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La Égloga de la Natividad es una obra del dramaturgo y humanista soriano Hernán López de Yanguas. Yanguas es un autor relevante del primer teatro clásico español. Hoy se le considera el padre del auto sacramental en tanto género. Es más conocido por su producción dramática de contenido religioso y moral o por sus obras didácticas que por sus creaciones teatrales de contenido político. La Égloga de la Natividad pertenece al ciclo pastoril navideño, en clara dependencia del teatro de Juan de la Encina. Aquí se pone en escena un diálogo entre cuatro pastores que comentan la nueva del nacimiento de Cristo. El acontecimiento les ha sido anunciado por los ángeles, al tiempo que tañen instrumentos manifestando su júbilo y regocijo. A continuación y tras una extensa alabanza a la Virgen, acuden a adorarla y presentarle sus ofrendas, concluyendo todo con el canto de un villancico.
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Seitenzahl: 46
Veröffentlichungsjahr: 2012
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Hernán López de Yanguas
Égloga de la natividad
Barcelona 2024
Linkgua-edición.com
Título original: Égloga de la natividad.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de la colección: Michel Mallard.
ISBN CM: 978-84-9007-518-0.
ISBN tapa dura: 978-84-1126-697-0.
ISBN ebook: 978-84-9897-828-5.
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Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
Égloga de la Natividad 9
Personajes 10
Égloga 11
Segunda Égloga de la natividad 33
Personajes 34
Égloga 35
Libros a la carta 67
Hernán Lopez de Yanguas (Soria, c. 1470-1540). España.
Fue maestro y sacerdote. Se le considera el padre literario de los autos sacramentales.
Acompañamiento
Aminta, dama, hermana del rey
Aurelio, galán
Clori, dama
Criado
Dante, galán
Diana, diosa
Flora, dama
Irene, dama, infanta de Egnido
laura, dama
Lidoro, galán
Malandrín, gracioso
Música
Nise, dama
Rey de Chipre
Venus, diosa
Égloga nuevamente trovada por Hernando de Yanguas en loor de la Natividad de Nuestro Señor, en la cual se introducen cuatro pastores, cuyos nombres son Mingo Sabido, Gil Pata, Benitillo, Pero Panza; los cuales, informados de los ángeles cómo Cristo era ya nacido, vienen le [a] adorar y ofrecen sus dones, y Nuestra Señora da las gracias. Y llega Mingo Sabido tañendo una gaita y dice:
Mingo Sabido Las gaitas, guitarras, rabés repiquemos,
y las cherumbelas muy huerte tangamos,
cordojos, rencillas de nós despidamos,
y brincos, corcobos y saltos echemos.
Los hatos y migas y burras dejemos
quitemos las tristes capillas de nós,
que nuevas ay, nuevas: ¡Ques nacido Dios!
¡Gil Pata, Gil Pata! ¡Ven, ven y bailemos!
(Entra Gil Pata tañendo una guitarra y dice:)
Gil Pata De mucho gasajo que traigo comigo
no puedo tenerme, que no dé corcobos;
no temo leones, ni grifos, ni lobos,
seguro está el hato del mal enemigo.
Acá estás tú, Mingo; bien vengas, amigo,
que, ¡voto a sant Pabros y a diez verdadero!
que diz ques nascido tan claro lucero
que viene a las gentes poner en abrigo.
(Replica Mingo.)
Mingo Sabido Pues eso, Gil Pata, yo ya lo he callado,
que estando migando, encima una cumbre,
vi que salía tan clara una lumbre
que, en vella, del todo me hizo espantado.
Estaba el cielo tan pintoparado
y así relumbraron las Siete Cabrillas
que bien demostraron haber maravillas
del sancto mozuelo ques Dios encarnado.
(Aquí llega Benito tañendo un arrabé y llamando.)
Benito ¡Hao! ¿Quién está [a]cá? ¡O, Dios acreciente
tambïén aquí, regloto de mesta!
Apuesto que saben acá desta fiesta,
que muy de repasto se huelga esta gente.
¡Ha, Mingo Sabido! ¡Gil Pata, Cremente!
¿No sta [a]cá alguno de los de mi hato?
¡Ha, Urrasco Ropero! ¡Ha, Gil Garabato!
Quizá habrá Dios parte, si alguno no siente.
(Responde Gil Pata.)
Gil Pata ¿Quién llama? ¿Quién grita? ¡O, hermano Benito,
échame toste priado la mano!
Alegre semeja que vienes, hermano,
que vienes pintando con tu rabelico.
Benito Aún si supieses, Gil Pata bendito,
razón que tenemos de dar zapatetas,
¡juro a sant Cuerno! que tus agujetas
quebrases bailando, tu poco a poquito.
(Gil Pata replica.)
Gil Pata Quizás yo barrunto, tu huerte alegría
de dónde rebienta, Benito carillo;
apuesto que sabes también del chiquillo
que dicen que virgen y madre lo cría.
Ésa es la cuenta, ¡pardiós, da [a]cá vía!
Andemos con grita y placer una danza,
llamemos si viene por ay; Pero Panza,
aquel que en las bodas de mengua tañía.
(Llama Mingo a Pero Panza.)
Mingo Sabido ¡Ha, Pero Panza! ¿Por dónde rodeas?
¡Ha, zagalejo, de buen padre rico,
según Dios le hizo, de ruin y de chico!
Pardiós, Benitillo, que apenas lo veas...
¿Si anda por dicha por esas aldeas
haciendo barrunto por este muchacho?
Juro a mi vida que tarda gran cacho.
¿No vienes, Pidruelo? ¿Por dónde paseas?
(Entra Pedro Panza tañendo un tamborín y responde.)
Pedro Panza Hem[e] aquí, vengo, no grites si quies,
que, ¡voto a san Basco!, después que partí
con nuevas chapadas, carillos, que oí;
nunca más pude tener estos pies.
Acá pues, vosotros, ¿qué nuevas tenés?
Que allá, por encima de los encinares,
garzones volando pasaban a pares.
¡Qué cosas chillaron, que os encantarés!
(Prosigue.)
Yo ¡pardiez!, Benito, que tuve temor
en ver que era gente venida del cielo;
a pocas estuve que no di en el suelo,
según me metieron de grande el pavor;
mas ellos dijeron “Escucha pastor”,
y aun casi hablaron grámata o latín
y, claro te digo, dijeron al fin
puer natus est nobis, el gran Salvador.
Benito ¿Allá rebolaron también los garzones,
por cima tu hato, majada y mastines?
Pero ¡Tomá si volaron! Rezaron maitines,
tocaron sabuchas, cantaron canciones;
no ay nadi que oyera, Gil Pata, sus sones
que aunque no obiera bailado morisca,
que en medio el cellado, revuelto en ventisca,
no diera mil vueltas y mil saltejone[s].
Gil Pata Tú sabes de cierto, Domingo Sabido,
la cuenta y quillotro del son que á pasado.
Mingo Sabido Sábete hermano, por mal del pecado,
que un niño que dicen ques Dios á nascido.
Pedro Panza ¡Dichosa la madre que tal á parido!
Mas, dime [e]n qué parte nasció tanto bien.
Mingo Sabido En nuestra aldehuela, llamada Betlén,
en un pesebrejo se huelga tendido.
Gil Pata Agora yo digo que ay paz en la tierra,
y paz en el cielo y paz en el mar,
y paz en los hatos de nuestro lugar,
y paz en los valles y paz en la sierra:
las armas lucidas y cosas de guerra,
corazas, arneses, puñales y espadas,
en hoces y rejas serán ya tornadas;
