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Este magnífico libro de Manuel López Poy –uno de los mejores periodistas musicales de nuestro país– hace un retrato preciso y detallado del Rey del Rock que complementa con maestría la sensacional película Elvis del laureado Baz Luhrmann. Entre las numerosas biografías dedicadas a la figura de Elvis Presley, esta destaca especialmente por su capacidad para trasladarnos a los orígenes del genio de Tupelo, construyendo un libro que circula en paralelo entre la sucesión cronológica de una apasionante vida –con numerosos datos, anécdotas y frases del protagonista– y el retrato de un género musical en el que se dan cita el blues, el country y el rock. El resultado es sabido por todos: la mayor revolución en el mundo de la música y un icono cultural de primer orden. • La leyenda maldita de la primera guitarra de Elvis. • Sun Records, la puerta del futuro. • La leyenda negra de un cantante blanco. • La historia del hotel de los corazones rotos. • El cuarteto del millón de dólares. • La soledad de la reina de Graceland. • Una digna despedida para un rey. Incluye códigos QR para escuchar sus mejores canciones.
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Seitenzahl: 341
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Manuel López Poy
El hombre y el mito
© 2022, Manuel López Poy
© 2022, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona
Diseño de cubierta: Daniel Domínguez
Diseño de interior: Regina Richling
Fotografías interiores: Wikimedia Commons / APG images
Todas las imágenes son © de sus respectivos propietarios y se han incluido a modo de complemento para ilustrar el contenido del texto y/o situarlo en su con-texto histórico o artístico. Aunque se ha realizado un trabajo exhaustivo para obtener el permiso de cada autor antes de su publicación, el editor quiere pedir disculpas en el caso de que no se hubiera obtenido alguna fuente y se comprome-te a corregir cualquier omisión en futuras ediciones.
ISBN: 978-84-9917-683-3
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o trans-formación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titu-lares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.»
Índice
Introducción......................................................................................................6
Un hijo de la clase obrera..................................................................................9
Con él llegó el escándalo..................................................................................27
La coronación del rey......................................................................................49
Un año en la cumbre........................................................................................71
Marcando el paso............................................................................................85
Luces de Hollywood.........................................................................................95
Living Las Vegas............................................................................................125
Más dura será la caída...................................................................................145
A su imagen y semejanza...............................................................................169
Elvis, marca registrada..................................................................................189
Repertorio básico, películas y documentales...............................................203
Bibliografía....................................................................................................219
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INTRODUCCIÓN
Tres grunges en Sun Records
En el verano de 1991 tuve la oportunidad de visitar los estudios de Sun Re-cords, en Memphis, donde fui testigo de una extraña ceremonia. Allí, en la misma sala donde en julio de 1954 un chaval de diecinueve años llamado Elvis Presley grabó la canción que le llevaría a convertirse en el Rey del Rock, tuve un encuentro con la historia, aunque quizá sea más justo calificarlo de en-contronazo. Mientras admiraba con mi amigo Biri aquel simple estudio de gra-bación que se mantenía en el mismo estado que 37 años antes, o al menos eso ponían los carteles, alguien comenzó a cantar a nuestras espaldas. Cuando me di la vuelta no podía dar crédito a lo que veía: tres adolescentes grungesestaban cantando a capela «That’s All Right», con el mismo arrobamiento que unos jóve-nes monjes medievales cantarían un tedeum. En la charla posterior descubrimos que acababan de llegar de Seattle –¿de dónde si no?– para visitar el sitio en el que sus padres les habían dicho que había comenzado todo, el lugar del que par-tía el camino por el que ahora transitaba su admirado gurú, Kurt Cobain. Aquel día descubrí dos cosas: que el rock & roll es la música folclórica de los Estados Unidos, y que Elvis era algo más que el manoseado título de «El Rey del Rock».
Cuando me hicieron la proposición de escribir un libro biográfico sobre Elvis –y yo tuve la osadía de aceptarla– lo primero que recordé fue aquella escena… y lo segundo fue darme cuenta del jaleo en el que me había metido. De Elvis se
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han escrito toneladas de páginas, cientos de libros y biografías como la de Pe-ter Guralnick, que no dejan nada por contar. Pretender a estas alturas tratar de aportar alguna novedad, sería propio de un iluso y a mí, parafraseando a la Cabra Mecánica, ya casi no me quedan ni ilusiones, así que el único modo de afrontar este trabajo ha sido el de tratar de aportar una información equilibrada sobre el personaje y su obra, y arroparla en su contexto histórico para ayudar a entender –a quien quiera hacerlo– cómo un chaval que nació en una miserable cabaña del empobrecido sur de los Estados Unidos llegó a convertirse en un icono cultural universal en sólo 42 años.
Elvis encarna a la perfección el estereotipo del mito norteamericano del hom-bre hecho a sí mismo, del ciudadano nacido en la pobreza que acaba llegando a lo más alto de la escala social, aunque en su caso hay que reconocer que la escalera para ese ascenso la llevaba a su espalda su eterno mánager, el inefable coronel Parker, que dicho sea de paso, ni era coronel, ni era Parker. Su amigo de la infan-cia y legendario comunicador musical, George Klein, lo resumió perfectamente en una simple frase: «Estados Unidos tuvo 44 presidentes pero sólo un rey». Pero Presley también es un perfecto ejemplo del buen chico que acabó converti-do en un juguete roto intentando cumplir sus sueños. Su vida fue una historia de lujo, ostentación, admiración, excesos y momentos de gloria. Pero también es el relato de la manipulación, el desasosiego, la insatisfacción y la autodestrucción de un ser humano al que convirtieron en una rentable mercancía y empujaron a la cima del éxito a toda costa.
Dijeron de él que era el más grande, el mayor icono cultural del siglo xx, un ejemplo para la nación y un modelo para la juventud. Pero también le acusaron de apropiarse de la música ajena, de no ser más que un cantante resultón y un fantoche enganchado a las pastillas. Johnny Carson dijo un día en su programa: «Si la vida fuese justa, Elvis estaría vivo y todos los imitadores estarían muertos». Pero la vida nunca es justa y todos, Elvis incluido, caminamos por ella arrastran-do nuestras grandes miserias y nuestras pequeñas grandezas. Por todo eso, al final he tratado de aproximarme a Elvis Presley con el mismo respeto que de-mostraron aquellos grungesde Sun Records y con la misma ilusión y admiración que sentía al escucharlo con mi hermano en mi primera cinta de casete, mientras intentábamos hacernos un tupé frente al espejo del baño de casa.
Dedicado al viejo tupé de mi hermano.
INTRODUCCIÓN
Elvis Aaron Presley vino a parar al mundo en el seno de una fa-milia de blancos pobres, en una peque-ña ciudad del norte de Misisipi, durante la Gran Depresión que sumió en la miseria a la población de los Estados Unidos. Sus primeros años estu-vieron marcados por
las estrecheces económicas, con una madre sobreprotectora y un padre acorralado por la pre-cariedad, con los que se trasladó a una zona de viviendas sociales de Memphis, en la que compartió vecindad e influencia musical con la población afroame-ricana.
«No sabía lo que quería hacer cuando era niño. Pero solía rezarle a Dios para que algún día llegara a algo. Nunca soñé que pasaría algo así.»
Elvis Presley
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«En Tupelo se escuchaban las músicas que inspirarían al futuro Rey del Rock ‘n’ roll: el góspel y los cantos religiosos de las iglesias, el blues de los garitos de los afroamericanos y el country de las fiestas de los blancos.»
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El 17 de junio de 1933 Gladys Love Smith y Vernon Elvis Presley, dos jóvenes de la ciudad de Tupelo, contraían matrimonio, de forma casi furtiva, en el juzgado del condado de Pontotoc, Misisipi. Ella tenía veintiún años y él diecisiete, pero ambos alteraron sus edades, afirmando tener diecinueve y vein-tiuno, respectivamente, para poder casarse. Esa diferencia de edad era la prin-cipal razón de que ambos se hubiesen fugado de Tupelo y hubiesen recorrido 25 kilómetros para legalizar su unión. Como por todo capital tenían sólo sus ganas de casarse, tuvieron que pedir prestados los tres dólares que costaba la licencia del juzgado a unos amigos, con los que pasaron los primeros días de casados, hasta que Vernon pudo construir, con ayuda de su padre y de su hermano, una barraca al lado de la casa de sus padres. Por entonces, el país estaba sumido en la Gran Depresión y pugnaba por salir de la peor crisis de su historia, en Chicago se inauguraba la Century of Progress World’s Fair (Feria Mundial del Siglo del Progreso), y se ponía fin a trece años de Ley Seca, que tuvieron como principal resultado la consolidación de la mafia, que ganó millones de dólares mediante la fabricación y el tráfico clandestino de bebidas alcohólicas, con la consiguiente expansión de la corrupción de políticos, funcionarios y policías encargados de hacer cumplir la ley. El nuevo presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roo-
Vernon y Gladys Presley hacia 1950.
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sevelt, acababa de hacer un llamamiento al optimismo y a la autoconfianza con la proclama de su toma de posesión: «A lo único que tenemos que temer es al miedo mismo», mientras ponía en marcha su programa de recuperación económica co-nocido como New Deal, que sacaría al país del caos económico y social, pero que aún tardaría seis años en dar sus frutos definitivos.
Los duros años de la Gran Depresión
El año en el que se casaron los padres de Elvis, el desempleo afectaba directa-mente a uno de cada cuatro estadounidenses. Uno de ellos era Vernon Presley, que antes de alcanzar la mayoría de edad tenía ya un largo currículum como tra-bajador manual a sus espaldas. Había sido aparcero recogiendo algodón, maíz y soja, había cuidado cerdos, cavado zanjas y limpiado establos en las granjas. Du-rante los primeros años de la Gran Depresión había trabajado en la WPA (Works Progress Administration), la agencia estatal creada por el gobierno de Herbert Hoover, que empleó a millones de estadounidenses en puestos de trabajo tem-poral en obras públicas para tratar de mitigar las brutales cifras de paro. Era un joven taciturno y apocado, perteneciente a una familia de labradores que se había instalado en East Tupelo, un suburbio de la ciudad. Gladys había trabajado desde los diecinueve años como costurera en una fábrica textil para ayudar a su madre enferma a sacar adelante a sus nueve hijos tras la muerte de su marido. Era una mujer enérgica, resuelta y ambiciosa, y ninguno de sus vecinos tenía ninguna duda de que era ella la que llevaba los pantalones, como se decía por entonces, en casa de los Presley.
Tupelo era por entonces una ciudad asolada por la crisis económica, que había obligado a echar el cierre a la mayoría de las fábricas textiles que sustentaban la economía local. En los días en que Gladys y Vernon montaron su hogar, era un lugar triste, en el que todo el mundo recordaba todavía el paso por la ciudad del célebre bandido George Kelly Barnes, más conocido como Machine Gun Ke-lly a causa de la soltura con la que manejaba la metralleta Thompson, y que en noviembre del 32 había asaltado el Citizen’s State Bank llevándose un botín de 38.000 dólares. La vida cotidiana se arrastraba de forma monótona, sin más di-versiones que los oficios religiosos, algún baile de granero en las afueras y algún juke jointdonde se reunían los negros y que a un blanco, aunque fuese tan pobre como los Presley, no se le hubiese ocurrido pisar. Aunque la crisis económica
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había hermanado en la miseria a ciudadanos de ambas razas, aquélla era una sociedad segregada y aún faltaban muchas décadas para que dejase de serlo. En los dos ámbitos se escuchaban las músicas que inspirarían al futuro Rey del Rock ‘n’ roll: el góspel y los cantos religiosos de las iglesias, el blues de los garitos de los afroamericanos y el country de las fiestas de los blancos.
El 8 de enero de 1935, Gladys se puso de parto de dos niños gemelos. Si el em-barazo había sido complicado, en el momento de dar a luz las cosas se torcieron todavía más. En el primer momento fue atendida por su suegra, Minnie, y por una comadrona, pero en vista de las complicaciones llamaron al doctor, un in-dividuo de sesenta y ocho años que llegó a tiempo de sacar al primer niño, que nació muerto. Media hora después nacía el segundo niño, al que bautizaron como Elvis Aaron. Su hermano muerto, al que llamaron Jesse Garon, fue enterrado en el cementerio de Princeville, un lugar al que Elvis acudiría numerosas veces a lo largo de su infancia en compañía de su madre, para llevarle flores a aquel hermano gemelo que sería una referencia constante a lo largo de la vida del can-tante. Aquella desgracia unió de una forma especial a la familia, especialmente a Gladys y a Elvis, estableciendo unos sólidos lazos de interdependencia que no se desharían nunca, o como lo expresó Peter Guralnick en el prólogo del primer tomo de su indispensable biografía,Último tren a Memphis:«Los Presley daban la impresión, tanto a sus parientes como a sus vecinos, de vivir encerrados en su propio mundo».
Los primeros años de la familia Presley fueron muy duros. La vivienda era una shotgun house, el nombre que recibían las habituales casas de los pobres en la Gran Depresión. Consistía en dos habitaciones, una delante de la otra, de una anchura de unos tres metros y medio. No tenía luz eléctrica ni lavabo, sino una letrina en la parte de atrás, y estaba hipotecada por un préstamo que habían pe-dido para construirla a un granjero con el que Vernon trabajaba de cuando en cuando. De hecho, al padre de Elvis no le duraba mucho ningún empleo y la fa-milia sobrevivía muchas veces gracias a la ayuda de los parientes, los vecinos y los servicios sociales del gobierno. En septiembre de 1937, cuando el futuro cantante tenía poco más de dos años, las cosas se complican todavía más al ser acusado Vernon de falsificación de documento al manipular y cobrar un cheque de cuatro dólares que le había entregado el granjero acreedor por la venta de un cerdo. Seis meses después fue condenado a tres años de cárcel en la siniestra penitenciaria de Parchman Farm, una de las más duras de los estados del Sur, y que acabaría
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pasando a la historia por haber alber-gado a un buen número de bluesmanfamosos, entre ellos, Bukka White, Son House y R.L. Burnside. A pesar de que sólo cumplió ocho meses de condena, aquello tuvo catastróficas consecuen-cias para la familia. Los Presley acaba-ron por perder su vivienda y Gladys y el pequeño tuvieron que irse a vivir con los padres de Vernon primero y con unos primos después.
Fue una mala época para la madre de Elvis, que comenzó a vivir en un es-tado de permanente zozobra, incluso después de que soltaran a su marido, en febrero de 1939. Todo aquello incre-mentó todavía más la sensación de ais-lamiento familiar e influyó bastante en el hecho de que Elvis desarrollase un carácter reservado y poco sociable y se refugiara en su propio mundo interior. Según confesó él mismo en su discurso de aceptación del Premio Diez Jóvenes Sobresalientes de la Nación, pronunciado en 1971, era un chaval imaginativo y fantasioso: «Cuando era niño era un soñador. Leí cómics y yo era el héroe del cómic. Vi películas y yo era el héroe de la película. Así que cada sueño que soñé se ha hecho realidad cien veces». La música no era en absoluto ajena al entorno del pequeño Presley. Vernon tenía buena voz para cantar temas tradicionales y Gladys era muy aficionada a los himnos religiosos. El pequeño Elvis comenzó a mostrar sus inclinaciones musicales prácticamente desde que dio sus primeros pasos. Su madre contaba que con poco más de dos años, cuando estaban en la iglesia, Elvis se bajaba de su regazo y se escapaba hacia donde estaba el coro para unirse a ellos, aunque no pudiese hacer más que balbucear. En septiembre de 1941 comienza a asistir a la East Tupelo Consolidated School, donde comienza a cantar en el coro de niños de la escuela.
Elvis y su madre, lazos imperecederos.
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Un chaval tímido y formal
En el colegio no destacaba especialmente en nada y sus profesores le calificaron siempre como «un niño normal», incluso un tanto marginado, tal y como recono-cería él mismo más tarde: «No era popular en la escuela. No estaba saliendo con nadie. En el undécimo grado me inscribieron en otro concurso de talentos. Salí e hice dos canciones y escuché a la gente retumbar y susurrar. Me sorprendió lo po-pular que fui después de eso». A pesar de esa incipiente popularidad, el pequeño Elvis siguió encerrado en su propio mundo, un aislamiento al que contribuía su sobreprotectora madre, como siempre recordó el artista, tal y como recoge Peter Guralnick en su biografía: «Mi mamá nunca me perdió de vista. No podía bajar al arroyo con otros niños. A veces, cuando era pequeño, solía escaparme. Mamá me azotaba y yo pensaba que no me quería». Creció pegado a las faldas de su madre, con la que tenía una relación de fuerte dependencia. Gladys vivía siempre con un miedo atroz a que su hijo pudiese sufrir algún percance, e incluso trataba de impedir que se alejase de su casa para ira a jugar con otros niños, como recuerda Guy Harris, su amigo y vecino de la infancia, que en una entrevista concedida a la página oficial del club de fans de Elvis en Australia, matiza que por entonces el futuro Rey del Rock no tenía ningún rasgo sobresaliente e insiste, como sus profesores, en que era un niño absolutamente normal: «Nada destacaba en Elvis. No había nadie más sorprendido que yo cuando hizo lo que hizo. Elvis no era
Un debutante precoz
El 3 de octubre de 1945, un Elvis de sólo diez años cantó por primera vez en pú-blico durante un concurso musical infantil celebrado en el Misisipi-Alabama Fair and Dairy Show, una feria agrícola de Tupelo, al que acudió animado por una de sus maestras que le había escuchado cantar en los oficios religiosos. Subido a una silla, para poder alcanzar el micrófono, y ataviado como un vaquero, interpretó «Old Shep», un tema compuesto por la estrella del country, Red Foley, con letra de Arthur Willis, que se había editado por primera vez el mismo año del nacimien-to de Presley, pero se había puesto de moda en 1941. La canción estaba dedicada a un perro de Foley que había sido envenenado por un vecino y la interpretación de Elvis mereció un discreto quinto puesto. Once años después, el 26 de sep-tiembre de 1956, volvería a actuar en ese mismo evento, convertido ya en una meteórica estrella del rock ‘n’ roll.
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diferente del resto de nosotros, en aquel entonces. Íbamos a nadar juntos al arro-yo, simplemente pasábamos el rato, como hacen los niños. No había mucho que hacer, creciendo en Tupelo».
Con la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial se produce un proceso de reactivación económica en todo el país, con la industria volcada en el esfuerzo bélico y la agricultura a pleno rendimiento para apoyar a los paí-ses aliados, que tenían prácticamente paralizada su economía. Vernon encuentra trabajo en una fábrica de municiones en Memphis y consigue ahorrar lo suficien-te para comprar una casa nueva y dejar de vivir con sus familiares. Con el final de la guerra empieza a extenderse el espíritu del American way of life, el optimista estilo de vida norteamericano que trae consigo también una ola de conservadu-rismo y aparente progreso económico, aunque la realidad de la posguerra acaba-rá imponiéndose con dureza y la inflación y la conflictividad laboral se dispara-rían en los años siguientes. En esa época la familia Presley mejora su situación económica y social y Vernon se convierte en diácono de la iglesia de la Primera Asamblea de Dios, en cuyo coro canta habitualmente el pequeño Elvis, que creció en un ambiente muy religioso. Su madre le llevaba a todo tipo de campañas y reuniones evangélicas, tanto en Tupelo como en los primeros años en Memphis, aunque como recordaría años más tarde James Hamill, que era el predicador de su congregación en esta última ciudad, tampoco en eso destacaba por su especial fervor: «Elvis nunca tuvo especial participación en los cultos. De hecho, no llegó a ser siquiera oficialmente miembro, aunque asistiera como adolescente a las reuniones».
La primera guitarra
El 8 de enero de 1946, día de su undécimo cumpleaños, le regalaron su primera guitarra, cosa que en principio parece que no fue un motivo de alegría, ya que él prefería una bicicleta o un rifle, según las distintas versiones. Su madre no estaba dispuesta a nada de eso por dos razones: la guitarra era bastante más barata y mucho menos peligrosa, así que se lo llevó a la tienda de música Tupelo Hard-ware Co. donde cuentan que el dependiente, un individuo llamado Forrest Bobo, le convenció con una frase que, de ser cierta, demostraba unas elevadas dotes de clarividencia: «Si aprendes a tocar esta guitarra es posible que algún día llegues a ser famoso». Su tío Vester, que actuaba en fiestas y bares de Tupelo, le enseñó los
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primeros acordes, pero su verdadero maestro sería un joven pastor evangélico recién llegado a la ciudad, Frank Smith, que le animó a tocar en la iglesia, algo a lo que Presley siempre se mostraba reticente debido a su timidez.La guitarra fue el motivo de marginación en la nueva escuela Milam, a la que comenzó a asistir en sexto grado de primaria y a la que comenzó a llevar su instrumento para can-tar durante los almuerzos, algo que le acarreaba las burlas de sus compañeros, que le motejaban de palurdo por cantar canciones hillbilly.
Sin embargo, fue precisamente en la música donde encontró un refugio per-fecto y un remedio a su aislamiento. Por entonces la emisora local de radio, la WELO, contaba con un nuevo cantante y disc-jockey, Carvel Lee Ausborn, más conocido como Mississippi Slim, que había viajado por todo el país tocando mú-sica country y que los sábados montaba un espectáculo de música y humor, el Singin’ and Pickin’ Hillbilly, y un jamboree, una reunión de músicos aficionados, que acudían a la emisora para tocar un par de canciones. Elvis, que iba acom-
La leyenda maldita de la primera guitarra de Elvis
En el verano de 1955 Elvis realizó una gira por los estados del Sur y le pidió a su amigo del instituto, Red West, que le acompañara. En el viaje Red apren-dió a tocar con el guitarrista de la banda, Scotty Moore, usando la primera guitarra que el cantante había recibido como regalo nueve años antes. Al final de la gira Red se marchó al Jones County Community College en Misisipi, para estudiar con una beca de fútbol y Elvis le regaló un coche usado y la vieja guitarra. Un año más tarde Red le dio el instrumento a su compañero de ha-bitación, Ronnie Williams, abandonó la universidad y regresó a Memphis para trabajar como guardaespaldas de Presley. Williams se convirtió en un prome-tedor jugador de fútbol americano, pero acabó fracasando a causa de su alcoholismo. En agosto de 1977 llamó a su hermano Bill, le dijo que había tenido un extraño sueño con Elvis y le hizo prometer que si él desapareciera nunca vendería la guitarra, al menos hasta pasados más de veinte años. Pocos días después moría Elvis y tres años más tarde, en uno de sus delirios alcohólicos, Ronnie disparó con un arma desde la ventana de su casa y acabó muerto a balazos en un confuso tiroteo con la policía. Bill se hizo cargo de la guitarra durante años, hasta que en 2011 decidió venderla en la casa de subastas de Guernsey, en Nueva York, y el instrumento acabó finalmente en manos de La-rry Moss, un coleccionista de Memphis.
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pañado habitualmente por su padre, se convirtió en un asiduo de estas sesiones e hizo nuevas amistades, como James Auborn, un compañero del instituto que además era hermano de Slim y le facilitó a Presley el contacto con el músico, que le enseñó algunascanciones y le programó dos presentaciones radiadas de las que, a pesar de su timidez y sus nervios, salió bastante airoso. A partir de ese momento la música se convierte en toda su vida. En casa escucha el Opry–el programa más famoso de música country, que se retransmitía cada semana, y todavía se retransmite, en directo desde un teatro en Opryland, un suburbio de Nashville– y absorbe todas y cada una de las notas de las canciones para luego reproducirlas cantando en solitario.
Pero las dificultades económicas regresan y los Presley tienen que abandonar su casa en East Tupelo, donde gozaban de una respetable posición entre el vecin-dario, para instalarse en un barrio del centro de la ciudad, donde eran conside-rados como white trash, basura blanca, el apelativo que se daba a los blancos de clase baja que vivían al borde de la indigencia. La familia cambia tanto de domi-cilio como Vernon de trabajo, siempre en las zonas más empobrecidas, compar-tiendo vecindario con los afroamericanos del segregado y racista Misisipi. Eso puso a Elvis en contacto directo con la música negra de raíz, el blues y el góspel, que serían las bases fundamentales de su música en el futuro. Penetrar en el ba-rrio negro era una tarea poco menos que imposible para un chaval blanco, pero las noches de fin de semana de primavera y verano el vecindario afroamericano montaba una carpa al aire libre donde realizaban oficios religiosos repletos de una energía musical que atraía al joven Presley como las lámparas de luz a las po-lillas. La convivencia con sus vecinos negros nunca supuso un problema para los Presley, tal y como recordaría años más tarde el propio Vernon: «Nunca tuvimos prejuicios. Nunca menospreciamos a nadie. Y tampoco lo hizo Elvis». Pero lo que sí tuvieron fue muchos problemas para salir adelante. En el otoño de 1948 las cosas se complicaron hasta extremos insoportables. Según algunos, Vernon fue despedido por usar el camión de la empresa en la que trabajaba para transportar alcohol de contrabando, y según otros fue una víctima de la conflictividad laboral que aquejaba al país por aquellos días. Sea como fuere, la familia decidió poner en marcha su viejo plan de abandonar Tupelo definitivamente.
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Una nueva vida en Memphis
En noviembre de 1948 la familia Presley se muda a Memphis, unos 160 kiló-metros al norte de Tupelo, al otro lado de la frontera del estado de Tennessee, mientras Harry S. Truman estrenaba su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos con promesas de mejoras sociales como un seguro médico nacional y una política de derechos civiles que calificó de prioridad moral para el país. Elvis llegó a Memphis con trece años y la vida urbana puso de nuevo a prue-ba el carácter del joven, al que al principio le costó adaptarse al frenético ritmo de una urbe que por entonces tenía casi 400.000 habitantes, aunque pronto apren-dería a sacarle partido al anonimato que proporcionaba el abandonar su barrio y perderse por la ciudad, especialmente por las proximidades de Beale Street, el corazón del barrio negro, atestado de garitos en los que se escuchaba continua-mente el sonido del blues y el rhythm & blues. En febrero del año siguiente al de su llegada, Vernon consiguió trabajo en una fábrica de pintura, la United Paint Company, una buena noticia que se redondeó cuando siete meses después el De-partamento de Vivienda de Memphis les concedió una vivienda social y la familia se instaló en Lauderdale Courts, un barrio de nueva creación, con alquileres ba-ratos, en el que vivían muchas familias blancas de clase baja que habían llegado a la ciudad en los días de la Segunda Guerra Mundial y que ahora, en la posguerra comenzaban a soñar, igual que los Presley, con una vida mejor. Se instalaron en el apartamento 328 del número 185 de la calle Winchester, donde Elvis y sus pa-dres vivieron hasta enero de 1953.
En realidad, la vida de la familia sigue siendo dura. En el barrio de los Courts campan la miseria y la violencia. Cientos de familias se aferran a la posibilidad que les ofrecen esas viviendas sociales, aunque estén en unas condiciones que distan de ser las ideales para una habitabilidad decente. Frente a la adversidad, los Presley siguen siendo una piña, siguen viviendo en su propio mundo, aisla-dos del resto, pero manteniendo unas correctas relaciones sociales. Gladys seguía tratando a su hijo con una exagerada sobreprotección, acompañándole incluso durante parte del camino a la escuela secundaria LC Humes, donde Elvis des-cubre un nuevo universo de chicos de barrio conínfulas de tipos duros. Sigue siendo el mismo chico «normal», tímido y retraído, aunque pronto comienza a gozar de cierta popularidad gracias a su voz y su guitarra. Su aceptación por parte de los compañeros aumenta al día que se presenta a un concurso de talentos estu-
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diantiles y lo gana. A pesar de su miedo escénico, sólo se siente verdaderamente seguro de símismo cuando canta. Poco a poco va ensanchando su círculo social y pronto tiene un grupo de amigos, vecinos de su bloque de viviendas. Son Evan BuzzyForbes, Paul Dougher y Farley Guy. Se convirtieron en inseparables. Iban al centro a escuchar a los músicos callejeros, paseaban junto al río Misisipi y se ofrecían como cuadrilla para hacer trabajos en el barrio. De vez en cuando Elvis los entretenía con sus canciones, aunque en esa época no demostró un gran inte-rés por la música ni alardeó de sus experiencia en el jamboree de Tupelo, según recordaba Buzzy en las numerosas entrevistas que le hicieron cuando su viejo camarada se convirtió en el Rey del Rock.
Un nido de rockeros
Lauderdale Courts, el barrio de viviendas sociales de Memphis en el que Elvis pasó su juventud, fue testigo de la eclosión musical del rock ‘n’ roll a principios de los años cincuenta. Había sido construido en 1938 dentro del programa de obras pú-blicas del New Deal, el plan del presidente Franklin D. Roosevelt para acabar con la Gran Depresión. Era sólo para blancos, de la misma manera que el barrio vecino de Dixie Homes, construido el mismo año, era sólo para negros. Esa vecindad influiría decisivamente en los gustos musicales de muchos jóvenes blancos que comenzaron a escuchar rhythm & blues desde niños. Entre ellos estaba Elvis, que practicaba música en el sótano y las esca-leras de entrada de su casa y al que a veces importunaba un pendenciero vecino pen-denciero vecino llamado Johnny Burnette, que junto a su hermano mayor, Dorsey, y su amigo Paul Burlison, en 1952 fundó una banda de nombre tan básico como contundente, The Rock and Roll Trio. Otro de los inquietos aspirantes a rockero del barrio era Bill Black, el contrabajista que acompañaría a Presley en sus primeros tiempos, aunque no se conocieron hasta que coincidieron en Sun Records.
Elvis en Lauderdale Courts.
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Descubriendo el blues
A principios de los años cincuenta las principales emisoras de Memphis eran la WHBQ y la WDIA, que emitían música de artistas negros como Muddy Waters, B. B. King o Ike Turner, y la WMPS, y programaban música country alterna-da con góspel. Desde el otro lado del río Misisipi, donde estaba West Memphis, llegaban los sonidos de bluesmencomo Sonny Boy Williamson II, Howlin’ Wolf, Arthur ‘Big Boy’Crudup o Robert Nighthawk, retransmitidos por la emi-sora KWEM. Ésas fueron las influen-cias que forjaron los gustos musicales de Presley, que comenzó a tomar clases de guitarra con Jesse Lee Denson, un músico un tanto pendenciero, amigo de los hermanos Burnette, que no te-nía muy buen concepto de Elvis como alumno, aunque acabó incluyéndolo en el trío que montó junto Johnny Black, hermano del futuro contrabajista del Rey del Rock en sus años de Sun Re-cords, y que por aquellos días ya era músico profesional. Los tres tocaban en el paseo principal de los Courts, conoci-do como Market Hall, y cosechaban un notorio éxito, aunque Elvis permanecía siempre en último plano, limitándose a hacer acompañamientos. Mientras hace la secundaria trabaja en sus tem-poradas de vacaciones para ayudar a la familia. Son trabajos sencillos, de chico de los recados o acomodador de cine, pero permiten que la familia mejore su nivel de vida a tal punto que en 1953
Juventud rebelde
Al abandonar la adolescencia Elvis se contagia del ambiente rebelde y dís-colo propio de los jóvenes de los ba-rrios populares de Memphis, aunque sin perder los buenos modales y la esmerada educación que le había in-culcado su madre. Un buen ejemplo de ello es la anécdota que reveló en el año 2021 su primera novia conoci-da, Dixie Locke Emmons, en su libro de memorias, Unlocked: Memoirs of Elvis’ First Girlfriend. Ambos se cono-cieron en enero de 1954 por primera vez en la Iglesia First Assembly of God, y cuando Elvis fue a casa de Dixie a recogerla para su primera cita oficial, su familia no las tenía todas consigo, ya que ella tenía quince años y Pres-ley diecinueve, pero lo que más los impresionó fue la actitud y la imagen del muchacho: «No vestía la habitual camiseta blanca y vaqueros como la mayoría de los chicos de su edad. ¡Llevaba pantalones de vestir negros con una costura rosa en la pierna y una chaqueta a juego! Al ver el cabello largo de Presley peinado en una cola de pato, mi tío le ofreció dinero para ir a cortarse el cabello, algo que Elvis rechazó».
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tendrían que acabar marchándose de Lauderdale Courts por superar el nivel de ingresos que daba derecho a una vivienda social.
Al entrar en el instituto, Elvis co-menzó a perder su timidez y a trans-formarse, convirtiéndose en uno de aquellos descarados jóvenes de los primeros tiempos del rock ‘n’ roll, tal como recuerda George Klein, en la entrevista que el periodista cultural David Moreu publicó en su libro Un aplauso para el astronauta, y en la que el famoso disc-jockeyy presenta-dor de televisión recuerda su íntima amistad con él en aquellos tiempos: «Nos hicimos buenos amigos cuando íbamos juntos al Humes High School y coincidimos en clase de música en el oc-tavo curso. A partir de ese momento fuimos inseparables. Entonces éramos po-bres, nuestras familias tenían muy pocos ingresos y vivíamos en barrios de clase obrera. Todos los chavales soñábamos en comprarnos un coche, pero debíamos conformarnos con ir al colegio en tejanos azules y estar agradecidos a nuestras madres por llevar la ropa limpia. Aunque Elvis no se sentía avergonzado por sus orígenes humildes y acudía a clase con una chaqueta deportiva con el cuello subi-do y unos pantalones negros con una línea blanca en los laterales, además de sus patillas. Era un rebelde y ésa era su manera de destacar. En aquellos días llevaba el pelo más largo que los Beatles en 1964».
Al contrario que durante toda su vida anterior, adoptó una actitud mucho más resuelta y comenzó a tener algunos enfrentamientos, como cuando sus compa-ñeros de fútbol americano le acorralaron con intención de cortarle el pelo y por culpa de su furibunda negativa fue expulsado del equipo, o cuando se peleó con un compañero de trabajo en el cine Loew’s, lo que también le costó el puesto. Co-menzó a pasar mucho tiempo en Beale Street, escuchando a los músicos negros, en las tiendas de discos de Main Street y a frecuentar los conciertos de góspel de formaciones tanto blancas como negras, que se celebraban durante la noche
Elvis Presley junto a George Klein.
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Manuel López Poy
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en el centro de la ciudad. También empezó a prestar mucha atención a su indu-mentaria, tratando de vestir de forma elegante y llamativa, con patillas largas y peinados atrevidos. Esa transformación se agudizó aún más cuando la familia tuvo que abandonar los Courts. El 3 de junio de 1953, mientras en las emisoras de radio suena «Crazy Man, Crazy», de Bill Haley & His Comets, se gradúa de la escuela secundaria Humes y comienza a trabajar en la empresa Parker Machi-nists Shop, cobrando 33 dólares a la semana. Pronto cambiará de empleo para trabajar produciendo proyectiles en Precision Tool y un poco después comenzará a conducir camiones de reparto de la Crown Electric Company, mientras asiste a clases nocturnas para aprender el oficio de electricista.
Sun Records, la puerta del futuro
El sábado 18 de julio de 1953 un ner-vioso Elvis Presley cruzaba la puerta del edificio que hacía esquina en el 706 de Union Avenue de Memphis. Llevaba su vieja guitarra en la mano y tenía la intención de grabar un disco de acetato con dos canciones para re-galárselo a su madre. Se ha aceptado genéricamente que era un regalo de cumpleaños, pero en realidad Gladys había nacido un 25 de abril. En cualquier caso, eso no tiene mucha importancia a la hora de definir un momento que pasaría con letras de oro a la historia del rock ‘n’ roll. Elvis había pasado infinidad de veces por delante de aquella puerta por la que desde cuatro años antes, cuando, en enero de 1950, el disc-jockeyy pro-ductor musical Sam Phillips había inaugurado su empresa, Memphis Recording Services, habían pasado numerosos aficionados y músicos de blues y rhythm & blues como B. B. King, Howlin’ Wolf, Ike Turner, Junior Parker, James Cotton o Rufus Thomas, entre otros.
Phillips, natural de Florence, Alabama, había trabajado en varias emisoras de radio cuando llegó a Memphis en 1945 con la idea de crear su propio negocio, algo que consiguió cuando se asoció con Marion Keisker, un mujer mayor que él que ejerció las labores más rutinarias de secretaria, recepcionista, asistente y ayudante de sonido, pero que le abrió muchas puertas en el negocio musical
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de Memphis y fue decisiva para que la MRS funcionase y se convirtiese en una cuna del rock ‘n’ roll. La idea inicial era grabar todo lo que la gente quisiera y pagase, desde anuncios para la radio, felicitaciones de Navidad, oficios funera-rios o canciones de aficionados como las que el joven Presley quería regalar a su madre. Pero además Phillips tenía el propósito de abrir la puerta de su negocio a los jóvenes artistas negros que llegaban a Memphis procedentes de las zonas rurales de Misisipi y Alabama con la ilusión de grabar un disco y convertirse en músicos de blues. Sam conocía bien el ambiente de la música negra y se movía en los barrios afroamericanos con una soltura nada habitual en un blanco, no en vano había compartido en su infancia el duro trabajo de recoger algodón, codo con codo junto a sus vecinos negros. Eso le había convertido en un enamorado del blues y en un antirracista convencido.
«Si pudiera encontrar a un blanco que tuviera el sonido negro y el sentimiento negro, podría ganar millones de dólares.»
Sam Phillips
Al principio, Memphis Recording Services se limitó a grabar a artistas semi-desconocidos para vender sus canciones a discográficas grandes, como Chess Records, de Chicago, o Modern Records, de Los Ángeles, pero Phillips pronto decidió dar un paso adelante y producir sus propios discos, y en febrero de 1952 fundó Sun Records en las mismas instalaciones del 706 Union Avenue. Ésa fue la primera piedra de uno de los proyectos pioneros de la historia del rock. Allí grabó en 1951 el singleRocket 88, de Jackie Brenston and His Delta Cats, considerado por muchos como el primer tema de rock ‘n’
