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Disidentes de género. La nueva generación es un libro colaborativo que recoge las experiencias de más de 50 autorxs queer y trans. Este volumen está coordinado por Kate Bornstein, activista y referente indiscutible en la comunidad LGTBQ en EE. UU. desde los 90; y S. B. Bergman, escritor trans, dramaturgo y cuya obra se centra en el cuestionamiento del binarismo de género. A lo largo de estas páginas se abre un espacio para las nuevas voces de esta generación, voces que hablan desde la escena, las calles, los lugares de trabajo o los ambientes íntimos. Estos textos van más allá de la teoría, abordando la realidad trans y queer desde lo concreto a través de las vidas de sus protagonistas. Encontraremos aportaciones en forma de ensayo, cómic, diálogos o relatos. Con nuevo prólogo de R. Lucas Platero Méndez.
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Seitenzahl: 405
Veröffentlichungsjahr: 2023
Kate Bornstein & S. Bear Bergman, eds.
Disidentes de género:
La nueva generación
PRÓLOGO DE R. LUCAS PLATERO MÉNDEZ
Kate Bornstein & S. Bear Bergman, eds., 2010
Disidentes de género. La nueva generación
Editorial Continta Me Tienes, Madrid.
Primera edición: octubre de 2018
Edición a cargo de Sandra Cendal y Marina Beloki
384 pp., 21,5 x 14,5 cm.
ISBN: 9788419323552
IBIC: JFSJ : Estudios de género, grupos de género
© Kate Bornstein & S. Bear Bergman, eds., 2010
© de esta edición: Continta Me Tienes
© de la traducción: sus autorxs
La traducción se publica por acuerdo con Ariadna Molinari Tato, editora de Disidentes de género en México. Las editoras de Continta Me Tienes hemos respetado las decisiones sobre el uso del lenguaje no binario tomadas por lxs traductorxs de la edición mexicana, de próximo lanzamiento en Texere.
© del prólogo: R. Lucas Platero Méndez, 2018
Diseño de portada y colección: Marta Azparren
Continta Me Tienes
C/ Belmonte de Tajo 55, 3º C
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Colección La pasión de Mary Read, nº 13
Lan horek Nafarroako Gobernuaren dirulagutza bat izan du, Kultura, Kirol eta Gazteria Departamentuak eiten duen Argitalpenetarako Laguntzen deialdiaren biren emana.
Esta obra ha contado con una subvención del Gobierno de Navarra concedida a través de la convocatoria de Ayudas a la Edición del Departamento de Cultura, Deporte y Juventud.
Prólogo R. Lucas Platero Méndez
1 Introducción Kate Bornstein & S. Bear Bergman
Parte 1 ¿Te parezco disidente?
2 Todas somos el esperpento de alguien más Gwendolyn Ann Smith
3 Transcorporación: análisis de los beneficios de ser un hombre trans en un entorno corporativo transnacionalCT Whitley
4 Por un chato de vino R. Lucas Platero Méndez
5 Los viejitos en casa Janet W. Hardy
6 Querido baño austiniano para discas StormMiguel Florez
7 Identidad, identiblá Telyn Kusalik
8 Dejar salir mi luz Leona Lo
9 Impostor Quince Mountain
10 JihadAzadeh Arsanjani
11 Y tú, ¿eres niño o niña? Roe-Anne M. Alexander
12 Interludio
Parte 2 Se reconfiguradx no es lo mismo que ser reimaginado.
13 La gran revelación Sherilyn Connelly
14 El cuerpo equivocado Scott Turner Schofield
15 Pieza performativa Julia Serano
16 La tormenta perfecta Sam Peterson
17 Una drag queen que nació con cuerpo de mujer Adrian Dalton (alias Lola Lypsinka)
18 Ciudadanía doble Ahimsa Timoteo Bodhrán
19 Trans-ar el género: la opción quirúrgica Mercedes Allen
20 Yo soy ese «Yo» Sean Saifa M. Wall
21 haz de mí un recipiente de anomalía simon iris
22 Soy transreal: una reflexión a(cerca)/de Transformándome en dragón Micha Cárdenas
23 Ocupar espacio Kyle Lukoff
24 Transliteración Francisco Fernández
25 Interludio
Parte 3 : Por esto soy tan monx como soy.
26 La pieza de pollo más grande es para mi papi Frances Varian
27 Sobre la buena vida y la liberación Ryka Aoki
28 Faygele Dane Kuttler
29 la vida secreta de mi salchicha cory schmanke parrish
30 En nuestra piel A.P. Andre y Luis Gutiérrez-Mock
31 Brillo, brillo en la pared, ¿quién es más queer que su merced? Esmé Rodríguez (aka T. Kupin-Escobar)
32 Manifiesto de un robot transmarica Sam Orchards
33 tra[n]scenso Katie Diamond y Johnny Blazes
34 Intermedio Kate Bornstein y S. Bear Bergman
Parte 4 No será un pícnic, pero hay un gran buffet.
35 Soy Tay y mi pareja es Zan Taylor Thorne
36 El arte de masculinizar el embarazo J. Wallace
37 Transgredir el género en Pascua con JesúsPeterson Toscano
38 El nombre nuevo de hoy puede ser el viejo de mañana Sassafras Lowrey
39 Una llamada a reconocer el amor propio como una relación legítima en el juego de la vida Andrea Jenkins
40 No necesitas un nombre blanco para ser un hombre en este mundo Kenji Tokawa
41 Vivir en modo turb(i)o Uzi Sioux
42 Visibilidad en la navegación E. S. Weisbrot
43 Interludio
Parte 5 Y nos seguimos poniendo en pie.
44 Marsha P. Johnson: transformer de los diez solesTamiko Beyer
45 El apogeo de una she-male Shawna Virago
46. Princesa Christine Smith
47 NOS DISPARAN, APUÑALAN, ASFIXIAN, ESTRANGULAN, QUIEBRAN: un ritual para el 20 de noviembre Roz Kaveney
48 Prueba Bo Luengsuraswat
49 La voz Joy Ladin
50 El papel de la cultura en la purificación de lxs parias de género: la ceremonia lamal del pueblo masái en Kenia Judy Wawira Gichoya y Priscilla Maina
51 Inyección es(t)elar Amir Rabiyah
52 Peregrinación Zev Al-Walid
53 Privilegio cisgénero: sobre los privilegios de cumplir con las normas de género Evin Taylor
54 Epílogo Kate Bornstein y S. Bear Bergman
55 Nota final
56 Sobre lxs editorxs
57 Sobre lxs autorxs
58 Traductorxs
59 Agradecimientos
Cover
Índice
Prólogo
R. Lucas Platero Méndez
Lucas Platero Méndez combina su práctica docente con la investigación y el activismo por los derechos LGTBQ. Tiene la licenciatura en Psicología, máster en Evaluación de Políticas Públicas y es Doctor en Sociología. Actualmente imparte clases en intervención sociocomunitaria en un instituto de educación secundaria; en varios programas universitarios de postgrado en género e igualdad, y en el Programa de Estudios del MNCARS, Somateca.
Su trayectoria personal y profesional va ligada a la coeducación desde una mirada a la diversidad humana y una atención especial a la construcción social de las identidades donde entran en juego múltiples variables: el sexo, la clase, el género, las condiciones funcionales, la procedencia, la sexualidad, etc. Incorpora este enfoque tanto en la investigación teórica como en su aplicación cotidiana en las aulas, desde donde también profundiza en las violencias de género y en la violencia y el bullying homofóbico.
Entre sus publicaciones, destacan: Transexualidades. Acom-pañamiento, factores de salud y recursos educativos, Bellatera, 2014; Intersecciones. Cuerpos y sexualidades en la encrucijada, Melusina, 2012; Lesbianas. Discursos y Representaciones, Melusina, 2008; Herramientas para combatir el bullying homo-fóbico, Madrid, Talasa, 2007.
Hay libros que hablan de historia de las personas trans y hay libros que son historia de las personas trans. En este caso, hablamos de un libro (en realidad nos referiremos a dos volúmenes) que forma parte de la historia norteamericana de la teoría queer y las personas trans, que ha sido espejo de cómo se ha moldeado la resistencia trans. El primer libro es Disidentes de género: Sobre los hombres, las mujeres y el resto (Gender Outlaw: On Men, Women and the Rest of Us1) y que aún no se ha traducido al castellano; fue publicado en 1994 por Kate Bornstein y ha sido un libro relevante tanto en el activismo como en la academia, generando una importante discusión sobre qué supone romper las normas de género y ser así personas fuera de la ley del binarismo. Surgió en un momento en el que todavía hacía falta demostrar que las personas trans y todas aquellas que exceden los límites de las normas rígidas, aburridas y repetitivas del binarismo existían y eran maravillosas. Es decir, en un momento emergente de derechos civiles y luchas de los diferentes movimientos sociales que basaban su activismo en la creación de identidades fuertes, a menudo, naturalizando tales identidades; pero también fue un tiempo en el que surgía la teoría queer y toda la discusión sobre la performatividad; la construcción del sexo y el género; cómo el sexo fue siempre género; y cómo se ha utilizado el binarismo de género para organizar un mundo desigual, un binarismo de cuya relevancia no siempre somos conscientes. En este contexto, surgía un grupo de personas que necesitaba luchar por el derecho a existir y ser reconocidas, y ser reconocidas más allá de los parámetros normativos de las identidades LGTB, o de la identidad transexual en concreto, ocupando espacios más fronterizos, complejos y ambiguos que los que se podían nombrar y señalar con esas etiquetas.
Ya en 2010, Kate Bornstein se embarca, con S. Bear Bergman, en la publicación de un segundo volumen, Gender Outlaw: The Next Generation.2Son dos personas trans críticas, conocidas en el contexto activista norteamericano y que tienen una extensa bibliografía y presencia pública, si bien su trabajo aún no se ha traducido al español. Este nuevo texto de Disidentes de género es un texto polifónico y de formato múltiple que se dirige a una nueva generación de personas trans que tienen necesidades un tanto distintas que aquellas a las que se dirigía el primer volumen. Esta segunda generación es una nueva ola de personas jóvenes que viven en un contexto social donde la transexualidad existe y se hace visible, pero además necesita ser reconocida como espacio corporal, identitario y personal mucho más amplio, plural y que reconozca a todas las personas que desean identificarse como parte de esta disidencia de género, que pueden utilizar el término «trans» de maneras mucho más diversas. A través de un espíritu netamente interseccional, con estos relatos se señala que estas identidades trans no surgen de manera aislada, sino que se construyen necesariamente atravesadas por organizadores sociales como son la raza, la clase social, la diversidad funcional, el origen étnico y nacional, entre otros, y que en este caso se sitúan en un contexto muy determinado, el norteamericano.
Es una generación que se enfrenta críticamente a las restricciones legales, médicas o sociales que señalan la transexualidad como un «problema con el que se nace» (la disforia de género), una «dificultad a la que sobreponerse» o simplemente un lugar victimizante. De hecho, es relevante que en este texto se elige hablar de la disidencia de género (con muchos sinónimos posibles), y no solo referida a la transexualidad, creando un espacio político amplio para dar un sentido a estas experiencias íntimas pero que también son colectivas, rompiendo con la política identitaria de quién es y quién no es, quién tiene y quién no tiene un diagnóstico reconocido o quién se merece o no acceder a ciertos derechos. No se trata así de dar continuidad a la política meritoria de derechos para quienes cumplen con los requisitos oficiales, sino más bien de crear un debate muy rico sobre qué supone el tránsito y sus beneficios, la corporalidad trans, el passing o pasar desapercibida, el deseo, embarazarse y tener criaturas, qué supone ser trans en diferentes contextos culturales, religiosos o históricos, los espacios segregados y los baños, el drag, cómo elegir un nombre cuando no se es una persona blanca, entre otros temas.
Por otra parte, la noción de dos momentos históricos para las personas trans que aparece en el libro, afirmando la existencia de un salto generacional, no solo es representativa para este contexto norteamericano, o para este libro, sino que representa adecuadamente también la historia reciente del Estado español, de otros lugares en Latinoamérica y de muchos países europeos. Para el caso del Estado español, aquellas personas que han vivido bajo la represión franquista y para quienes la disidencia de género les supuso una gran represión conviven con generaciones nacidas en democracia, para quienes el activismo online, las identidades no binarias o ver personajes trans en las series de televisión es algo común. Este salto, en realidad, es una convivencia no siempre fácil. Son dos olas de un movimiento social que ha necesitado afirmar su identidad para después poder complejizarla; de personas que han tenido que pagar caro con sus vidas y sus cuerpos el hecho de poder ser. Recordemos que en la España de la dictadura de Franco la homosexualidad era una forma de nombrar la sexualidad no normativa, por tanto, se entendía que la transexualidad y el travestismo eran formas extremas de tal homosexualidad, siendo castigadas con la Ley de Vagos y Maleantes (1954), y más tarde la de Peligrosidad Social (1970). En este período dictatorial, la disidencia de género era un pecado, un delito y una enfermedad, lo cual hacía difícil poder escapar a la represión formal e informal (Platero, 2015). Por otra parte, el concepto de transexualidad no circula y se utiliza en el Estado español hasta los años 50 del siglo pasado (Vázquez, 2011), lo cual nos recuerda cuán reciente es nuestra forma actual de entender la ruptura con los patrones binarios, rupturas por otra parte que han existido siempre. Esta generación de supervivientes de la dictadura constituye un movimiento trans valiente, liderado por mujeres que a menudo tuvieron que recurrir al trabajo sexual, y que han sabido luchar contra el destierro, las cárceles y la represión policial, los tratamientos de terapia reparativa, electroshocks y lobotomías.
En este tránsito entre generaciones han podido surgir interrogantes importantes sobre qué es esto de ser mujer u hombre, u otras identidades, como ya hizo en parte el feminismo. Por ejemplo, Kim Pérez, en las Jornadas Feministas de Córdoba del año 2000, preguntaba si se podía ser una mujer y transexual (y feminista), en un contexto político en el que el feminismo se abría a incluir a las mujeres trans y abordar el controvertido debate de la prostitución. Poder aceptar que hay quienes entienden las identidades y las corporalidades de una manera distinta y más creativa que lo que dicen los psiquiatras, abogados o curas, que hay personas que son capaces de entenderse más allá de las palabras y conceptos que usamos habitualmente, es un desafío encarnado y que no siempre se resuelve con la aceptación que desearíamos. Adolescentes que se nombran usando la «e» para terminar las palabras que están generizadas, que ven y producen vídeos en YouTube sobre los efectos de la testosterona en sus cuerpos, o que están en grupos secretos de Facebook o en Instagram hablando de cómo feminizar sus cuerpos, dónde conseguir ropa de su talla, o que plantean que sus familias no entienden sus vivencias no binarias... Antes y ahora, siempre ha habido quien ha roto las normas de género, incluso con las normas alternativas que creamos las propias personas disidentes de género. Sin embargo, lo que parece que siempre permanece es el cambio en la significación social de tales rupturas, la diferente trascendencia social que pueden tener, y la expresión diversa de tales disidencias.
Estos dos libros mapean así momentos históricos clave para las personas y los derechos trans, y consiguen unir y ponen en diálogo a estas dos generaciones de disidentes de género. Este espacio posible de encuentro nos facilita poder pensar una historia reciente de un movimiento social que es aún muy joven pero también es combativo, permite entender el imaginario colectivo sobre la disidencia sexual y facilita poder reconocer los esfuerzos que se han hecho y se hacen para poder vivir de acuerdo a nuestras necesidades, independientemente de de qué generación se sea.
El libro está organizado de una manera divertida y creativa, entre conversaciones de Kate y S. Bear, que abren y cierran el texto, en un tono íntimo y flirteante, y que nos permite asomarnos de manera cómplice a cómo se concibe este volumen. Representan encarnadamente justo esta idea de dos generaciones que coexisten y se encuentran para compartir una lucha, y aprovechan esta circunstancia para transmitir esta oportunidad para el diálogo. Las contribuciones están organizadas en cinco bloques que abordan qué supone ser disidente de género, reimaginar lo trans, la corporalidad y el deseo, las diferencias al interior de lo trans y la disidencia de género y la lucha trans. Entre estos grandes bloques nos regalan, a modo de bonus tracks de los CD, textos a modo de interludio. Además, una característica importante de este libro es la variedad de autorías así como de formatos que ofrece, que incluyen la poesía, las tiras de cómic, las recetas, los ensayos intimistas, los ensayos más académicos, los cuentos, los cuestionarios, el texto artístico de una performance... Se trata de una apuesta creativa, tanto como las propias personas disidentes de género, y que ojalá tuviera una contrapartida en un volumen similar producido en español desde ambos lados del océano.
Ambas obras consiguen demostrar que no hay una sola forma de ser trans, sino que somos un conjunto plural y poliforme de disidentes de género. Con estos testimonios y aportaciones se hace evidente que es posible desafiar la narrativa médica, aquella que describe una ruta única y patologizante para una persona que es transexual, como un tránsito típico de mujer a hombre o viceversa, ofreciendo historias de otras experiencias, identidades, corporalidades y relaciones. Pone encima de la mesa que, si bien el binarismo está presente en las vidas de todas las personas en nuestra cultura occidental, algunas personas consiguen resistirse y hacer de sus experiencias un lugar vivible.
Bibliografía
Pérez Fernández Fígares, Kim (2000). ¿Mujer o trans? La inserción de las mujeres transexuales en el movimiento feminista. Jornadas Feministas Estatales de Córdoba.
Platero Méndez, R. Lucas (2015). Por un chato de vino. Historias de travestismo y masculinidad femenina. Barcelona: Bellaterra.
Vázquez García, Francisco (2011). «¿Por qué en la edad moderna no podía haber transexuales? Cuatro casos de transmutación sexual en España (siglos XVI-XX)». Ubi Sunt? (26): 49-58.
Para Stanley Safran Bergman,
la nueva generación
AOL Instant Messenger, 9/3/201011:01 a.m.
S. Bear Bergman: Buenos días, guaperrísima.
Kate Bornstein: ¡Qué forma tan encantadora de empezar una conversación!
SBB: Es fácil sentirte encantada cuando eres un encanto, en mi experiencia.
KB: ¿Ya ves? Como en los viejos tiempos.
SBB: (risas) Lo es, de hecho. Anduve husmeando entre viejos archivos para prepararme para esta charla, y es obvio que solíamos tener mucho tiempo libre para flirtear.
KB: La nueva generación, ¿cierto? Tengo un serio problema al teclearlo. Cuando quiero escribir generación, SIEMPRE escribo géneroción. Justo acabo de hacerlo.
SBB: No solo a ti te pasa, por lo que veo. Después de que empezara a distribuir la convocatoria para el libro, recibí un montón de propuestas de textos para Disidentes de género: la nueva géneroción.
KB: ¿En serio? Simplemente así quiere salir de las puntas de mis dedos.
SBB: ¿Memoria muscular?
KB: Más como vodevil interno.
SBB: (risas) Nunca he pensado que tu vodevil sea precisamente «interno», pero bueno.
De haber sido una especie de ser distinto, habría practicado burlesque.
KB: Yo también, corazón. Habríamos hecho un acto en pareja y maravillado a las multitudes.
SBB: Sí, sin duda.
KB: ¿En qué año nos conocimos tú y yo?
SBB: Creo que en 1993.
KB: Caramba. ¿1993?
SBB: Los correos más antiguos que tengo son de 1994, y parecen dejar claro que ya nos conocíamos en persona. Y son de la primavera, así que supongo que nos conocimos en persona en algún momento de 1993. 17 años, más o menos.
KB: (menea la cabeza)
SBB: Si nuestra amistad fuera una persona, ya estaría entrando a la universidad.
KB: ¿Y qué edad tenías entonces? Me da vergüenza preguntar de nuevo.
SBB: ¿En 1993? Tendría 18 o 19. Pero era una cosa precoz.
KB: Eras más que solo precoz.
SBB: Buscaba una palabra más amable para «sabelotodo insoportable».
KB: Eso también, pero le diste un toque encantador.
SBB: (risas) Bueno, gracias a la diosa por eso.
Creo que nuestra amistad empezó justo cuando tu libro Gender Outlaw estaba despegando. Recuerdo que de pronto empezaste a salir más de gira, y que hasta cierto punto empatamos por nuestras perversiones y nuestro entusiasmo por los Mac.
KB: Eran los tiempos del Gazebo de Gwendolyn Smith y de mis juegos textuales de Star Trek en las salas de chat de AOL.
Es cierto, porque siempre llevaba mi Mac Classic a cuestas en la conveniente mochila que le diseñó Apple.
SBB: Sí, y te conectabas en todas partes… Fuiste la primera persona que conocí que hacía eso. Pero sí es, de hecho… espera, técnicamente ¿cuántos años hay entre generaciones?
KB: La cantidad de tiempo entre el final de la serie original y el comienzo de la nueva generación. Espera que lo busco.
SBB: (risas)
KB: La nueva generación se estrenó 21 años después que la original.
1987, mi primer año como mujer. Le pasan muchas más cosas a una generación de cuirs1 en mucho menos tiempo. La versión cultural de la epigenética, en donde se demuestra que una especie dio un gran salto evolutivo en apenas una generación.
SBB: Siento que, para cuando te conocí, ya habías dicho un montón de cosas sobre cómo el género no era lo que la mayoría creíamos.
(discretamente googlea «epigenética»)
¿Cómo te sientes con respecto al punto de partida de esta «géneroción» en comparación con el tuyo?
KB: En una sola palabra, emocionada. En unas cuantas palabras más, asombrada por la altura desde la que salta esta generación de disidentes de género hacia sus espacios inexplorados. La gente de hoy EMPIEZA más adelante de lo que yo había llegado cuando terminé de escribir Gender Oultaw. Y eso es EXACTAMENTE lo que esperaba poder atestiguar.
SBB: Y creo que en parte se debe a que escribiste Gender Outlaw. Yo veo la conexión directa. Siento que podría trazar una línea entre la gente que conozco que es como de tu edad –o de tu edad cuir–, mi cohorte y el lugar donde está la gente que ahora empieza a explotar todo el potencial de sí misma.
KB: Estaban pasando muchas cosas cuando salió Gender Outlaw. GO fue el texto que llegó más lejos en la academia. Pero las políticas de la gente trans estaban avanzando a zancadas.
SBB: Hubo un… ¿empujón? No sé si fui consciente de él entonces. Pero definitivamente vi por primera vezgente que se identificaba como trans, desde entonces.
KB: Y eran sobre todo mujeres trans las que llevaban la batuta de la carga cultural. Ahora la situación se ha invertido: el icono cultural de la juventud trans son los muchachos trans, evolucionados de las mujeres trans de mediana edad. Ese fragmento evolutivo representa apenas una géneroción.
SBB: Siempre me pregunto por qué será.
KB: El empujón vino de Stone Butch Blues.
SBB: Publicada en 1993.
KB: Todas las reinas murieron en los ochenta, y los Kings mantuvieron el legado de sus tiaras. Lou Sullivan escribió lo suyo a finales de los ochenta. ¿Cuándo se publicó Gender Outlaw?
SBB: Habría pensado que ese mismo año, pero según Wikipedia fue un año después. Stone Butch Blues salió en la primavera de 1993, y luego Gender Outlaw en la primavera de 1994.
Stone Butch Blues fue un revulsivo para mí. Creo que lo leí completo cuatro veces seguidas antes de siquiera pensar en abrir otro libro.
KB: Yo lo leí dos veces seguidas, y luego varias veces más. Sé lo mucho que les llegaba a los hombres trans y a las butch2, pero les llegaba igual de profundo a las femmes3. O al menos a mí me pasó. Stone Butch Blues me enseñó que sí habría machorras que se fijarían en una femme rarita como yo. Había conocido algunas butch antes de eso, y sí que eran valientes y extraordinarias. Pero, hasta que leí Stone Butch Blues, creía que eran excepciones.
SBB: A veces tengo como una extraña partición cerebral cuando se trata del impacto de la pandemia del sida. Mi memoria visceral es de la segunda ola de muertes, a principios de los noventa, cuando me ataba a cosas como ACT UP y agonizaba con Queer Nation. Pero ni pienso ni hablo de ella en relación con la política trans. Creo que hay como una esquina sanitizada de mi cerebro que teme que, si hablo de ello, la gente seguirá pensando que todas las personas trans son mujeres con sida implicadas en el trabajo sexual callejero.
KB: Durante mucho tiempo, en la época en la que estaba saliendo del armario, las mujeres trans eran mujeres con sida implicadas en trabajo sexual callejero. Dos amigas muy queridas murieron el año en el que yo atravesé el espejo.
El baile entre butches y femmes era elegante y agraciado. Esa fue la parte de ti a la que reaccioné primero y con más intensidad: tu elegancia, tu caballerosidad.
SBB: A mí me estaba pasando justo lo contrario. Era el momento perfecto para salir como una joven butch. Había muchas femmes fantásticas y hermosas y brillantes que ansiaban ayudarme a refinar y magnificar mi gallardía butch.
KB: Verás, yo no conocí femmes hasta después, cuando me mudé a Seattle. En ese entonces, San Fran seguía siendo tierra de lesbianas con Birkenstocks y camisas a cuadros que no querían tener nada que ver con hombres que usaban vestidos.
SBB: Yo aprendí sobre todo porque me plegaba a los deseos de las femmes que conocía, como tú, a quienes les encantaba la performatividad femenina y me llevaban de la mano.
KB: Eras TAN atento. Bueno, lo sigues siendo.
SBB: Por primera vez sentí que me veían. Me sentí… real, por primera vez.
Como si ¡por fin! hubiera una buena razón para ser como era. Era la parábola del patito feo remasterizada. Aunque no me atrevo a compararme con un cisne, salvo por lo escandalosos que son.
KB: Y las cagadas. (se agacha)
SBB: (sonríe) Sí, eso también.
Y tú eras, siempre has sido, sigues siendo, una de mis compañeras de flirteo favoritas, porque eres tan performativa, tan mutable y tan… juguetona.
KB: La primera vez que sentiste esa autenticidad, ¿fue en internet o en persona?
SBB: En internet.
Sin duda.
La traduje a mi vida como persona. Claro que con algunos baches, como te imaginarás. Pero con el tiempo.
KB: Sobre el flirteo, performance y mutación –eres una criatura de lo más amable–, sabes que la leona RECONOCE a los de su condición. Nos educamos mutuamente, y sí, así fue como aprendí a trasladar esa energía coqueta a mi vida fuera de internet.
Muchos baches.
SBB: Sí, muchos baches.
KB: Los golpes siempre estarán ahí para lxs disidentes.
SBB: Y también resulta que, cuando adoptas estrategias de flirteo de los maricas de sauna, se requieren… ciertas reservas antes de ponerlas en práctica con las chicas universitarias. No digo más.
KB: ¡Jajajaja!
SBB: (sonríe apenado)
KB: También esta nueva generación. Empiezan con más, así que los golpes son más fuertes. Hay más en juego.
SBB: Porque no nos dejan poner en práctica nuestra identidad en el instituto, cuando el resto del mundo también está dando tumbos a lo tonto. Tenemos que ocuparnos de sobrevivir a la «cultura bravucona», como tú la llamas.
KB: No es simplemente que «Uy, lo tenemos mucho más fácil que en los viejos tiempos del imperio trans».
SBB: No. Y a veces los golpes vienen de gente trans de generaciones previas a la que no le gusta que les adolescentes destronen el binario en el que tanto invirtieron y lo conviertan en un sombrero.
KB: Y es que sí, hay una nueva géneroción, pero no significa que TODO EL MUNDO sea parte de ella. Siempre habrá gente trans entrando al espectro en el punto en el que yo entré en los ochenta. Y, dentro de 20 años, esa gente aterrizará en el terreno que la generación de hoy ha labrado. Me MUERO por ver a nuestrxs nietxs, a la géneroción de tu hijo Stanley.
SBB: ¿Como en el cómic del libro, el de Roe-Anne Alexander, donde en la última viñeta sale una persona joven con falda, pintalabios y doble cresta que dice: «En 20 años todos tus hijos se parecerán a mí». Me encanta esa idea.
(Por favor recuérdamelo la primera vez que Stanley llegue a casa con la sorpresa de que se hizo un piercing, ¿de acuerdo?)
KB: Te aseguro que no va ser un piercing con lo que Stanley te sorprenda.
SBB: ¿Tú también pasas mucho tiempo preguntándote cómo o por qué algunas personas forman parte de esta nueva géneroción y otras no? De verdad pienso mucho en eso, y en cómo influyen la raza y la clase.
Sobre todo pienso en lo que significa parecer un freak. ¿Eso crea libertad o requiere de ella, o ambas cosas?
KB: Y la ciudadanía y la religión y todas las otras fuerzas y vectores culturales de opresión que fabrican el género y la sexualidad.
Por favor ahonda en tu última pregunta.
SBB: OK. O sea, conozco personas que tienen ciertas habilidades, o cierta fortuna, o cierto talento, y que pueden ser tan frikis o tan adyacentes al género o lo que quieran, y no tienen problema. Siguen pudiendo comer, y mantenerse, y moverse por el mundo, y atraer la compañía de amigos y amantes.
Tienen esa mayor libertad gracias a algún otro lugar de privilegio que les da más margen de acción.
Pero también conozco gente cuya necesidad innata e insistente de ser exactamente como son ha mermado hasta su necesidad de preservar una estrategia de supervivencia en términos laborales. A fin de cuentas, han terminado floreciendo en las grietas de las aceras, en cierto sentido.
Y tampoco es mi intención dividirlas en un nuevo binario. Es solo que últimamente no paro de darle vueltas a preguntas como de dónde viene la presión y cómo afecta a los resultados.
KB: Sí, y del otro lado del binario que no es tu intención crear (pero que no necesitas crear porque ya está ahí en realidad), siempre habrá más gente que, si tiene ese mismo privilegio, lo usará para encapsularse y/o mezclarse con la cultura que de otro modo la llamaría freak. Está el factor del corazón, el factor espiritual que permite que el privilegio se use como una tabla divisoria en las profundidades de una cultura.
SBB: Me encanta esa imagen.
KB: En el mejor de los casos, es el concepto de Bodhisattva: la decisión consciente de reencarnar como una forma de vida inferior en cada nueva vida para que, cuando por fin alcances la iluminación, el resplandor cubra a todos los seres que sienten. Piénsalo en términos de una sola vida, y eso es lo que hacemos, en la más noble de nuestras versiones.
SBB: ¡Guau!
KB: Sí. Quién iba a pensarlo, ¿verdad?
SBB: Y, cuando decimos inferior, ¿hablamos de menos poder y menos privilegios?
KB: ¡Díganle al caballero qué se ha ganado!
Es la única forma en la que puedo justificar el privilegio que tengo.
SBB: (asiente) Claro. Lo entiendo. Y me gusta que hablemos un poco sobre privilegios en el libro.
Aunque hayamos hablado mucho más al respecto fuera del libro. No sé si queremos tocar el tema, pero hubo un acalorado debate que al final no tuvo cabida en el libro. Nadie escribió al respecto…
KB: …continúa, por favor.
SBB: Bueno, usamos la palabra tranny4 en la convocatoria. Y algunas personas se ofendieron mucho por eso, y la equipararon con discursos de odio, y exigieron que la quitáramos porque es una palabra que se ha usado para denigrar a la gente trans, sobre todo a personas en el espectro transfemenino.
Fue un poco como las discusiones sobre Queer Nation de hace 20 años.
KB: Buena analogía.
SBB: Me sentí igual que cuando tenía 16 años y estaba metidísimo en Queer Nation, ¡y losgais me reprendían por usar una camiseta en la que me identificaba como cuir y por ser demasiado sexual! En ambos casos me dijeron que estaba provocando un retroceso de 20 años en «el movimiento».
Oye, ¡20 años! Toda una generación.
KB: Sigue, por favor.
SBB: Voy a meterme de nuevo en problemas.
KB: Mamá leona está aquí para cuidarte, cachorro.
SBB: Es que mucha de la gente que se enfadó conmigo, en ambos casos, parecía ser gente de una generación mayor a la mía. Y quizá les tienen un miedo tan visceral a las palabras que no pueden superarlo, ¿sabes? Pero fue como si toda esa gente que por fin había conseguido un poco de privilegio para sí misma estuviera decidida a protegerlo, incluso de mí. Quizá sobre todo de mí. Surgió un verdadero grupito de gente que se esmeró en señalar todo lo que he hecho mal a lo largo de mi vida, que es bastante, como bien sabes.
KB: Sí, sí, sí. Es lo que decía sobre las generaciones que coexisten. La gente que está enfadada contigo es la misma que me expulsó del grupo de apoyo transexual que ayudé a fundar en Filadelfia a mediados de los ochenta. Decían que yo no era una auténtica transexual porque era lesbiana. Todos nos aferramos a alguna cornisa precaria de decencia social. Algunas la soltamos y caemos en territorio rebelde, y otras se elevan a rastras en busca de aprobación cultural.
Queer era un insulto homofóbico antes de que la gente cuir la adoptara como insignia, pero con tranny fue al revés. Yo la usaba antes de que se incorporara a la cultura como insulto racista. Tú también. Era una palabra divertida que usábamos para hablar de nosotres mismes. La cultura dominante siempre encuentra la forma de robar y pervertir esas palabras, como cuando ahora dicen «¡qué gay!».
Tranny fue una palabra que Estados Unidos importó de la cultura drag más fabulosa del mundo: Sídney, Australia. Las drags y las transexuales pasaban el rato juntas. Se burlaban las unas de las otras para marcar distancia, pero sabían que eran familia y copropietarias de la palabra tranny. Originalmente la usaban con un espíritu familiar. Y así la uso yo. Que le den a cualquiera que la use como insulto.
SBB: Por cierto, no veo a los gais uniendo fuerzas para intentar vetarla.
KB: Algunos gais están intentando vetar el «¡qué gay!». Y eso los aparta de la aceptabilidad social.
SBB: Puedo entender mejor el argumento para vetar el «¡qué gay!». Están intentando vetar la bravuconería, pero «no seas malo» no es –evidentemente– una regla escolar sostenible, así que hacen una lista de maldades específicas en las que la gente joven no tiene permitido involucrarse.
KB: Pero mira lo que pasó una generación después de que la gente condenara la palabra cuir. Ahora es algo en lo que puedes especializarte en la universidad.
SBB: ¿Alguna vez fantaseas con cómo serían las cosas si fueras la Reina del mundo y a quién pondrías a cargo de las cosas? Si yo fuera Rey, me encantaría ponerte a cargo de los zapatos, los productos electrónicos y los institutos.
KB: (asiente) Y lo aceptaría con gusto, su majestad. Hace un par de semanas a alguien en Twitter se le ocurrió una maravillosa identidad: Bufón guerrero. Eso quiero ser. Eso y femme diésel.
Definitivamente necesitamos Estudios de la Apariencia. En eso se va a convertir.
SBB: Es probable. ¿Crees que llegará a haber algo como Estudios de la mujer, de género y tranny?
KB: No, pero quizá en algún lugar habrá Teoría cuir y tranny.
SBB: Eso me gustaría.
KB: A mí también. Alguien que lea este libro lo volverá realidad.
SBB: Se me acaba de ocurrir esta ocurrencia: la gente que es sobreprotectora y fiscaliza el término tranny no tiene confianza alguna en el poder cultural de la gente trans. Lo fiscalizan porque temen que, si cae en manos de personas que no se identifican como trans, el poder que ellas tienen lo convertirá por siempre jamás en una mala palabra. Y yo… tú y yo no tenemos problemas con ella porque tenemos mucha fe en el poder cultural de la gente trans, de lxs trannis, para ser la diferencia y marcar la diferencia.
KB: Qué ocurrente la ocurrencia que se te ocurrió.
SBB: Siento que ese es el meollo del asunto, a fin de cuentas. Ni siquiera es tanto por sus propios privilegios como por miedo.
KB: Y lo maravilloso es que este libro está lleno de gente que disiente de mucha de la teoría, pero que también tiene fe en el poder cultural de lxs trannis para ser y hacer la diferencia.
SBB: Sí, de hecho, es posible que nuestra selección haya estado guiada por ese tema sin que pudiéramos articularlo aún.
Pero definitivamente elegimos trabajos de gente que mira hacia adelante con las herramientas que tiene en las manos.
KB: Sí. Por un tiempo, creí que el criterio era «esperanza en el futuro», pero no es el caso de todos los textos que conforman el libro. Muchos son desoladores e inquietantes. Pero todes siguen adelante con sus vidas. Todes y cada une, y eso les merece mi admiración.
SBB: Y también nos muestran un poco de lo que se necesita para lograrlo, a qué recurren en busca de fuerza o inspiración, o cómo se imaginan frente a un futuro incierto.
KB: No puedo evitar ser parcial con las piezas que te hacen gritar-reír-llorar.
SBB: Y sí que las hay. Incluso una con imágenes.
KB: Y es un ENORME avance de esta nueva generación. Verás, en mis tiempos…
(acaricia una larga barba blanca)
SBB: (arrastra un banquito junto a tu mecedora)
(inclina la cara hacia ti, con un brillo en la mirada)
KB: En mis tiempos, no nos permitían asociar sexy con trans porque, a los ojos de la cultura dominante, sexy devaluaba la importancia y el significado de la experiencia trans.
(acaricia tu dulce mejilla perfilada)
SBB: Creo que a la gente la siguen castigando por ser trans y sexy, por querer ser deseable. Por tener la audacia de no estar meramente agradecida por las atenciones sexuales ajenas, sino insistir en que los demás aprendan sobre nuestros cuerpos, aprendan cómo tocarnos y hablar de nosotres. Por eso me encanta haber recibido propuestas tan senxuales y que hayamos podido publicarlas.
KB: Sexy está un escalón debajo de tranny, algo que lxs trans venerables miran con recelo. Por eso, que esta nueva generación de disidentes de género se haya zambullido alegremente en lo sexy es la versión del Bodhisattva donde lo inferior se proyecta como algo menos poderoso, menos privilegiado… y más radiante.
Y tenemos una excelente proporción de senxualidad en este libro, sin duda. De otro modo, habría sido espantoso.
SBB: También una cantidad decente de gruñonería.
KB: La teoría cuir solo funciona de la mano de la práctica cuir. Si no, es teoría inútil.
Gruñona. Uy, sí. A mi edad, ando en el límite entre decrépita y cascarrabias.
BELLA decrépita.
BELLA cascarrabias.
SBB: Me encanta que la gente trans ahora ocupa un lugar cultural en donde ya no tiene que quedarse calladita y agradecida por que la dejen vivir. Algunos de los ensayos en este libro reflejan reflexiones de enfado legítimo contra las políticas de género. Es novedoso, y sumamente importante.
KB: Eso SÍ que es novedoso, y SÍ que es importante.
SBB: Sabes que siempre he tenido un fetiche cascarrabias.
KB: (toma nota)
Aydior, se me vino a la mente una imagen tuya con Andy Rooney. ¡Noooooooooooooooooo!
SBB: Creo que porque veo mi propia cascarrabiería en un futuro no muy lejano.
Ay, dior.
¿Y si mejor me lías con Clint Eastwood?
Espera, ¿es republicano?
KB: ¡Nooooooooooooooo!
SBB: ¿No me verías follando con Clint Eastwood?
KB: OK, eso sí lo vería.
SBB: (sonríe) Fiu.
KB: Pero no me gusta su postura política.
SBB: Tal vez pueda inculcarle un nuevo espíritu de apertura.
KB: ¿Aquí es donde yo te pregunto si me verías follando con Sarah Palin?
SBB: Uno de mis amores tiene la idea de que a todos los líderes mundiales deberían darles por el culo de forma regular para promover la flexibilidad y la compasión.
Ay, querida. ¿Sarah Palin? No se lo merece.
KB: «Uno de tus amores». Lo dices de lo más casual. El poliamor es un ENORME salto para esta nueva generación de disidentes.
Y no solo se lo merece, sino que lo haré cuando me lo pida.
Apuesto a que Sarah Palin sabe rico después de comer tanta carne de alce.
SBB: Bueno, creo que porque hay una generación previa de disidentes de género cuyo refrán –proveniente de los doctores del sistema universitario– era «calladita o nadie te va a querer, o tal vez no te quieran aunque cierres la boquita». Pero luego tuvimos este…
¡Uy! Me estás matando con esto.
(náusea)
KB: Prrrrr…
SBB: Ejem.
KB: JAMÁS imaginé que leyeran Gender Outlaw en las escuelas. Lo escribí para la gente que quisiera estudiarlo desde una perspectiva distinta, pero no pensé que tendría el impacto que ha tenido. Me estremece. David Harrison predijo que tendría el impacto que ha tenido.
SBB: Como decía, hay ciertas chixs trannis brillantemente traviesas que emplearon su agudeza para escribir y difundir la idea de que está bien ser sexy, y creo que la gente trans empezó a aceptar una idea más… amplia de cómo pueden configurarse las relaciones. De ahí, el poliamor fue el pasito siguiente.
Tus libros se leen en cientos de universidades. Llenas auditorios cuando das conferencias sobre género, sobre lo que no es y lo que jamás ha sido. Y esa ha sido mi experiencia, o una de mis experiencias, de ser transgénero.
KB: (te toma de la barbilla y te alza el rostro para mirarte a los ojos) Eres el mejor chico malo.
SBB: (sonríe con la mirada clavada en la tuya) Y que lo diga, madame. Hago mi mejor esfuerzo.
KB: Lo sé. Es tu experiencia y la de otros de tu generación. Y eso es RARÍSIMO.
Yo solo quería ser guapa.
En serio.
De verdad.
SBB: Lo sé. Pero ya sabes cómo funciona eso de la autenticidad. Cautiva a la gente como ninguna otra cosa en el mundo. Sin duda me cautivó a mí.
KB: Uy, así que no eres malo… solo estás ¿cautivo? (se agacha)
SBB: (asiente con solemnidad)
KB: Quiero que sepas que estoy portándome bien al no escribir todo lo que sigo pensando sobre estar con Sarah Palin en alguna isla del noroeste del Pacífico. Aydioraydioraydior.
SBB: Hablando en serio: mis primeras experiencias trans-algo fueron tú o Leslie Feinberg, ambas brillantísimas y guaperrísimas, de pie frente a un auditorio, siendo presentadas con bombo y platillo por profesoras universitarias, y recibiendo una oleada de aplausos. Me dio a mí, y a mi generación cuir, una especie de libertad sin precedentes.
Nunca sentí que ser trans fuera EL FIN DEL MUNDO.
KB: Coincido.
SBB: Y cada vez hay más gente que coincide también. Para muestra, un botón:
Ser trans es garantía de que vas a incomodar a alguien. La gente se molesta con las personas trans que eligen habitar un espacio de tercer género en vez de «escoger un bando». Hay quien se molesta porque existen personas trans que no rehúyen sus historias de nacimiento. Hay otras tantas que se levantan en armas contra quienes optaron por no hacer uso de las opciones quirúrgicas, viviendo más bien con sus órganos originales. Se levanta la ira contra quienes transitan y luego transitan nuevamente cuando deciden que el cambio inicial no era la mejor solución para ellas. Joder, algunos respingan solo porque esta o aquella persona trans simplemente no «está haciendo su mejor esfuerzo» para ser de un género particular, sea lo que sea que eso signifique. Algunos se enfadan porque el programa RuPaul’s Drag Race, de la marca de entretenimiento Logo (inspirada por la comunidad LGBT), muestra una versión de la vida trans diferente de la propia. Mientras tanto, por todas partes están quienes han decidido que no se sienten cómodos con todas nosotras porque nos atrevimos a cambiar de una expresión de género o identidad a alguna otra.
A la mierda con eso.
Verás, he aprendido no solo que debo hacer lo que sea necesario para ser feliz sin importar las batallas que debo enfrentar, sino que también soy la única persona responsable de mi propia comodidad o incomodidad acerca de mi género. Puedo fruncir el ceño por lo que otra persona haga, pero al fin y al cabo lo que los demás hagan no puede cambiar quien soy yo.
Recibí una petición inusual de una amiga mía hace algún tiempo: me pidió que no mencionara que era amiga suya. Verás, soy trans. Además, no es ningún secreto que yo sea trans, soy trans profesionalmente, así como fundadora del Trans Day of Remembrance, el día conmemorativo trans. Ella temía que, si alguien sabía que la conozco, entonces asumiría automáticamente que ella también es trans.
Fue difícil escuchar que mi sola existencia era percibida como motivo suficiente para dañar a una persona a quien considero mi amiga. Trato de no hacerle daño a nadie en mi quehacer cotidiano; no obstante, aquí estaba yo, escuchando que lo único que debo hacer para causarle dificultades a alguien es decir que es mi amiga.
A raíz de este incidente, les pregunté a muchas de mis amistades que son trans si también se sentirían incómodas al quedar identificadas públicamente como amigas mías. Considero que estas personas son amistades cercanas, les dije, pero, aun así, si este salir del armario inadvertido pudiese causarles algún problema, prometí que me desentendería de ellos inmediatamente. Extrañamente, a nadie más parecía molestarle tanto. No toqué el tema con mis amistades no trans, pero quizá deba hacerlo; supongo que sería una gran sorpresa descubrir que el solo hecho de conocerme tiene el potencial de poner en tela de juicio el género con el que nacieron.
Una de las primeras lecciones que aprendí en algunas de las primeras reuniones de apoyo para trans (hace más años de lo que quiero admitir) era que el formar parte de un grupo de personas trans aumenta exponencialmente el riesgo de ser leída como trans. «Si deseas permanecer escondida», me dijeron, «evita a otras como tú». Eventos con grandes grupos de personas siempre requerirían ubicaciones remotas donde todas pudiéramos seguir ocultas: el concepto de reunirte con tus hermanas y hermanos trans en cualquier lugar era tabú. Este era un mundo que se encontraba a un paso de los saludos secretos y las contraseñas cifradas.
Mucho tiempo después, aprendí que esta estrategia de divide y vencerás había sido común en los viejos programas universitarios sobre transexualidad de la década de 1970. Ser asociada con otras personas trans podía ser motivo de expulsión del programa. Después de todo, se suponía que debías asociarte con quienes pertenecían al género de tu preferencia y avanzar por el camino hacia lo «Normal», y no estar en compañía de otros que trataban de tomar caminos similares al tuyo.
Aunque esos sistemas de vigilancia desparecieron hace mucho tiempo, perduran sus supervivientes. O, peor aún, estos individuos, ellos mismos transexuales, perpetúan la aplicación del sistema que ellos mismos tuvieron que sortear. Si no te ajustas a esas reglas que normativizan el género y que se esperaba que ellos hicieran respetar, eres sujeto de burla, merecedora de no más que el ridículo de tus posibles pares. Han aprendido a construir un orden jerárquico de quién es aceptable y quién no lo es.
Lo puedo pormenorizar de este modo: algunas lesbianas y gais sienten que sus preocupaciones son más importantes que los temas trans, porque las personas trans son un esperpento. Algunas personas trans –con frecuencia, pero no siempre, transexuales– consideran más importantes los temas transexuales que los asuntos de, por ejemplo, los travestis. Algunas, entre la parte más queer de nuestra comunidad, desprecian a quienes optan por vivir en un espacio más «genéricamente normativo». Incluso hay grupos con relación a los cuales los travestis se sienten superiores: sissies5, drag queens y kings, little girls y demás. Sí, estoy segura de que podríamos incluso rastrear a cada uno de estos grupos y descubrir que, a la larga, todo el mundo tiene a alguien a quien ve como un esperpento.
Es un fenómeno humano, uno que ocurre especialmente, al parecer, entre grupos marginados. Trekkers contra trekkies contra personas disfrazadas de Klingon, o furris6 contra furris disfrazados contra, por ejemplo, los plushófilos7. Estoy segura de que, si observara a los aficionados del modelismo ferroviario, probablemente descubriría que los aficionados al ancho de vía H0 desprecian a los que prefieren la escala N, o algo así. Las taxonomías son inacabables, con frecuencia circulares, y usualmente graduadas hasta alcanzar una sutileza que sería invisible para cualquier extraño. Simplemente queremos identificar a los esperpentos «verdaderos» para sentirnos más próximos a lo normal. En realidad, ni una sola de nosotras es tan mágicamente normativa como para reclamar el derecho a separar a los esperpentos de toda la demás gente. Todas somos un esperpento para otra persona. Quizá incluso –para ser sincera– para nosotras mismas.
