Entre la pluma y el cielo - Alejandro Gangui - E-Book

Entre la pluma y el cielo E-Book

Alejandro Gangui

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Hubo un tiempo en el que el cielo estaba más cerca de la tierra. Las personas vivían inmersas en la naturaleza y el paisaje que las envolvía era mitad tierra y mitad cielo. Cuando la noche llegaba volvían la mirada hacia lo alto, a esa bóveda oscura que brillaba. El temor a la oscuridad y a lo desconocido unía a los grupos humanos, y las narraciones orales de los ancianos aliviaban la larga espera hasta el siguiente amanecer. ¿Cuál es el origen de la Vía Láctea? ¿En qué consiste un eclipse? ¿Qué es la música de las esferas? ¿Cómo se transforman las constelaciones? ¿Qué son las estrellas fugaces? ¿Cuál es la trayectoria diurna del Sol? Entre la pluma y el cielo recoge algunas de las más atractivas narraciones procedentes de distintos rincones de la Tierra, como solo pudieron imaginarlas aquellos que decidieron elevar sus ojos hacia lo más alto concebible: el cielo. Los relatos están acompañados de breves ensayos que desarrollan algunos de los aspectos que se abordan en ellos y explican los fenómenos celestes desde una perspectiva científica. Tal como sostiene Alejandro Gangui: "Aunque a veces las fronteras entre ensayo e historia se vuelven borrosas, esperamos que la combinación de ambos nos ayude, por un lado, a humanizar la ciencia del cielo y, por el otro, a mostrar que, a veces, la observación atenta de la naturaleza se convierte en una inigualable fuente de inspiración para dar a luz a algunas de las más maravillosas historias que la imaginación humana ha sabido concebir" .

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Veröffentlichungsjahr: 2025

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Alejandro Gangui

Entre la pluma y el cielo

Ensayos e historias sobre los astros

 

Hubo un tiempo en el que el cielo estaba más cerca de la tierra. Las personas vivían inmersas en la naturaleza y el paisaje que las envolvía era mitad tierra y mitad cielo. Cuando la noche llegaba volvían la mirada hacia lo alto, a esa bóveda oscura que brillaba. El temor a la oscuridad y a lo desconocido unía a los grupos humanos, y las narraciones orales de los ancianos aliviaban la larga espera hasta el siguiente amanecer.

¿Cuál es el origen de la Vía Láctea? ¿En qué consiste un eclipse? ¿Qué es la música de las esferas? ¿Cómo se transforman las constelaciones? ¿Qué son las estrellas fugaces? ¿Cuál es la trayectoria diurna del Sol?

Entre la pluma y el cielo recoge algunas de las más atractivas narraciones procedentes de distintos rincones de la Tierra, como solo pudieron imaginarlas aquellos que decidieron elevar sus ojos hacia lo más alto concebible: el cielo. Los relatos están acompañados de breves ensayos que desarrollan algunos de los aspectos que se abordan en ellos y explican los fenómenos celestes desde una perspectiva científica.

Tal como sostiene Alejandro Gangui: “Aunque a veces las fronteras entre ensayo e historia se vuelven borrosas, esperamos que la combinación de ambos nos ayude, por un lado, a humanizar la ciencia del cielo y, por el otro, a mostrar que, a veces, la observación atenta de la naturaleza se convierte en una inigualable fuente de inspiración para dar a luz a algunas de las más maravillosas historias que la imaginación humana ha sabido concebir”.

ALEJANDRO GANGUI (Buenos Aires, 1964)

Es doctor en Astrofísica por la Scuola Internazionale Superiore di Studi Avanzati de Trieste, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). También es miembro del Instituto de Astronomía y Física del Espacio de CONICET-UBA, donde trabaja en cosmología teórica y en el abordaje interdisciplinario —desde la antropología, la historia y la arqueoastronomía— del cielo, los astros y el universo en general. Ha sido investigador visitante en el International Centre for Theoretical Physics de Trieste y en el Observatoire de Paris.

Es autor de numerosos artículos y ensayos publicados en revistas especializadas y compilador de El universo de Einstein. 1905 - annus mirabilis - 2005 (2007). Entre sus libros se cuentan: El Big Bang. La génesis de nuestra cosmología actual (2005); Cosmología (2009); Didáctica de la astronomía (junto con María C. Iglesias, 2015) y varios títulos de la colección de astronomía para niños ¿Querés Saber? (2005-2006).

El Fondo de Cultura Económica publicó Poética astronómica. El cosmos de Dante Alighieri en 2008.

Índice

CubiertaPortadaSobre este libroSobre el autorDedicatoriaEpígrafeAgradecimientosPrólogoI. Eclipses y otros imprevistos del cieloII. La Vía LácteaIII. Estrellas dobles reales y falsasIV. El movimiento de la bóveda del cieloV. Las estrellas no están fijasVI. Estrellas rebeldes (y fugaces)VII. El arco diurno solarVIII. Un reloj en las estrellas del surIX. La música de las esferasX. El axis mundi en la imagen del cosmos indígenaBibliografíaLista de figurasCréditos

A todos los abuelos a quienes les gusta contar historias, y a mi papá, que ya no está.

A mis hijos, cuyas historias y ensayos son cada vez más complejos.

Esa noche, como todas las noches, se recostó en el césped y miró el cielo. Entre medio de sus constelaciones favoritas, soñó con otro ser, perdido allá afuera, que miraba el universo y que sentía la misma inmensidad que ella.

Y por primera vez sus preguntas enmudecieron.

VALENTINA VALENZUELA, “El viaje espacial de Luthien”

Agradecimientos

ESTA es la parte del libro en la que uno queda bien con pocos y muy mal con muchos. Aun así, no quisiera dejar de agradecer a unos y otros por todo lo vivido y aprendido en estos últimos años. A tantas personas que me contaron historias, reales o inventadas. A mi familia, a mis colegas, a mis alumnos. A mis amigos del río, que me rescataron, como dice el poeta, del agua turbia y la correntada. A mis compañeros incansables que me llevaron por frenéticas visitas extraviadas en el altiplano chileno. A mis anfitriones y nuevos amigos de aquel hogar tinerfeño, de los volcanes lanzaroteños y de los escarpados litorales malteses. A mis pares de varios eclipses, tránsitos, analemas, oblicuidades eclípticas y de prolongados equinoccios y solsticios al rayo del Sol. Y finalmente, a aquellos que prestaron imágenes y a quienes hicieron posible este libro.

A todos ellos, mi inmensa gratitud.

Prólogo

HUBO un tiempo en el que el cielo estaba más cerca de la tierra. Eran épocas en las que las personas vivían inmersas en la naturaleza y nada de lo que sucedía a su alrededor les era indiferente. El paisaje que los envolvía entonces era verdaderamente mitad tierra y mitad cielo. Aunque de día la atención principal se concentraba en los cuatro puntos cardinales, la llegada de la noche volvía las miradas hacia lo alto, hacia esa bóveda oscura que brillaba por la presencia de innumerables puntitos lejanos de inusitado esplendor.

El temor a la oscuridad y a lo desconocido unía a los grupos humanos, y seguramente mucho tiempo antes de que se inventara la escritura, las narraciones de los ancianos aliviaban la larga espera hasta el siguiente amanecer. Como quien mira hacia el infinito para concentrarse en los detalles de lo que escucha, la mirada de aquellos primeros seres se cruzaba con el cielo. Era casi natural que mientras se conmovían con los sorprendentes relatos, sus ojos errasen por el vasto fondo oscuro de la noche percibiendo los personajes y las acciones heroicas que, de solo imaginarlos, se les iban apareciendo de la nada. Las estrellas más luminosas, la Vía Láctea, las numerosas manchas oscuras sobre ese imponente camino blanquecino, y hasta las débiles estrellas que parecían repentinamente precipitarse hacia la tierra, eran todos elementos que, lentamente, venían incorporados en las historias.

Nos es difícil hoy saber qué fue lo primero: si fue la narración mitológica la que halló sustento eterno en el cielo (quizá la leyenda de Faetón), o bien si ciertos elementos sorprendentes de la bóveda nocturna (por ejemplo, el gran río celestial) despertaron la imaginación de personas que volcaron su percepción de esos fenómenos en forma de historias y leyendas. Lo más probable es que ambos caminos se hayan desarrollado juntos, alimentándose y enriqueciéndose mutuamente, hasta llegar a nosotros hoy, cientos y a veces miles de años más tarde, sin que jamás podamos averiguar qué o quién ofreció la primera semilla que luego creció en lo que es la historia que aquí vamos a contar.

Porque, en efecto, este es un libro de historias. Es un libro que recoge algunas de las más llamativas narraciones procedentes de los cuatro rincones de la Tierra como solo pudieron imaginarlas aquellos que decidieron elevar sus ojos hacia lo más alto concebible, el cielo. Pero nuestro propósito no termina aquí, pues antes de cada narración, y acompañándolas, hemos incluido breves ensayos “científicos” que desarrollan alguno de los múltiples aspectos de los relatos. Aunque a veces las fronteras entre ensayo e historia se vuelven borrosas —quizá porque el autor no tenía suficiente paciencia como para concluir uno antes de comenzar la otra—, esperamos que la combinación de ambos nos ayude, por un lado, a humanizar la ciencia del cielo y, por el otro lado, a mostrar que, a veces, la observación atenta de la naturaleza se convierte en una inigualable fuente de inspiración para dar a luz a algunas de las más maravillosas historias que la imaginación humana ha sabido concebir.

I. Eclipses y otros imprevistos del cielo

Los eclipses de Sol y de Luna acaecidos recientemente nada de bueno nos presagian. El amor se entibia, la amistad se extingue, se dividen los hermanos; en las ciudades, rebeliones; entre los Estados, discordias; traición en los palacios.

WILLIAM SHAKESPEARE,El rey Lear, acto 1, escena 2

 

LA VIDA está llena de sorpresas. El cielo lejano, en cambio, nos parece siempre igual. Cuando nuestros problemas, los apuros y otros eventos cotidianos nos desbordan, miramos hacia arriba, hacia el cielo. Ese intangible fondo celeste de día, o de oscuridad profunda y repleto de estrellas de noche, nos tranquiliza. Y su quietud nos permite reflexionar, tomar un respiro, apoyarnos en su constancia para recomenzar.

Pero a pesar de la aparente regularidad del cielo, en su seno también ocurren eventos inusuales. Una densa lluvia de meteoros puede sorprendernos en la noche cerrada de un día de campo. Cada tanto, un cometa se presenta inesperadamente en el cielo vespertino y cruza el firmamento con su larga cola, brillante por el Sol, para luego de algunos meses desaparecer por siempre en el espacio profundo.

En ese mismo firmamento, tan rígido y tan “firme” en el ordenamiento de sus astros, dos o más planetas pueden aparecer muy juntos en una conjunción temporaria, y días más tarde alejarse cada uno por su camino. La misma Luna, en su recorrido por el cielo, de vez en cuando tapa con su silueta a alguna estrella brillante o incluso a algún planeta. Y por algo más de una hora, esos puntitos de tenues colores desaparecen de nuestro campo visual.

Más sorpresa quizá nos genera el tinte rojizo de la Luna llena, cuando nuestro carismático satélite natural se esconde en la sombra de la Tierra y ya no refleja la luz del Sol. A ese evento acostumbramos llamarlo eclipse de Luna, cuando la sombra de nuestro planeta va cubriendo lentamente el disco de la Luna pero nuestra atmósfera permite que algunos rayos solares, teñidos de rojo, lleguen a decolorarla.

Por fin, sin duda el más inquietante de los fenómenos astronómicos que conocemos sucede cuando es la Luna la que eclipsa completamente al Sol. En plena luz del día, en cuestión de minutos, la luz ambiente se desvanece con velocidad, y el paisaje pierde nitidez, sumergiendo a la naturaleza en un vibrante azul oscuro metalizado.

En los últimos minutos previos a la totalidad del eclipse comienzan a notarse efectos extraños. A veces pueden distinguirse las bandas de sombra, que son franjas de luz y sombra, débiles, paralelas y ondulantes, que avanzan raudamente sobre superficies planas y claras, resultado de la distorsión de los rayos solares en las irregularidades de la atmósfera terrestre.

Al propio tiempo la temperatura desciende en algunos grados. Fauna y flora reaccionan ante la oscuridad creciente. Ciertas flores se cierran y los animales se comportan como cuando cae la noche: las aves lentamente se posan en las ramas de los árboles.

Justo antes del recubrimiento total del Sol, el fino segmento de luz se divide en una serie circular de “perlas” resplandecientes, como en un collar, llamadas “cuentas de Baily”, en honor al astrónomo inglés que primero las describió. Este hermoso espectáculo, producido gracias a los últimos destellos de los rayos solares al atravesar los espacios entre las colinas del borde lunar, desaparece luego de unos segundos.

Figura 1

Todas las joyas brillantes se desvanecen; todas menos una. Este último rayo solar nos llega al mismo tiempo en el que el “aura” de la corona, esa región del Sol con temperaturas de hasta el millón de grados, despliega toda su magnificencia. Juntos forman lo que los cazadores de eclipses dieron en llamar el efecto anillo de diamante. Un nuevo pestañeo de ojos y la totalidad comienza.

Hoy los eclipses —especialmente los eclipses totales de Sol— son fenómenos que los astrónomos esperamos con impaciencia. Pero hace muchos años, estos eventos generaban sensación de extrañeza y de incertidumbre. Muchos de estos espectáculos sorpresivos del cielo eran vistos como calamidades y representaban malos augurios.

Lo inexplicable y lo sorpresivo tenían mucho que ver; todo apartamiento del orden natural del cielo desequilibraba a pueblos y a gobernantes, pues atentaba contra el orden cósmico. Pero finalmente el orden se restablecía, al cabo de pocos meses en caso de la visita de algún cometa, al cabo de algunos minutos para un eclipse total de Sol. Y desde siempre, las costumbres de los pueblos fueron tratar de apurar el alivio, y conjurar el peligro.

En la China antigua se creía que un dragón invisible devoraba al Sol. Por eso se desataba un fragor de tambores y miles de arqueros de la corte disparaban sus flechas hacia el firmamento, para así aterrorizar a la bestia y restablecer la luz del día. Lo que fue dragón en China, en Vietnam fue una gigantesca rana, y un mítico hombre lobo en la antigua Serbia. Fue un vampiro en Siberia y, para los guaraníes de Argentina y de Paraguay, fue nada menos que yaguá hovy, el jaguar mitológico que devoraba al Sol.

Vamos a contar ahora una historia sobre eclipses que pertenece a la tradición hindú antigua de la isla de Bali, en Indonesia, y que se inspira en el Mahábharata, historia de reyes, sabios, dioses y demonios, la gran epopeya mitológica de la India.

LA BATALLA DE DIOSES CONTRA DEMONIOS POR EL NÉCTAR DE LA INMORTALIDAD Y EL MALVADO KALA RAU

En el origen de los tiempos, los dioses y los demonios eran todos mortales. Para ellos, el mundo constituía su eterno campo de batalla y aquel grupo que venciera en la contienda sería su dueño absoluto.

Con el correr de los siglos, los dioses, a quienes los antiguos hindúes llamaban devas, veían declinar sus fuerzas. Muy debilitados y antes de ser vencidos por los demonios, a quienes llamaban asuras, decidieron pedir ayuda a Vishnú, el gran preservador, uno de los tres dioses supremos de la tradición hindú y fuente del orden cósmico. Aquellos que siempre habían formado parte de la asamblea celestial parecían ahora estar muy necesitados de la amrita, el néctar de la inmortalidad.

Viendo tan ansiosos a los dioses, Narayana (que es uno de los mil nombres de Vishnú) le dijo a Brahma:

—Haz agitar el océano junto a los devas y los asuras. Al hacerlo obtendréis amrita, al igual que todas las drogas y gemas que preciséis. ¡Oh, dioses, batid el océano y descubriréis amrita!

En aquella época, existía un monte llamado Mandara, adornado con picos altos como las nubes. Era la mejor de las montañas y estaba completamente cubierta por hierbas entrelazadas. Allí, una infinidad de aves derramaban sus melodías, y deambulaban animales de presa. Los dioses también visitaban sus laderas.

Ese monte se elevaba 11.000 yojanas (esto es, más de 100.000 kilómetros) y descendía otro tanto. Los dioses querían desenterrarlo y usarlo como una barra para batir el océano, pero al no poder hacerlo, volvieron a acudir a Vishnú y a Brahma: