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¿Quién tiene el poder en el siglo XXI? ¿Estamos ante una crisis del capitalismo? ¿Qué lugar ocupan los medios de comunicación en el universo articulado por las redes sociales? ¿Cómo serán los humanos del futuro? ¿Vivimos una batalla tecnológica invisible? ¿Amenaza o salvación? ¿La humanidad está en jaque? La revolución tecnológica que transita la humanidad ha producido un movimiento sísmico radical en todos los planos de la vida; el trabajo, la educación, las fuentes de información, el entretenimiento, los vínculos, son solo algunos de los ámbitos en los que los paradigmas tradicionales han dejado paso a nuevas maneras de ser humano en un mundo de datos y algoritmos. Por eso, en medio de esta transformación vertiginosa, resulta importante detenerse a reflexionar acerca de la tensión humano-tecnológica que abre una serie de temas clave para comprender el presente del futuro. Esta es la tarea de El dilema humano que, a lo largo de sus siete debates, analiza las luces y sombras de una relación crucial de cara a los nuevos tiempos. Con un estilo directo y ágil, y dejando en claro su rol reconocido como divulgador tecnológico, Joan Cwaik invita al lector a pensar juntos para entender el nuevo mundo que habitamos, sin caer en distopías ni en utopías solucionistas, y recorrer el camino que va del Homo sapiens al Homo tech. El momento llegó. Da vuelta el libro, y sumate a El dilema humano.
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Seitenzahl: 230
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Joan Cwaik
Cwaik, Joan
El dilema humano / Joan Cwaik. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2021.
Archivo Digital: descargaISBN 978-950-556-813-0
1. Tecnologías. I. Título.
CDD 601
© 2021, Joan Cwaik
©2021, RCP S.A.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso previo del editor y/o autor.
Diseño de tapa e interior: Pablo Alarcón | Cerúleo
Ilustración de tapa y páginas interiores: Azul Portillo / @azulportillo
Fotografía de contratapa: Mariano Michkin
Digitalización: Proyecto451
ISBN edición digital (ePub): 978-950-556-813-0
“El Dilema Humano” es un ladrillo fundamental en la construcción de nuestro real entendimiento del momento bisagra que estamos viviendo como humanidad. Joan Cwaik, además de un gran amigo, es el profesional indicado para ilustrarlo, y este libro es la viva prueba de ello. Disfruten.”
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MATEO SALVATTO / @MATEONS
Co-Fundador de Asteroid, autor de La Batalla del Futuro.
“¿Cómo definir a Joan Cwaik? Yo diría que es un adelantado.Alguien que no solo nos abre la mente sobre los cambios tecnológicos que ya están entre nosotros, como lo hizo en su libro 7R (Conecta, 2020), sino que nos prepara para el futuro.
En este, su nuevo libro, une su conocimiento tecnológico con la disrupción que la tecnología genera en las personas. Un libro imperdible, tanto como su autor.”
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ANDRÉS HATUM, PHD. / @AHATUM
Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella. Autor de INFIERNO: Líderes y Organizaciones que Matan (Vergara, 2021).
“Joan es la persona ideal para abordar las nuevas preguntas que rodean al Homo tech. Su inalcanzable curiosidad y su exquisito ¡ngenio lo colocaron siempre a la vanguardia de los temas que ocupan y preocupan a la sociedad. Este libro, es una muestra más de ello.”
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CECILIA DANESI / @CECILIADANESI
Abogada especialista en Inteligencia Artificial, Derecho y Género.
“Con Joan compartimos la pasión por entender el impacto de la tecnología en la forma en que vivimos. Tiene la capacidad de ver los patrones en común que existen entre los diversos campos que son atravesados por la información digital, ayudando a entender la relación entre la humanidad y la tecnología.”
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SANTIAGO SIRI / @SANTISIRI
Fundador de Democracy Earth.
“El mundo post-pandemia estará atravesado por una aceleración de los cambios tecnológicos, sociales y hasta políticos. En los próximos diez años, las sociedades humanas sufrirán más transformaciones que en los últimos cien. Personas como Joan, con una comprensión sólida de las tecnologías exponenciales y grandes dotes de comunicación, son esenciales para ayudarnos a dar sentido a esta complejidad y buscar nuestro lugar en el mundo que se viene”.
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FEDERICO AST / @FEDERICOAST Fundador y CEO en Kleros.
“Con su destacada participación en la Asamblea del Futuro del Grupo Perfil, Joan ha demostrado ser agudo, reflexivo y, sobre todo, innovador. Sus propuestas e intervenciones han enriquecido nuestro debate y han mejorado la calidad de la producción académica de este foro, integrado por un selecto grupo de brillantes jóvenes profesionales de Argentina.”
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RODRIGO LLORET / @RODRIGO_LLORET Doctor en Ciencias Sociales y director de Perfil Educación.
“Joan está dándonos la posibilidad de cuestionar la manera en la que la tecnología que creamos nos transforma. Considerar aspectos de nuestra humanidad que no estábamos teniendo en cuenta. Con esta lectura van a lograr contraponer sus propios pensamientos sobre ustedes mismos, ante situaciones que sin ver en perspectiva resultan cotidianas.”
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TOMÁS CHERNOFF / @TOMASCHERNOFF Fundador de Che3D, Co-fundador de Peek Studios.
“Es muy difícil analizar un fenómeno mientras está ocurriendo, y Joan es una de esas pocas personas que puede hacerlo de una forma simple y sofisticada a la vez, cruzando teorías con experiencias personales. Un material indispensable para entender cómo la tecnología nos atraviesa y modifica como humanos.”
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FREDI DAVID VIVAS / @FREDIDAVIDVIVASCEO de RockingData.
“El Dilema Humano de Joan Cwaik no es un libro
de divulgación. Es un libro de reflexión, es una invitación
a repensarnos, individual y colectivamente,
para transformarnos en nuestra mejor versión. Aquella en la que la tecnología se convierta en una herramienta más
para conectar con nuestra inabarcable humanidad.”
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CARINA ONORATO / @EQUIPOBULAT
Periodista.
Para aquellos que me inspiran y me siguen desafiando a diario.
Para aquellos que alguna vez me debatieron e hicieron dudar.
Fundamentalmente, para mí.
“Ahora bien, un humano enfrentado con una imposibilidad, responde frecuentemente con una retirada de la realidad; penetra en un mundo de engaño, entregándose a la bebida, llegando al histerismo, o tirándose de un puente.
Todo esto se reduce a lo mismo, la negativa o la incapacidad de enfrentarse serenamente con la situación. Y lo mismo ocurre con los robots.
Un dilema, en el mejor de los casos, creará un desorden en sus conexiones; y en el peor, abrasará su cerebro positrónico sin reparación posible.”
ISAAC ASIMOV, Yo, Robot, 1950.
Frente a las distopías aterradoras que se vislumbran en el futuro, el primer remedio es del orden de la voluntad: rebelarse frente a la idea de la inevitabilidad de la decadencia. El segundo remedio es del orden de la razón: lo contrario a la decadencia es el progreso, que tiene como dínamo el conocimiento. Solo el saber —expresado luego en sus múltiples consecuencias, desde el poder hasta la legitimidad, pasando por toda forma de producción de valor— crea soberanía.
Rebelarse a la inevitabilidad de toda forma de miseria, asociando mayoritariamente el error a la ignorancia más que a la maldad, exige incorporar saberes de los otros; el conocimiento es siempre un proceso dialéctico que precisa del disenso mutuo para producir síntesis y progresar.
El postcoronaviruspodrá ser vivido por mucha gente como una forma de renacimiento, un nuevo inicio que motivará balances y cambios de hábitos y comportamientos.
La revista The Economist consultó a cincuenta expertos y agrupó sus coincidencias, que se podrían sintetizar en: el trabajo a distancia llegó para quedarse, las oficinas gigantes se vaciarán, la mitad de los hoteles de trabajo cerrarán porque la convenciones y juntas pasarán a realizarse por videoconferencias, las casas se adaptarán para pasar a ser también lugar de trabajo y se mudarán más lejos de los centros urbanos al no tener que cumplir tareas presenciales, la productividad no dependerá más de un jefe que controle, sino de plataformas que medirán la cantidad o el resultado del trabajo, dará lo mismo que el personal sea nacional o extranjero, toda actividad repetitiva se transformará en suscripción (desde consumo de medios hasta el gimnasio), el turismo por entretenimiento regresará fortalecido por el deseo de ser parte de lo real y experimentar algo auténtico en un mundo cada vez más virtual, la gente preferirá pagar por servicios antes que regalar sus datos: “Las grandes marcas hoy valen por su credibilidad, todo se podrá copiar o replicar menos el prestigio”, para 2024 la Inteligencia Artificial sustituirá millones de trabajos generando una ola de despidos globales, no por razones cíclicas, sino estructurales de la economía, la educación no volverá a ser cien por ciento presencial y tendrá un modelo híbrido con su complemento a distancia, la medicina tampoco será solo presencial: una consulta por videollamada será progresivamente más habitual, el consumo se modificará: se venderán menos productos de lujo, se pagará por servicios que hoy se consumen gratuitamente y se ahorrará más.
Otros pronósticos para 2024 indican que el comercio virtual superará al físico, se vaciarán los shoppings y la mitad de los locales: Facebook, TikTok y YouTube saldrán a competir con Amazon y Mercado Libre. En contraposición a esta tendencia, todo lo que sea natural y saludable será más valorado: “Producir los propios alimentos, meditar y ejercitarse pasan a ser parte del día a día”, ser sano será el nuevo lujo, consumir lo local y lo reciclado será lo políticamente correcto.
Paralelamente, Backslash, el área cultural de la agencia de publicidad mundial TBWA, cuya filosofía es ser disruptiva, pronosticó cuarenta cambios culturales para el fin de la pandemia a comienzos de 2021, año al que llama ‘año cero’. Coincide con The Economist en “un redescubrimiento de lo local y de nuestras raíces, la vida simple ya no se considerará un sacrificio”, también en la revalorización de la privacidad frente a la extracción de datos personales a cambio de servicios gratuitos, “la división entre lo online y la vida real está más difusa que nunca”, y concluye previendo que empezó un proceso de sustitución del perfeccionismo y consumismo por una aceptación de los propios defectos con el crecimiento de valores como sustentabilidad, inclusión y equidad.
La mirada de Backlash es más optimista que la de The Economist porque omite el costo de la pérdida inicial de los trabajos que generará la disrupción tecnológica. Aun para los más optimistas que defienden la teoría de la homeóstasis del sistema económico, por el cual siempre se crearán trabajos nuevos para satisfacer nuevos deseos que sustituirán los extinguidos, habrá un interregno en esa transición. En el siglo XVIII, la aparición de la máquina a vapor, que dio comienzo a la era industrial, produjo una generación completa de trabajadores desocupados hasta que la propia producción de riqueza creó las nuevas necesidades y sus empleos. Con la velocidad del siglo XXI no sufrirá una generación entera la desocupación, pero durante cierta cantidad de años habrá una tensión entre destrucción y creación de empleo, y administrarla será el gran desafío de la política y todos los gobiernos.
Diferentes previsiones coinciden en que la ciencia nos va a importar más que nunca, en que los liderazgos del tipo arriba-abajo (autoritarios) quedarán obsoletos, y en que habrá una reversión del individualismo: después de treinta años del fin del sistema económico comunista, el mundo buscará un nuevo contrato social ante la regresiva concentración de riqueza. En 1990 el uno por ciento más rico de la población capturaba el diez por ciento de la riqueza total y el 90 % más pobre apenas el 35 %, mientras que en 2020 el uno por ciento más rico pasó a capturar el 20 % de la riqueza, duplicando la concentración en tres décadas.
El impacto de la pandemia en la gente durante el último año generó un cisma emocional y social cuyas consecuencias están por verse, y, mientras tanto, un cambio a la velocidad de la luz se está produciendo aquí y ahora.
Cuando en 2020 el coronavirus emergió en el mundo, para el rabino inglés más influyente, Jonathan Sacks, “fue lo más cercano a una revelación que tenemos los ateos, llevamos más de medio siglo avanzando sin rumbo fijo” y de repente “nos enfrentamos a la fragilidad y vulnerabilidad de la situación humana”. Difícilmente el mundo volverá a ser el que era antes de la pandemia. Como viene demostrando la historia, las decisiones que se tomen durante las crisis pueden moldear el mundo durante las próximas décadas. Una experiencia compartida cercana a la muerte puede ser una oportunidad para aprender y evolucionar.
Durante los últimos ocho años me dediqué a investigar, emprender y divulgar los distintos avances tecnológicos que están moldeando nuestras vidas. Con éxitos y fracasos, siempre busqué entender la tecnología con el objetivo de hacerla más fácil de comprender para otros. Básicamente a esto se dedica un divulgador.
Mi primer libro, 7R: Las siete revoluciones tecnológicas que transformarán nuestra vida, tenía el objetivo de hacer las veces de manual introductorio al mundo de las tecnologías disruptivas. En él intenté explorar cómo, en el corto plazo, la tecnología iba a cambiar nuestras vidas desde una perspectiva técnica. Luego de muchos años de investigación, emprendimientos y divulgación tecnológica, 7R fue el resumen de todo lo que había investigado, en forma de una gran caja de herramientas, junto con su manual de instrucciones. Allí se explica qué es Blockchain, Internet de las Cosas, Big Data, Inteligencia Artificial, la robótica o la impresión 3D, y todas las tecnologías emergentes que tenemos que entender para analizar el mundo en que vivimos.
Quizás por esto, a algunos de mis colegas les resultó extraño el título que propuse para este segundo libro. Y su sorpresa fue mayor cuando les comentaba que El Dilema Humano buscaba ser una continuación de 7R. No los culpo. En principio podría parecer que un libro que se titula El Dilema Humano no tiene nada que ver con las tecnologías exponenciales y todo aquello que vengo investigando, trabajando y promoviendo hace tantos años. Pero las apariencias engañan. En este libro pretendo dar un paso más y plantear preguntas sobre cómo usamos las herramientas que describo en 7R, y cómo en esa utilización no solo estamos generando un impacto sobre el mundo que nos rodea, sino sobre nosotros mismos.
Al cabo de estos años, me di cuenta de que un error que solemos cometer cuando tratamos de entender la tecnología, es quitar al ser humano del centro de la escena. Hablamos de Inteligencia Artificial, Blockchain, datos, robots, pero solemos olvidarnos del elemento central de la tecnología: los humanos. No porque los humanos seamos parte de la tecnología, sino porque somos al mismo tiempo creadores y usuarios de ella. Como si los robots, el Blockchain, la big data y la Inteligencia Artificial no hubieran sido creados, utilizados, e incluso analizados por humanos. Por eso, en este libro invierto el foco de la escena, y me dedico a colocar al ser humano en el centro de atención para descubrir y analizar cómo surge y se resuelve la tensión entre la tecnología y el ser humano. Tensión que se hace evidente por el efecto transformador que el avance tecnológico ejerce sobre la vida humana. Detenerme en este análisis implica considerar dos aspectos: por un lado, nuestras experiencias, creencias, ideas, y habilidades modelan la tecnología en el proceso de creación; pero, lo que es más fascinante aún, es que nuestras experiencias, creencias, ideas y habilidades también son impactadas y reformuladas por la utilización de la tecnología. Si la vida cotidiana cambió por la creación de la energía eléctrica, y las ideas se vieron sumamente impactadas por la invención de los tipos móviles, ¿por qué entonces suponer que la vida de los humanos de la actualidad no está siendo modificada por la utilización de smartphones o redes sociales?
Si bien El Dilema Humano no se parece a 7R, ambos libros no son contradictorios, ni abarcan porciones distintas y separadas de la realidad, sino que más bien son complementarios. La lectura de 7R resulta fundamental para entender El Dilema Humano, y leer 7R sin El Dilema Humano implicará quedarnos con una porción de la realidad sin ponerla frente a un cuestionamiento profundo y reflexivo.
¿De qué hablamos cuando hablamos de tecnología? Como suele suceder con las palabras tan utilizadas por la sociedad, hablamos de la tecnología —así como de la democracia o el cambio climático— sin establecer claramente qué significa. Se sobreentiende, generalmente de manera equivocada, que todos sabemos lo que son estos conceptos, y, lo que es peor, que todos tenemos en nuestra cabeza la misma definición. Probablemente cuando en los medios de comunicación masiva o en una charla de café se habla de tecnología, no se está haciendo referencia a una rueda, un clavo, una lapicera o una heladera. En cambio, sí consideramos que la Inteligencia Artificial, la robótica y los satélites son dispositivos tecnológicos. De esto podemos inferir que, para nuestra sociedad, la definición de lo tecnológico alude a un componente novedoso, moderno y, además, a cierto grado de complejidad. Por esto, a lo que se están refiriendo es a las nuevas tecnologías, o a las tecnologías emergentes.
Tecnología proviene del término griego Tekne, que significa habilidad o destreza, y es lo que usualmente llamamos ‘práctica’. El sufijo -logía, del griego logos, hace referencia al conocimiento, al estudio de determinada cuestión. Es decir, lo que usualmente llamamos ’teoría’. Considerando estos aspectos, podemos definir a la tecnología como la aplicación de un conjunto de conocimientos y habilidades para crear algo nuevo. Y aquí viene quizás lo más importante: ese algo nuevo que se está creando se hace con el fin de satisfacer necesidades o deseos humanos. Basándose en el origen etimológico de la palabra, que resulta bastante elocuente, Raymond Williams, novelista, crítico e intelectual galés, diferencia la técnica de la tecnología. Mientras que la primera es simplemente un dispositivo, la tecnología en sí misma es un marco de conocimiento. Tomemos como ejemplo las fotografías. La cámara digital es lo que Williams llamaría ’técnica’. Pero la verdadera tecnología no es ese dispositivo, sino la fotografía y todos los conocimientos humanos que se requieren para tomar una buena foto más allá del aparato que estemos utilizando. Según esta idea, para la tecnología, entender el marco de conocimiento es mucho más importante que tener el último dispositivo.
Si usamos esta definición, no importa hacia dónde miremos, vamos a ver que el mundo está repleto de tecnología. Desde el teclado que estoy usando para escribir estas líneas, hasta la mopa que acabo de usar hace diez minutos para limpiar del piso el café que volqué por estar distraído pensando en cómo definir tecnología. Siguiendo esta definición, podemos decir que la tecnología es una de las grandes responsables del bienestar y la abundancia que hay en algunos sectores de la humanidad. Es la gran responsable, entre otras cosas, de que en los últimos 120 años la esperanza de vida promedio a nivel global haya pasado de 32 a 66 años, y continúe subiendo.
Por último, la tecnología es también uno de los grandes motores del cambio social, aunque no el único. Sin caer en lo que Evgeny Morozov llama el Solucionismo tecnológico,(1)podemos afirmar que la tecnología ha sido una protagonista primordial de los grandes cambios que fue atravesando históricamente la humanidad a nivel sociológico e individual. La creación de la rueda ha tenido un enorme impacto sobre las construcciones y el transporte, y nuestra sociedad actual (o incluso este mismo libro) no podría comprenderse si no se hubieran inventado los tipos móviles en algún momento. Pero la tecnología no es el único motor del cambio social. De hecho, tampoco es el más importante: los que verdaderamente mueven las profundas transformaciones que vemos a nuestro alrededor son —aunque parezca obvio decirlo— los seres humanos. Es nuestro deseo de satisfacer diversas necesidades de forma más eficiente, fácil, o rápida, lo que mueve el mundo, y la tecnología es una simple herramienta que usamos para conseguirlo. Por eso, y como toda herramienta, la tecnología no es ni buena ni mala. Simplemente es, y depende del uso que le demos. Cuando se descubrió y comenzó a experimentarse con energía atómica, no se estaba pensando en Hiroshima y Nagasaki, así como cuando se inventaron las impresoras 3D no se pensaron para imprimir armas en pocas horas.
Si en 7R me encargué de describir minuciosamente y con precisión cómo funcionan cada una de esas tecnologías disruptivas que hoy usamos como herramientas para generar cambios en la forma en que vivimos, trabajamos, nos educamos, o nos comunicamos, en las páginas que vienen a continuación voy a reflexionar, con mucha menos precisión y bastante más incertidumbre, sobre el impacto que estas revoluciones están teniendo en nosotros, los seres humanos.
Otra distinción importante entre 7R y El Dilema Humano es la noción de ’dilema’. Una de las cosas que he notado que hacemos muchas veces los divulgadores —en todos los ámbitos— y especialmente cuando lo hacemos en los medios de comunicación, es plantear una realidad única y absoluta. Creemos que, si nos ponemos a explicar todas las complejas corrientes de pensamiento que hay detrás de una idea, perderíamos la atención del público. Y entonces nos dedicamos a brindar respuestas de la forma más sencilla posible. Sin embargo, no es así como se crea conocimiento. Debatir, con nosotros mismos y con otras personas, es una pieza fundamental para conocer. El dilema tiene como principal objetivo sembrar discusiones que traspasen aulas, canales de televisión, auditorios, libros o parlamentos, y generen un impacto en la sociedad. El dilema también tiene la ventaja de ayudarnos a replantear aquellas cosas que dábamos por sentadas y aprender nuevos puntos de vista sobre la realidad. El pensador francés Joseph Joubert dijo alguna vez que el resultado de cualquier discusión no debe ser el triunfo, sino el progreso. No debatimos para ganar o imponer nuestra idea, sino para aprender de las ideas de los otros.
A lo largo de estas páginas buscaré reflejar los grandes debates sobre la relación entre la tecnología y los seres humanos. Como decía Isaac Newton, vamos a pararnos sobre hombros de gigantes que ya han dedicado —y están dedicando— su vida a pensar estas cuestiones. No busco descubrir la rueda, ni mucho menos pretender que lo hago, sino más bien apoyarme en lo que ya se ha investigado, junto a lo que investigué y me dediqué a analizar en los últimos años, para poder llegar a algunas conclusiones.
Para hacerlo, es fundamental abandonar los lugares comunes en los que a veces caemos cuando nos referimos a la tecnología.
Había una vez un niño muy curioso al que le gustaban mucho los circos. Dentro del circo, el espectáculo que más le atraía era el del majestuoso elefante. Quizás por lo exótico, por su tamaño o por su fuerza descomunal, el joven quedó maravillado. Pero su sorpresa fue aún mayor cuando vio que esa enorme bestia se mantenía atada a una pequeña estaca clavada en el suelo con una minúscula cadena que aprisionaba una de sus patas.
“¿Cómo puede ser que semejante elefante, capaz de arrancar un árbol de cuajo, quede preso de un insignificante pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros del suelo?”, se preguntó el niño para sus adentros. Aunque nadie parecía percatarse, estaba a la vista de todos que el elefante podría, sencillamente, romper esa cadena, y huir. Pero, ¿por qué no lo hacía?
El niño hizo esa misma pregunta a su padre, sin obtener una respuesta satisfactoria. Pero luego de unos minutos se acercó un anciano, muy sabio, que estaba junto a ellos, y le dijo: “El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a esa misma estaca desde que era muy, muy, muy pequeño. Estoy seguro de que el pequeño elefante intentó con todas sus fuerzas liberar su pierna de aquella cadena. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, no lo consiguió porque aquella estaca era demasiado dura y resistente para él. Este enorme y poderoso elefante que tienes delante de ti no escapa porque todavía tiene grabada en su memoria la impotencia que sintió después de nacer. Y lo peor de todo es que no ha vuelto a cuestionar ese recuerdo. Jamás ha vuelto a poner a prueba su fuerza. Está tan resignado y se siente tan impotente que ya ni se lo plantea”.
Los seres humanos no somos tan diferentes del elefante del circo. Por el contrario, estamos rodeados de ideas que hace años damos por hecho y no cuestionamos a pesar de que las circunstancias cambian. Mitos, lugares comunes, creencias populares, que, en lugar de poner en duda, aceptamos como verdades absolutas. Que “solo usamos el diez por ciento de nuestro cerebro”, que “un año de un perro equivale a siete años de un humano”, que “nunca hay que despertar a un sonámbulo”, que “se puede ver la muralla china desde el espacio”, o que “el hombre desciende del mono”. Esto por mencionar solo algunos de los mitos que repetimos cotidianamente y de los que está comprobado científicamente que no son ciertos.
Justamente, la forma en la que avanza la ciencia es derribando ideas que se dan por aceptadas. Solo rompiendo, o corrigiendo paradigmas, se puede crear nuevo conocimiento. Pero, ¿qué pasaría si no discutiéramos nada? Si, por conformismo o por ahorrarnos el debate, decidimos no poner en cuestionamiento aquellas cosas que la sociedad da por hechas. Bueno, parece sencillo llegar a la conclusión de que nos volveríamos una sociedad estancada. En un momento de abruptos cambios y crecimiento exponencial de la tecnología, los seres humanos no podemos darnos el lujo de conformarnos con ideas que explicaban un mundo de hace treinta o cuarenta años. El pensamiento siempre está situado o enraizado dentro de un determinado contexto. Si el contexto cambia, se necesita un nuevo tipo de pensamiento. Entonces, para llegar a este nuevo paradigma sobre la relación entre lo humano y lo tecnológico, es necesario romper algunos mitos.
¿Cuáles son a tu criterio los grandes mitos tecnológicos? ¿Qué mito derribarías?
En su libro The Salmon of Doubt (2002), el escritor británico Douglas Adams elaboró una serie de reglas que describen las reacciones de los seres humanos ante la tecnología:
1. Todo lo que ya está en el mundo cuando naces es normal y ordinario, y tan sólo una parte natural de la forma en que el mundo funciona.
2. Todo lo que es inventado entre cuando tienes 15 y 35 años es nuevo, excitante y revolucionario, y probablemente podrás hacer carrera con ello.
3. Todo lo que es inventado después de que cumpliste los 35 años va contra el orden natural de las cosas.
Esta idea, tan sencilla y a la vez tan profunda, nos permite entender muchos de los mitos que circulan alrededor de la tecnología. Sin embargo, en el mundo del siglo XXI, el crecimiento exponencial de la tecnología hace que cada vez sean más las cosas que se vayan a inventar luego de que cumplamos 35 años. En lo personal, acabo de cumplir 30, y estoy bastante convencido de que en los próximos quince años sucederán cambios en el mundo que hoy ni siquiera podemos imaginar. Por eso, como ya veremos, una parte fundamental de El Dilema Humano tiene que ver con cambiar nuestra actitud hacia la tecnología y romper los mitos que damos por ciertos.
A lo largo de toda la historia, las visiones sobre el futuro se han agrupado en enunciados demasiado utópicos o tristemente distópicos. ¿Quién querría vivir en el mundo contaminado y lúgubre que plantea Futurama? ¿O el caos económico y social que nos muestra Mad Max? Pero al mismo tiempo… ¿alguien realmente cree que algún día viviremos en el mundo de Los Supersónicos? ¿O que efectivamente las máquinas nos harán humanos mejores y más felices?
Paradójicamente, la palabra ’utopía’ proviene del griego y significa ’no-lugar’. La palabra fue inventada por el filósofo inglés Tomas Moro en su libro del mismo nombre escrito en 1516, donde justamente describe la vida en la inexistente Isla de Utopía: una comunidad ficticia basada en los ideales filosóficos y políticos del mundo clásico y el cristianismo, que contrastaba con la Inglaterra de su época, a la que Moro buscaba criticar.(2)
