El evangelio de Lucas - José Luis Sicre Díaz - E-Book

El evangelio de Lucas E-Book

José Luis Sicre Díaz

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Beschreibung

Una completa introducción al evangelio de Lucas con un comentario serio, que no elude los problemas, pero que está escrito en un lenguaje asequible para personas sin especial formación teológica y que tiene en cuenta el mensaje actual de los pasajes. El texto del evangelio se presenta con tres tipos de letra para que se adviertan fácilmente los documentos principales usados por Lucas: evangelio de Marcos, dichos de Jesús (Q) y tradiciones propias (L). La obra se completa con una bibliografía en la que se ofrecen las publicaciones más importantes aparecidas en el siglo XXI.

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Seitenzahl: 1198

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Contenido

Prólogo

Introducción

1. Autor

2. Materiales previos

2.1. Evangelio de Marcos

2.2. Dichos de Jesús (Q)

2.3. Tradiciones propias (L – SLc)

2.4. Lucas y la tradición joanea

3. La obra

3.1. División y contenido

3.2. ¿Dos ediciones?

3.3. Fecha y lugar de composición

3.4. Destinatarios

4. Personajes de Lucas

5. Una nueva imagen de Jesús

6. Temas de Lucas

6.1. Evangelio universal

6.2. Importancia de los pobres y la pobreza

6.3. Importancia de la abnegación y la renuncia

6.4. Evangelio del gozo y la alegría

6.5. Importancia de la oración

6.6. Jerusalén

6.7. Importancia del Espíritu Santo

6.8. Reino/reinado de Dios

7. Bibliografía

7.1. Introducción al evangelio

7.2. Comentarios

7.3. Estudios

7.4. Pastoral

7.5. Literatura intertestamentaria

7.6. Escritos rabínicos

7.7. Qumrán

7.8. Obras de Flavio Josefo

7.9. El mundo de Jesús y de Lucas

Siglas

1. Traducciones de la Biblia

2. Colecciones y revistas

3. Editoriales

Presentación del texto del evangelio

Prólogo (1,1-4)

I. Nacimientos e infancias (1,5–2,52)

La pinacoteca de Lc 1–2

La intención de Lucas

1. Anuncio del nacimiento de Juan (1,5-25)

2. Anuncio del nacimiento de Jesús (1,26-38)

3. María visita a Isabel (1,39-56)

3.1. Encuentro y saludo de Isabel (vv. 39-45)

3.2. El canto de María (vv. 46-55)

3.3. Vuelta a Nazaret (v. 56)

4. Nacimiento de Juan (1,57-80)

4.1. Nacimiento (vv. 57-58)

4.2. Circuncisión (vv. 59-66)

4.3. Canto de Zacarías (vv. 67-79)

4.4. Juventud de Juan (v. 80)

5. Censo, viaje y nacimiento (2,1-7)

5.1. Censo (vv. 1-3)

5.2 El viaje (vv. 4-5)

5.3 El nacimiento (vv. 6-7)

6. Anuncio a los pastores y reacciones (2,8-20)

7. Circuncisión (2,21)

8. Presentación de Jesús en el templo (2,22-39)

8.1. Purificación y presentación (2,22-24)

8.2. Simeón (2,25-35)

8.3. La profetisa Ana (2,36-38)

8.4. Cumplimiento de la ley y vuelta a Nazaret (2,39)

9. Crecimiento físico y espiritual de Jesús (2,40)

10. Pascua en Jerusalén (2,41-52)

11. Final del relato de la infancia (2,52)

II. La preparación (3,1–4,13)

1. Juan Bautista

1.1. Momento histórico de su aparición (3,1-2)

1.2. Actividad de Juan (3,3-6) [Lc – Mc]

1.3. Predicación de Juan (3,7a-18)

1.4. Encarcelamiento de Juan (3,19-20)

2. Bautismo de Jesús (3,21-22) [Lc – Mc]

3. Genealogía de Jesús (3,23-38)

4. Tentaciones de Jesús (4,1-13)

5. Resumen: la imagen popular del Mesías y la figura de Jesús

III Actividad en Galilea (4,14–9,50)

1. Comienzo de la actividad en Galilea (4,14-15) [Lc]

2. Un sábado en la sinagoga de Nazaret (4,16-30) [Lc]

3. Actividad en Cafarnaún (4,31-43)

3.1. Introducción-sumario (4,31) [Mc – Lc]

3.2. El endemoniado en la sinagoga (4,31-37) [Mc – Lc]

3.3. Curación de la suegra de Simón (4,38-41) [Mc – Lc]

3.4. Otras curaciones (4,40-41) [Mc – Lc]

3.5. Despedida (4,42-43) [Mc – Lc]

3.6. Predicación en Judea (4,44)

4. Llama a los primeros discípulos (5,1-11) [Lc]

5. Cura a un leproso (5,12-16) [Mc – Lc]

6. Cura a un paralítico (5,17-26) [Mc – Lc]

7. Llama a Leví (5,27-32) [Mc – Lc]

8. Sobre el ayuno (5,33-39) [Mc – Lc]

9. Dos conflictos con motivo del sábado (6,1-11)

9.1. Las espigas arrancadas en sábado (6,1-5) [Mc – Lc]

9.2. El hombre con la mano seca (6,6-11) [Mc – Lc]

10. Escoge a los Doce (6,12-16) [Lc]

11. Discurso de la llanura (6,17-49)

11.1. El auditorio (6,17-20) [Lc – Q]

11.2. Introducción: Bienaventuranzas y ay (6,20-26) [Q – Lc]

11.3. Primera parte: Comportamiento con los enemigos (6,27-36) [Q – Lc]

11.4. Segunda parte: Comportamiento con los hermanos de la comunidad (6,37-45)

11.5. Advertencia final (6,46-49) [Q – Lc]

12. La fe del centurión (7,1-10) [Q – Lc]

13. El hijo de la viuda de Naín (7,11-17) [Lc]

14. Juan y Jesús (7,18-35)

14.1. La embajada de Juan (7,18-23) [Q – Lc]

14.2. En defensa de Juan (7,24-30) [Q – Lc]

14.3. La reacción de «esta generación» ante Juan y Jesús (7,31-35) [Q – Lc]

15. La pecadora y el fariseo (7,36-50) [Lc]

16. Mujeres que acompañan a Jesús (8,1-3) [Lc]

17. La importancia de escuchar bien (8,4-21)

17.1. Parábola del sembrador (8,4-15) [Mc – Lc]

17.2. Otros tres dichos de Jesús (8,16-18) [Mc – Lc]

17.3. La madre y los hermanos (8,19-21) [Lc]

18. Tres ámbitos del poder de Jesús (8,22-56)

18.1. El poder sobre el viento y las olas (8,22-25) [Mc – Lc]

18.2. El poder sobre una legión de demonios (8,26-39) [Mc – Lc]

18.3. El poder sobre la enfermedad y la muerte (8,40-56) [Mc – Lc]

19. Misión de los Doce (9,1-6) [Mc – Lc]

20. Herodes: Jesús no es Juan Bautista (9,7-9) [Mc – Lc]

21. Da de comer a cinco mil (9,10-17) [Mc – Lc]

22. Confesión de Pedro y primer anuncio (9,18-27) [Mc – Lc]

23. Transfiguración (9,28-36) [Mc – Lc]

24. El niño con un espíritu inmundo (9,37-43) [Mc – Lc]

25. Segundo anuncio de la muerte (9,43b-45) [Mc – Lc]

26. ¿Quién es el más grande? (9,46-48) [Mc – Lc]

27. El que no está contra vosotros está con vosotros (9,49-50) [Mc – Lc]

IV. Camino a Jerusalén (9,51–19,28)

1. Decisión de ir a Jerusalén (9,51) [Lc]

2. Rechazo de una aldea samaritana (9,52-56) [Lc]

3. Tres casos de seguimiento (9,57-62) [Q y Lc]

4. Misión de los setenta y dos (10,1-16) [Q y Lc]

5. Vuelven los setenta y dos (10,17-24) [Lc – Q]

6. Actividad y escucha (10,25-42)

6.1. El buen samaritano (10,25-37) [Lc – Q]

6.2. Marta y María (10,38-42) [Lc]

7. La oración (11,1-13)

7.1. Aprendiendo a rezar (11,1-4) [Lc – Q]

7.2. Necesidad de ser insistentes en la oración (11,5-13) [Lc – Q]

8. Ni endemoniado ni signos (11,14-36)

8.1. ¿Al servicio de Belcebú? (11,14-26) [Q – Lc]

8.2. Alabanza de una mujer anónima (11,27-28) [Lc]

8.3. En vez de signo, condena (11,29-32) [Q – Lc]

8.4. Sencillos y retorcidos (11,33-36) [Q – Lc]

9. Invectiva contra fariseos y juristas (11,37-53) [Lc – Q]

10. Avisos a los discípulos (12,1-12)

10.1. Introducción (12,1) [Lc]

10.2. Miedo a ser sinceros: contra la hipocresía de los fariseos (12,2-3) [Lc – Q]

10.3. Miedo a morir (12,4-12) [Lc – Q]

10.4. Miedo a confesar a Jesús públicamente (12,8-12) [Lc – Q]

11. Preocupaciones (12,13-59)

11.1. La preocupación de un rico (12,13-21) [Lc]

11.2. Las preocupaciones de los discípulos pobres (12,22-34) [Lc – Q]

11.3. Lo que debe preocupar al discípulo: vigilancia (12,35-48) [Lc – Q]

11.4. Lo que preocupa a Jesús (12,49-53) [Lc – Q]

11.5. Lo que debe preocupar a todos (12,54-59) [Lc – Q]

12. Conversión o muerte (13,1-9) [Lc]

13. Cura en sábado a una mujer tullida (13,10-17) [Lc]

14. Dos parábolas sobre el reino (13,18-21) [Q]

14.1. El grano de mostaza (13,18-19) [Q]

14.2. La levadura (13,20-21) [Q]

15. La puerta estrecha del reino y sus comensales (13,22-30) [Q – Lc]

16. Denuncia de Jerusalén (13,31-35) [Lc – Q]

17. Un banquete muy instructivo (14,1-24)

17.1. Curación de un hidrópico (14,1-6) [Lc]

17.2. Consejos a los invitados (14,7-11) [Lc]

17.3. Consejo al huésped (14,12-14) [Lc]

17.4. Parábola de los invitados al banquete (14,15-24) [Lc – Q]

18. El discípulo: tres condiciones y un peligro (14,25-35)

18.1. Tres condiciones para seguir a Jesús (14,25-33) [Lc – Q]

18.2. El peligro del discípulo (14,34-35) [Q – Lc]

19. Amor y misericordia (15,1-32)

19.1. Introducción (15,1-2) [Lc]

19.2. La oveja y la dracma (15,3-10) [Q – Lc]

19.3. El padre y sus dos hijos (15,11-32) [Lc]

20. A propósito de los bienes materiales (16,1-31)

20.1. Parábola del administrador (16,1-13) [Lc – Q]

20.2. Los amantes del dinero y la buena noticia (16,14-18) [Lc – Q – Mc]

20.3. El rico comilón (Epulón) y el pobre Lázaro (16,19-31) [Lc]

21. Escándalo, perdón, fe, humildad (17,1-10)

21.1. El escándalo (17,1-3a) [Lc – Q]

21.2. Perdón (17,3b-4) [Q – Lc]

21.3. Auméntanos la fe (17,5-6) [Lc – Q]

21.4. Humildad (17,7-10) [Lc]

22. Cura a diez leprosos (17,11-19) [Lc]

23. La llegada del reinado de Dios (17,20-21) [Q – Lc]

24. La llegada del Hijo del hombre (17,22-37) [Q – Lc]

25. Parábola del juez y la viuda (18,1-8)

26. Parábola del fariseo y el publicano (18,9-14) [Lc]

27. Bendice a unos niños (18,15-17) [Mc – Lc]

28. El jefe rico, una pregunta y la indirecta de Pedro (18,18-30) [Mc – Lc]

29. Tercer anuncio de la muerte y resurrección (18,31-34) [Mc – Lc]

30. El ciego de Jericó (18,35-43) [Mc – Lc]

31. Jesús y Zaqueo (19,1-10) [Lc]

32. Parábola de los empleados y las minas (19,11-28) [Q – Lc]

V. Actividad en Jerusalén (19,29–22,38)

1. De Jericó al monte de los Olivos (19,28-40) [Mc – Lc]

2. Lamento por Jerusalén (19,41-44) [Lc]

3. Purifica el templo (19,45-46) [Mc – Lc]

4. Los debates (20,1-47)

4.1. La autoridad de Jesús (20,1-8) [Mc – Lc]

4.2. Parábola de los viñadores (20,9-19)

4.3. El tributo al César (20,20-26) [Mc – Lc]

4.4. La resurrección (20,27-40) [Mc – Lc]

4.5. ¿Es el Mesías hijo de David? (20,41-44) [Mc – Lc]

4.6. Advertencia a propósito de los escribas (20,45-47) [Mc – Lc]

5. La ofrenda de la viuda (21,1-4) [Mc – Lc]

6. El discurso sobre el fin (21,5-36)

6.1. El punto de partida (21,5-7) [Mc – Lc]

6.2. El fin no es inminente (21,8-9) [Mc – Lc]

6.3. Señales clásicas y persecuciones (21,10-19) [Mc – Lc]

6.4. La destrucción de Jerusalén (21,20-24) [Mc – Lc]

6.5. Momento final: la venida del Hijo del hombre (21,25-28) [Mc – Lc]

6.6. La lección de la higuera (21,29-33) [Mc – Lc]

6.7. Exhortación a la vigilancia (21,34-36) [Lc]

VI. La Pasión (22,1–23,56)

1. Complot contra Jesús y traición de Judas (22,1-6) [Mc – Lc]

2. Preparación de la Pascua (22,7-13) [Mc – Lc]

3. En el cenáculo (22,14-38)

3.1. Cena, eucaristía y traidor (22,14-23) [Mc – Lc]

3.2. ¿El testamento de Jesús? (22,24-38) [Mc – Lc]

4. En el huerto de los olivos (22,39-53)

4.1. La oración en el huerto (forma breve: 22,39-42.45-46) [Lc – Mc]

4.2. La oración del huerto (forma larga: 22,39-46)

4.3. El arresto (22,47-53) [Mc – Lc]

5. En la casa del sumo sacerdote (22,54-62) [Mc – Lc]

5.1. Negaciones de Pedro (22,54b-62) [Mc – Lc]

5.2. Insultos en el patio de la guardia (22,63-65) [Mc – Lc]

6. Ante el Sanedrín (22,66-71) [Mc – Lc]

7. Ante Pilato (23,1-5) [Mc – Lc]

8. Ante Herodes (23,6-12) [Lc]

9. Condenado a muerte (23,13-25) [Mc – Lc]

10. Camino del Calvario (23,26-32)

10.1. Simón de Cirene (23,26)21 [Mc – Lc]

10.2. El pueblo y las mujeres de Jerusalén (23,27-31) [Lc]

10.3. Los dos malhechores (23,32) [Lc]

11. En el Calvario (23,33-56)

11.1. Crucifixión (23,33) [Mc – Lc]

11.2. Primera palabra de Jesús (23,34a)

11.3. Últimas horas de Jesús (23,34b-49)

12. Sepultura de Jesús (23,50-53) [Mc – Lc]

13. Las mujeres (23,55-56) [Lc]

VII. Apariciones (c. 24)

1. El anuncio de la resurrección a las mujeres (24,1-12)

2. Aparición a los dos de Emaús (24,13-35)

3. Aparición a los discípulos (24,36-49)

4. Ascensión (24,50-53)

Vocabulario

Créditos

Prólogo

Cuando Teófilo terminó de leer el evangelio que Lucas le había dedicado pudo sentirse plenamente satisfecho. Había cumplido su promesa de ampliar considerablemente los datos sobre Jesús que él conocía por el evangelio de Marcos. Era el mismo Jesús, de eso no cabía duda, pero era una imagen distinta. Los relatos de la infancia de Juan Bautista y de Jesús, las parábolas tan hermosas sobre el buen samaritano, el padre con dos hijos, el rico y Lázaro, el fariseo y el publicano, bastaban para justificar el esfuerzo de Lucas y la ayuda económica que él le había prestado. Ahora esperaba con ansia la segunda parte. Porque le había dicho que esta era solo la primera, que empezaba en Jerusalén, pero expondría la actividad de Jesús desde Galilea a Jerusalén. La segunda se centraría en lo ocurrido después de su resurrección y ascensión, cuando la buena noticia se propagase desde Jerusalén hasta el confín del mundo. Pero Teófilo, a pesar de su entusiasmo, habría deseado comentar con Lucas muchos pasajes que le resultaban misteriosos o en los que podría profundizar. No sabemos si lo consiguió.

Después de veinte siglos, no creo que muchos católicos hayan leído, como Teófilo, el evangelio de Lucas de principio a fin. Nos han enseñado a pasar de un evangelio a otro, del capítulo 3 al 12, a saltarnos lo que no entendemos fácilmente. La liturgia dominical no contribuye a solucionar este problema. Al contrario, lo refuerza, mezclando el evangelio de Lucas con el de Juan, alterando el orden de los pasajes, omitiendo algunos fundamentales. Es algo inevitable si se quieren dedicar cuatro semanas al Adviento, cinco a la Cuaresma y siete al tiempo de Pascua.

Pero los tres ciclos de la liturgia dominical (A, B, C), dedicados respectivamente a los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, animan a dedicar todo el año a conocer mejor cada uno de ellos. Es lo que pretendí con el comentario El evangelio de Mateo. Un drama con final feliz (2019) y, de forma distinta, más centrada en los textos de cada domingo, en El evangelio de Marcos (2020). Este volumen sobre Lucas se asemeja al de Mateo, ya que expongo todo el evangelio sin tratar los otros textos de las lecturas dominicales.

El evangelio de Lucas, como los otros, plantean al lector actual numerosos problemas, debidos al siguiente proceso de formación.

1. Jesús habló en arameo, usando a veces un lenguaje enigmático. Incluso las parábolas, que imaginamos fáciles de entender, debía explicárselas después a los discípulos porque no las comprendían.

2. Las palabras de Jesús fueron traducidas más tarde al griego, la lengua más difundida en el Imperio romano, como el inglés hoy día entre nosotros. A veces cabe la duda de si el traductor entendió correctamente lo que dijo Jesús. Algunos autores, como Joachim Jeremias, conceden especial importancia a recuperar el sustrato arameo, algo que puede resultar muy hipotético.

3. La fe en la resurrección de Jesús hizo que los catequistas, misioneros y evangelistas presentasen su actividad y mensaje a la luz de su glorificación. Lo esencial para ellos no era transmitir al pie de la letra lo que hizo y dijo. En bastantes ocasiones, el Jesús histórico habla y actúa como si hubiera ya resucitado y triunfado.

4. Para exaltar la figura de Jesús recurren al AT, atribuyéndole lo que en esos libros se dice de Dios o de los grandes profetas. Si Dios salva de la tempestad, según el Salmo 106, Jesús salva de la tormenta. Si Dios proclama en el Sinaí los diez mandamientos, Jesús se atribuye el poder de interpretarlos e incluso anularlos («Habéis oído que se dijo [que Dios dijo], pero yo os digo...»). Si Elías y Eliseo resucitan a un niño invocando la ayuda de Dios, Jesús lo hace sin necesidad de invocarlo. Si Eliseo alimenta a cien personas con veinte panes, Jesús alimenta a cinco mil con solo cinco. Es fundamental conocer el AT para interpretar rectamente muchos pasajes.

5. Lucas conoce muy bien el AT, pero se mueve en un contexto cultural grecorromano. A Marcos y Mateo no se les ocurre describir la ascensión de Jesús. A Lucas, sí, porque eso mismo se dice de otros personajes, comenzando por Hércules, y Jesús no puede ser menos. Algunos comentaristas recurren a las instituciones económicas y sociales del Imperio para explicar la parábola del administrador injusto (más que injusto, ladrón).

Teniendo en cuenta estos datos, se comprende que la interpretación del evangelio se preste a teorías muy distintas, incluso opuestas, provocando la impresión de que la ciencia bíblica es la más inexacta de todas las ciencias. Prácticamente nada se puede dar por seguro. Si uno dice que Lucas escribió antes del año 70, otro dirá que después del 80, o incluso en el 130, y no faltará quien diga que escribió bastante poco, y se limitó a organizar y copiar documentos previos. Por eso, muchos estudios sobre cualquier episodio del evangelio comienza exponiendo lo que se ha dicho sobre él durante el último siglo, o incluso desde el siglo II. En la medida de lo posible, evito discutir multitud de teorías. Cuando sea preciso, me limitaré a las que considero esenciales.

El evangelio de Lucas cuenta con dos excelentes comentarios científicos traducidos al castellano, los de Fitzmyer y Bovon, ambos en cuatro volúmenes. Basta ver su extensión para advertir que están dedicados a especialistas. Hay otros más breves, pero muy recomendables, especialmente el de Rodríguez Carmona, que indico en la bibliografía. ¿Qué sentido tiene añadir uno nuevo? Indico lo que este comentario puede aportar.

El texto del evangelio. a) La traducción que ofrezco se basa fundamentalmente en la litúrgica y en la de Luis Alonso Schökel en la Biblia del Peregrino. Pero las modifico cuando lo considero necesario para atenerme lo más posible al texto griego, cosa imprescindible en un comentario. b) El texto lo presento con tres tipos de letra porque Lucas utilizó tres documentos para redactar su obra: el evangelio de Marcos, los Dichos de Jesús (conocidos con la sigla Q) y las tradiciones propias (Lc). Pienso que puede ayudar al lector ver de inmediato lo que procede de cada uno de ellos. Las secciones tomadas de Marcos aparecen en cursiva; las de Q, en redonda; las de Lucas, en negrita y cursiva. No he distinguido entre las tradiciones recogidas por Lucas (L) y su redacción personal (Lc) porque requiere un análisis muy minucioso que no ayudaría en este caso. c) Para entender bien algunos textos de Lucas es preciso compararlos con los de Marcos o de Q, en los que se basan. En muchas ocasiones, la mejor forma de indicarlo es usando recuadros en los que se advierten fácilmente las diferencias.

El comentario. Pretendo un comentario serio, pero en un lenguaje asequible para cualquier persona sin especial formación teológica. Por eso evito los tecnicismos, y si incluyo a menudo palabras en griego es porque hay personas que conocen esa lengua y les ayuda tener presente el texto original. a) El comentario se basa en la lectura repetida e insistente del texto y en la oración; he consultado a otros autores, especialmente a Fitzmyer y Bovon, en las numerosas ocasiones en que el texto se presta a dudas, pero sin pretender acumular infinidad de teorías. b) El evangelio de Lucas produce a veces la impresión de un conglomerado de episodios sueltos, sin relación entre ellos; he procurado descubrirla, cuando existe, sin forzar los datos. c) Para comprender mejor algunos pasajes los comparo con los paralelos de Marcos y Q; tengo también muy en cuenta el sustrato del AT, que Lucas conoce muy bien.

La bibliografía. Preparar un comentario exige consultar multitud de obras. Una vez recopiladas, me pareció conveniente ofrecerlas al profesor o al alumno interesado en conocer lo último que se ha escrito sobre este evangelio. El comentario de Bovon ofrece una bibliografía casi exhaustiva hasta 2001, fecha de publicación del cuarto volumen de la traducción española. Añado lo más importante publicado durante el siglo XXI, advirtiendo que pueden faltar libros y artículos fundamentales.

Vocabulario. Algunos términos (reino de Dios, fariseos, escribas, los títulos de Jesús, etc.) aparecen con frecuencia; para no repetir su explicación añado al final un breve vocabulario.

Agradezco a María del Mar Gil sus sugerencias y la ayuda prestada en la corrección del original.

En todos los evangelios, Jesús demuestra un especial interés por los enfermos, y a Lucas se la atribuyó la profesión de médico. Esto me ha hecho pensar en mi hermano Carlos, que lleva mes y medio en la UCI a causa de la COVID-19. A él y a su esposa, Josefina, que está dando muestra de fe y entereza en todo momento, les dedico este comentario. Y a todos los que han pasado o están pasando por la misma experiencia.

Granada, 20 de septiembre de 2021

Introducción

He intentado introducirme en la mente de Lucas. Saber cuándo, cómo y por qué decidió escribir su evangelio. ¿Concibió su obra desde el principio en dos volúmenes, uno dedicado a Jesús, otro a la expansión de la Iglesia hasta el confín del mundo? ¿Qué parte tuvo Teófilo en la empresa? ¿Le dio el primer impulso o solo se comprometió a ayudarle económicamente?

Nadie se atreve a responder de forma categórica a estas preguntas. Pero hay cosas relativamente claras. La primera y fundamental, el enorme interés de Lucas por la persona de Jesús y la difusión de su mensaje y su obra. Todo lo que se haya dicho de él le parece poco. Por eso acopia documentos, interroga, indaga. Pero no se trata de saber por saber, ni de contentarse con la reproducción literal de lo que Jesús hizo y dijo. Es también importante actualizar su mensaje a una época muy distinta. Porque no han pasado demasiados años desde su resurrección, unos cincuenta, pero las cosas han cambiado de forma inimaginable. Los judíos se han rebelado contra Roma y han perdido la guerra, el templo de Jerusalén yace en ruina, en un solo año ha habido tres emperadores en Roma, el Vesubio ha estallado arrasando Pompeya y Herculano... ¿Son señales del fin del mundo, de la vuelta próxima del Señor? Algunos así lo piensan y crean profunda inquietud en las comunidades. Otros se plantean problemas muy distintos: la comunidad de Jesús, ¿es de los ricos o de los pobres? ¿Se puede admitir a los ricos si no renuncian a todo? ¿Qué relación tenemos con los judíos? Muchos de ellos nos critican, difaman y persiguen. ¿Debemos quemar sus libros sagrados, la Ley y los Profetas, igual que los convertidos al cristianismo en Éfeso quemaron sus libros mágicos (Hch 19,19)? ¿Tachamos a Abrahán, Israel y Moisés de nuestro árbol genealógico? ¿Cómo debemos comportarnos con los romanos? ¿Denunciarlos por su crueldad y egoísmo, o ser muy moderados para que nos permitan difundir el mensaje y crear comunidades?

¿Qué dijo Jesús de todo esto? No importa lo que dijo, piensa Lucas, sino lo que habría dicho. Quienes le oyeron contar por vez primera la parábola del buen samaritano lo miraron extrañados. «Nunca la habíamos oído. ¿La contó Jesús o te la has inventado tú?». ¿Qué más da, respondió Lucas, si no la contó pudo haberla contado. Sabía que eso mismo habían hecho otros antes que él: completar y actualizar. Y a quien protestaba le respondía con unas palabras que alguno atribuía a Jesús: «Cuando venga el Espíritu Santo, os llevará a la verdad plena». Por eso le molestaba cuando le decían: «Te lo estás inventando». No se lo inventaba, se lo inspiraba el Espíritu Santo.

Otra cosa segura es que Lucas no partió de cero. Él mismo confiesa en su prólogo que otros muchos lo precedieron en contar los sucesos acontecidos. Lo de «muchos» quizá sea una exageración típicamente mediterránea, pero los comentaristas están convencidos de que dispuso al menos de dos documentos (el evangelio de Marcos y los Dichos de Jesús) y otro gran bloque de tradiciones que solo nos han llegado a través de él.

1. Autor

S. Guijarro, Los cuatro evangelios, 392-396;R. Strelan, Luke the Priest. The Authority of the Author of the Third Gospel (Aldershot: Ashgate, 2008).

¿Quién es este autor anónimo que dedica su obra a Teófilo? El punto de partida serán los datos de la tradición, que nos habla de un tal Lucas, añadiendo cada vez más datos sobre su persona. Luego habremos de retroceder para saber si encontramos datos sobre él en las cartas de Pablo y en los Hechos de los Apóstoles.

Testimonio de la tradición

Los primeros datos, muy escuetos, los encontramos a partir del siglo II. El testimonio más antiguo, de san Ireneo (140-202), dice simplemente: «Lucas, compañero de Pablo, puso por escrito el evangelio que este predicaba». La compañía de Pablo se repetirá con frecuencia, pero la idea de que Lucas escribió el evangelio que predicaba Pablo resulta desconcertante. La diferencia entre el evangelio y las cartas de Pablo es total.

El Canon de Muratori, que algunos datan hacia 170, ofrece más datos:

El tercer libro del evangelio, según Lucas. Este médico Lucas, después de la ascensión de Cristo, habiendo sido llevado consigo por Pablo, como estudioso de la ley (quasi ut juris studiosum), lo escribió en su propio nombre, según opinión [general] (ex opinione). Sin embargo, él mismo nunca vio al Señor en la carne; por tanto, empezó a contarlo, como pudo, desde el nacimiento de Juan.

A propósito de la persona de Lucas indica su profesión de médico y su dedicación al estudio de la ley, que sería la mosaica; además, afirma expresamente que no conoció a Jesús y debió valerse del testimonio de otros.

Orígenes (185-253) añade un dato interesante sobre los destinatarios: «El tercero (evangelio), según Lucas, avalado por Pablo y escrito para los gentiles».

San Jerónimo (347-419) informa de su lugar de origen: «médico antioqueno». Los Prólogos antimarcionitas, de fecha incierta, coinciden en que era natural de Antioquía y añaden datos que no sabemos de dónde los tomaron:«discípulo de los apóstoles y de Pablo, célibe, sin hijos; murió a los 84 años en Beocia». Los Prólogos monarquianistas, también de fecha incierta, coinciden con los datos anteriores, pero dicen que Lucas murió a los 74 años en Bitinia.

Los datos de las cartas de Pablo

Casi todos los testimonios anteriores coinciden en relacionar estrechamente a Lucas con Pablo. ¿Encontramos algún dato en sus cartas que lo confirme? Nos encontramos de entrada con el problema de qué cartas son auténticas y cuáles no. Entre las que se admiten como auténticas, Flm 24 nombra a Lucas entre sus colaboradores. Se discute la autenticidad de Colosenses y 2 Timoteo, donde volvemos a encontrar nuevos datos. En Col 4,14 envía saludos de parte de Lucas, «el médico querido»; si se tiene en cuenta la contraposición entre los que pertenecen a la circuncisión (4,11) y los siguientes (4,12-14), habría que deducir que Lucas era de origen gentil. 2 Tim 4,11 dice que Lucas es el único que le hace compañía. Aunque estas cartas no fuesen auténticas, los datos que recogen pueden ser de valor histórico indiscutible.

Los datos de los Hechos

En esta obra hay secciones escritas en primera persona del plural («zarpamos», «salimos», «nos detuvimos», etc.). Si las escribió Lucas, podríamos decir que acompañó a Pablo en el segundo viaje misional desde Tróade a Macedonia (16,11-12); se quedó en Filipos mientras Pablo sigue a Grecia (17,1–18,22); lo acompañó desde Filipos hasta Jerusalén (20,6–21,18); permaneció en Palestina durante la prisión de Pablo (21,27–26,32) y lo acompañó a Roma (27,1–28,16).

El problema de la identidad de autor de Lucas y Hechos

S. Guijarro, Los cuatro evangelios, 350-355; P. Walter, The Assumed Authorial Unity of Luke and Acts. A Reassessment of the Evidence (Cambridge: University Press, 2009); M. C. Parsons y H. M. Gorman, «The Assumed Authorial Unity of Luke and Acts: A Review Essay»: Neotes 46 (2012) 139-152.

¿Es este Lucas el autor del evangelio? Las opiniones se dividen totalmente. El punto de partida en ambos casos es la relación entre el tercer evangelio y los Hechos. Harnack dejó clara la identidad de autor y la unidad de estilo de ambos escritos: quien escribió el tercer evangelio escribió también los Hechos. En este libro, como acabamos de decir, encontramos las llamadas «secciones nosotros», escritas en primera persona del plural, que sugieren que el autor asiste a los sucesos narrados (16,10-17; 20,5–21,18; 27,1–28,16). Hay que excluir como autor a las personas que aparecen en las «secciones nosotros» y a las que se nombran en tercera persona del singular en las restantes secciones (si fuesen el autor utilizarían el «yo»). De este modo, solo nos quedan Lucas, Demas (que abandona a Pablo), Crescente, Artemas, Zenas y Apolo. A ninguno de ellos se les atribuye el evangelio, a excepción de Lucas.

Los autores que niegan la identidad de Lucas y el autor del tercer evangelio se basan en los siguientes argumentos:

a) Hechos y la carta a los Gálatas presentan de forma muy distinta los acontecimientos. Hch habla de dos viajes antes del Concilio, Gal de uno; en Hch, Pedro y los hermanos son partidarios de la misión a los gentiles, en Gal Pablo debe defender su misión; en Hch el Concilio da unas prescripciones sobre el no comer carne, etc.; en Gal 2 no se habla de este decreto y en 1 Cor 8–10 parece que Pablo no conoce nada de esto. Por estos datos niegan que el autor de Hch sea compañero de Pablo.

b) Esta conclusión parece quedar comprobada por el carácter no-paulino de la teología de los Hch: Pablo no es considerado apóstol, a excepción de en 14,4.14, junto con Bernabé; el discurso del Areópago es contrario a toda la teología paulina del hombre pecador, incapaz de salvarse fuera de Cristo (ver Rom 1); en Hch la muerte de Cristo no tiene la importancia salvífica que posee en Pablo; en Hch falta la espera escatológica, tan típica de Pablo. En conclusión: el autor de Hch no era compañero de Pablo, no era Lucas. El uso de la primera persona del plural en las «secciones nosotros» es un puro «procedimiento estilístico para hacer el relato más creíble y más vivo» (Bovon).

c) Walters, que ha realizado el estudio más reciente y minucioso sobre la identidad de autor, se manifiesta en contra, aduciendo sobre todo argumentos de tipo estilístico y de composición. El extenso juicio de Parsons y Gorman sobre esta obra la consideran «un fracaso, aunque espléndido».

Si se niega la identidad de autor, hay que admitir que un editor posterior relacionó ambas obras, dedicándolas a Teófilo.

Después de las discusiones anteriores resulta difícil decir quién fue Lucas. Solo podemos basarnos en el tópico de que «el estilo es el hombre», conocer al autor a través de su obra. Guijarro lo describe del siguiente modo:

Era una persona culta, que conocía bien el griego y estaba familiarizado con las técnicas de composición que se aprendían en las escuelas de retórica de su época, aunque también conocía y tenía en gran estima el Antiguo Testamento. Podemos suponer, por tanto, que se trataba de un discípulo de origen judío educado en la cultura helenística, que tenía autoridad dentro de las comunidades para interpretar las tradiciones sobre Jesús y que había logrado reunir gran cantidad de información sobre la primera generación de discípulos (Los cuatro evangelios, 393-394).

Strelan (2009) propuso que Lucas era un sacerdote judío convertido al cristianismo. Según él,

no todos tenían autoridad para interpretar las tradiciones a propósito de Jesús y de Pablo. Los otros evangelistas recibieron esa autoridad probablemente de una comunidad o comunidades cristianas, como sugieren las tradiciones posteriores. Creo que Lucas, sin embargo, tenía dicha autoridad como sacerdote judío, ahora obviamente cristiano (Luke the Priest, 117).

Marius Nel, en su recensión de esta obra, no se muestra plenamente convencido de los argumentos de Strelan, pero reconoce que todos los interesados en Lucas-Hechos deben leerla. Merril Kitchen, aunque alaba los valores del libro, termina preguntándose con cierta sorna si el próximo interrogante no será saber si Lucas era obispo.

2. Materiales previos

Guijarro, Los cuatro evangelios, 357-362.

2.1. Evangelio de Marcos

Este evangelio estuvo algo desprestigiado durante siglos porque se lo consideraba un resumen del de Mateo. La ciencia bíblica lo ha reivindicado. No es un resumen, sino la base que utilizaron Mateo y Lucas para escribir el suyo.

Lucas, en concreto, se atiene bastante a su orden y disposición: la actividad pública de Jesús está precedida por la predicación de Juan Bautista; tras el bautismo y las tentaciones, predica y cura en Galilea, hasta que decide ir a Jerusalén, donde tienen lugar los últimos enfrentamientos con las autoridades religiosas, es condenado a muerte y se anuncia su resurrección.

El cuadro siguiente muestra los textos de Marcos que recoge Lucas.

Marcos

Lucas

1,14–3,19

4,14–6,19

4,1–9,40

8,4–9,50

10,13-52

18,15–19,27

11,1–12,44

19,28–21,38

Sin embargo, no se limita a copiar. Además de mejorar el estilo de Marcos, omite diversos episodios y da un sentido nuevo a otros.

Datos de Marcos que omite Lucas. Llama la atención la ausencia de todos los episodios contenidos en Mc 6,47–8,26: Jesús anda sobre el mar, cura enfermos en Genesaret, rechaza las tradiciones, cura a la hija de la sirofenicia, a un sordomudo, multiplica por segunda vez los panes, se niega a dar una señal, advierte contra la levadura de los fariseos y de Herodes, cura a un ciego en Betsaida. ¿Es que a Lucas se le perdieron estas páginas? ¿Se las saltó sin darse cuenta? No hay explicación satisfactoria. Pero podemos formular algunas hipótesis con respecto a episodios concretos:

* Parece que algunos los suprime porque le parecen tradiciones duplicadas: p. ej., la de Jesús caminando sobre el mar y la segunda multiplicación de los panes.

* Más claro resulta su deseo de omitir escenas y detalles que a los gentiles les resultan hirientes o ininteligibles: en el bloque que comentamos se trataría de la discusión sobre las tradiciones, la escena de la cananea, la advertencia sobre la levadura de los fariseos y de Herodes. En esta línea se orienta la omisión de la cita del Sal 21,2 («Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»), de la pregunta sobre la venida de Elías, del repudio de la mujer.

* Aunque Lucas no es tan maniático, como Mateo, de suprimir detalles secundarios, también se advierte en él esta preocupación: no cuenta la muerte de Juan Bautista, que quizá consideraba innecesaria y anecdótica, y despoja del dramatismo típico de Marcos algunos relatos como la curación del endemoniado guergaseno, de la hemorroísa o del ciego Bartimeo.

* A una intención más profunda puede responder la omisión de los viajes de Jesús a Cesarea de Filipo y a Fenicia. (A diferencia de Mc y Mt, Lucas no indica un lugar concreto para la confesión de Pedro; ver Lc 9,18-20.) Es posible que esta omisión se deba a su deseo de centrar la atención del lector en el gran viaje a Jerusalén, que comenzará muy pronto, en 9,52.

Episodios a los que Lucas da un sentido nuevo. Lucas no es mero repetidor; suprime o cambia el orden de los acontecimientos.

* La visita de Jesús a Nazaret (4,16-30), que Marcos sitúa en un momento algo avanzado de su actividad y termina en un fracaso sin graves consecuencias (Mc 6,1-6), Lucas la trae al comienzo de todo para indicar que Jesús, como Elías y Eliseo, no centra su actividad en Israel sino en los de fuera. Esto provoca en los nazarenos el propósito de despeñarlo. Nazaret, que no acepta a su profeta, anticipa a Jerusalén, que mata a los profetas. El episodio adquiere un carácter programático.

* La vocación de los primeros discípulos (5,1-11) la atrasa, con lo que se explica mejor su prontitud para seguir a Jesús. También remodela bastante la escena.

* La visita de la familia de Jesús (8,19-21) la sitúa después de las parábolas (no antes, como Mc y Mt), relacionándola con la semilla, que es la palabra de Dios.

* El anuncio del traidor (22,21-23) tiene lugar después de la eucaristía para unir mejor las palabras de Jesús antes de la Cena y la institución de la eucaristía (comparar con Mt 26,20s.26).

* Negaciones de Pedro e insultos a Jesús (22,54-71). Anticipa las negaciones para formar bloques compactos y como introducción a la Pasión. De este modo, inculca la actitud cristiana del pecador convertido. Comparar con Mt 26,58.69-75.

2.2. Dichos de Jesús (Q)

J. M. Robinson y otros, El «Documento Q» en griego y en español con paralelos del evangelio de Marcos y del Evangelio de Tomás (Salamanca: Sígueme, 2002). S. Guijarro, Dichos primitivos de Jesús. Una introducción al «Proto-Evangelio de dichos Q» (Salamanca:Sígueme, 2004); íd., Los dichos de Jesús. Introducción al Documento Q (Salamanca: Sígueme, 2014); J. S. Kloppenborg, Q. El evangelio desconocido (Salamanca: Sígueme, 2005); S. Vidal, El documento Q: los primeros dichos de Jesús (Santander: Sal Terrae, 2011); B. Villegas, «En busca de Q. La fuente común de Mt y Lc»: Teología y Vida 43 (2002) 602-683. Véase también J. Meier, Un judío marginal II/1, 231-237: «Excurso sobre el documento Q».

Sobre la relación entre Lucas y Q, el estudio más amplio es el de C. Heil, Lukas und Q: Studien zur lukanischen Redaktion des Spruchevangeliums Q (Berlín: WdG, 2003); H. T. Fleddermann, «Mid-level techniques in Luke’s redaction of Q»: ETL 79 (2003) 53-71.

Otros estudios recientes sobre Q: Arne Bork, Die Raumsemantik und Figurensemantik der Logienquelle (WUNT II 404; Tubinga: Mohr Siebeck, 2015). Sarah E. Rollens, Framing Social Criticism in the Jesus Movement. The Ideological Project in the Sayings Gospel Q (WUNT II 374; Tubinga: Mohr Siebeck, 2014). Brian Gregg, The Historical Jesus and the Final Judgment Sayings in Q (WUNT II 207; Tubinga: Mohr Siebeck, 2006). Véase también A. Lindemann, «Neuere Literatur Zur Logienquelle Q»: ThRu NF 80 (2015) 377-424; D. B. Sloan, «The τίςἐξὑμῶν similitudes and the extent of Q»: JSNT 38 (2016) 339-355.

Comparar el evangelio de Lucas con Q no es tarea fácil, y supone un margen de subjetividad, ya que nos basamos en una reconstrucción; he seguido The Critical Edition of Q. Synopsis including the Gospels of Matthew and Luke, Mark and Thomas with English, German, and French Translations of Q and Thomas, ed. por J. M. Robinson, P. Hoffmann y J. S. Kloppenborg(Lovaina: Peeters, 2000). No he podido consultar la reciente obra de L. Howes, The Formative Stratum of the Sayings Gospel Q. Reconsidering Its Extent, Message, and Unity (WUNT II 545; Tubinga: Mohr Siebeck, 2021), que probablemente introducirá algunos cambios.

Siempre llamó la atención la coincidencia de pasajes en Mateo y Lucas que no estaban presentes en Marcos. A partir del siglo XIX se propuso que la única forma de explicar este hecho era aceptar una fuente común, perdida más tarde, quizá por considerarla innecesaria al haber sido incorporada a ambos evangelios. Esa fuente se conoció con la letra inicial de la palabra alemana Quelle («fuente»). En castellano, hablar de «la fuente Q» es como hablar de «la fuente fuente». Pero no hay que admirarse. En Granada tenemos la cuesta de la Alaqaba («la cuesta de la cuesta») y otros tienen el puente de Alcántara («el puente del puente»).

Esa fuente estaba centrada en dichos pronunciados por Jesús, con rarísimos relatos. En el evangelio de Lucas los encontramos en la predicación de Juan Bautista (3,7-9.16b-17), las tentaciones de Jesús (4,1-13, cambiando el orden, como veremos), el discurso en la llanura (6,20-23.27-32.34.35.36-49), la curación del hijo del centurión (7,1-3.6b-9.¿10?), la pregunta de Juan Bautista (7,18-19.22-23), el elogio de Juan (7,24-30), la crítica de esta generación (7,31-35), dos casos de seguimiento (9,57-60), instrucciones a los discípulos sobre la misión (10,2-16), alabanza del Padre y palabras sobre sí mismo (10,21-24), el Padrenuestro (11,2b-4), oración (11,9-13), acusación de endemoniado y respuesta (11,14-15.17-26), petición de un signo (11,16.29-30), la reina del Sur y los ninivitas contra esta generación (11,31-32), otros dichos (11,33-35), denuncia de los fariseos (11,42.39b.41.43.44) y de los maestros de la Ley (11,46b.52.47-51), dichos diversos (12,2-3.4-5.6-7.8-9-10.11-12), no atesorar en la tierra (12,33-34), no preocuparse por la comida y el vestido (12,22b-31), vigilancia (12,39-40.42-46), fuego y espada (12,51-53), los signos del cielo (12,54-56.58-59), parábola del grano de mostaza (13,18-19), entrar por la puerta estrecha al banquete del reino (13,24-27.29.28), denuncia de Jerusalén (13,34-35), los invitados a una gran cena (14,16-18.¿19-20?.21.23), las exigencias del seguimiento (14,26.27.33.34-35), dichos diversos (16,13.16.17.18; 17,1-2), parábola de la oveja perdida (15,4-5a.7), otros dichos (17,3-4.6), el reino de Dios está en medio de vosotros (17,20-21).

Esos dichos han sido estudiados hasta lo inimaginable, y Santiago Guijarro ha llegado a la conclusión de que es más lógico considerarlo «documento», porque no es una colección amorfa sino una presentación muy elaborada de la enseñanza de Jesús. Se admite que el documento tuvo, al menos, dos ediciones (Kloppenborg habla de tres), y es posible que los manuscritos usados por Mateo y Lucas fueran algo distintos. Su fecha de composición no es segura, pero suele situarse antes de la rebelión contra Roma del año 66. En cuanto al lugar, predomina la tendencia a situarlo en Galilea.

Es difícil identificar al grupo en el que nació y se transmitió este documento. Guijarro recoge diversas teorías: a) profetas itinerantes y comunidades sedentarias; b) filósofos cínicos; c) comunidades locales de renovación; d) escribas y grupos locales. Y concluye:

Todas ellas coinciden en que el documento Q fue compuesto en Galilea antes de la guerra judeo-romana, y la mayoría acepta que nació dentro de un grupo especialmente dinámico, al que le tocó vivir una situación cambiante. Todas ellas contienen datos útiles para reconstruir dicho grupo, pero ninguno ofrece una reconstrucción del todo convincente. [...] La situación de este grupo con respecto a su ambiente era de conflicto. Las referencias negativas a esta generación y la repetida mención del juicio sobre Israel, así como las invectivas contra los escribas y fariseos, sirven para identificar el grupo opositor de Q. [...] Esta situación de conflicto fue provocada por el tipo de mensaje que difundía el grupo de Q y por las implicaciones de dicho mensaje. La mayor parte de las instrucciones de Q proponen un estilo de vida contracultural y constituyen una amenaza para el orden social establecido. El reinado de Dios contiene, ante todo, un mensaje religioso, pero este mensaje tiene implicaciones sociales que, como le ocurrió Jesús, despertaron el rechazo y la oposición (Dichos primitivos,71-72).

2.3. Tradiciones propias (L – SLc)

Aunque el evangelio de Lucas no fue el más famoso en la Antigüedad (Mateo se llevó el bocado del león), siempre llamó la atención la abundancia de material que no se encontraba en Mateo y Marcos. Por eso se lo distinguió con la sigla SLc (SondergutLc: material propio de Lucas) o simplemente L, aunque el contenido puede variar bastante según los autores.

A este material pertenece todo el evangelio de la infancia (cc. 1–2). La genealogía de Jesús (3,23-38; no coincide nada con la de Mateo). La predicación moral de Juan Bautista (3,10-14). Las malaventuranzas (6,24-26). Viuda de Naín (7,11-17). El fariseo y la pecadora (7,36-50). La compañeras de Jesús (7,36–8,3). Reacción ante el rechazo de los samaritanos (9,51-56). Misión de los setenta y dos (10,1-12.17-20). Parábola del buen samaritano (10,25-37). Marta y María (10,38-42). Parábola del rico necio (12,13-21). Política y conversión (13,1-5). Parábola de la higuera estéril (13,6-9). La mujer encorvada (13,10-17). Cura al hidrópico en sábado (14,1-6). Convidados y convites (14,7-14). Parábolas de la misericordia, entre ellas la famosa del hijo pródigo (15,8-32). Parábolas sobre el dinero (c. 16). Cura a diez leprosos (17,11-19). Parábolas sobre la oración (18,1-4). Zaqueo (19,1-10). En el relato de la Pasión y resurrección (cc. 22–24): resumen de la cena pascual (22,14-17); las dos espadas (22,35-38); Jesús ante Herodes (23,6-16); mujeres de Jerusalén (23,27-32); palabras en la cruz (23,34.43.46); discípulos de Emaús (24,13-53).

Estos relatos plantean diversos problemas insolubles. ¿Los fue recogiendo Lucas a través de una larga investigación? ¿Le llegaron, al menos en gran parte, en un documento? ¿Tuvo ese posible documento diversas ediciones? ¿Hasta qué punto retocó Lucas las tradiciones recibidas? ¿Fue Lucas el autor de muchos o algunos de esos pasajes?

Es fácil imaginar la variedad de opiniones sobre estos temas. Quien más interés les ha dedicado ha sido el dominico M.-È. Boismard, que publicó dos obras al respecto: En quête du Proto-Luc (París: Gabalda, 1997) y L’évangile de l’enfance (Luc 1-2) selon le Proto-Luc (París: Gabalda, 1997). En su opinión, gran parte de las tradiciones propias de Lucas proceden de una primera edición, el Proto-Lucas, que reconstruye detenidamente y atribuye a Silas, el compañero de Pablo, autor también del Diario del viaje contenido en Hch 16,9-17; 20,5-16; 21,1-28,16. Boismard es famoso por sus teorías bastante originales.

En el comentario renuncio a distinguir entre los materiales recibidos por Lucas y los que él pudo escribir o sus retoques personales. Aunque no sea una decisión muy científica, a todos los englobo en la sigla Lc para no volver loco al lector.

2.4. Lucas y la tradición joanea

M.-È. Boismard, Comment Luc a remanié l’Évangile de Jean (CRB 51; París: Gabalda, 2001); M. A. Matson, In Dialogue with Another Gospel? The Influence of the Fourth Gospel on the Passion Narrative of the Gospel of Luke (Atlanta: Society of Biblical Literature, 2001). Peter Doble, en su recensión, piensa que en los relatos de la pasión Lc y Jn usan fuentes comunes, no que Lc ha leído a Jn; J. Radl, Das Lukas-Evanglium 38-39 (con bibliografía hasta 1988); B. Shellard, New Light on Luke, 148-188 («Luke and the Johannine Tradition: Common Ideas and Themes») y 200-260 («The Gospels of Luke and John»); J. Schniewind, Die Parallelperikopen bei Lukas und Johannes (Leipzig 1914), reimpresión Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1958.

En 1914, J. Schniewind publicó un estudio sobre la perícopas paralelas en Lucas y Juan. Siempre ha llamado la atención las curiosas relaciones entre ambos evangelios, por otra parte tan distintos: a) los dos contienen el relato de una pesca milagrosa, aunque en contextos muy distintos: como paso previo a la vocación de los primeros discípulos (Lc 5,1-11) o siete de ellos después de la resurrección (Jn 21,1-19); b) los dos mencionan a un segundo discípulo llamado Judas (Lc 6,16; Hch 1,13; Jn 14,22), que no aparece en las listas de Marcos y Mateo; c) los dos hablan de la acción de Satanás en Judas (Lc 22,3; Jn 13,2.27); d) de una tumba nueva para Jesús (Lc 23,53; Jn 19,41); e) de tocar el cuerpo de Jesús resucitado (Lc 24,39; Jn 20,27).

Con respecto a los temas, Walter Radl indica: «la escasa importancia de la escatología futura, la ausencia de la idea de la expiación, la visión de la pasión de Jesús como cumplimiento y la perspectiva universal de la obra de Jesús» (Das Lukas-Evangelium, 38-39).

Para explicar estas relaciones se han propuesto tres teorías: 1) la más frecuente es que Lucas y Juan habrían tenido acceso a una fuente común, que utilizaron con bastante libertad en algunos casos; 2) Matson propuso a principios del siglo XXI, aunque sin excesivo convencimiento, que Lucas había leído el evangelio de Juan; 3) Boismard, ya en 1962, pensaba que Lucas había retocado el cuarto evangelio; cuarenta años después fundamenta ampliamente su idea de que Lucas no solo leyó el evangelio de Juan, sino que lo remodeló.

Barbara Shellard (2002) encuentra muchos puntos de acuerdo entre Lucas y la tradición joanea en el tratamiento de temas como la riqueza, el dualismo, el conflicto Cristo/Satán, el Espíritu, la revelación y el testimonio personal, la visión apocalíptica. Shellard no se compromete a decir de dónde le vinieron a Lucas estas ideas; para ella lo importante es que se tenga en cuenta la tradición joanea al estudiar el tercer evangelio.

3. La obra

Una vez reunidos los materiales, la tarea de ensamblarlos no es fácil. Como línea conductora seguirá al evangelio de Marcos, ya que ofrece una narración seguida de los acontecimientos. En medio de ellos irá introduciendo las enseñanzas contenidas en Q y los relatos, dichos y parábolas de su arsenal propio. Hacer esto en una época en la que no hay ordenadores, cuando no se puede marcar bloque y trasladarlo a un lugar más adecuado, cuando borrar o eliminar un pasaje supone un gasto elevado... son problemas que no tenemos en cuenta cuando criticamos un posible desorden.

3.1. División y contenido

El resultado actual podemos dividirlo en un Prólogo y siete partes. Ofrezco un breve resumen de cada una de ellas. Puede completarse con las introducciones a las partes correspondientes.

Prólogo (1,1-4). Lucas justifica su trabajo y modo de proceder. Es el único escrito del Nuevo Testamento que lo posee.

I. Nacimientos e infancias (1,5–2,51), en plural, porque contrapone las figuras de Juan Bautista y Jesús para dejar clara la supremacía del segundo. Estos capítulos representan una novedad absoluta con respecto a Marcos. Desde el comienzo, Gabriel, el ángel a los pastores, Simeón, acumulan sobre él una serie de títulos excelsos, aunque también se anuncia que será una bandera discutida.

II. La preparación (3,1–4,13). El bautismo, con la venida del Espíritu Santo y la voz del cielo, y las tentaciones (en versión muy distinta de la de Marcos) preparan a Jesús para comenzar su actividad apostólica. Entre ambos episodios, su árbol genealógico, que se remonta hasta el mismo Dios.

III. Actividad en Galilea (4,14–9,50). Esta larga sección podemos dividirla en cuatro partes:

1) Del predicador solitario a la elección de los Doce (4,14–6,16). Sigue casi siempre a Marcos, pero anticipa la visita a Nazaret, a la que concede un carácter programático.

2) Enseñanza y milagros (6,17–8,3). Lucas abandona el relato de Marcos e introduce tres pasajes tomados de Q: el discurso de la llanura (6,20-49), la curación del hijo del centurión (7,1-10) y los mensajeros de Juan Bautista (7,18-38). Otros tres son propios suyos: la resurrección del hijo de la viuda de Naín (7,11-17), el perdón de la pecadora (7,36-59) y las mujeres que acompañan a Jesús (8,1-3).

3) Nueva enseñanza y nuevos milagros (8,4-56). Tras los episodios anteriores, Lucas sigue de nuevo a Marcos, aunque adaptando, completando y suprimiendo. Esta libertad se advierte muy bien en el bloque 8,4-21: en gran parte es una forma abreviada del discurso en parábolas de Marcos, y termina con la visita de la madre y los hermanos de Jesús, que Marcos ha contado antes. Jesús ha manifestado ya su poder sobre los espíritus inmundos, la enfermedad, el pecado y la muerte. Los tres episodios siguientes reiteran el tema de su poder, extendiéndolo a la naturaleza (8,22-25), a una legión de demonios (8,26-39), a una enfermedad de larga duración y a la muerte (8,40-56).

4) La misión de los Doce y la formación de los discípulos (9,1-50).

IV. Camino a Jerusalén (9,51–19,28). La división de estos capítulos es muy discutida. Se podría intentar una división teniendo en cuenta las referencias al viaje a Jerusalén (9,51; 13,33; 17,11; 18,31; 19,11), aunque no ayuda demasiado. Prefiero distinguir pequeños bloques temáticos: sobre la oración (11,1-13), ni endemoniado ni signos (11,14-36), avisos a los discípulos (12,1-12), preocupaciones (12,13-59), un banquete muy instructivo (14,1-24), el discípulo: tres condiciones y un peligro (14,25-35), amor y misericordia (15,1-32), a propósito de los bienes materiales (16,1-31), escándalo, perdón, fe, humildad (17,1-10), la sección 17,20–18,30, que explico en el lugar correspondiente.

Estos capítulos contienen las parábolas más famosas de Lucas: el buen samaritano, el rico necio, el padre y los dos hijos (más conocida como «el hijo pródigo»), el administrador ladrón, el rico y Lázaro, la viuda y el juez, el fariseo y el publicano. Todo este material es exclusivo de Lucas.

V. Actividad en Jerusalén (19,28–21,38). Sigue básicamente a Marcos, aunque con importantes omisiones y cambios al comienzo. Lucas centra su atención en la enseñanza de Jesús en el templo, que divide en dos partes: los debates con las autoridades judías sobre diversos temas (20,1-47) y el discurso sobre el fin (21,5-36).

VI. Pasión (cc. 22–23). Ofrece bastantes novedades por lo que suprime (flagelación; el grito «Dios mío, Dios mío...»), por los nuevos personajes que introduce (el criado al que cortan la oreja en el huerto; Herodes; las mujeres de Jerusalén; el buen malhechor; la multitud en el calvario) y por las tres palabras que Jesús pronuncia en el Calvario, desconocidas para Marcos.

Lucas presta especial atención a las reacciones que suscitan los acontecimientos en Jesús y a su cambio de actitud: durante los juicios demuestra desprecio a los jueces; cuando empieza el sufrimiento, muestra su capacidad de perdón y su entrega en las manos de Dios.

VII. Apariciones (c. 24). En comparación con Marcos, Lucas dispone de otras tradiciones y ofrece un final completamente nuevo. Mantiene la ida de las mujeres al sepulcro, pero con un enfoque muy distinto. Añade un largo episodio, exclusivo suyo, sobre una aparición de Jesús a dos que iban de camino. Otra aparición, a todos los discípulos (¡no solo a los Once!), con la prueba más sorprendente de la resurrección de Jesús. Y, como remate, su subida al cielo, que supone el triunfo y la gloria. En estos pasajes se repite tres veces la necesidad de que el Mesías sufriese para entrar en su gloria.

3.2. ¿Dos ediciones?

Hoy día nadie se extraña de que un autor publique una segunda edición corregida y aumentada de un estudio, una biografía o un libro de historia. Estas reediciones ampliadas son frecuentes en el Antiguo Testamento, especialmente en los libros proféticos. Basta recordar que en el libro de Isaías se distinguen tres autores (Proto, Deutero y Tritoisaías), aunque podrían distinguirse treinta o cuarenta.

Por eso, no extraña que algunos comentaristas defienden que la obra de Lucas tuvo dos ediciones, y que la primera era muy distinta. Incluía gran parte del evangelio y de los Hechos, pero comenzaba en Lc 3, con el sincronismo que introduce a Juan Bautista. Le faltaba, por consiguiente, la infancia (Lc 1–2). Más tarde, Lucas añadió estos capítulos, retocó otros, y dividió la obra en las dos partes que hoy conocemos.

Hay un dato que avala esta teoría. La madre de Jesús ocupa un puesto capital al comienzo (Lc 1–2), pero luego desaparece totalmente; ni siquiera está presente en la cruz, como dice el cuarto evangelio. La mejor forma de explicar este hecho es que Lucas puso de relieve la figura de María en una segunda etapa, en la segunda edición.

Otro dato extraño se refiere a Jerusalén. En el evangelio y los Hechos parece una ciudad sin grandes problemas, con el templo y sus instituciones funcionando, a pesar de la presencia de los romanos. Por otra parte, encontramos en Lucas tres ataques tremendos de Jesús contra la ciudad, que parecen basarse en los acontecimientos posteriores a la conquista de Tito (año 70). Atribuir esta diferencia a dos ediciones es más problemático. Supondría que la primera se escribió antes del año 70, cosa que no acepta la mayoría de los comentaristas.

Es posible que la segunda edición pusiese de relieve temas que ya estaban presentes en la primera: importancia del Espíritu Santo, de la oración, de los pobres y la pobreza, de la abnegación y la renuncia, de la alegría y universalidad de la salvación. Pero no debemos exagerar esta tendencia porque terminaríamos convirtiendo la primera edición en una obra casi sin contenido. En cualquier caso, si existió esa primera edición, se ha perdido.

3.3. Fecha y lugar de composición

Guijarro, Los cuatro evangelios, 395; A. Rodríguez Carmona, Evangelios sinópticos,438; B. Shellard, New Light on Luke. Its Purpose, Sources and Literary Context (JSNT SS 215; Sheffield: Academic Press, 2002).

Se suele situar hacia el año 80 por la alusión a la destrucción de Jerusalén (19,43; 21,20-24). Otros piensan que la descripción del asedio no se basa en datos históricos sino en alusiones del Antiguo Testamento (Dt 28,62.64; Os 9,7; Zac 12,1-3); el evangelio sería anterior al 70. Shellard (2002) considera casi seguro que Lucas usó la Guerra de los judíos, las Antigüedadesde los judíos, y quizá también el Contra Apión de Flavio Josefo, lo que favorece una datación de la obra de Lucas hacia el año 100. La postura extrema la representa O’Neill, que lo sitúa entre los años 115 y 135.

El lugar de composición es incierto. Se ha propuesto Cesarea, Decápolis, Roma, Acaya. Solo parece seguro que no fue Palestina.

Indico los argumentos de Shellard a favor de Roma:

Es significativo que las preocupaciones que tenía por entonces la Iglesia romana, como la del arrepentimiento continuo, la necesidad de unidad, y quizá también la necesidad de fraternidad y hospitalidad, están mucho más acentuadas por Lucas que por los otros evangelistas. Roma era casi desde el principio una comunidad mixta (Rom 2,17; 11,3), y un evangelio inclusivo, como el de Lucas, que, aunque subrayaba que la salvación estaba orientada a los gentiles, insistía en sus orígenes dentro del judaísmo, sería especialmente adecuada para sus necesidades. La «teología del pobre» de Lucas, que recordaba a los ricos en términos categóricos la exigencia de la caridad activa y de la ayuda al desgraciado, también podría hacer referencia a una iglesia relativamente rica, como la de Roma, que quizá tenía que acomodar a la llegada creciente de trabajadores gentiles pobres de otras partes del imperio (New Light on Luke, 34-35).

Guijarro (2010) también considera «lo más probable que la obra lucana haya sido escrita en Roma a finales del siglo I» (Los cuatro evangelios, 395). Rodríguez Carmona (2012) es menos preciso: «El análisis interno apunta a un contexto helenizado, fuera de Palestina, cuya geografía, por otra parte, el autor parece desconocer» (Evangelios sinópticos, 438).

3.4. Destinatarios

El evangelio está dedicado a Teófilo. Normalmente se piensa en un pagano convertido al cristianismo, de buena posición social y económica, dispuesto a costear los gastos que suponen viajes, investigación y redacción de la obra. Otros no ven claro que se trate de un pagano convertido; podría ser un judío. Algunos Santos Padres pensaban que Teófilo no es un personaje concreto, sino que representa a cualquier cristiano (Theo-philos equivale a «amante de Dios»). Parece más probable pensar en un individuo concreto, como hacen Fitzmyer y Bovon entre otros muchos. Lógicamente, el evangelio no lo leería solo él. También su familia, sus amigos cristianos, los miembros de su comunidad.

Al pensar en su constitución étnica se aducen diversos argumentos.

a) No son judíos, porque explica instituciones judías (22,1.7) y omite la relación entre la Ley Antigua y la Nueva (comparar Lc 16,18 con Mt 5,31; Lc 6,27-29 con Mt 5,38).

b) Son gentiles: omite cosas duras para ellos como lo que dice Mt 10,5 («no vayáis a los gentiles») y 15,24 («No he sido enviado...»); omite la historia de la cananea; recoge notas de universalismo y apertura a los paganos (2,31s; 4,25-27); deja muy bien a los samaritanos (10,33-37; 17,18-19); alaba mucho al centurión (7,10); los gentiles precederán a Israel (13,29-30).

c) Es una comunidad mixta, donde predominan los cristianos de origen gentil pero también hay judíos. Esta opinión parece la más probable.

¿Quiénes integraban esta comunidad? La preocupación de Lucas por los pobres, la pobreza, el recto uso de los bienes terreno, hacen pensar en una comunidad parecida a la de Corinto y a la que aparece en la carta de Santiago, donde una mayoría de cristianos pobres, de origen muy modesto, convive con un pequeño grupo de nivel social y económico superior. Distinta, por consiguiente, de las de Macedonia, famosas por su extrema pobreza (2 Cor 8,2).

El evangelio deja entrever conflictos serios con las autoridades civiles y con la sinagoga. Stegemann, que ha estudiado especialmente este tema, considera que las causas de conflicto con los judíos son de motivo político (por el peligro que representa el mesianismo de los cristianos), social (limitación del influjo de la sinagoga) y religioso (reducción de la identidad del judaísmo). En cuanto al conflicto con el Imperio, Stegemann se basa solo en Hechos y considera motivos principales la posible rebelión de los cristianos y un culto a Dios contrario a la ley romana. Recordando las acusaciones contra Jesús, se podría añadir el problema del tributo al César.

En algunos cristianos se daba un interés casi morboso por el fin del mundo, la venida del Señor, la instauración del reino de Dios, cuándo ocurriría y cuáles serían las señales previas. En Lucas se advierte un esfuerzo por reducir esas expectativas y no hacerse ilusiones con respecto a la inminencia del fin. En cambio, les insiste en la necesidad de orar, en la importancia de la abnegación, de tomar la cruz cada día, de la renuncia.

4. Personajes de Lucas

Lucas nos pone en contacto con personajes desconocidos para quien solo ha leído el evangelio de Marcos: Zacarías, Isabel, Gabriel, los pastores, Simeón, Ana, la viuda de Naín, Simón el fariseo y la pecadora anónima, Juana mujer de Cusa, Susana, Marta y María, la mujer que alaba a Jesús («bendito el vientre que te llevó...»), la mujer encorvada, Zaqueo, Herodes Antipas, las mujeres de Jerusalén que lloran a Jesús, los dos ladrones crucificados con él, los discípulos de Emaús. También con personajes ficticios, que han llegado a ser tan reales o más que cualquier otro: el buen samaritano, el hijo pródigo, el rico y Lázaro, el fariseo y el publicano. Además, personajes conocidos adquieren en Lucas un relieve especial: María, Juan Bautista. Al pensar en todos ellos, algunos detalles llaman la atención.

1) Protagonismo de la mujer. Basta releer la lista anterior. Dentro de este friso de personajes femeninos adquiere especial importancia María, la madre de Jesús. Los evangelios de Marcos y Mateo no le conceden ningún relieve. Incluso podría quedar en mal lugar, como si no entendiese a su hijo. Lucas, en cambio, le concede un puesto privilegiado en el momento de la Anunciación, la presenta como modelo para los cristianos al decir: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» y al meditar todo lo referente a su hijo, aunque no lo entienda.

Algunos atribuyen el feminismo de Lucas a su origen griego. También pudo influir en él la lectura del Antiguo Testamento, donde los personajes femeninos desempeñan un puesto capital. En cualquier hipótesis, su actitud ante las mujeres nos ayuda a comprender la atención que les dedicará en el libro de los Hechos, donde no solo habla de María sino también de las mujeres que forman parte de la comunidad (Hch 5,14; 8,3.12; 9,2). Cosa lógica porque a veces, como ocurrió en Filipos, las mujeres eran las únicas que acudían a rezar y las únicas a las que podía anunciarse el Evangelio (Hch 16,13).

Esta visión tan positiva de la mujer en la obra de Lucas ha sido muy discutida en los últimos años, especialmente a partir de la publicación de la obra de E. Schüssler-Fiorenza, En memoria de ella (Bilbao: Desclée de Brower, 1989)1. Es de especial interés el pasaje de Marta y María (véase el comentario a 10,38-42).

2) Ampliación del número de discípulos y seguidoras. A los Doce se añaden diversas mujeres (8,2-3) y más tarde envía a misionar a setenta y dos (10,1-12). Aunque no se los vuelve a mencionar de esa forma, Lucas habla de otros discípulos y mujeres, además de los Once, durante las apariciones (24,33). Con ello prepara la actividad misionera en los Hechos, donde encontraremos a los diáconos Esteban y Felipe, y a misioneros como Bernabé, Tito, Timoteo, etc.