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No vemos las cosas como son, sino como somos. Por esta razón 'educar la mirada' es ayudar a la persona a situarse conscientemente en la realidad, dotándola de herramientas cognitivas para sortear los obstáculos y distorsiones perceptivas, ya sean las propias de la naturaleza humana o las heredadas socialmente a través de ciertos estereotipos y esquemas de pensamiento único. El libro, claro, didáctico, pero con rigor científico, constituye una herramienta básica y novedosa, que incluye numerosas actividades, para educadores preocupados por cambiar y mejorar nuestro mundo mediante un capital humano y cultural mucho más poderoso y sostenible que el capital económico.
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Seitenzahl: 168
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Arquitectura de una mente solidaria
César García-Rincón de Castro
NARCEA, S. A. DE EDICIONES MADRID
«A mi hija Marina, por su mirada dulce, serena y limpia que nace del corazón»
PRÓLOGO, de Sor Luisa María López
INTRODUCCIÓN
I. PERCEPCIÓN INTERPERSONAL: GAFAS PARA VER
1/La percepción interpersonal en el marco de las actitudes prosociales
Lo que va del ver al actuar
2/La atención hacia el otro: el sur también existe
La atención es un mecanismo central
De capacidad limitada
Que orienta y controla
La actividad consciente del organismo
De acuerdo con un objetivo determinado
3/Gestalt y pobreza: la mente desenfocada
Ley del contexto
Semejanza
Clausura
Proximidad
Fondo y forma
4/La persona-estímulo: el necesitado y sus imágenes sociales
Familiaridad y cercanía
Prestigio y estatus social
Emotividad despertada en los observadores
La identidad deteriorada: estigmas
La visibilidad de los estigmas
Contexto de la interacción social
Manejo de los estigmas ante los demás
5/La persona-impresión: el voluntario y sus imágenes mentales
Conocer al otro: impresiones y atribuciones
No vemos las cosas como son, sino como somos
Nuestra mente económica
Resumen: las gafas de la solidaridad
II. PENSAMIENTO PROSOCIAL: SOMBREROS PARA PENSAR
6/Los marcos de referencia como mecanismos de la percepción y procesamiento de la realidad
7/Dimensiones cognitivas y pensamiento prosocial: pistas para dibujar mapas solidarios
8/Procedimientos didácticos para desarrollar el pensamiento prosocial
Pensamiento empático
Crítico
Creativo
Dinámico
Sistémico
Constructivo
Ecléctico
9/Fichas y recursos didácticos para el educador
Ficha 1. Mi amigo el bastón
Ficha 2. Sintonizar emocionalmente con el otro
Ficha 3. Vidas paralelas
Ficha 4. El ruido de fondo que nos incomunica
Ficha 5. El juego de «ganar-ganar»
Ficha 6. Superando el «corte» social
Ficha 7. Los problemas sociales tienen un origen
Ficha 8. No tener, no ser nadie, no estar: la pobreza
Ficha 9. La realidad ¿ha pasado por nosotros?
Ficha 10. El triángulo de la salud
Ficha 11. El GPS de la solidaridad
Ficha 12. Nuestros mecanismos de defensa
Ficha 13. Puertas abiertas y cerradas
Ficha 14. Las etapas de la solidaridad
Ficha 15. ¿De verdad cambiamos el mundo?
Ficha 16. Nuestro perfil de voluntario
Ficha 17. Nuestras primeras impresiones
Ficha 18. El otro y yo
Ficha 19. Profesionales y voluntarios: juntos ayudamos
Bibliografía
Me han pedido que escriba un prólogo y me siento abrumada ante una empresa tan difícil y un encargo tan comprometido.
«Bautizar» un libro es como presentarlo en sociedad, preparar el terreno para que el lector pueda degustar un plato suculento, bien presentado y apetecible, No sé si lo conseguiré, pero prometo esforzarme en el intento.
Educar la mirada. César García-Rincón, un pensador de solidaridades, un suscitador de compromisos y un realizador de propuestas educativas arraigadas en el sur, no ha podido elegir mejor título.
Tras una atenta lectura de estas páginas llenas de estímulos interesantes, puedo decir sin temor a equivocarme, que lo que aquí se recoge, refleja de forma transparente el sentir más profundo del autor, su pensamiento y su praxis cotidiana en la formación y seguimiento de los voluntarios a los que propone algo más que «hacer».
Es verdad, mucho en la vida se juega en la mirada, en saber mirar y saber ver. Porque los que creemos que otro mundo es posible, aunque seamos solo aprendices en las lides de la verdadera solidaridad, necesitamos educar nuestra retina y la de los demás para aprender a mirar viendo y a ver en profundidad para actuar en consecuencia. ¡Qué ciegos estamos a veces y qué ciegos nos hacemos! ¡Cómo cambiaría el mundo con una mirada diferente! ¡Cómo cambiarían nuestras jerarquías e intereses, nuestra percepción de la realidad!
Puestos a globalizarlo todo, habría que globalizar también la mirada para que fuera más universal, más abierta, más tolerante, más solidaria, más responsable, más humana… Cambiar nuestra mirada significa tomar conciencia de una realidad que nos inter-pela, de unos rostros con nombre y apellidos que demandan derechos, exigen respuestas inmediatas, que sobre todo les veamos.
Cesar García-Rincón, nos abre un nuevo horizonte, nos propone educar nuestros ojos, para que no demos nada por descontado, para que prestemos atención a las cosas pequeñas, para que no seamos meros espectadores de la realidad, sino humildes actores que se ponen al lado del necesitado para crecer con él y ayudarle a salir de su situación.
En el «Centro ocupacional Casa Santa Teresa» para personas adultas con discapacidad intelectual que las Hijas de Santa María de la Providencia (Obra Don Guanella) tenemos en Madrid, experimentamos que más allá de los planteamientos teóricos, por muy hermosos que sean, hay una realidad innegable y maravillosa oculta a una óptica superficial.
El contacto directo con «los diferentes», es la mejor escuela para aprender a mirar. Con sus gestos sencillos y cotidianos, de mil maneras y sin palabras son maestros elocuentes de una sabiduría profunda que suscita un nuevo modo de ver y mirar. Nuestros chicas/os con discapacidad miran con el corazón. Ésta es la novedad. Educan la mirada de quienes tenemos el ojo embotado por la superficialidad, el egoísmo, la prisa, de los que estamos afectados por cataratas culturales que nublan nuestra percepción de la belle-za, la normalidad, el arte, la dignidad de la persona y su tarea única e insustituible en un mundo donde nadie sobra porque sea diferente. Para los que creemos que toda persona es en sí misma un don de valor infinito porque está hecha a imagen y semejanza de Dios y refleja la riqueza de su Creador, educar la mirada es aprender a ver con los ojos de Dios, ojos llenos de ternura y compasión, de justicia, de amor. Ojos que ven más allá de lo aparente.
Ojalá estas páginas tan bien elaboradas, fruto del trabajo asiduo y tenaz del autor, nos ayuden a todos a mejorar nuestra percepción del mundo y de la historia que nos ha tocado vivir para que entre todos, podamos transformarla y hacerla más parecida al sueño de Dios para la humanidad.
Sor LUISA MARÍA LÓPEZ Hija de Santa María de la Providencia
Educar la mirada en «El gran teatro del Cuarto Mundo» (con permiso de Calderón de la Barca), en cuyo papel de «creador» situaría sin duda al «dios dinero», significa levantarse de las cómodas butacas posmodernas, salir a los escenarios de la realidad social y ponerse en la perspectiva de los protagonistas de esas desgracias encadenadas. Significa conocer sus historias y biografías del fracaso (no de ellos, sino de toda la sociedad), esas historias que rara vez salen en las revistas de sociedad, porque habitualmente no interesan a nadie, y menos al pensamiento único de nuestra sociedad consumista y hedonista. Significa promover que esos personajes «sin papeles» (en los teatros de la vida) sean autores de su historia de liberación personal, antes que actores de un guión benéfico-social. Significa ver lo que hay detrás de sus disfraces, entrar en los camerinos de sus necesidades reales y no dejarse impresionar tanto por las que expresan hacia fuera. Significa «decorar su vida» con hogares y espacios de dignidad personal que sustituyan sus habituales decorados: las puertas de las iglesias, los bancos de los parques, las macro-instituciones fuera de la sociedad, los pasillos del metro, los semáforos, las colas de los comedores, las colas burocrático-vergonzantes...
El objeto de este libro es ayudar a dar el primer paso en el camino de la solidaridad, ese primer paso tan importante y necesario y muchas veces obviado. Ese paso está en nuestra forma de mirar al otro, al marginado y excluido, al pobre en definitiva. Ese paso se da cuando pasamos de mirar desde la butaca (desde nosotros) a mirar desde el escenario (desde ellos). Entonces descubrimos que necesitamos las dos visiones para comprender la realidad, la sociedad y el mundo en que vivimos. El punto de vista del otro es el comienzo de una apasionante aventura pedagógica por nuestros mapas y planos mentales, es un ir y venir por una mente dinámica, abierta, sistémica, emocional, todas ellas dimensiones, como veremos, del pensamiento pro-social, aquel que es capaz por sí solo de activar sentimientos de afecto, empatía, simpatía y consecuentemente conductas prosociales. El pensamiento prosocial es el guardián de nuestra mirada, porque la protege de los estereotipos, la generalización irracional, las tendencias gestálticas de economía cognoscitiva, los destellos de la sociedad de consumo, los etnocentrismos, los reduccionismos; y la sostiene perseverantemente en las personas y sus rostros, en los horizontes de la justicia, en los caminos del esfuerzo solidario, en la diversidad cultural, en uno mismo.
El libro consta de dos partes. La primera de ellas (capítulos 1 a 5), que he querido denominar «las gafas de la solidaridad», analiza los procesos de la percepción interpersonal, con el fin de familiarizar al educador con los mismos y así descubrir el origen de las distorsiones perceptivas. En la segunda parte (capítulos 6 a 9), que he llamado, tomando prestada la clásica expresión de Edward de Bono (2000), «sombreros para pensar», llega el momento de profundizar en la arquitectura de la mente prosocial, en las conexiones de la construcción personal (subjetivada) de la realidad social, es decir, aquellas dimensiones del pensamiento que son precursoras de tendencias y conductas prosociales.
El primer capítulo es necesario, en tanto cuanto se trata de situar la percepción en el marco global de la acción social del sujeto, de lo que pasa entre el estímulo (el otro necesitado) y la respuesta que damos ante ese estímulo. Con ello nos daremos cuenta de la importancia de educar la mirada, ya que de cómo interpretemos lo que entra en nosotros (por los sentidos) depende en mayor medida lo que salga de nosotros.
Si el primer capítulo es necesario, el segundo no lo es menos, dado que analiza el mecanismo de la atención, clave para percibir. En un mundo que nos presenta un caos de estímulos, quien no sabe atender a sus metas y necesidades, puede perderse y sucumbir a dicho caos. El primer paso para percibir la injusticia es orientar la atención hacia la misma, una atención que debe mantenerse durante todo el proceso de ayuda. Como casi todo, la atención también se aprende y se puede llegar a auto-matizar.
El tercer capítulo es una interpretación personal de las clásicas leyes de la Gestalt (García-Rincón, 2005), pero imaginando que los objetos de las figuras son personas y, más concretamente en el ámbito de este trabajo, personas en situación de necesidad. Desde estas leyes que nos gobiernan a todos la percepción, es fácil comprender por qué surgen los estereotipos, prejuicios, por qué vemos inferior al marginado, por qué nos fijamos más en el exterior que en el interior de las personas.
El cuarto y quinto capítulos profundizan con un poco más de rigor en una serie de factores que afectan a la percepción del otro en situación de necesidad. Se analizan desde dos puntos de vista. El capítulo cuarto describe una serie de factores que le pertenecen al otro y/o a su contexto social, los cuales afectan a nuestra percepción y a la fotografía mental que construimos del mismo. El capítulo quinto, independientemente de la información que nos da el otro, analiza nuestros filtros y mecanismos internos, los cuales también afectan a la imagen que construimos del mismo.
El capítulo sexto es una pequeña introducción a los tipos de pensamiento prosocial, desde el concepto de «marcos de referencia», es decir, aquellos mapas conceptuales o esquemas de pensamiento que constituyen los itinerarios cognoscitivos desde los que un sujeto comprende y aprehende la realidad.
En el capítulo séptimo, se analizan varios tipos de pensamiento siguiendo una serie de pistas, que desembocan en una propuesta personal de nueve tipos en forma de expresión dicotómica, es decir, el pensamiento más que ser algo estático y acabado es una red de variables bipolares entre las que se van moviendo las ideas y experiencias del sujeto. De esta manera construye su mundo interior para interpretar el mundo exterior y relacionarse con él. Esos nueve tipos (eneagrama mental) constituyen mi descripción del pensamiento prosocial en el contexto de este trabajo.
El capítulo octavo analiza más en profundidad cada uno de los nueve tipos de pensamiento, haciendo referencias a procedimientos didácticos concretos para trabajar cada tipo de pensamiento, y más concretamente, establece unas llamadas entre paréntesis a las fichas didácticas propuestas en el último capítulo del libro.
El capítulo noveno es una propuesta de fichas didácticas, no acabada ni definitiva, sino con el fin de dar ideas y sugerencias para que cada educador pueda construir y adaptar sus fichas y recursos a su contexto formativo concreto.
Este libro, fruto de una experiencia profesional fomentando el voluntariado y educando en valores en un centro educativo durante quince años (Colegio Nuestra Señora del Recuerdo en Madrid – Jesuitas), está dirigido a educadores en el amplio sentido de la palabra: profesores, animadores socioculturales, pedagogos, psicólogos, trabajadores sociales, educadores sociales, sociólogos, en fin, a todos aquellos que no han perdido la esperanza de un mundo más justo y solidario. Asimismo, por su parte de análisis, riguroso a la par que cercano en lenguaje, de los procesos de percepción interpersonal y pensamiento prosocial, es un interesante manual para universitarios en las disciplinas mencionadas.
Si hay una frase que pueda resumir este trabajo, es la siguiente: «Cambia tu forma de mirar y podrás cambiar el mundo». Es mi deseo que todos los educadores, animadores, voluntarios y profesionales encuentren en estas páginas algunas pistas para construir los mapas mentales y sociales de los caminos y veredas de la solidaridad.
Es difícil comprender cualquier concepto de orden psico-social si lo sacamos fuera de su contexto habitual y lo analizamos y definimos asépticamente. Lo mismo que sería muy difícil comprender al ser humano si no es en relación con otros seres humanos, en contextos grupales, familiares y sociales. El ejercicio de acercamiento a una sola unidad de la realidad social, como haría la lente de una cámara fotográfica o el foco que se centra en un actor con el teatro a oscuras en un momento determinado, es necesario, pero una vez que hemos tomado conciencia de esa persona (forma), necesitamos enmarcar dicha percepción en el fondo (circunstancias, historia vital, grupo de pertenencia) que rodea a dicha persona. Siguiendo con el ejemplo teatral, si el actor, al comienzo de la obra, aparece a oscuras iluminado sólo por un foco (forma) y a continuación iluminan todo el escenario (fondo) y al resto de los personajes, experimentamos cómo nuestra percepción del mismo, no sólo puede cambiar, sino que es más completa y tiene más sentido al enmarcar a dicha persona en un escenario particular de interacción social.
Hechas estas consideraciones iniciales, me veo en la obligación de situar la percepción interpersonal en el marco de las actitudes, es decir, una serie de patrones lógicos y estables sobre lo que pensamos, sentimos y hacemos respecto de un objeto sociocultural. Lo que convierte a una actitud en prosocial es precisamente su objeto característico: el otro en situación de necesidad (García-Rincón, 2003-a), del cual pensamos, sentimos y hacemos algo, pensamientos, sentimientos y conductas que son reflejo de una forma de percibirle.
De esta manera, la percepción del otro constituye la ventana a través de la cual se nos hace presente por medio de nuestros sentidos: la vista, el oído, el tacto y también el olfato. Cuantos más sentidos haya implicados en el conocimiento del otro, más estaremos en condiciones de acertar en nuestras impresiones y valoraciones. De ahí la importancia de la «experiencia directa» en el sentido de tocar la realidad social (relación interpersonal de ayuda), necesaria en todo proyecto de educación en la solidaridad bien planteado y definido.
A continuación paso a describir el esquema lógico de toda actitud prosocial, tomando como punto de partida la percepción interpersonal (García-Rincón, 2003-a). El primer paso de este sistema comienza en el momento de percibir al otro, un inicio que vamos a denominar como «VER» en un sentido amplio (a través de todos los sentidos). Cuando nos llega información sobre otra persona, lo primero que hace nuestro organismo es procesarla intelectual y sentimentalmente, según se expresa en el cuadro siguiente:
Nuestros sentimientos hacia el otro o, mejor dicho, hacia la información que emana del otro, se mueven en las polaridades agradable & desagradable, simpatía & antipatía, tranquilidad & ansiedad, etc. Estos sentimientos van a funcionar como corriente afectiva por todo el sistema de la interacción social y van a afectar todos los mecanismos psíquicos presentes en la misma.
El siguiente paso, una vez que nuestras razones y sentimientos se han hecho cargo de la situación, es el de hacer una proposición valorativa de esa situación de cara a predecir y programar posibles acciones o tomar decisiones. Es aquí donde los valores entran en escena en la interacción social como verdaderos criterios de discernimiento acerca de cuál es la mejor opción a realizar, porque no siempre hay una opción clara y unívoca, sino que se nos pueden presentar y, de hecho así sucede, múltiples elecciones a modo de dilemas sociales que hay que resolver. Los valores, por tanto, nos ayudan en los procesos psíquicos (personales y grupales) de la toma de decisiones:
Desde nuestra valoración de las situaciones tomamos decisiones en el sentido de tendencias a actuar en una determinada dirección. Ahora bien, como han puesto de manifiesto diversos estudios y autores, entre lo que se pretende hacer y lo que realmente se hace existen una serie de circunstancias inherentes al propio actor social (el voluntario en este caso) o bien presentes en la situación que influyen en el sentido de facilitar, bloquear o incluso cambiar la dirección de la conducta deseada por su contraria. En este caso, hacer algo contrario a lo que realmente queremos y deseamos hacer, nos pone en una situación de incomodidad y disonancia cognoscitiva que tendremos que resolver más adelante, bien actuando en circunstancias más favorables, bien cambiando dichas circunstancias o bien modificando nuestros pensamientos y valoraciones.
Finalmente, y como última fase de este circuito interactivo-social, desde lo que hacemos, vivimos socialmente con los demás y nos percibimos a nosotros mismos en una especie de espejo personal permanente. Cuando nos percibimos coherentemente haciendo lo que realmente valoramos y deseamos hacer, nuestro sistema social se realimenta positivamente, es decir, nuestras actitudes son más fuertes y estables. Sin embargo, cuando nos percibimos como poco coherentes entre lo que pensamos, sentimos, valoramos y hacemos, nuestras actitudes se debilitan y solemos echar mano de nuestros mecanismos de defensa para intentar restablecer el equilibrio de nuestro sistema, o bien desaprendemos falsas creencias y aprendemos nuevas formas de ver y hacer las cosas, ya que nadie puede vivir en permanente disonancia.
Precisamente, en la base del aprendizaje de la solidaridad y los valores humanos en general hay en realidad un intencionado desajuste pedagógico, un descentramiento de nuestros sistemas actitudinales aportando nuevas informaciones, experiencias y formas de ver la vida, para que volvamos a reequilibrar de forma diferente dichos sistemas y se conviertan en actitudes fuertes.
Hechas estas consideraciones previas y una vez contextualizada la percepción interpersonal en el marco lógico-social de las actitudes prosociales, estamos en condiciones de aproximarnos a su definición. La percepción es una experiencia o proceso cognoscitivo inmediato de todo tipo de estímulos sensoriales. Aquí estudiaremos la percepción en tanto en cuanto experiencia del otro en situación de necesidad (pobre, marginado, excluido). En adelante hablaré de OSN (otro en situación de necesidad).
El análisis de estas experiencias plantea el problema de la objetividad-subjetividad de la percepción, ya que los mecanismos perceptivos no toman en cuenta todos los datos que se les presentan como estímulos, sino que, de entre ellos, operan verdaderas selecciones subjetivas y procesos de economía cognoscitiva que pueden inducir a errores o parcialismos en el conocimiento interpersonal (Pastor, 1987:240).
