Poética astronómica - Alejandro Gangui - E-Book

Poética astronómica E-Book

Alejandro Gangui

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Poeta, pero también guerrero y político, el florentino Dante Alighieri contaba con sólidos conocimientos científicos. En su obra literaria, desarrollada en la Baja Edad Media, tanto en La Vida Nueva -reunión de sus primeras rimas- como en La Divina Comedia, dejó plasmada una notable concepción fantástico-científica del universo y quizás el viaje de ultratumba más célebre de la literatura universal. En Poética astronómica el astrofísico argentino Alejandro Gangui relata la vida del poeta y analiza sus escritos poniendo especial énfasis en los aspectos cosmológicos. De este modo, se ocupa de extractos y versos donde convergen bellamente la física de Aristóteles, la astronomía de Ptolomeo y la interpretación que los Padres de la Iglesia hicieron de las Sagradas Escrituras. En La Divina Comedia son más de cien los pasajes relacionados con la astronomía. Dante usa el movimiento de precesión de los equinoccios para conectar a su musa inspiradora, su amada Beatriz, con la armonía de los cielos. Las "cuatro estrellas" a las que hace referencia en el "Purgatorio" ¿podrían ser la Cruz del Sur? Aunque algunas constelaciones del hemisferio austral no eran accesibles desde el norte de Italia, ¿es posible que Dante las conociera? ¿Creía en la astrología, en el poder adivinatorio de los astros? ¿Qué comparación puede hacerse entre el Paraíso, el "reino de la luz", y la relatividad de Einstein? La estructura y los textos de La Divina Comedia están signados por los números tres, nueve y diez. Gangui investiga el significado simbólico o místico de la reiteración de esas cifras y el curioso, casi obsesivo, nexo entre el número nueve y Beatriz. Asombrosa combinación de ciencia y religión, de historia y política, Poética astronómica. El cosmos de Dante Alighieri devela una parte de la profunda sabiduría astronómica y cosmológica escondida en la monumental obra literaria de Dante Alighieri.

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Seitenzahl: 160

Veröffentlichungsjahr: 2022

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ALEJANDRO GANGUI

POÉTICA ASTRONÓMICA

El cosmos de Dante Alighieri

Poeta, pero también guerrero y político, el florentino Dante Alighieri contaba con sólidos conocimientos científicos. En su obra literaria, desarrollada en la Baja Edad Media, tanto en La Vida Nueva –reunión de sus primeras rimas– como en La Divina Comedia, dejó plasmada una notable concepción fantástico-científica del universo y quizás el viaje de ultratumba más célebre de la literatura universal.

En Poética astronómica el astrofísico argentino Alejandro Gangui relata la vida del poeta y analiza sus escritos poniendo especial énfasis en los aspectos cosmológicos. De este modo, se ocupa de extractos y versos donde convergen bellamente la física de Aristóteles, la astronomía de Ptolomeo y la interpretación que los Padres de la Iglesia hicieron de las Sagradas Escrituras.

En La Divina Comedia son más de cien los pasajes relacionados con la astronomía. Dante usa el movimiento de precesión de los equinoccios para conectar a su musa inspiradora, su amada Beatriz, con la armonía de los cielos. Las “cuatro estrellas” a las que hace referencia en el “Purgatorio” ¿podrían ser la Cruz del Sur? Aunque algunas constelaciones del hemisferio austral no eran accesibles desde el norte de Italia, ¿es posible que Dante las conociera? ¿Creía en la astrología, en el poder adivinatorio de los astros? ¿Qué comparación puede hacerse entre el Paraíso, el “reino de la luz”, y la relatividad de Einstein? La estructura y los textos de La Divina Comedia están signados por los números tres, nueve y diez. Gangui investiga el significado simbólico o místico de la reiteración de esas cifras y el curioso, casi obsesivo, nexo entre el número nueve y Beatriz.

Asombrosa combinación de ciencia y religión, de historia y política, Poética astronómica. El cosmos de Dante Alighieri devela una parte de la profunda sabiduría astronómica y cosmológica escondida en la monumental obra literaria de Dante Alighieri.

ALEJANDRO GANGUI (Buenos Aires, 1964)

Es doctor en Astrofísica por la International School for Advanced Studies de Trieste, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). También es miembro del Instituto de Astronomía y Física del Espacio de CONICET/UBA, donde trabaja en cosmología teórica y observacional. Ha sido investigador visitante en el International Centre for Theoretical Physics, de Trieste, y en el Observatorio de París.

Entre sus obras, se cuentan: Des défauts dans l'univers. Cordes cosmiques et autres trous de l'espace-temps (2003), El Big Bang. La génesis de nuestra cosmología actual (2005), El universo de Einstein (2007) y varios títulos de la colección de astronomía para niños “¿Querés Saber?” (2005-2006).

Índice

CubiertaPortadaSobre este libroSobre el autorDedicatoriaPrimera parteIntroducciónLa vida de danteSus primeras obrasEl movimiento de los cielosUn cálculo astronómico de DanteUn gran manto oscuro culturalEl resurgimiento en el Cercano OrienteFlorencia, siglo XIIIVida política de DanteObras en el exilio y una hipótesis “fantástica”Segunda parteIntroducciónLa Vida NuevaEl simbolismo de los númerosDante y el número nueve“Dicho número fue ella misma”La Divina ComediaArquitectura de ultratumba¿Comedia?… ¿Divina?El cosmos de La Divina ComediaEl “Infierno”El “Purgatorio”El “Paraíso”A través del stellatumCodaAgradecimientosBibliografíaCréditos

ai miei

HACIA MEDIADOS de la Baja Edad Media, en una época de acelerada transición cultural, surgen los escritos del florentino Dante Alighieri. Poeta, guerrero y político, Dante supo mejor que ninguno cantarle a la belleza y al amor, encarnados en la figura sublime de Beatriz. Es a ella a quien le consagra su obra cumbre, La Divina Comedia, donde nos ofrece además una notable concepción fantástico-científica del universo, y quizás el viaje de ultratumba más célebre de la literatura universal.

Este libro habla sobre la vida y la poesía de Dante Alighieri, poniendo especial énfasis en sus conocimientos astronómicos y cosmológicos plasmados en varias de sus obras. En éstas, Dante demuestra ser uno de los mayores exponentes de la literatura italiana y el instaurador de una nueva visión del universo, que amalgamó la filosofía natural de los pensadores clásicos griegos con el mundo religioso de su época.

PRIMERA PARTE

INTRODUCCIÓN

EN TODAS LAS ÉPOCAS, la cosmología, la cultura y la civilización han estado siempre relacionadas, en mayor o menor medida. La necesidad de un universo armonioso, cuyo movimiento tuviese al hombre y a la Tierra que éste habita como centro, llevó a pensadores del siglo IV a. C., como Platón y Aristóteles, a imaginar un cosmos descripto mediante figuras geométricas simples y bellas. En este marco, los astros del cielo integraban un maravilloso cortejo etéreo que rodeaba la Tierra, y que obedecía a un invisible e inmutable mecanismo de relojería celestial. Lentamente fueron sentándose las bases de una notable síntesis de los conocimientos antiguos en todos los ámbitos de la ciencia, y en particular en la astronomía; conocimientos que, durante más de dos milenios, influyeron fuertemente en la vida intelectual.

La ciencia griega, sin embargo, debió realizar un complicado periplo para llegar hasta nosotros. Durante la Temprana y la Alta Edad Media (aproximadamente entre los siglos V y XII), los conocimientos griegos se mantuvieron vivos en Europa Occidental de forma muy fragmentaria. Pero en el Cercano Oriente se conservó y desarrolló aún más este precioso legado, y fue desde allí que una “nueva” cosmología reingresó en Europa. Traducciones de los tratados filosóficos de Aristóteles y de las obras astronómicas de Ptolomeo de Alejandría, así como tratados árabes y comentarios sobre los antiguos textos de ciencia griega, se difundieron en Occidente entre los años 1150 y 1300, sobre todo procedentes de la cultura islámica de España.

Pero la visión aristotélica no era propiedad exclusiva de los filósofos de la naturaleza; muchos escritores y poetas también se sintieron atraídos hacia ella. En todas las civilizaciones, la cosmología fue siempre un elemento clave de la cultura y, de una u otra manera, el movimiento de los cielos terminó impregnando la literatura de cada época. Entre los más notables poetas de la cultura occidental se encuentra Dante Alighieri (1265-1321), quien se hiciera célebre por su Commedia, escrita entre el año 1307 y el de su muerte, y a la cual la crítica diera el apodo de Divina a partir del siglo XVI. La Divina Comedia contribuyó fuertemente al desarrollo de la cultura popular de las ciudades Estado de Italia y colocó la lengua italiana en un lugar preeminente dentro del marco europeo. Dante fue uno de los representantes del llamado dolce stil novo (“dulce estilo nuevo”), movimiento literario que transformó la poesía popular amorosa en un arte refinado capaz de reflejar las influencias de corrientes filosóficas contemporáneas (véase el recuadro 1, “El dolce stil novo”, al final de la primera parte).

Figura 1. Los poliedros y la armonía celeste. En este grabado anónimo del siglo XVII se representan ángeles jugando con varios instrumentos astronómicos. Entre estos objetos figura un dodecaedro, objeto “casi” perfecto, representante del “éter” cósmico, según Platón, y del “quinto” elemento, omnipresente en los cielos, de acuerdo con Aristóteles.

LA VIDA DE DANTE

HIJO DE ALIGHIERO DI BELLINCIONE y de Bella (o quizá Gabriella), Dante Alighieri (o tal vez “Durante” Alighieri, en su forma completa original) nace en Florencia, ciudad capital de la Toscana italiana, en 1265. La fecha exacta no se conoce con certeza, ya que lo poco que sabemos sobre su vida es aquello que ha quedado escrito en diversos documentos de la época, en comentarios de otros escritores y en sus propias obras literarias, y en estas últimas Dante no se muestra demasiado preciso al respecto.

Sin embargo, en el “canto XXII” del “Paraíso”, el tercer cántico de La Divina Comedia, Dante declara haber nacido bajo la influencia de Gemini, conforme a su signo astrológico y siguiendo una tradición antiquísima aunque de dudosa reputación actual. El poeta, en esta parte de su obra, le canta a las estrellas que forman la constelación de los Gemelos, y lo describe así:

 

Oh gloriosas estrellas, luz preñada

de gran virtud, por quien la mente mía,

como quiera que sea fue alumbrada;

con vosotras nacía y se escondía

el padre de la vida mortal, cuando

yo en Toscana el primer aire sentía.1

 

Poca gente se escribió un acta de nacimiento más poética y original… Lo que nos quiere transmitir Dante con estos versos es que, en conjunción con la constelación de los Gemelos, surgía y se ocultaba aquel astro que genera todas las cosas terrenas, el Sol, cuando respiró por vez primera –en el momento de su nacimiento– el aire de la Toscana. De este dato podemos deducir entonces que Dante debió haber nacido entre el 22 de mayo y el 21 de junio de 1265 (véase el recuadro 2, “¿Cuál es tu signo?”, al final de la primera parte).

Figura 2. Retrato de Dante en el fresco de Nardo di Cione, El juicio universal, Capilla Strozzi, Basílica de Santa María Novella, Florencia.

Su familia era de tradición güelfa y pertenecía a la pequeña nobleza florentina.2 Aparentemente su padre era un modesto cambiador y prestamista de dinero, actividad que, junto a la renta de algunas tierras y propiedades, permitió a Dante pasar una juventud económicamente tranquila. Así pudo frecuentar la vida elegante y “cortés” de su ciudad, y seguir buenos estudios, como los de arte retórica, del cual fue guía el célebre notario, filósofo y escritor Brunetto Latini, que será recordado por Dante como “mi maestro” en el “canto XV” del “Infierno” (primer reino de ultratumba de La Divina Comedia).

La vida de Dante estuvo marcada a fuego por un largo conflicto político religioso entre los partisanos del imperio germánico y los seguidores del papa. Federico I Barbarroja, emperador de Occidente entre 1152 y 1190, trató de imponer su autoridad en el norte de Italia por medio de las armas. En su afán de dominación, Federico se enemistó no sólo con los representantes de la Lombardía y de la Toscana (que querían mantener su autonomía dentro del Imperio) sino también con el sumo pontífice Alejandro III, que había sido elegido en 1159. Como resultado de estas contiendas, se produjo una drástica separación entre aquellos que se dieron en llamar gibelinos (aliados del emperador, mayoritariamente aristócratas feudales) y los güelfos (seguidores del papa, principalmente representantes de los ricos mercaderes).

En la segunda mitad del siglo XIII (el período en el que vivió Dante) el antagonismo era brutal y mortífero: cada una de estas partes se turnaba en el poder y castigaba a la otra con las más variadas penas y destierros forzados de sus miembros.

En el año 1260, los güelfos, luego de un período de bonanza, son vencidos en la batalla de Montaperti. Más tarde, sin embargo, y con el apoyo de las fuerzas del papa y de las de Carlos de Anjou de Francia, logran retomar el poder en la batalla de Benevento en 1266.

Como consecuencia de esto, los gibelinosson expulsados (esta vez para siempre) de la ciudad de Florencia. El joven Dante crece entonces en una ciudad de posguerra con delirios de expansionismo, reflejo del afán del partido político dominante de extender sus tentáculos a toda la Toscana. Veremos más adelante cómo las diversas vicisitudes políticas y religiosas llevarán finalmente a Dante al exilio…

Dante contrae matrimonio en el año 1285 con Gemma di Manetto Donati, con quien estaba “de novio” desde sus doce años de edad. En realidad, su padre Alighiero había firmado con Manetto Donati, perteneciente a una destacada familia güelfaflorentina, el contrato matrimonial de sus hijos en 1277 (una suerte de noviazgo oficial, con escritura notarial), y éstos simplemente acataron la tradición. Con Gemma, Dante tuvo tres (o cinco) hijos: Iacopo, Pietro y Antonia (y quizá también Giovanni y Gabriello).

La madre de Dante había muerto antes de que él cumpliera los 10 años, y más tarde, a los 18, el poeta perdió también a su padre. Sin embargo, el acontecimiento más importante de esta trágica juventud será, según su propio testimonio, conocer a una mujer a quien amó y exaltó como símbolo supremo de la gracia divina. Su primer encuentro con la niña que produciría un vuelco en su vida sentimental y literaria, la futura musa inspiradora y “dama” de sus sueños, sucedería en 1274, a sus tiernos 9 años. Ella, algo más joven que nuestro poeta, respondía al nombre de Bice di Folco Portinari, pero todos la llamaban Beatrice y más adelante habría de desposarse con otro hombre.

 

Este “milagroso” encuentro quedaría grabado en la mente del joven Dante y es así como nos lo transmite en su primera recopilación de poemas líricos, La Vita Nuova (La Vida Nueva), de 1293, y años más tarde también en su trabajo maestro, La Divina Comedia. Sin embargo, el 8 de junio de 1290 Beatriz muere durante el parto, dejando a nuestro poeta preso de una tristeza infinita y sumiéndolo en una profunda crisis religiosa, de la que sólo se repondrá a través del estudio (de frecuentar, como dirá él mismo, a “doña Filosofía”). La actividad filosófica a la que se dedicó para olvidar sus penas reforzó su cultura y lo guió hacia un culto apasionado de la Verdad y la Justicia.

Figura 3. La constelación de Gemini, signo de nacimiento de Dante, en la obra Uranographia totum coelum stellatum, de Johannes Hevelius de 1690 (izquierda). A la derecha vemos una imagen actual de la que quizás haya sido la casa familiar del poeta en la ciudad de Florencia.

1 Dante Alighieri, La Divina Comedia, “Paraíso”, “canto XXII”, versos 112-117. Véase la nota 24 de la página 44 para obtener las referencias completas de las ediciones de La Divina Comedia utilizadas en este libro.

2Güelfos era el apodo de los partidarios del papa. El término deriva de Welf, nombre de una dinastía germana de duques de Baviera que, en los siglos XII y XIII, competían por el poder luego de la muerte del emperador de Occidente, Enrique V, en 1125.

SUS PRIMERAS OBRAS

DE LAS OBRAS DE DANTE no ha quedado ningún manuscrito original, esto es, escrito de su puño y letra; sólo han llegado hasta nosotros transcripciones más o menos fieles, realizadas por copistas, donde a veces se introducían errores o deformaciones en el texto. A diferencia de lo que sucede con los cuadros de pintores famosos, aquí la única “huella digital” del autor es su estilo y los comentarios que otros escritores –contemporáneos o posteriores– han dejado acerca de él y de sus obras; en particular, no conocemos ni siquiera la firma de Dante.

La mayoría de los estudiosos le confiere la autoría de dos primeras obras: entre éstas, Fiore (La Flor), una adaptación en sonetos en la que se explicaba el famoso Roman de la Rose (La Novela de la Rosa). Esta última, a su vez, era una narración alegórica sobre la búsqueda del amor cortés, que había sido comenzada por Guillaume de Lorris entre 1225 y 1230, y completada luego por Jean de Meung hacia 1275. La segunda obra supuestamente de Dante es Detto d’amore.3

Atribuidas a nuestro poeta, ambas piezas habían sido compuestas en la lengua vernácula de Florencia de aquellos años, el dialecto florentino, al que Dante y sus contemporáneos llamaban volgare, o lengua del vulgo, de la gente común, que con el tiempo se convirtió en el más puro italiano de nuestros días.

Sin embargo, sobre estos dos textos aún quedan ciertas reservas. No sucede lo mismo con La Vida Nueva, cuya paternidad dantesca no presenta dudas y donde, a través de rimas (25 sonetos, cuatro canciones, una balada), se intercalan textos en prosa poética que comentan los versos. Allí Dante nos relata, con una dulzura conmovedora, sus pensamientos, sueños y visiones a partir del primer encuentro con Beatriz. También narra su amor y los acontecimientos relacionados con la joven, como aquella visión en la que la ve muerta, la muerte real de Beatriz y la decisión del enamorado, desesperado por este hecho doloroso e irreversible, de escribir una obra literaria en su honor, como postrer monumento a su amor. Este proyecto le llevará los últimos años de su agitada vida y culminará con La Divina Comedia.

 

Dedicaremos la segunda parte de este libro a analizar las frecuentes referencias al cosmos y a la astronomía que Dante realiza en La Divina Comedia. Pero ahora –y antes de comenzar a leer La Vida Nueva– quizá convenga aprender algunas cosas sobre el movimiento de los cielos y, en particular, sobre un movimiento que hoy llamamos la precesión de los equinoccios, que el poeta emplea con maestría para relacionar a su amada con la armonía celeste.

3 El detto en el Medioevo era un pequeño poema de argumento alegórico didáctico.

EL MOVIMIENTO DE LOS CIELOS

TODOS SABEMOS que los días son más largos en verano y que en invierno oscurece más temprano. También recordamos con alegría cuándo comienza la primavera y que el caer de las hojas amarillas nos indica el pulóver y el otoño. En astronomía, las cuatro estaciones (o mejor dicho, sus inicios) también tienen nombres apropiados: solsticios y equinoccios.

Al solsticio de diciembre se lo denomina solsticio de verano austral e indica que comienza el verano en el hemisferio sur. Ocurre en el día más largo del año en ese hemisferio y en el que el “arco aparente” que describe el Sol en el cielo, que con el pasar de los días se venía alargando, llega a su máxima longitud. A partir de esta fecha, dicho arco comenzará a decrecer cada vez más (y también lo hará la “duración de los días”) hasta llegar al solsticio de invierno austral (el 21 de junio aproximadamente), momento en el que tendremos el día más corto del año. En el hemisferio norte o boreal se invierten el sentido del crecimiento y las estaciones.

La palabra solsticio viene del latín, solstitium, y significa “Sol quieto”, por supuesto, no es que el astro deje de “asomarse” y de “ocultarse” en el horizonte, sino que sus posiciones más altas en el cielo del mediodía, comparadas día tras día, llegados los solsticios, parecen permanecer idénticas: parece anularse la variación de las posiciones verticales máximas (en verano) y mínimas (en invierno) que alcanza el Sol en esos días.4

Por otra parte, durante seis meses hay en cualquier lugar de la Tierra menos de doce horas de luz solar por día, y durante los otros seis meses, más de doce horas. Como se sabe, la duración del día y la noche cambia gradualmente día por día, hasta alcanzar un máximo (o un mínimo) y revertir el sentido de la variación. Por ello, forzosamente, habrá dos días cada año en que la cantidad de horas del día y la noche serán iguales en cualquier punto de la Tierra: son los equinoccios (aequinoctium en latín, o sea, “igual noche” para todo habitante de la Tierra).5