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Beschreibung

En el tomo 5 se examinan los cambios y transformaciones que se dieron durante la administración del general Cárdenas, que buscaron cimentar una modernización del país por medio de acciones concretas que se arraigaron en la cultura política y aún subsisten.

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Seitenzahl: 796

Veröffentlichungsjahr: 2019

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SECCIÓN DE OBRAS DE HISTORIA

SerieHistoria Crítica de las Modernizaciones en México

El cardenismo, 1932-1940

Historia Crítica de las Modernizaciones en México

Coordinadores generales de la serie

CLARA GARCÍA AYLUARDO, División de Historia, CIDE

IGNACIO MARVÁN LABORDE, División de Estudios Políticos, CIDE

Coordinadora administrativa PAOLA VILLERS BARRIGA, CIDE

Asistentes editoriales ANA LAURA VÁZQUEZ MARTÍNEZ, CIDE ADRIANA VÁZQUEZ MARÍN, CIDE

El cardenismo,1932-1940

CoordinadorSAMUEL LEÓN Y GONZÁLEZ

5

Primera edición, 2010Primera edición electrónica (ePub), 2018

Esta publicación forma parte de las actividades que el Gobierno Federal organiza en conmemoración del Bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del inicio de la Revolución Mexicana.

Revisión editorial: Paola Villers BarrigaDiseño de portada: Paola Álvarez Baldit

Imagen de portada: Fermín Revueltas, Jalado de rieles (1934), Colección Centro Escolar Revolución

D. R. © 2010, Centro de Investigación y Docencia EconómicasCarretera México-Toluca, 3655 (km 16.5), Lomas de Santa Fe; 01210 Ciudad de México

D. R. © 2010, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de MéxicoFrancisco I. Madero, 1, San Ángel; 01000 Ciudad de México

D. R. © 2010, Consejo Nacional para la Cultura y las ArtesAv. Paseo de la Reforma, 175, piso 14, Cuauhtémoc; 06500 Ciudad de México

D. R. © 2010, Fondo de Cultura EconómicaCarretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México

Comentarios:[email protected]. (55) 5227-4672

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc. son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicana e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-0410-1 (volumen 5, impreso)ISBN 978-607-16-0442-2 (obra completa)ISBN 978-607-16-6066-4 (volumen 5, ePub)

Hecho en México - Made in Mexico

Índice

Siglas

Cárdenas y la construcción del poder políticoSamuel León y González

Raíz y huella económicas del cardenismoMarcos T. Águila

Consolidación y límites a los derechos de los trabajadores del Estado en el régimen de Lázaro CárdenasFelipe Remolina Roqueñí y Marcos T. Águila

La reforma agraria y la cuestión campesina en el periodo cardenistaEduardo Nava Hernández

Cárdenas, el indigenistaMaría Guadalupe Farías Mackey

El nuevo presidencialismo, corporaciones y partidos políticos durante el cardenismoJavier Mac Gregor Campuzano

La política exterior del cardenismoJorge Márquez Muñoz

Las oposiciones al cardenismoMartha B. Loyo

Bibliografía

Siglas

AGN: Archivo General de la Nación.

BUAP: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Cela: Colegio de Estudios Latinoamericanos.

CIDE: Centro de Investigación y Docencia Económicas.

CIESAS: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

Colmex: El Colegio de México.

Colmich: El Colegio de Michoacán.

Conaculta: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Conacyt: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

CTM: Confederación de Trabajadores de México.

FCE: Fondo de Cultura Económica.

FCPYS: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.

IIA: Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM.

III: Instituto Indigenista Interamericano, UNAM.

IIS: Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM.

INAH: Instituto Nacional de Antropología e Historia.

INEHRM: Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Re-voluciones de México.

INI: Instituto Nacional Indigenista.

Instituto Mora: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.

IPN: Instituto Politécnico Nacional.

PNR: Partido Nacional Revolucionario.

PRI: Partido Revolucionario Institucional.

PRM: Partido de la Revolución Mexicana.

Promexa: Promotora Mexicana de Ediciones.

SDR: State Department Records (archivo diplomático de los Es-tados Unidos).

Segob: Secretaría de Gobernación.

SEP: Secretaría de Educación Pública.

SNTE: Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

SRE: Secretaría de Relaciones Exteriores.

UAEM: Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

UAM: Universidad Autónoma Metropolitana.

UAM-A: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapot-zalco.

Umich: Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo.

UNAM: Universidad Nacional Autónoma de México.

Cárdenas y la construcción del poder político*

SAMUEL LEÓN Y GONZÁLEZ**

A mis gratos compañeros de vida, Samuel, Santiago y Guadalupe

Los 200 años de nuestra Independencia y 100 de la Revolución, dieron motivo a que Ignacio Marván y Clara García Ayluardo, convocaran a un nutrido grupo de investigadores para efectuar una reflexión que ubicara históricamente las experiencias de cambio y modernización que ha vivido nuestro país, a la luz de las perspectivas actuales; es decir, en el contexto de la crisis por la que estamos atravesando. A este proyecto de los centenarios lo titularon acertadamente Historia Crítica de las Modernizaciones en México.

De todos es sabida la importancia que han tenido las sucesiones presidenciales en el país. Tal vez valga la pena empezar a reflexionar acerca del principio de la Revolución: sufragio efectivo, no reelección. Sólo mentes ingenuas podían considerar que éste fue el componente determinante para que estallara el movimiento armado; este lema o demanda contenía verdades a medias, es decir, el problema del sufragio efectivo fue postergado, no resuelto, al grado de que hasta 1946 se emitió una legislación electoral que se podía considerar como moderna. El otro aspecto que sí resultó central fue el de la no reelección, al grado que la esclerosis del antiguo régimen no sólo se expresó en el inmovilismo político de la clase dirigente, sino en el tiempo que el caudillo oaxaqueño se mantuvo en el poder. Después de la Revolución surgió de nueva cuenta el problema: para 1928 el nuevo caudillo pretendió reelegirse. Y merced a un asesinato fue como sobrevivió el principio de la no reelección en toda nuestra historia moderna.

El nuevo orden se construyó con base en la unicidad de la organización política; a nuestro sistema se le identificó de manera mecánica con estas cuatro consideraciones: el presidencialismo, la Constitución, el partido único y la organización con apoyo de las masas. Sin embargo, un análisis histórico simple nos puede revelar la gran cantidad de dificultades y dilemas que se les presentaron al conjunto de los actores encargados de la construcción del aparato y de la multiplicidad de las formas de hacer política.

El cardenismo justificó y realizó su proyecto en las denominadas demandas colectivas que se presentaron en el movimiento revolucionario. Su presente y su futuro se dieron a partir de una idea de modernización y cambio. Ese momento relevante de nuestro pasado inmediato nos permite recuperar el papel no sólo de un personaje o de un pequeño grupo, sino también de una diversidad de actores colectivos.

La experiencia nacional que podemos recuperar de esos años es el ordenamiento de las formas de hacer política y la creación de una infinidad de instituciones. Éstas no se moldearon sólo desde arriba, sino también desde abajo. Por ello, al reflexionar sobre esta etapa y su contribución a la historia política del México contemporáneo, sólo podríamos entenderla, en toda su riqueza y complejidad, como una etapa de conflictos y de cambios, y no como una historia lineal, siempre determinada a partir de la voluntad de los grupos dominantes. Precisamente la peculiaridad del periodo que pretendemos analizar es que se trató de un momento de quiebre en todos los órdenes donde se construiría un mito que dura hasta nuestros días y es el proyecto de visión nacional que se presentó en esos años. Los choques y cambios siempre fueron superados a través de la construcción de una política de alianzas y coaliciones de diversos sectores con el Estado revolucionario; ese proyecto de modernización lo iban a construir y compartir tanto el liderazgo de Cárdenas como una infinidad de grupos sociales que convergieron en la instrumentación de diversas políticas.

Cárdenas, el grupo cardenista, la organización de los burócratas, de los obreros y de los campesinos, los indígenas, los liderazgos, los movimientos de oposición al proyecto, la educación, el manejo de la economía, el enriquecimiento de nuestra política exterior, así como la creación de una multiplicidad de instituciones, son parte de los temas que abordamos en el volumen 5 de la Historia Crítica de las Modernizaciones en México. Junto con mis colegas Marcos T. Águila, María Guadalupe Farías Mackey, Felipe Remolina Roqueñí, Eduardo Nava Hernández, Javier MacGregor Campuzano, Martha Loyo y Jorge Márquez Muñoz. En este esfuerzo trataremos de explicar de qué manera durante este sexenio se experimentaron profundos cambios sociales, políticos y económicos en todos los órdenes. Fue un momento de ruptura y de modernidad, en el que se conjugaron múltiples alianzas y coaliciones de una infinidad de actores de la sociedad mexicana. Se construyó una nueva política interna, se dio un nuevo contenido a la economía, a nuestra política exterior y lo que resultó más interesante, un momento de inclusión de actores sociales que pretendieron un nuevo proyecto de país. El Estado asumiría un rol hegemónico de dirección y de gran fortaleza. Lo ocurrido después de esta administración corresponde a otros estudiosos explicarlo. Nuestra pretensión ha sido la de concentrarnos en las acciones ocurridas durante el periodo del presidente Lázaro Cárdenas del Río.

Hace décadas lo señalé y ahora lo reitero: “antes de 1934 todos fueron antecedentes y, después de 1940, consecuencias”. No es pretensión de los autores de este tomo reflexionar sobre el movimiento encabezado por Lázaro Cárdenas y verlo desde la actualidad como una utopía regresiva. El cardenismo dio respuestas inmediatas a los grandes problemas nacionales, pero es una interpretación errada la de quienes consideran que los problemas del país se originaron entonces, y no que fueron las omisiones de las posteriores administraciones las que frenaron ese proyecto de país. Ahora bien, sin duda la condición necesaria para instrumentar ese proyecto era, antes que nada, la construcción de un poder político nacional, y éste es precisamente el tema que abordaré en las páginas que siguen.

Al tema

Una de las grandes dificultades, finalizada la lucha armada, fue la dispersión de la nación. Explosión de movimientos revolucionarios en diversas regiones del país, una sociedad en armas que construyó un nuevo ejército, desaparecido ya el porfirista, el cual habría de verse como una institución altamente politizada y que, por sus escisiones, representó uno de los mayores obstáculos para la centralización política; ejemplo de ello fueron los frecuentes levantamientos armados: 1920, 1923, 1927, 1929 y 1938.

La Revolución obligó a un proceso de desmantelamiento del poder central. Ello propició el surgimiento de líderes, caudillos y nuevos caciques por todas las regiones del país. Así, el mapa de los hombres fuertes estuvo compuesto por personajes como: Rodríguez Triana y Manuel Pérez Treviño en Coahuila, Rodrigo M. Quevedo en Chihuahua, Carlos del Real en Durango, Melchor Ortega en Guanajuato, Rodolfo Elías Calles en Sonora, Matías Ramos en Zacatecas, Emilio Portes Gil en Tamaulipas, José Guadalupe Zuno en Jalisco, Adalberto Tejeda en Veracruz, Saturnino Cedillo en San Luis Potosí, Tomás Garrido Canabal en Tabasco, Abundio Gómez y Carlos Riva Palacio en el Estado de México o Lázaro Cárdenas en Michoacán.

Todos ellos adquirieron fortaleza al sobresalir por su capacidad para promover la cohesión local y el desarrollo de las organizaciones sociales regionales, que en su mayoría se expresaron en partidos políticos locales; ésta era la base de sustentación de un poder central débil. Tal escenario se fue construyendo durante toda la década de los veinte y principios de la de los treinta del siglo pasado.

Con el último informe presidencial de Plutarco Elías Calles, la Revolución arrojaba un resultado con el que debía contar el país: un régimen no delimitado, ni legalizado, de gobierno dual, de Ejecutivo de dos cabezas, como lo señalará José Manuel Puig Casauranc. De un lado, un poder formal encabezado por el presidente de la República y, de otro, un poder real dirigido por el jefe máximo de la Revolución, el general Calles. El bicefalismo empezó el 1º de diciembre de 1928.

Aquí surge una interrogante importante: ¿cómo inicia el general Cárdenas su carrera de ascenso y fortalecimiento personal?

La carrera militar

Lázaro Cárdenas del Río nació el 21 de mayo de 1895 en Jiquilpan de Juárez, Michoacán. Muchos de sus biógrafos nos relatan que en 1909 ingresó a trabajar en la Oficina de Rentas y empezó a perfeccionar su hermosa caligrafía “izquierdilla” que usará por el resto de su vida. Posteriormente se incorporó como aprendiz en la imprenta La Económica. Cabe recordar que en junio de 1913 la Revolución entra en Jiquilpan. Pedro Lemus, un lugarteniente del jefe revolucionario en ese estado, general José Rentería Luviano, ocupa la ciudad y encarga a la imprenta La Económica la publicación de un manifiesto, del cual sólo tenemos registro que llevaba el título de “Mexicanos”, firmado por el propio general Rentería y que requerían la edición de 5 000 ejemplares en un solo día, en ello participa el joven Lázaro. Días más tarde una columna de rurales repelen a Lemus y recuperan Jiquilpan. Los huertistas acuden a la imprenta, confiscan los impresos y queman el archivo. Este hecho llevó a doña Felicitas, madre de Lázaro, a sugerirle refugiarse en la hacienda de la Concha en Apatzingán, donde su tío materno, José María del Río, era el administrador. Sin embargo, percibió los impulsos de su hijo y le señaló: “no vas con José María, sé que te vas a la Revolución”, y así ocurrió el 3 de julio de 1913.

En julio de 1913, por su experiencia como impresor, oficinista y escribiente se logró incorporar al estado mayor del general Guillermo García Aragón como encargado de la correspondencia. Así inicia su carrera militar. En julio de 1914 asciende a capitán primero por méritos en campaña; participó en la gran batalla de Orendáin, Jalisco, librada por Álvaro Obregón. El 11 de septiembre asciende a mayor. El 14 de enero de 1915 obtiene el grado de teniente coronel y en octubre del mismo año, el de coronel. En este año participó en los combates de Agua Prieta, Sonora, y en la toma de la plaza de Nogales. El 17 de noviembre ingresa a la Columna Expedicionaria de Sonora.

En 1917 combate a Villa en Durango y en Nieves derrota a Martín López. De 1915 a 1920 interviene en los combates de las huastecas en contra de Manuel Peláez Gorrotechegui, Lárraga y Gorozave, mercenarios de las compañías petroleras, y en 1920 secunda el Plan de Agua Prieta. Ya en mayo había obtenido el grado de general brigadier.

Para junio de 1920 va a ocurrir un hecho muy relevante en la carrera política y militar del general Cárdenas: se le nombra jefe de Operaciones Militares de Michoacán. Resulta que esta figura, la de jefe de operaciones, era de vital importancia para el centro, ya que en estos jefes y en su desempeño recaía el equilibrio o la posibilidad de debilitar el poder de los gobernadores. Paralelamente a su desempeño militar, el general Cárdenas ocupa el cargo de gobernador sustituto, en cuya calidad emite una ley de salarios mínimos para el estado. Por otra parte, encarrila como gobernador a su maestro y amigo Francisco J. Múgica. A fines de ese año se va a Sonora como Jefe de la Primera Brigada.

En 1921 es nombrado jefe de Operaciones Militares en el Istmo de Tehuantepec. Su carrera sigue en ascenso. En 1922 regresa a su estado natal y se enfrenta a una situación muy complicada: su amigo el gobernador Múgica había entrado en conflicto directo con el centro debido a su radicalismo con el reparto agrario, por su anticlericalismo y por la aplicación de una ley del trabajo considerada muy avanzada para su época. En 1923, como Jefe Militar en Michoacán, recibe instrucciones para custodiar a Múgica en su traslado a la Ciudad de México y en el trayecto le es entregado un telegrama del general Álvaro Obregón que decía: “Suyo de hoy enterado que el Gral. Francisco J. Múgica fue muerto al pretender ser liberado por sus captores”. Cárdenas no se dio por enterado y propició el escape de su amigo.

A finales de 1923 estalló la rebelión de Adolfo de la Huerta; Cárdenas resulta gravemente herido en Tamazula, Jalisco, donde es atendido por el doctor zacatecano Rafael Estrada, y de ahí se traslada a Nayarit. En 1925 asciende a general de brigada y es nombrado Jefe de Operaciones en las Huastecas y en el Istmo. En 1927 ocupa el cargo de gobernador interino de Michoacán y fue requerido para controlar las rebeliones en las Huastecas; posteriormente, en 1929, participa en el combate en contra de otra asonada militar, esta vez encabezada por José Gonzalo Escobar, con su llamado “movimiento renovador”; en esa participación acumula los méritos suficientes para llegar a la cúspide de su carrera militar; el 11 de mayo de 1931 es promovido al grado de general de división.

Varias son las consideraciones que podríamos formular en relación con la carrera militar del general Cárdenas. Por un lado, destaca su percepción de una realidad donde imperaba la incertidumbre, opta por incorporarse a la Revolución, tiene una gran claridad al concentrar su participación en la principal institución política de esa época, el ejército. Esa carrera es la que le permite tener un amplio conocimiento de la situación del país, debido a su presencia en diversas regiones, y la que le va a permitir efectuar una lectura política de diversos estados de la República. Vale la pena recordar de nueva cuenta que el papel de los jefes militares en las regiones era determinante para la incipiente fuerza del centro; estos personajes eran los cónsules de la Revolución. Destaca la forma en que el general Cárdenas logra fortalecer su relación con el que sería el hombre fuerte del país, el general Calles. Justo ha sido el señalamiento, que corrobora una gran cantidad de biógrafos del dirigente michoacano, en el sentido de que dos de sus maestros marcaron su vida: en política, Plutarco Elías Calles, y en cuanto a su ideología y proyecto de nación, que provenía de la Constitución de 1917, Francisco J. Múgica. Por último, Lázaro Cárdenas logra construir su perfil de hombre fuerte en su estado natal, Michoacán.

La región

Sin duda las instituciones coloniales estuvieron muy arraigadas en un enclave económico relevante para la metrópoli; tanto su riqueza minera como su abundante mano de obra fueron elementos centrales para el establecimiento de una sociedad tradicional y conservadora. Sin embargo, la propia ubicación geográfica del estado de Michoacán lo conformó como un lugar de tránsito entre el norte y el centro del país. No sería exagerado afirmar que la destacada intervención de varios michoacanos en el movimiento revolucionario se debió a esa circunstancia geográfica.

Michoacán fue una de las entidades en donde los grupos vinculados al centro porfirista quedaron sumamente debilitados; ahí la construcción del poder local fue lento; políticos frágiles, como el general Gertrudis Sánchez, José I. Prieto, el general Alfredo Elizondo y el ingeniero Pascual Ortiz Rubio fueron los que ocuparon sucesivamente la gubernatura del estado. Michoacán no fue cuna de ninguno de los ejércitos revolucionarios, ni tampoco aportó contingentes significativos a las distintas fuerzas en disputa, más bien fue una zona de alta participación contrarrevolucionaria, como lo indican los casos de José Inés Chávez García o Jesús Cíntora y José Altamirano, que operaron en todo el estado y no representaron más que la expresión de un creciente bandolerismo. En este escenario cobra importancia la forma en que Lázaro Cárdenas se incorpora a la Revolución y su permanente presencia en el estado, como Jefe de Operaciones Militares y sus interinatos como gobernador.

Va a ser en 1927 cuando el general Cárdenas acepta su postulación como gobernador de su estado natal, por un periodo de cuatro años, de 1928 a 1932. En un principio su fortaleza provenía de su participación en el movimiento revolucionario y su vinculación cada vez más estrecha con el general Plutarco Elías Calles. Pero aquí debemos insistir en la gran influencia de Francisco J. Múgica, ya que de esta relación se derivó toda una posición ideológica. Cárdenas se involucraba y tenía empatía con respecto al contenido social y liberal de la Constitución de 1917.

Cárdenas inicia lo que iba a ser su laboratorio con la preparación de una campaña basada en una intensa gira como candidato en la que recorrerá todo el estado; don Raúl Castellano me dijo que el lema que planteó en todo su recorrido fue el de “subordinar el interés personal al bien colectivo”.

El 15 de septiembre de 1928 asume el cargo de gobernador. Con claridad meridiana, su proyecto y programa de gobierno se concentraron en cuatro aspectos fundamentales, a saber: la aplicación y fomento del reparto agrario, la promoción de la organización social, el establecimiento de un sistema educativo al que toda la población tuviese acceso y la construcción de obras materiales.

El flamante gobernador ya no requería de la presencia de un jefe militar debido a que él mismo representaba al centro y, a la vez, construía su poder local con sus bases sociales de apoyo. Será en enero de 1929 cuando, en la ciudad de Pátzcuaro, se logra fundar el brazo político local del general Cárdenas: la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo; fue su primer secretario general el profesor Adalberto Coria Cano. En realidad, esta organización tendría las funciones de un partido político local; lo mismo ocurrió en el resto de los estados de la República; puede mencionarse los casos de Portes Gil y el Partido Socialista Fronterizo, Adalberto Tejeda y su Liga Campesina o de Tomás Garrido Canabal y su Partido Socialista Tabasqueño, entre otros.

Organizaciones sociales de masas o partidos políticos regionales se imponían en todos los estados de la República; en ningún caso se conformó una organización paralela, competitiva; se trataba de partidos únicos. Así, la región influiría y determinaría al centro. La idea de conformar un partido político que aglutinara a los revolucionarios de entonces tenía su fundamento en experiencias regionales. Si consideramos 1917 como el año en que finaliza la Revolución, tenemos que ésta tardó 12 años en construir su organización política nacional; es decir que fue en el Partido Nacional Revolucionario (PNR) donde confluyeron todas las organizaciones políticas regionales.

Los resultados que arrojaba la experiencia michoacana eran reveladores; en sus cuatro años de gobierno el general Cárdenas logró, entre otras cosas, dotar de tierras a 181 pueblos en beneficio de 141 663 ejidatarios. Promulgó leyes que amparaban el derecho de los trabajadores del campo a cultivar tierras ociosas o sin explotar por parte de sus propietarios. Fortaleció la escuela única; fundó las escuelas técnico-industriales con el objetivo de vincular la educación con la esfera productiva. Por último, creó el Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas con la intención de darle una mayor racionalidad a la instrumentación de sus políticas. Todos esos cambios fueron posibles con el apoyo de la Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo. En septiembre de 1932 el general Cárdenas concluyó su periodo como gobernador.

Si bien fortalecía su poder a nivel local, nunca descuidó su relación con el centro.

El centro

Fue práctica común en esos años que los gobernadores en funciones pudieran ocupar cargos paralelos determinados por el propio centro. Así, del 15 de octubre de 1930 al 28 de agosto de 1931 el general Cárdenas desempeñó el cargo de presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PNR. Del 28 de agosto al 14 de octubre de 1931 fungió como secretario de Gobernación. Terminó sus funciones de gobernador y el 1º de noviembre de 1932 asumió la Jefatura Militar de Puebla y el 2 de enero de 1933 ocupó el cargo de secretario de Guerra y Marina.

La milicia, la región y el centro son tres pilares que explican la fuerza que había adquirido nuestro personaje, pero falta otro:

El mediador

Para 1931 se habían hecho explícitas las pretensiones políticas del general coahuilense Manuel Pérez Treviño de obtener la candidatura del PNR a la presidencia de la República.

A principios de octubre crecieron las presiones para que el presidente Pascual Ortiz Rubio renunciara. El día 1º el general Cárdenas se entrevistó con el general Calles, quien le informó que Pérez Treviño renunciaría a la presidencia del CEN del PNR por no estar de acuerdo con la política del señor presidente.

Al día siguiente, en su casa de las Lomas de Chapultepec y en presencia del general Saturnino Cedillo, del senador Gonzalo N. Santos y del general Cárdenas, Manuel Pérez Treviño confirmó las versiones de que un amplio número de políticos pretendía crearle una crisis al presidente y al secretario de Guerra y Marina, el general Joaquín Amaro.

En ese ambiente el general Amaro mantenía una actitud inflexible al grado de presionar al presidente Pascual Ortiz Rubio para que adoptara actitudes enérgicas en contra de sus opositores y del propio general Calles.

Gracias a los buenos oficios del general Cárdenas se llegó a una suerte de arreglo. Nuestro personaje pudo reunir en la casa del general Amaro al general Juan Andreu Almazán, Estrada, Montes de Oca, Aarón Sáenz y al doctor Cerizola, subsecretario de Educación en ausencia de José Manuel Puig Casauranc. Ahí Cárdenas propuso la renuncia de todos los generales que formaban parte del gabinete de Ortiz Rubio para evitar un levantamiento, así como que fuera el propio Jefe Máximo de la Revolución, el general Plutarco Elías Calles, quien ocupara el cargo de secretario de Guerra y Marina.

A esta propuesta accedió el presidente Ortiz Rubio. Dejaron el gabinete: Cedillo de Agricultura, Amaro de Guerra y Marina, Almazán de Comunicaciones y el propio Cárdenas de Gobernación. Superado ese riesgo de confrontación, el general Cárdenas escribió: “el causante de esta crisis fue el Gral. Pérez Treviño, la víctima, el Gral. Amaro”.

Ésa fue una salida política para evitar otro brote de violencia; a fin de cuentas todo concluyó con la renuncia del presidente Ortiz Rubio. El general Abelardo Rodríguez asumió la presidencia de la República para concluir el periodo de la administración en 1934. Sin embargo, el aparato seguía operando con un Ejecutivo de dos cabezas.

Los hombres del general

Si algún interés o preocupación especial tuvo el general Cárdenas fue la cuestión agraria; ahí radicaba una de las principales causas de la desigualdad social, del pasado y del presente, según su lectura. Para él tenía prioridad la distribución de la tierra y la sustentación al respecto se encontraba en el proyecto de nación plasmado en la Constitución de 1917.

Por supuesto que en cuanto al tema agrario los revolucionarios de entonces tenían percepciones diferentes, las cuales no vamos a abordar aquí; sin embargo, vale la pena destacar que en la construcción de los poderes políticos locales los campesinos fueron un actor sumamente relevante y que su participación dependía del reparto de las tierras. Muchos fueron los políticos locales que le dieron importancia a lo anterior, y precisamente fue con esos caudillos con los que el general Cárdenas mantuvo una estrecha vinculación; aquí podríamos recordar sus relaciones con varios gobernadores y hombres fuertes en diferentes regiones, como Agustín Chico Arroyo en Guanajuato, Saturnino Cedillo en San Luis Potosí, Emilio Portes Gil en Tamaulipas, Saturnino Osornio en Querétaro o Bartolomé Vargas Lugo en Hidalgo. Ésta fue, a la postre, una red de intereses comunes de gran utilidad para los fines del caudillo michoacano. En el otro extremo se veía un bloque opuesto radicalmente a la distribución de tierras, el cual no sólo no compartía la visión de que se instrumentara el reparto agrario, sino tampoco la de que se implantara el ejido. En este polo brillaba el general Pérez Treviño.

Por otro lado, debemos resaltar que los primeros que trataron de construir organizaciones políticas con tintes nacionales, en el sentido geográfico, no fueron los dirigentes políticos, ni el propio general Calles con el PNR, sino los trabajadores y los campesinos. En 1923 se va a organizar la Liga de Comunidades Agrarias en el estado de Veracruz, cuyo objetivo era darle cauce al reparto agrario y, a la vez, se estructuró como una organización política local que se convirtió en el brazo político del coronel Adalberto Tejeda. Con el nacimiento de esta organización empezaron a surgir ligas campesinas en otros estados de la República. El 31 de mayo de 1933, en San Luis Potosí, dirigentes campesinos y hombres fuertes de las regiones, como Saturnino Cedillo, Gonzalo N. Santos, Marte R. Gómez y Emilio Portes Gil, entre otros, fundaron la Confederación Campesina Mexicana (CCM), la organización campesina más fuerte y representativa del país, pues tenía presencia en 24 estados de la República. Este hecho es importante porque fue precisamente ahí donde un dirigente vinculado a lo que podríamos llamar ya la corriente cardenista, el profesor Graciano Sánchez, va a quedar al frente de la CCM como secretario general. Aquí sólo vale la pena mencionar que con ese carácter de secretario general Graciano Sánchez participó en la segunda convención del PNR.

Los cardenistas empezaban a hacerse presentes. Valga mencionar a algunos de los más importantes, como Ignacio García Téllez, Heriberto Jara, Francisco J. Múgica, Raúl Castellano, Agustín Leñero, Silvano Barba González y Gabino Vázquez. De lealtades militares, generales como Miguel Henríquez Guzmán, Vicente González Fernández, Francisco Martínez, Arturo Bernal o el coronel Manuel Núñez, y posteriormente, Andrés Figueroa y Manuel Ávila Camacho.

En este círculo se inició la precampaña a la presidencia de la República; la táctica seguida, según nos relataba don Raúl Castellano, fue la de establecer y fortalecer la candidatura del general Cárdenas a nivel nacional mediante la formación de cuadros leales, y a la vez tender puentes con las organizaciones regionales. El operador político de Cárdenas fue el licenciado Ignacio García Téllez. En ningún momento se tuvo la pretensión de ocupar la Secretaría de Organización del PNR, abocada a esas tareas, sino que se procedió a formar una organización autónoma y, para ello, se creó el Centro Director Cardenista. Su director, don Ignacio, logró una amplia penetración entre los grupos regionales, pretendiendo que la candidatura fuera nacional y no dependiera del poder de los hombres fuertes locales.

Don Raúl Castellano y algunos amigos fundaron el periódico La Nación, que se repartía gratuitamente, y en él se hacían comentarios favorables a las políticas que instrumentaría Lázaro Cárdenas en caso de lograr primero la candidatura y, después, la presidencia. Se logró elaborar un padrón de partidos políticos y Comités Centrales pro Cárdenas en cada zona. También fue tarea la promoción de la precandidatura en los periódicos de provincia.

El destape

El 3 de mayo de 1933, Lázaro Cárdenas envía una carta al hombre fuerte del país, Plutarco Elías Calles, a través del licenciado Antonio Villalobos. Calles se encontraba en la finca El Sauzal en Ensenada, Baja California, propiedad del general Abelardo Rodríguez; en el comunicado, el michoacano le señalaba que el propio Villalobos le haría una consulta, ya que se le “… informaría de un caso de carácter político, que se me presenta y sobre el que no podré resolver si antes no conozco su opinión”. Es de suponer, ya que no encontré ningún documento que contuviera la respuesta del general Calles a la carta, que Cárdenas había obtenido la venia de Calles para que el 15 de mayo, a las 12:00 hrs., el michoacano presentara su renuncia como secretario de Guerra y Marina; renuncia que justificó “… en vista de que se ha iniciado en distintos sectores del país un movimiento muy sensible de opinión tratando de exaltarme a la categoría de presunto candidato para la Presidencia de la República”.

Debido tanto al trabajo político de los cardenistas —los apoyos regionales de caudillos y organizaciones de masas— como al propio general Calles, el jueves 8 de junio aparece publicada la renuncia de Manuel Pérez Treviño a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PNR, en el periódico El Nacional, reconociendo su derrota al señalar que “por la precandidatura del C. Gral. Lázaro Cárdenas se ha decidido ya una mayoría visible en los contingentes del partido”.

Rumbo a la segunda convención nacional del pnr

A partir de junio, el general Cárdenas incrementa sus recorridos por el país, durante los cuales percibe sus grandes problemas y sus demandas, buscando interlocución con organizaciones, liderazgos y con algunos hombres fuertes de las regiones. Mencionaré, por ejemplo, la larga entrevista que sostuvo con el coronel Adalberto Tejeda para tratar de convencerlo de que apoyara su candidatura dentro del PNR. Independientemente de los lazos de amistad y sus coincidencias en cuanto al proyecto agrario, el líder veracruzano fue muy claro: distanciarse del PNR y mantener su candidatura independiente a la presidencia de la República, debido a que muchos políticos, como era el caso de Manuel Pérez Treviño, José Manuel Puig Casauranc, Luis L. León, Melchor Ortega, Riva Palacio y demás socios, sólo pretenderían apoderarse de la Asamblea de la Convención del PNR para imponer un plan de gobierno claudicante respecto de los principios de la Revolución. Según el coronel Tejeda, él tendría que mantener esa actitud de independencia para no perder la estimación de los grupos radicales que encabezaba.

Precisamente, en 1933 aparece una apología de Amado Chavarri Matamoros sobre el Jefe Máximo, titulada El verdadero Calles. Jefe de la Revolución Mexicana y hoy por hoy el hombre fuerte del continente por antonomasia. En una parte de este trabajo apreciamos que todos los revolucionarios de entonces se vieron comprometidos a dar su opinión sobre el general Calles. No deja de ser interesante la de Tejeda, quien inicia diciendo que, por el exceso de correspondencia que despachar, no había dado la respuesta que se le solicitaba, pero luego añade:

siento manifestarles que mi modestísima actuación no me pone en condiciones de merecer figurar en el libro que se proponen editar sobre las maravillas del macrocosmos en el universo de nuestra política, frente al cual me conformo por el momento con el modesto papel de observador, usando para ello mis escasos conocimientos astronómicos, esperando atento los fenómenos que han de nutrir nuestra experiencia, afirmándonos en nuestras condiciones de racionalidad por medio del análisis de los mismos.

Y concluye señalando: “mucho desearía que esta negativa tan justificada, no cause a Ustedes desagrado y si así fuera, les ruego aceptar mis excusas”.

Este testimonio resulta revelador del grado de tensión que algunos revolucionarios mantenían ya con respecto al general Calles. Tejeda había transitado a la oposición e independientemente del respeto que le observaba a Cárdenas se distanciaba no sólo de Calles, sino del propio PNR.

Definida la fecha y el lugar para llevar a cabo la Segunda Convención Nacional Ordinaria del PNR, del 3 al 6 de diciembre de 1933 en la ciudad de Querétaro, se procedió a integrar una agenda que podríamos sintetizar en tres grandes rubros: la reorganización del PNR, la discusión y elaboración de un plan de gobierno de seis años y la postulación de su candidato a la presidencia.

Instalada la Convención, con respecto a la reorganización del organismo se llegó a los siguientes acuerdos: modificar los estatutos y la estructura del Partido, al declararse la disolución de los partidos y agrupaciones regionales que habían sido parte de él; definir nuevas funciones y crear nuevas organizaciones con dos propósitos: lograr una mayor centralización y ampliar e incluir una mayor representatividad. Se aceptó una nueva composición del Comité Directivo Nacional. Al Comité Ejecutivo Nacional se le incluyeron los bloques parlamentarios. Se crearon las secretarías de Acción Política, de Acción Educativa, la Deportiva y la de Salubridad, y se le asignaron nuevas funciones a la Secretaría de Organización.

En cuanto a la elaboración de un plan de gobierno y debido a la práctica de la no reelección, desde 1928 Obregón había argumentado que su administración de cuatro años (1920-1924) había sido breve y debido a que hubo de enfrentar la gran rebelión militar de 1923, no había podido obtener resultados y avances con respecto a las demandas que originaron el movimiento revolucionario. Independientemente de la ampliación del periodo presidencial de cuatro a seis años, el país entró en una larga etapa de inestabilidad política generada por el asesinato del general Obregón. Los dos años de interinato del primer presidente civil, el licenciado Emilio Portes Gil, obedecieron a la necesidad de convocar a elecciones para un periodo de cuatro años. En dichas elecciones resultó triunfador un débil político michoacano, el ingeniero Pascual Ortiz Rubio, quien sólo duró dos años en funciones. El general Abelardo Rodríguez fue el encargado de concluir la administración del cuatrienio en 1934. La debilidad del presidencialismo mexicano se explicaba claramente por la fuerza política del Jefe Máximo.

En relación con el plan de gobierno, al cual se le bautizó con el nombre de Plan Sexenal, se discutieron y consideraron, entre otros, los siguientes aspectos: activar la agricultura y reorganizar y promover el campo; resolver el problema del trabajo y de las relaciones laborales, que ya tenían un marco regulatorio con la Ley Federal del Trabajo emitida en 1931; reorganizar la economía nacional; reactivar las comunicaciones y las obras públicas, amén de los proyectos educativo, de salubridad, de gobernación, del ejército, de relaciones exteriores y de obras para las comunidades. Los debates sobre cada uno de los rubros se vieron muy encontrados, principalmente los referentes al reparto agrario y la educación.

Respecto al Plan Sexenal podríamos señalar que, si uno de los gobiernos posrevolucionarios iba a formular un programa social acompañado de diversas reformas, ése fue el del general Cárdenas.

El último gran tema sería el de la postulación del candidato a la presidencia de la República. Cárdenas llegó a la Convención provisto de todos los amarres. Avalado por su carrera militar, por su fuerza en Michoacán, por su relación con el centro, por la infinidad de cargos públicos que había desempeñado, por su liderazgo entre los hombres fuertes de los diversos estados de la República, por haber obtenido el apoyo del general Calles y, fundamentalmente, por haber logrado el control de la Confederación Campesina Mexicana y haber impuesto en su dirección a un dirigente agrario que actuaba ya como un cardenista. Esta corriente se había asentado con la formación del Grupo Director pro Cárdenas.

La candidatura del PNR era clara: Lázaro Cárdenas del Río.

La campaña

Pensar en temas de historia nos remite necesariamente a tres consideraciones fundamentales: el tiempo, o sea, la duración del hecho que vamos a analizar, asociado con el espacio y con los actores que podríamos elegir. Este periodo nos remite a un dato en el que es necesario que un lector contemporáneo reflexione: se trataba de un país predominantemente agrario y con una población que apenas llegaba a los 17 millones de habitantes, aproximadamente.

Lo anterior es importante para comprender por qué siempre se ha destacado la campaña del general Cárdenas como la más intensa ya que recorrió todo el territorio y se mantuvo en contacto con la mayoría de los grupos sociales. En seis meses, de enero a junio, recorrió 27 611 kilómetros por todos los medios: 11 827 en avión, 7 294 en ferrocarril, 7 280 en automóvil, 735 en barco o barcas y 475 a caballo, aunque nos faltaría considerar sus recorridos a pie, los que fueron posibles gracias a los hábitos del general. Como me lo platicaba don Raúl Castellano y después lo corroboré con varios actores políticos de la época, Cárdenas dormía poco y antes de ir a descansar se recluía a escribir. Acostumbraba llevar una libreta consigo en la que apuntaba durante sus recorridos datos generales y, por las noches, ya con lujo de detalle, lo ocurrido cada día. Para saber de ello es fundamental el obsequio que el general nos dejó: tener acceso a esas notas. La revisión y publicación de ese diario se lo debemos a nuestra Universidad y al maestro Gastón García Cantú.

Vale la pena detenerse en el testimonio de don Miguel Ángel Velasco relativo a la campaña del general Cárdenas. En ese tiempo Velasco dirigió dos importantes huelgas en el estado de Michoacán, las de los peones de las haciendas de Lombardía y Nueva Italia, en las que los trabajadores habían logrado la victoria, pero a un alto precio, pues cuatro de ellos fueron abatidos a tiros por las guardias blancas que trataron de romper el paro. El general Cárdenas, que entonces recorría el país ya como candidato a la presidencia, condenó este crimen en un telegrama que dirigió a los hacendados. Y tal vez desde entonces, según Velasco, concibió o reafirmó su propósito de expropiar esas haciendas con todo y maquinaria, instalaciones hidráulicas y ganado para entregarlas a sus peones.

Quien se interese en el tema podrá consultar una excelente publicación que se tituló La reseña gráfica de la campaña del C. Gral. de División Lázaro Cárdenas, patrocinada por las principales empresas del país de aquellos años. Ahí se presenta una serie de detalladas descripciones de sus visitas como candidato a cada estado de la República.

Podríamos dejar al propio Cárdenas sintetizar su lectura de los principales problemas del país, los cuales había detectado durante su campaña a la presidencia, estado por estado, pero por cuestiones de espacio remitimos al lector a los Apuntes editados por la UNAM.

Si queremos encontrar una coherencia entre el Plan Sexenal de gobierno aprobado en la Convención del PNR de 1933 y la campaña presidencial, esa coherencia se nos muestra en las notas del general Cárdenas. Se trata de cinco temas fundamentales en el México de aquel entonces. El primero, referido a los requerimientos de infraestructura en materia de comunicaciones. En segundo lugar, la cuestión de las tan necesarias obras hidráulicas y el esbozo de los temas agrario, laboral y educativo.

Los contendientes

Siendo presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PNR, el general Cárdenas sostuvo una polémica con el licenciado Luis Cabrera, uno de los principales ideólogos del carrancismo y que, como periodista, usó los seudónimos de Juan Tenorio y Blas Urrea. En su alegato Cárdenas hizo una reflexión que nos parece fundamental para entender la política del México posrevolucionario: invitaba a los grupos conservadores o a aquellos que eran francamente reaccionarios, según él, a organizarse políticamente y medir sus fuerzas, a todo lo largo de la vida nacional y competir con la organización política de la Revolución, el PNR.

El señalamiento es importante porque, una vez que finalizó la lucha armada, un nuevo orden político inició su construcción a nivel regional, con organizaciones o partidos políticos únicos, los que vendrían a ser la parte sustantiva para crear un partido político en todo el territorio, 12 años después de haberse promulgado la Constitución de 1917. A esa organización política no la acompañaron contrapesos organizativos, pues entrábamos a una etapa de la historia caracterizada por una suerte de linealidad política. Sin embargo, para las elecciones de 1934 hubo algunos contendientes.

Tres fueron los candidatos opositores al PNR. Destacamos primero la limitada participación del general Antonio I. Villarreal. Oriundo del estado de Nuevo León, se había destacado inicialmente como un político radical, anarquista, desde su participación en 1906 como secretario del Comité Organizador del Partido Liberal Mexicano en San Luis, Missouri. Desde 1910 se adhirió a la Revolución y en 1913 fue uno de los activos participantes en la reapertura de la Casa del Obrero Mundial, clausurada por Victoriano Huerta en 1913. Presidió la Soberana Convención Revolucionaria en 1914 y, posteriormente, se hizo carrancista. Fue designado gobernador de su estado y más tarde se desempeñó como secretario de Agricultura durante los gobiernos de Adolfo de la Huerta y Álvaro Obregón. A partir de 1923 se inician sus desaciertos, ya que se suma a la sublevación delahuertista, en 1927 apoyó a Francisco Serrano y después, en 1929, se unió a la rebelión escobarista. Logró crear una organización llamada Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, que lo postuló como candidato a la presidencia para la elección de julio de 1934, pero su campaña fue marginal.

El segundo contendiente fue el ingeniero y coronel Adalberto Tejeda, quien se había incorporado a la Revolución en 1913. Independientemente de sus cargos militares, fue diputado, senador y gobernador de su estado natal, Veracruz, de 1920 a 1924. Secretario de Estado durante la administración del general Calles, en Comunicaciones y Obras Públicas y en Gobernación. Mantuvo fuertes lazos con el campesinado y siempre sostuvo una posición radical con respecto al reparto agrario. Sin duda fue gracias a él que se logró la creación de la Liga de Comunidades Agrarias. Repitiendo como gobernador, de 1928 a 1932, contó con una amplia base social de apoyo entre el movimiento campesino. Se opuso a la creación del PNR y mantuvo un distanciamiento permanente con el general Plutarco Elías Calles. Fue a través de una coalición de partidos de izquierda como lanzó su candidatura a la presidencia de la República en 1933-1934.

La tercera candidatura fue la que presentó el Partido Comunista de México (PCM), que venía de un periodo de clandestinidad desde 1929. Su secretario general, Hernán Laborde, originario de Veracruz y que en los años veinte había ingresado al PCM, se destacó como un organizador obrero. Por su origen, organizó a los trabajadores ferrocarrileros del Sur-Pacífico en la Confederación de Transportes y Comunicaciones, antecedente de lo que vendría a ser el primer sindicato nacional de industria, el Sindicato Nacional de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana. Promovió y dirigió la célebre huelga de este gremio durante 1926-1927. En 1929 sustituyó a Rafael Carrillo Azpeitia en la Secretaría General del Partido Comunista. Independientemente de que esta organización se mantuvo clandestina hasta 1935, su apuesta fue por contender en este proceso electoral y, como era de suponerse, su participación fue simbólica.

La jornada electoral se llevó a cabo el 1º de julio de 1934. Ese día, en la ciudad de Durango, Cárdenas depositó su voto para presidente de la República a favor de Tomás Garrido Canabal, gobernador de Tabasco. Se trató de una jornada pacífica, sin incidentes y con una alta participación.

Es pertinente presentar los resultados electorales de este proceso:

Independientemente del apabullante triunfo del general Cárdenas, es interesante destacar que en algunos estados de la República los contendientes no obtuvieron un solo voto. La maquinaria política que se estructuró a nivel nacional no tenía contrapesos. La propia derecha se encontraba ausente en el escenario político que hemos descrito; se iniciaba así el largo recorrido de una linealidad política.

Fue hasta el 12 de septiembre de 1934, a las nueve de la mañana, después de terminadas las labores de las juntas encargadas del conteo electoral, cuando se elaboró la declaratoria donde se señalaba lo siguiente: “es Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos para el periodo comprendido entre el primero de diciembre de 1934 y el treinta de noviembre de 1940, el señor General de División Lázaro Cárdenas”.

La Comisión presidida por el presidente de la Cámara de Diputados, erigida en Colegio Electoral, recibió dos memoriales, uno suscrito por el Comité Local del Partido Nacional Antirreeleccionista de Ciudad Madero, Tamaulipas, y otro por el Partido Socialista de Izquierdas, en donde hacían diversas consideraciones sobre la validez de las elecciones presidenciales, y concluían con una solicitud de nulidad de las mismas porque, en su concepto, se habían cometido violaciones a la Ley Electoral. Debido a que no se acompañaron de pruebas que justificaran sus apreciaciones, la Gran Comisión no consideró pertinente tomar dichos memoriales en cuenta.

Por lo anterior, la Comisión tuvo el encargo de poner a consideración de la Cámara de Diputados el siguiente decreto:

Art. 1º.- Son válidas las elecciones de Presidente de la República celebradas el 1º de julio del presente año.

Art. 2º.- Es Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, para el periodo que comienza el 1º de diciembre de 1934 y termina el 30 de noviembre de 1940, el C. Lázaro Cárdenas.

Art. 3º.- El C. Presidente Electo, de conformidad con lo dispuesto en el Art. 83 Constitucional, se presentará ante el Congreso de la Unión a otorgar protesta de Ley el 1º diciembre del corriente año.

SALA DE COMISIONES DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS DEL H. CONGRESO DE LA UNIÓN. México, D. F., a 12 de septiembre de 1934. El Presidente, Dip. Neguib Simón. El Secretario Francisco López.

No fue sino hasta el 25 de noviembre de 1934, y por bando solemne promulgado en toda la República, que se hizo la proclamación del nuevo presidente de los Estados Unidos Mexicanos, el C. general Lázaro Cárdenas, para el periodo 1934-1940.

La protesta del general Cárdenas como presidente de la República no se llevó a cabo en el recinto de la Cámara de Diputados, sino en el Estadio Nacional en la colonia Roma, ante 30 000 espectadores.

De la presidencia débil al Ejecutivo fuerte

El reto más importante al que tendría que enfrentarse Cárdenas y una multiplicidad de actores, era el de superar el grave problema del país: su dispersión. México debería ser un país organizado y para ello se requería de darle contenido a un principio de los movimientos armados, esto es, las revoluciones sirven para concentrar y centralizar el poder o no sirven para nada. El reto para los dirigentes revolucionarios y para los grupos sociales mayoritarios era construir un poder político nacional, en el sentido de una integridad territorial con participación social, para darle viabilidad al proyecto revolucionario, o sea, la realización de las grandes demandas que dieron origen al movimiento. Fueron los años de la construcción de un régimen que tardaría en integrar la gran pluralidad de actores sociales extremadamente heterogéneos que habían hecho su revolución. Fue precisamente durante los años de la administración cardenista que los grupos sociales mayoritarios convergieron con las visiones que tenía el gupo en el poder y, además fueron más allá al brindarle contenidos de mayor profundidad a las ideas originales del proyecto de Cárdenas.

Se trataba de construir una hegemonía política, no de imponerla. Y se construyó a través de acuerdos, alianzas y coaliciones que progresivamente le abrieron a esa sociedad una perspectiva nacional. Se trataba, entonces, de superar los grandes obstáculos, como fueron las sublevaciones armadas y los poderes políticos locales, para construir un poder político nacional; en ese proceso se dio la confluencia de un dirigente, de su grupo y de las clases y capas sociales.

Finalizada su campaña, Cárdenas contaba ya con una lectura compendiada y jerarquizada de lo que él consideraba los grandes problemas del país: por un lado, la histórica escasez de agua y la necesidad de poner en marcha grandes obras hidráulicas así como la construcción de caminos debido a nuestra accidentada geografía que hacía inaccesibles las relaciones de región a región. Esos requerimientos fueron registrados por Cárdenas detalladamente, estado por estado de la República, en sus Apuntes, los que concluye con una síntesis de lo que vendría a ser su “proyecto de país”, en el que destacan cuatro temas: la cuestión educativa, su anticlericalismo, el combate a los centros de vicio y la prioridad concedida al trabajo colectivo.

Independientemente de la experiencia de Cárdenas como gobernador de Michoacán, las propuestas expresadas en el Plan Sexenal de gobierno y aprobadas en la convención del PNR —los grandes temas, como el de la política indigenista, el reparto agrario, la instrumentación del proyecto educativo, la política de nacionalizaciones o el nuevo rol de nuestro país en el ámbito internacional merced a la política exterior, entre otros— fueron construidas por una multiplicidad de actores a lo largo del sexenio. La lectura de ese presente, la percepción de retos y la aplicación de políticas para la solución de problemas, acompañadas de la creación de instituciones, se fue dando a través de una política de alianzas, acuerdos y coaliciones. La instrumentación de los cambios no se moldeó sólo a partir de un personaje o de un pequeño círculo, también fueron determinantes los actores sociales, que en mucho contribuyeron y le imprimieron sus peculiaridades a lo que después vendríamos a comprender cómo “el proyecto cardenista”.

Un hecho que en ese momento había pasado de alguna manera inadvertido podría explicar los propósitos de Cárdenas de centralizar el poder político en manos del Ejecutivo. Este hecho tuvo su origen en una iniciativa presentada por él, a través del PNR, relativa a la reforma de los artículos 73, 94, 95 y 97 de la Constitución, y que fue apoyada por los congresos locales de Michoacán, Tabasco, el Distrito Federal y Oaxaca. Con esta iniciativa, presentada por el político cardenista Luis I. Rodríguez, se pretendía reformar los artículos que instituían y reglamentaban la función jurisdiccional en lo que respecta a la integración a los órganos del Poder Judicial de la Federación, Distrito Federal y Territorios. Con ello se logró modificar la organización del Poder Judicial con la supresión de la inmovilidad de los magistrados de la Corte y se instrumentó un mandato de sólo seis años en el cargo. Si se consulta el Diario de los Debates de la Cámara de Diputados de fecha 12 de septiembre de 1934, año del periodo ordinario de la XXVI Legislatura, tomos I y II, se podrá constatar que lo que se obtuvo fue una pérdida de autonomía de los jueces por la injerencia adjudicada al Ejecutivo al momento de postular a los nuevos ministros.

Días antes de la toma de posesión, el 22 de noviembre de 1934, renunciaron todos los ministros de la Suprema Corte ante su presidente, a fin de dejar en libertad al nuevo mandatario para escoger a los que integrarían el alto Tribunal. Para el 24 de noviembre el Senado aprobaba el proyecto de reformas a la Constitución, se cumplía la voluntad del general Cárdenas, en el sentido de que él deseaba nuevos ministros y una total renovación de los miembros de la Judicatura.

El 1º de diciembre de 1934 Cárdenas tomó posesión como presidente de la República, e inicia su administración con la integración de un gabinete que de inmediato muestra las limitaciones del político michoacano: un buen número de miembros del mismo eran proclives a Calles. Lo mismo le ocurrió con la imposición del gobernador de Zacatecas, el general Matías Ramos, como presidente del PNR.

En los estados de la República prevalecía una infinidad de hombres fuertes que mantenían su poder político local, lo que denotaba la ausencia de un proyecto de carácter nacional en el que hubiesen convergido los contenidos del cambio y la modernización. Así, más de la mitad de los gobernadores y casi una mayoría de los militares eran de filiación callista. El mismo fenómeno se presentó en la composición del Poder Legislativo federal.

La nueva administración se inició con un hecho de suma gravedad. El segundo día de gobierno, el 2 de diciembre, Cárdenas le dio instrucciones al procurador del Distrito y Territorios Federales para que procediera de inmediato a clausurar un casino conocido como el Foreign Club, propiedad del ex presidente y general Abelardo Rodríguez; hecho que significaría el total rompimiento con la administración anterior. Independientemente de que este último había apoyado la candidatura del michoacano, ello no lo eximía de cumplir con una promesa de campaña: cerrar las casas de juego. Se trataba de un casino donde cantaba Pedro Vargas y al que concurría una gran cantidad de políticos de la época. Según el embajador de los Estados Unidos en nuestro país, Josephus Daniels, “esa noche los dados y las cartas corrían profusamente por todas partes, al igual que todos los implementos de los juegos de azar; mientras en algunos de los salones se efectuaban fiestas elegantes en otros se desplumaba a los incautos”. Lo grave de la situación es que don Raúl Castellano invadió la jurisdicción estatal del Estado de México, y de la misma Procuraduría General de la República. En ese acto se violaba la legalidad. Más adelante insistiremos en este problema.

El día 19 de diciembre, el general tuvo un acuerdo con su secretario de Agricultura y hombre fuerte de Tabasco, Tomás Garrido Canabal. Éste le comentó que un grupo de sus amigos había derribado una imagen católica que se encontraba a la entrada de la ciudad de Cuernavaca. Cárdenas le previno de no alentar esos actos porque acarrearían graves consecuencias a la nueva administración. La pretensión de Garrido era trasladar la dinámica de un conflicto que ocurría en un espacio local, Tabasco, al ámbito federal. El 30 de diciembre tuvo lugar un hecho lamentable para la administración cardenista, cuando feligreses católicos que salían de una misa oficiada en la parroquia de Coyoacán fueron agredidos por un grupo de choque promovido por Garrido, los “camisas rojas”; de tal agresión resultaron asesinados seis católicos. La idea era volver a tensar la relación con el clero. Estos acontecimientos nos revelan la fragilidad de la nueva administración del Ejecutivo de dos cabezas descrita por Puig Casauranc, el bicefalismo político. De un lado un poder formal representado por el Ejecutivo y, del otro, el poder real ejercido por el general sonorense.

Desde el momento en que finalizó el movimiento armado, el desafío fue construir y dar respuesta a la cuestión nacional. Iba a ser relevante que los actores sociales mostraran su capacidad de vinculación en el conjunto del país. Sin duda los primeros logros no provinieron del grupo gobernante, sino más bien desde abajo; es decir, de los obreros y los campesinos.

Iniciada la crisis política de 1928 con el asesinato del general Obregón, uno de los efectos más importantes fue el desmoronamiento de la Confederación Regional de Obreros Mexicanos (CROM), que representó 10 años de esfuerzos de los trabajadores por organizarse a nivel nacional. La dispersión obrera empezó a superarse gracias a la participación de diversas organizaciones sindicales que van a lograr la creación de agrupaciones de carácter nacional, como fue el caso de la Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM), dirigida por Vicente Lombardo Toledano.

Cabe destacar que en la construcción de estructuras de representación fueron los obreros industriales los actores principales; por sólo mencionar un caso: el nacimiento del primer sindicato nacional de industria en enero de 1933, el cual pretendía que se igualaran las condiciones de trabajo para todos los ferrocarrileros, a través de un contrato colectivo. Con ello se iniciaría la idea de la fusión de las diversas empresas del sector. Primero fueron los ferrocarrileros, después los petroleros, los electricistas y los mineros los que lograron organizarse a nivel nacional.

Es en este tema donde podríamos rescatar la aportación de los trabajadores mexicanos a la cuestión nacional; serían ellos los que lograran imponer estructuras de representación nacional a los poderes políticos locales y, a la vez, quienes demandaran la unificación de las empresas por sector. El mejor ejemplo de esto es que la primera nacionalización fue la de los ferrocarriles, en 1936, y que la mayoría de las tensiones y los cambios de solución a la cuestión petrolera no fueron novedosos, ya que se habían presentado durante toda la evolución del conflicto laboral en ferrocarriles, y aquí nos referimos a la construcción y aplicación de un contrato colectivo para regular las relaciones entre empresas y trabajadores, lo que terminó siendo una necesidad política y laboral, debido a la reticencia de las empresas. Esta reticencia condujo a que la única manera de uniformarlas fuera a través de su nacionalización. Este proyecto fue cimentado desde abajo.

Lo mismo ocurrió en el caso de los campesinos. La intención de organizarse a nivel nacional fue previa a la fundación del PNR, en 1929, y el mejor ejemplo para demostrarlo es la constitución de las ligas campesinas desde mucho antes del ascenso del general Cárdenas al poder.

A todo esto, insistimos en que el proyecto que se iba a construir durante la década de los treinta le daría un contenido a los anhelos sociales del movimiento armado, y que la elaboración del mismo no fue producto de un líder, el general, de una élite, los cardenistas, o de actores colectivos, como fueron los trabajadores y los campesinos, sino de las alianzas de todos los actores mencionados.

Si algo caracterizó los seis meses y 11 días de la nueva administración fue el activismo de los trabajadores.

La crisis, las limpias y la hegemonía

Ese México se distinguía no sólo por la polarización, sino también por la atomización de la sociedad; el reto era lograr pequeñas, medianas o amplias unificaciones de grupos sociales a través de alianzas. Paradójicamente, no existían puntos de confluencia y por ello la Revolución tenía frente a sí grandes obstáculos para construir un pacto nacional. Algunos miembros del grupo gobernante pugnaron y constataron en sus regiones que el establecimiento de acuerdos, alianzas y pactos sólo era posible con la inclusión de las masas en política.

Otros sectores plantearon la necesidad de una nueva revolución; sin embargo, lo que no comprendieron es que se encontraban con una sociedad que ya había hecho su revolución y lo que buscaba era el cumplimiento de sus objetivos.

El 11 de junio de 1935 fue el momento que condensó y permitió aplicar soluciones al ordenamiento político de la Revolución mexicana. En gran medida, si no es que determinantes, fueron los grupos y sus demandas sociales los que permitieron solucionar el problema de la conducción política del país. Para muchos analistas sólo fue la voluntad gubernamental la que manipuló a la sociedad para cumplir sus objetivos. Nosotros pensamos al revés, se trató de una sociedad que demandaba y proponía, haciendo constantemente una política de alianzas, con lo que mostró una profunda vocación estatal. Los sectores mayoritarios de la sociedad estuvieron identificados con el Estado posrevolucionario, y aun dispuestos a fortalecerlo; la condición que ponían era la satisfacción de sus demandas. Las declaraciones de Plutarco Elías Calles, del 11 de junio de 1935, constituían una amenaza a la forma en la que Cárdenas conducía al país; ésa era forma, pero fondo era su radical oposición al movimiento sindical. Eran los trabajadores, con sus demandas, organización y movilización, quienes iban a permitir a las diferentes corrientes del grupo gobernante definir sus posiciones.

Los cardenistas se movieron con rapidez. El día 12, Cárdenas anotaba en su diario:

… a las veintitrés horas se presentó en Palacio, Froylán Manjarrez, Director del Periódico el Nacional, informándome que el General Matías Ramos, Presidente del Comité del Partido Nacional Revolucionario le envió para su publicación, declaraciones que el General Calles dio al Lic. y Senador Ezequiel Padilla, hablando de la situación política del país y atacando la actitud de las organizaciones obreras. Llamé al General Ramos y le hice conocer la responsabilidad que contraía por no haberme dado a conocer dichas declaraciones que sí publicaron Excélsior y El Universal. Le anuncié la situación a que orillaban los ataques que provocarían para el propio General, y por último que las explotarían los políticos enemigos del gobierno y aduladores del General Calles. Le manifesté que debía plantear desde luego su renuncia de presidente del PNR. Así lo hizo.

Cárdenas iniciaba las purgas y las limpias en el propio PNR; seguiría el gabinete, los gobernadores, el Legislativo, el ejército y el propio Jefe Máximo de la Revolución mexicana, el general Plutarco Elías Calles.

El 17 de junio de 1935 Cárdenas renovaba el gabinete que había nombrado el 17 de diciembre de 1934; el objetivo era desplazar a los callistas. Los cardenistas tenían ya el control del aparato gubernamental.

Desde la presidencia del PNR, el licenciado Emilio Portes Gil, ex presidente de la República y hombre fuerte de Tamaulipas, se erigió en el ejecutor de las purgas contra los legisladores y gobernadores que eran desleales al Ejecutivo. Los cardenistas que no eran mayoría en la Cámara de Diputados electa en 1934 habían formado lo que llamaron “el ala izquierda”, y lo mismo ocurriría con la Cámara de Senadores. Con el cambio en el PNR