Doy mi palabra - Jorge Ledesma - E-Book

Doy mi palabra E-Book

Jorge Ledesma

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Beschreibung

Trasladarse imaginariamente a un lugar desconocido y descubrir su magia. Eso, para mí, es encontrar los brazos abiertos de alguien que hizo, de un pueblo, un lugar especial para vivir. Es decir que descubrió, con su sensibilidad, una forma de transmitir amor. Me enorgullece poder escribir de alguien que, con su ejemplo, ha sabido transmitir valores desde donde le tocó actuar. Es un padre, un marido… un intendente, un ser humano, que nos hace ver que siempre, con valores altos y honestidad, se pueden lograr los sueños. Nos hace ver que desde el poder se ocupa, se da ejemplo, se demuestra y se utiliza para lograr los deseos postergados de la gente, con respeto y educación. Con un lápiz pequeño y un papel anota cada cosa por hacer; una mano la provoca a la otra y la obra se realiza. El premio es el trino de los niños felices jugando, los vecinos sin palabras para describirlo. Y él solo sonríe, porque no lo hizo por la adulación ni por la placa de reconocimiento, sino por un sentimiento propio de mejorar la calidad de vida de su pueblo. Esta obra habla de una persona con sueños realizados, con una mirada hacia un futuro. Y sobre todo con convicción de que se puede hacer desde la verdad. Él cambia el concepto de político corrupto por el de alguien que sirve a su pueblo, y después volver a su casa con la frente bien alta a seguir su vida como si nada. Fueron 20 años de servicio, por voluntad y deseo de la gente, sin corrupción y con una sola bandera: el ejemplo. Agradezco a la familia y al pueblo de Las Tordillas por darme la oportunidad de conocer a Nelio Ángel Signorile. Gracias a él pude volver a creer en la honestidad, entender que su ejemplo puede servir para muchos, y saber que todo es posible si se hace con amor. Jorge E. Ledesma (autor)

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Seitenzahl: 87

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Laura Ledesma.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Ledesma, Jorge Enrique

Doy mi palabra : historia de Nelio Ángel Signorile / Jorge Enrique Ledesma. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.

102 p. ; 21 x 14 cm.

ISBN 978-987-708-797-0

1. Narrativa Argentina. 2. Biografías. 3. Novelas Biográficas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2021. Ledesma, Jorge Enrique

© 2021. Tinta Libre Ediciones

Doy mi palabraHomenaje a Nelio Ángel Signorile

Prólogo

Desnudo el tiempo en versos prolijamente ordenados, la constante espera, el vacío y esta enseñanza como búsqueda de crecimiento, donde encuentro el silencio y el respeto.

No está bien claro quién sabe la verdad, tampoco si el que habla lo dice todo. Para mí solo existe una magia que brilla en los ojos, una ilusión, la esperanza de un niño que en Navidad iluminó sus ojos al tener un juguete maravilloso con polvo de estrellas y fantasías… y es un hombre y una mujer quienes les dirán: “El niño Dios pasó por acá y te dejó esto”. Esta será, quizás, la garantía de que ese niño se portará bien en este nuevo año, no hará renegar a los padres, rendirá bien en el colegio y será buena persona. Ese niño que para el año siguiente se sentirá merecedor de un nuevo regalo y que, de seguro, se lo dejarán en lo de don Nelio y doña Edit, mientras tanto, todos sabrán con el tiempo conservar este secreto.

Este lugar La Tordilla, tiene una cierta marca de por vida, son las iniciales en un árbol antiguo, muy antiguo, que un enamorado decidió dejar como huella, “un gringo bueno”. Alguien que pensó seriamente en los niños, en formar un club para ellos, una pileta para reunirlos con sus familias, el cobijo de un hogar para aquellos que no lo tienen, para los de clase media un empujón y para quienes invierten en el pueblo y generan trabajo, cuidarlos.

Ese señor que reparaba bombas inyectoras con un trapito secándose las manos de gasoil, que dirigía las divisiones de chicos como DT con disciplina rigurosa de fútbol y que detestaba a los políticos corruptos, llenos de fraudes y mentiras. Aquel a quien cuando se abrió la postergada democracia, el mismo pueblo sin titubear pensó en elegirlo como representante, como persona honesta y capaz; que permanecería en la intendencia por veinte años y que se iría voluntariamente por la misma puerta que ingresó, la de la honestidad y el trabajo en serio, mientras a su camino dejaría un pueblo integrado y con proyectos realizados.

Miro el cielo, siento cómo nos cobija este celeste que inunda el horizonte mientras el aire nos pega en el rostro y nos hace sentir orgullosos de estar con vida, saber que de pronto el tiempo transcurre y muchas veces dejamos –por culpa del egoísmo– vacíos e indiferencias que jamás nos permiten crecer y ser felices; olvidándonos muchas veces que perdemos el hilo conductor que nos conecta con nuestra historia, llenándonos de cosas inconexas y que nada hablan de nuestro origen. Es por eso que este material nos incita a una reflexión, a bajar nuestra soberbia y asumir con humildad y orgullo el sentido de pertenencia.

Así fue que Nelio Ángel Signorile pudo caminar tranquilo y dibujar en un papel con su pequeño lápiz gastado proyectos para su pueblo, no necesitaba que la gente lo aplaudiera, pero sí tenía el deseo de que el tiempo transcurrido no haya sido en vano.

Con ese amor de enamorado, dejó impreso su nombre en cada uno de los árboles plantados, en cada una de las obras que pudo realizar, y la enseñanza para las generaciones venideras era que todo se puede.

Nuevos deseos, sumados a nuevas ideas seguro distintas pero que en un punto todas tenían el mismo objetivo, el progreso, buscar ese difícil equilibrio entre el decir y el hacer, eso que Nelio demostró con creces. Muchas veces no se necesita más que amar el lugar para lograr que ese celeste del cielo sea el que encandile de belleza donde decidimos vivir y sea un cielo para todos.

Este es un pequeño homenaje a una persona silenciosa que trabajó convencida de que a los sueños se los fabrica desde niño y se los va amoldando de joven, se desarrollan en el mismo momento en que se va creciendo desde adentro, donde no hay tiempo que perder ni un segundo que distraerse, solo hay que concentrarse y mirar fijo el objetivo.

El miedo a nosotros mismos, muchas veces, nos lleva a perdernos y no encontrar el sentido, eso de pensar que las cosas ya estuvieron, que siempre existieron y que el pasado no cuenta, que solo hay que mirar para adelante, que lo palpable es lo que vale y que debemos destruir todo lo viejo y hacer todo nuevo… Esos son los errores en que los argentinos muchas veces somos reincidentes y jamás miramos para atrás las cosas realizadas, los esfuerzos, obviamos el sacrificio y su enseñanza, así caemos en los absurdos, en imaginar cosas sin fundamentos y hablar haciendo populismos a bajo o alto presupuesto sumándonos día a día en el atraso inevitable y en la insatisfacción impregnada de ignorancia.

Un futuro radica concretamente, en aprender de aquellos que ya hicieron cosas, tratar de mirar igual o mejor y continuar su trabajo lleno de dedicación.

Nunca, jamás, hay que ser indiferentes y desechar el pasado, porque así desandamos un camino ya andado, volvemos a empezar y no aprendemos, es caer en el abandono, en la indiferencia, en la muerte y el olvido.

Jorge Ledesma

Un lugar

Miro el mapa de Córdoba y me ubico en el centro de un país llamado Argentina, el mismo que nos albergó y alberga a todos quienes tuvimos la maravillosa suerte de nacer en él, quizás en distintos puntos y con necesidades diferentes, pero siempre con un sentimiento en común.

Un país lleno de controversias y discrepancias, con diversas maneras de vivir y hasta de sentir, gestado bajo un extraño perfil de invasiones, colonizaciones, revoluciones y entre medio un sentimiento de arraigo tan grande que lo diferencia de muchos otros países del mundo.

Ese argentino genuino y el que por adopción jamás dudó en entregarse con tesón al día a día, mezclar sus costumbres puras venidas de su pueblo de origen, sus danzas, su música, sus comidas, su carácter, su tozudez y sus sentimientos.

Esos inmigrantes que con gran dolor y desarraigo dieron o dan un “adiós” al lugar que los vio nacer, muchos vendrán antes o después de las espantosas guerras en Europa y otros, en la actualidad, vienen de países de América Latina sufriendo sus crisis y eligen sentar raíces acá, en este también sufrido suelo denominado hipotéticamente crisol de razas. Un antiguo término utilizado como mito, que data desde el centenario y que debió ser utilizado en principio para unificar estas diferencias étnicas y la difícil discriminación que se iba gestando entre criollos y gringos, una manera práctica de eliminar diferencias y hacer de este un país homogéneo, sin propietarios y lleno de oportunidades.

Lo cierto es que esa energía en hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes seguirá manteniéndose intacta generación tras generación y siempre se siente correr ese cierto impulso de sangre lleno de fuerza, de cambio, de lucha y el gran deseo de progreso.

Este es un claro ejemplo: don Nelio Ángel Signorile,nacido el 14 de abril de 1935,alguien que de una manera especial se propuso instalar cambios importantes en su comunidad, La Tordilla. Un vecino más que hace una parada en la faena diaria para no privarse de unos mates con doña Norma Miretti, su vecina de al lado, y charlar de cosas cotidianas, soñar con muchos cambios en su pueblo… y su mirada se llena de entusiasmo hablando del futuro.

Pasan los vecinos y saludan a Nelio, Edit y Norma que en plena charla de vereda planean –como al pasar– conseguir los regalos de Navidad para los niños del pueblo, todo debe ser una sorpresa y sale una sonrisa de los tres.

—Este año será especial, aunque cada vez hay más niños— dice Edit.

Él se ríe entre dientes y solo la mira, es su cómplice desde aquella primera vez en que apareció en la casa de su madre para cuidar a doña Cata (Catalina Ravena, madre de él) después de una operación y recuerda cuando le llevaba un mate al taller, su escote, la blusa rosa y sus dieciocho años; ella brilla tanto como el sol, hace despertar en él esa sangre italiana de herencia, hombre duro, de trabajo, y con sus veinticinco años le cuesta contenerse así que enrojece fuerte ante estos impulsos.

Ella es audaz; con la blusa y ese vestido acampanado gira dándole un “sí” a este juego de seducirse, de atraerse y de quedarse atrapados en pensamientos.

Es el año 1960. Ella, osada, enfrenta por ganar un lugar con el hombre que despierta su interés, casi como un misterio a resolver; él tiene novia y su madre abala la relación, pero Edit encontrará el lugar exacto en la fisura de esa relación, donde pierde fuerza e intensidad y por donde nadie se había animado a entrar. Este hermoso juego de apoderarse de ambos mientras poco a poco Nelio irá determinando su elección definitiva. Cuando iba a hacer algo nunca preguntaba para conseguir el aval de la gente, él ya lo tenía decidido y bien pensado; así fue dejando su antigua novia sin mucho protocolo y empezó a estar más tiempo con Edit (Celia Edit Funes), con toda libertad y sin querer para toda la vida.

Su Chevrolet 47 y ella, la mirada, una sonrisa y relajarse para confiar en él, estar más tiempo juntos y necesitarse, muy convencido de que ambos forman parte de un proyecto por descubrir.