compartirlas con todo el equipo de educadores y con las familias.Ser consecuentes con las normas que adoptemos.Implicar desde el principio a padres, madres y cuidadores; actuar con sensibilidad y siempre ofrecer apoyo, en vez de recriminar.Estar siempre en comunicación con las personas que constituyen los entornos implicados en la educación del niño.Ser objetivo al hablar con los padres y cuidadores; las opiniones incluirán, a veces, el tener que justificarse a uno mismo.Tener un listado de observaciones sobre el comportamiento del niño; por ejemplo: lo que sucede en realidad en la escuela.Recordar que desarrollar los puntos fuertes del niño es tan importante como abordar sus problemas.Centrarnos en un solo comportamiento a la vez: las dificultades de comportamiento puede ser muy complejas, pero un pequeño cambio en la manera en la que reaccionamos ante un niño puede convertirse en un éxito sobre el que se puede empezar a construir.Concentrarse en lo que está pasando en el presente en el entorno educativo y en aquello sobre lo que tenemos control. Es importante conocer, tanto como sea posible, el día a día del niño en su casa; pero debemos aceptar también que será difícil que tengamos alguna influencia en ese entorno.Recordar que no existen fórmulas mágicas. Lo que funciona con un niño puede no funcionar con otro.Insistir en que la fórmula mágica por excelencia es el amor a los niños.

* En muchos casos hemos adoptado la fórmula de referirnos al niño en masculino y a la educadora en femenino, simplemente, para evitar que el texto fuera más farragoso. No sugerimos con ello que los niños con dificultades de comportamiento sean siempre varones, o que los profesionales sean siempre mujeres.

1. El comportamiento de los niños pequeños

El nacimiento de un bebé constituye, normalmente, un momento de mucha dicha. Ese bebé, normalmente también, nace en una familia que incluye muchas relaciones y también una red de amigos, en la que cada uno tendrá sus propias ideas acerca de la crianza de un niño.

Los primeros meses serán un periodo de adaptación al nuevo miembro de la familia quien, muy pronto, irá mostrándonos su propia personalidad.

Muchos bebés pasan, alrededor de los nueve meses, por una etapa de ansiedad de separación de su/s cuidador/es. Los bebés tienen sus propias emociones e intereses desde que nacen e, inicialmente, las expresan a través del llanto. Gradualmente, los bebés van adquiriendo una mayor movilidad, al principio gateando o arrastrándose, de modo que pueden alcanzar las cosas o ir hacia ellas por sí mismos. En esta etapa el principal objetivo del adulto debe ser preocuparse por su higiene y su seguridad.

Poco a poco, al tiempo que el bebé gane en movilidad, irá mostrándose más autónomo y explorará más. Esta exploración puede traer problemas y es una etapa esencial en la que padres y cuidadores deben ser muy cautelosos y dejar claro al niño lo que puede y lo que no puede hacer. Una voz firme y suave a la vez suele funcionar muy bien. A pesar de que algunas de sus travesuras pueden parecer graciosas, es importante no reírse, para que el niño no piense que es un juego y siga repitiendo su comportamiento. Esto puede dar lugar a que el adulto se frustre cada vez más y se enfade, enviando al niño, en este caso, un mensaje muy ambivalente.

Gradualmente, a medida que el niño se vuelve más consciente de su entorno, y cuando sabe que obtendrá una reacción, pueden llegar a prolongarse ciertos comportamientos. Incluso puede ocurrir que en esta primera etapa los padres y cuidadores empiecen a sentirse abrumados, hasta el punto de ser incapaces de manejar al niño.

Esta es también la etapa en la que los niños quieren hacer más cosas, pero necesitan más de la ayuda del adulto, y la demandan en mayor medida si no reciben el apoyo necesario.

A partir de los 18 meses, cuando la movilidad del bebé aumenta y se va convirtiendo ya en un niño, va formando sus propias ideas acerca de lo que le gusta y lo que no, adquiriendo una voluntad propia, a menudo muy fuerte.

Esta es la etapa de “los terribles dos años”, como se la llama normalmente. Cuando el niño quiere algo, lo quiere inmediatamente y siente que los demás impiden que lo consiga. En esta etapa, el niño no ha desarrollado aún un autocontrol suficiente, no le afectan las amenazas ni tampoco está interesado en llegar a acuerdos. Pero los padres, sin embargo, suelen imaginarse que un niño que es capaz de hablar es también capaz de entender. Es entonces cuando afloran las dificultades; los padres intentan razonar con un niño que no se ha desarrollado lo suficiente a nivel emocional como para manejar las frustraciones que siente. Este es, ciertamente, un tiempo de desafíos para los padres y los cuidadores, dado que los enfados y la incapacidad para razonar suelen conducir a fuertes rabietas. En estos casos conviene aplicar “las 3 Ces”.

Recordar “las 3 Ces”: Ser CLARO, CONCISO Y CALMADO

Ser Claro en lo que se dice y centrarse en un solo aspecto cada vez.Ser muy Conciso y usar el menor número de palabras posible, de tal modo que no confundamos al niño.Decirlo todo con mucha Calma y repetir las cosas del mismo modo.

¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE FUNCIONA CON LOS MÁS PEQUEÑOS?

Establecer límites muy claros.

Mantener una rutina que sea lo más regular posible.

Asegurarse de que el niño tenga claro que son los adultos quienes tienen el control y que no cederán ante ninguna presión que se exprese a través de una rabieta. No debe importar que el niño insista e insista.

Los adultos que trabajan con niños deben asegurarse de que todos ellos están de acuerdo en los mismos planteamientos educativos, porque los niños aprenden rápidamente cómo manipular a los adultos.

A algunos niños les gusta contar con una representación en imágenes de lo que va a suceder durante el día. Se puede colocar un mural en un lugar específico, con dibujos o fotografías, sobre la rutina de ese día. Se pueden ir colgando con

velcro

o con

blu-tack

. Puede abarcar toda la jornada o bien solo momentos importantes como por ejemplo la hora de ir a dormir. Estas fichas pueden mostrar acciones como tomar un baño, ponerse el pijama, leer un cuento antes de dormir o apagar la luz. A veces se pueden usar fotografías.

Los niños más pequeños necesitan normas muy claras a la hora de esperar su turno y compartir. Cuando se inicie un juego, conviene mostrar y decirles a los niños, de manera clara, cuáles son las reglas, y jugar con ellos hasta que estemos seguros de que son conscientes de ellas. Tan pronto como los niños pequeños parezcan ser conscientes de las reglas y haya menos riñas, podemos dejarles que jueguen solos, e intervenir solo si la situación se complica.

Conviene tener en cuenta que a un niño pequeño no conviene ofrecerle demasiadas opciones. Elecciones sencillas como por ejemplo: “Hoy vamos a visitar a la tía María, ¿quieres ponerte los calcetines azules o los rojos?”, capacitan al niño para que se acostumbre a tomar pequeñas decisiones. Y esto le da la satisfacción de hacer una elección personal. Generalmente, se puede ofrecer una selección de dos opciones hasta que el niño haya madurado lo suficiente como para tomar mayores decisiones.

“BUENAS PRÁCTICAS” EN SIETE SENCILLOS PASOS

Proponemos algunas ideas o pasos que los educadores deberían seguir siempre en el cuidado y educación de los pequeños. Los siete pasos a seguir, y que describimos a continuación a modo de “buenas prácticas”, son los que siguen:

Paso 1: Ser consecuentes

Paso 2: Utilizar elogios y premios

Paso 3: Facilitar buenos modelos

Paso 4: Guiar y orientar al niño en sus actividades

Paso 5: “Ignorar” los malos comportamientos

Paso 6: Cambiar de espacio o de lugar, cuando sea necesario

Paso 7: Aplicar sanciones solo como último recurso.

PASO 1. SER CONSECUENTES

Conviene empezar a actuar solo cuando tengamos la intención de seguir adelante, y haciéndolo siempre de manera calmada, clara y consistente. Permanecer calmado y no dejarse llevar por el niño es una táctica útil para lidiar con niños que están, por ejemplo, en medio de una rabieta. Reaccionar ante comportamientos de demanda de atención de una manera fría y deliberada tendrá el efecto de mostrar que estamos disgustados y que no le damos al niño el tipo de atención que está reclamando.

Si un niño, por ejemplo, está lanzando juguetes, el adulto puede simplemente ir hacia donde él está, recordarle muy bajito cuáles son las reglas y apartar suavemente el juguete. Una vez que las reglas se hayan establecido en su entorno y todos los miembros del equipo sepan cómo manejar este tipo de comportamientos, será de vital importancia que todo el mundo reaccione de la misma manera.

Es muy difícil volver atrás una vez que se ha establecido un precedente. Por ejemplo, si se ha permitido un día lanzar arena, eso animará a los niños a seguir haciéndolo para comprobar hasta dónde llegan los límites. Cuando todo el mundo conoce las reglas y cómo se aplican, es mucho más sencillo ser consecuente.

Los niños se sienten seguros cuando saben cuáles son las reglas y comprenden lo que se espera de ellos.

PASO 2. UTILIZAR ELOGIOS Y PREMIOS

Este es el modo más efectivo para reforzar el buen comportamiento. Premiar siempre al niño que intenta hacer algo, para mostrarle que lo está logrando y que los logros son divertidos. Es bueno demostrar al niño que nos complace su conducta.

Los premios pueden consistir en distintos tipos de cosas: elogios, abrazos, sonrisas, pegatinas, realizar sus actividades favoritas, poder utilizar el ordenador o la tableta, leer cuentos, escoger lo que se hará durante un determinado lapso de tiempo, diplomas, etc. ¿Cómo decidir cuál de ellos utilizar? El premio dependerá de cada entorno educativo.

En algunos entornos, es costumbre utilizar solo elogios verbales y reconocimiento, en vez de premiar materialmente los comportamientos. Hay niños a quienes les gustan particularmente ciertos premios, por ejemplo, tener un tiempo extra para realizar su actividad favorita, o una pegatina que diga “¡Bien hecho!” en su camiseta.

Uno de los premios más efectivos es el elogio de un adulto o su reconocimiento. Un simple: “Me ha gustado mucho la manera en la que has ayudado a tu hermanito a recoger todos estos juguetes” puede ser muy efectivo. Reconocer públicamente sus logros es una poderosa herramienta para hacer que aumente su autoestima y su motivación.

Los premios no tienen que ser “grandes” para obtener el efecto deseado. Es importante variar los premios y sustituirlos por otros cuando vayan perdiendo su impacto para que siga funcionando la motivación; un mismo premio no tiene por qué encajar con las preferencias de todos los niños.

Cinco reglas sencillas para utilizar bien los premios y elogios

El premio debe ser inmediato

. Por ejemplo, si Pedro en el pasado se mostró reticente a la hora de ordenar sus juguetes y hoy está ayudando a recogerlos, se le puede decir inmediatamente algo como: “Gracias, Pedro, por hacerlo tan bien y dejarlo todo tan ordenado”.

Al principio, le premiaremos cada vez que lo haga, y

a medida que vaya siendo más fácil para él, le premiaremos con menos frecuencia

. Si se le sigue dando el mismo premio cuando el niño ya ha mejorado mucho en la realización de esa determinada tarea, el impacto se perderá. Tendrá el efecto contrario y hará que disminuya su motivación.

Es muy bueno

elogiar siempre al niño cuando le demos premios

.

Es importante

nombrar siempre la razón por la que estamos tan complacidos

. En vez de: “buen chico” o “bien hecho”, diremos: “Me ha gustado que hayas esperado a que Lucía bajara por el tobogán antes de subir. Eso ha sido muy generoso por tu parte”.

Premiaremos a los niños por diferentes tipos de buen comportamiento

, de modo que todos los niños puedan tener la oportunidad de recibir algún premio.

Debemos pronunciar el nombre del niño cuando lo elogiemos por algo que ha hecho bien. Los niños que se comportan mal oyen a menudo su nombre (su nombre y su apellido, incluso), pero los niños que tienen un buen comportamiento pueden pasarse muchos días sin escuchar que alguien pronuncia su nombre en voz alta.

Si vemos a un niño o niña haciendo algo útil intentaremos decirle: “Bien hecho, Caty”. A algunos niños les gusta especialmente que les nombren por hacer algo bien, y esto puede ayudar a que se reduzca el número de casos de mal comportamiento. También hay que hacer que disminuya la costumbre de colgarles a los niños etiquetas como “Guillermo el travieso” (para distinguirle del “responsable y educado Guillermo” y “Guillermo, el que siempre se porta bien”).

Los comentarios deben ser positivos y concretos