Edén mágico - Vidal Fernando Peñaranda Galvis - E-Book

Edén mágico E-Book

Vidal Fernando Peñaranda Galvis

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Beschreibung

Edén mágico está compuesto por diversas historias y una obra de hechos singulares en la vida, goces y penalidades. La significancia del saber, el dolor y los miedos en una naturaleza edénica y también hostil que induce a conceptuar los sentimientos del deber. La dinámica espiritual de ensueños y misterios, reveladoras visiones de intuición y poder, la unidad afectiva en búsqueda de la razón. El sistema natural y el cosmos influencian la imaginación. El Edén mágico constituye la unidad ceremonial inesperada, a expensas de turbadores sucesos con sus pausas rítmicas y sonoras de una sociedad tribal aislada del mundo moderno. Situaciones originales, lo sagrado, los sentimientos, la indefensión, el vértigo y la angustia que revelan la voluntad y redención del ser. Una fascinante narración, independiente de sistemas morales unívocos con resonancia de divinidades y sentido ético. El osado mundo del Edén mágico, cuenta con personajes primitivos sencillos, fáciles de comprender en su esencia y recíproca filosofía, que constituyen imaginarios y atractivas aventuras para diversas edades, divierten por sus variados matices y aconteceres. Esta obra es perfecta para la humanidad en su conjunto natural de ecosistemas, para el adolescente y el profesional que entiende las señales de otros universos inteligibles. Incluye: - Tentativas de inspirar y crear aventuras. - Expedición a un mundo desconocido y real. - Correspondencia y antítesis de lo espiritual y cósmico, el esplendor y miseria de un reino. - Sobrevivir a la deriva y compartir más allá, acaecimientos asociados a lo material, espiritual y nostálgico.

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Seitenzahl: 173

Veröffentlichungsjahr: 2024

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EDÉN MÁGICO

VIDAL FERNANDO PEÑARANDA GALVIS

Catalogación en la publicación - Biblioteca Nacional de Colombia

Peñaranda Galvis, Vidal Fernando, autor

Edén mágico / Vidal Fernando Peñaranda Galvis. -- Primera edición. -- Bogotá : Universidad Distrital Francisco José de Caldas : Ecoe Ediciones, 2023.

81 páginas. -- (Literatura colombiana. Ficción. Temas narrativos)

Incluye datos curriculares del autor.

ISBN 978-958-503-847-9 -- 978-958-503-848-6 (e-book)

1. Cuentos colombianos - Siglo XXI

CDD: Co863.5 ed. 23 CO-BoBN– a1133308

Área:Literatura colombianaSubárea:Ficción: temas narrativos

© Vidal Fernando Peñaranda Galvis

Universidad Distrital Francisco José de CaldasFacultad del Medio Ambiente y Recursos Naturales

© Ecoe Ediciones [email protected] 19 # 63 C 32Teléfono: (+57) 321 226 46 09Bogotá, Colombia

Primera edición: Bogotá, enero del 2024ISBN: 978-958-503-847-9e-ISBN: 978-958-503-848-6Coordinadora de servicios editoriales:Rocío Cely HerreraCoordinadora editorial: Paula Bermúdez B.Corrección de estilo: Vidal FernandoPeñaranda GalvisDiagramación: Ana Celia BlancoCarátula: Magda Rocío BarreroImpresión: Carvajal Soluciones deComunicación S.A.S.Carrera 69 #15-24

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.

__________________

Impreso y hecho en Colombia - Todos los derechos reservados

El sentir de los signos en lenguaje y emociones. Para Lucy, Daniel y Liliana, mis hermanos, la suma de argumentos que despejan caminos e ideales

CONTENIDO

PRÓLOGO

CAPÍTULO 1. ILUSIÓN DEL ALBA Y CREPÚSCULOS

CAPÍTULO 2. DESCARRÍO DEL ENSUEÑO JUVENIL

CAPÍTULO 3. LA ESCUELA

CAPÍTULO 4. RETOS, ECOS DE LAUREL Y PENAS

CAPÍTULO 5. ENIGMA Y DESTINO

CAPÍTULO 6. UN NUEVO COSMOS

CAPÍTULO 7. MODERNIDAD, UN ESPEJISMO IMPRESCINDIBLE

CAPÍTULO 8. SECRETA EXPECTATIVA

PRÓLOGO

El osado mundo del Edén mágico, son rasgos sencillos de personajes primitivos, fáciles de comprender en su esencia y recíproca filosofía. Constituyen imaginarios y atractivas aventuras para diversas edades, divierten por sus variados matices y aconteceres.

La literatura, como los deseos, las ilusiones o las tormentas físicas y espirituales, en los ambivalentes sentires del alma y los sueños, consolidan océanos de libertad, crean universos. Leer diversifica la pertenencia, permite salir de estados y viajar sin límites.

Saber cómo piensan los protagonistas, de qué están formados, es una fantástica espiral absorbente y funda ideas sin fronteras, renace inmutable como periódica luz o lluvia y perpetúa su huella evolutiva en infinitud de historias.

Vidal Fernando Peñaranda Galvis

Profesor del área humanística, asignaturas Producción y comprensión de textos, Sociedad y ambiente, Organización comunitaria, Ética, Cátedra Democracia y ciudadanía.

CAPÍTULO 1ILUSIÓN DEL ALBA Y CREPÚSCULOS

Durante un crudo invierno, la singularidad de una aldea sorprende a la realidad del orbe. La alegría y la risa la aportan un infantil dúo de inquietos amigos, la agraciada Jade, y el macizo y cobrizo Kazán. Ágiles e indómitos, sin temores corren y juegan desprevenidos por todos los escondrijos de la tribal campiña. Son fuertes, vivarachos como las quisquillosas ardillas, veloces como las flechas y aventureros como las liebres silvestres.

En sumario, se volvieron más populares cuando les tocó estudiar y aprender. Fue un día expresivo de significados felices y contradictorios que la aldea recordaría. Pletóricos de ocurrencias convocaron a todos los imberbes estudiantes, semejaba una revolución de hormigas y abejas con sus zumbidos.

Prefieren seguir monteses y libres. Custodiar sin mando la tranquila felicidad de su reino. En penoso fuego sagrado exteriorizan chillidos con pataletas, argumentan como amenaza y desgracia que el estudiar es peligroso.

El patriarca don Pablo, de características mesiánicas, salvó la jornada, en compensación, por ir a la escuela, les preparará un homenaje y les erigirá un monumento cuando progresen en su misión. Como aliciente de su cometido, les obsequió una audaz pareja de conejos saltarines y amaestrados. Su aura respira magnificencia, desliza sus manos sobre su larga barba blanca que cae desordenada en su pecho, cubierto por una ligera manta de fibra vegetal y algodón. A veces lleva adornos de collares o arco y flechas, por razones estéticas, de labor o de ritual.

La pequeña cobaya es coqueta, de grandes pestañas arqueadas para guiñar los ojos, graciosa menea la cadera. Y, antes de que los vocablos se acuñaran en su lengua, la llamaron Cumbia. El otro gazapo es algo presumido por ser bigotón, con largas cerdas, al roer las mueve con picardía como un alocado parabrisas, de lado a lado y de arriba abajo.

En el frenesí de sus actos y fiestas, en semejanza de lenguaje neológico equivalente, los aclaman como el rey del Rap y la princesa del Pogo. Las dos liebres bailan; cuando Cumbia lo desea es más acompasada y él prefiere ser convulsionado. Danzan frenéticos en círculos y grupos, dan brincos y volteretas sobre su cabeza, con adioses de una mano y una pata, al ritmo del ceremonial grupo, se esconden en un bohío que en su olimpo homenajea a la Luna y al Sol.

Jade y Kazán poseen mucha suerte y amigos. Un día el perro ovejero Titán los salvó de ahogarse en la enérgica abundada del río, porque los quiere y ya conoce sus mañas, se convirtieron en incondicionales amigos. La pareja se considera como hermanos de tribu, sus acciones son notorias por sus picardías e ingeniosidades, siempre están acompañadas de su díscola mascota en préstamo.

Los ágiles amigos atraviesan el río a nado o consumidos, a intervalos como indómitos errantes, sin rumbo, aferrados de lianas suspendidas. A veces galopan acaballados en dos ovejas, el original transporte ya pertenece a su cofradía; las proveyeron de rústicos galápagos de cuero y, como curtidos vaqueros, cabalgan felices por la comarca.

—Jade, mi corazón se siente extraño cuando te siente lejos. Por ese hecho te obsequio esta rosa, la más hermosa.

El despertar del corazón es universal. La pequeña princesa se sonroja y solo acata, con timidez, a balbucir en agradecimiento las gracias para Kazán.

Cierto día, las divinidades mayores se revolucionaron, los afluentes aumentaron la corriente del río y no respetó los callejones ni a sus humildes vecindarios ribereños, se desbordó con piedras y árboles e inundó a la aldea como pleamar; fue una noche aciaga de fría lluvia, durante la conjunción de la Luna y el Sol.

En su universo deliberan como semidioses. Presienten el caos. Están confundidos por los intempestivos diluvios y cambios naturales, la sequía, el calor y la penetrante humedad. Los habitantes son suspicaces en sus conjeturas, adoran y respetan el ecosistema. Se sosiegan pletóricos por las hazañas traviesas e inofensivas de los bronceados chicuelos, no paran de comentar sus gestas y agradecerles su alborozada presencia y travesuras en el caserío.

Bajo el firmamento, los astros delatan su agonía. Reagrupados en núcleo narran gestas. Los corrillos y grupos deliberan debajo de un inmenso árbol consagrado que tiene las horas contadas, y algunos se suben a una descomunal roca ceremonial. Otros, más hogareños, al resguardo de sus familias contemplan con suspiros las alegres y arreboladas tardes que se disuelven en sus cimas y valles. En ocasiones, como en su crisis actual, están inquietos por la triste luz del ocaso que les depara infortunios.

Tolerantes al estigma natural y los sucesos sin comprensión, los une su pasado y remembranza de las bribonadas juveniles. Faenas sufridas en carne propia, sin quedar ajenos a lo estatuido por sus ancestros. Velan por la conservación natural y social, razonan que todos son chicos buenos, pero les falta más disciplina que afecto. Sienten que van errantes como perdices silvestres por el mundo. No obstante, atrapados por los sentimientos culturales del cosmogónico medio, los complace el ponderable valor del diminuto y fértil pueblo detenido en el tiempo.

El tesoro material y espiritual se encuentra resguardado en sus mitos y leyendas, como estratégico aliado de recónditos oráculos, surgen otros secretos bien escondidos. Habitan pequeñas progenies partícipes de sus beneficios, iniciadas en sus misterios, dispersas por las colinas y llanuras, majestuosos y nobles en sus costumbres de colonos representados por un nonagenario abuelo. Como juguete del viento y los astros, está el fértil valle que cruza el torrentoso río. La comunidad inmola corderos, para mantener los límites de sus campos y montañas sagrados; divisa no poder quedar a salvo del horror, destrucción y muerte, perder el origen intacto de los latifundios sin refinamiento, rodeado de altas colinas protectoras que los ancestros y ellos aún veneran. No abandonan, resisten. Preparan sus tierras y sus cosechas, experimentan su alegría en servir a la comunidad.

Hasta que el aciago día hizo su aparición fantasmal, la significancia de la vida cambió por el presentimiento de sacrificios y muerte. Las jornadas de duelo aparecen hostiles, con dolor estremecedor y temerosos espectros, sus labores y las expediciones ya no transcurren tranquilas. A pesar de los sucesos, los actos individuales se perpetúan generosos, bailan, componen y cantan, para mitigar las penas. Se sienten melancólicos, el interés por los favores se transforma y hasta la población considera tenerle alergia a la pesadumbre, a la dramática atrocidad del invierno que interfiere su quehacer habitual. Vestidos de color púrpura, realizan sus coplas.

Cuando el río dijo sí, el universo expresó que no/ La lluvia se solidarizó y dijo ‘hum’/ La naturaleza susurró que sí y que sí/ Cuando la noche comentó que no/ El día dijo sí y el trueno masculló que no/ El rayo dijo sí y el estruendo articuló que no… nooO…NO. Tinieblas, caos consumado. /El río junto al cosmos y el día aportaron guiños al sí/ Entonces la lluvia y la noche investigaron/ Contundentes afirmaron que no, no y NO/ El río, la noche, el firmamento y las estrellas se unieron/ Con sus diferencias e inquietudes se aceptaron/ Se flirtearon, se amaron, se casaron y afirmaron que sí. /Indaguemos, gocemos, ahondemos, sondeemos al alma y corazón/ Y la armónica ronda apaciguará al embravecido río. /El infinito escuchó las alabanzas /Al goce protector de escapar del diluvio/ La convulsionada tierra hospitalaria, abrió el mar inmenso/ El frágil firmamento aceptó asumir la huella de la onda y del arrojo. Ley, verdad y voluntad. Tambores y cánticos retumban.

Las familias, los amigos y su gente consideran dejarlo todo. Emprender camino, otros tratan de impedirlo, aun cuando, constreñidos por el dolor, vaticinan difícil el futuro. La situación es tormentosa, se torna fatídica; muy pocas veces habían pensado en ausentarse de su prodigioso y rico patrimonio, hechizados por las leyendas de fortunas dispersas en los imponentes valles, señoreado de montículos luctuosos y tesoros ocultos en la región.

En sus recuerdos no todo estaba perdido, aún reina el cariño familiar por mantener en unión su heredad de bohíos blancos y aseados, a pesar de la destrucción, la escasez, el hambre y el lodo que impregna hasta los minúsculos rincones por la temporada pluviosa.

Saltando como liebres/ Dos conejos zapatean en un fandango/ Son Cumbia y Pogo bailando un tango/ Se rompieron dos costillas y el rabo/ Se quejan como gatos y en vez de crui… cui/ Adoloridos maúllan miau, miau. /Titán a ritmo de rap gruñe y se ríe/ Danza y los mira, repite guau, crui, miau…miau. / Gocemos y cantemos como la alondra/ Rían y lloren como una tromba/ Confiados de justicia y con mente oronda/ Bailemos con orgullo desde la sombra. / El querer y el deber en la gente ronda/ Y en medio de nubarrones y socarrones/ Abogaron por Pogo, Cumbia y sus tolondrones/ Fingieron las risas y desafiaron a los sopones. / Sin percatarse de la brisa y sus moretones/ Adoloridos marcharon, con prisa y sin camisa/ Entre fisgones y sus girones/ Aminorando sus alaridos, soportaron a los burlones/ Al otro día de los tirones, durmieron como lirones.

Sin pensarlo, Kazán y Jade, embriagados por la febril irresponsabilidad de su imaginación, lograron llegar a los lugares más recónditos sin presagiar el peligro. Los adultos, ensimismados en sus quehaceres, no pueden hacer nada si les ocurre algún imprevisto. En lo fortuito de la rivera socarrona, la vertiente acecha risueña y afilando sus espantosas garras, espera sin dormir su asalto a cada segundo, ojerosa merodea día y noche.

Entre las márgenes del río, bullen las olas y su onda/ Oculto se estremece el dolor entre su fronda. / El terror se apodera, gira la rivera como una esfera/ Veloz en su viaje como la noria/ Furiosa se encubre en la memoria/ Se siente la fuerza y domina su euforia/ La fuente no amaga, arrasa y se ahonda/ Víctimas de mil afluentes y sus escorias/ Oscura y profunda cruza la aldea/ Todo flota y se inunda tras la rotonda.

Las aguas desbordantes del río, franquean cerca de la población; en los subsiguientes días no dan tregua a su hostilidad y amenaza, paulatinas carcomen la débil esperanza y los hunde hacia la catástrofe. Sus habitantes sienten su desamparo, se reúnen, no duermen, deambulan preocupados por las circunstancias, y desesperados empiezan a preparar los utensilios para el desalojo. Sin inmutarse, los dos amiguitos, siguen brincando como cabras locas por toda la región.

Al clarín de Jade y al tan de Kazán/ Se anima la música y la sinfonía. / Que suenen dulzainas y algarabía/ Corre al son pasión de tambores en armonía/ Para danzar y bailarlos con simpatía.

La alarma de la evacuación se extendió angustiada. El eco de los timbales se hunde como desperdigados truenos y rayos, hieren oídos en pavoroso estruendo por los profundos abismos de los sempiternos montes, inermes imploran socorro al olimpo. Por lo tanto, es necesario convocar a una reunión urgente.

Los más jóvenes, tristes opinan por el destierro de la pequeña aldea, la de toda su vida, donde están sus recuerdos y bienes, sus venerados antepasados y sus amores. El ocaso, les permite recapacitar en la lealtad familiar, consideran el traste final. Alguien, un mensajero ha regresado temprano a dar la alerta, dejar todo aquello impregnado de cariño mancomunado que construyeron durante tanto tiempo.

El indivisible progreso lo han forjado con penuria y unión por tribales generaciones, de las cuales solo queda como único testigo el anciano Pablito, aquejado no quiere irse. Es un complaciente y legendario abuelo de enseñanzas, barbado y calvo como una calabaza donde patinan las moscas; afecto de Kazán y Jade, lidera al pueblo, es cariñoso y de gran inteligencia. Aún le taladra en sus oídos las premonitorias soflamas de los chicuelos.

—¡Sálvanos don Pablo!

Lo interpela Jade, conmovida. Y, Kazán en apoyo, en un acceso de furor y dolor, más aficionado que ella, se consagra en custodiar su desventurado lamento y benevolencia.

—Eres el confiable enaltecido, rebela tu soberanía a los tuyos, al dominio del globo, preséntate ante la vasta extensión del universo.

La comunidad rio la oportuna impertinencia de los niños que ya razonaban.

Las familias y sus amigos siempre buscan al bisabuelo, porque además de sus capacidades descritas, es muy vivaracho. Suspicaz para relatar sus divertidos viajes de antaño y sus locuaces historias animadas de perspicacia, le armonizan sus movimientos de la incipiente panza, más su graciosa risa franca e hilarante.

Entre la onda del río y la ronda/ Se goza y se ríe con gente oronda/ Al son de timbales en sintonía/ Dancemos, bailemos sin apatía.

El donairoso abuelo tiene entre sus trebejos el don de la capacidad imaginaria y descriptiva. Refleja los valores culturales implícitos. Siempre inicia la fabulosa narración con retruécanos, para dos o tres desprevenidos transeúntes. Posee la gracia de la comunicación conceptual y dominio de la lengua. Al final del cuento, ya lo ronda un nutrido grupo de niños. No solo lo complementan los lozanos y halagüeños viejos atentos; cantan al aire libre, disfrutan sus chistes oportunos con especial interés y afecto. En el centro se encuentra la artística ermita con empedradas calles, alrededor sosiegan las chozas rupestres que semejan una primitiva postal ultramarina.

El arcaico preserva sus largas barbas blancas ensortijadas donde se enredan y desorientan las abejas. Los frondosos rizos le merecen el respeto y acentúan su imagen de vigilante sabiduría; les expresa tomar claras y serenas decisiones en la vida, para llegar con laurel al acierto. El acontecer embarga su sonrisa que lo caracteriza, se torna lánguido y perdido; se sienten extraños y la nostalgia es general, pues en su veterana memoria de extravíos, no se registra un suceso trágico como el actual.

En la vida y sus decisiones/ Que aflore el río por sus faldones/ La gente ardiente con sus canciones/ Y venga la banda con su parranda/ Prestos para el acierto/ El éxito está en concierto.

Sin medir consecuencias, la bella y osada Jade, incitó a Kazán a mecerse al viento para sentir la brisa y coronar las nubes. Transportados por las ayahuascas (lianas), desafían el vértigo sobre la crecida vertiente del río. La inundación ya comienza a mostrar estragos, no solo arrastra barro, también plantas y algunos pequeños animalitos agonizantes. Lleva consigo codornices, conejos, ‘guartinajas’, tortugas, un oso hormiguero y un perezoso, que aturdidos se hunden o vuelven a salir en cada ondulación. A intervalos, oxigenan sus amodorradas cabezas oscilantes y cuerpo a flote, los ojos se muestran suplicantes y desorbitados, tratando de sobrevivir en medio de la fuerte corriente.

El río observa cauteloso, se ha trastornado, egocéntrico actúa como sicópata e infringe venganzas naturales, quizá transmutado por espíritus superiores y los cambios de luna llena. Escudriña a los seres vivientes, si los encuentra desprevenidos en su ribera, jugando o tomando agua, con sorpresa los atrapa y los sumerge, hasta ahogarlos declive abajo. Kazán, lo sabe, pero no se perturba, estimulado por la invitación fue hasta la otra orilla, donde se encuentra ociosa de aventuras Jade.

—¡Bravo, bravo, eres valiente, mi héroe!, le grita con ánimo su amiga.

Kazán, se regodea de su hazaña, y realiza más piruetas sobre el río. Colgado de una liana, pasa de ella a otra con el equilibrio de un chimpancé. Jade, vanidosa, para no dejarse ganar de su querido amigo, hizo lo mismo, pero aguerrida con más gracia y soltura. Entonces, Kazán, comprende que el reto es de egos y competencia de habilidades, asume su desafío, arrojado y jactancioso procura mostrar sus mejores dotes.

Kazán se zarandea entre las lianas, da tres saltos mortales. Alcanza a sostenerse del supletorio bejuco unos cuantos segundos, pero va al vacío con agobiante velocidad y fuerza. Le ganan su peso y desequilibrio. Jade, en ese instante se dispone a realizar su deslumbrante acrobacia, pero todo fue contradictorio. Se detuvo y emitió un grito aterrador.

—¡Aaay! ¡Sostente fuerte! ¡No te caigas! ¡Oh!, Titea y cielo, ¿¡trono del mundo!? ¡Saymaydójira! —Ser Supremo, encarnación del concepto del bien—.

Kazán se atortoló más. Con sus manos húmedas por la brisa, al chocar la corriente entre las piedras y por los borbotones, sintió que no podía sostenerse.

Trató de sujetarse con los pequeños pies, pero como el bejuco era un poco grueso, no pudo hacerlo. Su mente y sus colores cobrizos se alejaron de él, pierde toda noción. Está pálido y las fuerzas lo abandonan. Acaba de perder el equilibrio. Jade trata de ir en su rescate, pero la liana que queda libre es más corta; alcanzó a estar cerca. Por lo tanto, no pudo hacer nada y regresó. Los dos están desesperados, y claman auxilio, más allá del inalcanzable horizonte mismo.

Nadie se encuentra por esos parajes. El único que merodea es el perro Titán, porque husmea buscando una oveja extraviada. Y, como presintiendo el peligro, de los dos traviesos, el venático perro comenzó a ladrar y aullar, pidiendo auxilio. Las aves vuelan alborotadas, nadie acude, pues su pastor está muy lejos por otra ruta, abstraído en la misma operación de encontrar la oveja. Sin embargo, el amo, por un instante le pareció escuchar los aullidos; pensó que era imaginación, ya que estaba cansado, de tanto andareguear por caminos montañosos, encrucijadas de terrenos fangosos y enmarañada selva de árboles y fauna.

El pastor distraído se devuelve, presiente algo insólito y difícil de establecer. Desfallecido en el deseo de localizarla, piensa en descansar e irse a resguardar su rebaño de los lobos y los pumas. Además, la fuerza de la corriente y el rumor del río absorben toda la comunicación, ahogan los gritos por varias cuadras a la redonda. Pero, dubitativo, determinó seguir por el camino contrario, ensimismado en sus preocupaciones. Camina unos pasos, en supuesta dirección donde están los personajes del percance. Titán, ya ha dejado de ladrar y aullar, cuando más lo necesitan.

Como todo en la vida tiene sus razones, el perro está exhausto de maullar, su instinto se bloquea por momentos y busca soluciones sin gruñir tanto. Los desesperados hechos determinan que es necesario actuar de inmediato. Jade no se resigna, angustiada y deshecha, le grita a su amigo que por favor le lance la otra cuerda. Kazán sigue confuso, en medio de su atortole, pues la mente falla, desvanecido parece no escucharla ni entenderla. No puede acatar su requerimiento, porque con rapidez se está deslizando, casi que en caída libre de la resbaladiza cuerda.

El instinto de supervivencia y la difícil situación ponen su habilidad a prueba; falla en el calculado intento de alcanzar la cuerda, duda, lo considera imposible, y como todo sucede en cuestión de segundos, la desilusión le nubla todos los sentidos. Se descuelga de la jabonosa liana y va a dar río abajo, desgonzado se deja llevar indefenso por entre la corriente. Un mortal más queda atrapado en la letal vertiente junto a otros animalitos moribundos. Se disipan a lo lejos, sin poder hacer nada por salvarlos. La corriente se expande, se arquea fuerte y rápida, cualquier prueba por rescatarlos les puede costar la vida.

Jade, como último recurso le grita a Titán, quien ya entiende adversidades y necesidades, actuar vertiginoso, con bravía e intrepidez, para poder facilitar una participación oportuna. Emite unos gemidos y queda alerta. Para las orejas por un instante, trata de entender la confusión dialectal, descifrar su alterado e impreciso idioma. Después, gira las orejas y ladra con aullidos. Su postrimero gruñido fuerte, lo percibe su amo pastor y retrocede unos pasos, pero prosigue su marcha y rumbo, sin percibir la desgracia cercana. Poco a poco se fue alejando de la escena, hasta perderse en el horizonte de las montañas, con él se van las esperanzas de salvar la vida del travieso e indefenso personaje.