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De entre las bellísimas y singulares obras que alumbró el sufismo persa, El lenguaje de los pájaros es sin duda una de sus cumbres, pudiendo contarse por derecho propio entre los hitos de la literatura universal. Compuesta por Farid ud-Din Attar en el siglo XII, esta obra maravillosa narra la asamblea que promueve entre las aves la aparición de una pluma desprendida del ave Simurg y la subsiguiente travesía que emprenden varias de ellas en busca de aquélla, metáfora del viaje espiritual hasta llegar a la unión con la divinidad. Esta espléndida versión de la obra conserva la musicalidad y el aliento del original y transmite con éxito al lector no sólo la belleza y el colorido de sus versos, sino también la profunda sabiduría que destilan sus palabras, sus episodios y la historia toda. Versión de Clara Janés y Said Garby
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Seitenzahl: 442
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Farid ud-Din Attar
El lenguajede los pájaros
Preliminar y epílogo de Clara JanésTraducción de Clara Janés y Said Garby
Preliminar
El lenguaje de los pájaros
I. Introducción
Compartir el pan
Plegaria al profeta
El niño salvado del agua
En elogio del fiel testigo Abu Bakr, que Dios lo guarde
Elogio de Omar, que Dios lo guarde
Elogio de Osmán, que Dios le bendiga
Elogio de Alí, que Dios lo bendiga
Omar y Obéis
Sobre el martirio de Alí
Otro relato sobre Alí
Sobre Balal
Nuevo elogio de Alí
Lo que dijo Rabea
La oración de Mahoma
II. Comienzo del libro
La reunión de los pájaros
Discurso de la abubilla
Primera manifestación de Simurg
El ruiseñor
La princesa y el derviche
El loro
El loco y Jezr
El pavo real
El destierro de Adán
El pato
Una gota de agua
La perdiz
El anillo de Salomón
Homa
Mahmud y el sabio
El halcón
El rey y el siervo
Butimar
El sabio y el mar
El búho
El avaro
El jilguero
En torno a Jacob
Las preguntas de los pájaros
Las preguntas
El rey encantador
Sobre Alejandro
Mahmud y Aiaz
Explicaciones de la abubilla
Respuesta de la abubilla
El maestro de Sanán
Un sueño
Los pájaros eligen guía
III. Los pájaros emprenden el camino
Primeros atisbos de la vía
Sobre Bayazid Bistami
La partida
Excusas de los pájaros. Habla el primero
Mahmud y el pescador
Sobre un asesino
Mahmud y el leñador
Habla un segundo pájaro
Sobre el maestro Nogani
Sobre un contemplativo
De Rabea
Un loco de amor por Dios
Alocución de un tercer pájaro
Sobre un criminal
La intención de Gabriel
Sobre un sufí
Dios reprende a Moisés
Un pecador difunto
Sobre Abasé
Pregunta de un cuarto pájaro
Sobre Sheblí
Querella de dos sufíes
El rey y el mendigo
Excusas de un quinto pájaro
El enterrador
Sobre Abasé
Pregunta el rey a un derviche
Dos zorros
Palabras de un sexto pájaro
Lamentos de un novicio
Del mundo
De un propietario y un sufí
Sobre un sufí
Habla el séptimo pájaro
Del maestro y su compañero de viaje
El maestro Basrí y Rabea
Un reproche de Dios
Nuevas excusas de un ave
Sobre un palacio
Sobre una mansión dorada
La araña
Un derviche misántropo
Lamento por un niño
El incienso
Alegato de un noveno pájaro
Sobre la amistad
Sobre un mercader
El rey y el perro
Sobre Hal.lach
Sobre Junaid
Excusas del décimo pájaro
El fénix
La muerte del padre
Consejos en la agonía
Jesús y la cántara de agua
Advertencia de Sócrates
Lamento del undécimo pájaro
El maestro que no quería beber
El siervo agradecido
Respuesta de un sufí
El maestro y la anciana
Lo que dijo Junaid
El murciélago
Pregunta de un nuevo pájaro
El regreso del rey
Respuesta de dos místicos
Sobre el maestro Jergán
Sobre un vestido, regalo del rey
Pregunta del pájaro decimotercero
Un sabio de Turquestán
El maestro de Jergán y la berenjena
Sobre el hombre del pescado
Prosigue el diálogo de los pájaros
La anciana y José
Sobre Ibrahim Adham
El maestro Gaurí
El mundo para un sufí
Nueva pregunta de un pájaro
Sobre el imán Hambal
El prisionero de Mahmud
El musulmán y el cristiano
José y sus hermanos
Pregunta del pájaro dieciséis
Amid de Jorasán
Sobre otro loco de Dios
El emir de Kariz
La carestía
Una cabaña en el jardín
Sobre Waseti
Habla el pájaro diecisiete
De cuando Bayazid agonizaba
Sobre un derviche enamorado
El rey Mahmud y el caldeador
Dos aguadores
Pregunta del pájaro dieciocho
Sobre Abu Bakr de Nishapur
Dios habla con Moisés
Un jardín lleno de dragones
El maestro y el perro
El derviche y su barca
Sobre otro de larga barba
La ropa y la lluvia
Nueva pregunta de un pájaro
El éxtasis del contemplativo
Sobre un enamorado agonizante
La atención a los defectos
Los efectos del vino
La mancha en el ojo
El guardia y el borracho
Nueva pregunta de un pájaro
Rubdar en su agonía
Dios habla con David
El favorito del rey Mahmud
La petición de Rabea
Palabras de Dios a David
El sultán Mahmud y el ídolo
Otra historia de Mahmud
Pregunta del pájaro veintiuno
De José y Zulaika
El amo y el esclavo
Sobre Abu Alí Tusí
La oración
Pregunta de un nuevo pájaro
IV. Los siete valles
Primer valle – La búsqueda
Sobre Amru ben Osmán
El maestro Sheblí
Machnún busca a Layla
Sobre Yusuf Hamdaní
Sobre Abusaid de Mahné
Mahmud y el buscador de oro
Rabea y la puerta
Segundo valle – El amor
El fermento
Otra historia de Machnún
Sobre un mendigo enamorado
El árabe y los bohemios
El enamorado y la muerte
Abraham y Azrael
Tercer valle – El conocimiento místico
Lágrimas de piedra
El enamorado perplejo
El amor centinela
Abasé y el amor
El loco religioso
Cuarto valle – El desasimiento
El joven que cayó al pozo
Yusuf Hamdaní
El sabio inculto
El iluminado
La mosca y la miel
Por la hija de un cuidador de perros
Un maestro a su discípulo
Quinto valle – La unicidad
Respuesta de un loco de Dios
Una anciana y Bu Alí
Oración de Logman
Una enamorada
Mahmud y Ayaz
Sexto valle – La perplejidad
La joven y el esclavo
Lamento de una madre
La llave
El maestro de Nasrabad
La ebriedad del maestro
Séptimo valle – De la pobreza y la aniquilación
Mashughé Tusí
Lloraba un enamorado
Reunión de mariposas
El sufí maltratado
El príncipe y el mendigo
Pregunta de un discípulo a su maestro
Actitud de los pájaros
Palabras alegóricas de Machnún
Fin de la historia de los pájaros
De nuevo sobre José
De nuevo sobre Hal.lach
Sobre un visir
Epílogo
La agonía de un teólogo
Sobre Alejandro
Discursos edificantes
Un sufí en su agonía
Palabras de un puro de corazón
De nuevo sobre Sheblí
Alegoría
Abusaid de Mahné
Un sabio el día de la resurrección
Sobre Nezam al-Molk
Salomón y la hormiga coja
De nuevo sobre Abusaid de Mahné
Apéndice. Las vías hacia el enigma
Sufismo
La obra
Fuentes
Propósito
La forma
El siete
Simurg
El espejo
Créditos
Al sobrevolar tierras de China, el pájaro Simurg pierde una pluma. Es tan hermosa y resplandeciente que despierta la inquietud de todos los habitantes del lugar y de todas las aves. Este hecho hace que las últimas tomen conciencia de su falta de gobierno. En efecto, éstas carecen de rey, de modo que se reúnen y deciden emprender un viaje en busca de aquel al que la pluma pertenece. Pronto destaca como guía la abubilla porque tiene mayor dominio de las cuestiones de mundo debido a su trato directo con Salomón, del que fue mensajera. Así comienza la obra El lenguaje de los pájaros de Farid ud-Din Attar, y este punto de la historia tiene su importancia. En el Corán se lee: «Y Salomón heredó a David y dijo: “¡Hombres! Se nos ha enseñado el lenguaje de los pájaros y se nos ha dado todo. ¡Es un favor manifiesto!”»1. Ese «todo», que equivale a conocer el lenguaje de los pájaros, es la capacidad no sólo de penetrar en el sentido de un discurso ajeno sino de captar los distintos tipos de seres, estados y moradas de los que se hallan en la vía. A esta frase del Corán se debe el título de la obra y remite al objetivo de la misma: la exposición de las etapas que debe seguir el iniciado para llegar a la unión con Dios.
Pero sigamos con el relato: una tras otra, van acudiendo las aves a la reunión donde se valoran los «pros» y los «contras» de la aventura que se disponen a emprender. En un principio todas tienen el ánimo dispuesto, pero poco a poco se van manifestando sus temores, de modo que buscan excusas para retirarse: el ruiseñor porque ama la rosa (lo terrenal), el pavo real porque busca la perfección en el paraíso conocido, el pato porque se siente ya purificado por el agua en la que mora, la perdiz porque halla su satisfacción en las piedras preciosas, el halcón debido a que está próximo a la realeza, el jilguero por su propia cobardía y falta de ambición...
A medida que se suceden sus intervenciones, la abubilla va desenmascarando sus debilidades y exhortándolas a ponerse en marcha. Las aves, al fin, lamentan sus pecados, sus cambios de humor, sus miedos, sus apasionamientos; temen al diablo, la lejanía del hogar... Y así surgen las preguntas esenciales: ¿Quién somos? ¿Adónde vamos? Finalmente se definen los siete valles que tendrán que cruzar antes de llegar a su destino, a saber, la búsqueda, el amor, el conocimiento místico, el desasimiento, la unicidad, la perplejidad y la pobreza y aniquilación. En dicha travesía, algunos pájaros mueren, otros se pierden o se cansan, de modo que sólo treinta llegan a su meta, el elevado monte Qaf, donde mora Simurg, y se hallan ante una superficie reflectante. Y dice así el poema:
Cuando, de pronto, los treinta pájaros [lo] miraron,
dichos pájaros eran ellos mismos aquel Simurg.
Una travesía, siete valles que cruzar, un alto monte, un espejo, el Pájaro Rey, la visión de la unidad... Sobre esta trama se construye, pues, El lenguaje de los pájaros, una de las obras culminantes de la literatura mística persa.
Su autor, Farid ud-Din Attar, nació en Nishapur, ciudad situada en Jorasán, al nordeste de Irán, al parecer entre los años 1120 y 1157. Su apelativo, Attar, remite a un vendedor de perfumes o un farmacéutico. Él mismo dejó escrito que compuso sus versos en la daru-jané, es decir, la farmacia o droguería, donde, probablemente, además de vender perfumes y pócimas curativas ejercía la medicina. Borges, en sus Nueve ensayos dantescos2, destaca el suceso siguiente: «una tarde entró un derviche en la droguería, miró los muchos pastilleros y frascos y se puso a llorar. Attar, inquieto y asombrado, le pidió que se fuera. El derviche le contestó: “A mí nada me cuesta partir, nada llevo conmigo. A ti en cambio te costará decir adiós a los tesoros que estoy viendo”. El corazón de Attar se quedó frío como el alcanfor. El derviche se fue, pero a la mañana siguiente, Attar abandonó su tienda y los quehaceres de este mundo», es decir, abrazó el sufismo.
De hecho, es muy poco lo que se sabe de la vida del maestro de Nishapur, empezando por las fechas de nacimiento y muerte. Esta última se cree que aconteció en torno a 1229, como consecuencia de la toma de la ciudad por los mongoles. Según su propio relato, durante la infancia Attar acudió a la escuela teológica vecina del santuario del Imam Reza de Mashad. Posteriormente viajó a La Meca y también a Rey, Damasco, Egipto, Turkestán y la India. La mayoría de estos viajes tenía como fin tanto la enseñanza como el aprendizaje, pues el maestro recababa datos sobre los grandes santos islámicos para escribir el que sería su Memorial de santos. Tras estos recorridos, regresó a Nishapur y más tarde, como consecuencia de sus críticas a la hipocresía y avidez de los clérigos oficiales, fue juzgado por herejía y exilado durante un periodo, después del cual volvió para vivir en su ciudad el resto de sus días.
Compuesta casi toda en verso, la obra de Attar surge precisamente en el periodo en que la literatura mística cobra en Irán empuje en su desarrollo, a la vez que lo cobra la difusión del sufismo. Por entonces, uno de los géneros literarios favoritos era la epopeya versificada de estilo novelesco o didáctico. Attar se decantó por la segunda, y su escritura –en la que se mezcla la doctrina con ejemplos o parábolas– tuvo tal acogida que no pasó mucho tiempo sin que surgieran imitadores y se le atribuyeran obras que no nacieron de su pluma, cosa que él intentó corregir. Entre las que él mismo consignó como propias, destacaremos el Libro de los secretos3, el Libro de las adversidades y El lenguaje de los pájaros, escritos éstos siguiendo la forma masnaví, y el Diván, compuesto de gazals y casidas. Es de notar, además, el extraordinario Memorial de santos, biografías de los maestros sufíes.
A pesar de su absoluta sencillez, la complejidad de El lenguaje de los pájaros es grande, tanto desde el punto de vista estilístico como simbólico. Por ello traducir dicha obra es más que traducir. Por una parte es un goce de los sentidos, dados la belleza y colorido de los versos, y también un goce del intelecto por el especial empleo de las palabras en la frase y el modo en que están construidas las secuencias estróficas, donde se mezclan episodios exaltados de loas y declaraciones de fe con vivos diálogos. La sabiduría que de lo escrito se desprende y la clarividencia aplicada a todos los aspectos de la vida, por otra parte, hacen que sus páginas resulten de una rabiosa actualidad.
Suele suceder que se traduzca en prosa lo que ha sido escrito en verso, bajo la excusa de que hubo un tiempo en que todo se escribía en verso. No soy de este parecer aunque, en verdad, no se pueda trasladar todo lo que el verso original encierra, y menos tratándose de una obra como la de Attar, que nos enfrenta por un lado a la ambigüedad que comporta en sí la lengua persa –no sólo en materia de palabras, que pueden en algún caso significar una cosa y su contraria, sino en la construcción y el empleo de los pronombres y tiempos verbales que calificaría de mutantes–, y por otro a los atrevidos juegos de palabras con los que nos deslumbra. A pesar de ello, en ningún momento me he planteado no traducir en verso la obra, pues hay otros elementos fundamentales en un poema: la musicalidad y el aliento poético. He centrado, pues, mi esfuerzo en ser muy fiel al texto –es decir, no interpretar, aunque se produzca algún enigma– y en mantener en lo posible musicalidad y aliento. Esto ha supuesto revisiones innumerables. He hecho la traducción con Said Garby, y nos hemos basado en la edición realizada por el doctor Mohammad Reza Shafiye Kadkani, publicada en Teherán en el año 2005. Por otra parte, he consultado detalles puntuales con Ahmad Taherí. Finalmente, el poeta Antonio Mengs se ofreció a leer con detención el texto y me hizo muy valiosas sugerencias. A los tres les manifiesto mi más profunda gratitud.
Hasta ahora he llevado a cabo numerosas traducciones, algunas de las cuales de gran dificultad, pero no me había enfrentado a tantos miles de versos formando un todo. Siento por ello este trabajo como una prueba de fuego a la que me he lanzado –arrastrando, indefectiblemente, conmigo a Said Garby– con enorme fe en su autor y con la esperanza de que las llamas se transformen en rosas.
«Él recorrió los siete cielos del amor, mientras que yo sigo dando vueltas a un callejón sin salida», dijo Rumi refiriéndose a Farid ud-Din Attar. Son palabras importantes, y más porque las dijo aquel que fue el gran enamorado, el que para expresar ese Amor, que hace girar los astros, se hizo uno con ellos a través de la danza. Los «siete cielos del amor» suponen la culminación del camino místico. Yalal ud-Din Rumi conoció a Attar al iniciar el suyo, siendo un joven adolescente. Eran los años de la invasión mongola y su familia, que huía hacia Bagdad, se detuvo en Nishapur, donde, casi centenario, vivía el maestro. Fue un lúcido destello del azar el que propició el encuentro. Attar, tal vez habiendo reconocido un don, puso entonces en manos del joven su obra El libro de los secretos. Con este gesto le entregaba la llave misma del sufismo. La vía del místico se orienta precisamente a perseguir aquello que está oculto aunque es profundamente intuido. De hecho, es una travesía en pos del sol que brilla en plena noche, el punto donde el enigma se manifiesta. Attar recorrió ese camino y de modo gozoso. ¡Que los pájaros, con todo su colorido y sus cantos aurorales, señalen ahora al lector la dirección!
Clara Janés
Septiembre, 2013
1. El Corán, traducción de Julio Cortés, Madrid, Editora Nacional, 1984, XXVII, 16.
2. El libro de bolsillo, Alianza Editorial, 1999, p. 76.
3. Existe una edición en España, traducción de C. Janés con la colaboración de S. Garby, Madrid, Mandala Ediciones, 1999.
1¡Al que creó la vida, al creador inmaculado, alabanza!
A aquel que alumbró y dio fe a la tierra.
El que construyó sobre el agua el universo
y, cuanto en la tierra se halla, sobre el viento.
Al cielo dotó de potencia
y dejó en el fondo más bajo a la tierra.
Otorgó a aquél movimiento incesante
y a ésta recluyó en la calma perpetua.
5Del cielo, sin pilares, elevó una cúpula
y dejó la tierra como mero suelo.
Creó siete universos en seis días
y de dos letras4 extrajo nueve cielos.
Hizo de las partículas dados del universo en un cuenco
y, con el cielo en el cuenco, cada noche jugaba.
Mutable y cambiante hizo la cárcel del cuerpo;
y tras dar éste a la tierra liberó al alma.
El mar quemó rindiéndolo
y a la montaña, de temor, entristeció.
10Al mar de abundantes aguas, por su sed, dio labios secos.
Hizo de la sangre rubí y de la piedra almizcle.
En el rostro puro5, puso el espíritu de manifiesto.
Impulsó toda obra del ser humano.
Humilló la inteligencia indomable ante las leyes de Dios.
Al cuerpo dio vida con el alma y al alma con la fe.
Dio filo y cinto a la montaña hasta
que irguió por su mandato la cabeza.
A veces hizo flores sobre el fuego,
a veces hizo puentes sobre el mar.
15Lanzó una mosca contra el enemigo
y cuatrocientos años la mantuvo rondándole.
Dio a una araña su tela por providencia
y al canciller del mundo escondió tras la tela.
Dio a la hormiga un cinturón fino como un pelo
y a esa hormiga enfrentó con Salomón.
Al hombre otorgó la vestidura de los abasíes6
y le reveló la Ta y la Sin7 generosamente.
Cuando detectó en Jesús una aguja
lo retuvo donde se hallaba8.
20Llenó del rojo de los tulipanes el filo del monte
e hizo de humo la celeste sábana.
Ensangrentó la tierra de parte a parte
hasta extraer el granate y el topacio.
Al postrarse día y noche, sol y luna
tocaron la tierra con la frente.
Si hermosos son sus rostros a ese adorar se deben.
¿Acaso sin tal gesto hay rostro hermoso?
En su amplitud el día concede la blancura;
la noche, al recogerse, el negro otorga.
25Han dado al loro gargantilla de oro,
a la abubilla han hecho mensajera.
El pájaro, que vaga, revolotea en su camino
y como una aldaba llama a su puerta con la cabeza.
Hace girar la rueda día y noche.
A la noche se lleva, trae el día, alimenta.
Cuando en el barro sopla, nace el hombre.
De espuma y humo un universo crea.
A veces enaltece a un perro9,
a veces mediante un gato revela la vía.
30Pues tanto acerca el perro al hombre
que emparienta a un valiente con el perro.
Como timón del firmamento coloca
la esfera del sol sobre el mantel del universo.
A veces da un cayado a Salomón,
a veces a una hormiga otorga el habla.
Una estaca convirtió en dragón
y el diluvio hace surgir de un horno.
Somete al firmamento como a un cachorro indómito.
Tira, para domarlo, una herradura al fuego.
35Hace que de la roca salga un camello,
otorga extraña voz al becerro de oro.
En invierno llena de plata el campo
y en otoño le arroja el oro de las ramas.
Si alguien cubre de sangre la flecha,
el capullo de sangre injerta en el capullo de la rosa.
Cubre al jazmín con un bonete
y al tulipán con un gorro de sangre.
A veces corona de oro la cabeza del narciso
y a veces adorna de brisas su corona.
40Por él trabaja la razón y el alma ha perdido el corazón.
Por él firme es la tierra y el cielo no deja de dar vueltas.
La montaña se volvió roca por su designio.
El mar, de sonrojarse ante él, se volvió agua.
De igual modo la tierra permanece con tierra en la cabeza.
De igual modo se halla el universo como aldaba en la puerta.
Los ocho cielos no son más que un umbral.
Los siete infiernos son sólo una llamarada.
En su unicidad están todos sumidos.
No sumidos, sino plenamente asumidos.
45Aunque desde el dorso del pez a la luna
testigos de su existencia son todas las partículas,
a ras de tierra y en lo alto del firmamento,
ambos testigos bastan, y cada uno
viento, tierra, fuego y sangre trae,
y el secreto revelará de todo esto.
Nuestra tierra con barro de cuarenta auroras moldeó,
y alojó luego en ella el alma.
Cuando entró el alma en el cuerpo y por ella el cuerpo cobró vida,
le otorgó inteligencia para que comprendiera.
50Cuando la inteligencia alcanzó la visión,
por mor del conocimiento le dio sabiduría.
Cuando llegó a conocer, confesó su impotencia,
se sumió en el asombro y se rindió.
Sea aquí amigo o enemigo,
todos se hallan sometidos a su dominio.
Su designio acoge a todo el mundo.
¡Qué extraño! Todo lo abarca él mismo.
Al principio, clavo de la tierra hizo a la montaña,
y luego lavó en el mar la cara de la tierra.
55Del mismo modo que la tierra sobre los lomos de un toro10 se yergue.
El toro se halla sobre el pez y el pez en el aire.
¿Y el aire, sobre qué? Sobre la nada y basta.
Y la nada es nada, así que todo esto no es nada.
Piensa en la habilidad de aquel rey
cuya mirada toda se apoya en esta nada.
Como todo se basa en una nada,
todo esto, sin duda, nada es.
La parte y el todo, de su puro ser son pruebas.
Cielo y tierra son puñados de sus pertenencias.
60Sobre el agua está el cielo y en el aire el universo.
Olvida el agua y el aire, todo es Dios.
Cielo y universo son sólo un talismán.
Es él y basta y lo demás son palabras.
Mira, este mundo y el otro mundo son él:
no hay otra cosa y, de haberla, también es él.
Todo es una misma esencia pero adjetivada;
expresiones distintas y todo una palabra.
Hombre tiene que ser el que distinga las cualidades del rey;
el que entre cien personas vea al rey.
65No se halla en error el que sabe quién es.
¿Qué error puede haber, puesto que todo es él?
Caer en el error al modo pertenece,
y al hombre confuso corresponde esta opción.
¡Oh, qué dolor: nadie tiene paciencia!
Ciegos están los ojos y el universo lleno de luz del sol.
Si ves, pierdes este saber,
lo ves a Él en todo y a ti mismo te pierdes.
Sorprendidos están todos y con la boca abierta,
y dan excusas buscando la fuga.
70¡Oh tú, cuya presencia se halla tan oculta,
el mundo entero eres y el hombre es una ausencia!
El alma oculta en el cuerpo y tú oculto en el alma,
oh tú oculto en lo oculto, alma del alma.
Oh tú anterior a todo y más que todo,
que todo considera suyo y a sí mismo de todos.
Tus dominios están llenos de guardias y la puerta de centinelas,
¿cómo podría alguien llegar hasta ti?
La razón y el alma no encuentran el camino a tu esencia.
Nadie tiene conciencia de tus virtudes.
75Aunque en el alma el tesoro escondido eres tú,
quien está presente al alma y el cuerpo eres tú.
Todas las almas desconocen tu fondo,
a los caminos terrestres consagran el alma los profetas.
Si la razón alcanza apenas a rozarte,
¿cómo llegará a lo más hondo de ti?
Y pues eres eterno en toda tu existencia,
has atado las manos en toda medida.
Y pues dentro del alma y fuera del alma estás,
no eres cuanto yo digo, y, en cambio, sí lo eres.
80Oh tú, desorientada está en tu puerta la sabiduría,
la razón con el hilo perdido en tu camino.
El mundo en su totalidad veo por ti
y de ti en el mundo no veo señal.
Todo el que de ti da alguna señal...
Señal de ti no es, ¡oh Señor del secreto!
Aunque abrió algunos ojos, el universo en giro
nada vio, ni una sola partícula, de tu camino.
Ni siquiera la tierra llegó a ver tu huella,
aunque por ti, doliente, se echó tierra en la cabeza11.
85De entusiasmo por ti, el sol perdió el sentido
y al verdín, cada noche, su rostro abandonaba.
Igualmente la luna encendida por ti,
de asombro cada mes rinde sus armas.
Por ti está de alegría el mar fuera de sí,
con la falda mojada viene y el labio seco.
Quedan en la montaña cien caminos difíciles
y los pies en el barro quedan atrapados.
Por ti de entusiasmo el fuego como el fuego se ha vuelto,
el pie sobre el fuego ha perdido control.
90El viento, sin ti, sin pies ni cabeza ha venido.
El viento en la palma de la mano, veloz como el viento ha venido.
Al agua no le queda ya agua en el corazón.
De entusiasmo por ti, su agua ha rebasado su cabeza.
En la puerta de tu barrio se ha quedado la tierra.
Lo terroso de la tierra se ha quedado en ella.
¿Qué diré yo que no te encierre en adjetivo?
¿Qué haré yo sin la luz de aquella ciencia?
Si deseante eres, corazón, ponte en camino.
Ve consciente, delante y detrás, mira.
95Mira a los sabios que han llegado a Su puerta.
Amontonados todos, juntos han venido.
Hoy es cada partícula una nueva puerta,
pues con cada partícula un camino hacia él se crea.
Tú que sabes qué camino hay que seguir
y qué camino lleva a aquella puerta.
En el momento en que lo encuentras, está oculto,
y está presente en el momento en que oculto lo encuentras.
Si con tus ojos aspiras ahora a verlo está escondido,
y si escondido lo buscas, a tus ojos ahora se muestra.
100Si los buscas a ambos, pues él es sin porqué,
fuera de los dos se halla entonces.
Tú nada has perdido, ¡no busques!
Cuanto digas no es él, ¡no digas nada!
Cuanto sabes y dices eres tú.
Cientos eres, ¡conócete a ti mismo!
A través de él mismo, no de ti, llega a él.
El camino hacia él de la razón no parte sino de él.
Los que de él dan razón no están a la altura.
No es éste un don del hombre, ni de nadie.
105La impotencia se unió a la sabiduría,
pues no puede explicarse ni tiene atributos.
El concepto que el hombre de él alcanza no es más que fantasía,
pues de él no se puede dar noticia.
De cuanto se ha dicho, sea bien o mal,
el que ha hablado, de sí mismo lo ha dicho.
Superior a la ciencia es y ajeno a la vista,
pues su santidad carece de huellas.
De su señal nada se halló sino una sinseñal,
y nadie halló salida excepto el sacrificio.
110Consciente o inconsciente nadie lo percibe.
De él nada capta, ni siquiera lo que piensa.
Partícula a partícula, los dos mundos sólo intuyes.
Lo que conoces no es Dios, es lo que entiendes por Dios.
A nadie pertenece dondequiera que esté.
¿Cómo un alma podrá llegar a él?
Más de cien mil veces, superior es al alma.
Rebasa cuanto yo quiera decir.
El juicio en su búsqueda quedó asombrado.
El alma, de impotencia, quedó boquiabierta.
115El juicio no alcanza el tesoro de alcanzarle.
Purificada, el alma, si está, no está en aquel lugar.
Qué es el alma, perdida en su búsqueda.
El corazón, un ser doliente ensangrentado.
Tú, que la verdad buscas, no hagas comparaciones,
que un trabajo perfecto no entra en comparaciones.
Ante su magnitud envejecieron intelecto y vida.
La razón se asombró y el alma se quedó perpleja.
Ni una partícula de la totalidad completa descubrió nadie,
sino los enviados y los profetas.
120Todos rendidos se echaron a tierra
y confesaron: «no te conocemos como tú mereces».
¿Quién soy para presumir de conocimiento?
Lo conoció tan sólo quien con él concordaba.
Pues nadie más que él existe en los dos mundos,
¿con quién concuerdan esta aventura y este capricho tuyos?
Existe un mar cuyo oleaje es esencia.
Tú lo ignoras. Echa los dados y saca seis y cinco12.
Quien no encontró esa esencia y ese mar
negado fue y privado de ese conocimiento.
125Cuanto fue adjetivado, ¿cómo aconteció?
Y decir estas cosas, ¿cuándo me fue fácil?
No digas «Aquél», que no entra en un esquema.
No hables que no entra en una frase.
Ni señales admite, ni decires,
ni ciencia de él ni indicación tiene nadie.
En absoluto seas, la elevación es éste y basta.
Tú, de ti, piérdete, el encuentro es éste y basta.
Piérdete en él, lo infuso es esto.
Todo lo que no sea esto es entrometerse.
130Ve por el uno y apártate del dos.
Un corazón entero, una sola dirección y una cara.
Oh descendiente de rey, a iluminación ajeno,
comparte esta iluminación con el padre.
A cuanto otorgó el ser desde la no existencia,
cayó a sus pies en postración.
Como al final llegó la esencia al hombre,
de enojo, tras cien velos, lo escondió.
Dijo: «Oh hombre, sé el mar de la creación.
Sé tú aquel ante el que se postran todos».
135Y aquel que ante él se negó a postrarse13quedó perplejo y maldito, y no descubrió el secreto.
Y dijo éste al verse descubierto: «Oh tú a necesidad ajeno,
no me abandones, pon fin a mis pesares».
Y dijo Dios: «Oh, tú, maldito del camino,
el hombre es un rey y es soberano.
Hoy cobra tú forma de máscara14 contra el mal de ojo
y mañana quema para el hombre el incienso».
Cuando el alma descendió al cuerpo se hizo parte del todo.
Nadie logrará hacer un talismán tan mágico.
140A elevarse tendía el alma, el cuerpo al descenso.
La tierra baja y el alma pura se reunieron.
Al unirse lo alto y lo bajo,
el hombre en un prodigio del secreto se convirtió.
Pues nadie conoció su secreto,
no es asunto de un mendigo cualquiera, lo suyo.
No supimos ni conocimos,
ni siquiera un instante nos entregamos a ello,
¿por qué hablas tanto? No hay más camino que el silencio,
que a nadie queda el valor de un suspiro.
145Son bastantes los que la superficie de ese mar conocen,
mas nadie lo conoce en su profundidad.
En el fondo está el tesoro: el universo como un talismán.
Al final, el talismán y la atadura del cuerpo se romperán.
Encontrarás el tesoro cuando el talismán desaparezca.
Cuando el cuerpo desaparezca, el alma aparecerá.
Luego tu alma será otro talismán:
para lo oculto otro cuerpo es tu alma.
Sigue el camino y no preguntes por el final:
en tal dolor por el remedio no preguntes.
150En el fondo de este infinito mar,
fueron bastantes los que naufragaron y de nadie hay noticia.
En semejante mar, el mar inmenso,
el universo es una partícula, y la partícula, un universo.
Sabe que el universo es una burbuja sobre este mar.
Sabe también que una partícula es una burbuja.
Si desaparecen el universo y una partícula,
¿en qué burbuja disminuirá este mar?
¿Quién sabe si en tan profundo mar
se capta un ágata o un guijarro?
155Perdidos la razón, el alma, la fe y el corazón tenía,
hasta que conocí la virtud de una partícula.
No digas nada del cielo y no preguntes.
No preguntes ni siquiera un poco.
Ha ardido tu intelecto por una futileza.
Ambos labios hay que cerrar a las preguntas.
Nadie conoce a fondo el fondo de esa partícula,
cuanto preguntas, cuanto dices, nada.
¿Qué es el universo? Boca abajo no se sostiene,
inquieto y a la vez siempre en la quietud.
160En su camino te has perdido,
velo, tras velo, tras velo.
¿Cuándo, con tal desorientación, se aclarará
la historia de semejante reino?
¿Cómo llegará al secreto el que está perdido?
y ¿cómo puede entender esto el que está perplejo?
Excepto perderse y hallarse, ¿qué es el giro?
¿Qué sabe él de lo que hay detrás del velo?
El que por tantos años tiene esta búsqueda en la cabeza
sin sentido ha girado alrededor de esta puerta.
165Nadie conoce el secreto del interior del velo.
¿Cuándo se abre ese velo para alguien como tú?
La obra del universo experiencia es y anhelo.
Asombro es, asombro, asombro.
Cuanto más interminable es dicho camino,
más asombra al hombre, a cada instante, verlo.
Sabes que el caminante cuando vio el camino...
Vio más el que llegó más lejos.
Si partes tuviera el infinito,
límites sin fin se podrían contar.
170Vi lleno de asombro el taller [de Dios].
Fuera de sí, ausentes, a todos los vi.
Nadie conoce el rincón más hondo de sí mismo.
Nada sabe una partícula de otra partícula.
Es un esfuerzo vano, sin pies ni cabeza.
Choca con el muro y se muerde los labios de impotencia.
Acostumbrado a mí mismo, de ti asombrado,
tuyo soy, sea bueno o sea malo.
Sin ti no soy nadie, mírame a mí.
Alcanzaré el ser total si tus ojos diriges hacia mí.
175Lanza una mirada a mi corazón ensangrentado
y de en medio de todo esto, sácame.
Si tú me llamas fuera de mí mismo un instante,
tampoco habrá nadie que me alcance.
¿Quién soy para ser alguien para ti?
Me basta esto: ante ti ser nadie.
¿En qué ocasión puedo decir que soy tu esclavo?
Esclavo soy a los pies del lebrel de tu campo.
En tus manos pongo mi alma de esclavo.
Como esclavo genuino tengo tu marca.
180Si no fuera tu esclavo, ¿cómo podría ser feliz?
Me llené de alegría al convertirme en tu esclavo.
Al esclavo marcado no lo vendas,
y tú, pon el aro en mi oreja.
Oh, Tú, por tu sabiduría nadie ha perdido la esperanza,
tu aro y tu marca para siempre me bastan.
Aquel que no se alegra porque sufre por ti,
que no se alegre porque no es de los tuyos.
Oh alivio mío, concédeme un poco de dolor,
pues muere mi alma sin este dolor.
185Blasfemia para el infiel y ciencia para el creyente,
y un leve sufrimiento para el corazón de Attar eres.
Oh Dios, bien sabes tú cómo te invoco.
Está presente en mis noches de duelo.
Mi duelo fuera de todo límite está ya,
concédeme una sura, mándame luz en esta oscuridad.
Sé tú mi apoyo en este duelo,
a nadie tengo; sé también tú quien me da la mano.
Otórgame gozar de la luz musulmana.
Acaba con mis oscuros deseos.
190Soy una partícula perdida en la sombra,
carezco de los bienes de la existencia.
Soy quien pregunta al sol de Su Majestad,
y espera que un hilo luminoso le llegue de sus rayos.
Quizá hasta una partícula perdida como yo
dé un salto y a los hilos luminosos se agarre.
Abandonaré entonces este agujero
y seguiré en un mundo de claridad,
hasta que llegue, en verdad, mi trance último,
y, de este modo, alguien me sostendrá.
195Y cuando el alma parta, sólo a ti te tendré.
En el último aliento, acompaña a mi alma.
Cuando, sin mí, mi puesto esté de mí vacío,
¡ay de mí! si tampoco te hallas conmigo.
Llegado es el momento de que tú acompañes,
puedes hacerlo si deseas hacerlo.
Los guías que conocían el camino
a veces movidos por la fe venían.
Hallaron su alma idéntica al asombro.
Lamento hallaron junto al alma, y desesperanza.
200Mira primero qué hizo Adán,
¡cuántas vidas por él están en duelo!
Y mira luego a Noé, sumido en el trabajo,
qué obtuvo de los infieles a lo largo de mil años.
Mira luego a Abraham, totalmente entregado,
catapultas y fuego en su hogar se han trocado.
Mira luego a Ismael, con hábitos de luto,
sacrificada fue su oveja en aras del Amado.
Mira a Jacob perdido, cuyos ojos
se pierden de esperar a su hijo.
205Mira luego a José15 en el juicio de paciencia:
esclavo y pozo y cárcel, y después reino.
Mira luego a Job que sufre,
hundido entre gusanos y cara a los lobos.
Mira luego a Jonás, perdido en el camino.
En vientre de ballena de la luna venido.
Mira luego a Moisés, desde el principio
del faraón cuidado, y como profeta actuando.
Mira luego a David, fuerte como un herrero,
con el calor de su corazón funde el hierro.
210Mira al sabio Salomón, cómo el diablo
se adueñó de su reino, del reino entero.
Mira a Zacarías cuyo corazón hervía,
la sierra en su cabeza y él callado16.
Mira a Juan ante el mundo humillado,
como una vela, su cabeza cortada en una bandeja.
Mira a Jesús, que, descendido de la cruz,
repetidas veces desapareció a los ojos de los judíos.
Mira la cabeza de los profetas,
los daños y sufrimientos que aguantó de los infieles.
215Tú crees que estas cosas son sencillas.
Lo mínimo, en cambio, es entregar la vida.
He dicho tanto que no me quedan palabras,
ni me queda esa flor que cogí de la rama.
Un día me quedé pasmado de asombro,
no conozco más salida que rendirme.
En tu camino, el intelecto es como un recién nacido.
Madura está la razón, perdida en tu búsqueda.
¿Cuándo llegaré a semejante esencia?
Soy un no nacido. ¿Cuándo llegaré al que es puro?
220No se te alcanza ni a través de la ciencia ni de los ojos,
libre eres de pérdida y beneficio y del beneficio de la pérdida.
Nunca recibirás beneficio de Moisés,
ni por causa del faraón sufrirás pérdida.
Oh Dios, ¿quién existe excepto tú?
Sin límite ni dimensión eres. Excepto tú, ¿qué hay?
Sin duda, nada que procede del infinito empieza ni acaba.
¿Cómo puede concretarse en un concepto?
El mundo se halla en el asombro,
tú estás oculto detrás del velo.
225Aparta el velo, y a mi alma no prendas fuego.
Deja de quemarme secretamente tras el velo.
Me he perdido de pronto en el mar del asombro,
de tantos extravíos libérame.
En medio del mar dando vueltas me hallo
y fuera del velo me he quedado.
Saca a tu servidor de este mar extraño.
Tú me has metido en él, sácame de él también.
De la cabeza a los pies me han absorbido los deseos carnales.
Si no me coges de la mano, ¡ay de mí, desdichado!
230De inutilidad mi alma está invadida,
para tal invasión carezco de fuerza.
Purifícame de esta inmundicia
o toma mi vida y conviérteme en tierra.
El hombre te teme, yo a mí mismo me temo,
pues tu bondad y mi maldad contemplo.
Un muerto soy que por la tierra anda.
Oh puro, tú que das la vida, da la vida a mi alma.
El infiel y el creyente en un baño de sangre se hallan.
Perdidos todos ellos están o en retirada.
235Si pronuncias [el nombre de Dios] eso será perderse,
y ponerlo en duda será retirarse.
¡Oh soberano!, bañado en sangre tengo el corazón;
en puro vagar estoy como el universo.
Dijiste: día y noche estoy con vosotros,
ni a un aliento liberéis de invocarme.
Y pues de tal modo somos vecinos uno del otro,
siendo tú el sol y nosotros la sombra,
¡no ibas a respetar los derechos de vecindad,
tú, con los desheredados, tan bondadoso!
240Con corazón doliente y alma apenada,
de anhelo de ti, a mares, lloro.
Si yo mi pena te contara estaría perdido
hasta que un día te encontrara.
Sé mi guía, pues he perdido el camino,
concédeme audiencia aunque sin cita he venido.
Todo aquel que a tu entorno se ha acogido
se ha perdido en ti y se ha alejado de sí mismo.
No estoy sin esperanza y estoy inquieto
esperando a que, entre cien mil, me llegue el momento.
Halló un valiente a un hombre de corazón cansado
245y, atadas las manos, se lo llevó a su casa.
Quiso cortarle la cabeza y fue a por una espada,
Mas, en aquel momento, su mujer puso un trozo de pan en su mano.
Cuando él regresó con la espada
y vio el pan en la mano del hombre cansado,
le dijo: «Oh, Nadie, quién te ha dado este pan?».
Él respondió: «Tu mujer, y sólo ella, ese pan me ha dado».
Al oír tal respuesta, dijo el hombre valiente:
«De este modo me prohíben que te dé muerte,
250que no se puede levantar la espada
contra aquel que nuestro pan comparte.
No negamos la vida a quien comparte el pan con nosotros,
¿cómo podría mi espada derramar su sangre?».
Glosa
¡Oh Creador, desde que he emprendido el camino recto,
de tu mesa he recibido el alimento!
El que con otro comparte el pan,
es gratitud divina lo que comparte.
Como eres dueño de un mar de alimentos,
de tu pan abusé, merecedor de agradecimiento.
255Estoy perplejo, Dios todopoderoso, Señor del mundo.
Sumido en lágrimas de sangre, por la tierra navego.
Toma mis manos y a mi clamor responde.
¿Cuánto tiempo me rondará como un insecto este aturdimiento?
Tú que perdonas los pecados, acepta mis excusas.
He sufrido cien incendios. De tanto fuego, ¿cuál es para ti el provecho?
Avergonzada ante ti, mi sangre hierve.
Las muchas traiciones por mi parte, ¡cubre!
Por ignorancia cien veces he pecado,
mas tú cien bondades me has otorgado a cambio.
260Oh Rey, mi pequeñez observa,
y si aún ves en mí algo malo, no lo tengas en cuenta.
Por mi ignorancia me desvié del camino.
Perdona a mi alma y mi corazón contritos.
Si no es visible el llanto de mis ojos,
a ocultas llora mi alma que te exalta.
¡Oh Creador, cuanto he hecho, bien o mal,
lo he hecho con mi cuerpo.
Que sea tu voluntad borrar mis insultos.
Que sea tu deseo perdonar mis bajos anhelos!
¡Oh, del mundo y el camino, tesoro de fidelidad,
265principio y fin de los dos mundos, Mustafá!17Luz del mundo y del mundo entero bendición.
Sol de luz eres y eres mar de certeza.
Alma de los puros, de su alma pura, tierra,
libera el alma y, para él, con la tierra, crea.
Señor del universo y rey de todo ser,
sol del alma y, de todos, fe;
dueño de la ascensión y guía del universo;
sombra de Dios, del sol de la esencia, señor.
270Atados como caza a su caballo, los dos mundos;
el firmamento y el suelo, mihrab de su tierra han hecho.
De este y el otro mundo, guía,
que puede responder de lo oculto y lo visible;
el más señalado y mayor de los profetas,
guía de poderosos y de humildes.
Mahdi18 del Islam y guía de los caminos,
Muftí19 de lo oculto, Imán de la parte y el todo.
Señor al que no alcanzaré con cuanto diga,
en todo estaba y a todos superaba.
275Se llamó a sí mismo señor omnisciente,
«ciertamente soy misericordia en dones»20.
Por él gloria alcanzaron los dos mundos.
Y también el cielo se apaciguó con su nombre.
Como brisas, movidos por su ansia, se posaron en él,
buscando su gozo, los hombres del mundo.
Su luz fue, de las criaturas, objetivo,
esencia de los seres inertes y de los seres vivos.
Al ver Dios presente esta luz absoluta
hizo, de esa luz, cien mares de luz.
280Para sí mismo creó esa alma pura,
y para él a los hombres del mundo.
No hay objetivo para la creación, sino él;
más puro que él no hay otro ser.
El primer nacido de la ausencia de la ausencia
fue, sin ninguna duda, su pura luz.
Tras ésta, aquella luz divina manifestó su presencia,
se convirtió en cielo y tierra, y tabla y pluma.
Un rayo de su luz es todo un mundo;
sus hijos son, y Adán un rayo suyo.
285Cuando esa luz esplendorosa apareció,
se prosternó ante el Creador.
Siglos estuvo prosternado,
vidas estuvo [en reverencia] inclinado.
Años estuvo en pie [al servicio de Dios]
y toda la vida dando testimonio.
Por la oración iluminadora de aquel mar de los secretos,
se volvió obligatoria, para sus seguidores, la oración.
Dios vigilaba aquella luz como la niña de sus ojos,
de cerca, en todos los sentidos, y sin fin.
290Después, en el mar de la verdad, de pronto
abrió a aquella luz un camino manifiesto.
Cuando aquella luz vio el mar del secreto,
se apoderó de él un revuelo de grandeza y orgullo.
Siete veces dio vueltas en su búsqueda;
se le revelaron siete orbes del universo.
Cada mirada que le llegaba de Dios se convertía
en una parte del universo y el deseo se cumplía.
Después de esto se calmó aquella luz pura,
el firmamento se elevó y tomó nombre la tierra.
295Cielo y tierra se opusieron por naturaleza,
sus cualidades engendraron muchos ángeles.
De sus alientos muchas luces surgieron,
y de su corazón, de pensamientos lleno, brotaron los secretos.
El secreto del espíritu está preestablecido y no hay más,
así que «al hombre le dio aliento» con el aliento.
Como se reunieron aquellos alientos y aquellos secretos,
muchos espíritus, por esa razón, se reunieron.
Como su luz rebasaba en exceso,
por ello fue elegido profeta de todos.
300Fue elegido para el día final,
para los hombres todos de todos los tiempos.
Cuando invitó al diablo fue para convertirlo,
y, por ello, el diablo se convirtió al Islam.
Con ayuda de Dios invitó también a los genios
e incluso ellos se convirtieron.
A los puros sentaron con el profeta,
y a todos igualmente reunió una noche.
Cuando esa invitación reveló a las bestias,
la cabra y el caimán fueron sus testigos.
305Del mismo modo, fueron para siempre derrotados,
ante él, los adoradores de ídolos.
Él era el alma pura que las partículas proclama,
por ello el rosario de piedra puso en sus palmas.
¿Qué profeta tal altura y distintivo obtuvo?
¿Quién invitó al entero mundo?
Como su luz esencial para los vivos era,
su esencia era medida de todas las esencias.
Forzosa fue la invitación de los dos mundos,
de las partículas visibles y de las ocultas.
310La parte y el todo, al convertirse en sus discípulos,
gozaron de la grandeza de su espíritu.
El día del juicio, de unos indiferentes
dirá «los míos» y cosas parecidas.
Dios, por el alma de esta vela perpetua,
a su discípulo al sacrificio envía.
En toda misión, al ser él maestro,
su cometido es el que se le ha asignado.
Aunque él nunca dio importancia a las cosas,
cada cosa suya nos reclama el llanto.
315Bajo su protección está todo ser vivo,
y cuanto se consigue es por su acordamiento.
Del mundo él es maestro en todos sus aspectos,
y toca a su vicario lo que no se le asigne.
Todo lo abarcaban sus virtudes sin más.
¿Quién algo semejante ha visto, ni en sueños?
A sí mismo se vio como el todo, y al todo como a sí mismo.
el pasado y el futuro veía a un tiempo.
Con él puso Dios punto final a los profetas,
a los milagros, al hechizo y al don de la palabra cierta.
320Para los cercanos lo invitó, y para todos.
Con él la misma generosidad agotó.
Concedió un plazo en el juicio a los incrédulos,
y no ordenó castigo para ellos en su tiempo.
De noche lo condujo a la ascensión,
confiándole todos los secretos.
En estima y honradez es dos alquiblas.
Desde el este o el oeste, su corona sin corona21.
Del mismo modo que de Dios recibió el mejor libro,
también todo de todo, sin medida, recibió.
325Los creyentes todos son sus próximos,
y a los elegidos inspira respeto su ascensión.
Los profetas eran seguidores y él iba en cabeza.
Entre sus seguidores, los sabios eran como profetas.
Dios todopoderoso, por respeto,
en la Tora y la Biblia lo mencionó.
Por él, una piedra halló valor y estima,
pues ascendió a «confidente de Dios».
Por respeto, su tumba es hoy alquibla.
Las plagas en su gente derogó.
330Su elección acabó con los ídolos.
Sus seguidores eran los que mejor seguían.
Con una gota de su boca, en la sequía,
un pozo seco llenó de agua pura.
Si él da la orden retrocede el sol.
A un signo de su dedo se parte la luna.
Como el sol, entre sus omoplatos,
sellada estaba la marca de profeta.
Fue el guía en La Meca «y por orden de Dios
fue el mejor de los hombres y fue el suyo el mejor siglo»22.
335Por él se convirtió la Caaba en casa de Dios;
y aquel que entró en ella fue protegido.
De sus manos recibió el hábito Gabriel,
y después, en su aspecto de Dehi-a23, ante él apareció.
En su época la tierra se volvió más productiva,
contó con una mezquita y se purificó.
Así todo secreto le era revelado
aun sin tener estudios, pues era analfabeto.
Su fin al fin de Dios es semejante, y esto es todo,
que fue la mejor época, su época.
340El día del juicio será igualado todo,
mas no su fin, la finitud de los otros.
Hasta el instante último, en que entró en trance,
deseó hacer preguntas a Su Majestad.
Cuando en el mar de la plegaria perdía el corazón,
con ardor ansioso entraba en la oración.
Su corazón, al ser un mar inmenso,
de ardor sonaba en lo hondo del mar.
Dijo en su conversión: «Levántate y llama a orar a Balal24,
y salgamos de la esclavitud del mundo material».
345Otra vez, de nuevo, acudiendo perplejo:
«Dime unas palabras, Homeira»25, dijo.
Este ir y venir de la mente, cuando medita,
no sé si me llevará cien o una vida.
No entra en su soledad la inteligencia,
tampoco sabe de su tiempo la ciencia.
Cuando en la intimidad, con Jalil, una fiesta celebra,
arde de tal modo que ni Gabriel entra.
Si el Simurg de su alma apareciera,
de impresión, Moisés se volvería músico.
350Acudió Moisés a la reunión de aquel señor
y de Dios le llegó la orden de descalzarse.
Cuando él se acercó y se alejó de sus zapatos,
en la llanura santa, en luz se sumergió.
En otro momento, durante su ascensión,
del calzado de Balal, escuchó el sonido la vela de Dios26.
Ni a Moisés, de buen obrar, aunque era rey,
le permitieron entrar calzado en aquel sitio.
Por su rango, mirar con tal consideración,
fue lo que hizo Dios con su esclavo.
355Y a su esclavo convirtió en uno de los suyos,
y le dio venia para entrar calzado.
Moisés, de buen obrar, cuando aquel rango vio,
vio muy cerca de Dios a su esclavo.
Dijo: «Conviérteme en su discípulo,
de su bondad, hazme simple partícipe».
Aunque incesante Moisés expresó su deseo,
fue Jesús, sin embargo, el que ese rango tuvo.
Cuando, al final, abandone esa intimidad,
invitará a todo el mundo a su religión.
360Desde el cuarto cielo vendrá a la tierra,
pisará la tierra, en cuerpo y alma entregado a su labor.
En su esclavo se convirtió Jesús, de buena fama.
Por eso Dios, Mesías, lo llamó.
Si habla de alguien, alguien tiene que ser
el que se va de este mundo y regresa.
Uno por uno resolvió nuestros problemas,
hasta que el corazón quedó sin una duda.
De lo desconocido y lo conocido, excepto Mahoma,
en los dos mundos de aquel mundo, nadie vino.
365Todo lo que él allí alcanzó con la visión,
los demás profetas lo alcanzaron con la ciencia.
En el momento de «juró» recibió la corona.
La montaña, en el acto, se puso a su servicio.
Él es soberano, los demás son muchedumbre.
De todos los tiempos él es rey, y los demás, sus seguidores.
Como el mundo se llenó del almizcle de su pelo,
los labios del mar se secaron sedientos.
Quién, por verle, no perece de sed.
Hasta piedra y madera están pendientes de él.
370Cuando aquel mar de luz subía al minarete,
de lejos se escuchaban los llantos de Hananeh27.
El cielo sin apoyo se llenó de luz.
Y ese apoyo, por su ausencia, se entristeció.
¿Cómo podré exponer sus atributos,
si de vergüenza sudo sangre?
Es él quien habla, y yo, su mudo.
De su ser, ¿cómo podré dar cuenta?
¿Cómo toca a este nadie expresar sus atributos?
Basta que el creador los manifieste al universo.
375Oh, tú, a cuyos pies, con su rango, el mundo se sitúa:
cien mundos de alma, a los pies de tu alma pura.
Al calificarte, los profetas se quedan perplejos.
Igualmente perdidos están los hombres de renombre.
¡Ey!, lo que sobra de tu sonrisa es el sol.
Tu llanto es el que obliga al perdón.
Los dos mundos son polvo de la tierra que pisas.
Dormido estás en una alfombra28, ¿es éste el sitio que se te destina?
Levanta la cabeza de la alfombra, oh bondadoso,
y a la medida de la alfombra da un paso.
380La ley de todo, en tu ley, desapareció.
En tu derivado, el principio de todo se perdió.
Hasta el fin existen tus leyes y tu veredicto.
Tu nombre es semejante al nombre de Dios.
Todos los que fueron profetas y enviados
de tu religión hablarán el día del juicio.
Como ninguno llegó antes que tú,
tendrán que llegar, sin duda, después de ti.
El antes y el después del universo eres tú.
Principio y fin unidos, igualmente, eres tú.
385Nadie se acercará nunca a tu sombra;
nadie alcanzará nunca tu dignidad.
El que de los dos mundos responde hasta el final
se ha dedicado por entero al servicio de Ahmad29.
Oh, enviado de Dios, sin salida me hallo.
Tierra tengo en la cabeza y viento en la palma de la mano.
Los que no tienen a nadie en este mundo, te tienen con cada aliento.
Yo, ni en los dos mundos, excepto a ti, a nadie tengo.
¡Lanza una mirada, oh tú, hacia esa alma en pena!
Pon fin a mis problemas. ¡Pobre de mí!
390Aunque en pecar empleé mal mi vida,
me enmendé. Pide perdón a Dios en mi lugar.
Si algún miedo tengo del «enojo de Dios».
Tengo también lecciones de su «bondad».
Día y noche me hallo en cien perplejidades,
esperando que seas mi intercesor por un instante.
Si me llega un perdón desde tu puerta,
el pecado venial llevará el sello de obediencia.
Oh tú, intercesor de los que están perdidos,
enciende por clemencia la vela del perdón
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