Disparates emocionales - Eva Bach - E-Book

Disparates emocionales E-Book

Eva Bach

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Beschreibung

Alguien lo tenía que decir, y quién mejor que una de las pedagogas más reconocidas de nuestro país. Eva Bach alza la voz para advertirnos del caos que impera en el ámbito de las emociones, donde actualmente influencers y gurús, a menudo sin titulación o experiencia, propagan todo tipo de consignas y recetas muchas veces carentes de fundamento, que distorsionan la visión de las emociones, nos impiden entenderlas y atenderlas sanamente, y hacen que continuemos siendo sociedades emocionalmente enfermas o inmaduras. Para prevenirnos, Eva identifica distintas «educaciones emocionales» que ni educan ni son sanas, y deshace treinta malentendidos y disparates que circulan temerariamente y a todo gas por las redes sociales. Eva les da la vuelta, uno por uno, y nos ofrece una brújula brillante, delicada y muy necesaria, con las claves para una transmisión y un crecimiento emocional sanos, «para que tus emociones te inspiren, y no te engañen ni te manipulen».

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Seitenzahl: 132

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Disparates emocionales

¡Basta ya!

Eva Bach

Primera edición en esta colección: enero de 2025

© Eva Bach, 2025

© del prólogo, Fidel Masreal, 2025

© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2025

Plataforma Editorial

c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona

Tel.: (+34) 93 494 79 99

www.plataformaeditorial.com

[email protected]

ISBN: 979-13-87568-02-3

Diseño y realización de cubierta: Isabel González (@muchacha_pinta)

Fotocomposición: Grafime, S.L.

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).

Índice

Prólogo. ¡Ya era hora!, de Fidel Masreal

Introducción

Las emociones, del auge al caos actual

«Autoescuelas» emocionales temerarias

Saber detectar malas prácticas emocionales

PARTE I. 12 malas prácticas emocionales

Peligros del auge de las emociones

La transmisión emocional actual: tan poco sana como la tradicional

12 maneras equivocadas de entender y atender las emociones

PARTE II. 2 grandes disparates y 30 malentendidos y falsedades sobre las emociones y la educación emocional

2 grandes disparates emocionales

15 malentendidos y falsedades sobre las emociones

15 malentendidos y falsedades sobre la educación emocional

PARTE III. 12 buenas prácticas emocionales

12 condiciones para una transmisión y un crecimiento emocional saludables

Notas y bibliografía citada

Agradecimientos

Navegación estructural

Cubierta

Portada

Créditos

Dedicatoria

Epígrafe

Índice

Comenzar a leer

Notas

Agradecimientos

Colofón

A ti, papá, un hombre de bien, que solía decir las cosas por su nombre. Hace tanto que te fuiste que a veces me cuesta imaginarte, pero tu huella pervive en lo que soy y hago.

A ti, lectora o lector, que amas los libros y te interesan las emociones, para que sean inspiración y no engaños o quimeras.

En algunos periodos de la historia, parece que la emoción se despierte como la Bella Durmiente. Actualmente vivimos un periodo de recuperación o rehabilitación de las emociones. Este retorno a la emoción constituye a la vez una riqueza y un peligro.

Michel Lacroix

Me mueve un deseo profundo: que no nos embauquen ni nos manipulen con las emociones, que sean riqueza y no un peligro, que nos inviten a entrar en la casa interior y a escuchar las voces del alma, que rescaten belleza y magia dormidas, que hagan florecer la esperanza de humanización que hay en las heridas del vivir, que nos lleven de vuelta al latido de la vida y al jardín del mundo que determinadas miradas y educaciones apagan, incluso algunas de las llamadas «emocionales». Y, sobre todo, que las atendamos y entendamos cada vez mejor y sepamos ponerlas al servicio del tesoro más grande de la humanidad: la infancia.

Eva Bach

Prólogo. ¡Ya era hora!

Alguien tenía que decirlo: ¡no todo vale! Tras décadas de castración emocional colectiva fruto de una mirada pobre, represora y de menosprecio sobre nuestro mundo interior, hemos pasado al otro extremo. Ahora, la avidez comercial, la egolatría y la irresponsabilidad inundan las librerías, las redes sociales e incluso algunos ambientes académicos, y promueven tópicos superficiales sobre qué significa gestionar bien las emociones.

Eva Bach se ha puesto manos a la obra y ha deshecho, una tras otra, todas las trampas de la falsa psicología prêt-à-porter. Y no solo eso: las ha vaciado y les ha dado la vuelta para mostrarnos que todo esto no acostumbra a ser inocente ni casual, sino que a menudo tiene que ver con intereses poco honestos y con una gran ignorancia.

Para abrir un comercio, usar un bisturí, dirigir un equipo de baloncesto profesional o regentar un taller mecánico, es indispensable cumplir con unos cuantos requisitos legales y tener formación. Sin embargo, para decir tonterías sobre psicología —tonterías que, no obstante, pueden hacer mucho daño a personas vulnerables— solo hace falta abrirse una cuenta en Instagram o X, algo que, además, puede hacerse desde el anonimato más absoluto. Eva Bach nos ayuda a estar alerta al respecto.

Este libro es, por tanto, mucho más que una aclaración imprescindible sobre la naturaleza de las emociones basada en la reivindicación de la complejidad, la vulnerabilidad, el trabajo paciente, el largo plazo, la incertidumbre, el despliegue de la esencia humana, la serenidad… Es todo esto, sí, pero va más allá porque, mientras deshace todos los nudos simplistas sobre nuestra alma emocional, teje una sólida cartografía antisistema orientada a cuidar una verdadera salud emocional desde la infancia y a lo largo de la vida. Frente a un mainstream tóxico para las emociones (competitividad, individualismo, inmediatez, egocentrismo, banalidad), la autora nos demuestra que sí, que son muchos los y las profesionales dispuestos a ofrecer su experiencia y pericia para invitarnos a construir, desde dentro de cada uno de nosotros, estos nuevos pilares, que en realidad no son más que los viejos valores del humanismo.

En un momento del relato, Eva confiesa que fue educada para ser un «huevo duro» (ya entenderéis más adelante por qué utiliza esta expresión), pero cuenta que al final se deshizo como una zanahoria. Por razones que ahora no vienen a cuento, yo también he sido huevo durante muchos años, y, ahora y aquí, quiero rendir homenaje a todas las mujeres y hombres que me han invitado a salir del caparazón, a ablandarme, a asumir la complejidad de mis emociones, a arriesgar, a «caminar consciente», como dice una chapita que lleva a veces mi expareja. A personas que, como Eva, dan la mano, invitan a bucear, a ir más allá; que, en fin, hacen todo lo contrario a los golpecitos complacientes en la espalda que te hacen más mal que bien porque producen una efímera satisfacción que en realidad no mueve nada profundo en nuestro interior.

Así pues, tienes en las manos un libro que es también unas gafas para ayudarnos a ver cuándo se prostituye la gestión psicológica en beneficio propio. Son unas gafas que te permitirán detectar cuándo a un mensaje sobre las emociones le falta profundidad, carece de matices y promete que todo está al alcance de un clic, de una sonrisa con el boli entre los dientes o de tres sesiones de yoga.

Y es que quien te quiere de verdad hará lo que tan bien describe Eva, invitarte a un diálogo con tus emociones, con todas ellas. Siempre merece la pena hacer el esfuerzo de penetrar en todos los colores del alma, identificarlos y no renegar de ninguno de ellos; debemos, en fin, aprender a convivir con una buena brújula.

Este magnífico, delicado y necesario libro que tienes ante ti es, en realidad, una de esas brújulas. Una muy brillante.

Fidel Masreal

Periodista, creador de la sección «Sanamente» de El Periódico y autor de Convivir con la depresión

Introducción

Las emociones, del auge al caos actual

Nunca se había hablado tanto de emociones como ahora, aunque, si nos atenemos a los datos, emocionalmente vamos a peor. Hasta los años noventa, eran unas grandes desconocidas y, de hecho, solo se usaba esta palabra para decir que algo nos «emocionaba». Sin embargo, gracias a una serie de descubrimientos neurocientíficos que validaron su relevancia, experimentaron un gran auge y en la actualidad tienen mucha más presencia en varias disciplinas del saber, así como en los medios de comunicación y en las redes sociales. Hoy en día, se tienen más en cuenta las dimensiones emocionales de la persona, la educación, la salud, las relaciones humanas y la vida en general, algo que sin duda es bueno.

Pero es evidente que algo hacemos mal, y tiene mucho que ver con el hecho de que el auge experimentado por las emociones es muy superior a su conocimiento y comprensión reales. Por un lado, prolifera su visión en un sentido biológico, primario e instintivo del término, y no se promueve la emoción lúcida, sabia, sutil, la que acaricia por dentro, la que es bálsamo para las heridas del vivir y fuente de humanización. Al contrario, como nos alerta Michel Lacroix, «se potencia la emoción-choque, la acción, el movimiento, el frenesí emocional, en lugar de la emoción-contemplación, del recogimiento, del sentimiento reposado».1 Sin embargo, los sentimientos lúcidos o reposados son uno de los pilares para construir sociedades emocionalmente sanas que convivan en paz. Y solo podemos fomentarlos si comprendemos la verdadera naturaleza de las emociones y el camino que debemos recorrer de su mano para que sean semilla de crecimiento y de salud personal y social.

Por otro lado, desde la pandemia, asistimos a un auténtico bombardeo de mensajes sobre las emociones, la salud mental y el bienestar emocional que las redes sociales propagan y amplifican peligrosamente, a pesar de que muchas veces son mensajes erróneos o inconsistentes. No es una cuestión menor, pues, del mismo modo que, si forzamos el cuerpo a realizar determinados movimientos, podemos lesionarnos físicamente; si seguimos preceptos emocionales equivocados, también podemos lesionarnos internamente.

Como pedagoga con más de treinta años de carrera, especialista en emociones y comprometida con el estudio, el saber, la investigación y la formación permanente, me preocupa esta deriva, y considero que urge clarificar unas aguas actualmente enturbiadas. Por ello, quiero contribuir a deshacer malentendidos, falsedades y disparates que llevan a que se confundan las buenas y las malas prácticas emocionales, algo que puede costarnos muy caro y perjudicar sobre todo a niños y adolescentes, que suelen pagar el precio más alto. Este es, pues, mi propósito, y lo haré de manera constructiva, como en mis libros anteriores. No me limitaré a exponer lo que me parece desencaminado, sino que propondré también la visión alternativa que considero apropiada y saludable.

«Autoescuelas» emocionales temerarias

Había una vez una autoescuela en la que ningún profesor ni profesora tenía el carné de conducir. Todo lo que sabían de la conducción y los coches lo habían aprendido circulando a su aire por las carreteras de la vida y sin la ayuda ni la intervención de nadie, o al menos eso parecía, ya que no citaban a ningún maestro, libro ni fuente.

Allí, los conocimientos teóricos y el código de circulación no tenían importancia. Solo contaba la práctica y la experimentación propia. Las clases las daban a través de vídeos y reels que colgaban a diario en Instagram, y de bailes y coreografías que subían a TikTok. Cualquier cosa que les pasara por la cabeza, para allá que iba. No paraban nunca de charlatanear, ni en vacaciones, no fuera caso que sus followers no supieran conducir sus vidas sin sus posts. Hablaban como si fueran grandes ases del volante, aunque no tuvieran carné o no hubieran cogido nunca un coche. Algunos presumían de haber superado todo tipo de obstáculos, incluso de haber sobrevivido a algún accidente, y exhibían sus heridas y cicatrices como si el mero hecho de tenerlas les confiriera autoridad en la materia.

No parecían tener dudas, y su lema era que todo es cuestión de actitud y que no hay límites, que puedes conseguir todo lo que te propongas; que, si quieres, puedes; que tú decides todo lo que eres y lo que te sucede. Te animaban a liberarte del miedo, a no perder jamás el entusiasmo, a seguir adelante, con el ánimo arriba y gas a fondo siempre. Nunca tenías que detenerte, aunque vinieran curvas, divisaras un acantilado o tus fuerzas decayeran.

Saber detectar malas prácticas emocionales

Si eres una persona sensata, seguramente no te matricularías nunca a una autoescuela como esta. Pero ¿sabes cuál es el peligro? Que puedes acabar por seguir a alguna sin darte cuenta, porque hoy en día las autoescuelas temerarias proliferan en el ámbito emocional y te las encuentras por todas partes, sobre todo en las redes sociales. No se necesita licencia ni titulación alguna para montarlas; basta con darle a un botón rojo y soltar la parrafada. Lo malo es que muchas autoescuelas serias se suman a la fiesta por miedo a quedar excluidas y, así, ya no sabes de quién ni de qué fiarte. La confusión está servida, y va in crescendo.

Mi propósito es, como decía, ayudarte a detectar malentendidos, falsedades y disparates sobre las emociones, la educación, la transmisión y el bienestar emocional. Por ello, en la primera parte del libro, podrás identificar doce tipos de transmisiones o «educaciones emocionales» desencaminadas que circulan de modo temerario y a todo gas en nuestro entorno. En la segunda parte, descubrirás dos grandes disparates y treinta malentendidos, creencias erróneas, falsedades y algunos disparates más que he dividido en dos bloques: los que se refieren a las emociones y los relacionados con la educación emocional, y aprovecharé para sustituirlos por las ideas y las visiones alternativas que considero apropiadas y saludables. Finalmente, en la tercera y última parte, encontrarás las doce condiciones que considero que deben cumplir una transmisión y una educación emocional saludables.

parte i12 malas prácticas emocionales

Peligros del auge de las emociones

Hace más de veinticinco años que estudio, investigo y escribo sobre emociones, crianza y educación emocional, y nunca me habría imaginado que llegaría un día en que tendría que alertar de los peligros que ha acabado comportando su auge.

Cuando, a inicios de la década del 2000, empecé, junto con Pere Darder, a difundir y promover la necesidad de atender las dimensiones emocionales en la vida y la educación, chocamos con suspicacias y resistencias que era preciso contrarrestar con evidencias científicas, educativas y humanas serias. Poco a poco, y tras picar piedra dura, el valor de las emociones como dimensión humana de primer orden, equiparable al conocimiento y a la razón, cobró fuerza y caló en diversos ámbitos, como el educativo, el sanitario, el empresarial, el social y el cultural, entre otros.

Lo que anhelábamos por fin había llegado, pero no era exactamente como habríamos deseado. En la actualidad, las palabras «emociones» y el adjetivo «emocional» («bienestar emocional», «apoyo emocional», «salud emocional», «acompañamiento emocional» y un largo etcétera) se han convertido en un tipo de mantra repetido hasta la saciedad, de manera parecida a lo que también empieza a ocurrir con la expresión «salud mental». Puede parecer una buena noticia, y lo es en la medida en que da visibilidad social y mediática a cuestiones vitales que no se tenían en cuenta o a las que no se les daba la importancia que en verdad tienen.

Sin embargo, deja de ser una buena noticia cuando se convierte en una etiqueta que tapa lo que hay detrás. Se habla mucho de ello, pero no se mira ni se profundiza en las carencias y necesidades que estas cuestiones ponen de relieve. Y, mientras tanto, los trastornos no hacen más que crecer y agudizarse, porque no se abordan las angustias y desazones internas que erosionan los paisajes del alma. Nada profundo se cura o se revierte con un reel de Instagram ni con un vídeo de TikTok. Mucha gente de bien no es consciente de ello, no se da cuenta de que la banalidad y el desbarajuste actuales alimentan y agudizan los desiertos y las angustias existenciales internas, y que conviene decir basta.